Abro el procesador de textos.
– ¿Qué sabes de magia negra, Longg?
El nombrado se levanta de su cojín y flota hasta mí.
– ¿Este es tu estudio? ¿Preguntarme a mí?
Esa pregunta es sarcástica, ¿no?
– Eres un ser que ha vivido miles de años. Una fuente de conocimiento inagotable. – explico.
Longg se cruza de brazos.
– No tengo ni idea de magia negra. No soy Plagg.
– ¿Quién es Plagg?
– El kwami de la destrucción.
Me aparto el pelo de la cara, empieza a crecer de más.
– Tras recopilar toda la información necesaria sobre la magia negra, lo haré de los kwamis. Ahí no te podrás librar.
Vuelvo a mi ordenador.
Estos días he estado haciendo parte del trabajo grupal, que cuenta tanto como dos exámenes. La sección de información ya ha sido terminada y es turno de organizarla y presentarla. Lo he estado elaborando a través de Drive con Alix.
No he podido volver a conversar con Rose y Juleka. Parece que me estén evitando. Da la sensación de que toda la clase excepto Alix, Chloe y Adrien me esté evitando.
Chloe dice que sí, que eso es lo que hacen. Y yo la creo. De todas maneras, por ahora no voy a pensar más en eso, no es lo más relevante de mi vida.
Ha sido estúpido intentar tener más amigos cuando ya he hecho tres y París es atacada periódicamente por un hombre que demoniza personas. Debo concentrarme en solucionar lo segundo.
Y es lo que estoy realizando ahora.
Busco en Google 'magia negra'.
Me aparecen varios resultados de personas que se anuncian como brujos y que dicen hacer magia negra para "el amor". No creo que sea amor si alguien recurre a esos métodos para ello.
Aún así, entro. Ventas de hierbas, pociones, objetos extraños... pero ninguna explicación de qué es. No obstante, la forma en como funciona se parece a lo que sabemos de Lepidóptero.
Un objeto de la persona y deseos.
También salen anunciados libros, que definitivamente mi madre notaría si los compro.
Hay un resultado de Wikipedia:
"La magia negra es el conjunto de recursos destinados a conseguir poderes extraordinarios con la explícita voluntad de dominar o controlar la naturaleza o a otras personas. En los comienzos de la historia no había un límite entre magia, ciencia y religión. A partir del siglo XIII la magia se fue alejando de la religión y de la ciencia.
La magia negra es aquella que se usa en perjuicio de un individuo o para dañar al mundo en su totalidad: sus adeptos no solo buscarían afectar a la sociedad, sino alterar todo tipo de materia orgánica o inorgánica. La magia blanca serviría para neutralizar el daño de la magia negra y actuar en beneficio del individuo o del mundo. Otra de las creencias reside en que los efectos o profundidad de la magia tienen que ver con la capacidad de conexión con las jerarquías de la oscuridad.
La magia roja o hematomancia es un tipo de magia y adivinación cuyo componente central es el uso de la sangre u otros tejidos vivos. También puede realizarse a través del sexo. En las sociedades occidentales contemporáneas, se considera un tipo de magia negra, principalmente si se utilizan tejidos vivos o sangre de terceros, no tanto así con los propios (con tejidos propios se consideraría como magia blanca). En algunos casos está orientada al amor y la sexualidad, pero por lo general se emplea con el objetivo de lograr la destrucción y/o la manipulación de la vida de quien no sabe lo que le hacen. Uno de los problemas principales de la magia negra es el peligro que supone la Ley de Retorno. Esta ley implica que cualquier error que pueda cometer un practicante de magia negra volverá con toda su fuerza destructiva multiplicada por tres.
La necromancia es la magia que utiliza el conjuro y el control de los muertos, pues ese término significa evocación a los espíritus de los muertos.
Mención especial merece también la menos conocida magia gris, que vendría a ser una mezcla de magia blanca y negra con propósitos desconocidos."
Es información útil, pero poca y de una fuente poco fiable. Necesito profundizar. Es posible que un libro de una biblioteca como los anunciados que encontré antes me sirva, sin embargo voy a tener que localizar a alguien que sepa del tema.
– Kagami-san, es la hora del entrenamiento especial.
