Capítulo 2. El consejo, llegadas. y breves presentaciones
Harry se despertó feliz y animado.
Su cumpleaños había sido todo lo que imaginó y más.
Habían ido a un partido de quidditch entre el puddlemere y Las arpías. Vio a Oliver jugar. Fue maravilloso el partido y luego pudo dar unas vueltas al campo con el equipo del Puddlemere.
Su tío y primo estuvieron de acuerdo en que había sido increíble.
No habían podido ir al mundial porque Vernon tenía compromisos previos, a Petunia no le gustaba la descripción del deporte y Dudley estaba en un fin de semana ya planeado con sus amigos.
Comieron allí mientras veían el partido. Después de eso fueron al callejón Diagon a elegir un regalo.
Habría escogido un cachorro, pero aún no podía porque en Hogwarts no se permitía así que se decidió por un gato.
A los alumnos se les permitía un animal, pero Hedwig podía ir y venir por su cuenta. Pensó que eso era muy astuto por su parte.
Después de dejar al gatito al que llamó Simba, fueron al cine.
Pidieron comida a domicilio cuando llegaron a casa.
Sirius había ido con ellos y Harry fue el chico más feliz.
Se estiró todo lo que pudo en su cama. Nada podría agriarle el humor.
...Hasta que recordó que tendría que irse pronto al edificio del consejo para conocer a un montón de gente a la que no quería realmente conocer para tener dominantes que le darían maravillosos hijos. Ellos serían fuertes y guapos y...
¿Pero y eso a qué venía? ¿Es que ahora tenía doble personalidad?
Suspiró y se levantó.
Ya eran las ocho así que más le valía prepararse.
Se duchó, hizo una maleta, a saber cuánto tiempo tendría que quedarse, luego decidió que prepararía todo su baúl por si acaso...
Bajó a desayunar.
Su tía ya estaba allí, preparando todo.
Su tío tenía que irse al trabajo pero había prometido que se despediría de él.
Incluso Dudley se levantó temprano.
-Escríbenos, Harry. Tenemos los libros unidos. Y por la noche podremos hablar por el espejo. -Vernon le apretó el hombro.
Dudley y él eran grandes y anchos pero de músculo, no de grasa.
A Petunia le había preocupado la salud desde que Marge tuvo un ataque al corazón y murió debido a su excesivo peso.
No había sido una mujer agradable así que el único que estuvo triste por su pérdida fue Vernon.
Sirius llegó a las nueve, listo para llevarse a Harry.
A él tampoco le gustaba la situación, pero ¿qué iba a hacer?
Solo le quedaba aceptarlo y seguir a delante.
Hubo abrazos y besos cuando Harry se fue con su padrino.
Sirius encogió el baúl, El adolescente agarró firmemente a su gato y un segundo después ya no estaban en la entrada de la casa.
El consejo era un edificio alto, con columnas de estilo griego alrededor.
Estaba en un campo en mitad de la nada y tenía incluso más seguridad que Hogwarts. Era enorme. Había un edificio así en cada país. En caso de necesidad, podría refugiar a todos los Drackens y nadie no bienvenido podría entrar.
Las vidrieras de las ventanas representaban dragones de diferentes tipos y en poses distintas.
Harry y Sirius no podían dejar de mirar.
Achilles ya los esperaba. Sonreía ampliamente, orgulloso de la maravilla arquitectónica que era el edificio.
El interior era suntuoso. Retratos de drackens cubrían las paredes. También armaduras, estatuas y candelabros con patrones de piedras preciosas.
-Qué... opulento. -Harry murmuró.
No quería tocar nada por miedo a romper algo.
La casa de Sirius tenía cosas valiosas, pero esto... Era mucho.
-Te mostraré tu habitación. Tiene hechizos de seguridad y runas para que nadie pueda entrar sin tu permiso.
Harry quería aferrarse a su padrino, pero no deseaba parecer un crío. No lo era.
La habitación era más bien un pequeño apartamento con sala de estar, una pequeña cocina, dos habitaciones, una para él y otra para Sirius, Una bonita terraza con plantas y dos baños.
