N/A: Siento haber tardado tanto, pero como dije tenía exámenes. Este capítulo puede parecer aburrido, pero creo que es necesario que se vea sobre el día a día de los personajes y cómo avanzan sus relaciones, además de que lo he leído en críticas que hay en Wattpad a la serie, creo que en "Los errores de Thomas Astruc", pero no estoy segura. Si creéis que algún personaje es OOC, decídmelo.


Hoy es sábado. Un día sin clases en el que debería tener tiempo libre para hacer lo que me plazca.

Hace un día muy agradable: nublado, no demasiado frío y con un confortable olor a tierra mojada, por la lluvia de esta misma noche. Alrededor de mi casa hay un jardín y el aroma entra directamente por mi ventana abierta.

Longg me miró como si estuviera loca cuando la abrí, pero yo quiero disfrutar de poder tenerla así. Me gusta asomarme y ver la floresta, que no es tan impresionante como en casa, pero está bien.

A finales de noviembre debería hacer más frío, pero no lo hace, y yo lo aprovecho lo mejor posible, o lo intento.

Lo bueno es que sigue habiendo tormentas, siempre me han gustado. La lluvia, las nubes, los relámpagos y los truenos. El olor. A Longg no le gusta el frío, pero coincide conmigo en todo lo demás.

A pesar del maravilloso clima, tengo que estar en un lugar de interior. Aunque tiene su lado bueno: voy a estar con gente y podré intentar hacer amistades.

Voy a ir a la biblioteca a hacer un trabajo grupal. Éste sí es de verdad, no como el del primer día. Mi madre me ha creído de nuevo. Es sorprendente y en realidad, me provoca algo de recelo.

"Un Tsurugi no puede ser ingenuo." Es lo que mi madre me ha dicho tantas veces y desde luego, ella no lo es.

Pero he de ir a la biblioteca de todas maneras.

La profesora Mendeleiv nos asignó, ayer viernes, una tarea grupal sobre los compuestos químicos que contienen carbono. Proyecto complemente libre, aunque debían ser grupos de cinco.

Me sorprendió y me asustó, porque según Alix, esta profesora es muy severa.

En cuanto se anunció, Max se levantó apresuradamente y se fue al escritorio compartido de Sabrina y Mylene. Parecía claro para él que la mayoría querría trabajar en su proyecto, pues es el mejor alumno de la clase, así que se fue con la pelirroja, la segunda mejor.

Kim se fue tras él, porque se comportan como siameses. Y por último, también se añadió Ivan, que ahora sale con Mylene.

Tras eso, Alix invitó a Rose y Juleka a unirse a nuestro grupo (sin haberlo hablado) de tres y Nathanael se unió muy gustosamente al de Adrien, que también incluía a Nino, Alya y Marinette.

– Deberías ir saliendo ya, Kagami-san. – me aconseja Longg.

Mi kwami es puntal. Le gustan las cosas ordenadas, es formal y un poco rígido. Pero también es muy amable, y dulce a veces. Me entiende mejor de lo que lo haya hecho nadie nunca. Aunque hay cosas que no encajan del todo entre nosotros.

– Longg, te he dicho que no me puedes llamar Kagami-san. Estamos en Francia.

Esta vez no imito el tono de mi madre y me pongo mi chaqueta para que Longg se pueda esconder.

– Sólo quiero que estés más cómoda. – dice desde la otra punta de mi cuarto, la más alejada de la ventana, y viene en mi dirección – Hasta hace unas semanas, vivías en Japón. – susurra, como si fuera un secreto. Pero no lo es.

– Exacto. Vivía, pero ya no. – Longg agacha la cabeza – Lo único que hace eso por mí es recordarme que ya no estoy allí. Así que por favor, no lo hagas.

– Kagami-san, puedo oír tus pensamientos cuando eres Ryuko y sé que te sientes muy apenada por el cambio. Sólo intento hacerlo más llevadero para ti.

