N/A: Pues ya he terminado los dos exámenes. Creo que los próximos son en enero. Gracias a todo el mundo por vuestros votos y comentarios. Los aprecio absolutamente todos, aunque no siempre sepa qué contestar. Lo siento si os parece triste, pero es que la vida de Chloe es triste. La verdad es que, por algún motivo, me ha costado bastante hacer este capítulo.
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– ¡Puta! – grita un hombre a mi derecha.
Muy original. Y maduro, teniendo en cuenta que podría triplicarme la edad.
Intenta agarrarme del pelo pero el guardaespaldas lo detiene.
– ¡Por tu culpa París está en la ruina! – exclama una mujer a mi izquierda.
No sé de dónde se ha sacado eso. En todo caso sería culpa de mi padre, que es el alcalde.
Para demostrar lo muy en ruina que está, me tira comida, que el guardaespaldas para con un paraguas.
– ¡Eres la peor persona que existe en París! ¡Escoria!
¡Qué honor!
Soy peor que los pederastas y que todas estas personas aquí, intentado pegarme.
Camino entre la multitud de gente que me grita con la cabeza alta y la espalda erguida. Hago todo mi esfuerzo por poner cara de póker.
Aunque sienta ganas de llorar.
Lo único que me separa de esa multitud son cuatro guardaespaldas.
Me paro en la parte superior de las escaleras que conducen a la entrada del instituto. Ellos se quedan al pie de éstas.
Ayer mi padre (es decir, mi madre) decidió que no podía faltar más a la escuela. El problema es que siempre había gente que me odia en la entrada y no podía pasar.
Así que se le encendió la bombillita (esta vez sí fue a mi padre) y habló con la policía para que pusieran a alguien a proteger a los menores de edad que llevan meses siendo acosados diariamente por adultos en la entrada de mi instituto.
Ahora no hay ningún adulto no autorizado más allá de la acera. Lo que me deja un buen espacio elevado sobre todos esos haters.
Me siento como una mierda. Pero no voy a darles la satisfacción de que lo sepan.
Así que desde aquí arriba intento poner cara seria. La multitud se calla un momento.
– ¿Estás llorando porque he causado un akuma? Eso lo hace Lepidóptero. – me dirijo a la mujer – ¿Vas por ahí de moralista? Porque tú eres perfecto y superior. – me burlo de uno de los hombres – Todo lo que va mal en París es culpa de una chica de quince años. – ironizo, pasando mi vista por toda la multitud – Tengo unas palabras para todos vosotros. – Y esta vez sonrío, de la manera más chulesca posible. – ¡Qué os den, ridículos!
Entro en la escuela mientras el caos se desbarata a mi espalda.
Nadie más entra ni sale cuando yo lo hago. Me evitan como a la peste. El patio está vacío en este momento, lo que me permite suspirar para relajarme un poco.
Sé que he causado el akuma de Kim. Y me disculpé con él (porque Kagami me lo pidió). De todas maneras no era para tanto. Ya está saliendo con otra chica, eso era lo mucho que yo le gustaba.
Aunque eso no quita que lo que dije fuera cierto. No puedo salir con ningún chico que no esté a la altura.
Kim no encaja mucho en eso físicamente. Y económicamente ni hablamos. Pero se podría obviar lo económico si él encajara en lo físico.
Mi madre ha cambiado casi todos los empleados del hotel. Ha despedido a unos setenta que no encajaban con su canon preferido.
Había muchas mujeres mayores gordas como limpiadoras, demasiados extranjeros de recepcionistas, y camareros y botones horrendos.
Ahora la mayor parte de los empleados son jóvenes y hermosos franceses y francesas, ninguno de ellos de la periferia. Los únicos empleados que han mantenido su puesto son los que no serán vistos por los huéspedes.
A mi padre no le ha hecho ninguna gracia el cambio y no admitió discusión con respecto a Jean. Él se queda.
Después de ver eso, está claro que no puedo salir con Kim. No sólo es asiático, algo que mi madre odiaría, sino que también es feo. Y para colmo es pobre. No cumple ni un sólo requisito.
Y por supuesto no podía quedar ahí. Mi madre no puede ver a chicos como él pidiéndome salir constantemente. Ensuciaría su imagen.
Tengo suerte de que Kagami también sea rica o tendría que dejar de estar con ella.
En cuanto a Alix, bueno, hemos llegado al acuerdo de fingir que nos llevamos bien. Por Kagami. Mi madre en ningún momento me verá hablar con ella.
– ¿Qué acabas de hacer? – pregunta una voz.
Una voz de traidora.
Creía que el patio estaba vacío, pero no, aquí está Sabrina. Tampoco es que sea muy visible, todo el tiempo intentando no llamar la atención.