Harry se sintió más cómodo allí. El lugar no parecía tan suntuoso como el vestíbulo.
Las paredes eran de color azul con tonos tierra. Al menos en la sala de estar.
La pequeña cocina tenía armarios blancos con perillas plateadas en los armarios.
Los baños eran más lujosos. Una bañera casi tan grande como el baño de los prefectos de Hogwarts con grifos dorados. La bañera era color marfil.
Las habitaciones eran totalmente blancas. Edredones, sábanas, paredes, moqueta, techo...
-Para que la decores a tu gusto. -Achilles le sonrió.
-Y no te preocupes por la restricción de la magia en menores de edad. Aquí no será percibida.
Mientras Harry desempaquetaba el baúl metiendo la ropa en el armario, también blanco, los hechizos eran muy prácticos para eso, se dedicó a decorar su habitación.
Se divirtió cambiando los colores en las paredes y el techo.
Sirius le estaba enseñando diferentes encantamientos en el proceso.
El gato miraba las luces con intensidad. Parecía preguntarse si sería o no peligroso seguir las luces.
Sirius encantó una bola de luces para que Simba jugara.
Cuando Harry estuvo satisfecho con su mural de un bosque con un ciervo, un perro, un dragón, un lobo y una cierva, el techo encantado para reflejar el cielo del exterior y algunas snitches volando en el mural del bosque, Achilles les habló de lo que pasaría.
-Cuando estés listo, me acompañarás a una habitación. En ella sostendrás una esfera en tus manos y dejarás salir un grito que llegará a cada dracken dominante no apareado e irán llegando. No serán solo de Gran Bretaña. Vendrán de todo el mundo.
-¿Un grito? ¿Por qué? -Preguntó.
-Para que ellos sepan que hay un dracken sumiso buscando. Es mejor hacerlo en un entorno controlado porque si un dracken soltero te encontrara y olfateara tus hormonas de apareamiento... -Achilles negó con la cabeza. No quería terminar la frase.
Y a juzgar por los puños apretados de Sirius y la palidez de Harry, no habría necesidad de que lo hiciera.
-¿Y la esfera para qué es?
-Ah, muy buenas preguntas, joven. -El concejal agarró una silla mullida roja y dorada y se sentó en ella.
-Es un globo terráqueo que expandirá tu grito a todos los rincones del mundo.
-¿Y cuántos... -Harry tragó saliva. -¿Cuántos dominantes necesitaré?
-Más de tres, eso seguro. Eres poderoso, muchacho. Pero no te preocupes. Encontraremos a los compañeros perfectos para ti.
A Sirius seguía sin gustarle la situación, pero no iba a negarle a su ahijado su herencia.
Más tarde, Achilles les presentó a Dally. Ella sería la elfina doméstica a la que tendrían que llamar si querían comer, si necesitaban algo... Ella por supuesto sabía de las necesidades dietéticas de un dracken así que no se escandalizaría.
Dally era una elfina muy parecida a Dobby. Llevaba un vestido claro con unas alas justo en el corazón, como si fuera algún tipo de escudo.
-¿Podemos ir a la cosa de la esfera? Quiero acabar con esto cuanto antes. Dar el grito y luego descansar.
Y pensar en que pronto tendría que conocer hombres y mujeres dracken para... Para no enloquecer y tener hijos e hijos y más hijos.
-Y pensé que este año sería normal. -Murmuró.
-¿Sabes que no eres el único sumiso masculino este año? -Achilles le preguntó mientras les mostraba el camino a la sala adecuada. -Hay pocos sumisos masculinos. Supongo que ahora que el número de sumisas y sumisos está creciendo de nuevo, aunque sigue habiendo una proporción mucho mayor de dominantes que esperamos se reduzca en las próximas décadas, no es del todo descabellado que haya más sumisos masculinos. Pero el otro dracken es también inglés. He de decirte que los demás países están envidiosos. No de mala manera, por supuesto.
-¿Y cómo se llama el otro? Tal vez lo conozca.
-Draco Malfoy. -Achilles respondió.
