Capítulo 4. Tiempo con Charlie y reuniones familiares.
Harry se sintió cohibido a la hora de acostarse.
¿Cómo dormirían? ¿Pasaría algo? Él no pensaba que estaría listo para eso tan pronto.
Se quedó al lado de la cama mirando las sábanas, inquieto.
-Vamos, Harry. No pasa nada. Simplemente dormiremos.
-¿No esperas... Nada más? -Quiso saber.
-¿Qué? No, claro que no. Solo dormir. Quizá abrazarnos y algunos besos. O no, lo que queramos.
El sumiso tragó y tras asentir para sí mismo, subió a la cama y poco a poco se atrevió a acercarse a Charlie.
Los abrazos estaban bien; Suponía.
-Buenas noches, Harry.
-Descansa bien, Charlie.
Harry colocó la piedra nocturna en la mesilla a su lado y cerró los ojos.
Podría acostumbrarse a los brazos de Charlie. -Pensó.-
Tras levantarse, ducharse, vestirse y mimar a Simba, fueron a casa de Sirius.
Guardar su ropa solo había requerido un par de movimientos con la varita. Lo que Harry agradecía.
Ya había un desayuno listo cuando llegaron y ambos drackens fueron directos a él, saludando distraídamente a Sirius.
El animago tenía El Profeta abierto y una taza de café al alcance de la mano.
-Hola, vosotros dos. ¿Qué tal la noche?
-Bastante bien. He dormido sin pesadillas. Lo que me recuerda... Voy a usar tu búho, Sirius.
El joven se sobresaltó cuando un ulular indignado atravesó la cocina y su lechuza blanca le dio un picotazo contundente en la oreja tras engullir la tira de tocino que pensaba comerse.
-Ouh, Hedwig. Que no sabía que estabas aquí. -Gimió. -Lo siento, lo siento. Eres la única lechuza para mí y debería avergonzarme de mí mismo por siquiera considerar a otro búho.
Ella se hinchó orgullosa y volvió a ulular.
Se quedó en el respaldo de su silla, esperando por si acaso a su humano se le ocurría usar a otro insignificante búho inferior para cualquier tipo de correo.
Y si pudiera destrozar a picotazos los patronus mensajeros, lo haría. ¿Qué mejor que las lechuzas?
Así que cuando el espejo de dos direcciones se cayó desde lo alto de la torre de Gryffindor... Sí, fue un accidente...
Cayó muchas veces.
Fueron muchos accidentes.
Seguramente la cosa estaba maldita y por eso se caía tanto.
No tenía nada que ver una inocente lechuza blanca.
Y se desharía los diarios vidireccionales que compartía con sus familiares pero la cosa estaba protegida.
Así que su humano no la iba a dejar fuera esta vez.
Le observó desayunar. Parecía que iba a aparearse con el humano que olía a fuego.
Harry se removió incómodo. Los ojos de Hedwig fijos en él eran inquietantes.
-Te lo has buscado solito. Sabes cómo es ella, Harry.
-No ayudas, Sirius. -Gimió.
-Tendrás que hacerle un regalo apropiado. -Charlie opinó.
-Sí, y tiene que ser bueno. -El menor estuvo de acuerdo.
Harry escribió una carta a Alika.
Su padrino había protestado... Aunque no mucho.
Le interesaba una piedra así.
Si podía librarle de las pesadillas de Azkaban... Si no se encontrara nunca más con un dementor, sería feliz... Nunca mejor dicho.
Charlie decidió llevar a Harry a una cita después.
Si pudiera lo llevaría a Rumanía, pero no se podía conseguir un traslador internacional así como así.
Quizá si Harry lo pedía... Pero el dragonólogo no quería aprovecharse así.
Pero se prometió a sí mismo que antes de que Harry fuera a Hogwarts, tendrían un viaje a Rumanía los dos.
Eso le hizo pensar en qué ocurriría ahora que estaba vinculado con Harry.
Tendría que dejar su trabajo en la reserva. Y aunque estaba de verdad muy feliz de aparearse, dejar a sus dragones le rompía el corazón.
Quizá algún día podría volver.
Sacudió la cabeza. No era momento para pensar en eso. Tenía que centrarse en Harry y en pasarlo bien los dos.
Así que le llevó al pueblo Spéir draíochta en Irlanda.