Es demasiado amable. Le doy pena. No me gusta dar pena. Los Tsurugi no dan pena.

– No necesito ayuda para adaptarme. Lo haré por mí misma. Y si no lo consigo por mí misma, entonces nunca lo conseguiré.

No hay más contestación por parte de Longg. Se mete en mi chaqueta y me dirijo a la biblioteca. Aún se está acostumbrando a mi filosofía de vida.


– ¡He traído marcadores de todos los colores! – exclama Rose con intensa alegría.

No sé cómo responder a eso. ¿Es una gran noticia para ella? ¿Es algo corriente? Creo que voy a copiar la reacción de alguien más.

Juleka la mira con el único ojo que se puede ver brillando y una pequeña sonrisita. Está enamorada de ella. No pienso imitarla.

Alix está mirando al techo con las cejas alzadas. No entiendo que le pasa.

Chloe levanta el lado izquierdo del labio de arriba, entrecierra los ojos y frunce el ceño. ¿Es asco? ¿Desagrado?

– ¿A quién le importan tus estúpidos rotuladores? Empecemos con esta mierda ya.

Oh, vaya. Eso ha sido algo grosero. Rose deja de sonreír y parece que vaya a llorar. ¿Sólo por eso? Juleka mira la mesa, como si tuviera miedo, lo que no tiene sentido, porque es una cabeza más alta que Chloe. Alix la mira molesta.

Esto ha comenzado mucho peor de como yo creía.

– ¿Y si primero decidimos el tema del trabajo? – pregunto a las demás.

Rose se vuelve a animar.

– ¿Qué tal la formación de arcoiris? Es algo muy bonito.

Alix niega con la cabeza.

– La formación de los arcoiris no tiene carbono. El agua es hidrógeno y oxígeno, y la luz del sol se produce por la fusión del helio. No hay carbono.

– ¿Se te da bien la química? – cuestiono. No me había dado cuenta de eso.

Ella hace un gesto con la mano, restándole importancia.

– No mucho, sólo tengo buena memoria.

Un momento de silencio. Todas estamos pensado. Bueno, excepto Chloe, ella observa su manicura.

– ¿Y si... hablamos del proceso de descomposición de los cadáveres? – sugiere Juleka tímidamente. – Los seres vivos estamos hechos de carbono. Así que cuando un cadáver se descompone... el carbono pasa a formar otra sustancia, ¿no?

– Es asqueroso. Y siniestro. – dice Alix. – Voto por eso.

Rose asiente alegremente. ¿Le gustan los arcoiris y los cadáveres?

– Es un tema al que se le puede sacar mucha información. Buena elección. – elogio yo a Juleka. Lo que he dicho es cierto, y según mi aplicación, ser amable es bueno para hacer amigas.

Juleka baja la vista y la clava en la mesa. Creo que es tímida.

Miramos a Chloe, esperando que vote. Ahora se está limando las uñas.

– Cuatro de cinco a que sí. ¿Para qué queréis que vote? Yo pensaba hacerlo sobre pintauñas, pero qué más da. – Entonces sí estaba pensando en un tema, contrario a mi impresión. – Y antes de que hagamos un reparto de tareas, yo voy a hacer la exposición en clase.

Alix pone los ojos en blanco y me mira a mí, que estoy en frente suya.

– Kagami, creo que tú y yo deberíamos hacer la presentación, y que Rose y Juleka busquen la información. Por supuesto, todas tenemos que colaborar juntas en explicarlo bien y que nos pongan una buena nota.

Antes de que digamos algo más, me llegan dos mensajes del grupo de la clase.

Rose: El tema cadáveres ya esta escogido

Rose: Lo siento por quien quisiera hacerlo

¿Por qué no pone puntos ni tildes? Otro mensaje llega pronto.

Kim: q tema? aser q?

Esta ortografía es aún peor. Y otro grupo de mensajes más.