A Sirius le dio un ataque de risa. Harry se lamentó por los pobres dominantes o el pobre dominante que estuvieran vinculados con él.
-Seguro que Lucius y Narcisa no lo tomaron bien. -Sirius comentó cuando pudo parar de reírse. -Tanto se quejaban de las criaturas... Ah, me encanta el karma.
-Según sé, Stabros tuvo ciertos problemas, pero puesto que el joven sumiso tiene reuniones en su mansión... Y su primer dominante, bueno, supongo que lo aceptaron. Aunque sí que dijo que el joven Draco es un sumiso bastante quisquilloso. Claro que cada sumiso es libre de decidir qué dominantes quiere. Algunos prefieren que todos sus dominantes sean rubios, que tengan nombres que empiecen por la letra A...
-Qué? -Harry estaba incrédulo.
-Oh, sí. También tienen requisitos para encontrar a sus dominantes ideales. Que se enfrenten en peleas, que muestren habilidades raras, que sean adinerados...
Harry sentía que su cabeza, que daba vueltas mentales, nunca dejaría de girar.
-¿Tienes una lista, Harry? ¿Algún requisito? Porque llegarán muchísimos dominantes y puedes reducirlos. ¿Quizá una determinada edad? ¿Prefieres hombres? ¿Mujeres? ¿Quizá eso no te importa? ¿Quieres que se eliminen aquellos con hijos? ¿Aquellos que tienen algún defecto físico? ¿O cualquier color de alas o longitud que no quieras?
-Yo... Yo solo quiero que sean amables, tolerantes y que no rechacen a bebés que no sean biológicamente suyos.
Había leído historias en el libro que el concejal le dio. Solo algunas páginas, anoche estaba demasiado cansado, pero decía que era una posibilidad.
No tardaron mucho más en llegar a la sala con el globo terráqueo.
Harry se preguntaba cómo tenía que hacerlo. ¿Simplemente gritaba? Hacerlo se sentía un poco tonto, la verdad.
Achilles no pudo explicárselo bien porque decía que para cada sumiso era distinto.
-Harry, pon las manos en la esfera y sabrás qué hacer.
Él obedeció.
Puso una mano a cada lado. Sintió algo expandirse en su pecho. Respiró hondo y gritó.
Pero no era un sonido humano. Era algo... Bueno, supuso que ese era un ruido de dracken.
La esfera brilló entre sus manos y un eco pareció retumbar en las paredes y salir y alejarse, llegando a cada dominante no apareado.
Después esa sensación en su pecho se detuvo y Harry sintió que podía apartarse del globo.
-¿Qué sentiste? -Harry le preguntó a su padrino.
Sentía curiosidad.
-Sonabas como un dragón aterrador que iba a abrir su enorme boca y tragarme. -Admitió.
Y sabía bien cómo era ese ruido. Estuvo presente en las pruebas del torneo de los tres magos en su forma de perro.
Como si se hubiera perdido eso. Tenía que apoyar a su ahijado ya que los estudiantes no podían pensar por sí mismos y no creían a Harry.
Y luego querían que les salvara de Voldemort. Maldita hipocresía.
El maldito Riddle había muerto, por suerte, y a Harry le volvían a aclamar como a Su Salvador.
Despreciaba a la mayoría de los magos y brujas británicos.
Sirius y Harry volvieron a sus habitaciones a almorzar.
A un lado en su escritorio había dos pergaminos.
Uno en el que se anotaría cada llegada, nombre, apellido, edad, tamaño de alas y color.
Había muchísimos. Demasiados.
Harry tuvo que apartar la vista.
En el otro pergamino Harry tenía que escribir sus requisitos si los tenía. Estaba vinculado con uno que tenía Aquiles y si eran requisitos que él pudiera determinar, como un límite de edad o altura, peso... Entonces les invitaría a marcharse. Y si había algún nombre en la lista que no quería, solo debía tacharlo y también sería sacado de las instalaciones.
Harry estaba abrumado y Sirius no podía animarlo. Tenía muchas cosas en la cabeza y no sabía cómo lidiaría con todo.