Era un lugar totalmente mágico, sin muggles en kilómetros a la redonda.
-Pasadlo bien... Y no hagáis nada que yo... Sí haría.
Harry se rió.
-Sin promesas, Sirius. Aunque no me haré un tatuaje, eso tenlo por seguro. Mi tía me castigaría por los siglos de los siglos.
Después, Charlie y su sumiso se fueron.
Spéir draíochta no estaba en el cielo, pero sí en el aire... Más o menos.
Era un pueblecito que se sostenía por magia y cuerdas a varios metros del suelo.
Debajo estaban los establos del ganado, algunas casas y mucho prado verde.
Era increíble sentir que flotabas. Había barreras mágicas para que uno no se cayera porque los niños corrían, se empujaban... Y las discusiones de los señores o señoras mayores se podían volver intensas muy rápido.
-Guau. -Harry susurró. -Nunca he venido aquí. -Aferraba fuerte la mano de Charlie.
-Te encantará. -El dominante aseguró.
Pasearon mirando los puestos al aire libre.
Harry no se resistió y compró algunas cosas.
Unos tréboles de la suerte para él y todos a quienes quería que por supuesto incluía a Charlie.
Cuando Harry le puso el colgante, hubo más roce con los dedos del necesario. Ninguno se quejó.
Siguieron caminando y eligiendo algunas cosas que les llamaban la atención.
Era un sitio muy interesante.
Había un aparato que detectaba animagos. Harry compró uno para Ron.
Enterarse de que había tenido una rata falsa como mascota le había dejado un tanto inseguro sobre los animales.
No le daban miedo, pero desconfiaba.
Según la vendedora, el detector vibraría cuando detectara un animago y cuanto más cerca estuviera, más fuerte sería la vibración.
-Ron lo va a apreciar bastante. -Charlie aseguró.
-Eso espero.
En otra sección estaban las tiendas más convencionales. Muy parecidas a las del callejón Diagon.
Aunque entraron a mirar, por supuesto.
Más tarde comieron en una pequeña cafetería muy encantadora con música tradicional a volumen bajo.
A Harry le encantó y se prometió que no sería la última vez que vendría.
Siempre sería un lugar especial para él porque era donde había tenido su primera cita con Charlie.
Se habían besado delante de muchos puestos.
Si por Harry fuera, solo se besarían y no harían nada más en todo el día.
Se dieron mutuamente de comer el postre.
Si tener un dominante era así, Harry se alegraba de haber conseguido a su Charlie.
Tendría más, pero no iba a pensar en eso ahora.
Pasaron allí la tarde.
Bajaron a visitar los campos y el ganado.
Incluso montaron en pegaso.
A Harry le encantó cada segundo y allí arriba, sobre SugarLady, se acordó de cuando voló sobre Buckbeak.
Pero esto era mejor, porque Charlie estaba tras él envolviéndolo con sus brazos.
Persiguió ovejas, rodó por el suelo con un perro pastor muy grande y se llevaron queso que a Harry le gustó bastante.
-Cuando tengamos hijos, los traeremos aquí, Charlie. Es un bonito lugar y muy divertido.
-Por supuesto que sí, Harry. -Enlazó sus dedos con los del más joven y los apareció de vuelta a Grimmauld.
Sirius tenía compañía.
-Hola Harry.
-¿Ellis?
-Sí. Eh... Hola, Harry. -El dracken dominante carraspeó.
-Lo invité. No esperaba... Que... El tiempo pasara tan rápido. -Sirius murmuró.
-Aw, qué entrañable. -Charlie sonrió.
-Pediré la cena. -Harry suspiró. -Estoy cansado y no quiero cocinar.
-Podría...
-No, gracias, Sirius. Me apetece algo de comida grasienta y eso tengo que conseguirlo en Burger King.
Y al día siguiente llamaría a sus tíos para presentarle a Charlie.
Después de eso habría tarde con los Weasley... Se avecinaban muchas bromas y chistes.
Harry lo estaba deseando. Bueno, a medias porque en ese momento estaba cansado y no quería pensar en más cosas para hacer.
Así que fue con su novio a presentarle Burger King y la comida para llevar.
Pidieron para Ellis también. Harry no sabía si se quedaría a cenar, pero prefirió llevar algo que ser grosero y aparecer sin nada para él.
-Papá haría muchas preguntas. -Charlie sonrió.