Alya: el trabajo de quimica atontao

Alya: de todas maneras no ibamos a hacerlo de eso

Alya: nuestro grupo lo va a hacer de materiales de los que esta hecha la ropa

Oigo un resoplido a mi derecha. Chloe también está leyendo los mensajes.

– Por supuesto que lo harían sobre ropa. – dice poniendo los ojos en blanco. – Me largo. No tengo nada más que hacer por ahora.

Pero si Chloe se va, ¿cómo me voy a hacer amiga de todas? Alix mira entre Rose y Juleka, Chloe marchándose y yo.

– Nos vamos contigo, Chloe.

Se levanta tras ella y tira de mi muñeca. Supongo que es lo mejor. Dejar a Rose y Juleka hacer su parte tranquilas.

Chloe se gira y nos mira un poco sorprendida, pero en seguida hace a su cara tener una expresión neutral.

– ¿A dónde vamos a ir? – cuestiono.

– Creo que deberíamos ir al parque de aquí en frente. He traído mis patines.

Alix levanta una mano que agarra una bolsa que no había visto hasta ahora.

– Vale. – contesta Chloe con indiferencia.

Caminamos las tres juntas, una al lado de la otra, como si fuéramos un grupo de amigas que pasa el rato normalmente.

Nos sentamos en un banco. Alix se pone sus patines y se va a dar vueltas por alrededor del parque. Chloe y yo nos quedamos en los dos extremos del banco.

Esta es mi oportunidad. Tengo que intentarlo.

– ¿Cuál es tu color favorito? – inquiero. Recuerdo que esa pregunta estaba en mi aplicación. Creo que es el amarillo, pero quiero asegurarme.

Chloe levanta la vista de su teléfono y me mira con una expresión que no sé identificar.

– ¿Por qué eres tan pesada conmigo? ¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero?

¿Por qué cree que quiero su dinero? Niego con la cabeza.

– Vengo de una familia muy rica en Japón.

Ella frunce el ceño.

– Eres extranjera. ¿Quieres contactos?

¿Contactos para qué?

– Mi madre tiene de sobra.

Sus ojos vagan por todo mi cuerpo. ¿Qué busca?

– Entonces quieres consejos de moda.

Esta vez no es una pregunta, sino una afirmación, como si quisiera buscar una explicación para estar con ella que no sea la que le dije.

– La verdad es que vistes fatal. Una especie de mezcla entre chica mala motera y niña de colegio privado. – continúa mientras apunta con un dedo mi ropa – Mi padre intentó meterme en uno pero yo aborrecía los uniformes. Esas faldas de cuadros... – Se estremece.

No parece darse cuenta de que me acaba de insultar como si nada. Para ella no parece ser un insulto, sino un consejo.

– No quiero consejos de moda. Y abstente de insultarme otra vez.

Su cara refleja cierto desconcierto. Y después miedo. Vuelve a mirar su móvil.

Vale. Segundo intento. Es cierto que los Tsurugi intentamos las cosas sólo una vez y si no lo conseguimos, abandonamos. La única excepción que he hecho por ahora ha sido ser Ryuko. Pero también tenemos otra norma: no dudar. Yo me he decidido a ser su amiga e incluso se lo he prometido y ella no me ha rechazado abiertamente, lo que quiere decir que aún estoy en la primera oportunidad. Así aquí va otra vez.

– ¿Qué piensas de Triple Súper? – continúo con mi interrogatorio. Cuanto más sepa de ella, más posibilidades de hacerme su amiga.

La chica no deja de mirar el aparato, pero contesta.

– Creo que son increíbles. Tener poderes y luchar contra demonios. Salvar a la gente... Más aún soportando las críticas en Internet.

¿Críticas? ¿Cómo que críticas?

Chloe me mira de reojo y se mueve para sentarse más cerca mía.

– Críticas como esta. Son unos completos desagradecidos. Ellas arriesgan su vida para luchar contra los akumas y aquí va esta gente y las insultan.

