N/A: No tengo ni idea de esgrima. Lo siento por los errores que pueda cometer con respecto a eso. Si creéis que Chloe es OOC, decídmelo, yo he puesto lo que creo que sería su punto de vista.
Ha pasado una semana desde que luché por primera vez como Queen Bee. Las redes sociales arden desde entonces. La gente hace teorías y habla de nosotras sin parar, la televisión ha hecho reportajes sobre nosotras. He visto a mis compañeros hacerse fans de Queen Bee mientras a mí me odian. Pero con todo esto ha venido la preocupación masiva sobre quién es Lepidóptero, por qué ataca y sobre Ivan.
Al contrario que yo, Ivan sí ha sido reconocido como Stoneheart. Llevan toda la semana viniendo a la clase para molestarnos y ser unos pesados, no sólo con Ivan, sino con toda la clase. Estamos hasta las narices de los acosadores de la televisión y de los que no lo son. Le diré a mi padre que haga algo, ya me he hartado.
Salgo de la limusina frente a la escuela. Como todos los días desde la akumatización, hay un montón de periodistas frente a la entrada del instituto, acompañados por gente con ansiedad y paranoia. ¿De verdad se piensan que el tonto de Ivan es un terrorista?
– ¡Chloe! ¡Chloe! Como hija del alcalde, ¿qué piensas del ataque terrorista cometido por tu compañero de clase, Ivan Bruel? – Se me acerca un periodista pesado.
No pienso hacer una declaración oficial.
– Como hija del alcalde creo que deberías lavarte los dientes alguna vez en tu vida. Apestas. – le respondo con mi sonrisa condescendiente favorita. No espero a que conteste y sigo hacia delante.
Los periodistas no nos pueden impedir entrar en la escuela, así que se quedan en la puerta mientras yo entro.
Al llegar a clase, lo primero que oigo es a una de las nuevas hablando sobre mí, quiero decir, sobre Queen Bee. Ella es con diferencia la que más se ha obsesionado con nosotras. Ha creado un blog y lo ha llamado Súper Triple Blog, porque al parecer la gente nos llama Triple Súper. Un nombre ridículo, pero es que la gente es ridícula.
Esa tía está sentada junto a Marioneta, que como no tiene personalidad, se ha convertido en su sombra. ¡Qué asco me da! Hoy está aún más repugnante de lo normal, con sus sonrisas falsas de mosquita muerta e intentando pegarse a Adrien. Y él, como el tonto que es, ni siquiera se da cuenta de la perra con la que está hablando.
Me siento en mi sitio. Alix me saluda, como siempre, y yo la ignoro, como siempre. Ya no estoy sola. Por fin tengo una amiga leal que me acompaña a todos lados y ahora mismo está en mi bolso. En realidad estoy feliz, mi vida ha mejorado un poco desde que conocí a Polen. Y ahora, mucha gente en la ciudad me quiere.
Polen se preocupa por mí e intenta conocerme. No es una veleta, como todo el mundo en esta clase. Es lo que he querido desde que Sabrina se peleó conmigo y dejó de ser mi amiga. De eso han pasado dos años y sólo ahora he podido encontrar a alguien que me acompañe como ella lo hacía. Pero no voy a estar triste, ella me abandonó y no se llora por los traidores.
– Eh, Chloe, – otra vez Alix. – Kagami va a tener una competición hoy y la he convencido para que te invite.
– ¿Para qué querría ir yo a la competición de la nueva?
– Porque también es la de Adrien. Y porque podrías pasarlo bien. Estaremos las dos.
Está siendo amable. ¿Y por qué no? Ella es una buena chica.
Pero yo no.
– Tú y yo no somos amigas. No hables como si me alegrase que vayas a ir. – le respondo altivamente. No quiero ser amiga de ninguno de estos falsos.
Su sonrisa cae y aprieta los labios. Tras los muchos rechazos al constante parloteo, por fin gané.
– ¿Sabes qué? Me importa una mierda. Ya no aguanto más, no soy Marinette. Yo no me meto en la vida de los demás. No soy un ángel. – ¿Se supone que Marioneta sí? Si ella es un ángel, yo estoy gorda. – Si quieres quedarte sola y amargada para siempre, pues hazlo. – Alix se gira y se pone a hablar con Max. ¿Pero no se habían peleado? ¿Por qué todo el mundo se reconcilia rápido menos yo?
