N / A: Este capítulo está basado en el de Timebreaker. He cambiado algunas cosas porque creo que no tienen mucho sentido (para mí), otras porque no me acuerdo del capítulo y no voy a verlo para hacer un copia-pega, y otras porque he querido cambiarlas. Está escrito desde lo que yo creo que sería el punto de vista del personaje. Si creéis que alguno de ellos es OOC, decídmelo, por favor.
Aviso: Palabrotas. (creo que si la serie no fuera "para niños" algunos de los personajes dirían muchas palabrotas, especialmente ella)
La luz del sol entra por la ventana. Los pájaros cantan. Oigo el pasar de la gente en la calle.
¿Quién coño ha abierto la ventana?
Porque no he sido yo. Los malditos pájaros no se callarán. ¿Y quién ha corrido las cortinas? Odio que la luz del sol me dé en los ojos. ¡Quiero dormir!
Bip. Bip. Bip. Bip. Joder, ¿qué hora es?
Apago la alarma del móvil y miro el reloj.
Las siete y media. Las clases empiezan a las ocho.
Voy a tener que levantarme.
Me visto rápido. No me peino. ¿Para qué? Cuando me peino, el pelo me queda peor de como estaba antes, así que sólo me recojo el lado derecho con una gomilla, me molesta demasiado ese lado. Me lavo la cara y me cepillo los dientes rápidamente. No pienso llegar más tarde que Marinette, eso sería patético. Salgo sin desayunar ni saludar a mi familia.
Al llegar al instituto me planteo quitarme los patines, pero no me da tiempo. Así que subo por la rampa, bueno, intento subir por la rampa, pero me resulta imposible.
¿Quién puso esta mierda? Según Max, tiene sesenta grados. SESENTA GRADOS. ¿Quién pone una puta rampa de sesenta grados?
Cojo carrerilla y subo la rampa. Mala idea, porque al llegar arriba choco con una chica y ambas caemos.
– Perdón. Lo siento mucho. No te había visto.
La chica me mira mal, muy seria, un poco agresiva. Se levanta y sacude sus medias negras y su falda roja. Y luego me tiende la mano y me ayuda a levantarme, sin cambiar su expresión. Y se larga. Ya está.
– ¡Gracias! – le grito. No me hace caso. Que rara, pero no tengo tiempo de pensar en eso, tengo que poner los patines en la taquilla.
Llego a tiempo, a pesar de todo.
Es más, aún falta bastante gente. Mi clase es pequeña y escalonada, así que es fácil ver quién falta. Me voy a mi asiento habitual, a la cuarta fila. Siempre me siento sola, así que mientras llega la profesora, observo mis compañeros.
Adrien, el chico nuevo, está en primera fila sentado con Nino. Desde que llegó, Nino se ha pegado a él como una lapa y se ha convertido en su sombra. No creo que sea mala persona, pero parece que no está siendo del todo sincero sobre sí mismo, al menos a mí me lo parece. Adrien es lo que alguien se esperaría que fuera un príncipe de cuento Disney: guapo, rubio, de ojos claros, amable, muy educado, un poco tímido, algo serio... En definitiva: aburrido. Pero sé que esconde algo, algo detrás de esa fachada en la que su padre lo ha educado para dar buena imagen. Y Nino, el extrovertido y fiestero Nino, intenta sacar al exterior esa parte oculta. Me he dado cuenta. Sólo espero que no se pierda a sí mismo en ese proceso. No queremos perder a Nino. Al menos no yo, es mi compañero de gorra de la clase.
Detrás de ellos está sentada Alya, la chica nueva. Se sienta con Marinette, pero ésta aún no ha llegado. Alya es... entusiasta, extrovertida, desvergonzada, cotilla. Quiere ser periodista, así de cotilla es. Pero no me cae mal, está bien, sólo que no he hablado tanto con ella. Marinette la acapara. Ha hecho exactamente lo que Nino y se ha pegado a la chica nueva.
En la fila posterior está Ivan. Es solitario, gruñón y un bruto amante del metal. Todo eso combinado con su gran tamaño lo hace intimidante. Para quien no lo conozca. Yo lo conozco y sé que es una buena persona, aunque puede ser un poco borde, y que está muy enamorado de Mylene. Si alguna vez le diese por atacarme lo chantajearía con eso.
En la misma fila que yo, pero justo al otro extremo, está durmiendo Nathanael. Un chico muy tímido que siempre está en su mundo. Le gustan los cómics, es bastante friki. Se pasa todo el tiempo sentado tan atrás y solo porque siempre dibuja y no quiere que nadie lo moleste. También porque está durmiendo la mitad del tiempo. A veces pasamos el rato en el club de arte. Me gustaría hacerme amiga de él, pero no parece que él quiera acercarse así a nadie.
