NUEVA INQUILINA…
Anastasia miraba la oscuridad que sus ojos la obligaban a ver, se mostraba sentada en la mesa, con las manos tocaba un instrumento de laboratorio que desconocía completamente, no se percato que cierta hembra entraba en la base. Marlene la miro de arriba abajo y le envidio, paso por detrás de ella y entro al laboratorio sin hacer el más mínimo ruido, ahí encontró a Kowalski dándole la espalda al trabajar en un nuevo invento.
Ella se acerco a él y le acaricio la espalda con lentitud.
-¿qué haces aquí?.- pregunta enseguida volteándose para verla a la vez que fingía ignorar sus carisias.
-vine por ti… vamos a darnos una oportunidad…
-no…
-por favor…
-¡ya te dije que no Marlene!...- responde con rudeza a la vez que sujetaba ambas patas con fuerza.
-¡te vas a arrepentir Kowalski!… ¡te vas a arrepentir de haberme rechazado!…
-¿Kowalski?... ¿estás aquí?...- Anastasia enseguida entro al laboratorio, se guiaba por medio de su palo de madera, el pingüino soltó a la nutria y se acerco a la ave.
-si Anastasia, estoy aquí.- le responde ayudándola.
-¿estás con alguien?.- ante esa pregunta el pingüino volteo a mirar a Marlene.
-no… estoy solo.- miente a la vez en que le hacía señales a la hembra para que esta saliera del laboratorio, Marlene no podía creer aun que él le siguiera dando la espalda, camino hacia la puerta tan negativa y furiosa, pronto dio un salto de susto al mirar al resto de los pingüinos entrar.
-Marlene… ¿qué haces aquí?.- pregunta el capitán en voz alta, logrando que Anastasia pudiera escuchar su pregunta.
-yo… recién llegue… quería venir a verte para informarte que uno de los niños amaneció con fiebre.- Kowalski dejo sola a la hembra y salió del lugar.
-¿cómo que uno de los niños tiene fiebre?... ¿quién?.- todos sin excepción prestaron atención al pingüino alto por su pregunta, ¿por qué tanto interés en mis hijos?, se pregunto el pingüino líder en la mente.
-perdona Kowalski pero eso no es asunto tuyo.- le responde la hembra en un tono grosero.
-vamos entonces a la cueva, disculpa si no estuve aquí cuando me fuiste a buscar, supe que me llegaría una carta de mi prima Eleonor, se instalara por pocas semanas en la base.
-¿y tú estás de acuerdo con ello?.- le pregunta su esposa, pues Marlene lo conocía tan bien como para saber que toleraba y que no, y normalmente que un extraño, por muy familiar que sea de él, se infiltre en la base con todos ellos, era algo que sin duda le parecía inaceptable para él.
-claro que si… la conozco muy bien Marlene… ella no es muy buena en cuanto a su conducta, de hecho es por ello que se quedara con nosotros, la suspendieron por un periodo de la escuela militar.
-haa, creo saber ya quien es ella.- Skipper le asiente con la cabeza y el matrimonio sale hacia el habitad de la hembra. Anastasia al igual que Skipper se planteo la misma pregunta en la mente, ¿por qué tenía tanto interés Kowalski en sus crías?
El día se fue demasiado rápido en el zoológico, habían recortado las horas para que los humanos visitaran a los animales, del atardecer hasta la noche transcurrió todo normal. Skipper desapareció por unas horas de la cueva de su esposa, mientras ella permanecía encerrada junto con Gabriela, la noticia de su fiebre era cierta, ahora necesitaba muchos cuidados. Ella la acobijaba entre sus brazos como buena madre mientras la miraba descansar, levanto la vista al sentir la presencia de alguien y frunció el seño al estar en lo cierto.
-¿qué haces aquí?
-vine a ver a mi hija.- responde el científico con un tubo de ensayo y un gotero de laboratorio en las aletas. Marlene no contesto nada ante ello, aplico el gotero al tubo de ensayo y se aproximo a la pequeña nutria, tapo con una aleta sus orificios nasales, logrando que esta abierta la boca para que Kowalski le aplicara 5 gotas de su fórmula que había inventado.
-con esto, la fiebre desaparecerá para el día siguiente, pero necesito que este bien hidratada.
-que bien… ahora ya te puedes ir…- casi exige recibiendo un seño fruncido por parte de él.
-primero quiero asegurarme que ella esté bien.- le responde tomándola entre sus brazos, pero Marlene se negó a entregársela, ella también aun la sostenía en brazos, miro al ave de cerca, no pudo evitar volver a tentarse hacia él, miro sus ojos, como los extrañaba teniéndolos a una poca distancia de los suyos, moría por volver a besar su pico, pronto despertó de sus deseos al sentir un jaloneo por arrebatarla de sus brazos. Marlene débil permitió que el padre la cargara y comenzó por arrullarla. Acompaño a Marlene en silencio para permanecer y convivir por pocos minutos con Gabriela y con el resto de sus hijos.