¿Ya han pasado tres horas? Miro el reloj del ordenador. Efectivamente, son las siete de la tarde. Mi madre está en su reunión y Longg puede causar todo el ruido que quiera con sus poderes.
Me siento mal, buscando sobre magia negra a espaldas de mi madre, pero es mi deber. Yo fui escogida para esta misión.
Salgo al jardín. Es bonito y huele bien, aunque lo mejor son las nubes que encapotan el cielo desde esta mañana.
Antes de Princesa Fragancia, Longg cogió la costumbre de usar su viento para volar objetos en mi dirección y que los cortase con una espada. Cada vez cojo una distinta de la gran colección de casa, al contrario que los objetos a romper, que no tienen ningún valor.
Hoy cojo la espada persa Shamshir. En realidad no sé para qué sirve o si sería adecuado usarla ahora, no sé la historia de todas las espadas de esta casa. La cojo porque necesito saber manejar cualquier arma que pueda acabar delante mía, es lo que dijo Longg. Y no todas tienen el peso y tamaño de mi habitual sable.
Gracias a ese entrenamiento y la mejora física del traje, pude cortar por la mitad el objeto akuma a la primera.
La nueva técnica de Longg es lanzarme rayos.
La electricidad me hace daño, aunque Longg se asegura de que no me mate. El objetivo es esquivar sus rayos hasta que llegue a donde él se encuentra.
Lo hago al menos diez veces: Tirarme al suelo, rodar. Me da. Esquivar, tirarme al suelo, rodar, esquivar. Me da. Correr en zig-zag. Me da.
Aprendo mucho con la lección de hoy.
– Vamos a hacernos un selfie. – propone Chloe.
Ella abre la cámara interior de su móvil y se pega a mí.
En su pantalla, se refleja cómo pone morritos, como si fuera a mandar un beso, y guiña un ojo.
Yo también salgo, con mi expresión seria que según Chloe da miedo.
– No, no. No hagas eso. – me aconseja. Sonrío. – Eso es peor. Tienes que relajarte.
No me sale. No soy muy fotogénica. Al menos, no de fotografías en las que tenga que parecer algo distinto a intimidante.
No me he hecho fotos con amigos nunca. Retratos de familia, con mi madre y mis abuelos, sí. Fotografías escolares también, pero ninguna en contexto informal.
Hacerme fotos es un poco incómodo.
– Estoy relajada.
– Pues no lo pareces.
Mira quién fue a hablar.
– Piensa en... lo guapa y rica que eres. Es lo que hago yo.
Yo no soy tan superficial. Chloe le da demasiada importancia a las apariencias.
En vacaciones nos hemos conocido un poco. He descubierto que es muy superficial, frívola y materialista de la manera no filosófica.
Habla mucho de ropa y maquillaje, aunque también me ha hablado de que antes era amiga de Sabrina y Adrien. Nunca la he visto conversar con la primera y sólo una vez con el segundo. Ella dice que no le importa.
– No estás pensando en lo guapa y rica que eres.
– No.
– Pues piensa en cuando ganas en esgrima, seguro que lo haces mucho. O imítame.
Me han dicho que no parezco simpática cuando gano en esgrima.
¿La imito?
Lo intento. Chloe suelta una carcajada.
– Eso no te pega. – Se calla un momento y me mira toda la cara. – ¿Sabes? Ponte como quieras. Serás mi amiga la que da miedo.
Nos da tiempo a hacernos la foto antes de que la señora Bustier entre. El profesor de inglés se ha ido bastante antes de lo que tocaba y hemos tenido un rato libre.
Me siento en mi silla y despierto de nuevo a Alix. Creo que podría tener narcolepsia.
– ¡Hoy no daremos clase! – anuncia con alegría. ¿Le pone contenta no dar clase? – ¡Vamos a tener una foto de grupo!
Estará emocionada por eso, supongo.
– Ah, mira que bien. Y yo con marcas de haber dormido.
– No tienes... – Alix se gira para que le vea bien la cara. – Sí las tienes.
– Bueno, que se le va a hacer.
Bustier hace un gesto para que la sigamos y sale del aula.
Todos nos levantamos.
– ¿Vamos a poder ponernos dónde queramos? – pregunta Chloe pegándose a mí.
– No lo creo, en mi anterior escuela ponían a las chicas a la derecha y los chicos a la izquierda. Los profesores iban en el centro.
