N/A: Tengo exámenes pronto, así que tardaré más en subir el siguiente. Con respecto al capítulo, originalmente lo subo en Wattpad y después aquí. Pero esa aplicación a veces junta palabras entre sí, no sé por qué. Yo he separado las que he visto, pero puede que se me haya pasado alguna. También me gustaría saber si hay alguien leyendo esto aquí, porque esta aplicación no muestra las visitas.

Soy una alborotadora. Es obvio. Me burlo de los demás, soy demasiado competitiva y cuando hay problemas entre otras personas, si me meto, es para alentarlos.

¿Por qué me ha tocado a mí esto? Ser una superheroína y salvar a la gente de supervillanos no es para mí. Yo soy la clase de persona que, si hay algo que arreglar, prefiere quedarse al margen viendo cómo lo hacen los demás.

Pero ahora tengo que hacer que me caiga bien Chloe, todo porque ella es Queen Bee. Y no sólo eso, sino que también tengo el deber de que ella y Kagami se lleven bien, para cuando nos digamos nuestras identidades.

Si. Él descubrió quiénes son mis compañeras: Queen Bee es Chloe Bourgeois y Ryuko es Kagami Tsurugi. Ha sido tan fácil que temo que Lepidóptero también lo averigüe. O quién soy yo, ya que al parecer soy su principal objetivo.

La primera pelea ha sido horrible. Ahora sé que fallo no cometer: no hacerme la mártir. Algo me dice que tendré que tener una lista.

Otra cosa que me da vueltas en la cabeza es que con este reloj podría saber quién es Lepidóptero. Pero Fluff me dijo que descubrir su identidad acabaría en catástrofe, aunque no me ha dicho cómo ni por qué. ¿Cómo vamos a derrotar a alguien sin saber quién es? Tendremos que saberlo en algún momento, aunque sea tras acabar con él. Es imposible que mantenga para siempre su anonimato.

– Alix – La voz de Kagami me saca de mis pensamientos. – Alix, la clase se ha acabado.

Mi vista se enfoca: la gente está guardando sus cosas, incluso la profesora. Miro a Kagami, que ya ha recogido las suyas y está de pie junto a nuestro pupitre compartido.

Su postura es recta y en guardia, posiblemente por ser Ryuko, o puede que fuera de antes de serlo, no lo sé, sólo la conocí durante dos días antes de que recibiera el prodigio.

– Hoy no tengo entrenamiento, aunque le dije a mi madre que era todos los días. – Su expresión es culpable, se siente mal por mentirle a su madre. A mí me parece perfecto, me ha contado poco, pero ya sé que es demasiado sobreprotectora. Su gesto cambia a uno de seguridad. – Ya que tengo tiempo libre, vayamos a algún sitio.

Después de pasar varios días el mayor tiempo posible con ella, me he dado cuenta de que no siempre está seria, de manera que parece querer matarte, sino que sus expresiones son sutiles. Creo que ella, como Adrien, ha sido educada para mostrar el menor sentimiento posible. La diferencia es que Adrien muestra una sonrisa amable todo el tiempo, mientras ella no tiene expresión.

Pero ahora puedo decir que está ligeramente emocionada.

– ¿A dónde quieres ir? – le pregunto mientras recojo mis cosas. Me cae bien, por lo que hacerme amiga suya no me ha supuesto ningún problema.

– Es la hora de comer, así que había pensado ir a ese restaurante italiano de aquí al lado, – ¿Un restaurante? ¿No es eso un poco pijo? – no es un lugar formal – La sombra de una sonrisa asoma en sus labios.

– Me has leído la mente.

Ella asiente con confianza.

Es increíble lo cerca que nos hemos hecho en una semana y media.

Al principio fue extraño, era incómodo estar con Kagami por su forma de ser tan rígida. Pero a los tres días la descubrí mirando en su teléfono una aplicación para hacer amigos. Entonces le dije que no le hacía falta, que me dijera lo que pensara y ya está. Después de eso, me habló bastante de esgrima y me llevó a alguno de sus entrenamientos, me comentó algunas de las normas de su madre porque algunas veces no podría pasar tiempo conmigo e intentó hacer chistes, malísimos, pero la intención es lo que cuenta.