En el lado derecho de la habitación, en la primera fila, se sientan Sabrina y Mylene. Es una combinación extraña de amistad. La pelirroja empollona y la baja (tristemente no más que yo) ecologista no podrían ser más diferentes. Sabrina es muy inteligente y estudiosa. No tiene vergüenza de nada, pero tampoco se acercará a la gente. Puede ser un poco mala a veces, haciendo comentarios mordaces, pero siempre se disculpa enseguida, como si tuviera miedo de ser Chloe 2.0. Mylene es muy dulce y amable, nunca ha dicho una mentira, realmente creo que es imposible que le caiga mal alguna vez a alguien. Suele pedirle ayuda a la clase en sus reuniones de plantado de árboles y cosas así, aunque no suele ir nadie (yo he ido un par de veces). Pero la pobre tiene un fallo y es que es muy miedosa. Sabrina y Mylene son muy diferentes, pero aún así amigas.
Tras ellas se sientan Rose y Juleka. Esas sí que son contrarias, como la noche y el día. Rose es rosa y unicornios. Sí, Rose es rosa. Es felicidad e ingenuidad constante. Todo alegría, todo el tiempo. Es amable también, como Mylene, pero a veces me agota. Es imposible que alguien sea tan positiva TODO EL TIEMPO. No hay ningún motivo para que me caiga mal, y no lo hace, simplemente me pone nerviosa. En cambio, Juleka es todo lo contrario: muy callada, tímida, algo negativa. Y gótica, muy gótica y emo. Si hubiera una definición de emo en el diccionario saldría su foto al lado. Me cae bien, pero al ser tan tímida es muy difícil conocerla. Lo único que sé es que está tremendamente enamorada de Rose, ¿quién lo diría?, con lo contrarias que son. Y Rose está MUY ciega hacia ese enamoramiento de Juleka, con lo obvio que es.
Entran Max y Kim hablando agitadamente de algo, bueno, Kim lo está, Max está tan tranquilo como siempre.
Max es el tío más bajo de la clase. El año pasado era más bajo que yo, pero ha crecido y ahora yo soy la más bajita. Maldito Max. Es un empollón obsesionado con las matemáticas, los robots y los videojuegos. Se pasa todo el tiempo soltando números aleatorios para explicar cualquier cosa. A veces me pone nerviosa, pero somos amigos, creo.
Kim es... muy Kim. Alto, fuerte, guapo... e imbécil, muy imbécil. Se pasa todo el tiempo haciendo retos estúpidos a todo el mundo, con su sonrisilla estúpida y su estúpido humor arrogante y chulito. Tiene la soberbia y el ego más grandes de Francia. Me pone de los nervios cada vez que abre la boca. Y lo peor es que lo conozco desde que tenía seis años y él cinco. Diez putos años. Como nos conocemos desde hace tanto, he tomado el papel de bajarle los humos y ponerlo en su lugar. Nadie más quiere hacer tan ardua tarea. Pero a pesar de todo somos... amigos. Más o menos.
– Te digo que soy el tío más rápido de Francia, al menos de mi edad. – Max se sienta justo delante mía y Kim al lado.
– Kim, según mis cálculos, sólo superas al sesenta por ciento de chicos de nuestra edad.
– No eres el más rápido de la clase, lo vas a ser del país. – intervengo en su conversación. Kim se gira a mirarme con el ceño fruncido.
– ¿Y quién se supone que es, Campanilla? ¿Tú? ¡Si, claro! Apuesto a que no podrías ganarme en una carrera.
– ¿Por qué no te enfocas en la natación y dejas a la gente en tierra en paz? No tenemos por qué aguantarte. – intento calmarlo. Lo conozco y sé lo que va a sugerir ahora, por eso quiero frenar la idea ya. Estoy harta de las apuestas.
– ¿Quiere decir eso que no aceptas? ¿Tienes miedo de que gane? Eres una gallina.
– No. Es que no tengo ningún motivo para aceptar tus tonterías, Hércules.
Kim pone una sonrisita de suficiencia. Eso me pone de los nervios. Odio esa sonrisa. Sólo hace que quiera pegarle. Aprieto los puños para no hacerlo.
– Eres una cobardica. ¡Cobarde!
Mis ojos se encuentran con los de Max. El niega con la cabeza sutilmente.