Ella mira mal al que tiene más cerca, Nathanael, que se sienta tan atrás como nosotras, lo que hace que esté al final de la fila. Él se encoge.
Cuando llegamos al patio veo que no somos la única clase.
Han preparado un banco, un espacio y una plataforma atrás. Un fotógrafo habla alto con un acento muy marcado. Más que el mío. Creo que es italiano.
Una clase se está colocando para hacerse la foto. El hombre corrige mucho.
¿Esa es Aurore?
La voz de Juleka me distrae.
– No voy a poder hacerlo.
La busco con los ojos. Está hablando con Rose, Mylene, Marinette, Alya y Sabrina. Sus amigas, entre las que no ha querido incluirme.
Les cuenta su inseguridad. Porque se supone que eso hacen los amigos: apoyarse unos a otros. Al menos eso dice mi aplicación.
– Claro que podrás. – la anima Marinette. – Esta vez te saldrá bien, créeme. Todas te ayudaremos.
Ella niega con la cabeza.
– No, estoy maldita. Os lo dije antes, si intento hacerme una foto pasarán cosas. Y si por casualidad la foto consigue hacerse, yo saldré borrosa o algo así. Esto no va a salir bien.
La clase anterior termina.
Somos los siguientes.
El fotógrafo, experto en el tema, nos coloca: los más bajos en el banco, los más altos de pie en el hueco y los medianos en la plataforma. Como somos quince, nos ha dividido en tres grupos de cinco.
Alix, Rose, Max, Mylene y Marinette se han sentado en el banco. Adrien, Juleka, Kim, Ivan y Nino están de pie en medio. Chloe, Nathanael, Alya, Sabrina y yo estamos en la plataforma. Nuestra tutora está a la izquierda y el director a la derecha.
De alguna manera, Juleka ha acabado en el centro.
– ¡Un momento! Esto no puede ser. ¿Cómo es yo estoy en la esquina y Juleka está en el centro? Soy Chloe Bourgeois. Yo debería estar en el centro.
– Chloe, tranquila. – le aconsejo.
Ella cruza los brazos y hace un puchero.
El hombre nos cambia para que ella esté en el centro, pero en su fila.
– ¿Creéis que este es un lugar adecuado para mí? – se vuelve a quejar Chloe – Se ve más la cabeza de esta que a mí. Tengo que estar en el medio de verdad.
Marinette se gira desde su banco.
– Eso no importa, en la foto saldremos todos. ¿Qué más da quién esté en el medio?
Chloe se inclina hasta estar lo más cerca posible de ella.
– ¡Cállate, Dupain-Cheng! – le grita. Parece mi madre cuando se akumatizó. Hasta ahora, nunca la he oído hablarle tan violentamente a alguien. – Esto no tiene nada que ver contigo.
Marinette se levanta y se pone las manos en las caderas.
– Estás intentado molestar a Juleka, por supuesto que tiene que ver conmigo.
– Por supuesto que te vas a meter donde no te llaman para hacerte la heroína del mundo.
Tengo entendido ahora Marinette siempre intenta ayudar a los demás, incluso cuando no le han pedido ayuda.
Alya se levanta y agarra el cuello de la camiseta de Chloe. Ella intenta soltarla.
¿Es que ningún adulto va a hacer nada? No, sólo miran asombrados. ¿Alix? Está jugando a piedra, papel o tijeras con Kim. ¿Alguien más? Nadie se mete.
Pues yo no pienso dejar que le peguen a Chloe, por muy infantil que se comporte.
Me bajo de la plataforma y le abro la mano a Alya. Tengo más fuerza que ella. Las empujo cada una a su sitio.
– Ya está.
Imito a mi madre: mirada fría (aunque ella no lo hace), tono frío, algo de violencia en mi cara. Es una expresión que he practicado durante mucho tiempo. Se la dirijo a Alya.
Ella se echa hacia atrás. Marinette se sienta en el banco rápidamente. Yo vuelvo a mi sitio y tiro de Chloe a mi lado.
– Ya está, Chloe. No nos peleemos. No pasa nada porque no estés en el centro.
– Sí pasa. – susurra ella. Parece que vaya a llorar. ¿Por qué es tan importante? ¿Está exagerando? Creía que Rose era una exagerada y la akumatizaron.
