Advertencia: violencia.


La lata azul, la morada, la roja, la negra, la rosa... Bah, da igual, me las llevo todas. Cojo también la máscara, los guantes y las gafas protectoras. Miro mi reloj: seis y cuarto de la mañana. Es una buena hora.

– ¿Alix? – Es la voz de mi hermano. Sale por la puerta de su habitación frotándose los ojos. – ¿Qué haces despierta a estas horas?

– ¿Qué hago yo despierta a estas horas? La pregunta es: ¿Por qué no estás tú despierto a estas horas?

Jalil me mira adormilado y confundido antes de volver a su cuarto.

Yo intento no despertar también a mi padre al marcharme.

Ayer, la dueña de la floristería de aquí al lado me hizo un encargo: un mural para San Valentín. Un poco tarde, teniendo en cuenta que es hoy, pero no voy a hacerle ascos al dinero.

Voy a terminarlo antes de ir a clase.

– ¿Cuánto crees que te va a pagar? – consulta Fluff desde la gorra.

– Espero que mucho.

Mi graffiti es una versión surrealista con toques sicodélicos de una pareja que se convierte en una flor.

No me está saliendo especialmente bien, nada sale bien con prisas, aunque el estilo surrealista camufla bien los fallos que estoy teniendo.

Paso una hora haciendo retoques hasta que definitivamente he terminado el mural. La dueña de la floristería llega poco después y parece que le guste mi trabajo.

Abre la tienda y espero en la entrada a que me pague, cosa que no ocurre.

– Señora Lys. ¿Me vas a pagar?

Ella hace algo con unos papeles y recoloca las flores de algunos ramos preparados para hoy.

– Claro. ¿Lo has firmado? Pues ese es tu pago: visibilidad.

¿Que qué? ¿Esta tía me ha hecho pasar una tarde entera pintando su estúpida pared y levantarme a las seis de la mañana, todo con dolor en las manos, para nada? ¿Trabajar gratis? Va a ser que no, eso no es lo mío.

– Señora Lys. ¿Estás segura de que no quieres pagarme nada? Yo no hago voluntariado. – la advierto. Dejo que mi molestia se transmita en mi voz.

Ella levanta la vista y me mira con superioridad.

– No eres una artista profesional. Eres una niña y no voy a darte dinero por pintarrajear mi fachada.

Vaya, eso sí que es bueno. Esta mujer se cree que se va a salir con la suya.

– Has sido advertida.

Aún tengo mis latas de pintura y mala leche encima, aunque eso es más bien algo de todos los días.

Salgo al exterior, donde está mi graffiti. Ya le he hecho una foto para colgarla en mi página de Instagram y publicitarme.

Cojo la lata que menos uso, la amarilla, me subo a mi escalera y la levanto para llegar a lo alto de la pintura.

La mujer sale de la tienda.

– ¡No! ¡No lo hagas! ¡Te pagaré! ¿Cuánto quieres?

Ahora nos entendemos.

– Teniendo en cuenta la rapidez con la que lo he hecho, la calidad de la obra y el coste del material... Pues unos 150 €.

En realidad no tengo ni idea de cuánto sería, pero como me ha intentado estafar le voy a sacar una buena pasta.

– ¿¡Ciento cincuenta!? ¡Eso es demasiado!

Ahora me divierto. ¡Qué rácana!

– Las rosas son caras. Y es lo que más se vende en San Valentín. Pero si no quieres pagarlo...

Levanto el brazo de nuevo.

– Un momento. ¿Y si te doy cien?

Extiendo la mano vacía. La señora Lys entra y sale al poco tiempo con un billete de cien. Yo me quito mis guantes protectores con tranquilidad antes de coger el billete y guardarlo en el bolsillo de mi pantalón, junto a mi prodigio.

– No volveré a contratarte.

– No volveré a trabajar para ti.

Ella vuelve al interior con cara de malas pulgas.

Me pongo mis guantes sin dedos y después empiezo a recoger mis cosas.

– Alix.

– ¿Adrien?

Me doy la vuelta y ahí está. Sigo guardando mis latas.

– ¿Qué haces en una floristería? Odias las flores.