Me muestra su móvil: es Twitter, esa red social en la que la gente sí escribe bien porque quieren parecer inteligentes, aunque digan tonterías.

"Después de la retransmisión de Tormentosa, he podido comprobar con mis propios ojos lo inútiles que son Triple Súper. Si hubiera sido yo, no hubiera mandado a Ryuko primero, era muy obvio que Tormentosa ganaría. Este hubiera sido mi plan. Hilo:"

¿Qué le pasa? ¿Por qué piensa que podría hacerlo mejor que nosotras? ¿El guardián lo eligió a él? No, me eligió a mí. Eso fue lo que me dijo Queen Bee.

– Gilipollas. – murmuro. Al momento siguiente me doy cuenta de lo que he dicho y me tapo la boca.

No debería hablar así, es vulgar. Esta clase de cosas las dice Alix, no yo. Si mi madre se entera, me mata.

Chloe suelta una risita débil. Su risa es rara, graciosa. Se ríe de lo que yo he dicho. ¿Por fin empiezo a caerle bien?

Se queda un momento callada, mirándome

– Mira. Si realmente quieres ser mi amiga, no puedes fingir ser dulce, de esa manera que da tanto miedo ni tampoco puedes mirarme como si me fueras a matar porque también da miedo. Intenta no dar miedo y a lo mejor puedes ser mi amiga.

– Un momento. Si tú y yo vamos a ser amigas no voy a esforzarme sólo yo. Tú no puedes insultarme y si lo haces te tienes que disculpar.

Ella abre la boca para decir algo, pero es interrumpida: de repente, Alix viene a toda velocidad hasta nuestro banco, se tambalea un poco y apoya las manos en él. Creo que hace un una mueca con el movimiento.

Cuando levanta la cabeza, su expresión es una sonrisa enorme y ojos brillantes, como eufórica. Me lo habré imaginado.

– ¡Chicas! ¡Chicas! ¡Al otro lado del parque hay una pelea! ¡Vamos a verla!

Chloe y yo nos levantamos y la seguimos. A mí no me hace mucha gracia ver la pelea. Sin embargo, Chloe parece curiosa por ello.

Veo un grupo de gente en un sitio concreto, supongo que son los espectadores. Oigo voces preguntando si alguien ha llamado a la policía o si conocen a los hombres que luchan. También hay un cántico de "¡Pelea! ¡Pelea!" al que Alix se une muy emocionada.

Chloe empuja a algunas personas para ponerse en primera fila. La seguimos.

Dos hombres grandes y fuertes se atacan el uno al otro a mucha velocidad, de manera bruta y poco elegante. No es como otras peleas que he visto antes.

La mayoría de los congregados parece feliz por ver a estos dos hombres destrozarse entre sí. Yo no. Los malos sentimientos crean akumas y ahí la que lucha soy yo. Cómo se nota que Alix, Chloe y los demás no tienen que hacerlo.

Posiblemente me arrepienta, pero creo que es mi deber.

Me separo un poco del círculo de gente. Un espectador lo anuncia con mucha diversión.

– ¿Qué haces? ¿Eres tonta? – grita Chloe a mi espalda, su voz alzándose sobre el jaleo.

No me detengo. Sólo observo para ver cuándo entrar. Estos dos no paran de moverse.

Me acerco a uno de ellos por detrás, el otro ni siquiera me ve. Ninguno de los dos lo hace. Esquivo un par de veces.

El otro suelta un gritito y cae primero de rodillas y luego al suelo con una expresión de mucho dolor y las manos sobre la entrepierna.

Detrás suya está Alix. Ahora capaz de dar patadas con patines.

El hombre al que he intentado atacar le grita.

– ¡¿Quién te crees que eres tú para meterte en nuestra pelea?! ¡¿Eh?!

Antes de que pueda atacarla, Chloe se mete y la imita. Este hace exactamente lo mismo que el anterior. Acaban tumbados el uno al lado del otro, ambos gimiendo mucho.