A pesar de que hemos llegado a acercarnos, aún hay algo que me impide seguir avanzando. Espero que ese algo se vaya pronto, tengo que poder confiar en Ryuko.

Llegamos al restaurante justo a tiempo: sólo queda una mesa vacía. Las otras mesas están ocupadas por adolescentes. ¿Este sitio es popular entre la gente de nuestro instituto? Nunca había oído hablar de él.

Kagami y yo nos sentamos en esa última mesa. En seguida viene una camarera con una sonrisa claramente falsa. Un par de pelos se escapan de su cola, como si se hubiera despeinado, y tiene una mancha de comida en su uniforme. Supongo que está estresada por lo lleno que está el lugar.

Nos atiende con prisa. Kagami pide agua y yo Coca-Cola. Nos quedamos mirando la carta.

– Bueno... – Kagami abre su carta. – ¿Qué vas a querer?

– Una pizza – le digo. Se me acaba de antojar una nada más abrir la mía.– La barbacoa.

Kagami aprieta los labios, apenada.

– No puedo comer pizza. Mi madre me lo ha prohibido, no es la comida adecuada para una atleta.

– Lo siento, tiene que ser horrible no poder comer todas las cosas ricas. Pídete pasta, no es tan grasienta como la pizza.

Ella me mira confundida, ladeando la cabeza casi imperceptiblemente.

– ¿Pero y la pizza?

– Ah – Por eso la confusión. – No, no, la pizza la pido para mí sola. – sonrío.

Ella alza las cejas, pero no dice nada. Vuelve a mirar la carta.

Yo aprovecho para ver por qué hay tantos adolescentes en este sitio. Me doy cuenta de que están mirando la pantalla grande de televisión que hay aquí, supongo que es un bar de fútbol, aunque no encaje para nada.

– ¿Habéis decidido ya? – La camarera ha vuelto.

Kagami le dice lo que hemos decidido y la camarera se marcha de nuevo.

Un anuncio sale en la televisión y la mayor parte de los clientes se dejan de parloteo y se giran a verlo. ¿Qué es? Lo miro justo a tiempo para verlo terminar.

Es un anuncio sobre el concurso de la chica del tiempo. Tengo entendido que es muy interesante y tiene bastante público, aunque no lo he visto. Lo que sí sé es que hoy es la final. Aurore, una chica de la clase de al lado, lleva desde que empezó el concurso yendo a todas las clases del instituto cada día de votación, y hoy también lo ha hecho. Ella ha llegado a ser una de las dos finalistas y compite contra Mireille, que también tiene nuestra edad y pertenece a un instituto en la otra punta de la ciudad.

Kagami me ve mirar y se gira también, pero no llega a verlo.

– ¿Qué estabas mirando? – pregunta.

¿Sabe algo de esto? Yo apenas sé nada y llevo aquí desde siempre, ella acaba de llegar.

– El anuncio de la chica del tiempo. Creo que la gente aquí está para ver el final del concurso. Es bastante popular y una de las finalistas es de la clase de al lado, Aurore. Vino esta mañana antes de que llegaras para pedirnos que la votemos. – le informo.

Ella asiente recogiendo la información sobre nuestro instituto.

– ¿La ganadora se decide a través de votos?

– Sí.

– ¿Y vas a votarla?

– No. Me da igual el concurso. De todas maneras, no le hace falta mi voto, ella ganará. Es mucho más guapa, carismática e inteligente que Mireille. Sabe ganarse a la gente.

Kagami se me queda mirando pensativa. Voy a dejarla que piense lo que quiera mientras le mando un mensaje a mi padre diciéndole que no voy a comer en casa.

El show empieza y lo ignoro, estoy aquí para pasar el rato con Kagami, pero toda la gente del restaurante pone mucha atención en él.