Es raro. Por fin me he sacado de encima a la pesada de Alix, pero no sienta tan bien como esperaba. Como que me duele el pecho. ¿Es ella tan falsa como el resto? En su cumpleaños dijo todo lo que pensaba sobre la hipocresía de la clase. La verdad es que sí hubiera sido agradable pasar tiempo con personas.
No pasa nada, tengo a Polen.
Cuando Kagami llega, se dirige directamente a mi asiento y se queda de pie frente a mí.
– Hoy tengo una competición de esgrima. Te invito a que vengas a verme.
– ¿A qué hora es?
¿Por qué pregunto si tengo toda la tarde libre?
– A las seis.
Está seria. ¿Esta chica no sonríe? Aunque yo tampoco lo hago mucho.
– Ah, pues esa hora resulta que la tengo libre. Iré.
– Te meteré en el chat de los asistentes. En él encontrarás el enlace de GPS del lugar.
Kagami se sienta mientras Alix se gira y me da su característica sonrisa torcida. ¡Me ha engañado! Será perra.
La profesora entra y empieza la clase. Pero yo no me puedo concentrar. Volver a juntarme con gente es un gran cambio y esta vez tengo que ser más amable si no quiero perder la oportunidad. Un momento, la que tanto ha insistido en esto sabe lo borde que soy. ¿Tengo que cambiar mi forma de comportarme?
No sé que hacer.
Y luego está Adrien. Llevaba años esperando a que Adrien estuviese en mi clase. Es mi mejor amigo de la infancia y pensaba que cuando por fin estuviera aquí seríamos aún más amigos. En cambio, después del primer día, se comporta como si yo no existiera. Todo el día hablando con DJ de Mierda, Marioneta y Cotilla Chillona.
El resto del día me lo paso pensando, sin prestar atención a las lecciones y retocando mi maquillaje entre clase y clase. Para cuando se terminan, me doy cuenta de que ni siquiera he sacado los libros en todo el día. Esto es una mierda.
Yo tengo que sacar buenas notas. Soy la hija del alcalde, tengo que tener una imagen, y las notas son parte de ella. Y desde que Sabrina me dejó, tengo que ser yo misma la que hace los trabajos y estudia para los exámenes. No soy la mejor de la clase, ni de coña, pero he conseguido tener un notable en casi todas las asignaturas.
Debo ser excepcional, extraordinaria. Mis notas no lo son, aunque lo intento. Pero si combinamos las notas de notable con ser guapa, si lo soy, ¿no?
Lo de estar guapa es mucho más fácil, al menos para mí: controlar mucho la comida, la postura, el maquillaje, el peinado, hacer ejercicio para tener buena figura (hago gimnasia rítmica). El problema viene en que si bajo las notas un poco, sólo seré otra chica guapa más que parece tonta porque sólo se preocupa por su aspecto.
Me meto en la limusina y vuelvo a mirar las redes sociales. En Instagram están haciendo cosplays. Al parecer el mío es el más popular porque a esta gente le gusta mucho el pintalabios negro. ¡Que simples son!
Me meto en Twitter. Ahí la gente está haciendo teorías de la conspiración. Este sitio es un hervidero de frikis. Triple Súper lleva siendo trending topic desde el primer día, junto a Lepidóptero, Bunnyx, Ryuko, Queen Bee y Stoneheart.
Entro en el de Queen Bee:
"¿Quién es? Solo respuestas incorrectas" Debajo hay una foto mía. El primero que hay es un meme. Genial. Está unido a una respuesta. "No vas a averiguar la identidad de Queen Bee"
"Las heroínas de París: Bunnyx, Ryuko y Queen Bee" Una noticia de un periódico.
"Por ejemplo, Queen Bee, tiene la piel amarilla. Si os fijáis bien, veréis que no es maquillaje sino su tono de piel..." Paso de leer a alguien analizando mi aspecto.
"Famosas que se parecen a Queen Bee" Es un hilo con fotos. No estaré yo ahí, ¿no? Acabo de empezar, sería una mierda que me pillasen tan rápido. Mirando el hilo veo fotos de actrices y modelos, desde los 15 a los 30. ¿En serio no se dan cuenta de que soy una adolescente? Pero todas ellas son muy guapas. Me lo tomaré como un halago. "Chloe Bourgeois, hija del alcalde de París" Aquí estoy. A ver los comentarios.
"Sí que se parecen" Claro, porque lo soy.
"Nunca me había dado cuenta de lo guapa que es esta chica" ¿Como pudiste no darte cuenta? Un momento, ¿qué edad tienes?
