N/A: No tengo ni idea de esgrima o armas. Lo que pongo sobre eso lo he encontrado en Internet. Si no encontráis una explicación para algún cambio, decídmelo. Tengo pensado el porqué de los cambios y los pondré más adelante, pero es posible que se me pase algo.

Desde que he llegado a París todo ha sido frenético.

Antes de ayer mi madre me dijo que las pruebas para entrar en la clase de esgrima del señor D'Argencourt, la mejor de París, eran ese mismo día. Tuve que ir corriendo porque sólo quedaba una plaza y llegué tarde. Pero a pesar de eso, conseguí la plaza. Lo hice tan bien que el señor D'Argencourt vino a suplicarme que entrase aunque no hubiese cumplido con mi regla autoimpuesta: derrotar al mejor estudiante de esa academia.

El mejor estudiante no es otro que Adrien Agreste, el hijo de Gabriel Agreste, ese que mi madre tanto odia. Después del combate vino a disculparse porque su amiga Marinette había dicho erróneamente que yo había perdido. No sé por qué me ayudó, nuestros padres se odian y ambos lo sabemos desde este verano, cuando él y su padre estaban en una fiesta de la alta sociedad en Japón y Gabriel dijo algo (no sé el qué, yo no estaba presente en el momento exacto) que ofendió tanto a mi madre como para mudarnos a París.

Ayer fue mi primer día de clases en el nuevo instituto.

Resulta que también comparto clase con Adrien.

En el descanso de la primera hora, toda la clase vino a preguntarme cosas a mi sitio. Fue abrumador y definitivamente agobiante, pero la chica de mi lado, Alix, los espantó. Muy amable de su parte. Después me invitó a una carrera de celebración de su cumpleaños. Me incomodó un poco, no me había avisado antes y no pude regalarle nada, aunque apenas la conozca, es lo que hay que hacer.

Y hoy parece un día normal, hasta que oigo voces desde un callejón. Parece que estén atacando a alguien, así que, lógicamente, cojo mi sable y me adentro en el callejón preparada para luchar contra un ladrón o algo.

Pero resulta que es mi madre. Mi madre está atacando a una chica disfrazada de conejo que tiene un paraguas.

– ¡Dame tu prodigio! – le grita a mi madre a la chica conejo.

– Otra vez, señora, que no te lo voy a dar – le responde ella.

La chica, muy baja, está contra la pared y sostiene su paraguas de cualquier manera mientras que mi madre está con el shinai que guarda en el coche inclinándose sobre ella amenazadoramente. Según sus posturas, mi madre ataca y ella se defiende.

– ¡Madre! ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué atacas a esta chica?

– ¡Vete de aquí! ¡Esto no es de tu incumbencia! – la voz de mi madre está rara. Algo ronca y más agresiva de lo normal.

¿Qué le pasa a mi madre? Mi corazón empieza a latir más fuerte y rápido por la preocupación. Me adentro más en el callejón.

– Vete de aquí, chica, yo me ocuparé de esto – me advierte la chica conejo. Empuja a mi madre de cualquier manera con el paraguas y esquiva sus ataques como puede. Ahora que la veo de cerca me doy cuenta de que no parece ser humana, como un demonio o algo así, porque, la poca piel que no está tapada por una máscara, la tiene celeste. Y los ojos. La esclerótica es celeste también, mientras los iris son blancos. No es humana.

– ¡No me voy! ¿Está mi madre poseída por un demonio? – es una pregunta extraña, pero es lo que me ha salido.

– Pues sí, extrañamente has dado en el clavo.

NO. No, no, no, no, no, no. Me niego. Mi madre no puede estar poseída. Noto como mi respiración también se acelera para coordinarse con el ritmo acelerado de mi corazón. La vista se me pone borrosa.

Relájate. Sé fría. Piensa en frío. Es lo que tu madre te ha enseñado, no dejarte llevar por sentimientos.

Mi madre me ha enseñado a ser una persona fría que no se deja afectar por nada. Y eso voy a ser.

La ataco. A mi madre.

Si esta chica cree que podrá enfrentarse a una Tsurugi con tantos años de experiencia sin siquiera saber sostener su arma correctamente es muy estúpida o inconsciente. Aunque puede que no sepa quién es mi madre.

Sé que no estoy siquiera cerca del nivel de mi madre, pero aguantaré más que la chica.