Alix empieza a reírse.

– Habría disfrutado más como espectadora, pero, – las carcajadas la interrumpen – ¡Estás loca! – me dice a mí.

Puede que no fuese la decisión más acertada, pero los Tsurugi no dudamos.

Se ríe más fuerte y se agarra el estómago. Otra risa, inconfundiblemente de Chloe, se une.

La multitud se dispersa y nosotras tres nos vamos antes de que estos tíos se recuperen.

De alguna manera, nos hemos acabado comportando como un grupo de amigas.


El fin de semana pasa y ya es lunes. Hace un día maravilloso, incluso mejor que el sábado. Llueve con fuerza, el cielo está casi negro y los rayos lo surcan cada pocos minutos, haciendo formas interesantes. No voy a mentir y decir que he buscado resguardo corriendo. Me he quedado un rato largo en mitad de la calle mirando al cielo, cubierta con un paraguas, por supuesto. A Longg también le ha gustado la tormenta, no obstante, tiritaba mucho. Es curioso que el kwami de la tormenta sea tan friolero.

Después de un rato, Longg me ha recordado que quedaban cinco minutos para las ocho, así que he tenido que entrar en el instituto. Ayer estuve pensando que no me parecía justa la división de tareas del trabajo grupal, así que me voy a ofrecer para hacer la parte de búsqueda de información junto con Rose y Juleka. Al entrar en clase, me dirijo directamente a la mesa compartida de ellas.

Llevan ropa de abrigo. Eso es excesivo. La semana que viene es diciembre, pero tanto frío no hace.

– ¡Buenos días! – Intento sonar alegre y dulce. Que con Chloe no funcione no quiere decir que tampoco con ellas. – ¿Cómo está yendo vuestra parte del trabajo? Si necesitáis ayuda, estoy disponible, es el trabajo de todas.

¿Debería sonreír? No, no debería. He visto las caras de la gente cuando sonrío. Eso que afecta a todos.

Rose y Juleka se ponen rígidas, se miran durante unos segundos y Rose se gira hacia mí.

– No, no hace falta. – Su tono es un poco elevado y parpadea demasiado. Juleka mira a la mesa.

Parecen ¿incómodas? ¿Me he equivocado en algo? ¿Qué les he hecho? Será mejor que me marche de aquí.

Cuando me siento en mi silla, Alix está roncando en la suya. Sus ronquidos son suaves, como de perro pequeño. Ella también lleva ropa de abrigo, excepto su gorra, que no ha cambiado por ropa de invierno.

Chloe entra con la cabeza alta, en silencio y sin mirar a nadie y se sienta detrás mía. También está abrigada, con ropa aparentemente muy cara. Parece que la extrema soy yo. Saca su móvil y se pone a mirarlo. Por su forma de moverse y hablar creo que es una persona orgullosa, como yo, aunque mi orgullo es distinto al suyo. Alix me dijo que siempre está sola.

– Buenos días – la saludo.

– ¿Qué tienen de buenos? – responde ella sin despegar la vista de su teléfono.

– Pues que no me ha atropellado ningún coche y sigo viva.

Ella levanta la cabeza y sonríe. ¿Le ha hecho gracia?

– Ese chiste es muy malo.

– Tan malo no será si has sabido que era un chiste.

Ella sonríe todavía más.

– Cierto.

Vuelve a su teléfono. Sonríe. Viendo eso, es muy posible que mi chiste no le haya hecho gracia y que sonría por otra cosa.

– ¿Qué haces?

– Ah, sólo viendo Twitter. No siempre son unos gilipollas. – Vale. Esa sonrisita de suficiencia ahora sí es por mí.

– Sacad los libros y abridlos por la página 47. – dice el profesor nada más llegar. Ni hola ni nada.

Despierto a Alix, que tiene marcas de dormir en la cara y vuelvo a mirar a Chloe. Ella ya ha sacado su libro y guardado su móvil.

