Capítulo 3. Primeras reuniones y una sorpresa.
Harry se alegró de cenar y dormir.
Podría procesar todo y descansar la cabeza.
Los dos últimos días habían sido intensos, con mucha información de golpe, muchas novedades.
Pero era otro día y tenía que continuar. No podía hacerse una bola y gimotear.
Había superado que un maniaco quisiera matarlo, que quien traicionó a sus padres hubiera estado en su dormitorio compartido en Gryffindor... Podía con esto.
Se estiró, se retorció y se levantó.
Bueno, primero su gato le caminó por encima.
Tener animales para esto. -Pensó.-
Tras ducharse y vestirse, fue al salón grande a desayunar.
Era circular y sin mucha decoración.
Achilles había dicho que era para que los dominantes no tuvieran nada que lanzarse cuando se sentían con ganas.
Los drackens parecían más relajados por la mañana.
Harry lo agradeció porque no quería que se repitiera la situación del día anterior.
-Hoy iniciarán las reuniones. -El concejal Sutton comentó tras golpear su vaso de cristal con una cuchara para llamar la atención de todos. -Se harán como Harry desee y donde desee dentro del complejo del consejo. Estará acompañado en todo momento y cualquier falta, llevará a la expulsión.
Muchos dominantes parecían ansiosos... O la mayoría. Era inquietante.
Harry se recordó a sí mismo que debía estar tranquilo. Que no elegiría a nadie que no quisiera, que nadie le forzaría a nada. Su padrino estaba con él, tenía guardias y un concejal de acompañante.
-Busco dominantes que respeten mis decisiones, que acepten que tendré más de un compañero y que no tenga problema con los hijos de otros dominantes. Si alguno no puede con estas simples condiciones, sabe dónde está la puerta.
Algunos se fueron, de mala leche.
Pues bien. Harry no toleraría a quienes querían dictar su vida. Había tenido suficiente con Voldemort forzando su mano.
Porque si él no le hubiera estado persiguiendo, entonces no habría tenido que ser él quien lo matara.
Decidió salir fuera.
Hacía buen tiempo y Harry no iba a tener las reuniones en una sala cerrada sentado en una silla.
Algunos dominantes se acercaron para hablarle, darle regalos... E incluso uno le tocó el culo.
Sirius le hizo algo que provocó que volara contra un árbol y se convulsionara por unos segundos.
-No es un maldito trozo de carne. -Gruñó. -Espero que lo recuerdes. La próxima vez, no seré tan suave.
Su sonrisa maniaca y ojos enloquecidos recordaban a la fotografía en la que le declararon asesino convicto escapado.
Black retrocedió sin darle la espalda.
Fue una elección acertada porque el dominante de alas azules y púrpuras saltó hacia él con las garras desenfundadas.
El animago alzó un escudo pero Harry ya volaba hacia ellos y rastrilló sus garras por la cara del desafortunado hombre.
-¡Fuera! -Chilló. -¡No quiero conocerte! ¡Si te veo de nuevo, mis garras cortarán tus entrañas!
Dos guardias levantaron al dominante y le acompañaron fuera de las instalaciones a los sanadores.
La cara del tipo parecía derretirse y hervir. Así de corrosivo era el veneno de las garras del sumiso.
-¿Quién es el siguiente? -Harry gruñó.
Estaba en su forma dracken completa.
Nadie se movió. No de manera amenazante.
-Ninguna de las historias de Draco te hacen justicia, Potter. -Nott se acercó.
Zabini lo seguía.
Theodore era delgado aunque Harry vio que tenía más musculatura que la última vez. Tenía el pelo castaño oscuro ondulado hasta los hombros y ojos oscuros. Sus alas eran de color verde y plateado, seguro que eso le hacía sentir orgulloso.
Blaise tenía más músculos que Nott aunque era una cabeza más bajo. Sus ojos y alas eran color amatista y su pelo oscuro le caía solo hasta la barbilla.
Harry no iba a admitir que se los quedó mirando y para disimular su mirada, dijo:
-Él es un imbécil. El producto para el cabello que utiliza seguro le ha licuado el cerebro. Siento lástima por los dominantes que acaben con él.
Harry pensó que les haría irse. No quería a ningún estúpido en su relación.
Pero ellos se rieron.
-Pues uno de ellos es el Profesor Snape. -Zabini sonrió.
El joven sumiso se estremeció y Sirius hizo un ruido como si se ahogara.
-Qué espantoso. ¿Por qué me lo has dicho?