Uso toda mi fuerza para frenar sus movimientos e intento buscar un punto débil en su postura dónde pueda atacar. Nunca he encontrado ninguno y ahora no es diferente. Así que sólo me defiendo.

– ¿Cómo acabas con el demonio que la posee? – le pregunto a la chica conejo.

– El demonio es una mariposa que se mete en un objeto de la persona y hay que romper ese objeto. El problema es que no he tenido oportunidad de atacarla.

– ¡Pues hazlo ahora, que está luchando conmigo! – le grito.

– Sigo aquí. ¿De verdad creéis que no iba a oír vuestro plan si lo decís frente a – algo la corta.

Un gran bolso blanco que se ha estrellado contra su cara, dejándola cao. Sus gafas se caen y se rompen dejando escapar una mariposa negra. La chica conejo aprovecha para atrapar la mariposa con su mano y aplastarla con toda su fuerza. Se ha quitado un guante para hacerlo y eso me comprueba que tenía razón: su piel es celeste.

– Ugh, que asco, mariposa muerta – comenta en voz baja.

Miro hacia la dirección de dónde vino el bolso. En la entrada del callejón no se encuentra otra que Chloe Bourgeois, la hija del alcalde.

– Si yo fuera un demonio poseyendo a una ciega, también me escondería en sus gafas de sol – declara Chloe. Entra tranquilamente al callejón y coge su bolso.

Me acerco a mi madre con cautela. ¿Está muerta? No quiero ser yo quien lo compruebe, pero tengo que hacerlo. Me duele el pecho y me tiemblan las manos. Pongo los dedos en el cuello de mi madre.

Hay latido.

Dejo escapar el aliento que estaba conteniendo.

Pero no me relajo. Chloe ha atacado a mi madre sin saber cuánto daño le haría. Eso me enfada.

– ¿Cómo has podido tirarle el bolso a mi madre en la cabeza? ¡Podrías haberla matado!

– ¿Por un bolso lleno de maquillaje? – Chloe habla con sarcasmo.

– Ni se te ocurra hablarme de esa manera de nuevo. ¿Está claro? – le digo con toda la frialdad del mundo. Sé que doy más miedo si hago eso.

Se queda en silencio unos segundos.

– Vale – su voz es muy pequeña y no me mira a los ojos.

La chica conejo se acerca a nosotras y nos habla a un volumen bajo.

– Gracias por ayudarme, chicas. Ahora me tengo que ir. No le contéis esto a nadie.

La chica se gira y da un salto muy grande, aterrizando sobre el tejado de una de las casas del callejón.

– ¡Espera! Dime que le pasa a mi madre – pero la chica conejo me ignora y se va corriendo sobre los tejados de las casas.

– Se ha largado – dice Chloe volviendo a su tono normal – De nada por sacarle un demonio a tu madre.

Chloe se gira para irse del callejón. ¿No va a decir nada sobre lo que acaba de pasar? No importa. No ahora. Necesito su ayuda. Tengo que tragarme el orgullo por haberle reñido antes y... Eso tampoco importa.

– Espera. ¿Me... – me cuesta preguntarlo – me puedes ayudar a llevar a mi madre hasta el coche? Está... – busco el coche los ojos, rápidamente, antes de que se vaya – ahí enfrente.

Ella asiente con tranquilidad, como si yo no le hubiera gritado y entre las dos montamos a mi madre en el coche. Después se despide y se va andando. Al parecer la limusina de ayer no viene a recogerla hoy. ¿Por qué me ha ayudado? ¿Será que Chloe es más amable de lo que me han dicho estos dos días?

Nos quedamos en el coche durante un tiempo hasta que mi madre se despierta y el susto pasa. No recuerda nada, así que le digo que se había quedado dormida.

Desde que era pequeña, mi madre me ha dicho que me mantenga alejada de los demonios. Ni siquiera podía aprender leyendas sobre ellos. Nada. No quería que supiera nada, porque dice que pensar en ellos los atrae, también que si no conozco los nombres de los demonios no puedo invocarlos, incluso por accidente. Le tiene verdadero terror a la magia negra y siempre ha hecho lo posible por mantenerse alejada de ella. Por eso no quiero contarle la verdad.