Esa pregunta es estúpida, es obvio que acabo de hacer ese mural de ahí.

– ¿Qué haces tú aquí? ¿No deberías estar yendo a clase?

Pone cara de que le haya preguntado el número Pi al completo. Yo guardo mi material con tranquilidad.

– ¿Quieres que te lleve?

Señala la limusina tras él.

En mi clase hay dos personas que asisten regularmente a la escuela en limusina. Mis compañeros, supuestamente normales de un instituto público. Y una mierda. Y encima estamos las tres Triple Súper ahí. La clase está llena de verdaderos raritos.

Así que, por supuesto, la respuesta es sí. Voy a montar en limusina.

– Si no te importa llenar tu caro vehículo de pintura...

Él mismo coge mi bolsa del suelo. Creo que sé a qué viene todo esto y no quiero que pase.

– En serio, ¿qué hacías ahí?

No eres muy listo tú, ¿no?

Saco mi billete de cien para presumirlo.

– He esta... – No, esta vez lo he conseguido de forma más o menos honrada. – He ganado cien euros por hacer el graffiti que has visto.

– Ah, qué bien. – dice como si acabara de darle la noticia de que el cielo es azul.

Está distraído.

– No te emociones tanto Adrien, que vas destrozar el coche.

– Perdón. Es una hazaña.

Se agarra las manos con nerviosismo.

– Quiero hablar contigo de una cosa. Es importante.

Oh, mierda. Aún no. Tengo que prepararme mentalmente y pensar una respuesta.

Él me mira serio y me agarra de las manos. Por suerte, detrás de su cabeza, por la ventanilla, veo que estamos llegando a la entrada de la escuela.

– Ya estamos en el instituto. ¿Podemos hablar luego? Vamos a llegar tarde.

Él aprieta los labios y asiente.

Por los pelos. Sé exactamente lo que va a decir y no quiero hacerle daño. Es buena gente.

Ambos salimos y nos abrimos paso entre la gente que se acumula en la entrada. Cada vez hay más personas sin vida propia y dando por culo aquí. Y nuestro gran alcalde no ha puesto policías para despejar la zona, incluso con su hija estudiando en este lugar.

Pero claro, después del escándalo que formaron todos esos viejos verdes asquerosos sobre su hija y su nula reacción, está claro que ella le importa entre cero y nada.

Adrien me agarra por el codo para que no me quede atrás. También ha cogido mi bolsa. Sé que intenta ser como un príncipe Disney, pero no me gusta ese comportamiento. Puedo llevar mi propia bolsa y se me da bien empujar gente. Joder, si soy yo, Bunnyx, la que le salva el culo a él, un civil. No me tiene que tratar como si fuera inútil.

Decido dejarlo pasar, su intención es buena. Además, no quiero empeorar el ánimo que ya hay.

La tensión crece cada vez más en las clases. Cuatro alumnos de este instituto han sido akumatizados. Las únicas personas de París que han sido akumatizadas. Todos se han dado cuenta de que entre las posesiones hay cierto espacio de tiempo y ya han pasado dos semanas y media. Todos saben que la siguiente está al caer.

Eso hace que la gente se aleje aún más de Chloe, ya que ella ha causado la mitad. Ese es también el motivo por el que se cree que tres de las cuatro akumatizaciones son de la misma clase.

Llegamos a nuestra aula. Ahora tengo que poner mi bolsa en la parte de atrás en lugar de en mi taquilla. Aún así le doy las gracias a Adrien por su amabilidad.

Me voy a mi asiento y pienso en cómo voy a rechazarlo sin causar un akuma.

A pesar de eso, me da lugar de, a lo largo de la mañana, percibir algunas cosas.

Las parejas ya formadas se comportan de manera demasiado melosa y pegajosa. Tanta cursilería es desagradable de ver.

También me fijo en que, Adrien me mira mucho, Kim a Chloe, ésta a Nathanael, él a Marinette y ella a Adrien. La mayoría de estos enamoramientos los conocía, ¿pero desde cuándo Chloe mira a Nathanael? Aunque lo peor es que yo soy el principio de una cadena de amores no correspondidos dentro de esta clase. Es como una puta telenovela.