La camarera nos trae la comida y la disfrutamos con una charla ligera. Ella me comenta sobre las asignaturas y los profesores, y yo le digo mi opinión de veterana sobre ellos. Sí, la señora Bustier es muy amable, a veces demasiado; la señora Mendeleiv es severa, pero es buena persona; y el señor D'Argencourt puede ser un poco arrogante a veces. Después de decir eso, Kagami casi sonríe.

A ninguna de las dos se le ocurre qué más decir y se forma una especie de silencio que a mí me parece incómodo. Genial.

Pero el silencio ocurre en el momento justo para ver la votación final del programa que decidirá quién es la nueva chica del tiempo.

Justo a tiempo para ver ganar a Mireille, con la sorpresa de ambas chicas. Aurore tiene la boca muy abierta y el ceño fruncido. Mireille empieza a saltar de alegría, pero Aurore está paralizada. Lo peor es cuando el capullo del presentador empieza a hacer chistes a costa de Aurore. Cuando él se acerca a ponerle una mano en el hombro, ella aprieta la mandíbula y lo aparta de un manotazo, para luego irse del plató.

Es increíble. La verdad es que no me lo esperaba, con lo que se ha esforzado Aurore.

La cadena pone anuncios y me termino mi último trozo de pizza. Cuando miro a Kagami veo que ella también ha terminado su comida.

– Entonces... ¿Puedes decirme algo de Chloe?

Voy a contestar cuando los anuncios terminan.

Sale la entrada del edificio de la cadena. Hay fans de Mireille ahí, esperando para verla salir y felicitarla o pedir autógrafos, pero la que sale no es ella, sino Aurore. O alguien muy parecida a Aurore.

– ¿Qué pasa, Alix? ¿Por qué me ignoras?

– Lo siento, es que... – Señalo la televisión.

Kagami se gira y ve lo que pasa. La chica que ha salido parece Aurore, pero con el pelo blanco y morado grisáceo y un vestido igual. Su paraguas también es diferente.

– ¿Eso es un akuma? – pregunta un chico del restaurante.

Aurore abre el paraguas que siempre lleva consigo y manda a la gente volando lejos de ella. Los clientes empiezan a gritar y se dirigen corriendo a la caja para poder irse. En dos minutos se han ido todos.

Sí, lo es. Y por algún motivo, Lepidóptero ha tardado todo este tiempo en hacerlo. La pregunta es: ¿Por qué?

– Toma, yo invito. Mi madre quiere que esté en casa ya. – Kagami me da un billete y se larga. No le hacía falta que yo le enseñara a mentir, ya lo hace lo suficientemente bien. Si no fuera porque sé que es Ryuko, la hubiera creído.

Me dirijo a la caja tranquilamente y pago. La chica joven se sorprende de mi tranquilidad. Yo le sonrío para calmarla y ella me devuelve cuarenta euros. ¿Cuánto me había dado Kagami?

Salgo del restaurante y no hay nadie en esta calle. Supongo que los clientes habrán avisado del akuma.

Me voy hasta un rincón al que no le alcancen cámaras de seguridad ni de tráfico. Miro hacia el cielo para asegurarme de que no hay drones ni nada así. No hay nadie, así que levanto mi gorra, de dónde sale Fluff y me transformo con la seguridad de que nadie me verá.

Miro en todas direcciones. Por cómo dejó la entrada del estudio, estará dónde más caos haya. No puede ser difícil encontrarla.

Salto sobre el tejado más cercano. Desde que me atacó la señora Tsurugi, he aprendido que desplazarse por los tejados me da ventaja. Aquí arriba es más fácil verlo todo. Y también huir.

No pasa mucho tiempo hasta que veo calles congeladas, coches volcados y quemaduras en el suelo. Después de eso sólo debo seguir el rastro.

Mientras la busco, el cielo se cubre de nubes negras y la temperatura baja varios grados.

Cuando encuentro a Aurore, ya lo han hecho antes Ryuko y Queen Bee.