-Si tengo que sufrir sabiéndolo, tú también, Potter.
-¿Y qué será lo siguiente? ¿Que Crabbe o Goyle son sus amantes secretos?
Nott sonrió tanto que a Harry le inquietó.
-No, ellos no son drackens. Pero sí que tienen una relación entre ellos. Si los escucharas en el dormitorio...
-Calla, calla. ¿Por qué? No actuáis como pensé que lo haríais.
-¿Te refieres a lanzar propaganda purista, antimuggle y proSeñor tenebroso? -Nott alzó una ceja.
Harry se ruborizó porque sí, eso esperaba.
-No todos somos iguales a Malfoy, Flint, Parkinson...
-¿Entonces os conocéis? -Un dracken de alas naranja preguntó amargamente.
-De la escuela. -Harry asintió.
-Entonces los elegirás a ellos. -Murmuró.
-No tiene por qué. Hasta hoy, apenas habíamos cruzado palabras. Además, el concejal Sutton dijo que necesitaría más de dos dominantes.
Tuvieron las reuniones en un picnic, al menos las primeras.
Los que no estaban en reunión, volaban, charlaban... Y algunos peleaban.
Los guardias se apresuraban a separarlos.
Harry pensaba que parecían críos.
El primer dracken que conoció era de Tailandia. Era un poco más alto que Harry pero muy musculoso.
Le gustaron sus alas color café y negro.
Se notaba que no era de habla inglesa habitualmente, pero se defendía bien.
A Sirius le pareció muy soso, pero no era cosa suya elegir.
Él miraba y vigilaba por si acaso.
Kasem era el menor, después de tres hermanas. Eran una familia de no drackens, como Harry.
Tenía 43 años y trabajaba como contable en el equivalente de Gringots en su país.
Dijo que trabajaba muchas horas y que aunque no pasaba tiempo en casa, ganaba bien y podría mantener varios hijos.
A Harry le cayó bien, pero no pensó que fuera adecuado para él.
No obstante, el caballito de mar de cristal le gustó mucho.
Podría ponerlo en una pulsera como colgantito o en un collar.
Jason le entregó un tarro vacío que había creado. Era grande, redondo y en espiral subía un dragón verde muy bonito. Abajo estaba su cola y las garras eran el borde en el que iba la tapa.
Su cabeza sobresalía y parecía mirar amenazante a cualquiera que osara tocar el tarro y lo que hubiera dentro.
Harry imaginó que el dragón podría moverse en cualquier momento y morder a alguien.
-Gracias, Jason, me encanta. Es increíble. No sé qué meteré en él, pero de verdad, lo aprecio mucho.
-Me alegra que te guste. -El dominante sonrió ampliamente.
Era un chico de Kentucky de pelo negro, ojos turquesa y bastante alto.
Sus alas tenían varios tonos de rojo. Desde el más oscuro casi negro hasta el más claro tirando a rosa.
-Si pones una gota de sangre en un colmillo, el dragón protegerá el tarro de cualquiera que trate de tocar lo que hay dentro. Y tiene capacidad para más de lo que parece. -Explicó.
-¿De verdad? Guau. -Harry puso una gota de su sangre y metió dentro el caballito de mar.
Decidió que metería los regalos que le harían. Cuando ya tuviera a todos sus dominantes, pensaría en otra cosa.
Se preguntó si conservaría los regalos de quienes no eligiera como suyos.
A Harry le gustaría, pero no sabía qué pensarían los otros dominantes.
Suspiró. Eso era para pensarlo otro día.
Jason era artista. Pintaba, hacía cosas con cerámica, también muebles...
-Parece un trabajo de perezosos, como si no sirviera para mucho... Mis hermanos me dicen que debo madurar... Pero mi trabajo paga bien, tengo tiempo para mí o para mis futuros hijos. Y me gusta.
-Eso es importante. -Harry estuvo de acuerdo. -La familia es importante para mí, y saber que alguien puede dedicarle tiempo a los hijos y que no asumirá que yo por ser el sumiso me quedaré en casa...
-Claro. Puedes quedarte en casa o trabajar. La decisión es solo tuya. Tus dominantes pueden opinar, aconsejarte... Al igual que tú puedes hacer lo mismo con ellos, pero la decisión es tuya o suya.
-Eso es lo que digo. -El joven asintió. -Las opiniones de la familia son importantes.
Jason explicó que muchas sumisas le habían rechazado por su trabajo y eso junto con la insistencia de sus hermanos para que cambiara, le había hecho plantearse seriamente abandonar su pasión.