Cuando llegamos a casa y entro en mi habitación, encuentro una pequeña caja de madera con forma hexagonal y hanzi* rojo dentro de mi mochila. Esto no es mío. ¿Tendrá algo que ver con la chica conejo y el demonio? Si es así, tendré que estar preparada.

Dejo la caja en el suelo y cojo la katana que tengo en la habitación. Es mejor un arma rígida y grande que una flexible o pequeña si voy a intentar matar un demonio. Está colgada en la pared junto al sable, el florete y el ninjato. Mi familia colecciona espadas.

Me acerco a la caja con cautela, la abro y apunto con la katana al brillo rojo que sale del interior. Pronto este brillo se convierte en una criatura cabezona y roja con cuernos.

– ¿Qué eres? ¿Qué quieres de mí? ¿Tienes algo que ver con el demonio y la chica conejo? – le pregunto imitando el tono autoritario de mi madre.

– Buenas tardes, señorita. – dice él tranquilamente – Soy Longg y voy a suponer que por la chica conejo te refieres a la portadora del reloj. Yo soy un kwami, y al igual que con ella, te doy poderes. Tú has sido elegida para luchar contra esos demonios de los estás hablando junto con "la chica conejo" y podrás hacerlo a través de los poderes que yo te otorgaré con el prodigio – señala la caja – ¿Puedes, por favor, bajar la katana?

No lo hago. Todavía no. Es posible que sea un demonio.

– Si la chica conejo está en mi situación, quiere decir que es humana. – Longg asiente – ¿Quién me ha elegido?

Longg me mira fijamente.

– El guardián. Aunque no te voy a decir quién es ni donde está, tiene que proteger al resto de kwamis – responde, moviendo su mirada de nuevo a la katana.

– ¿Y no a ti? – bajo la katana y me acerco a la caja para ver "el prodigio". Es una gargantilla. No espero a que responda – ¿Esto me dará poderes para luchar contra demonios?

– No son demonios, son mariposas imbuidas en magia negra por el poder de otro prodigio, las llaman akumas, aunque no son demonios, y los poderes te los daré yo a través de este prodigio.

Da igual que sea una persona, como yo, usando un prodigio, como yo lo haré, con magia negra. Crea akumas, crea demonios que mete dentro de la gente, me da igual que Longg diga que no son demonios. De todas maneras, mi madre seguiría queriéndome lejos de él.

– Mi madre siempre ha odiado los demonios y la magia negra, nunca ha querido que yo tenga nada que ver con eso – por un momento, parece decepcionado, hasta que hablo de nuevo – Así que, lo haré, lucharé contra ellos.

Mi madre odia la magia negra. Me ha educado para que yo también lo haga, así que lucharé contra ella. No me quedaré quieta.

– Las personas que estén akumatizadas serán víctimas, no victimarios. Debes tenerlo claro, serán como tu madre, personas inocentes.

Asiento. Lucharé contra los demonios, no contra la gente buena afectada por ellos.

– ¿Qué tengo que hacer?

– Mi poder es el de la tormenta. Cuando te transformes, podrás convertirte en el dragón de viento, agua y rayo. Una vez que te hayas convertido en los tres dragones, tendrás cinco minutos para terminar la pelea, porque después de esos cinco minutos estarás extremadamente cansada y serás vulnerable. En ese momento, lo más recomendable es que quites la transformación y me alimentes, ya que el cansancio viene de mí y necesito energía, pero si no puedes, tendré que robarte la energía a ti y cuando te detransformes serás tú la que esté cansada. No debes revelarle tu identidad a nadie, excepto posiblemente a tus compañeras. Tienes que llevar puesto el prodigio siempre y yo tengo que estar cerca tuya, escondido en un bolso, un bolsillo o algo así. Para transformarte tienes que decir: Longg, transfórmame. Y para detransformarte, detransformación. ¿Alguna pregunta?

– ¿Voy a tener más compañeras además de la chica conejo?

– Sí, el guardián ha elegido a otra chica más.

– Vale, voy a practicar – me agacho, cojo la gargantilla y me la pongo. – Longg, transfórmame.

Longg abre mucho los ojos.

– Un mo – es absorbido por la gargantilla.