"¿Estás loco?" ¿Eh? "La conozco personalmente y nunca podría ser una heroína. Es ruin, mezquina, borde. Una completa pija que cree ser superior a todos los demás. No le llega a Queen Bee ni a los talones. QB es amable, hermosa y fuerte. Chloe NUNCA podrá ser Queen Bee." ¿Quién es este tío que dice conocerme tan bien?
– Señorita Bourgeois, hemos llegado. – dice el chófer.
Salgo de la limusina y me dirijo a mi suite. Cuando llego, me tiro en mi cama mientras busco en el perfil de ese tío, un tal QueenBeeFan187. Lleva una semana hablando de mí. "Aquí tengo otro dibujo de QB" ¿Otro? ¿Cuantos ha hecho?
Pero al mirar en sus imágenes veo que ha hecho MUCHOS. Dice ser un fan mío pero después es incapaz de reconocer mi cara y me insulta. ¿Y me conoce personalmente? ¿Quién puede ser?
– No te enfosques demasiado en alguien que te odia, mi reina. – La voz de Polen me sobresalta.
Dejo mi teléfono a un lado. Es cierto, tengo otras cosas de las que preocuparme. Y el odio de este tío puede evitar que sospechen de mí
– ¿Crees que me saldrá bien la quedada para ver a Kagami competir?
Estoy nerviosa, pero Polen me tranquiliza con una sonrisa.
– Por supuesto que sí. Pasarás una tarde maravillosa.
Llaman a la puerta y el mayordomo, Jean no-sé-qué, entra con la comida.
– Aquí está tu almuerzo de hoy, señorita Bourgeois.
Es un plato grande de pollo con salsa de nata, champiñones y cebolla. ¿De verdad me lo tengo que comer? ¿Cuánto engorda esto?
– ¿Cuántas calorías tiene esta comida? – le pregunto a Jean.
El mayordomo suspira antes de responder.
– Es muy sana, tiene todas las proteínas y vitaminas que necesitáis los adolescentes.
No sólo eso es mentira, sino que no ha respondido lo que he preguntado. Me intenta engañar para que engorde. No pienso hacerlo.
– No me importa lo sano que sea. ¿Te he preguntado eso? No. Te he preguntado que cuántas calorías tiene. – le ordeno. Estoy enfadada.
– Tu padre ha elegido este plato para ti hoy, ya que no puede comer contigo. Era tu favorito de pequeña. – Jean responde algo triste y se va.
Me quedo mirando el plato. No quiero comer, engordaré. Me ha costado mucho conseguir esta cintura y no voy a perderla por rememorar mi infancia.
– Come, mi reina. – Miro a Polen, que ya ha salido de su escondite. – Tienes que comer. No has comido nada desde el almuerzo de ayer.
– Pero esto engorda mucho. – replico. No quiero que me obligue a engordar.
– Come aunque sea la mitad, por favor.
Odio ese tono suplicante. Me hace sentir mal. Así que me como la mitad del plato.
Tras terminar, miro el grupo en el que Kagami me ha metido. Hay un enlace con la dirección del evento. Cotilleo quién más va a ir. Muchos números desconocidos del resto del equipo de esgrima y sus amigos. Y de los que sí tengo guardados están Kagami y Alix, como es lógico, Adrien, que también está en el equipo, y el trío de pesados que se juntan con él: Marioneta, DJ de Mierda y Cotilla Chillona. Yo tengo guardada en la agenda a toda la clase gracias al chat grupal y a ellos los tengo guardados así.
Pero yo no voy a ir por Adrien, así que ¿a quién le importa que vayan esos tres?
Viendo lo que han dicho, tengo que estar allí a las cinco y media. Así que, me voy preparando: me quito el maquillaje, me lavo la cara y me pongo una crema antes de volver a maquillarme. Mientras la crema actúa, busco en mi armario qué ponerme. No sé qué es adecuado para una competición de esgrima. Le preguntaré a Polen.
– ¿Qué crees que es mejor? ¿Un vestido corto, largo, un pantalón corto, largo, una falda corta, larga, un mono corto, largo? ¿Y qué chaqueta me pongo? – Busco a Polen con la mirada.
A pesar de ser un kwami y no tener cejas, su expresión es muy clara: confusión.
– Yo... creo que hace demasiado frío como para que te pongas algo corto.
– Entonces algo que abrigue un poco. Un pantalón largo y una camiseta. Un momento, ¿de qué color van? Tengo que mirarlo.
– No sabía que salir con gente era tan complicado. – comenta Polen en voz alta.