-No sería la primera vez que me bombardea a preguntas del mundo muggle. Le encantan los objetos que pueda encontrar. Es entrañable.
A la mañana siguiente, Harry esperaba encontrarse a Ellis para desayunar.
Como predijo, se quedó a la cena y Sirius y él no pudieron quitarse los ojos de encima.
Hubo muy poca conversación. Ambas parejas estaban distraídas con sus respectivos.
Lo que oyó el sumiso por la noche antes de que se colocara un hechizo de privacidad, le tenía sonrojándose aún ahora, mientras preparaba el desayuno.
Esperó que la... Fiesta nocturna de Sirius no continuara.
Pero por si acaso, se limitó a enviar un patronus.
Como si en Grymauld fueran a detectar la magia de menores de edad...
Charlie y Harry no se quedaron a desayunar.
Su tía le había dicho que ella haría el desayuno para todos y allí que fueron.
El menor trató de no mostrarlo, pero estaba nervioso.
No era lo mismo presentar un amigo que un compañero con el que ibas a quedarte toda tu vida. El primero de una serie de dominantes que necesitaba para estabilizar su magia y no volverse loco.
Su tío fue quien abrió la puerta.
Tenía su expresión más severa. La que significaba que aunque trataras de dar una explicación, nada te libraría del castigo por haber pintado un pene en el buzón de la vecina... Aunque se lo mereciera por vieja desagradable.
-Pasad. -Gruñó.
A su sobrino le revolvió el cabello.
A Charlie le miró como si fuera un mortífago que había dormido en el cuarto del internado de Harry durante tres años sin que nadie se diera cuenta.
-¿Tú eres Chad, no? -Preguntó muy groseramente.
El pelirrojo acababa de presentarse.
-Charlie, Señor.
-Bueno, Chad. -Vernon remarcó el nombre. -Háblanos de ti. Pensaré si saldrás de aquí de una pieza o no.
-¡Tío Vernon! -Harry gimió.
-Harry, estoy protegiendo tu honor.
-Pero no soy una mujer. -Chirrió.
-Harry James. Eso es machista. Los hombres también merecen ser protegidos cuando un dominante pretende llevárselo lejos.
-No voy a...
-¿No eres el que trabaja con dragones? -Inquirió feroz.
Su mujer y su hijo observaban en silencio.
-Sí, Señor Dursley.
-¿Y ese trabajo tuyo no está en Rumanía?
-Sí, Señor Dursley.
-¿Y no hay casi dos mil quinientos kilómetros de distancia?
Harry se removía inquieto en el pasillo.
Su parte dracken estaba ronroneando contenta. Alguien velaba por ellos y se aseguraba de que tenían un dominante adecuado. Aunque por supuesto, no habrían elegido uno imperfecto.
-Vernon... ¿Puedo llamarte Vernon? -Charlie preguntó.
-¡No! No puedes. Quieres llevarte a mi pobre sobrino lejos y ¿encima tienes el descaro de querer usar mi nombre? Magos...
Charlie no quería reírse. De verdad que no quería. Pero era difícil.
Sin embargo, pensó en su madre y las ganas de hacerlo se le quitaron.
Ella haría las mismas preguntas... Si una persona que no fuese Harry lo hubiera elegido... Aunque seguramente estaría feliz porque si el sumiso fuera de Gran Bretaña, eso querría decir que Charlie dejaría ese trabajo que estaba tan lejos.
-No voy a llevármelo de aquí. No hemos hablado de eso y no seré su único dominante. Cuando nos elija a todos y acabeHogwarts, todos hablaremos y decidiremos qué hacer. -Explicó.
Petunia suspiró y los pastoreó a la mesa.
No quería comer desayuno frío.
Dudley hizo muchas preguntas sobre dragones.
Cuando Charlie prometió llevarlo a la reserva rumana, Petunia ya no pensaba que Charlie no parecía tan malo.
-¿Es que quieres que un animal enorme se coma a mi hijo? -Vernon inquirió. -Es tu plan malvado, ¿no? Eres un mortímalo de esos.
-Es mortífago, tío Vernon.
-Los llamaré como quiera. No merecen mi respeto. -Le echó a su sobrino otro trozo de tocino.
-Come. Estás muy delgado.
-No tanto. Soy normal.
De todos modos se lo comió.