Una luz roja me envuelve. Cierro los ojos, porque hace daño. Y cuando los vuelvo a abrir estoy cubierta por escamas de reptil rojas. Tengo un símbolo en el pecho que no puedo ver bien sin un espejo. Una espiral negra va desde el símbolo hasta la pierna izquierda enroscándose en ella, mientras en la derecha parece que tenga una bota, también negra. Tengo un peso en la espalda y cuando lo toco, descubro que es una espada. La saco. Es roja, de doble filo y también tiene un símbolo: una nube, un rayo y una gota de agua formando una especie de círculo. Supongo que es el mismo símbolo de mi pecho.

No tengo espejos en mi habitación, pero como nadie más vive en esta casa además de mi madre ciega y yo, voy hasta el cuarto de baño a mirarme. Me costó mucho convencer a mi madre para que me dejase poner un espejo.

Cuando llego al cuarto de baño, compruebo lo que me esperaba. Mi aspecto ha cambiado.

Tengo una máscara roja y dorada que me cubre la mayor parte de la cara. Mis ojos son dorados con la esclerótica amarilla y las pupilas alargadas como las de los reptiles. El pelo también me ha cambiado: es más largo, hasta los hombros, y dorado, no rubio, dorado. También tengo cuernos rojos. Mi piel es tan negra como el cielo nocturno, al igual que el vacío del espacio. Tal como la chica conejo, yo no parezco humana.

– Que... – ¡mi voz! También ha cambiado. Ahora está más grave y ronca, como si me hubiera fumado dos paquetes de tabaco diarios desde mi nacimiento. La voz de la chica parecía normal. ¿Es porque ella es un conejo y yo un dragón? ¿Es por eso que la voz no se le puso más grave? Aunque era aguda y dulce, nada intimidante, no como la mía, que me da mal rollo. Si esta es la táctica de los kwamis para que no nos reconozcan, debo decir que es muy buena.

Vuelvo a mi habitación. Mi madre me dijo que bajase a las tres y cinco para comer. Me detransformo y veo que aún tengo la katana.

– ¿La espada del traje era por esto? – le pregunto a Longg.

– No. A partir de ahora tendrás que estar alerta todo el tiempo. Baja a comer, yo voy a dormir – ¿cómo sabe que mi madre me está esperando para comer? – Cuando estés transformada sabré lo que piensas.

¿Sabe lo que pienso? Tendré que controlarme cuando esté transformada.

– ¿También ahora?

– No. Es que has puesto una expresión muy obvia.

¿Yo? ¿Obvia?

– Es la primera vez que me dicen eso.

– Pues vete acostumbrando, Kagami-san.


Al día siguiente llevo una chaqueta de cuero negra al instituto. Resulta que, aparte de las chaquetas del uniforme de mi último instituto en Japón, no tenía más chaquetas. Ni siquiera sé cuándo se supone que me compré esto, supongo que es un regalo. El asunto es que necesitaba un lugar donde esconder a Longg, algo que tuviera sentido que llevara siempre y no quería llevar un bolso, así que escogí la chaqueta.

Hoy voy a intentar hacer amigos. Mi primera opción es la chica sentada a mi lado: Alix. Ha sido amable y abierta conmigo, no ha sido pesada y no se ha comportado rara después de ver mis nulas habilidades sociales.

Cuando me siento a su lado me hace una seña para que no haga ruido, al parecer intenta espiar lo que hace el chico de delante, Kim. Él está escribiendo algo en un trozo de folio, con el cuerpo inclinado sobre él, para evitar que la gente lo vea.

– ¿Qué ocurre? – le pregunto en voz baja.

– Kim me ha dicho que va a decirle a Ivan que se confiese con una nota una vez empiecen las clases, así que tenemos que disimular para que Ivan no se dé cuenta.

– Ah, vale – ¿quién es Ivan? – ¿Estás intentando ver lo que pone?

– Sip.

¿Qué hago? No sé quién es Ivan, ni de quién está enamorado. Voy a entablar conversación con Alix. Objetivo: hacer amigas.

– Ah...¿Y cuál es... – miro en la aplicación que me descargué ayer para hacer amigos. (Es muy interesante, da temas de conversación con los demás, yo sólo sé hablar de esgrima) – ...tu color favorito?

– El rosa. Por eso me teñí el pelo de rosa. Pero no el rosa de las princesitas, – arruga la nariz con asco – odio las princesitas. No, es porque el rosa queda bien en cualquier tonalidad. Le añades negro, blanco, agua o cualquier otra sustancia que no altere el pigmento y sigue siendo bonito.