Chloe ha sonreído y sido simpática conmigo. Eso quiere decir que ha aceptado mi propuesta, ¿no?

Sí, creo que nos estamos empezando a llevar bien.


Y vuelvo a ganar.

Y Adrien ha vuelto a perder.

Es clase de esgrima. Llueve ligeramente, el cielo ya no está tan negro como esta mañana. El agua nos cae encima y por alguna razón me siento menos agotada que hace un rato.

El señor D'Argencourt nos ha dividido en dos grupos y nos ha hecho rotar para tener duelos. Tanto Adrien como yo hemos demostrado tener un nivel exageradamente superior al resto de la clase, ganando fácilmente a los demás.

Así que el profesor ha decidido emparejarnos de manera fija hasta que el resto nos alcance, que será nunca. Tiene pinta de que Adrien será mi único rival en mucho tiempo. Bueno, rival de mi yo civil, como Ryuko voy a tener más variedad.

Pero desde que nos ha emparejado, Adrien no ha ganado ni una vez. Los dos somos superiores a los demás, pero no iguales entre nosotros. Sin embargo, cuando llegué hace menos de un mes estábamos empatados.

Es cierto que Longg me ha entrenado de maneras extrañas para luchar contra los akumas y que me estoy despertando algunos días a las cinco de la mañana para hacerlo sin que madre se dé cuenta. Hoy ha sido uno de esos días y a consecuencia de eso estoy un poco más cansada de lo normal.

Es por eso que Adrien debería haber ganado, sobre todo porque cuanto más tiempo pase, mayor ventaja física tendrá con respecto a mí. Tiene que pasarle algo y yo voy a averiguarlo. No puedo dejar que el nivel de mi rival principal y compañero de entrenamiento decaiga. Necesito alguien que me mantenga en forma y aunque mi madre también pelea conmigo, no es agradable ni divertido. No es bonito decir algo así de mi madre, pero es verdad. Ella no es divertida. No es una rival, sino una maestra.

Otra vez más.

Doy tres pasos y toco. El marcador se ilumina.

He vuelto a ganar. De nuevo.

– ¿Pero a ti que te pasa?

Él se levanta la careta.

– Lo siento, hoy estoy algo cansado.

Yo también. Esa excusa es muy mala.

– ¿Y qué es lo que tanto te cansa?

Mira a otro lado.

– Estoy algo ocupado. – dice en un tono evasivo.

Oh, reconozco esa cara. Es igual a la mía cuando quería quitarle importancia al peso de la carga que mi madre ponía sobre mí. Aunque desde que estamos en París eso ha cambiado. Ahora mi madre me prohíbe hacer nada más que la esgrima y mi estudio del instituto. Estoy todo el tiempo encerrada en casa. No sé cuál de las dos opciones es peor. Lo único bueno es que la falta de actividades extras me deja más descansada, a pesar de Longg.

– ¿Otro deporte? – indago.

– Kárate.

Yo tenía tiro con arco.

– ¿Idioma?

Adrien pone una expresión rara. ¿Se esperaba que mi interrogatorio terminara en una pregunta?

– Chino. – responde con más dificultad que la primera vez.

Mi idioma era el francés, claramente.

– Instrumento musical. – Esta vez no pregunto, afirmo. Estoy segura de que su padre lo obliga a las mismas cosas que hacía mi madre.

– Piano.

Chelo, pero se me da fatal. Estudiar música no es para mí.

– Y por supuesto tener buenas notas en el instituto.

Por descontado, menos de un nueve significa castigo.

– Sí. – suspira.

– Te entiendo. Tu padre y mi madre se odian, pero son iguales.

Adrien me da una sonrisa cansada.

Me acerco a él. El profesor no se ha dado cuenta de que hemos parado para hablar. No se está fijando en nosotros porque cree que no necesitamos ayuda.

– Escondámonos dónde las taquillas. – susurro – En señor D'Argencourt no se dará cuenta.

