RESTAN DOS…

Marlene descubrió a Alexander más tranquilo en un sueño profundo del cual poseía en aquel instante, se encontraba acostado en la litera más baja, dormido de lado y con la cabeza apoyada en las piernas de Eleonor, ¿cómo logro tranquilizarlo hasta el punto de hacerlo dormir?, era increíble cómo podía dominarlo como si fuera un títere. Se acerco a él con el fin de acariciar su cabeza, pero Eleonor se lo impidió tomándola por la pata que había estirado hacia el ave.

-todo esto que sucedió fue por su culpa.- acusa en susurros para no despertarlo.

-¡ya basta de tus acusaciones!.- responde la nutria con el mismo tono de voz.

-es la verdad…

-¿no te cansas de hacernos daño?, ¿a qué quieres llegar?, ¿qué quieres lograr?, ¿por qué haces esto?

-¿te atreves a preguntarme eso cuando se que no eres del todo una santita?, yo me mantendría quieta y tranquila de no ser por la traición que le hiciste a mi primo con tu amante, ¿crees que no haría algo contra ustedes después de su traición?

-ese es un asunto que solo le correspondería a Skipper, no a ti.

-¡pues yo ya estoy tomando cartas en el asunto!... además, tú me rechazaste…- Marlene no dio por esta vez contestación alguna por la respuesta, ya ni recordaba el encuentro intimo que ellas dos habían tenido, por fin alejándose para dar el tema por cerrado.

_oOo_

-en verdad lamento mucho lo que le paso a tu hermana.- se disculpa Tadeo, aprovechándose de la soledad que presentaba Mikaela en la isla de concreto, se mostraba sentada y remojando sus patas en el agua.

-yo también… te das cuenta, pago sin deberla ni temerla, ella solo quería… estar con Alexander.- el pingüino no evito sentir molestia al escucharla nombrar al pingüino alto.- y no lo logro… tal vez no están destinados a estar juntos… pero no era justo la muerte de esa criatura.

-lo entiendo y tienes toda la razón.- apoya sentándose a su lado.

-además, tengo que agradecerte por la ayuda, en verdad, muchas gracias por todo.- termina su agradecimiento con una sonrisa, a lo cual él la recibe gustoso y le regresa el gesto, la miro por pocos segundos antes de estrecharla en un abrazo profundo, había algo en ella que podía tocar lo más profundo de su ser, pero no sabía que era exactamente, sin saberlo tenían a sus espaldas al capitán que los observaba sin pestañear, ¿quién era para atreverse a abrazar a su hija?, en seguida le llegaron una llamarada de celos paternales, camino hacia ellos e hizo pequeños ruidos con el pico para interrumpir el momento.

-tío Skipper, ¿Ema ya despertó?.-interroga la hembra separándose del macho.

-no, aun sigue dormida.- responde sentándose entre los dos.

_oOo_

Al pasar media hora Ema despertó, se sentía adolorida del estomago para abajo, sentía sus patas aun dormidas, enseguida entro Alexander a verla, ella le sonrió al instante, peor el no presento gusto facial alguno.

-Alexander… ¿qué paso?... ¿por qué me siento adolorida?.- interroga ella con una voz despacio y débil.

-Ema… tienes que resistir la noticia.- comienza por tomar una de sus aletas.- nuestra cría… la perdiste por el golpe.- comunica mirándola primeramente pasmarse, comienza a negar con la cabeza y no tardan en aparecer sus lagrimas, acaricia su vientre con suavidad y desilusión, y termina por abrazar al padre de su cría muerta.

Al atardecer de ese mismo día Ema permanecía en el laboratorio, Skipper regreso a la cueva sin Marlene, pues ella decidió quedarse con Alexander, que este, decide quedarse con Ema hasta el anochecer. Marlene y Kowalski aprovecharon un momento de distracción para salir del zoológico, ambos caminaban por Central Park, pronto llegaron a la parte del lago, donde habían encontrado a la pingüina ciega.

-no sabes cómo lamento el día en que la encontramos y me fije en ella.- comenta mirando perdidamente el lago, pronto levanta la vista hacia la hembra.- no sé como pensé en quedarme con ella antes que contigo.- Marlene sonrió ante su comentario, acaricio con suavidad su pico como en los viejos tiempos, pego sus labios a su cuello y dejo que su respiración chocara contra sus plumas.

-ya no vale la pena arrepentirse de algo que ya sucedió, Anastasia está en nuestras vidas y así debemos aceptarlo, además, no por ella dejaremos de ser amantes, ¿o sí?

-no, claro que no.- responde acariciando con intensidad su espalda mientras cierra sus ojos e intenta no encloquecer con su presencia tan cerca de él.