– Entonces... eh... – tengo que mirar de nuevo mi teléfono – ¿Cuáles son tus aficiones?

Ella mira algo en su teléfono. ¿No le importa que la profesora la pueda ver? Ya ha entrado.

– Soy grafitera – me muestra su móvil con una foto de un grafiti – La verdad es que aprovecho que gente como tú me pregunte sobre el tema para hablar de ello.

Si la profesora no le ha visto el móvil a ella, tampoco me lo verá a mí, ¿no?

– ¿Cuál es tu tipo de sangre?

– ¿Eh? – ella me mira confundida y un poco decepcionada. ¿Puede que esperaba que siguiera hablando de grafitis? – No lo sé. ¿A qué viene esa pregunta?

– En Japón todo el mundo lo sabe, te dice quién eres. El mío es O. Significa que soy independiente, optimista, fuerte e inteligente. ¿Cuál es tu estación favorita?

Alix me vuelve a mirar raro.

– Estas preguntas... – sacude la cabeza – Déjalo. Es el otoño. Si quiero salir a hacer grafitis y patinar, esa es la mejor. En invierno hace mucho frío, en verano mucho calor y en primavera llueve demasiado.

– ¡Alix, Kagami! ¡Dejad de hablar y atended a la clase! ¡No me lo puedo creer! Kagami, llegaste ayer, y Alix, siempre eres muy callada –regaña la profesora. Se da la vuelta y sigue escribiendo en la pizarra.

Kim se ríe y susurra:

– ¡Campanilla callada!

– Kim, puedo oír tu molesta voz desde aquí, así que cállate.

La que se ríe entonces es Alix.


Al terminar la clase, antes de que venga la siguiente profesora, veo como Kim le da la nota al chico grande y callado que se sienta solo. Supongo que ese es Ivan. Y la reacción de éste es intentar darle un puñetazo a Kim en la cara.

– ¡Ivan! ¡Al despacho del director ahora mismo! – ordena la profesora que acaba de llegar ahora mismo. Ivan se va hecho una furia. – Sentaos, clase. Hoy vamos a seguir con la literatura del siglo XVI – continúa como si no hubiera pasado nada.

– ¡Kim! – susurra Alix – ¡Kim! – él se gira – ¿Qué le has

Un temblor la corta. ¿Qué es eso? Me levanto rápidamente para ver lo que es. Afuera, en el patio, hay una criatura de piedra con forma humanoide que está causando los temblores. Más gente de mi clase y otras clases sale a ver lo que pasa.

– ¡Kim! ¡Sal maldito cobarde! – grita el golem.

Ese es Ivan, y parece ser el primer demonio que tendré que derrotar.

Me voy a hasta una zona donde no hay gente y me transformo. Vuelvo al patio donde está Ivan, actualmente atacando a personas.

Saco mi espada y salto entre Ivan y las personas a las que está atacando.

– ¡CORRED! – grito tan alto como puedo. Ahora que alguien les está guardando la espalda, la gente huye sin fijarse en si el monstruo está cerca.

Pero Ivan no vuelve a atacar a nadie, en cambio, me mira fijamente.

– Tú no eres un conejo – dice con confusión.

¿No me va a atacar? Pues vale, lo haré yo.

Salto cuatro metros en al aire (gracias al traje) hasta caer sobre su cabeza. Desde aquí tengo que poder encontrar el objeto donde está la mariposa, aunque no veo nada. Ivan hace un movimiento muy brusco y me lanza volando contra una pared. El impacto no duele tanto, es más, la pared lo ha pasado peor que yo. Me levanto enseguida y una figura aterriza a mi lado. Será la chica conejo.

– ¿Has encontrado el objeto dónde está la mariposa? – un momento. Esta voz es demasiado aguda. No es la chica conejo. Es más, ella acaba de aparecer justo enfrente de Ivan. La miro. Es una chica abeja.

Lleva un mono amarillo con rayas negras en uve sobre su estómago y una especie de top sobre éstas, botas hasta por encima de la rodilla y guantes que se unen a su cuello alto, también negro. Su piel es amarilla, con una máscara negra que le cubre la mayor parte de la cara. Sus escleróticas son amarillas y sus iris negros. Tiene el pelo negro recogido en una cola alta que acaba en un tirabuzón con mechas amarillas y antenas en la gomilla. También tiene los labios pintados de negro.