Genial. He vuelto a ser la última en llegar.

Ambas corren de un lado a otro mientras Aurore les lanza rayos. Entonces me ve, me apunta con su paraguas y lo abre, desatando un fuerte viento.

Las heroínas también me ven. Actúan con rapidez: se dan la mano, Ryuko clava su espada en el suelo violentamente mientras Queen Bee usa la cuerda su peonza para envolverme.

El viento me hace volar, pero ellas han garantizado que no acabe en el quinto pino. Lo que no prevén es la cantidad de coches que vuelan en mi dirección. Abro mi paraguas y lo uso como escudo. La verdad es que no sé usarlo de otra manera. Supongo que le diré a Ryuko que me enseñe.

Aurore se rinde con su ataque, tras ver que no consigue alejarme, y en su lugar, congela el suelo y se va volando a gran velocidad.

Yo caigo al suelo de culo, pero no pierdo el tiempo y me acerco a las chicas. Queen Bee está ayudando a Ryuko a sacar su espada del hielo. Las manos de Ryuko tiran desde la empuñadura y las de Queen Bee desde los gavilanes (me lo explicó Kagami). Yo me arrodillo junto a ellas y tiro agarrando la hoja.

– No tires de ahí Bunnyx. – me advierte Ryuko. – Te harás daño.

– No me haré daño. El traje me protege.

– El traje protege de heridas por objetos normales. Los poderes y las armas mágicas sí nos afectan. – discute ella.

Conseguimos liberar la espada y miro mis manos. Ryuko tiene razón: tengo las palmas llenas de rajas profundas y sangrantes.

Mierda. ¿Cómo coño arreglo yo esto?

Queen Bee se acerca a mí y desenvuelve su peonza de mi cintura. Mira de reojo mis manos y después mi cara, pero no comenta nada.

– ¿Sabéis en qué dirección se ha ido? – dice en su lugar.

– Por allí. – señala Ryuko la dirección tras de mí.

Las tres corremos por donde ha dicho, aunque creo que no hacía falta, el rastro de caos que deja Aurore es inconfundible.

– ¿Os dais cuenta de que Lepidóptero me ha copiado? – critica Queen Bee. – Ha hecho que las dos colas de Tormentosa tengan mechas horizontales en espiral. Totalmente mío.

La miro. Su forma de correr es elegante. Lo que no sé es cómo puede hacerlo con semejantes plataformas. Aunque refleja muy bien la forma de ser de Chloe: una pija cuya principal preocupación es su aspecto.

– Creo que Lepidóptero se ha "inspirado" más en mí. Su arma es un paraguas.

¿Por qué ha copiado el arma más absurda de las tres? A saber. Queen Bee niega con la cabeza mi afirmación y yo asiento.

– Estáis pasando por alto lo más importante de la villana: su poder, que es una copia del mío. – interviene Ryuko.

¿Puede ser que haya intentado combinar a las tres en una porque cree que así le saldrá mejor?

– El paraguas y el poder tienen sentido con Aurore. Es la chica del tiempo y usa el paraguas como adorno. Pero las colas son mías. – vuelve a quejarse Queen Bee.

Esta discusión es una tontería, pero el apunte de Ryuko me da una idea.

– Ryuko, ¿y si usas tu poder contra ella? Tormenta contra tormenta.

Se encoge de hombros.

– Podemos intentarlo.

El rastro de destrozos termina en el edificio de la televisión organizadora del concurso.

Es feo. Cincuenta metros de cilindro de cristal oscuro. No se pueden diferenciar las ventanas y parece una gran bola de discoteca mal hecha. Muy hortera.

Algo me dice que es una trampa, pero no tenemos más opción que entrar ahí.

Subimos a la planta dónde se ha grabado el final. Es el piso más alto.

Lo que hay es un plató grande, con varias cámaras alrededor del escenario, que tiene una gran, y seguramente cara, pantalla. En el resto del cuarto hay sillas, mesas, paneles y demás rollo del estilo. Del techo cuelgan muchos focos y cables.