No ayudaba que cada vez que miraba el pergamino, la lista aumentara y aumentara.
-¿Has tenido suerte con la búsqueda de Dorian, Sirius?
Cuando visitaron Grimmauld Place, vieron en el tapiz familiar que Sirius tenía un hijo al que no conocía. Un hijo un año mayor que Harry.
Sirius dijo que la mujer era una muggle con la que tuvo una especie de relación de unas semanas.
-No. Solo sé que es mágico, pero nada más. Ni dónde vive, ni a qué escuela fue... -Suspiró.
-No sé si lo encontraré, cachorro.
-Verás como sí.
La vida no podía ser tan cruel.
Y sin nada más que hacer, porque Harry se negaba absolutamente a salir de su habitación, comenzó a leer el libro que el Concejal Sutton le había dado.
El libro era interesante. Había cosas que conocía porque Achilles o Sirius le habían dicho, pero otras que no conocía.
Hubo algo que le hizo atragantarse con su propia saliva.
Le puso el libro a Sirius delante de la cara, exigiendo que leyera.
-Hmmm. Muy interesante, cachorro. Sobre todo porque aparece en blanco para mí.
Harry quiso tirar el libro a la otra punta de la habitación.
Eso que acababa de leer era una locura.
Simba se subió a su regazo y Harry lo acarició, sintiéndose mejor. Bueno, más calmado al menos.
-¿Qué pone, Harry? -Qué te ha alterado tanto?
Su gato le dio con la cabeza cuando el chico dejó de acariciarlo para levantar el libro.
-Pone que tendré los bebés en mi cuerpo durante tres meses y que luego... Luego tendré huevos. ¡Huevos, Sirius! Pone que serán del color de las escamas del dominante que sea el padre junto con las mías blancas. Que el sumiso elegirá un lugar que será el nido para cada vez que ponga sus huevos y que los padres tendrán que darle su magia cada pocas horas para que se desarrollen.
-Eso sí que no lo sabía. -El animago murmuró.
-Huevos. Pondré huevos. ¿Qué fantasía loca es esta? Prefiero estar alucinando. Una seta de esas... No... Lo real. Huevos.
Harry no podía sacar su mente de ahí. Era como un bucle.
Temía seguir leyendo.
No le quedaba de otra así que respiró hondo y continuó.
-No soy un reptil de verdad. ¿Cómo voy a poner huevos¿ ¿Y cómo los protegeré? ¿Cómo me aseguro de que no estén mal?
Sí, Harry intentó seguir leyendo pero era difícil.
Él no quería poner huevos.
Por suerte, no saldrían dragones de ahí. Y no todos serían drackens. ¿Qué pasaba con los que no lo eran?
Oh, esos los gestará normal, bueno, siete meses como sumiso que era, su gestación era más corta. Dioses, qué lío más grande.
Pues le iba a tocar asimilar esto porque los drackens dominantes seguían llegando.
-¿Y cómo nacen, Harry? Bueno, ¿cómo eclosionan?
El dracken sumiso le lanzó el libro a su padrino a la cabeza.
Sirius lo detuvo en el aire con su varita.
-Eso no lo leí. -Murmuró. -Al menos sé que no nacerán dragones. Eso habría sido... -Iba a decir "más raro todavía", pero es que poner huevos era lo suficientemente raro.
Recuperó su libro, resignado a leer el resto. Sería por su bien.
Eso sí. Si ponía huevos, iba a crear el mejor nido de la historia y lo protegería tan bien que nadie que no debía, sabría dónde estaría. ¿Un fidelius? Hmmm. Cosas para considerar. Y si salía, encontraría la forma de llevar los huevos consigo.
Si Newt Scamander tenía su maleta, él podría encontrar algo.
-Aquí dice que en el momento en el que el o los huevos se agrieten, el sumiso retirará las cáscaras con una de sus garras.
Cuando el bebé está fuera, las cáscaras tomarán ¿la forma de un cristal? Piedra o cualquier cosa que la magia del padre dominante cree. Eh... Curioso. -Murmuró.