– No, no lo he encontrado. No lleva nada encima. Ayudémosla.

La chica abeja y yo vamos hacia donde Ivan y la chica conejo pelean. Ivan está dando grandes puñetazos al suelo que lo hacen temblar. La chica conejo los esquiva ágilmente, como si supiera donde iba a golpear antes de que lo haga. ¿Entonces su estilo son las peleas callejeras?

Lo extraño es que ella no le ataca. Así que lo hago yo. Aprovecho el momento en que su puño golpea el suelo para darle con la espada en la muñeca con toda mi fuerza, para intentar separar su mano del brazo.

– ¡No! – grita la chica conejo. Es verdad, podría haberle amputado la mano para siempre, no sabemos qué va a pasar cuando le quitemos el akuma – Si hacéis eso se volverá más grande – ¿en plural? Miro hacia arriba y veo que la abeja se ha subido sobre sus hombros y le ha dado una patada en la cabeza – No le golpeéis.

Dicho y hecho, Ivan se hace más grande. Seguidamente intenta coger a la abeja sobre sus hombros con la mano izquierda. La abeja salta y se pone junto a nosotras. Ivan aprovecha eso para salir del instituto con mucha prisa. Se ha dado cuenta de que si sale del edificio, la policía, cuyas sirenas se oyen, le atacará y eso le hará más grande.

– El akuma está en su mano derecha. Ahí lleva algo que protege mucho – continúa la chica conejo.

Las tres corremos tras él y vemos cómo muchos agentes de policía le disparan al mismo tiempo. Ivan se hace mucho más grande.

– ¡No le ataquéis! – le grito a los policías.

– Si le atacáis, se hará más grande. Detened ese tanque – les ordena la chica conejo a los policías mientras señala el tanque que se acerca a lo lejos.

– ¡Tú no eres nadie para decirnos los que tenemos que hacer! ¡Sólo eres una niña disfrazada de conejo! – le grita el policía al mando a la chica conejo.

– ¡Chicas! – alerta la abeja.

Ivan nos lanza varios coches con su mano izquierda. Rápidamente, me pongo delante de algunos policías donde va a caer el coche, la abeja delante de otro grupo de policías y la chica conejo frente al jefe. Corto el coche por la mitad, asegurándome de que no le dé a nadie. La abeja usa su peonza para hacer un escudo que agujerea el coche y la chica conejo abre su paraguas y lo usa como escudo. Miro a mi alrededor, ningún policía está herido, aunque sí sorprendidos.

– Soy Bunnyx y tengo por tarea acabar con esa cosa, así que si me hacéis caso y dejáis de cagarla y entorpecer nuestro – nos señala – trabajo, sería genial – dice la chica conejo, ahora Bunnyx, con un deje de enfado.

– Yo, Queen Bee, junto con Bunnyx y esa de rojo, nos encargaremos – anuncia la abeja, Queen Bee, muy emocionada. Parece que esté disfrutando esto.

Pienso un nombre rápidamente. ¿Cómo no he pensado en eso antes? De todas maneras, lo importante ahora es luchar contra el demonio.

– Soy Ryuko – les informo, intentando que no se me vea la exasperación. Tanta charla inútil le da ventaja al akuma – Tenemos que irnos, el akuma se aleja.

– Informada todo el mundo de que no hay que atacar – repite Bunnyx.

No comprobamos si nos hacen caso, difícilmente no lo harían ahora, y seguimos otra vez a Ivan, que destroza todo lo que ve en busca de Kim. No entiendo por qué se aleja del instituto, si Kim está allí.

– ¿Cómo hacemos para que abra la mano? – pregunta Queen Bee mientras corremos.

Se me está ocurriendo una idea. Si Ivan ahora es de algún tipo de tierra, ¿podría afectarle el agua de manera negativa, como convirtiéndose en barro?

– Voy a probar una cosa, distraedlo – les digo.

Mientras ellas se acercan a él e intentan distraerlo, yo subo a un edificio cercano.

– Mira Golem – empieza Queen Bee, llamando su atención.

– Stoneheart– dice Ivan. Da un puñetazo en dirección a Queen Bee.

– Vale, Stoneheart. ¿Por qué no nos dices que es lo que pasa? A lo mejor podemos solucionarlo de manera no violenta – dice Queen Bee mientras esquiva el puñetazo y éste impacta en el suelo.