Él asiente y nos vamos.

– Gracias. – dice al tumbarse en uno de los bancos.

– No sería justo que te quite el título de mejor de la clase en un día en el que apenas puedes mantenerte en pie. Eres mi rival y cuando te venza será de una manera digna.

Adrien me mira como si hubiera dicho algo raro.

– ¿Rival?

– ¿No me consideras tu rival?

Él parece desconcertado.

– Eres mi compañera.

¿Sólo? ¿Llevo haciendo esgrima desde niña para ser sólo compañera del mejor de la clase?

– ¿No crees que pueda quitarte el título?

– Sé que lo harás. Pero yo no considero a la gente rivales. Todos somos compañeros. – responde con tranquilidad.

– ¿Dónde está tu competitividad?

¿Dónde está el fuego que vi cuando creyó, muy estúpidamente, que yo era un hombre?

– No tengo.

– Claro que tienes. Recuerdo muy bien tu reacción a cuando entré en clase. Recuerdo nuestra primera pelea. ¿Es porque soy una chica?

– No. Es porque eres una Tsurugi. Ganarás de todas maneras. Es absurdo querer ganarte, simplemente he aceptado mi destino. Así estoy un poco menos cansado.

Este chico no tiene energía ni motivación. Desde luego, tengo que hacer algo.

De repente me siento muy cansada, como si lo que me mantenía en pie se hubiera ido.

Me siento junto a sus pies y estiro las piernas en el banco. Tiene el ancho justo para que los dos nos podamos tumbar.

Lo comprendo. Yo tampoco tenía tanta energía cuando tenía un horario así. Deberíamos ser amigos. Me da igual que mi madre odie a su padre. Hasta ahora nos hemos comportado con mucha confianza, aunque no lo éramos. Ahora quiero que lo seamos.

– ¿Cuál es tu color favorito?


El día de ayer me dejó buen sabor de boca. Otro posible amigo.

Así que hoy voy a saludar a alguien nuevo. ¿A quién? Ni idea. Pero como todavía no he hablado con toda la clase, hay bastante gente.

Entro en la clase. En la primera fila, junto a la puerta, se suele sentar Adrien con su amigo Nino. Adrien no está. Pero Nino sí.

– Buenos días, Nino.

Él está hablando con Alya. Se interrumpe y se gira con expresión de confusión.

– Hey... ¿qué... pasa?

– Nada. Sólo quería saludarte.

Nino frunce el ceño en confusión y Alya en enfado. No sé que se supone que estoy haciendo mal ahora.

Le doy una mirada fulminante. No me gusta que me miren así. Ella abre la boca. La ignoro, no tengo ganas de pelea.

– ¿Qué estás haciendo? – pregunto a Nino.

– Hablar... con Alya.

Sí, está muy confuso. Es bueno que sea fácil de leer, aunque no es bueno que el que le hable le confunda.

– Ah, que bien. Bueno, hasta luego.

Busco alguien más con quien hablar. ¿Qué tal Nathanael? Ahora mismo no está durmiendo como siempre, sino dibujando.

– Buenos días, Nathanael. ¿Qué estás dibujando?

Nathanael da un salto en su asiento, se congela y se gira muy lentamente hacia mí. Tiene los ojos muy abiertos. ¿Tiene miedo?

Después de mirarme como si fuera un alienígena durante unos segundos, cierra su cuaderno y recoge sus cosas a gran velocidad.

– Nada, no estoy dibujando nada.

No me mira a la cara. Esta mirando ¿mi falda? ¿Se ha dado cuenta de que la estoy estrenando? Es muy bonita, de cuadros blancos y negros.

– ¿Le pasa algo a mi falda?

Él deja de mirarla y fija su vista en la mesa.

– Nada, no le pasa nada.

Creo que voy a volver a mi sitio. Al menos Alix me habla.