Tormentosa está ahí en medio, sobre el escenario ante una cámara encendida, hablando de algo cuando entramos.

Al vernos sonríe de manera sádica.

– Triple Súper, las invitadas de mi espectáculo. Habéis tardado mucho. –Se pone una mano en la mejilla y habla con un tono enfermizamente dulce. – ¡Ay! Es porque teníais que sacar la espada del hielo. –ríe. Y otra vez de vuelta a la cara de loca. – Os ha costado mucho, ¿eh? Es porque yo soy mejor chica del tiempo que nadie, y eso te incluye a ti, Ryuko.

Queen Bee se adelanta un paso, peonza en mano. Inmediatamente, Tormentosa le lanza un rayo, que Bee esquiva por los pelos. El akuma niega con un dedo.

– El espectáculo final no será aquí. No puedes adelantarte.

Y de vuelta a la sonrisa sádica. Loca.

Tormentosa vuela por la escalera hacia la azotea, no sin antes reventar los focos y dejarnos a oscuras.

– ¿Qué mierda? ¿A qué viene eso?

Lo bueno es que me acabo de enterar que puedo ver en la oscuridad. Y por lo que parece, Ryuko también.

– ¿Cómo vamos a seguirla? – dice Queen Bee dando tumbos.

– Ryuko y yo vemos en la oscuridad.

– Yo te guío.

Le da la mano a Queen Bee y subimos por la escalera a la azotea. Tormentosa ha preparado un gran tornado alrededor del edificio. Ella flota justo en el centro, haciendo morisquetas como si se hubiera metido cocaína.

– Ahora, Ryuko, tú y yo vamos a luchar para demostrar quién de las dos es mejor chica del tiempo. – Le apunta con su paraguas. – Y cuando gane a la superheroína de París, la cadena no podrá seguir diciendo que la estúpida Mireille es mejor que yo. ¡Nadie es mejor que yo!

Su paraguas tiene que funcionar como una varita mágica, porque lo abre señalando el cielo y empieza a granizar. Yo hago lo propio con el mío y lo uso como escudo de nuevo. Mis compañeras se ponen junto a mí bajo él. Suerte que somos tres chicas en edad de crecimiento, si no, no hubiéramos cabido.

– ¡Eso no es justo! ¡Tiene que ser ella sola! – exclama Tormentosa.

El granizo termina y yo aparto el paraguas.

– Claro que sí. Y después te doy mi prodigio. – replico.

– Dragón de rayo. – susurra Ryuko junto a mí.

Su cuerpo se convierte en una luz amarilla cegadora y después en una línea con ángulos aleatorios que se dirige directa y veloz en dirección a Tormentosa. Ésta reacciona rápido y usa su arma para crear otro.

Amarillo contra morado, ambos rayos se encuentran y se empujan entre sí.

Queen Bee y yo nos apartamos un poco, escondiéndonos bajo un aparato de metal recubierto de plástico que no tengo ni puta idea de lo que es.

Tras unos segundos de lucha, Tormentosa vuela aún más hacia arriba y Ryuko regresa a tierra firme.

– Lo siento, es realmente difícil controlar la reacción del paso de carga eléctrica que ioniza las moléculas del aire. Sobre todo porque es mi propio cuerpo y no tengo un objeto material para guiarme como lo hace ella. – explica entre jadeos.

Alguien ha estudiado sobre tormentas. Miro a Queen Bee: tiene el ceño fruncido y la nariz arrugada. Ella no lo ha entendido.

– Me voy a transformar en agua. Ya lo he usado antes, debería poder controlarlo mejor. – sigue y su idea me mosquea un poco.

Voy a salir del plástico antirrayos y advertirle de que no lo haga cuando la veo mover la boca, llamando al dragón de agua.

Antes de que su cuerpo pierda la forma humana, Tormentosa la congela.

Su carcajada resuena mientras yo me paralizo. Se me aprieta el pecho.