– Dadme vuestros prodigios. Lepidóptero los quiere – exige Stoneheart.

– Un momento, corta. ¿No estabas buscando a un tal Kim? Si quieres, yo te lo traigo, le rompes un brazo o algo y solucionamos el tema – interviene Bunnyx. Lo dice de tal manera que cualquiera pensaría que dice la verdad.

Stoneheart se para un momento, considerando la propuesta.

– Ahora quiero vuestros prodigios, ya mataré a Kim más tarde.

– Hombre, creo que matarlo es exagerar un poco. ¿Qué te ha hecho ese tal Kim?

Les hago una seña. Veinte segundos para subir el edificio sin hacer ningún ruido.

– No me puedo creer que hayas caído en esta estupidez – se ríe Queen Bee – ¿De verdad? ¿Solucionarlo de manera no violenta de la chica que te ha pegado una patada en la cabeza?

Salto sobre él a la vez que invoco el dragón de agua. Longg me despertó a las cinco de la mañana para obligarme a aprender cómo usar los tres dragones. Creo que soy capaz de hacerlo.

Es raro, convertirse en un montón de agua. Sientes todo lo que el agua toca, como si el agua fuera tu piel. Es asqueroso. El agua empapa a Stoneheart. Creo que funciona, pero con sólo el sentido del tacto es un poco difícil saberlo. Ahora tengo que volver a mi forma original.

Hacer eso es bastante difícil. Tengo que pensar en cada parte de mi cuerpo detenidamente para asegurarme de que las formo correctamente, además, tengo que hacerlo rápido para no quedar desprotegida ante Stoneheart. Me reformaré con la espada en la mano, ya que puedo.

– ¡No funciona! – oigo al terminar de reformarme. He calculado mal, porque estoy demasiado cerca de Stoneheart. En un movimiento rápido, él intenta atraparme con su mano izquierda, pero Bunnyx se mete en medio y la coge a ella.

– ¡No! – grito. Queen Bee me envuelve con su peonza y tira hacia ella para alejarme de Stoneheart, que tras mi intento de debilitarlo, es más grande.

Stoneheart se va corriendo a la torre Eiffel.

¡NO! La han cogido por mi culpa. Se supone que me han dado el prodigio para protegerla, pero no lo he conseguido. He fracasado. No soy digna del prodigio. Tanto pensar que era justa y lucharía contra la magia negra y resulta que soy una inútil. Yo... debería quitármelo y dárselo a alguien que lo merezca más y no sea un fracasado, como yo. Alguien como Adrien, debería dárselo a él.

– ¿Qué haces? – Queen Bee pone una mano sobre la mía, que está sobre mi gargantilla. Ni siquiera me había dado cuenta.

– Yo... no soy digna del prodigio. Voy a dárselo a alguien mejor. Alguien que es mejor en esgrima que yo. Un mejor compañero.

– No. No han elegido a tu amigo. Te han elegido a ti. Tú eres la indicada para llevar el prodigio, no ellos – señala a los policías a lo lejos – ni tu amigo. Tú. Tú y yo hemos sido las elegidas, porque somos mejores, porque somos las adecuadas. Así que no. No vas a darle tu prodigio a nadie, sino que vas a dejar de lloriquear y vas a acompañarme a rescatar a Bunnyx la mártir y a vencer a Stoneheart – ordena Queen Bee. Me mira esperando mi confirmación de que continuaré. La miro a los ojos. Parece muy segura. Realmente cree que puedo hacerlo. No la decepcionaré. Asiento y ella sonríe – Además, tengo una idea. Y esta vez funcionará – continúa mientras empezamos acorrer en dirección a la torre Eiffel.

Queen Bee usa su peonza para llevarnos a las dos hasta la cima de la torre, donde están Stoneheart y Bunnyx. ¿Qué piensa hacer Stoneheart?

– Déjate atrapar – me susurra Queen Bee.

– ¿Qué?

¿Lo he oído bien? ¿Quiere que me deje atrapar? Ella asiente. ¿También es capaz de saber lo que pienso? ¿Es ese su poder? ¿Cuál es el de Bunnyx? No tengo ni idea. No hemos hablado nada. Me estoy distrayendo.