-De hecho lo intenté un tiempo. Durante unos meses trabajé con mi padre en su rancho de pegasos, pero no pude. Me gusta ayudar, amo los caballos, pero necesitaba mis pinturas, mi cerámica...
Harry puso su mano sobre la más grande.
-No debes hacerles caso. Si te gusta, si puedes vivir de ello... ¿Por qué ignorar lo que te apasiona? Ellos no entienden.
A Sirius le gustó. Tenía rasgos agradables, se comportaba como un hombre sensato y aunque tenía cincuenta años, no era tan importante porque los drackens vivían seiscientos.
A su ahijado también le gustó a juzgar por su mirada y su sonrisa.
La verdad, Harry no sabía qué hacía Lyle allí.
Estaba enfadado con todo, no hacía nada más que quejarse y tenía opiniones muy concretas sobre cómo debía ser el sumiso perfecto y sus dominantes perfectos.
Era agradable a la vista. Pelo rojo, ojos azul mar, alas grandes y verde espuma... Pero su carácter...
Por Godric, qué molesto.
-Draco Malfoy busca dominantes. -Gruñó. -Él seguro quiere a alguien... Snob como tú.
Normalmente no hablaba así, pero el dracken francés estaba acabando con su último nervio.
Quiso gritar, pero decidió que se calmaría.
Aunque fuera difícil.
Kaiden le dio al sumiso una pulsera trenzada.
Al parecer dar regalos era algo común.
Uno de los guardias siempre se adelantaba para lanzar hechizos de detección... Y Sirius añadía los suyos aunque los dominantes le miraran mal.
Kaiden tenía 70 años, el pelo rubio platino, ojos azules muy pálidos y sus alas eran casi tan blancas como las de Harry.
El hombre se rió cuando le vio mirando.
-Hubo una enorme confusión cuando despertó mi herencia. Era un tipo enorme y tenía alas pálidas. Mis madres estaban seguras de que era un sumiso. Mi padre decía que no, que era un dominante... Así que me llevaron al consejo en Holanda, donde vivíamos y descubrimos que era, efectivamente, un dominante. Me alegré. No me entiendas mal, no tengo nada en contra de ser sumiso, pero no me sentía como tal.
-No me ofendo. -Harry prometió. -Y lo siento, pero tu historia me ha hecho reír. Pobre de ti.
-Sí que fue confuso. Después de un tiempo pudimos reírnos de ello.
Keiden trabajaba como abogado. Le gustaba tallar madera y tenía una finca en la que cuidaba muchas aves. Le entusiasmaban.
Explicó que cuando se jubilara, pasaría los días con sus pájaros.
-Si tuviera hijos, les enseñaría todo lo que sé. He pensado en establecerme con una mujer humana por un tiempo. Son muchos años solo y la verdad, me pesan.
El joven sumiso se aburrió de estar sentado así que fue a volar.
Sirius le seguía en su saeta de fuego y dos guardias volaban a su alrededor.
-No te pediré hacer una carrera, Potter. -Zabini comentó.
Él era su siguiente reunión.
-No quiero ser completamente humillado. Tengo mi orgullo.
-Si vamos a conocernos, entonces deberías llamarme Harry. Esto es como tener citas y si nos referimos al otro por su apellido habrá una distancia entre nosotros.
-Blaise entonces. -Le tendió la mano y Harry se la estrechó.
Se lo pasaron bien hablando de sus compañeros de Hogwarts.
Harry le contó acerca de sus tíos y primo y Blaise sobre su madre, sus siete hermanos mucho mayores y aunque dijo algo sobre el fallecimiento de su padre, no ahondó mucho en el tema.
Harry no preguntó. Se había percatado de que era algo difícil para Zab... Blaise.
Tras acabar la reunión, Blaise le dio un chocolate snitch que fue rápidamente escaneado.
Harry no esperó a que el dominante se fuera para comerla.
-Me gusta bastante. Sirius, ¿por qué no me mimas así? Soy tu ahijado, merezco snitches de chocolate todo el tiempo.
Blaise se alejó orgulloso consigo mismo.
Albert casi cayó en picado al suelo cuando intentó alcanzar a Harry.
Sus alas eran extrañas, como si estuvieran deshilachadas y apagadas.
Al ver esto, los guardias lo sacaron de allí.
-Cuando tiene ese color de alas y esa forma como rota, significa que el dracken en cuestión ha consumido ciertas pociones ilegales para suprimir quién es. -Uno de los que protegían a Harry explicó. -Son pociones adictivas que si se consumen en exceso, sin receta de un sanador cualificado, las pociones actúan como las drogas recreativas muggles.