– Vale. Haremos la carrera. – oigo como Max se da un tortazo en la frente con la palma de la mano, comúnmente conocido como facepalm.
– ¡Sí! Y cuando gane me darás tus patines. – su estúpida sonrisa se hace más grande.
– No ganarás. Cuando yo gane... – no se me ocurre nada que yo quiera de Kim. Aunque se me ocurre algo que todos sí queremos de él – … no volverás a retar a nadie. Nunca. En nada.
Toda la clase se calla de repente y nos mira, prestándonos atención. A Kim se le borra la sonrisa de la cara y se pone mortalmente pálido. Ahora es cuando yo sonrío.
– A las cuatro en el trocadero. – declaro. Kim se recompone. Vuelve a su sonrisa estúpida.
– Por supuesto, enana.
– No me llames así.
– ¡Te apoyamos, Alix! Iremos a ver la carrera – grita Rose de repente.
– ¡Y nosotros! – secunda Nino.
– ¡Estoy harta de tus estúpidos desafíos! – exclama Sabrina.
Sonrío con confianza.
– Ves como nadie está de tu parte. A nadie le gusta tus desafíos.
– No quiero que te tomes esto como que te odiamos, Kim. Sólo, puedes llegar a ser un poco pesado con los desafíos y no a todo el mundo le gusta eso – concilia Mylene en contraste con mis palabras.
– Tranquilos, no me ofendéis. No os vais a librar de mí. – me mira a los ojos con desafío. Lo odio.
Chloe entra y eso corta la conversación. Pasa la vista por la habitación, consciente de que ha interrumpido algo y se dirige a su asiento, detrás de mí.
– La enana esta se cree que va a ganarme. ¡Ja! ¡Si, claro! Ni en un millón de años. – le susurra Kim a Max.
– No creo que debas decir eso, Alix está justo aquí detrás – le regaña Max.
– Como si la enana fuera a hacer algo.
Ya está bien. No aguanto más. Pues sí que voy a hacer algo.
Me levanto, me muevo al asiento continuo y me inclino hacia delante. Pongo la mano en la nuca de Kim y le estampo la cabeza contra el escritorio.
– ¡Ay! ¡Mi nariz!
– Te he dicho que no me llames más enana. Ahora te jodes.
Me vuelvo a sentar en mi asiento y me giro hacia Chloe. Es una chica guapa, no voy a mentir en eso, aunque se estropea un poco su belleza natural con un montón de maquillaje que no combina entre sí. Tiene la piel clara, aunque un poco bronceada, los ojos azules, una nariz pequeña y los labios finos. Su pelo es rubio y ondulado y cae suelto hasta un poco más allá de los hombros, con unas gafas de sol blancas sobre éste. Lleva pantalones blancos, manoletinas y una camiseta a rayas blanca y negra con una chaqueta amarilla encima. Siempre lleva esos tres colores. Es una chica difícil. Es borde con todos, grosera y altiva. No es amiga de nadie y no parece querer serlo. Siempre está tensa, muy tensa. No me cae bien, pero también tengo curiosidad por lo que oculta y ésta última es la que gana, así que le hablo.
– Hoy hay carrera a las cuatro en el trocadero.
– Enhorabuena – responde con sarcasmo. – ¿Quieres un premio?
– Te estoy invitando – corto mi respuesta borde automática.
– Paso. No tengo ganas de ver a unos perdedores correr por cualquier chorrada.
– Es un reto entre Kim y yo. Si gano no nos volverá a hacer ningún reto más.
– ¿Y a mí qué? Tengo cosas más importantes que hacer que ver una carrera entre Kim y tú.
– Lo decía por ti. Sólo pueden librarse de los retos los que vayan a ver la carrera. Pero si tú no puedes, supongo que Kim podrá seguir retándote sólo a ti una y otra y otra vez. – miento. Me aseguro de que Kim no escuche eso o lo usará como excusa para seguir molestando a la gente.
Chloe deja de hacer una cara de asco fingida y se pone seria. La he convencido.
– Vale. Iré. ¿Contenta?
– Mucho. Gracias.
Que bien sienta ser la única persona de la clase a la que Chloe no puede ganarle.
– ¡Hola, chicos! – dice de repente nuestra alegre profesora, la señora Bustier. ¿Cuándo ha entrado? – ¡Hoy tenemos una nueva alumna! – ¿Otra vez? ¿Es que todos los alumnos nuevos vienen a esta clase o qué? – Entra – le dice a alguien en el exterior de la clase.