– Voy a hacer la foto ya. No os mováis.
El hombre le da al botón, pero no pasa nada.
– Vaya, me he quedado sin batería. Voy a buscar otra.
Juleka habla con Bustier en voz baja y se va. Chloe la sigue. ¿Qué va a hacer?
Miro a Alix. No, ella no se va a meter. Sigue haciendo juegos con Kim. Ahora también está Max.
Voy a seguir a Chloe y Juleka, pero Adrien me agarra del antebrazo.
– ¿A dónde vas?
¿Eh?¿Por qué me pregunta eso?
– A hablar con Chloe.
No sé por qué digo eso. A él no le importa lo que haga yo. Me zafo. Él vuelve a agarrarme.
– Mira, no sé cómo has conseguido hacerte amiga suya, pero intentar que cambie no te servirá. – advierte – Se verá amenaza y te alejará. Es lo que me hizo a mí. No la he visto hablando con nadie más. Se quedaría sola.
Creo que está triste. No sé por qué, pero no debería intentar detenerme.
– Yo soy distinta a ti, Adrien. Los motivos por los que te ha rechazado no tienen por qué coincidir con mi persona.
Me suelto y voy en la dirección en la que fueron ellas. ¿Están en el baño?
Juleka sale de dicha habitación corriendo y con lágrimas en los ojos. ¿Qué ha pasado?
Entro y veo a Chloe con las dos manos apoyadas en el lavabo y la cabeza gacha.
– ¿Qué has hecho?– No se mueve ni un poco. – Eso no ha sido amable. Le has hecho llorar.
– ¿Quién dice que tenga que ser amable? Ella nunca lo ha sido conmigo. – replica Chloe en voz baja. – No soy Blancanieves. Ella cree que soy la Reina Malvada. Y es cierto.
Deja de apoyarse en el lavabo y se gira hacia mí.
Yo doy un paso. No pienso dejar que me aleje como a Adrien.
– No. No lo eres. – La conozco poco, pero así lo creo. Ella nunca me ha dado ese sentimiento que me ocurre incluso con desconocidos. – Y si quieres que los demás también lo vean, tienes que luchar. Luchar contra ese prejuicio. No puedes dejar que nadie a parte de ti decida tu personalidad.
Suspira y se cruza de brazos. Según mi aplicación para hacer amigos, ese gesto significa una barrera.
– Tú lo has intentado y no te ha servido. ¿Qué te hace pensar que a mí sí?
Quiero responderle, pero no puedo. Nunca sé que piensa la gente, me cuesta saber cuándo se sienten incómodas. No sé cómo reaccionarán. Soy tan mala que necesito una aplicación.
De repente se oyen gritos desde fuera. Las dos nos alarmamos y nos asomamos.
Una chica alta que parece un payaso rosa está disparando a la gente y haciéndolas clones suyos.
Un akuma.
Tengo que transformarme, pero no aquí. Tengo que encontrar otro sitio.
Corro por el patio. Chloe no dice nada y tampoco me sigue. Tengo que encontrar un sitio dónde nadie más se escondería.
El akuma dispara aleatoriamente. Yo esquivo algunos de sus láseres.
Empujo a una chica justo antes de que le alcance. Rodamos por el suelo.
– ¿Estás bien?
– Sí.
Me levanto y sigo corriendo. La chica me sigue.
– Soy Kagami.
– Erika.
Terminamos el patio y entramos en un pasillo. Aquí no hay nadie.
– ¿Sabes dónde se esconde todo el mundo?
Ella estaba fuera, así que es posible que sepa dónde ha ido la gente.
– En los vestuarios.
– Entonces escóndete en el despacho del director. Aléjate de las aglomeraciones.
Ella asiente y corre.
– ¿A dónde vas a ir, Kagami-san? – pregunta Longg.
Miro a ambos lados del pasillo. Ya no hay nadie
– Aquí.
Me transformo y salgo del pasillo. Ya he usado todos mis poderes al menos una vez. Hoy estoy más confiada.
– ¡Guay! – grita la voz de Alya. – ¡Ryuko ha venido a mi escuela!
La muchacha corre en mi dirección con el móvil en alto. Está grabando, para su Súper Triple Blog. Se está poniendo en peligro.
– Haz una declaración. ¿Qué piensas sobre el akuma de hoy? ¿Y sobre tus compañeras?