Sirius escuchaba atento a su ahijado. Lo que allí ponía era muy interesante.
-Muchos sumisos lo ponen en una pulsera y funciona como una protección para el dracken hasta que el pequeño o pequeña entra en su herencia.
-Bueno, si para tener la familia que quiero tengo que pasar por esto, lo haré. -Anunció.
Él había soñado con una familia grande con muchos hijos. Sabía lo genial que era tener a alguien de su edad con quien compartir confidencias, pelear como animales... Y tíos amorosos que actuaron como maravillosos padres. Quería darles eso a sus hijos.
Y tener varios hombres que también serían suyos... Sí, había decidido que solo quería dominantes masculinos y lo había añadido a la lista... Era lo único que había allí... A parte del requisito de que no quería dominantes que no amarían a otros bebés que no fueran suyos.
Odiaría que sus hijos no se sintieran queridos en su casa. Harry no podía ni imaginar cómo sería eso.
-Hablando de familia... A mis tíos y primo les va a dar algo cuando sepan que pondré huevos.
No podía decir esas dos palabras sin dificultad.
-Harry... ¿Pone por... Por dónde saldrán?
Por un momento, el joven de dieciséis años vio manchas oscuras.
Pensó que podría desmallarse.
Pero parpadeó y la sensación pasó... En su mayoría.
-Nunca te voy a decir eso. -Chirrió cuando encontró el pasaje que lo explicaba. -Jamás. Puedes suponer lo que quieras, pero nunca confirmaré ni negaré.
Y es que no le hacía ninguna gracia tener que sacar los huevos como las gallinas lo hacían.
Tuvo que seguir leyendo porque ¿y si tenía drackens y no drackens en un mismo embarazo?
Hmmm. Bueno, esto tengo que recordarlo bien. Es importante. -Pensó.-
Porque la magia y una delicada membrana protegería a los fetos humanos cuando los huevos salieran, pero los siguientes días Harry tendría que reposar porque corría el riesgo de perder a los bebés no drackens... Hasta que el saco donde los llevaba se fortaleciera de nuevo.
-Vale... Sí... Esto es... Soy raro, por las pelotas arrugadas de Godric.
Podría tener pesadillas con ello.
Más tarde, el Concejal Sutton fue a su habitación.
Harry se presentaría, tendría una merienda con los drackens dominantes en un salón enorme y así, dijo el Concejal, podría pensar en otros requisitos que querría o no querría en una pareja y podría hacerse una idea de cómo eran sus posibles futuros compañeros.
Sirius fue con él, por supuesto. No iba a dejarlo solo en este lugar lleno de personas que querían aparearse con su ahijado.
Tenía la varita lista por si acaso. Solo tendría que flexionar la muñeca y lanzaría maldiciones a diestro y siniestro si tenía que hacerlo.
Puede que las escamas de los drackens fueran resistentes, pero Sirius había crecido en una familia muy inventiva. Había maldiciones que harían mucho daño... Incluso matarían. Y si su cachorro estaba en peligro, no dudaría en utilizar lo aprendido.
Lily y James lo habrían querido así.
Harry se sintió abrumado por el nivel de gente que había en el salón.
No todos eran dominantes no apareados, claro. También había guardias, drackens de más de ciento cincuenta años ya apareados y algunos ancianos más que Achilles le fue presentando.
El joven sumiso no sabía si recordaría todo.
Pensó que estaría acostumbrado a ser el centro de atención. En Hogwarts lo era, por razones buenas y malas. También en el callejón Diagon y Hogsmeade, pero esto era mucho más intenso.
Eran miradas de interés y evaluación de drackens dominantes que querían aparearse y tener bebés drackens y un sumiso.
Tuvo la tentación de ocultarse tras Sirius o aplastar a su pobre gato entre sus brazos pero suprimió todo eso y dio un paso adelante para presentarse.
Había algo más que no querría en sus dominantes. Alguien que solo estaría con él por quién era.
Lo anotaría en su lista. No es que los concejales y guardias pudieran saber esas cosas, pero por si acaso.
Por Merlín, era demasiada gente. Y todos le daban nombres, apellidos, su edad, sus trabajos, su salario...