– Le he ganado. – Ella sonríe. Ryuko está muerta. La ha matado. – ¡Soy la mejor chica del tiempo!

Vuelve a abrir el paraguas y lo apunta a Ryuko. La estatua empieza a deslizarse. La va tirar al vacío. ¡Reacciona, Alix! Si la quiere empujar es que aún no ha muerto.

Queen Bee también se da cuenta e intenta usar la cuerda de su peonza para atraerla en nuestra dirección. Yo la paro.

– No lo hagas, la cortarás. – advierto.

Ambas corremos hacia la estatua para interponernos entre ella y el viento. En el momento en que llegamos, ésta sale volando.

– ¡No!

Queen Bee usa la peonza para tomar el arma de Tormentosa y obligándola a cerrarla a la vez que yo creo un círculo celeste en el aire y lo empujo para quere coja la escultura.

Mi compañera me toma del antebrazo y sale corriendo en dirección a la cosa antirrayos de antes. Puedo oír los rayos de Tormentosa dar en el suelo muy cerca mía.

Acto seguido, utiliza la cuerda para tirar de un cartel publicitario y distraer al akuma. Volvemos a correr y nos escondemos detrás de un enorme tubo de aire acondicionado.

– ¿A dónde la has mandado? – me interroga. En su voz no hay nada más que preocupación.

– A mi madriguera, es un lugar sin espacio ni tiempo en el que estará a salvo.

Se asoma por el tubo un momento y se vuelve a esconder.

– Hablando de eso, ¿cuál es tu poder? El mío es impulsar un veneno paralizador con la picadura de mi peonza.

Como algunas serpientes. Nadie se imaginaría un poder así de una abeja y menos aún con la vocecita que tiene. Es un lobo con piel de cordero.

– Yo viajo en el tiempo.

Le diría algo sobre el funcionamiento de la madriguera, pero nunca he entrado.

Ahora me asomo yo. Tormentosa ha reventado el cartel y tiene una mariposa morada en la cara. Lepidóptero le está hablando.

– Se me ocurre algo, pero esta vez no es tan cobarde como dejar que Ryuko luche sola.

Otro error más que anotar en la lista.

Queen Bee mira al suelo, avergonzada. La hemos puesto en peligro.

– Hacemos que nos encuentre. – comienzo – Como yo ya he usado mi portal, ella esperará que esté débil y cansada, así que bajará la guardia y vendrá a coger el prodigio. Seguramente eso sea lo que le está diciendo Lepidóptero. – Queen Bee asiente, entendiéndolo por ahora. – Para que haga eso tendrás que estar "desaparecida" y lo conseguirás dejando que ella te haga volar lejos, pero en realidad te engancharás a ese letrero. –Señalo el que está justo detrás nuestra. – Yo me iré a la otra punta para que te dé la espalda y cuando ella esté abajo y a tu alcance...

– ...la paralizo. – termina Queen Bee con una sonrisa. – Por cierto, el akuma es el paraguas, ¿no?

Asiento, yo también lo creo.

Se las arregla para llamar la atención de Tormentosa sin que parezca una trampa.

El akuma nos dispara otra ráfaga de viento. Yo me sujeto bien al tubo a la vez que Queen Bee se deja ir.

El demonio se cree que se ha librado de ella y mis cinco minutos ya casi han pasado. Tengo que correr al otro lado.

Tormentosa, una vez más, invoca granizo. Era la opción más estúpida, porque ya ha quedado claro que mi paraguas me protege.

Pero entonces me resbalo con el granizo y me caigo. Sí, vale, la tonta soy yo.

No importa. Ella está de espaldas a dónde Queen Bee se esconde.

Baja con tranquilidad y sonríe. Se queda de pie alzándose sobre mí, de manera amenazadora. Siento mi cuerpo volverse pesado y cansado: definitivamente no puedo moverme. Veo a mi compañera venir, con la velocidad que el granizo permite, en nuestra dirección. Hago el esfuerzo de ocultar la sonrisa. Tengo que seguir pareciendo la víctima aquí.