Estoy trabajando, no voy a hacer entrevistas.
– Escóndete.
Pero es tarde. A Alya la cubre una luz rosa y se convierte en un clon del akuma.
Ella me ve y me dispara sus rayos. Yo los esquivo fácilmente. Antes pude, y ahora, que tengo mayor agilidad, energía y velocidad, podría estar todo el día.
Pero esa no es la cuestión, sino, ¿cuál es el objeto?
Hasta ahora, los akumas lo han tenido en un objeto que no encajaba en su traje o en su arma. Bunnyx dice que los patrones son la clave. Nada está fuera de lugar en el disfraz de payaso rosa. Entonces es el arma.
Tiene una cosa en la mano que es la que lanza los rayos rosas. Debo quitársela.
Sorteo más rayos y saco mi espada. Ataco a los pies. Si destrozo sus enormes plataformas, podría hacerla caer sin causarle daño.
Ella salta como si fuera mucho más ligera de lo que parece y cae al otro lado del patio. Abre la puerta de los vestuarios y se oyen muchos gritos.
Va a seguir disparando a civiles. Debo protegerlos, ellos no pueden hacerlo por sí mismos y me necesitan. Aunque aparenta ser inocuo, parece que a la gente le causa terror el parecer un payaso rosa durante un periodo de tiempo indefinido.
Entro en la zona común entre los vestuarios y aparto a Nathanael, que estaba a punto de recibir uno de esos rayos. Ella no deja de disparar, fallando.
Él agacha la cabeza. No puedo evitar preguntarle.
– ¿Me tienes miedo?
Él niega con vehemencia.
– Soy tímido. – dice a bajo volumen. Le creo.
El akuma dispara otra vez y yo empujo las taquillas sobre ella.
– ¡Que todo el mundo salga de aquí ahora mismo! – señalo la puerta. – Si aún no habéis sido afectados por el akuma, iros lejos.
La gente corre de nuevo, haciendo gritos histéricos.
Ahora tengo que levantar las taquillas para agarrar el objeto.
– Estoy atrapado.
Esa voz es de Adrien.
Paso por encima de la montaña de metal. Al otro lado, Adrien tiene la pierna izquierda atrapada. Intenta liberarse, pero no tiene suficiente fuerza. Yo sí la tengo.
Levanto la taquilla que lo atrapa y él puede salir, aunque no puede caminar, por lo que lo cojo en brazos y lo saco de aquí.
Por un momento me paro a pensar. Lo lógico sería dejarlo aquí, en el patio, no obstante es culpa mía, así que lo llevo al hospital.
– ¿Por qué me estás llevando? Tienes que luchar contra el akuma. Yo no soy tan importante.
Está rojo. Supongo que el que una superheroína te lleve en brazos por medio París sobre los tejados de las casas da algo de vergüenza.
– Adrien, eres una persona que se ha hecho daño por mi culpa. No tendría la conciencia tranquila si no te llevara. Además, el akuma sólo hace cambiar de aspecto a la gente. Nadie está en peligro de muerte.
– ¿Sabes quién soy?
Vaya. Eso ha sido un desliz. Ciertamente, Adrien me hace estar más relajada de lo normal. Lo achaco a su cara de bonachón.
– Por supuesto. Eres famoso.
Él abre mucho la boca, haciendo un 'Oh' silencioso. Después sonríe. Es demasiado distractor, por lo que miro al frente. No podemos caernos de un tejado.
– ¡Me conoces!
– Sé quién eres. Lo acabo de decir.
– Pero ahora nos conocemos oficialmente y ha sido rugiente.
Lo miro de nuevo. ¿Ha hecho un chiste malo?
– Sí... Tengo que perfeccionarlo. A la gente no les gustan mucho los juegos de palabras.
Sonrío. No me obligo, tengo ganas. No lo miro al hacerlo, no quiero ver su expresión de desagrado.
– A mí sí me gustan. Mis chistes también son malos. Creo que no estoy acostumbrada al humor típico.
Llegamos al hospital y mi presencia causa revuelo: los pacientes en las salas de espera hablan entre sí y hacen fotografías, llegan más por el ruido. Los médicos se alarman, puede que piensen que ha ocurrido algo grave.