Era una cacofonía de ruido muy incómoda.
Sirius movió su varita y un silbido penetrante viajó por toda la gran sala provocando que todos guardaran silencio.
-Por Morgana. No estamos en un mercadillo muggle. No os pongáis a berrear todos a la vez sobre quién gana más, ni nos metáis vuestras alas en la cara. Sois drackens, no bestias sin sentido. Tengamos una maldita merienda tranquila.
Harry lo agradeció. Por Godric, sí que lo agradeció.
Durante la merienda conoció a algunas personas que parecían agradables.
Apolo le gustaba. Era un poco bromista y no había mirado a Sirius como si quisiera destriparlo cuando pidió silencio antes.
Según dijo, sus padres amaban la mitología griega y todos sus hermanos y hermanas también tenían nombres de diosas y dioses griegos. Las musas, ninfas, sátiros, gigantes, titanes... Eran ciento catorce. Y claro, viviendo hasta los seiscientos años...
Link no le gustó tanto. Seguía haciendo insinuaciones poco halagadoras hasta que Sirius le espetó que Harry tenía mucho dinero y que no necesitaba que nadie le mantuviera ni hablara como si le estuviera haciendo un favor. Y que si quería, podía trabajar. No era una yegua de cría. Era una persona.
Le gustaba tener a su padrino consigo.
Él lo cuidaría, no es que lo necesitara, pero era agradable que un adulto estuviera con él.
Hacer esto solo habría sido mucho peor.
Kate, era un chico, dijo que los sumisos solo servían para tener hijos y nada más.
Milo comentó que sólo eran válidos los niños drackens, que los bebés humanos serían una pérdida de genes.
Harry los eliminó de inmediato de su lista y tuvo que excusarse por un momento porque esas palabras le hicieron sentir náuseas y tuvo que ir a calmarse al baño.
Tristemente, le había dicho Achilles cuando salieron, no era el único que pensaba así. Algunos dominantes más también lo hacían... Incluso algún que otro sumiso. Eran una minoría, pero existían.
Harry declaró contundente, que cualquiera que pensara como Kate o Milo, debía irse de inmediato.
Quiso irse él también a su habitación, pero no quería acabar con un horrible sabor de boca. Así que se quedó y escuchó algunas historias más.
Le gustó Kilian, se había criado con sus abuelos cuando su madre no quiso hacerse cargo de él y su hermana Sahara cuando su padre murió debido a la viruela de dragón.
Sus abuelos eran magizoólogos y los habían educado ellos mismos mientras viajaban.
Hicieron los equivalentes a TIMOS y EXTASIS en el ministerio australiano.
Amaban las criaturas mágicas y quería tener su propia maleta como Newt Scamander. Bueno, ya tenía algo así. -Le dijo en un falso susurro.-
Había visto algunos compañeros suyos de Hogwarts pero solo los miró. No sabía qué hacer con eso.
Se sentía un tanto cohibido. Pero si Malfoy resultó ser un dracken, ¿por qué no Boot, Zabini, Nott y Warrington?
Sirius resopló por lo bajo.
-Sangre pura, mi culo.
Ellis era serio. No dijo mucho aunque a Harry le intrigó de todos modos.
Trabajaba con runas.
Hermione le había hablado sobre ellas, pero sus diatribas eran tan... técnicas y había tantos hechos que solía desconectar.
No obstante, sabía que eran muy útiles e increíbles.
A pesar de los buenos ratos, Harry estuvo contento de irse a su habitación. Quería descomprimir un rato y Achilles le había mostrado un patio en el que podría volar y donde no sería molestado.
Así que eso hizo. Fue con Sirius a volar.
Al principio utilizó su Saeta de fuego, pero cuando se sintió listo, sacó sus alas e intentó volar con ellas.
Hubo algunos momentos vergonzosos, pero Harry lo disfrutó de verdad.
Le gustó reírse tontamente con su padrino de sus intentos de coordinación con sus alas e incluso jugar a lanzarle un palo a Sirius cuando cambió a su forma perruna.