– Te dejas atrapar con su mano derecha, donde tiene el objeto del akuma, y usas tu espada para hacer palanca desde dentro y que abra la mano para dejar caer el objeto. Le diré a Bunnyx que haga lo mismo en su mano izquierda para que su concentración se divida. Y cuando el objeto del akuma caiga, yo lo romperé y aplastaré a la mariposa – explica – Yo no puedo dejarme atrapar, mi peonza no sirve para hacer palanca.

En realidad, parece un buen plan, así que cuando llegamos a la cima de la torre Eiffel, me dejo atrapar.

– ¡Aquí las tengo, Lepidóptero! – grita Stoneheart. Un símbolo de mariposa aparece frente a su cara. Imagino que le estará dando una respuesta. No puedo oírla.

Queen Bee y yo aprovechamos ese momento. Yo abro el apretado puño con la espada, lo que es un alivio, porque estaba empezando a asfixiarme.

– Va a llover – le dice a Bunnyx. Es el mensaje en clave más absurdo que he oído. Ella la mira confundida y después a mí. Parece comprender que quiere decir Queen Bee y empieza a usar su paraguas como palanca, imitándome.

Stoneheart está desprevenido y no reacciona a tiempo. Siento como algo cae desde el puño en el que estoy. Rápidamente, Queen Bee lo atrapa con su peonza y lo atrae a ella. Es una bola de papel. ¿Cómo es que mi agua no la destruyó? Queen Bee hace que sus guantes se desvanezcan y rompe la bola, para seguidamente atrapar con la mano a la mariposa que sale y aplastarla con cara de asco. Bunnyx y yo nos liberamos y caemos a la plataforma al mismo tiempo que Stoneheart vuelve a ser Ivan.

Las tres nos miramos. Esto ha sido intenso. En ese mismo momento oímos un helicóptero. Bunnyx se acerca a Ivan, aunque no puedo oír lo que dice con el ruido. El vehículo de las noticias se acerca y de éste saltan una mujer y un camarógrafo. El helicóptero se aleja y Queen Bee se dirige a ellos.

– Nadja Chamak, informando en directo – le dice la mujer a la cámara antes de girarse a nosotras – La policía nos ha dicho que vuestros nombres son Bunnyx, Queen Bee y Ryuko, ¿podéis decirnos quién es cada una?

– ¿En serio? – dice Bunnyx mientras se acerca – Es la pregunta más estúpida que he oído y eso que oigo muchas cosas estúpidas al día. ¿No puedes saberlo por nuestros trajes? – nos señala a las tres y nos nombra.

La reportera está muy cortada después de eso. Bunnyx no le caerá bien a la gente si se comporta así, aunque esté siendo muy sincera. La gente no aprecia la sinceridad, al menos eso dice mi aplicación para hacer amigos. Decido intervenir.

– Imagino que si estás aquí es para hacernos alguna pregunta. ¿Qué quieres saber? – le pongo mi mejor sonrisa. La señora Chamak se ve más perturbada que antes.

– Sí... eh... Vosotras habéis luchado contra el monstruo, ¿sabéis que ha pasado? ¿Por qué estaba ese monstruo aquí? – entonces se da cuenta de Ivan – ¿Es él el monstruo? ¿Stoneheart? – intenta acercarse a él, pero Bunnyx y yo nos ponemos en medio.

Queen Bee responde antes de que lo hagamos alguna de las dos. Sonríe cálidamente y mira a la cámara, no a Nadja.

– Sí, él era el monstruo, pero no vas a acercarte a él. Nosotras responderemos a las preguntas – una pausa, espera a algo, no sé el qué – Nos encargamos de luchar contra un hombre llamado Lepidóptero que tiene el poder de poseer a la gente a través de mariposas y darles poderes. La gente poseída no es culpable de lo que hace durante la posesión – recalca – No sabemos quién es ni por qué hace esto. Ese chico no es el culpable, sino Lepidóptero. Nosotras simplemente hemos liberado a la víctima de la posesión – Queen Bee explica muy tranquilamente.

– Lucharemos contra Lepidóptero hasta encontrarlo y derrotarlo – dice Bunnyx.

– No os preocupéis, nosotras os protegeremos – le prometo a la cámara.

Tengo miedo de no poder cumplir esa promesa.

N/A: *Según Internet, hanzi es como se le llama a los caracteres chinos.