Me dirijo a la médica que parece tener más autoridad en la sala.
– Avisad a la policía de un nuevo ataque akuma. Hasta ahora los poderes presentados no suponen daño alguno de la propiedad pública o privada ni de personas. Cambia el aspecto de la gente, y como los anteriores, tiene mayores cualidades físicas, así que tened cuidado con eso. – informo con la mayor seriedad posible. Deposito a Adrien en una silla. Tiene la cara colorada. – Adrien, vendré a verte cuando acabe con ella.
Vuelvo al instituto. El akuma ha escapado de su sepultura metálica y ahora ataca en el gimnasio. Estos estudiantes aún no han escapado y los que yo salvé no han corrido la voz.
¿Dónde están Bunnyx y Queen Bee?
– ¡Ahora que todos tendréis mi aspecto, me recordaréis! – exclama el akuma – ¡A Reflekta! ¿A ver cómo evitáis verme ahora?
Reflekta suelta una carcajada.
Un poco narcisista, pero no tan peligroso.
Una mariposa morada aparece frente a su cara. No soy la única planeando.
Bunnyx tira de mí y me esconde. ¿Dónde estaba?
– El objeto es su arma. – la informo.
– ¿Esa especie de globo ocular en su mano? – Asiento. – Lo había supuesto. ¿Y a qué vienen los ojos, por cierto? ¿Es algún tipo de simbología oculta del tarot o algo así?
No lo sé.
– ¿Tienes un plan? – pregunta.
– Intentaba pensar uno, pero hasta ahora sólo tengo esquivar láseres y quitarle su arma. Mi punto fuerte no es hacer planes.
– No importa. Creo que con eso tenemos suficiente. Esta tía no es letal. Deberíamos salir ya y luchar.
Es verdad. El primero casi nos aplasta a las dos, la segunda casi me hace añicos y la tercera casi la ahoga. En comparación, Reflekta parece un cachorrito.
Bunnyx y yo nos asomamos, preparándonos para salir, pero vemos cómo Queen Bee se acerca al akuma bajando con el cable de su peonza sobre ella.
Algunas de las personas que Reflekta ha transformado reaccionan muy descaradamente.
– ¿Qué?¿Pero qué hacen? – se queja Bunnyx – Se dará cuenta. La gente es tonta. – Bunnyx se gira hacia mí. – Tenemos que hacer de distracción. Queen Bee ha pensado un plan.
Al vernos, Reflekta deja de cambiar gente para prestarnos atención.
– Bunnyx, dame tu prodigio o te cambio el aspecto. – amenaza.
– Si me cambias de aspecto no podrás obtener el prodigio nunca. – razona Bunnyx.
Pues es verdad. Queen Bee está a punto de alcanzarla. Ha sido demasiado lenta. Acercase por detrás a un enemigo tendría que ser un poquito más rápido.
Una mariposa se dibuja en la cara de Reflekta. Queen Bee baja el brazo con su peonza, pero el akuma sube el suyo y la convierte.
Queen Bee cae al suelo. Su poder paralizador ya no está.
– Esta es la advertencia. – le dice Reflekta a Bunnyx. No parece tenerme en cuenta. Eso será un error, como el de Princesa Fragancia. – Sino me das el prodigio, transformaré a la otra – amenaza señalándome.
Después da un gran salto que parece hacerla volar y desaparece.
– Yo la sigo.
Por segunda vez hoy, alguien me detiene.
– No. Tenemos que hacer un plan. – decreta Bunnyx. – En serio. Hoy estamos siendo un poco desastres. Hemos subestimado al enemigo.
– El plan fue dejarme a mí en un uno a uno contra Princesa Fragancia. Esta vez también funcionará, ya sé cómo esquivarla.
Ella niega con la cabeza.
– Esta vez mi paraguas no podrá serte de escudo. Si le da a algo que estemos tocando nos volveremos iguales que ella.
– Espejos. – dice Queen Bee. Bunnyx y yo nos miramos y después a ella. – Lo que tiene en la mano es un espejo. Su poder es el reflejo, hacernos a todos uno suyo. Tenéis que encontrar espejos y usarlos de escudo.
– Sí. Y para atraerla podríamos ir a una cadena televisiva. Yo sería el cebo, ya que quiere mi prodigio. – añade Bunnyx.