Harry tragó saliva y tuvo que aterrizar.
Se sentía mareado.
-Lo van a llevar a unas instalaciones de rehabilitación. Lo sentimos, joven sumiso. Si hubiéramos sabido lo que ocurría, lo habríamos evitado.
-Yo... Quiero sentarme un rato.
Le había afectado bastante la explicación. ¿Cómo la gente podía hacerse eso a sí misma?
Viktor, no Krum, era de Croacia. No dijo mucho. Admitió que había acudido a la reunión porque era lo que se requería de él, pero que en realidad no estaba interesado en ningún sumiso o sumisa. Pero que sentía curiosidad por conocerlo y a Harry le ayudó a distraerse la charla sobre el trabajo de investigación que Viktor hacía.
Era muy alto aunque no demasiado musculoso. Tenía el pelo castaño muy rizado, los ojos azules y sus alas eran remolinos de colores. Había azul, naranja, verde y púrpura en espirales.
Harry las habría tocado si no fuera porque sabía lo sensibles que eran.
Le alivió no tener expectativas de unión en esta especie de cita no cita porque así pudo sacar de su cabeza a Albert y sus alas destrozadas... Y las palabras de Neon, el guardia.
Viktor se despidió con un abrazo y una piedra azul como regalo.
-Es una piedra nocturna. -Explicó. -La colocas cerca de ti y te protegerá de malos sueños. Ella se volverá negra si ha habido algún mal sueño y a la salida del sol, el mal sueño se disipará de ella. Solo le tienes que dar un pequeño pulso de tu magia para que reconozca a quién debe proteger y listo.
Harry hizo eso. Le interesaban estas piedras. A su padrino no le vendría nada mal una.
Viktor contó que su hermana Alika las hacía. Él le dio la información de contacto y Harry se prometió que enviaría a Hedwig en cuanto pudiera.
Quería una piedra para su padrino.
Harry le habría dado la que tenía, pero era un regalo para él y sería de muy mal gusto entregárselo a otra persona.
Radio era un hombre muy divertido.
Explicó, -sí, en serio, Harry-, que sus padres les habían puesto a sus hijos nombres de elementos de la tabla periódica.
Así que Oxígeno, Helio, Aurum... Eran algunos de los nombres.
-Es un poco embarazoso, pero ¿qué puedes hacer? -Radio suspiró.
A Harry le presentaron varios hermanos químicos, así les llamaban en las reuniones anuales de dracken. Después había una cada diez años donde se juntaban todos los drackens del mundo... Y casualidad de casualidades, ese año era en el que se celebraría una reunión que duraría una semana.
Los drackens podían ir y venir como quisieran, por supuesto. No tenían que quedarse toda la semana.
Otros drackens tenían nombres de dioses griegos, Harry conoció el día anterior a Apolo y Hermes, una rama de los Black que se había alejado hace siglos continuó con la tradición de las estrellas y constelaciones...
Pero en ese momento estaba conociendo a Radio, Aurum, Plomo y Litio.
Eran cuatrillizos solo distinguibles porque sus alas tenían colores diferentes.
Ellis parecía más interesado en Sirius que en Harry.
No sabía si ofenderse o no. Al final decidió que los observaría.
Su padrino trataba de encarrilar la conversación hacia Harry y todo el tema dracken, pero se le veía el interés en la mirada y en sus gestos.
¿Y cómo no sentirlo? Ellis era bastante grande, de pelo rubio dorado y ojos verdes más claros que los de Harry.
Sus alas eran de muchos tonos de verde. Muy bonitas.
El sumiso quería seguir prestando atención a lo que pasaba, pero se había distraído con algo... O más bien alguien que se acercaba.
-¿Harry?
-¿Charlie? ¡Hola!
-No sabía que fueras un dracken. -Dijeron al mismo tiempo.
-Lo mío es reciente. -El menor comentó.
-Y en mi caso, ser dracken es un secreto que debe ser guardado. Por eso no lo sabías.
Charlie era como siempre. Tal vez alguna quemadura más... Pero sus alas... Eran de un bonito color azul con escamas anaranjadas, rojas y negras como en patrón de llamas. Eran... Eran magníficas. Él era magnífico y quería tocarlo, lamerlo, morderlo para que todos supieran...
No se dio cuenta de cómo llegó hasta Charlie y cómo subió a sus brazos.