También, después del recreo, Kagami vuelve de dejar su bento en su taquilla con una bolsita pequeña y bonita con chocolate.

– ¿Y eso?

– Alguien la ha dejado en el interior de mi taquilla. Viene con una nota sin firmar para que nos reunamos en el graffiti del gimnasio después de la escuela.

– ¡Ah! Tienes un admirador secreto.

Kagami no parece muy cómoda con la idea.

– Esa persona ha abierto mi taquilla, ya que las rejillas no son lo suficientemente grandes. Ha invadido mi privacidad. – declara muy seria. – Además, se me hace muy extraño recibir chocolate porque en Japón somos las chicas las que hacemos chocolate para nuestros enamorados en San Valentín.

Ella frunce el ceño. El cambio de país puede dar un choque cultural.

– Pero estamos en Francia. Aquí el chocolate lo dan los hombres.

– Claro, estamos en Francia.

Vale, eso es tristeza, disimulada con su típica seriedad, pero tristeza.

– O también puede ser una chica, ¿qué más da?

Kagami asiente en acuerdo.

– Es cierto, será un rechazo de todas maneras.

– Ese es el espíritu. – bromeo. Ella hace un amago de sonrisa.

Así que cuando se terminan las clases, Kagami va a rechazar a alguien y yo también.

Voy a coger mi bolsa al fondo de la clase y cuando me giro, ahí está Adrien.

¿Aquí? ¿Con todo el mundo mirando?

– ¿Puedes venir conmigo a mi limusina?

¿Otra vez? Vale. Mejor para él, menos humillación.

Al pasar por la puerta siento una mirada agujereándome la nuca. Me giro y me da un escalofrío.

Marinette tiene los ojos tan abiertos que sus iris no rozan la línea de ninguno de sus párpados, la boca muy apretada y el cuello tan tenso que se le notan los tendones.

Cuando ve que la miro lo disimula rápidamente.

Me lo habré imaginado.

Marinette es una buena persona, siempre intenta ayudar a los demás.

Fue Marinette la que consiguió que Ivan saliera con Mylene, juntó a Alya y Nino, consiguió convencer al fotógrafo para que no se marchara tras el akuma y que Rose volviera a ser la de siempre después de la orden de alejamiento del Príncipe Ali. Muchas veces nos trae pasteles de su panadería gratis y siempre presta los apuntes de clase a quien haya faltado, excepto Chloe.

Ella es una buena persona, casi un ángel. Nunca he sabido de nadie a quien haya hecho algo malo. Pero a veces puede ser muy celosa, supongo que puede tener un fallo. Aunque la sensación que me acaba de dar es muy desagradable.

Entramos en la limusina. Nos sentamos justo como estábamos esta mañana antes de entrar en la escuela.

– Puede que ya te hayas imaginado de lo que quiero hablarte, pero déjame decirlo. – Hace un profundo suspiro. Esto va a ser difícil. – Me gustas. – susurra. – Me gustas mucho. – dice más alto. – Me gustas desde el primer momento que te vi. – sonríe nervioso. – Eres inteligente, fuerte, independiente, creativa, talentosa, atlética, graciosa... hermosa. – enumera, rápido y emocionado. – Eres perfecta.

Oh, joder. Chico, me has idealizado. Yo sólo tengo la mitad de esas cualidades. Es él el que se parece a un príncipe y seguro que tiene un fallo que yo no puedo ver, como le pasa a él conmigo.

Se pone más nervioso cuanto más tiempo pasa. Mierda. ¿Por qué tengo que gustarle a alguien? No he hecho nada.

Lo mejor es hacerlo rápido, como quitar una tirita.

– Lo siento. No me gustas de esa manera.

Su expresión cae. Sus manos que sujetan las mías se ponen rígidas. Ahora que no aprieta tanto puedo soltarme.

Esto es incómodo. No sé cómo suavizarlo. No sé si debo ser yo misma quién lo consuele de haberle rechazado. No, eso parece una idea horrible.

– Gracias... por responder. – dice muy desanimado.

Yo abro la puerta de la limusina y me bajo. No sé qué más responder.

Justo cuando salgo me encuentro a Kagami bajando las escaleras de la entrada del instituto. Perfecto.