A las cinco y media llego al lugar de la competición vestida de los colores del equipo (ni siquiera sabía que el equipo tiene un color, pero si van a competir tiene lógica). Sí, voy de azul. Me ha costado MUCHO encontrar cosas azules en mi armario, no es un color que me favorezca mucho, pero bueno.
Me he pintado los labios de azul, en lugar del típico rosa. Llevo unos vaqueros, una camiseta de rayas blancas y azules, unas botas bajas azul oscuro, una chaqueta azul eléctrico (que en realidad he comprado por el camino) y mi bolso blanco. Porque algo tiene que combinar con las gafas, ¿no? Las gafas ocultan la peineta de la abeja. Cómo se les ocurrió crear un prodigio con una forma tan obvia, no lo sé.
Cuando llego, un grupo grande de adolescentes está esperando cerca de la entrada. Hasta que no veo el pelo rosa brillante no me doy cuenta de que es mi instituto. La mayoría lleva algo azul, aunque no tanto como yo. Me acerco a ellos.
– ¿Dónde estabas? Te estábamos esperando. – me dice un chico que no conozco.
– ¿A mí? – me sorprendo. ¿En serio? ¿Me estaban esperando? Tengo que tener confianza –¿Pero qué digo? Por supuesto que sí, soy la reina de París.
Alix pone los ojos en blanco.
– Es porque tenemos que sentarnos todos juntos. El equipo ya está dentro. – contesta.
Entramos al edificio y nos sentamos en las gradas. De alguna manera acabo con Alix sentada a un lado y Marioneta al otro. Junto a ella está Cotilla Chillona y junto a ésta DJ de Mierda. No les echaré cuenta. Miro a Alix desesperadamente para que diga algo. Creo que lo capta.
– Kagami será la tercera en pelear de nuestro instituto. Nuestro instituto peleará contra los naranjas de allí. – Señala a la esquina derecha al fondo de la cancha.
Nuestro equipo sale y yo aplaudo junto a los demás. El primero en pelear es Adrien. Podría reconocerlo en cualquier parte, incluso con la cara tapada. Cuando empiezan a pelear me doy cuenta de que no tengo ni idea de lo que está pasando.
– ¿Qué está pasando? ¿Va ganando? – le pregunto a Alix.
– Sí. Está a punto de ganar. Según Kagami, este es un patrón que siempre hace Adrien. Verás. Ahora. – El marcador ese raro se ilumina y declaran a Adrien ganador.
Marioneta a mi lado se levanta de un salto y aplaude mientras grita. Igual los otros dos. Todos los demás aplaudimos sentados, porque al parecer es así como hay que hacerlo. Yo no puedo evitar poner los ojos en blanco ante el ridículo de Marioneta con tal de llamar la atención de Adrien.
El chico que va segundo pierde. Y después está Kagami. Es más rápida que Adrien, y más ágil. Su pelea dura muy poco porque ella gana muy rápidamente.
Sabía que la chica nueva se había cambiado de instituto para entrar en la mejor clase de esgrima de París, lo dijo ella misma, pero no sabía que sería tan buena.
Alix se levanta. ¿No había que quedarse sentada?
– ¡Eso es, Kagami! ¡Humíllalo! – grita. ¿Qué? ¿Cuándo se han hecho tan amigas? Es imposible, sólo lleva en nuestra clase una semana. Lo más sorprendente es que Kagami responde con un saludo.
El equipo de nuestro instituto gana las tres primeras rondas y Alix me dice que luego lucharán contra el equipo morado. Ahora están en un pequeño descanso y mientras Alix va al baño no puedo evitar notar como Marioneta le murmura a Cotilla Chillona sobre mí.
– ¿Para qué ha venido? Alix tiene que explicarle todo. Ha tenido que ser para molestar o para interferir entre Adrien y yo, lo único que sabe hacer es amargarle la vida a los demás.
Cotilla Chillona me mira, yo estoy fingiendo leer Twitter y ella se ríe. ¿Por qué esta tía se cree que todo gira en torno a ella? Tengo que pensar en qué responder y rápido.
– ¿Y para qué has venido tú? ¿Para besarle el culo a Adrien? ¿De verdad crees que así se fijará en ti? Eres patética, absolutamente patética. – Me sale solo. No puedo aguantar mucho a esa niñata.
– Hemos venido para dar apoyo moral, algo con lo que no estás nada familiarizada. – me responde Cotilla Chillona.