Como dracken parecía tener más apetito.
Después de almorzar fueron a ver a los Weasley.
Por supuesto, todos recibieron muy bien a Harry.
Como charlie predijo, su madre estaba encantada.
-Si os establecéis aquí, mucho mejor. -Brotó.
-Mamá, ya bastante me está costando hacerme a la idea de que probablemente no vuelva. Preferiría que no mostraras tanta felicidad.
El joven domador de dragones se alejó.
Necesitaba un momento para sí.
Molly miró por la ventana cómo su segundo mayor se alejaba.
Se sentía mal por haberle herido, pero al mismo tiempo su corazón estaba más ligero porque Charlie se quedaría en el país. Podría verlo más y quizá podría conseguir un trabajo en el ministerio, que era más seguro que trabajar con dragones.
Claro, él era un dracken, pero estaba en peligro igualmente.
Cuando Harry fue a seguir a su dominante, Fred y George se aparecieron a su lado.
Les gustaba mucho hacer eso.
-Harrycito, ven con nosotros.
-Te mostraremos las cosas buenas.
-Nada de charla melancólica en el jardín.
-Solo diversión.
Los gemelos se llevaron al sumiso. Él habría protestado más, pero vio que Bill se acercaba a Charlie y eso le tranquilizó. Al menos no estaría solo.
-Si explota algo en mi cara o si pierdo mis cejas, voy a estar bastante cabreado. -Advirtió.
-Pfff. ¿Por quién nos tomas?
-Nos gusta el caos.
-Pero no cuando Charlie podría cambiar y matarnos.
-Hemos leído sobre drackens.
-Y somos conscientes de cómo funcionan sus locos instintos.
-Y no nos arriesgamos.
-¿Ves? Podemos ser buenos.
Harry ya no se molestaba en averiguar cuál de los dos hablaba. Se limitaba a escuchar y sonreír. Si no, se volvería loco.
-Eh... Está vacía. -Harry comentó.
Se sentía un poco tonto mirando a su alrededor en busca de algo.
-Claro. Ya nos hemos mudado por completo al piso encima de nuestra tienda.
-Solo queda este baúl que lo hemos traído por si acaso.
Cuando lo abrieron, Harry vio que era grande... Inmenso.
-Un taller portátil.
-Por si tenemos ideas.
-O creaciones en curso.
-Muchos magos nómadas viven en baúles casa.
-¿Qué? A ver, sabía que existía el hechizo de expansión indetectable, pero...
-Hay baúles de todo tipo. Grandes, pequeños, maletas, mochilas...
-Y si eres bueno en los hechizos de expansión, puedes crear algo increíble en el baúl escolar... O en uno simple que compres.
-El ministerio trató de prohibir eso, pero no tuvo muchos adeptos.
-Aunque brujas y magos se han muerto cuando sus hechizos no resultaron ser tan buenos y se deshicieron con ellos dentro.
-También puedes conseguir un baúl expandido con todas las comodidades, pero son muy caros. Por eso la gente opta por hacer los suyos.
Harry fue con ellos a ver su taller después de la fascinante explicación.
Fue una experiencia inquietante.
El menor tenía miedo de tocar algo.
Había frascos y contenedores de varias formas y tamaños por todas partes.
No quería saber qué hacía cada cosa... Pero por supuesto, Fred y George se lo explicaron.
Hubo que improvisar una explicación cuando Hermione se presentó en La Madriguera.
No es que no confiaran en ella, pero el secreto dracken estaba tan arraigado...
Ya se lo dirían en algún momento... Posiblemente.
Aún no estaban seguros.
Hasta que Charlie se la llevó consigo al cobertizo de su padre y cerró la puerta.
Los demás armaron un partido de quidditch improvisado.
Si le iba a contar todo, pasaría bastante rato. Ella tendría muchísimas preguntas.
Y así fue.
Pero Hermione sabía lo de los drackens y tenía un hechizo sobre ella.
Fue un buen día.
Aunque Charlie no iba a explicarle más cosas en un corto plazo.
¡Habían estado allí dos horas!
Sin embargo, la sonrisa que Harry le dio mereció la pena el tiempo.
Se lo quedó mirando durante un rato.
Tenía un sumiso.
El mejor sumiso.
Estaba feliz.
Aunque el Señor Dursley no le tuviera ningún cariño.