– Kagami.

– Sí ha resultado ser una chica. – declara ella de repente. – No obstante, no quería salir conmigo.

Su cara expresa algo de confusión. En realidad eso me da igual. Si mi dinámica con Kagami no va a cambiar, no es relevante.

– Acabo de rechazar a Adrien y parece triste. Tú eres su amiga, ¿podrías hacerle compañía?

Las dos miramos la limusina. Sigue quieta.

Todos tenemos que aprender a lidiar con el rechazo, es así. Pero tendiendo en cuenta que es un adolescente perteneciente a la clase de la que ya han sido akumatizadas tres personas, es mejor no arriesgarse.

Kagami es consciente de eso, y es su amiga, así que va al vehículo y entra como si nada.

Al doblar la esquina encuentro a más gente conocida. Kim, Max, Marinette y Alya hablan sobre algo y el primero sale corriendo.

Oh, no. Creo que sé lo que va a hacer y es una idea horrible. Chloe no sabe ser agradable. Es una pija de mierda y le va a hacer mucho daño. Y eso significa akuma.

¿Por qué tiene que existir el puto día de San Valentín?

Patino detrás suya, puedo alcanzarlo.

Los tres me ven y creo que eso relaja un poco a Marinette.

Voy patinando en la misma dirección en la que lo hizo Kim, pero no lo veo.

Estoy en mitad de París, cargando con mis materiales de graffitis y mirando en qué dirección puede haber ido.

Kim es poco romántico y quien le ha aconsejado es Max, así que con seguridad será algo típico sacado de una película romántica. La cosa es que no he visto ninguna, nunca. Tampoco tengo interés en hacerlo.

Patino en alguna dirección, lo tendré que acabar encontrando.

Frente a mí encuentro a un hombre agarrando del pelo a una mujer y golpeando su cabeza contra una pared. La mujer forcejea, pero no puede soltarse.

Piensa rápido.

Le doy una patada en la entrepierna al hombre y otra en la espalda. Las ruedas son duras y cae al suelo inmovilizado. Yo no le presto atención, corro a socorrer a la mujer.

Ella tiene el rostro desfigurado. Su nariz y boca están reventadas. Sus ojos están hinchados. Su cara está llena de sangre y ésta resbala por su cuello y gotea en el suelo.

Verla así me hace querer llorar. Me hace querer pegar a ese hombre hasta que se quede parapléjico.

La desconocida me mira con los ojos vidriosos y se tira sobre mí.

Se sienta a horcajadas sobre mí pecho y me sujeta la cabeza para después estrellarla contra el suelo. Mi nuca duele mucho.

Consigo sacar los brazos de debajo de sus piernas y la detengo antes del siguiente golpe. Saco las piernas y me la quito de encima de una patada.

¿Qué acaba de pasar?

Me levanto y cojo mi bolsa. Me tambaleo y me caigo, pero me vuelvo a levantar. Me giro y veo que la mujer ya no me presta atención. Ahora le da patadas al hombre de antes.

Detrás de ella veo que hay mucha más gente así. En su mayoría, hombres golpeando mujeres, algunas consiguiendo defenderse. También hay peleas de hombres y de mujeres. Lo único común es que todas son de sólo dos personas.

Aquí pasa algo. Estoy segura de que Kim ha sido akumatizado. Y sea cual sea su akuma, es muy peligroso.

Hablando del Rey de Roma, ahí está, flotando sobre la gente vestido de rojo y negro con alas enormes. Tiene un arco y flechas con los que dispara a la gente, que huye de él. Cuando las flechas les tocan, se pelean entre sí.

Tengo que transformarme antes de que me vea. La gente está tan metida en intentar matarse que no me ven. Un rápido vistazo por la calle me dice que no hay cámaras cerca.

Me transformo.

Tengo que darme mucha prisa, o si no, esto puede acabar en asesinato.

Oigo sirenas. Espero que la policía se encargue de los afectados, yo tengo que luchar contra el akuma.

Por ahora lo mejor es evitar que siga disparando.

– ¡Eh, tú! ¡Feo con alas!

Salto al tejado más cercano y después a otro más elevado. Estoy más o menos a su altura ahora.