Mi sorpresa es grande cuando la chica entra. Es la chica con la que me tropecé antes. Con la misma expresión que parece que vaya a matar a alguien. A pesar de eso, es guapa. Tiene el pelo azul liso hasta la barbilla, más corto y más peinado que el mío. Sus ojos son marrones y rasgados, su nariz es respingona y sus labios algo rellenos. Tiene la cara muy redondeada. Lleva una falda roja con medias negras y deportes rojos, conjuntadas con una camisa blanca. Su piel es muy clara y creo que tiene pecas, pero no estoy segura desde aquí.
Adrien da un respingo que se escucha en la clase silenciosa. ¿La conoce?
– Preséntate – dice la señora Bustier.
– Soy Kagami Tsurugi. – dice Kagami con voz segura y sin emociones. Todos esperamos a que diga algo más, pero no lo hace.
– Bien. – la profesora intenta seguir con su ánimo alegre – ¿A alguno de vosotros cuatro le importaría que Kagami fuera vuestra compañera de mesa?
Miro las opciones: Ivan, que no es muy sociable ni amable, si Kagami se sienta junto a él tendrá las defensas puestas; Nathanael, es tímido y sé que quiere sentarse solo; Chloe definitivamente no, si me dieran a elegir a alguien de mi clase para presentarle a un desconocido, la última sería Chloe. Eso me deja a mí, tendré que ser yo.
– Kagami se puede sentar junto a mí, señora Bustier.
Kagami viene y se sienta en el asiento a mi lado. Si me reconoce no lo parece.
– Hola. ¿Te acuerdas de mí? ¿La que se chocó contigo hace un rato? Soy Alix Kubdel.
– ¿Por qué le dices tu apellido, mema? – interrumpe Chloe desde atrás.
– Porque me sale del coño, so pija. – le respondo sin dejar de mirar a Kagami y sonreír. Esta vez no he podido morderme la lengua.
Kagami no me responde, en cambio se gira un poco hacia atrás y mira a Chloe con expectación.
– ¿Qué? – Kagami sólo la mira muy seria. Chloe pone los ojos en blanco – Vale. Chloe Bourgeois, la hija del alcalde. – sonríe falsamente. Y dice que yo. Le pongo los ojos en blanco y ella responde con una mueca. Me centro en Kagami de nuevo.
– Bueno, Kagami – cambio de tema – ¿Por qué te has cambiado de instituto?
– Me quiero apuntar a la clase de esgrima del señor D'Argencourt. Para que te admita tienes que ser parte de este instituto, porque es una actividad extraescolar de aquí y la clase del señor D'Argencourt es la mejor de París.
– Guay. Creo que Adrien está en esa clase. Es el rubio de la primera fila.
– Lo sé. – no dice nada más. Vaaale.
– Hey. Esta tarde toda la clase hemos quedado en el trocadero para una carrera entre Kim – lo señalo – y yo. Ven. Es a las cuatro.
– No sé si mi madre me permitirá, pero lo intentaré.
– Dile que hemos quedado para un trabajo grupal. Siempre funciona. – le guiño el ojo.
– Lo haré. – asiente.
El resto de la mañana es tranquila. Kagami es tan habladora como al principio, es decir, nada.
Cuando estoy yendo a casa, mi padre me llama para que vaya a un restaurante caro. Ay. Antes de entrar me cambio los patines y protecciones por los deportes y la gorra en la puerta y entro con la bolsa de los patines y la mochila del instituto. El camarero de la recepción pone mala cara al verme.
– ¡Hey, chico! Los vagabundos no pueden entrar. Este es un restaurante con clase.
Hago una cosa simple, pero efectiva: hacerle un buen corte de manga mientras me dirijo hacia la mesa donde está mi padre. Hoy no es un buen día para mí, y desde luego, que me hablen tan despectivamente no va a mejorarlo.
– Hola, papá. – me siento en la silla frente a la suya, dejando la bolsa y la mochila del instituto a mi derecha y la gorra sobre la mesa – ¿Por qué me querías aquí?
Mi padre suspira al verme.
– Alix, te dije que no hacía falta que vinieras tan rápido. Deberías haberte puesto algo más elegante. ¿Has visto donde estamos?
– Me he quitado la gorra, ¿no es suficiente? – la señalo – y venir a este sitio por un cumpleaños es exagerado.
– Los cumpleaños son importantes. Además, cumples dieciséis años, es el momento en que debes recibir la reliquia familiar. – pone un reloj de bolsillo antiguo sobre la mesa.
– No necesito eso, ya tengo un reloj y es digital. – se lo enseño. Espero que no suene demasiado duro, pero ya tengo un reloj, no necesito otro.