Solo despertó de su ensimismamiento cuando pasaba la nariz por el cuello del dominante y frotaba sus alas mientras ronroneaba.
Tuvo la tentación de alejarse, ¿qué estaba haciendo? -se preguntaba.- Pero no se movió.
Quería estar allí, era suyo, lo había decidido.
Entonces sintió unas ganas incontrolables de morder... Y lo hizo.
Bebió de su sangre y se aseguró de dejar una marca.
Sintió cómo colmillos pinchaban su cuello.
Su dominante había aceptado el reclamo y lo marcaba como suyo a su vez.
Harry ronroneó.
Lo que ocurría fuera del capullo de alas... ¿Y cuándo Charlie los había envuelto en sus alas? No le importaba.
Todo lo importante estaba aquí, con este dominante que ahora era suyo para siempre.
No recordó haberse quedado dormido.
Se despertó en brazos de Charlie, aún fuera pero bajo una sombrilla grande de paja marrón.
-¿Qué acaba de pasar? -Susurró.
No se planteó alejarse. Se sentía seguro allí y muy cómodo.
-Has encontrado a tu primer dominante, Harry.
La voz de Achilles le sacó de su ensoñación.
Harry había estado frotando su nariz en el cuello de Charlie.
Al pelirrojo no le importaba. Él pasaba sus grandes manos por su espalda, costados y brazos.
Parecía no poder dejar de tocarlo con afecto.
-¿Pero tan rápido, Señor? -El sumiso se obligó a preguntar.
-A veces ocurre. Cuando has conocido al dracken de antes, Si tuvierais una buena relación anterior a la herencia de uno de los dos o de ambos... Y si hubo atracción, sí, puede crearse un vínculo así de rápido.
Harry se ruborizó. Charlie besó su cabeza.
Claro que había pensado que el hermano de su amigo era atractivo y bueno, era un adolescente con hormonas y tenía fantasías.
Pero nunca pensó que esto pasaría.
No es que se quejara. Estaba encantado.
Le gustaban los Weasley y ahora tendría uno para sí mismo.
Y para otros dominantes... Sin embargo, no iba a pensar en eso ahora.
Quería centrarse en su Charlie.
El menor recordó el tiempo que había pasado en la madriguera y Charlie fue de visita.
Era muy interesante y le gustó conversar con él.
Y durante el torneo de los tres magos se escabullía por la noche bajo su capa de invisibilidad para hablar.
El dominante estaba feliz.
Había encontrado un sumiso. El mejor sumiso, en su opinión.
Quería cuidarlo, mimarlo... Y darle muchos hijos.
Le habían gustado sus charlas nocturnas. Ahora las tendrían siempre que quisieran.
Los demás dominantes estaban disgustados pero no había nada que hacer.
Se quejaron de que no era justo, que solo era el primer día, que si se conocían entonces no habría oportunidad para los demás...
Algunos guardias decidieron que estarían pendientes de Zabini y Nott en reuniones posteriores porque a los demás no les gustaba que Harry conociera a los dos jóvenes.
-Sería bueno que os fuerais a la habitación, jóvenes. El vínculo es muy nuevo y aunque cuando Harry se durmió se asentó, necesitáis tiempo para vosotros.
-Nos vemos mañana, Harry. Podéis ir a Grymmauld. No tenéis que volver a más reuniones hasta que acabe tu calor... -Sirius trataba de no ruborizarse. -Y aún no sabes cuándo será.
-No les digas a mis tíos. Quiero verlos, pero mañana. Y si se lo dices, querrán saberlo todo.
-Tampoco a mi familia. -Charlie intervino.
Después se llevó a Harry porque lo quería para él solo, no quería compartirlo.
Al sumiso no le molestó. También quería estar a solas.
No hablaron mucho.
Querían sentirse.
No en el aspecto sexual, si no en el plano afectivo.
Acariciaban sus rostros, se besaban suavemente, e incluso pasaban varios minutos solo mirándose.
-Nunca pensé que sería así. -Harry dijo. -En el libro explica cómo es un vínculo con un dominante, pero esto...
-Lo sé. -Charlie estuvo de acuerdo. -Nunca imaginé que se sentiría tan bien, tan correcto.
Volvieron a besarse y sentirse, simplemente abrazándose.
No sentían necesidad de apresurarse. Mi siquiera pensaban en ser tan íntimos en ese momento.
Lo que estaban haciendo les parecía suficiente.
Cuando Dally les llevó la comida, se alimentaron mutuamente.
A Harry le gustó sentirse tan a salvo en los brazos de Charlie.