Lepidóptero le ha puesto una cosa roja sobre el pelo que parece una cresta. Está ridículo.

– Hola, gallo. Aquí está la coneja.

Él sonríe con esa sonrisa que odio. La chulita, pero aún peor. Esta es algo sádica. No le queda bien.

– Soy Dark Cupid. Y mientras yo esté aquí, nadie será feliz. Nadie tendrá amor. Sólo habrá odio.

Me lanza una flecha. La esquivo, pero pasa lo suficiente cerca como para que vea que en realidad es una rosa.

– Ve a pelear con quién ames. – me ordena tirándome tres flechas más.

Yo las esquivo todas, lo que es difícil, porque estoy sobre un tejado.

– Ya estoy luchando contigo. – Tengo que distraerlo, para poder buscar el objeto akuma. – Sé que quieres que todos sean tan infelices como tú. ¿Pero no crees que te has pasado? Míralos, las van a matar.

He dicho lo que pensaba. Él mira hacia la gente, yo no voy a hacerlo.

Lo miro a él. Lleva un mono de cuero parecido y tan pegado como el mío como el mío. Lleva un arco y un carcaj de flechas-rosas. La cuerda que sujeta su carcaj tiene un broche. No encaja.

Tiene que ser eso.

Él aún está distraído, mirando el daño. Hay algo del verdadero Kim ahí.

– El odio extremo lleva a la violencia extrema.

Levanta la cabeza y sus ojos parecen distintos, como si me pidiera ayuda. Es cierto que está ahí.

– Ven. – le indico.

Él vuela y se posa en el tejado frente a mí. Me acerco a quitarle el broche cuando aparece una mariposa morada en su cara. Lepidóptero le habla y todo rastro de Kim se va.

Levanta su arco y coge una flecha. Pero antes de que pueda lanzarla, un cable de peonza se envuelve en su brazo y lo echa hacia atrás.

Él no pierde el tiempo y alza el vuelo. Ahora puedo ver a Queen Bee, que desde un tejado cercano tira del akuma.

Su cara está tensa. Sabe que es su culpa.

Dark Cupid tira fuerte y Queen Bee tira aún más fuerte. Parece que estén jugando a tira y afloja.

Un huracán desbarata el vuelo del akuma haciéndolo caer varios metros, aunque también suelta el agarre de Queen Bee.

Ryuko se reforma sobre un tercer tejado, haciendo un triángulo que rodea al akuma entre las tres. Ya estamos todas.

Dark Cupid empieza a tirarle rosas a Ryuko, que es la única que ha podido hacerle algo.

Ella simplemente las corta. Las corta como si en lugar de tener la velocidad de flechas tuvieran la de un caracol.

– Podría estar así todo el día. – dice ella con seriedad.

Pues yo no. Aprovechando que está tranquilo, me lanzo sobre él.

Caigo sobre sus hombros, engancho mis piernas en sus brazos e intento coger el broche sin rozar las rosas del carcaj. Dark Cupid forcejea con dificultad porque tiene las manos ocupadas, pero logra arrojarme al suelo desde toda esta altura.

El golpe no duele, ya que no es un ataque mágico, lo que sí deja es una gran abolladura en el suelo.

Desde aquí sólo veo a Dark Cupid volar aún más alto, tanto que ninguna de mis compañeras puede alcanzarlo.

Las dos bajan a dónde yo estoy.

– ¿Algún plan? – pregunta Queen Bee. Intenta ignorar la sangre, mayormente de mujeres, que cubre el suelo. Es culpa suya.

No, es culpa de Lepidóptero.

– Más o menos. Creo que Ryuko debería mojarle las alas para que esté más cerca del suelo. Esa es su principal ventaja. – explico. La mencionada asiente. – Cuando lo esté, tenemos que mantenerlo aquí, para poder quitarle el objeto akuma. Es su broche, por cierto. Ahí es donde intervenimos Queen Bee y yo. – La miro directamente. Ella tiene la boca muy apretada. – Mantenlo atado mientras yo se lo quito.

– ¿Y si mejor uso mi poder? – responde ella.

– Si tienes oportunidad, hazlo. – interviene Ryuko.