Mi padre suspira de nuevo, puedo llegar a ser cabezota y él lo sabe.
– Pero tu reloj no hace esto – aprieta la tapa del reloj y se abre revelando un holograma de una mujer. Mierda. Se me ha antojado el reloj. – ¿Lo quieres ahora?
¿Puedo tener antojos en mi cumpleaños? ¿No sería caprichosa si quisiera el reloj sólo por un holograma y no porque es importante para la familia? Bueno, por una vez no pasa nada.
– Gracias papá. – miro mi reloj. Son las tres – Lo siento, pero me tengo que ir ya. Mi gente me espera.
– ¿Ya? – se sorprende – Pero si aún no has comido.
– No pasa nada, lo haré después.
Mi padre suspira. Otra vez. Hace un gesto hacia sí. Me pongo la gorra y me levanto para acercarme a él. Él me coge las manos.
– Prométeme que cuidarás del reloj – lo dice muy serio. Hoy está algo raro. No lo entiendo, si tanto se preocupa por la reliquia familiar, ¿por qué me la da? Que se la hubiera quedado él. Ahora es tarde, yo ya la quiero.
Le aprieto las manos para asegurarle que va en serio.
– Lo prometo.
Él pone una sonrisa triste.
– Te quiero – ¿eh? Está triste por decirme que me quiere. Está MUY raro hoy.
– Yo también te quiero.
Cojo mis bolsas y me voy. Normalmente no soy tan cursi, pero mi padre está raro hoy y no me voy a arriesgar a nada. Está bien decirlo alguna vez, puede estuviera triste porque no suelo hacerlo.
Voy a mi casa y allí dejo la bolsa de los patines con los zapatos de deporte y la mochila del instituto. También el móvil, porque no tengo donde guardarlo, de todas maneras, puedo llamar desde mi reloj digital.
Me tomo mi tiempo para llegar al trocadero. No quiero cansarme por el camino. Cuando llego ya están todos, incluso Chloe, con cara de asco, y Marinette, que siempre llega tarde.
Llego justo a tiempo para oír la pregunta de Kim a Max.
– Si no se presenta he ganado yo, ¿no?
Pero él no responde, sino que lo hago yo.
– No te hagas ilusiones, Hércules.
Se acerca a mí. Con su estúpida sonrisilla.
– No me hacía ilusiones. Yo voy a ganar. Soy el doble de tu tamaño.
Yo me acerco a él, con mi sonrisa confiada.
– El tamaño no importa.
Baja su cara para acercarla a la mía. Odio eso, sólo resalta lo baja que soy.
– ¿Eso le decías a tu ex?
Me acerco más a él.
– No. Es lo que le decías tú a la tuya. ¡Ah, espera! Que no tienes.
Se acerca más. Está a centímetros de mi cara. ¿Por qué se sigue acercando?
– Mira cómo has esquivado la pregunta.
Voy a contestar cuando Max interrumpe. Se mete entre los dos y nos separa. No importa. He hecho lo que quería. Hablar con Kim me pone de los nervios y voy a usar esa mala leche para ganarle. Incluso ha mencionado a mi ex, que me pone siempre de mal humor. El tío ni llegó a besarme. Me dijo: "Soy gay" ¿Entonces para qué me pides salir? ¿Es que eres idiota?
– Basta de discusiones estúpidas. – dice Max. Señala donde está la clase reunida junto a una línea que alguien ha pintado en el suelo y se pone frente a ellos. Kim y yo nos ponemos delante suya.
– Si gana Kim, Alix le dará sus patines. Y si gana Alix, Kim no volverá a hacer ningún reto. El primero en cruzar esta línea tres veces, gana.
Nos ponemos en posición. Y entonces me doy cuenta de que aún tengo el reloj de bolsillo en la mano.
– Un momento.
– ¿Te rajas? – pregunta Kim con demasiada alegría. Está cagado.
– Más quisieras.
Busco a quien dejarle mi reloj. Kagami es la que está más cerca, así que se lo doy.
– ¿Puedes sostener mi reloj mientras hago la carrera? No quiero que se rompa.
Ella asiente y yo vuelvo a mi lugar.
– ¿Preparados? ¿Listos? ¡Ya!
Comienza la carrera. Kim empieza con toda su energía, me adelanta muy rápido. Si va a esa velocidad desde el principio al final se cansará y me será más fácil adelantarlo, no tiene resistencia. Lo adelantaré durante la tercera vuelta, que no pueda reponerse.