Ella me apunta con el paraguas cerrado y me tiende la mano.

– Dame tu prodigio. – Ordena con la sonrisa sádica. Si no lo coge ella misma es porque mi prodigio no se ve tan fácilmente como los demás.

No le da tiempo de decir nada más: Bee le clava la punta de la peonza y ella se paraliza. Luego, coge el paraguas y lo golpea contra el suelo con fuerza varias veces hasta que se parte por la mitad y la mariposa sale. Hace desaparecer su guante, la atrapa y la aplasta.

– Ugh, que asco, mariposa muerta.

Eso me saca una risita.

Aurore se desakumatiza. La tormenta y el granizo desaparecen, pero ella sigue inmóvil.

Queen Bee me tiende una mano y me ayuda a levantarme.

– Polen me dijo que el efecto se pasa tras un tiempo. Creo que ahora deberíamos darles de comer. – me susurra, buscando las cámaras con la mirada.

Ahora me doy cuenta de que esa cosa era una cámara, con una lámina de metal gruesa y rígida para que no se moje la lente. Eso quiere decir que la gente nos ha visto de cerca.

Entramos por turnos a la escalera oscura y sin cámaras para detransformarnos y alimentar a los kwamis. Yo llevo en un bolsillo una bolsita de plástico con minizanahorias.

Abro un portal a la madriguera de nuevo y entramos.

Ryuko está en su forma normal, pero algo tensa. Se relaja visiblemente (para mí) al vernos.

– Menos mal. Volví en mí y al dejar el dragón de agua... estaba rodeada de esto. – Observa nuestro alrededor levemente ansiosa. No entiendo por qué. Puede ser un poco mareante, pero no es algo que dé miedo.

La madriguera es una habitación blanca brillante, esférica y con círculos alienados cubriendo todo el espacio. Esos círculos tienen imágenes: el Coliseo a medio construir, un dinosaurio, un coche volador...

¡No son imágenes! ¡Son portales! Tengo que hablar con Fluff sobre esto. Y no puedo seguir mirando, podría ver algo que no quisiera.

Queen Bee a mi lado se estremece.

– ¿Agujeros negros? Tu poder es una mierda.

– ¿Eso veis?

Las dos me miran con curiosidad.


– ¿Y Kidz+ tiene que pagar por todo?

– Al menos diez millones de euros en daños. No sólo se han arruinado miles de propiedades privadas, sino que...

Estoy viendo uno de esos programas de cotilleos sobre los famosos. Llevan toda la tarde hablando sobre Tormentosa, o más específicamente, sobre cómo se akumatizó.

Se ha descubierto que el concurso de Aurore fue saboteado. Obviamente, no hubiera perdido de no estarlo. El verdadero recuento fue: 82% para Aurore, 18% para Mireille.

Lo sorprendente es que lo saboteó la propia cadena. ¿Por qué?¿Pensaban que tendrían más éxito con una chica tímida e insegura que con una extrovertida y confiada?

Después de conocerse, la cadena le ofreció a Aurore ser la chica del tiempo y ella los mandó a la mierda. Pero Kidz+ no era la única televisión que la quería.

Tras el concurso y la posesión, Aurore tiene cierta fama y el canal rival se ha aprovechado: Aurore da el tiempo ahí. Incluso su propio nombre parece hecho para ello.

Lo mejor de todo es que Mireille también ha dicho que no. Oficialmente, ha renunciado por no estar de acuerdo con la humillación hecha a Aurore. Yo creo que además, no debe sentarle bien a su autoestima saber que la mayoría de la gente no quería verla a ella. Aunque, al menos, las dos chicas se llevan bien ahora.

No como Fluff y yo.

Tras el akuma, le pregunté sobre el funcionamiento de la madriguera y ella me lo explicó encantada. Entonces lo hice por Lepidóptero y se cerró en banda.

No puedo saber sobre él porque creará una catástrofe y bla bla, bla bla, bla bla.