Pero otra vez está durmiendo. Mientras yo me siento con más energía los días lluviosos, Alix parece estar agotada.

Kim está acercando su mano muy lentamente a la gorra de la chica. Se la va a quitar sin que se de cuenta. Yo no la he visto sin gorra ni una vez y no creo que ella quiera que se la quiten.

– Eh, déjala.

Pongo mi mano en medio y aparto la suya. Él me da una sonrisa burlona.

– ¿Es que ahora eres su protectora?

Más bien al revés. Es ella la que me ha ayudado a acercarme a Chloe.

– La vas a despertar.

– Sólo quiero verle la cara. Su cara dormida es muy graciosa y la última vez que la vi no tenía una cámara conmigo.

Levanta su móvil. ¿Intenta convencerme?

– ¿Sabes que es ilegal hacerle fotografías a las personas sin su consentimiento?

Deja de sonreír y frunce el ceño.

– ¿Y a mí qué? Suéltame.

En ese momento, Alix levanta la cabeza. La hemos despertado.

– ¿Por qué gritáis? – Se frota los ojos y nos mira cómo estamos agarrados. – ¡Un pulso! Voto por Kagami.

Por la mirada que me echa Kim, no parece contento conmigo.

No me está saliendo bien hacer amigos.


Miro el problema de matemáticas de nuevo. Ya he terminado los deberes de historia, los de lenguaje, los de inglés y he estudiado un poco de geografía. Ahora sólo quedan las matemáticas.

"Analise tiene una verdulería. Ha encargado..."

Siento la mirada penetrante de Longg. Lleva así un rato, desde que se ha despertado de su siesta. No me deja concentrarme.

"Ha encargado..."

¿Por qué mis compañeros no quieren hablar conmigo?

– ¿Qué ocurre, Longg?

– Estás triste. – afirma.

"Ha encargado 325kg de lechuga, 900kg de tomates y 557kg de pepinos"

Es cierto. Me sentó mal lo de Rose y Juleka, después creí que eran tímidas. Pero Nino, Nathanael y Kim no han sido mejores. Es cierto que Alix me dijo que Nathanael es muy cerrado. Aunque también que Nino y Kim son extrovertidos, así que no hay excusa para ellos. Sé que no debería tener muchas expectativas sobre gente que no recuerda los cumpleaños de sus compañeros de clase, pero aún así...

Hay algo mal en mí. Doy miedo a la gente, Chloe lo dijo. Es por eso que no puedo hacer amigos.

"Las verduras vienen en cajas 1,275kg."

– Sé que hoy no te ha ido bien, pero ya te has hecho amiga de Alix, lo estás consiguiendo con Chloe y también con Adrien. Vas bien, tranquila. – me consuela Longg.

¿Cómo sabe lo que estoy pensando? Ahora no estoy transformada, no debería leerme la mente.

– Con ellos ha sido más fácil. Alix fue la que me buscó a mí, Adrien está obligado a pasar mucho tiempo conmigo en la clase de esgrima y Chloe está sola, no es que tenga más opciones.

Alix me dijo que Chloe no quiere ser amiga suya porque no se llevan del todo bien.

– No pienses eso. Cada uno de ellos podía elegir si ser o no amigos tuyos y eligieron serlo. No hay nada malo en ti. Eres maravillosa y yo te adoro.

¿Cómo puede adorarme? Hemos pasado juntos muy poco tiempo. Vuelvo a mirar el problema de Analise. No creo que vaya a resolverlo pronto, estoy demasiado distraída.

– Sí que hay un problema. En Japón me pasaba igual. Era demasiado directa y demasiado sincera. Nadie quería ser mi amigo, sólo eran muy educados conmigo y nada más.

– Pues piensa en eso cada vez que sientas nostalgia. Aquí nunca estarás sola, porque has hecho amistades y sobre todo, porque aquí estoy yo. Y yo nunca te dejaré sola. Eres mi portadora, y una de las más parecidas a mí que he tenido.