Hacemos la primera vuelta, él está por delante, yo me mantengo a un ritmo que no canse. Empiezo a coger impulso y a aumentar la velocidad.
La tercera vuelta. Me voy acercando. Oigo como jadea del cansancio y empieza aflojar porque cree que va a ganar. Ahora. Lo adelanto. Oigo su sorpresa detrás de mí, pero no importa, sólo me concentro en aumentar la velocidad. Él ya no puede más, no puede adelantarme. Y cruzo la línea de meta.
La clase celebra.
– Enhorabuena, en... – Kim se corta y jadea un poco para disimular – … gendro. – abre mucho los ojos.
– ¡¿El qué?! – ¿he oído mal? ¿Me acaba de insultar a la cara?
– Quiero decir, hermosa – frunce el ceño en confusión – … ¿hermoso engendro?
¡¿Pero qué le pasa?! Me estoy cabreando. Otra vez. Hoy no es mi día y va Kim y lo empeora.
– ¡¿Qué coño te pasa?! ¡¿Correr te ha matado las neuronas que te quedaban?!
Tiene miedo, lo veo en sus ojos. Más le vale, me está insultando.
– Esto es lo que pasa cuando no me dejas llamarte enana – se excusa y sí odio que me llamen enana. Pero por supuesto que los insultos de Kim es él siendo torpe, no es tan bueno socializando como puede parecer – Viendo que te ofende menos, a partir de ahora te llamaré... Campanilla.
– Toma tu reloj – Kagami interrumpe antes de que pueda decirle a Kim que no me llame nada. – Tu capacidad para aplastar y humillar a un chico del doble de tu tamaño en una actividad física es admirable.
Kagami llega justo en el momento para calmar mi molestia y su halago me alegra.
– Gracias – respondo sonriendo y mirando a Kim. Él pone los ojos en blanco.
– Mientras él está asfixiado y jadeando, tú ni siquiera respiras un poco más rápido. Debes estar en una gran forma física. Dicho esto, te invito a mi próxima competición de esgrima, la semana que viene. Estoy segura de que sabrás apreciar la esgrima.
Me está inflando el ego. Me cae bien.
– Por supuesto, gracias.
Alguien se acerca a mí por detrás.
– Eh, Campanilla – Kim, por supuesto. Me giro para dejarle bien claro que no quiero motes, pero frente a mi cara veo una magdalena – Feliz cumpleaños.
Se ha acordado de mi cumpleaños. ¿Es por eso que me ha retado hoy? Levanto la vista para mirar su cara. Una sonrisa cálida, de las que pocas veces hace. Sus ojos brillan y veo mucho cariño, de nuestra amistad, en ellos. ¿Por qué dudé de que éramos amigos?
– ¿Es tu cumpleaños? – pregunta Adrien. Dejo de mirar a Kim y quito la sonrisa que no sabía que había puesto y me giro hacia él y el resto de la clase.
– Sí. Pero no importa que no lo sepas, me conoces desde hace sólo dos meses. – le contesto con un tono neutral, aunque sí, sutilmente estoy culpando a todos de no acordarse de mi cumpleaños excepto a Adrien, Alya y Kagami, que son nuevos. Que los cumpleaños no me parezcan tan importantes, no quiere decir que me parezca bien que la gente se olvide. Yo siempre felicito a todos en su cumpleaños, hasta a Chloe.
– ¡Feliz cumpleaños! – dice Marinette corriendo. Sí, claro, finge que te acordabas.
– ¡Feliz cumpleaños! – exclaman a toda prisa todos los demás. Preferiría que no lo hubieran dicho a que fueran tan falsos.
– No hacía falta. – no sonrío. Realmente hubiera preferido que no dijeran nada.
Decido dejarlos de lado un momento y volver mi atención a Kim, que sí se ha acordado.
– ¿Y esto? – le pregunto a mientras miro la magdalena.
– Era para mí, pero he oído sonar tu estómago: tienes hambre, así que he decidido dártela a ti. La necesitas más que yo ahora mismo.
– Gracias. – no suelo decir mucho esa palabra, ¿qué me pasa hoy?
Entonces empiezo a notar que la "mi gente" se va. ¿Qué? Adrien se acerca a nosotros.
– Lo siento mucho, Alix. Yo... tengo una sesión de fotos ahora. Si hubiera sabido que hoy es tu cumpleaños hubiera dejado el día libre entero. Te lo juro. Por favor créeme. – me habla con urgencia y desesperación, como si estuviera a punto de llorar o algo.