– ¿Apoyo moral? Si no lleváis nada azul. – Señalo mi conjunto completamente azul – Y además aplaudís demasiado escandalosamente, sólo estáis avergonzando a Adrien. ¿O habéis visto que os responda como Kagami ha hecho con nosotras?
– Kagami ha respondido a Alix, no a ti. Y prefiero no llevar azul a estar tan horriblemente vestida. Como futura diseñadora de moda tengo que decir: ¿En serio? ¿Rayas de nuevo? ¿Es que no hay nada más en tu armario? Siempre tienes que llevar rayas en todas partes. – La forma en que lo dice me suena algo amenazante. Entonces mira de reojo a mis brazos por un mili segundo, lo suficiente para que Cotilla Chillona no se dé cuenta. Cruzo mis brazos y los aprieto a mi cuerpo, como si eso pudiera protegerlos o algo. – De verdad que intenté ayudarte, no puedes decir que no lo intenté. No es mi problema que seas un completo desastre. – No sonríe, tiene el ceño fruncido y los labios apretados.
– Bueno, puede que esté obsesionada con las rayas, pero tú estás mucho peor con los puntos. Te gustan tanto que tienes la cara llena de puntos negros. ¿Es que no sabes lo que es una limpieza de cutis? – Después de decirle eso me doy la vuelta. Se acabó. No quiero discutir más con esta basura.
Alix llega sonriendo, pero deja de hacerlo al verme y extiende la mano junto a mi cara. ¿Eh? Cuando me giro, veo que ha parado el puño de Cotilla Chillona. ¿Qué? ¿Me iba a pegar?
– ¡¿Pero qué estás haciendo?! – riñe Alix.
– Ha insultado a Marinette. – dice ella.
– Y a mí qué. No vas a pegarle. Ahora siéntate y deja de comportarte como una niña pequeña porque hemos venido a aquí para apoyar a nuestro instituto. – Hace una pausa mirando más allá de Cotilla Chillona. – Sentaos todos. – Y hasta que no dice eso, no me doy cuenta de que nos estaba mirando toda la gente que ha venido con nosotras.
Alix se sienta junto a mí de nuevo y me da una sonrisa torcida. Está encantada de que todos le hagan caso. Pasa siempre. Por algún motivo, y a pesar de que es muy bajita, cuando da órdenes, del tipo que sean, le hacen caso.
Seguramente será porque a la gente le parece extraño que una chica tan bajita y (aparentemente) poco intimidante como ella pueda alzar la voz de esa manera. Y no lo hace a menudo, de ahí que sorprenda tanto.
Es una pena que no le hagan el mismo caso a mí que a ella.
Kagami y Adrien se acercan a nosotras. Ella, con una expresión casi no seria y él, mirando fijamente a Alix. Es tan descarado que hasta yo me he dado cuenta de que le gusta.
Una sonrisa se escapa de mis labios. Seguro que Marioneta está sufriendo con esa vista, sobre todo, porque no nos mira al resto hasta que están justo en frente nuestra.
– Hola, chicas. – dice Kagami de manera un poco forzada. No parece estar acostumbrada a hablar de esa manera. – ¿Os estáis divirtiendo? – Sí, su tono es antinatural, como si se esforzara para sonar más dulce. Es exagerado.
Alix responde en un tono despreocupado.
– Por supuesto, es decir, Chloe aquí no se entera de nada, pero para eso estoy yo explicándoselo. Yo tampoco sabía nada la semana pasada.
– Hola, Alix. – dice Adrien en un tono de claro enamorado y una sonrisa pava. Ella finge no darse cuenta, es demasiado lista como para no hacerlo y lo saluda con la mano.
A mí ni siquiera me mira.
¿Por qué? ¿Qué le he hecho para que me haga esto?
No, no tengo que entristecerme. No se llora por los traidores.
Kagami se gira hacia él, acentuando la seriedad.
– Te dije que no usaras ese ataque al principio, otros rivales lo vieron. Tienes que pensar más en lo que estás haciendo y no dejarte llevar. – le riñe.
– Perdón. – Pone cara de un niño de primaria al que le ha reñido su profesora. – Voy a hablar con mis amigos ahora. Adiós, Alix.
Si, ya, está claro, Alix existe, yo no. Aunque da igual cuanto sufra yo, Marioneta lo hace mucho más y eso me consuela.
– Y Alix, no puedes animarme a humillar a los demás.
– ¿Qué? Pero si es divertido. Eres la mejor. – replica ella. Kagami se cruza de brazos – Vale, vale. No lo haré más.