Las tres miramos al akuma y encontramos que Lepidóptero le está hablando y que él mueve la boca, respondiendo.

– Lo primero es deshacernos de sus flechas. – dice Ryuko.

Estoy de acuerdo, aunque no creo que sea fácil.

– ¿Un portal? – sugiere Queen Bee.

Yo niego con la cabeza.

– Si los portales funcionaran así, ya habría cogido el objeto akuma y podría haber acabado con él yo sola. Es más, podría haber acabado con todos los akumas yo sola.

– Vale, sólo preguntaba. ¡Qué borde eres!

Mira quién fue a hablar.

– Te impulso. – suelta Ryuko. – Tengo mucha fuerza y tú eres pequeña. Puedo impulsarte para que al menos le quites el arco. La caída será cosa tuya.

Me mira para asegurarse. Yo asiento en acuerdo.

Ella se pone de espaldas al akuma y mira por encima del hombro. Coloca su espada en un ángulo de unos treinta grados frente a ella. Espero que tenga buena puntería.

Me subo sobre la hoja de la espada y me catapulta en dirección a Dark Cupid. Empiezo a caer un poco antes de llegar, por lo que uso el asa de mi paraguas para alcanzarlo.

El akuma sigue hablando, por lo que no me cuesta nada arrancarle el arco de la mano.

– ¡No te distraigas con el teléfono! – le digo al caer. No puedo evitarlo, es Kim.

Aterrizo sobre el tejado de un edificio. Él me sigue, volando muy rápido, aunque su mariposa aún no se ha ido. Yo corro en dirección a mis compañeras.

Queen Bee empieza a girar su peonza, tomando impulso para envolver con su cable al akuma, pero en cuanto lo hace, éste sale volando hacia arriba de nuevo.

Maldita sea, estamos en punto muerto.

– Bueno, al menos ya no puede seguir creando violencia. – comenta Queen Bee.

Ryuko me extiende un brazo, pidiendo el arco. ¿Qué va a hacer? Yo se lo entrego, de todas maneras, a mí no me sirve de nada.

Ryuko coge el arco y coloca su espada sobre él. El arco es tan grande (tamaño Kim) que la espada encaja muy bien.

– ¿Sabes que eso no es una flecha?

– Soy consiente, pero creo que con esta fuerza llegará lejos.

Ella apunta como si lo hubiera hecho muchas veces. Dispara casi en vertical y la espada hace un arco interesante y tambaleándose, pero aún así consigue rajar una de las alas de Dark Cupid.

– Vamos a hacer el plan.

Ryuko sale corriendo. Vale. Miro a Queen Bee. Ella también parece lista.

Creo que Dark Cupid ya no puede sostenerse en el aire. Va cayendo con lentitud, pero lo hace.

Ryuko salta, convirtiéndose en agua justo cuando está sobre él.

Con las alas empapadas, cae en picado.

Una vez en el suelo, Queen Bee le pincha con su peonza mientras yo le quito el broche rápidamente y lo rompo. La mariposa sale y la aplasto con ganas.

Ya está, ya ha terminado.

Dark Cupid se convierte en Kim y Ryuko vuelve a su forma normal.

– Ocupaos de los civiles, yo lo haré del chico.

Ellas me hacen caso. Van a hablar con la policía y las cámaras de televisión. Mejor, prefiero no lidiar yo con la imagen pública.

Yo voy a Kim. Parece desorientado.

– ¿Bunnyx? ¿Qué hago aquí? ¿Qué ha pasado?

Sí. Está desorientado. Intenta mirar tras de mí. Me pongo en medio, no quiero que lo vea.

Puede que Kim no sea la persona más amable del mundo, pero sé que se sentiría mal si supiera el daño que ha hecho. Ningún akuma hasta ahora ha herido personas.

Es por eso que lo voy a llevar a casa. Hasta ahora sólo lo hemos hecho con Ivan, pero eso es porque no podía bajar de la Torre Eiffel él solo.

– Has sido el akuma de hoy.

– ¿Qué?

Vuelve a intentar mirar detrás mía, pero yo le agarro la cara con la mano.

– No mires. Te llevo a casa.

