NOCHE DE AMANTES…

Anastasia gimió una vez más al sentir la aleta del capitán acariciarla desde la cabeza hasta la parte baja del vientre, ambos se encontraban sobre la cama de cemento, únicamente abrigados con una manta ligera, la hembra se mostraba sentada sobre él, este estaba recargado en la pared y ella sentada sobre él de lado izquierdo.

-fue una buena idea que Marlene se fuera.- opina la hembra acariciando su pico, que pronto se dirigió sobre su cuello.

-agradécele mas bien a Darío, por él es que ella se fue.- Anastasia sonrió ante ello, ¿enserio debía darle las gracias?

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Eleonor encontró al pingüino encarcelado, lo miro de arriba abajo, aun no podía creer que por primera vez la haya citado aun que sea en el parque, estando a oscuras, sin Tadeo y sin nadie.

-¿puedo saber ahora que necesitas?.- pregunta fingiendo disgusto, mientras se cruzaba de aletas, el pingüino al escuchar su voz se volteo a mirarla y camino hacia ella.

-necesito de ti.- responde rápidamente, antes de envolverla en un abrazo, la hembra no se resistió y lo abrazo con la misma intensidad, sus aletas del macho comenzaron por recorrerla en todo el cuerpo, Eleonor manifestó eso como dominación, ella lo había dominado.

-espera, ¿qué hay de Marlene?.- interroga en los pequeños espacios que el macho le dejaba entre cada beso.

-no creas que no estoy enterado de su retiro a Alaska.- responde mostrando su inteligencia hacia ella, Eleonor sonrió con impresión y sintió como este la aprisionaba entre un árbol, ella sonrió aun mas con malicia y lo devoró a besos, hasta sentir su pico irse a su cuello.

-entonces, con ella ya no deseas nada…- concluye con sensaciones placenteras.

-claro que quiero seguir con ella.- responde ganándose un rechazo, esta lo empujo y le dio la espalda, sintiendo rápidamente como era abrazada nuevamente por detrás.

-pero mientras ella no está, puedo tenerte a ti, además, tu tenias razón, ella no es la única.- responde volviéndose a ganar su confianza, Eleonor lo abrazo nuevamente por enfrente y lo siguió besando, que bien se sentía poder gozar lo que no era suyo.

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Kowalski dio la quinta sonrisa a la hembra que se hallaba entre sus aletas, se acobijaban nuevamente en el iglú que los atendió la vez pasada, ambos se mostraban hincados, mirándose de frente, ella con su pata derecha acaricio el rostro de su amante y con la otra acariciaba su espalda de arriba a abajo, por otro lado el macho termino por solo mantenerla firme con ambas aletas y finalizo con besarla en los labios que solo podían entender su pico.

-te he extrañado demasiado.- confiesa la nutria terminando el beso por un segundo.

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Alexander se aproximo a la base, inicio por espiar la isla de concreto, al asegurarse de que no hubiera nadie comenzó por entrar en ella, no encontró ni aun alma en pena rondado, estuvo a punto de irse cuando miro salir a Mikaela por la puerta del laboratorio.

-hola Mikaela.- le saluda sin encontrar mucho ánimo en ella, la pingüina apenas y le dirigía la mirada.

-¿estás molesta porque nos regaño mi papá?.- interroga centrándose en esa posible respuesta.

-no, es… otro problema, la verdad, me preocupa mucho el estado de Ema.- confiesa inclinando la cabeza.

-¡déjame confesarte algo!.- confiesa ahora él, cansado por las preocupaciones de su hermana.- lo mío con Ema ha terminado, y no porque yo así lo haya decidido, sino por ella, fue ella la que me aparto , la que me rechazo y a pesar de todo yo tengo que seguir con mi vida, no la voy a estar esperando el resto de mi vida y si deseo rehacer mi vida contigo…- la pingüina alzo su mirada llena de esperanza al escuchar aquello ultimo-… o con alguien más esa es mi decisión y así va a hacer.