– Literalmente eres una de las tres personas a las que no estoy culpando. Ve a tu sesión de fotos, no llegues tarde – le respondo con toda la amabilidad que soy capaz de reunir ahora.
Todos se despiden de mí y se van. También Kagami, diciendo que su madre le quería en casa a las cinco. Al final se quedan conmigo Kim, Max y, sorprendentemente, Chloe. Siento como se me calienta el pecho y la cara. ¿Y toda esta gente dicen ser mis amigos? ¡Y una mierda! Yo no tengo amigos en esta clase, lo acaban de demostrar. El único amigo que tengo es Kim, a pesar de que siempre me cabrea.
– ¿Y ahora? – pregunta Chloe.
– Ahora nada. Yo me voy a mi casa y tú a la tuya. ¡Porque lo importante, la carrera, ya ha terminado! ¡No hay nada más que sea importante para esa panda de... DE IMBÉCILES!
Quiero llorar. Este día es una mierda.
– Ugh. Me largo. Paso de ver como tienes un episodio – y se va. No me importa.
Lo que sí me importa es lo que ha dicho de mí. Yo estoy muy tranquila.
– ¡¿Episodio?! ¡Yo no estoy teniendo ningún episodio!
– Yo no te he felicitado porque dijiste que los cumpleaños no son importantes. – se excusa Max.
– Que no sean importantes no quiere decir que no quiera un puto felicidades, Max. Se supone que somos amigos.
– Y lo somos – si creía que Adrien estaba desesperado, entonces Max va a morir.
– Vete a la mierda. Yo me iré a mi casa. – me voy a toda prisa con mis patines.
– ¡Alix, espera, no te vayas! – ese es Kim. No le hago caso. Ahora no quiero hablar con nadie.
Me pican los ojos, pero no voy a llorar, eso es patético. Mi reloj digital suena, estoy recibiendo una llamada. La contesto.
– Feliz cumpleaños, hermanita. Lo siento mucho, pero papá y yo estaremos hasta tarde investigando y no llegaremos hasta las once. Aún estás con tus amigos, ¿no?
– Por supuesto – miento. No quiero que mi padre y mi hermano se sientan culpables por dejarme sola en mi cumpleaños.
– Vuelve a casa antes de las nueve. Hay una pizza en congelador. Puedes comértela. Hasta luego.
– Hasta luego.
Llego a casa, me cambio los patines y me tumbo en el sofá.
Vaya día de mierda. Nunca se acuerdan de mi cumpleaños.
Sólo tengo ganas de llorar.
Miro mi reloj. El único regalo que he recibido hoy. ¿Cómo se abría? Creo que mi padre apretó el centro de la tapa. ¿Pero cuál era la tapa? ¿El lado de la flor o el del pentágono? Qué más da. Si no es uno será otro, así que aprieto el lado del pentágono.
Cuando aprieto el centro del pentágono el reloj se abre, pero después del brillo inicial lo que hay no es un holograma de una mujer, sino una pequeña criatura.
Es blanca, con orejas largas hacia arriba, y dos paletas que sobresalen. Como un conejo. Y flota.
– ¡¿PERO QUÉ COJONES?!
– ¡No deberías haber hecho eso! ¡No deberías haber hecho eso! ¿Cuándo estoy? Eres demasiado joven. Vale. Respira. Uff. Uff.
Me levanto del sofá y me alejo de eso. Cojo lo primero que veo, el mando de la televisión, y amenazo a esa cosa con él.
– ¡¿Qué eres?! ¡¿Qué haces aquí?! ¡Responde!
– Sabes que un mando de televisión no te va a proteger, ¿verdad? – dice un poco más tranquilamente.
– ¡¿Me estás amenazando?!
– No, no, por supuesto que no – hace una pausa – Empecemos de nuevo. Hola, soy Fluff.
Si cree que voy a responder, que espere sentada.
– Vale. Estás asustada, lo entiendo, Alix. – ¿Cómo sabe mi nombre? – Soy un kwami y estoy aquí porque tú me has despertado. Se supone que tengo que estar dormida hasta que sea el momento adecuado. Pero tú te has adelantado y me has despertado antes de tiempo. ¿Qué edad tienes? ¿Trece?
– Dieciséis.
Se calla un momento. ¿Ahora qué?
– Oh. Entonces estás justo a tiempo. Lepidóptero ya está actuando. Tienes que luchar contra él. Es el cometido de la familia Kubdel. Ser el as bajo la manga para cuando los prodigios de los guardianes no puedan actuar.
¿Qué? ¿Estoy flipando?