Podría cogerlo en brazos, pero sé, y con certeza que no me cabría. ¿A caballito? No, tampoco.

Pues un portal.

Hago un círculo en el aire con la mano y el portal blanco aparece.

Me he fijado en que tanto Ryuko como Queen Bee dicen palabras cuando usan sus poderes, pero yo no. En ningún momento Fluff me ha dicho que tenga que decir nada, sólo me ha explicado que esto es mi madriguera.

Kim se pone a flipar. Cada vez que hago algo delante de un civil, flipan.

– Vamos. – indico con la cabeza.

Él frunce el ceño muy confundido.

– ¿Ahí?

– Sí.

– ¿Voy a viajar en el tiempo?

¿Cómo sabe eso? Ah, sí, Alya lo puso en su blog. Maldita Alya. ¿Por qué tiene que ser tan cotilla y tan buena en ello?

– ¡Venga para adentro ya! – ordeno tirando de su brazo.

Una vez que Kim está en la madriguera mira a todos lados. Estoy tranquila, sé que sólo ve agujeros negros.

– ¡Este sitio es una pasada!

¿En serio? Ya se le ha pasado el momento de tristeza - enfado - cualquier sentimiento malo que haya causado el akuma.

– Tengo que hablar contigo.

Puedo ver perfectamente cómo esas palabras le quitan la emoción que tenía un segundo antes.

– He hecho mucho daño, ¿verdad?

Está dolido y desanimado. Y yo decidí tomar la ardua tarea de ponerlo en su lugar.

Su lugar no es estar triste.

– No es eso de lo que quiero hablarte. ¿No lo recuerdas?

– ¿Recordar el qué?

Doy varios pasos para estar más cerca suya.

– Mira chico, – Le señalo con el dedo. – te has resistido.

– No lo entiendo.

No me sorprende, no es que seas el más avispado del lugar.

– Pues que cuando te hablé del daño que estabas haciendo, te quedaste quieto y casi mostraste empatía. – explico. – Fue como un segundo, pero algo es algo.

– ¿En serio?

Yo asiento. Eso le va a hacer sentir mejor. Y eso me hará sentir mejor a mí.

¿Qué mierda acabo de pensar? Me doy la vuelta y empiezo a caminar lejos de él.

– Bien. Ahora vas a decirme dónde vives para que te lleve a casa.

Finjo escucharlo mientras busco el portal adecuado. Yo ya sé dónde vive.

El uso de los portales es bastante sencillo. Fluff dijo que la madriguera no estaba configurada (sí, usó esa palabra), ya que yo era una nueva portadora y el prodigio no está hecho para nosotros, por lo que yo tuve que ponerla en modo "Tierra", época "actual". Ella me dijo cómo hacerlo.

Voy hacia un portal cualquiera del diámetro de mi madriguera. Ahora, sólo tengo que pasar círculos hasta encontrar el más cercano a su casa y hacer el mismo gesto que el zoom en el teléfono. Eso me acerca al lugar.

Si quiero viajar en el tiempo, supuestamente mi poder principal, tengo que mantener la mano en la parte superior o inferior del círculo.

Ahora es un momento más tranquilo, pero cuando hago un portal que lleva a otro sitio sin pasar por la madriguera es mucho más difícil y me chupa mucha más energía.

– ¿Qué haces? – pregunta Kim a mi espalda.

– Algo demasiado complicado como para que lo entiendas. – Encuentro su casa y vuelvo a tirar de él. – Vamos.

Aparecemos en la entrada de su casa. Es sólo como cualquier otra casa de la calle, todas hechas en serie. Una casa corriente de un barrio cualquiera. Ni muy rico ni muy pobre.

Lo único que no es normal es la chica que espera sentada en el escaloncito de la entrada.

Se levanta y pasa la mirada de uno a otro.

– Ondine. ¿Qué haces aquí?

– Quiero hablar contigo. – habla a Kim, aunque me mira a mí.

Soy capaz de pillar la indirecta. Es San Valentín y hay una chica guapa en la puerta de la casa de Kim. No soy idiota.

Joder, no tengo ganas de irme. Pero no tengo ningún derecho a quedarme aquí, Bunnyx es una desconocida. Ondine, por el contrario, es una conocida.