Ella asiente y gira la cara para mirarme fijamente con una sonrisa exageradamente forzada. ¿Por qué hace eso? ¿Me quiere decir algo? Dios, es escalofriante. Antes me quejé de que no sonreía, pero si estas son sus sonrisas, espero que no lo vuelva a hacer.
– ¿Y tú, Chloe? ¿Te gusta? – Se queda con la sonrisa, expectante.
Me debato si mentirle y decirle que lo está haciendo muy bien, pero yo no sé de esgrima, así que no sé si lo está haciendo bien. Mentir a alguien sobre algo de lo que sabe más que yo es estúpido. En moda lo podría hacer, en esgrima no. Decido decirle la verdad.
– La verdad es que yo no sé mucho de esgrima, más bien nada, pero me parece que te mueves muy rápido.
Kagami quita la sonrisa forzada, su cara se relaja y se acerca un poco más a mí.
– Gracias. – dice con un tono mucho más suave. – Y perdón por gritarte la semana pasada, estaba nerviosa, pero salvaste a mi madre.
¿Por qué se disculpa? Si lo que dijo era cierto. Yo fui bruta y pude haberle hecho daño a su madre. No se me ocurre que decir, pero Kagami se va a competir de nuevo y no me da tiempo para hacerlo.
– ¿Le he dicho algo bueno? – le pregunto a Alix.
Ella me sonríe ¿orgullosa?
– Sí, lo has hecho. – ¿Eso quiere decir que he hecho la interacción correcta? Sí. Voy por buen camino. – Oye, ¿a qué se refería Kagami con eso de que salvaste a su madre?
Oh, mierda. Bunnyx nos dijo que le guardáramos el secreto, supongo que para no alarmar a la gente, pero Kagami lo ha soltado tan tranquila. Tengo que inventarme algo, de todas maneras, Alix no sabe que pasó ese día.
– Pues... que su madre se estaba ahogando con un trozo de... sushi y le hice la maniobra de Hemlich. – Suena fatal. Espero que se lo crea.
Alix frunce el ceño en confusión. Me va a pillar. No se me da muy bien mentir.
– ¿La madre de Kagami estaba comiendo sushi en la calle?
– Sí. Esa mujer es rara, es decir, ¿la has visto? – Desde luego no se comporta como una persona normal. Y no me refiero a que sea ciega.
Alix abre mucho los ojos y niega con la cabeza. Parece decepcionada. ¿Qué? ¿Qué he hecho?
Una ofendida voz habla desde el otro lado.
– ¡¿Cómo?! ¿Acabas de insultar a la madre de la chica que te ha invitado a aquí? Kagami ha elegido mal con quien juntarse. Se lo diré. – La irritante voz de la metomentodo de Marioneta inmiscuye.
¡¿Cómo?! Oh, no, no lo hará.
– Inténtalo y hago a mi padre cerrar la estúpida panadería del tuyo. – le amenazo.
Me mira a los ojos. Le aguanto la mirada, sabe que no voy de farol, no amenazándola a ella. Cede y gira la cabeza hacia Cotilla Chillona. ¿Cree que ella la salvará de la horrible Chloe? No será así, mi padre es el jefe de su madre.
– ¿Y si lo hago yo? – vuelve a hablar Alix. – Con el trabajo de mi padre no podrías. El Louvre es demasiado importante. El ministro de cultura decide ahí.
¿Por qué haría eso? Es ella la que ha convencido a Kagami para que me invite. No lo entiendo.
Sonríe. La típica torcida.
Ahora lo entiendo.
Me desafía. Lo hace constantemente. Yo creía que era una sólo una pesada, pero me ha estado desafiando todo este tiempo. Soy estúpida.
– ¿Por qué lo harías? Eres tú la que ha hecho este arreglo.
– Precisamente por eso. Lo he hecho para que os llevéis bien, no para que insultes a su madre. Discúlpate y nadie le dirá nada. – Mira a Marioneta. – ¿Verdad?
¿De verdad tengo que hacerlo? Siento a Polen moverse nerviosa en mi bolso. Por suerte, nadie más lo hace. Debo disculparme. Ya no me quedan oportunidades con nadie más que conozca, sólo ella. Tengo que aprovecharlo.
Alix está muy subida, como siempre. La miro, para dejarle claro que voy a cumplir su desafío. Puedo seguir siendo orgullosa mientras me disculpo. No puedo mostrar debilidad o la usarán contra mí.