Tienen razón. Es una buena idea. Creo que soy demasiado impulsiva.
– Donde luchamos contra Tormentosa. – sugiere Queen Bee.
– Se me ocurre algo aún mejor: la cadena rival, en lugar de la del gilipollas ese.
– ¿Entonces nos grabamos diciéndole a Reflekta que venga a dónde estamos?
Las dos asienten.
Las tres nos dirigimos a dicha cadena, que al parecer, Bunnyx sabe dónde está. Creo que Aurore sale aquí ahora.
En el edificio aún no son clones. Les contamos lo que queremos hacer y nos ayudan, incluso dándonos espejos. Hablan de que van a subir mucha audiencia.
Ante la cámara, Bunnyx promete que le entregará el prodigio a Reflekta para salvarme.
– ¿De verdad se piensa que el aspecto es tan importante? – comenta una vez estamos las tres solas.
– ¡El aspecto es muy importante! – replica Queen Bee.
Esta discusión es absurda y no me voy a meter. Pasan varios minutos en los que ignoro a ambas y me centro en la puerta doble de entrada a la sala.
Seguimos en el plató. La principal condición de la cadena es grabar la pelea para emitirla en directo. Afortunadamente, aún no han empezado a emitir, por si Reflekta se entera de nuestro plan.
La puerta doble de la sala se abre y entra el akuma. Esto parece demasiado fácil. Las cámaras se encienden y siento sus lentes sobre mí.
Las tres corremos hacia Reflekta y ella no se mueve. Aquí pasa algo.
Queen Bee y Bunnyx también se dan cuenta.
– ¡No es ella! – advierte la segunda.
Yo observo dónde se encuentra el personal de la cadena, por si el akuma les alcanza.
– ¿Quién eres tú? – pregunta Queen Bee al clon con brusquedad.
– André Bourgeois. – Se lamenta el alcalde. – Lo siento. Me dijo que devolvería mi aspecto.
¿Qué? ¿Nuestro alcalde está dispuesto a sacrificar la ciudad a un akuma por sí mismo? Queen Bee aprieta la mandíbula. Está molesta y yo también.
Miro a Bunnyx. ¡Sonríe!
– Nuestro gran alcalde.
Eso es sarcasmo. Las cámaras lo graban todo. No va a ser una buena publicidad para las elecciones, que son pronto.
– ¿Dónde está la real?
– No sé. Dijo que entraría por otro lado.
Las tres nos ponemos alerta. Queen Bee delante de las dos, ella ya ha sido afectada.
Una carcajada se oye desde la dirección en la que ha venido el alcalde. Reflekta está entrando.
– ¿Ha entrado por el mismo sitio que su señuelo? – pregunta Bunnyx.
No pienso darle ni un respiro. Ninguna lo hacemos.
Ataco a sus pies, Bunnyx a su torso y Queen Bee a sus manos. Ella nos dispara y tanto Bunnyx como yo usamos los espejos para desviar sus láseres.
Reflekta cae al suelo, la inmovilizamos. Esta pelea ha sido demasiado fácil. Ni siquiera hemos usado nuestros poderes. No deberíamos haber tardado tanto en derrotarla.
Queen Bee le arrebata su arma. La rompe y aplasta la mariposa, segura de que la ha matado. Pero cuando abre su mano, la oscura mariposa sigue volando. Salto y la cojo. Miro a mis compañeras. Parecen asustadas. Yo también lo estoy.
Aprieto la mariposa en mi puño hasta que me clavo las uñas en la palma. Esta cae muerta cuando lo abro.
Reflekta se transforma en Juleka y sus víctimas recuperan su aspecto.
Me escapo antes de que los periodistas puedan hacer preguntas. Tengo que ver a Adrien.
Llego rápidamente al hospital y pregunto por Adrien recepción. Me cuentan que su padre, al que han llamando por ser menor de edad, ha exigido que lo metan en una habitación, a pesar de no ser un enfermo crónico. La recepcionista no sabe el estado de Adrien.
Nadie cuestiona mi visita. Viene con ser Ryuko el que se me permitan cosas que a otra gente no.
Adrien se sorprende de verme.
– Has vuelto.
Está sentado en una cama de hospital, con las piernas extendidas.
– Dije que lo haría.
– Sé que lo dijiste, pero creí que estarías demasiado ocupada.