-ha pasado mucho tiempo desde que estuvimos juntos en la Antártida, ¿cuándo me regalaras un momento?, ¿solos tu y yo?.- interroga subiendo su vista hacia él, a la vez que este la baja hacia ella.

-muy pronto, solo… dame un momento para arreglar las cosas y te prometo, que soy capaz de regalarte un día entero contigo.- promete envolviéndola en sus brazos, acaricia sus labios con su pico, dejándola más que satisfecha con su respuesta, Marlene cerro sus ojos y no evito besarlo ante el contacto que se presentaba.

-¡veo que aun no entienden!.- escuchan un grito femenino que los hace separarse, volteando hacia una rama gruesa de un árbol, del cual se hallaba la misma ardilla que les había echo llegar la advertencia.

-¡de nuevo usted!.- la llama Kowalski.

-ya han consumado una muerte de las dos restantes, ¿aun quieren ir por la segunda?

-¿cómo sabe lo que paso?.- pregunta la hembra.

-yo sé todo lo que pasa en su entorno.

-si tanto sabe, díganos, ¿con quién y en donde será la segunda muerte?.- desea saber el macho.

-eso es algo que no puedo contestar, pero lo que si te puedo decir, es que la muerte te anda rondando a ti pingüino sabio.- le responde señalándolo, Kowalski negó con la cabeza, ambos escucharon el ruido que provoca pisar una rama seca, voltearon a la dirección del ruido, no encontraron nada, regresaron su vista a ella, pero ya había desaparecido.

-Kowalski estoy muy preocupada por esto.

-no le hagas caso Marlene, debe estar mintiendo.

-no lo creo, lo de las tres muertes pueden ser ciertas, ya lo vimos con el hijo de Ema, ¿y si es cierto que la muerte anda rondado junto a ti?, ¡podrían morir alguno de nuestros hijos!, ¡eso no lo podemos permitir!.- comienza con alteraciones.

-¡no!, ¡no Marlene!, tranquila.- pide abrazándola nuevamente a lo que ella se aferra a sus aletas como un escudo protector de cualquier peligro y amenaza al acecho.

_oOo_

Eleonor encontró a Anastasia solitaria en las literas, le dirigió la mirada, todos se encontraban reunidos en el laboratorio haciéndoles compañía a Ema y Alexander.

-mentirosa, traicionera, vengativa, hipócrita, fingida, pero nunca te creí una asesina.- acusa a la ciega en susurros.

-¡cállate!, te van a escuchar.

-pues que lo hagan… porque yo no me creo el cuento de que esto haya sido un accidente.

-pues aun que no lo creas, así es.- responde caminando hacia ella sin soltar su palo guía.- fue un accidente, y será mejor que no andes hablando de mas, porque quizás ese accidente lo puedas sufrir también tu.- le amenaza apuntándole el cuello con el palo.

-¡tú no me das miedo cegatona!.- se defiende empujando el palo hacia un lado, mientras mostraba valentía hacia su persona.- puedo más que tu, no te metas conmigo porque no sabes lidiar contra alguien como yo.

-¡tu tampoco me das miedo hipócrita!, crees que solo por consentir y aconsejar al bastardo de Alexander lo tienes todo controlado, pero no es así.

-si puedo controlar a Alexander también puedo ser capaz de controlar a Ema y a Mikaela.

-¡con mis hijas no te metas maldita!.- se molesta volviendo a amenazarla de la misma manera con el palo.

-¡puedo lograr lo que me proponga!.- reta volviendo a defenderse como en un principio.- si no es eso, le diré a Mikaela toda la verdad sobre su verdadero padre… tu elijes.- ambas hembras entraron en pánico, regresando a su estado normal al mirar a Tadeo salir del laboratorio.

-perdón, no quise interrumpir.- se disculpa al mirarlas tan agitadas.

-no, no se preocupe.- responde Eleonor apartándose de Anastasia, ambas se encontraban de esquina a esquina, el pingüino macho tomo su mochila la cual había cargado desde un principio de su llegada, subió a la isla de concreto y asegurándose de que nadie lo viera saco de él un viejo celular que aun servía, marco un numero y espero a que lo atendieran.

-Darío, ya estoy aquí, en el zoológico, logre instalarme sin ningún problema, Skipper se trago el cuento del equipo de elite.

-bien… sigue ahí hasta que yo llegue, pronto terminara mi condena, no intentes hacer nada para matarlo, quiero terminar con el yo mismo… ¿entiendes?

-sí, lo entiendo muy bien…

-oye… ¿viste a Marlene?

-sí, ella también está aquí, no ha cambiando nada, sigue siendo tal y como la recuerdas.

-perfecto… espero llegar pronto... encuentra detalles de cómo lleva su matrimonio con él… adiós.- termina la llamada, Tadeo cuelga y asiente con la cabeza.