– Ah, ya lo pillo. Kim me ha drogado. Su magdalena es lo único que he comido en todo el día. Ha tenido que ser él. Ya decía yo que darme su magdalena era demasiado amable para él. ¡Será cabrón! – siento lágrimas rodando por mis mejillas. La única persona fuera de mi familia que se ha acordado de mi cumpleaños.
Fluff vuela hasta mí, nerviosa.
– ¡No! ¡No llores! No estás drogada. Existo de verdad. Kim realmente quería ser amable contigo.
– No importa. – me limpio las lágrimas. Llorar es patético y yo no soy patética – Los cumpleaños no son importantes.
– Lo son. Y éste es el más importante de tu vida. Porque has recibido mi prodigio. El reloj de bolsillo. Lepidóptero tiene la capacidad de otorgar poderes mágicos a quien quiera cuando quiera. Su prodigio es el broche de la mariposa y usa mariposas reales a las que impregna de magia negra para poseer personas y darle poderes. Tu tarea es encontrarlo y arrebatarle el prodigio.
¿Qué? Bah, que más da.
– Bueno. ¿Sabes quién es?
Otra vez está nerviosa.
– Sí, pero no puedo decírtelo. Si te lo digo yo, ocurrirá una serie de eventos que llevarán a una catástrofe. Lepidóptero está en una situación muy delicada.
Esto es cada vez más absurdo.
– ¿Y entonces qué tengo que hacer?
– Averiguarlo por tu cuenta, sin usar el prodigo para saberlo.
Uff. Hasta mis alucinaciones son un puto coñazo. Me voy a hacer la pizza. Fluff me sigue y me mira mientras pongo la pizza en el horno.
– Tienes que empezar a aprender ya. Empieza por transformarte.
¿Por qué es tan pesada?
– ¿Y después me dejarás comerme mi pizza?
– Sí – asiente sin dejar de moverse.
– Vale – sólo quiero comerme esa cosa grasienta y tumbarme a dormir para que se acabe ya este día de mierda – ¿Cómo lo hago?
– Tienes que llevar encima el prodigio, el reloj, y decir "Fluff, transfórmame"
Ridículo. Alucinación sosa.
– Vale. Acabemos con esto y después podré dormir. Fluff, transfórmame.
Fluff es absorbida por el reloj. Un brillo celeste me cubre y cierro los ojos. Siento como el brillo se solidifica y me cubre la mayor parte de la piel, pegándose a ella. Abro los ojos. Estoy cubierta por un mono blanco y celeste de cuero. Tengo ¿un pompón? en el cuello y algo en la espalda. Cojo lo que tengo en la espalda y lo miro.
Un paraguas.
¿Por qué?
No puedo evitar mirarlo durante unos segundos.
Un paraguas.
No puedo quedarme flipando para siempre, tengo que seguir para comerme mi pizza. Como no sé que hacer ahora, decido ir a ver mi cara.
Cuando me miro en el espejo no puedo evitar gritar.
Tengo una máscara celeste y blanca que me tapa casi toda la cara. La parte superior es celeste y me tapa desde la frente hasta la nariz. Mis mejillas están cubiertas por la parte blanca de la máscara. Pero lo que me ha hecho gritar no es eso, sino que tengo la piel celeste. Lo poco de mi cara que no está tapado por la máscara, mis labios y mi barbilla, es celeste. La esclerótica de mis ojos también es celeste, mientras que mis iris son blancos. Y el pelo lo tengo blanco y un poco más corto y peinado de lo normal. También tengo, ¿orejas?, orejas de conejo. Al menos no tengo las paletas.
Esto es demasiado raro. No quiero seguir con este aspecto. ¿Cómo me quito esta cosa tan ajustada? Supongo que diciendo lo contrario que antes.
– Detransfórmame.
El brillo me vuelve a cubrir, la cosa ajustada ya no está y Fluff ha vuelto.
– Has averiguado tú sola cómo detransformarte. ¡Qué lista eres, Alix!
Definitivamente estoy drogada.
– ¿Lista yo? ¿Cuánto se ha gastado Kim en la droga?
Fluff de vueltas alrededor de mi cabeza.
– ¡Que no estás drogada! – vuela tan rápido que lo oigo por los dos oídos, el grito envolviéndome.
– ¿Sabes qué? Me voy a dormir. Y mañana nada de esto habrá pasado.
Se para y se pone frente a mi cara.
– Come primero. Hoy sólo has comido una magdalena – dice en un tono mucho más tranquilo, extrañamente cariñoso.
– Vale, y después me dejas en paz.
Hace un puchero. Adorable.