Pronto salió del habitad y se dirijo a la base, encontrándose con los dos pingüinos rodeando a la hembra que permanecía acostada en la litera baja.
-¿qué paso?
-Anastasia se desmayo, Kowalski, pero ya está bien.- informa cabo echándole aire con un abanico. Kowalski se acerco a ella y le sostuvo una de sus aletas.
-¿ya estas mejor?
-si… ¿Kowalski dónde estabas?.- pregunta algo seria, la actitud que ahora comenzaba a adoptar no le era cien por ciento agradable.
-tuve, tuve que salir por un momento… por… cosas del laboratorio.- responde luchando por no tartamudear, mientras disimuladamente escondía sus objetos de laboratorio de los dos pingüinos.
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A la mañana siguiente el capitán madrugo, de igual manera obligando a los demás a seguirlo, pues su familiar llegaría muy pronto. No demoro mucho en aparecer cerca de las ocho de la mañana, miraron entrar a una pingüina alta, con el contorno de ojos negros, largas pestañas, hermosa y ojos azules como los del capitán.
-que carismático cuartito.- habla por primera vez haciéndole notar una voz demasiado seductora- hola, soy Eleonor, la prima de Skipper… pero claro, ustedes ya lo saben.- cambia a un tono sarcástico.
-por favor Eleonor déjalos tranquilos, no es posible que ni aun estando en la base seas capaz de comportarte.
-por favor Skipper, solo quiero divertirme un poco… es decir, conocer mejor a tu equipo…- dirige su atención hacia cabo.- déjame adivinar… tierno, sensible, y al sentir temor eres demasiado callado…-voltea hacia rico.- ¿qué rebelión se esconden tras esa mirada psicópata?, mueres por decirme lo contrario pero no puedes.- al último observa al científico.- la inteligencia no te hace ver menos atractivo, al contrario, eres demasiado seguro de ti mismo tanto en las misiones, como en el laboratorio… y en el amor.- termina su ultima conclusión dirigiéndose a la ave hembra.- pero tu… eres totalmente distinta a todos ellos.- tomo una de sus aletas y la miro con fulgor.- ¿cómo te llamas preciosa?.- tres de los machos se mostraron sorprendidos por dicha acción.
-mmm... me llamo Anastasia.- contesta rodeándose de nerviosismo.
-Eleonor es mejor si los dos salimos de aquí, debo mostrarte como es el movimiento dentro del zoológico.- la hembra voltea a mirarlo y le sonríe discretamente.
-sí, claro, vamos.- acepta soltando la aleta de la hembra con delicadeza.
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-esto es serio Eleonor, compórtate por favor.
-está bien, está bien… ya no me regañes.- pide levantándole la voz, a pesar del hospedaje que Skipper le brindaba, no le era muy importante como para guardarle respeto.
-mientras yo esté aquí, quiero discreción, respeto y responsabilidad en cuanto a tu actitud y tus acciones.
-quieres ya dejar de preocuparte por favor… me estas poniendo nerviosa y eso no es…- la hembra cayo al mirar a la nutria dejar sobre la cuna a sus tres crías.
-¿cómo esta Gabriela?
-ya está mejor, es casi como un milagro, mágicamente se recupero al día siguiente.- explica ahora dirigiendo su atención a su acompañante.
-Marlene, quiero presentarte a mi prima Eleonor, estoy seguro que ambas se llevaran muy bien.
-eso puedes apostarlo Skipper.- le asegura antes de estrechar su aleta con la nutria, Skipper permaneció con las chicas por pocos minutos, le indico a Marlene unas cuantas instrucciones para el comportamiento de la ave y se retiro nuevamente.
Ambas hembras entraron al interior de la cueva, la ave enseguida se acostó en la cama sin pedir permiso y miro a la nutria de arriba para abajo, Marlene sabia perfectamente que su mirada estaba puesta sobre ella pero decidió ignorarlo, Marlene estiro la espalda e hizo una mueca de dolor.
-¿has estado estresada?
-sí, algo, más que estresada… hay algo que me pone de tan mal humor.- confiesa acordándose del pingüino alto.
-sabes, esto del dolor muscular es solo cosa de relajamiento… ven aquí, te ayudare dándote un masaje.- le ordena levantándose de la cama para permitirle ahora a ella acostarse.
-¿un masaje?, ¿estás segura?
-claro que si, confía totalmente en mi.- pide sentándose aun lado de ella, comenzó por acariciar la parte baja de la espalda con ambas manos en movimientos circulares, poco después de poso justo en el cuello.
-mmm… eso se siente bien.- dice entre un gemido, Eleonor no evito sentirse de alguna manera especial con ese cumplido, ascendió sus carisias a más ligeras y con mas movimiento mientras lentamente se iba a acercando a ella hasta lograr que el mamífero sintiera su respiración en su cuello.
-eres tan sexi.- pronuncia en un susurro seductor sorprendiéndola de tal manera que abre sus ojos grandemente mientras siente como lentamente era lamido su cuello.