Me siento en la silla junto a la cama.
– ¿Cómo estás?
Él cambia la sorpresa por una sonrisa, parecida a las que suele poner Alix, aunque sin estar torcida.
– Pues con algo de shock, porque cuando esa taquilla me cayó encima vi los relámpagos. Pero estar aquí es como un soplo de aire fresco.
¿Cuánto tiempo lleva pensando todos esos juegos de palabras? Parece muy orgulloso de sí mismo.
– ¿Qué tienes? – le pregunto con seriedad.
Estoy preocupada por él. ¿Y si se ha roto un hueso? ¿Y si no puede volver a practicar esgrima? Y él haciendo bromas.
Deja caer la sonrisa. Puede que se haya dado cuenta de mi intranquilidad.
– Aún no me han hecho nada. No me voy a morir, así que hasta que no venga mi padre no pueden tocarme.
Eso no alivia ninguna preocupación. La incertidumbre nunca es buena.
– Lo siento. – me disculpo. Pongo mis manos sobre mi regazo y las aprieto.
Adrien pone una de las suyas sobre mi puño. Es un gesto de consuelo, según mi aplicación para hacer amigos. Él no debería ser quién me consuele a mí.
– No pasa nada. Has detenido a la villana, que es lo importante.
Pero él tiene tantas cosas que hacer. Su padre lo obliga a realizar varios deportes y a ser modelo. Es estricto como mi madre. No sé que clase de repercusión puede tener en su vida un acto mío tan imprudente.
– Pagaré las facturas. – ofrezco.
Él niega con la cabeza.
– No, no. No hace falta. De verdad, no pasa nada. – sonríe – En realidad, me alegro de que estés aquí. Soy el único civil que ha recibido un trato especial por parte de una de las superheroínas de Triple Súper.
Su sonrisa es rara. Antes parecía feliz de verdad.
– Te duele.
Él abre la boca para hablar, pero alguien se le adelanta.
– ¿Qué haces tú aquí? – Me da un escalofrío. El dueño de esa voz siempre lo consigue. – Ser una superheroína no te da ningún derecho a invadir la habitación de hospital de mi hijo.
Me giro hacia la entrada de la habitación y ahí se encuentra Gabriel Agreste. Un hombre que mi madre detesta y que me ha dado una extraña sensación cada vez que lo he visto. Una mala.
Se adentra en la habitación con pasos lentos, imponentes.
Me sobrepongo al sentimiento. Mi madre me dijo que nunca agache la cabeza si este hombre me habla. La imito.
– En circunstancias normales, sería cierto. Pero dado que yo he sido la causante del ingreso al hospital de su hijo, tengo que estar aquí. – explico – Estoy dispuesta a pagar todas las facturas del hospital.
El señor Agreste sonríe. Se parece a la de Kim, sólo que es siniestra, al contrario que la del joven.
– ¿Con billetes que tienen números de serie? Que mala superheroína. – dice con mordacidad – No quiero tu limosna. Tengo dinero suficiente como para comprar este hospital entero.
No tengo nada más que decir. Este hombre no cederá y no me he sometido a él.
Me levanto y giro la cabeza hacia Adrien. Intento decirle con la mirada que volveré a verle. No sé si lo entenderá.
– Nos veremos, señor Agreste.
N/A: Si creéis que algún personaje es OOC o Mary Sue, decídmelo por favor. La parte que digo que es de Wikipedia lo es de verdad.
Respuestas:
Hola, Manu.
Marinette no podría cambiar tanto porque si no sería OOC. Yo intento que nadie lo sea. Chloe empezó una evolución que no fue terminada, así que para mí sí tiene sentido hacerla. Hay cambios más pequeños que puedo meter en un personaje o en otro, pero algo así sería hacer que Marinette deje de ser como es. Lo siento.
Como tú has deducido, no me gustan esos ships. En realidad no me gusta ninguno del cuadrado del amor, ya que al ser siempre los dos mismos personajes, para mí es el mismo ship.
Si el final de la cuarta temporada es así, me horrorizaría más que el de la tercera. No le veo sentido a una temporada entera en la que nada de lo que ocurra sea trascendental para la historia que cuenta. Yo estoy intentando que todo lo que aparezca sea importante para la evolución/profundidad del personaje o para la la próxima.