– Lo. Siento. – Alzo la barbilla para dar a entender que no lo hago, pero lo he dicho y eso es lo que cuenta.
– Bien. – dice Alix.
– ¿Qué? ¡No lo siente en absoluto! – sigue hablando Marioneta.
Alix le pone mala cara. Frunce el ceño.
– Se ha disculpado. Es suficiente. Quiero seguir viendo a Kagami. Dejad vuestras peleas para más tarde, cuando yo no esté.
– Eso. Dejad de pelearos. Venga, Alya, estamos aquí para ver a Adrien. Por favor. – interviene DJ de Mierda.
Su intervención es lo mejor que ha pasado en el día porque tras ella me han dejado en paz. La competición ha continuado y terminado con tranquilidad, sin más Marioneta. Nuestro instituto ha ganado y menos mal, porque Kagami parece la clase de persona que se toma mal perder. Si eso es cierto, se parece a mí.
Después nos hemos venido todos a una heladería cercana. Al parecer Kagami y Adrien han tenido que mentir a sus padres para poder hacerlo. ¿Quién le ha enseñado eso a Adrien? Hace unos meses me decía que no se atrevía a hacer algo así.
Y ahora estamos comiéndonos helados aunque estamos en noviembre. ¿A quién se le ha ocurrido esta estupidez? Nos pondremos enfermos. De todas maneras, la conversación se ha tornado en una dirección que no esperaba por un comentario mío.
– Pues claro que la competición no es oficial, llevamos sólo dos meses de curso. – me explica Kagami. – Es por eso que no estaban el entrenador ni mi madre. Sólo queríamos conocer a los otros grupos de París. La oficial es al final del curso.
Adrien se ríe.
– ¿Te imaginas que fuera oficial? Todos esos pobres novatos...
¿Pero qué dice? ¿Se burla de mí?
– Chloe no sabe nada de esgrima. No te burles. – responde Kagami con seriedad.
¿Me ha defendido? Eso me hace feliz. Realmente quiere ser mi amiga. Creo que voy a conseguirlo, dejar de estar sola.
Adrien deja de reírse y me mira con culpabilidad, por primera vez en bastante tiempo. Sus ojos parecen dolidos. ¿Por qué? ¿Qué le he hecho?
– Lo siento. – Está siendo sincero, lo conozco. – No pretendía reírme de ti.
Y esta es la primera vez que me habla en meses. Estoy confundida.
Kagami asiente, aceptando las disculpas.
¿Se supone que yo también debo hacerlo? ¡No me ha hablado en meses! ¡Y sólo se ha disculpado porque Kagami se lo ha dicho!
¿Y si esto es una estratagema? Para dejarme en ridículo, por lo mala que soy. Es imposible que Kagami y Alix quieran ser mis amigas. Alix me desafiaba hace un rato y ha dicho que le gusta humillar.
Da igual lo que esté pasando. Si dejo a una sola persona reírse así de mí, otras crearán que pueden hacerlo.
– No pretendías reírte de mí pero lo has hecho. – le digo bruscamente. – Es lo que tiene estar siempre encerrado por papá, no sabes ralacionarte con la gente sin cagarla. – me burlo. Esa frase también podría referirse a mí, pero me da igual.
Adrien me mira muy dolido. Así he estado yo dos meses. Yo le quería, pero me abandonó y ni si quiera me dijo por qué.
Noto movimiento a mi derecha y al girar la cabeza veo a Marioneta, Cotilla Chillona y DJ de Mierda susurrando y pareciendo que se pelean. Después de que se calman, la mesa se queda en silencio.
Kagami tiene cara de incomodidad. Adrien está triste. Marioneta, Cotilla Chillona y Dj de Mierda parecen a punto de matarme y no sé porqué no lo han hecho. Alix, en cambio, está muy tranquila comiéndose su helado como si nada. Al resto no los conozco y no me interesan.
Quiero irme. Me siento incómoda y no tengo por qué seguir aquí.
Me levanto. No me termino el helado, me hará engordar de todas maneras.
– Adiós, perdedores. He malgastado demasiado tiempo con vosotros.
Me voy. No espero a que nadie diga nada. Se quieren reír de mí. Salgo con paso seguro de la heladería y la cabeza levantada, que no pierda la dignidad, aunque en realidad, tengo miedo.
Ahora estoy más tranquila. Si no hay nadie conmigo, no pueden hacerme daño. Oigo la voz de Polen decir algo, pero no logro distinguir las palabras. Cuando llegue a casa, la escucharé. Sería demasiado raro que ahora me acercase el bolso a la cabeza, en medio de la calle.