-¿qué?, ¿conmigo?.-Alexander cayó ante el recuerdo que haberla mencionado, comenzó a entrar en nervios y ahora él agacho la mirada.

-Mikaela yo quisiera...- comienza a hablar volviendo a mirarla.-… intentarlo contigo.- confiesa finalmente sin temor, la pingüina esta vez se quedo paralitica, ¡tanto esperar esa confesión por años para que en pocos segundos pase!

-¿lo dices en serio?.- vuelve a preguntar, acercándose a él.- nunca creí que este momento llegaría, siempre te he amado Alexander, siempre he esperado por ti.- continua confesando ahora agarrándolo a él desprevenido.

-¡guau!, nunca creí esto de ti Mikaela, por favor perdóname por fijarme en Ema y olvidarme de alguien tan sentimental y tan valioso como tu.- pide tomándola por ambas aletas, sentía de alguna manera su corazón latir de una forma totalmente diferente, sus ojos eran más profundos y sinceros que los de Ema, podía transpirar en ella confianza absoluta y una promesa de amor eterno al estar junto a ella, ambos fueron aproximándose como si algo en su interior los uniera, ella estabas más que entusiasmada por compartir por primera vez tal momento con el pingüino, él por otro lado deseaba descubrir ahora su ternura y encontrar algo mas en ella que una simple amistad, enredaron sus aletas y al unirse las colocaron en el corazón, uniendo por primera vez sus picos en un beso suave y pequeño que poco a poco crecía mas, Mikaela podía sentir las típicas mariposas en el estomago, el macho por el contrario, encontró sentimientos y emociones que ignoro creer algún día, solo ese momento era para los dos, para él y ella, ambos, solo ocupándose de vivir y revivir ese momento tan único y deseado para ambos, tan distraídos que sin imaginar la presencia de Tadeo de igual manera presenciando tal momento, los celos le ardían en el alma y sus ojos se llenaban de furia a cada segundo que pasaba del beso, cansado de la escena se encamino hacia ellos y los separo bruscamente, tomando al pingüino macho de ambos hombros y estrellándolo contra la pared.

-¡Tadeo no!, ¡déjalo en paz!.- pide a gritos ante el pleito, el pingüino alto hizo lo posible por no pelear contra él, pero era inútil, era más que obvio que por más que luchaba debía defenderse de alguna manera. Ambos se atacaban con golpes de karate y al tirarse en el suelo rodaban por luchar quedar uno arriba del otro.

-¡basta!.- los detiene una nueva voz femenina, era Ema quien entraba al laboratorio junto con cabo y rico, los encargados de separarlos y detener la pelea.

-te lo advierto Alexander, aléjate de Mikaela.- amenaza Tadeo, sorprendiendo a los nuevos presentes, sobre todo a la hermana de la mencionada.

-¿qué?, ¿qué pasa entre ustedes dos?.- se atreve a interrogar, con o sin dolor en el corazón.

-Mikaela y yo estamos en una relación.- anuncia esta vez derrumbando el estado de ánimo recuperado en Ema, pero de alguna manera el macho tenía razón, si era ella la del problema, no tenía nada mas de que lamentarse, por lo que ante el anuncio se retiro nuevamente hacia el laboratorio. Cabo acompaño a Alexander hacia la salida de la base, queriendo o no, lo mejor era que se retirara, para evitar más problemas, rico más adelante soltó a Tadeo para ir con el joven pingüino.

-¿Mikaela cómo pudiste aceptar una relación con él?.- comienza a reclamar el pingüino macho .

-Tadeo por favor, no tienes nada de que reclamarme.

-¿qué no ves que el solo te quiere utilizar para olvidarse de Ema?, es más que obvio, ¡solo te está usando!

-¡basta!, ¡basta Tadeo!.- alza esta vez la voz, el pingüino estuvo a pocos segundos de robarle un beso y confesar todo lo que sentía por ella, pero decidió no hacerlo, las cosas estaban más que alborotadas por el inicio de relación que prefirió darle un ligero tiempo, confiando en sí mismo de poder cortejarla.