Serie: Naruto

Autor: Leah

Advertencias: Sexo explícito.


Memoria de él

Había cierta dualidad interesante en su pareja.

O ese fue el primer pensamiento que tuvo Sasuke mientras miraba interesado el cómo la espalda de Sakura se arqueaba a medida que la penetraba más fuerte con los dedos de su única mano.

Sí, había una dualidad interesante en la imagen que el mundo podía tener de su mujer (porque en este punto de su viaje de redención ya estaba completamente seguro de que ella era y sería siempre su compañera), y la imagen que él podía apreciar cuando los muros naturales de ella se derribaban por completo una vez la excitación le ganaba al raciocinio.

Por fuera, para el mundo, Sakura era culta, educada, sin lugar a dudas inteligente y aplicada, una mujer empática y agradable que incluso se detenía a ayudar a cualquier aldea si sus capacidades médicas estaban ahí.

Tenía sonrisas bonitas y unos ojos sinceros, así que a estas alturas había notado bastante bien como más de una persona, independiente de su sexo, le tiraba una segunda mirada, especialmente a la forma de corazón de su trasero.

Y claro, todo eso era cierto, pero al final del día había algo divertido que había notado también.

La imagen que su pareja proyectaba causaba la sensación natural de creer que era inocente, recatada y educada, el tipo de mujer que a uno le daban ganas de precisamente entrenar y desatar para que se dejara llevar, y aunque él podía entenderlo perfectamente (porque, claro, al principio también se sintió así), con los meses a su lado había notado que dentro de su pareja había algo más, no era todo educación, no era todo la imagen de médico, no.

Su Sakura era bastante pervertida cuando se lo proponía.

La forma en que se abría a él y se desenvolvía era suficiente como para calentarlo en segundos, el como se entregaba con mimo, aprendiendo cada cosa, cuando lo único que quedaba era pensar en el sexo las cosas se volvían divertidas, porque a Sakura le gustaba jugar, le gustaba que la dominara, o se dejaba llevar por la imaginación de él, y a medida que se sentía más libre, más sincera, ella misma soltaba su propia imaginación y le daba rienda suelta a todo.

Y eso último era su parte favorita de todo, tantos años metido en su venganza lo habían vuelto demasiado susceptible a desear la felicidad de la chica, prefiriendo dejarse llevar por eso, como un motivo interno, que le causaba satisfacción propia: era feliz si ella era feliz.

Cuando ella se dejaba llevar… sí, cuando ella se dejaba llevar, se veía feliz, y no solo eso, las expresiones en su rostro, la forma en que gemía y gritaba, esa manera que tenía ella de demostrar lo mucho que le estaba gustando.

Había algo en la expresión de su mujer, era una expresión de deseo, gozo y disfrute tan sincera y placentera que no recordaba haber visto en ningún otro lado, en ninguna otra mujer, la manera en que sus ojitos se entrecerraban, la forma en que abría su boca y su pequeña lengua relamía sus labios o solo se quedaba fuera, tentándolo a besarla con ganas.

Sí, le gustaba esa dualidad, la imagen recatada que chocaba contra la Sakura entregada que ahora tenía frente suyo, gimiendo y pidiendo más, admitiendo lo mucho que deseaba que la penetrara con fuerza porque se sentía bien.

Sonrió, con cierta sensación de posesividad y orgullo mientras su mano dejaba de penetrarla y se bajaba el cierre del pantalón, completamente duro y ansioso por enterrarse hasta el fondo.

Su única mano sujetó la cadera femenina, en cuatro como la tenía, completamente desnuda sobre el pasto, tenía una bonita visión de su trasero, más aún con la luz de la luna reflejándose sobre su cuerpo al lado del campamento improvisado que habían armado.

Simuló penetrarla un par de veces, pero nunca entró, solo entreteniéndose con sus quejas y gemidos.

-Sas-suke, porfavor-

Rogó, quedito, meneando su trasero como quien pide obediente, y aquella acción, tan simple, fue suficiente como para que la agarrara con más fuerza, entrando de golpe sin más dilatación, teniéndola demasiado mojada ya como para que realmente hubiera dolor o problema con eso.

El grito que tiró ella fue suficiente como para sacarle un jadeo, la forma en que lo apretó le dejó en claro lo placentero que fue para ambos.

Con energía entró más rápido y más fuerte, inclinándose sobre ella, repartiendo besos por la espalda y el hombro, mordiéndolo un poco, chupando después, solo para escucharla gritar más, en este punto como si alguien aparecía por ese bosque perdido, ni así se detendría de tocarla.

Y aquel pensamiento fue el que hizo que terminara por usar su mano libre para sujetar su pecho, obligándola a alzar su cuerpo mejor, de tal forma en que el vaivén de su cadera se unió al meneo de la cintura que ella hacía estando frente a él de rodillas, complacido, apretó sus pezones, jalándolos, sintiendo como lo apretaba con más ganas a medida que los jadeos se hacían más intensos saliendo de su boca.

Su sharingan captó muy bien el momento en que esa lengua traviesa salía de sus labios, y giró la cabeza en el mismo momento en que notó como ella lo hacía, buscando sus labios.

La dejó besarlo a su gusto, entreniéndose, pues en ese instante fue que bajó la mano hasta su vulva, penetrándola con mas ganas al mismo tiempo que sus manos -que habían quedado ya húmedas de la propia excitación de ella- buscaron ese botón sensible y lo frotó con ganas y fuerza.

Los gemidos que ella perdió en su boca solo hicieron que se la metiera más duro.

Y aquel acto no terminó hasta que ambos tuvieron un orgasmo lo suficiente fuerte como para dejarlos satisfechos.

..

.

La única razón por la cual no salieron rápido en la mañana al día siguiente para continuar su viaje, fue por el mero hecho de que al momento en que Sasuke abrió sus ojos, no encontró a su compañera a su lado acostada, no.

La encontró entre sus piernas, abajo, comiendo su sexo como si fuera el mejor postre que hubiera alguna vez probado.