Unos pasos decididos se acercan desde detrás. Alguien me agarra del antebrazo y me da la vuelta.
Es Kagami. Está seria, como es ella.
– Dame tu número de teléfono. – exige.
¿Qué? ¿A qué viene esto ahora? ¿No se quería reír de mí? Quiere seguir riéndose, tiene que ser eso.
– Mi número está en el grupo de la clase. – le informo. No sé a dónde quiere llegar. – Y ya lo has usado para meterme en el chat de hoy.
– ¿Eso quiere decir que me das permiso formal para guardar tu número?
– Haz lo que quieras. – Me da igual. Después de hoy, creo que prefiero quedarme como estaba. Así no me arriesgo.
– No pases de mí. Quiero ser tu amiga. Y una vez que he decidido algo, no dudo. Seré tu amiga, incluso aunque tú no quieras.
¿Qué le pasa a esta chica? Me mira muy seria. Fijamente. Da miedo. En realidad, da miedo todo el tiempo, incluso aún más cuando sonríe.
Otros pasos más urgentes se acercan.
Es Adrien.
Pasa sus ojos entre Kagami y yo. Ella se da cuenta de lo que quiere y se va. Algo me dice que si no hubiéramos terminado de hablar, no se marcharía.
Quiere hablar conmigo. Yo también quiero hablar con él, pero no así. Quiero que hablemos como siempre lo hemos hecho, como amigos. Ahora mismo no lo somos.
Él suspira, sus bonitos ojos verdes apagados.
– Lo siento, de verdad. No quiero que creas que me reía de ti. Estoy siendo sincero. No quiero que nos llevemos mal. – Sus ojos son amables, aunque no tienen el cariño que solían tener. – Pero tú también has dicho algo grosero.
– ¿Esperas que me disculpe? – Estoy genuinamente sorprendida. ¿Pero de qué va? – No voy a hacerlo. No me has hablado en meses, ¿y ahora quieres hacer como si no hubiera pasado nada? Yo no te había dicho ni una sola mala palabra, no hasta hoy. Por lo que a mí respecta, ya no somos amigos.
Me giro para seguir mi camino hacia casa. Hoy la limusina tampoco puede recogerme. Pero no consigo avanzar, porque Adrien me agarra del antebrazo y me hace darme la vuelta. Me mira a los ojos. ¿Por qué todo el mundo me mira a los ojos? No me gusta.
– Aún no he terminado. – Ahí está la tristeza de nuevo. – Tienes razón, no te he dirigido palabra en todo lo que llevamos de curso. Pero tengo un motivo – Deja de mirarme. – Nino me dijo el primer día que le haces bullying a todos en la clase, eres borde y usas a tu padre para conseguir lo que quieres. – Me vuelve a enfrentar. – Al principio no me lo creía, con lo mal que lo has pasado, ¿cómo ibas a hacerle eso a los demás? – Su voz se rompe. Eso me duele, Adrien nunca ha sido de mentir. – Aun así, quise comprobarlo y comprendí que Nino tenía razón.
» Después pensé que no podía estar junto a ti mientras te comportases así. No quería hacerte creer que mi cercanía puede conseguirse tratando mal a los demás, incluso aunque la tuvieras de antes. – Su mano me aprieta suavemente el antebrazo. – No quiero perderte. Hemos sido mejores amigos toda la vida. Quiero que seas tú misma, como siempre has sido conmigo, que trates a la gente bien, que seas amable y abierta. Mientras no seas tú misma, no podremos ser amigos. Y yo quiero serlo. – Su voz se convierte en un susurro desgarrador – Por favor.
Esto es difícil. Con Adrien siempre he sido abierta, no he tenido problema con llorar delante suya o ser débil. Pero ahora sólo siento miedo y desconfianza. Él no tiene derecho a reprocharme nada. Necesito poner mis barreras.
– Ya es tarde, Adrien. Me has abandonado. Y encima te has ido con esa. No podemos ser amigos si no vas a estar cerca mía. No podemos ser amigos si vas a exigirme que cambie para ser como ellos quieren. Yo te quería, y si realmente me quisieras, no me harías este chantaje. Puede que cambie, no lo sé, pero no será para gustarle a tus amigos.
Tiro de mi brazo para soltarme e irme, y esta vez no me lo impide.
Siempre debo tener la última palabra.
N/A: Juro que esta pelea la pensé antes incluso de que saliera el primer capítulo de la temporada cuatro.