Me giro a Kim como si ella no existiera.

– Los miércoles, sábados y domingos patrullo la ciudad por la noche. Si quieres hablar conmigo sobre algo relacionado con la akumatización haz una señal. – ofrezco antes de irme y dejarlos solos.


Sé que tanto Kagami como Chloe están pendientes de la opinión pública sobre Triple Súper. Yo no. No quiero saber nada sobre el daño de Dark Cupid, ni sobre nuestros haters. Al menos no de la manera en que lo hacen ellas.

Voy a hablar con Max. No sé cómo voy a engañarlo esta vez.

Pero ahora estoy a otra cosa.

He descubierto el verdadero motivo por el que Kim se akumatizó. No fue sólo porque Chloe lo rechazó.

Ella lo rechazó, lo humilló e hizo una foto para difundirla por Internet con el mensaje: "Que ningún chico que no esté a la altura me pida salir de nuevo". A pesar de la gran malicia en el gesto, mucha gente la ha acompañado en la burla.

¿Cuántos me acompañarán a mi? Muchas más que a ella, seguro.

Entro en la clase dirigiéndome directamente a ella. He traído una bolsa de casa.

Voy a su asiento y vuelco el contenido de la bolsa sobre su persona. Comida pasada y refresco la cubren por completo.

Ella se levanta de un salto.

– ¡¿Qué haces?!

Saco mi móvil y le hago una foto con ese aspecto desastroso.

– Una foto. Para que te diviertas tanto como Kim.

Algunas personas de la clase comentan cosas. Algunos celebran y otros riñen. Por suerte para mí, aún no han llegado sus defensores.

Sé que este movimiento es estúpido, pero a veces me contradigo. A veces también soy una falsa, aunque le eche en cara la falsedad a los demás.

Adrien no vio estos fallos, ¿eh?

Chloe sale de la sorpresa y se tira sobre mí. Yo la esquivo.

– ¡Pienso llamar a mi padre! ¡Te van a dar el mayor periodo de expulsión que ha habido nunca en la historia de Francia!

– Sí, pero no puedes pegarme.

Le tiembla la mandíbula. Está furiosa. Es divertido. Y sé que Lepidóptero no va a akumatizarla ahora.

Alguien tira de mí fuera de clase. Es Max. Nos vamos al final del pasillo, dónde no suele haber nadie.

– ¿Sabes que te van a expulsar?

– Me lo suda, en realidad.

Max pone los ojos en blanco.

– ¿Tanto te importa Kim?

¿Qué? ¿De dónde ha sacado eso?

– Kim me da igual. Yo quiero hacer justicia.

– ¿Ah, sí? – pregunta. Parece molesto. – Porque la última vez que me dijiste eso no acabaste haciendo nada y yo cometí un delito.

Está molesto. Supongo que esperaba algo más y yo no he dije nada. Lo usé.

No me gusta. No quiero hacerle sentir así. Pero tengo que averiguarlo.

– Hablando de eso... – Tengo que comprobar nuestra teoría. – ¿Podrías volver a hacerlo?

– ¿Estás de coña? ¿Por qué? Tiene que haber un motivo.

No te lo puedo contar.

– Si encuentras algo, te lo diré.

Max se cruza de brazos.

– Dímelo ahora y a lo mejor lo hago.

Piensa rápido.

– Es cierto, te mentí. – Me acerco a él y ahueco su oreja con la mano. – Quiero dejar en evidencia a los ricos corruptos. Los odio.

Me separo. Creo que lo que he dicho es creíble.

– ¿Política?

– No, no es política. Es que creo que intentan hacer quedar en mal lugar a las Triple Súper y no me gusta.

Creo que lo he convencido. Él me mira un momento largo. Tanto que sus gafas empiezan a deslizarse y se las recoloca.

– Lo haré. Pero tú estarás conmigo.


N/A: He tardado un poco más porque he estado mala. Para el próximo también tardaré más, ya que tengo varios exámenes.

Respuestas:

Hola, Manu.

Nunca escribiré algo ni remotamente parecido a eso que me has descrito. Estoy en contra de blanquear el acoso sexual.