Y no sólo eso, sino que me regañó al menos una hora por cortarme las palmas. ¿No se suponía que ya sabía que pasaría? Entonces, ¿por qué me riñe?

Me he vendado y durante algún tiempo llevaré guantes sin dedos a todos lados. Pero, por si por casualidad alguien llegara a ver los cortes, he hecho una escenita en casa con vasos rotos. Mi padre y mi hermano piensan que son de ahí y si preguntan, ellos son testigos. Es más, mi propio padre me ha hecho los puntos.

No me doy cuenta de que me había distraído del programa hasta que lo oigo:

– ¿Alguien sabe por qué lo han hecho? – Eso quiero saber yo. – Desde luego no ha valido la pena. Y el director no parece nada arrepentido.

¿No? ¿Y si... sí ha valido la pena? Algo debía motivarles. ¿Y si no le importan 10 millones porque el sabotaje le dará muchos más? ¿Y si quien lo paga no estaba interesado en que Mireille ganara, sino en que Aurore se enfadara?

Tengo que hablar con Max.

Me levanto, obligo a Fluff a meterse en mi gorra y guardo el reloj en el bolsillo de mi pantalón. Me he tenido que comprar varios con bolsillos mucho más grandes para que quepa.

Voy a casa de Max. Andando, no está tan lejos.

Llamo al timbre y la señora Kante abre. Yo la saludo, ya me conoce. Ella se sorprende un poco, pero enseguida sonríe y le llama.

Él viene y nos vamos a su cuarto.

– Lo siento. – Es lo primero que dice cuando estamos solos. Otra vez.

Desde mi cumpleaños se ha disculpado un montón de veces. Demasiadas. Lo perdoné sólo para que dejara de hacerlo, pero sigue.

– Ya te he perdonado, Max. – Juzgué mal. Sí que le importa. – Sólo no voy a felicitarte este año. Pero seguiremos hablando como hemos hecho siempre.

Max hace un puchero. Puede que sea un poquito rencorosa.

– ¿Por qué has venido? – pregunta sin maldad ni molestia.

Se sienta en su silla de ordenador y yo lo hago en el suelo, apoyando la espalda en su cama.

– Sabes hackear.

Él se sobresalta. Gira un poco en su silla, mira a otro lado.

– No, que va. – miente. Como el culo, por cierto.

– Sí, ya, no era una pregunta.

Estoy cómoda, él tenso. No era lo que yo quería. Pero continúo con lo que me ha traído a aquí.

– Después del escándalo de Aurore y de saber que la cadena lo provocó, he pensado ¿por qué?

Su expresión cambia: está interesado.

- El director se veía muy tranquilo después de que le dijeran la cantidad que tendrá que pagar. - Miro mis manos. ¿Las vendas están bien tapadas? - Pero hay una cosa: los ricos odian pagar, más aún por algo que no es para ellos. Y eso me ha hecho llegar a la conclusión de que el dinero no será suyo. - Levanto la vista. Su cara se ha iluminado. - Y no sólo eso, sino que ganará aún más. De ahí la motivación de humillar a Aurore.

- Eres lista. - sonríe. Lo tengo en el bote.

- ¿Eso quiere decir que hackearás su cuenta bancaria para revelar de dónde viene el dinero?

- Sólo si me dados por qué quieres saberlo. Es demasiada molestia por simple curiosidad.

¿Qué le digo? Algo que suene bien.

- Es porque quiero saber quién sería tan mala persona como para hacer algo así a Aurore.

Lo piensa un momento. Yo no soy una ONG, pero por intentarlo.

- ¿Para denunciarle?

Yo asiento. Sería imposible denunciarle con pruebas obtenidas ilegalmente, pero yo asiento.

- Vale. - Es su respuesta final.

Me levanto y cojo un mando de su Play. Sigue siendo mi amigo. No voy a verle sólo para que trabaje para mí. Pasar un rato con él también es una idea agradable.

- ¿Jugamos?

Él se levanta, toma el otro, enciende la Play y se sienta en el suelo junto a mí.

Pasamos una tarde divertida.