– ¿A ti qué te importa? – contesto irguiendo la espalda de nuevo.
– Has montado un gran jaleo.
Comienzo a caminar hacia la clase, como si no me importaran lo más mínimo las palabras de la traidora. Ella me sigue, no camina a mi lado. Una vieja costumbre.
– Repito: ¿A ti qué te importa?
Parece que no vaya a responder, pero lo hace.
– Que te estás pasando, mucho. Mira Chloe, me separé de ti porque estabas siendo mala. Pero aún quiero que nos llevemos bien. Aún me importas. Si sigues así tendrás una masa de gente odiándote y eso no es bueno.
¿Qué derecho se cree que tiene para decirme cómo comportarme? ¿Que aún le importo? Eso es mentira. Si le importara lo más mínimo, hubiera hecho algo durante estos años. Siento el calor subir de mi pecho a mi cara.
– ¿Y tú eres quién para decirme nada?
Espero que se quede callada, que no tenga agallas para contestarme. Pero lo hace.
– Alguien que...
– No. Tú no eres nadie. – la interrumpo.
– Antes, cuando estabas conmigo todos te veían, porque me veían a mí. – Sé que voy a hacerle daño, pero no me importa. Ella va a llorar por mí tanto como lo he hecho yo por ella. – Te aprovechabas de mi fama y dinero. Pero ahora no eres nadie. Has dejado de ser mi perro faldero para ser el de alguien que tiene muchos otros. Y ella no te presta ni la mitad de atención que lo hacía yo. – No la veo. No sé qué cara está poniendo. Tampoco me importa. – Ahora eres invisible. Porque no eres nadie. Te lo has buscado tú solita.
Sonrío. ¡Qué se arrepienta de ser una traidora!
Se queda callada un rato muy largo. Sabe que tengo razón. Dejarme y ponerse de su parte ha sido lo peor que ha podido hacer.
Me giro, quiero que vea la sonrisa. Pero no está. ¿A dónde se ha ido la traidora?
Pues vale, a la mierda. Yo voy a clase.
En el camino, la voz de Polen sale del bolso.
– Has sido muy dura. Mi reina, sé que estás dolida, más la solución a tu dolor no pasa por causárselo a los demás. Sólo conseguirás empeorarlo todo. Hazme caso, tengo miles de años de experiencia.
Tiene razón. Aunque no pienso ser la que se disculpe primero. Ella fue la que me abandonó, que lo haga ella.
Me siento en mi asiento habitual. Aunque Kagami se sienta sola, no ocupo el lugar de Alix. No pienso ser la sustituta de esa enana insolente.
Ella aún está expulsada. Kim sufro-mucho-porque-me-has-rechazado se gira constantemente a su asiento para después recordar que no está.
Kagami está escribiendo en su agenda en japonés. Tiene una hoja mojada en el pelo.
Lo primero que pienso es en criticar, pero aunque sea lo único que se me da bien, no voy a hacerlo. Ella me dijo que no quería insultos y he hecho ese estúpido trato con Alix por algo.
Así que se la quito en silencio.
Ella se gira y mira la hoja.
– ¿Estás nerviosa? – pregunta.
– ¿Eh?
– Tienes una cara rara. Y hoy es la exposición.
Oh, es verdad. Esta mañana se lo dije a Jean. Se me había olvidado.
Es culpa de la traidora.
Mi exposición sobre cadáveres será mucho mejor que la suya. A la profesora Mendeleiev le encanta lo único y diferente, es un poco friki. Sabrina no conseguirá ser lo suficientemente extravagante para ella, sólo sabe ser invisible.
Mis ojos van a Nathanael. Otra vez y sin que yo quiera. Antes era tan invisible como Sabrina y ahora no puedo quitarle la mirada de encima. Es injusto.
Que sea QueenBeeFan187 no quiere decir nada. Que sus colores sean hermosos tampoco quiere decir nada. Que me defendiese de los pervertidos de Internet definitivamente no quiere decir nada. Él me odia.
Tengo que dejar de mirarlo y concentrarme en mi presentación.
Pero no lo consigo y sigo distráyendome hasta la clase de química.
Los primeros en exponer, por supuesto, es el grupo de Marioneta. Y sorpresa, sorpresa, son ella y Adrien. Lo ha hecho vestir ropa diseñada por ella. ¿Hay algún momento en el que no sea el centro de todo?
No sé si es bueno o malo que no sea Nathanael. Me encantaría verlo llevando algo distinto a esa ropa de Halloween de siempre. Pero al mismo tiempo es bueno que él no vea mi comportamiento raro.
Ni siquiera yo sé que me pasa.
Se supone que el segundo grupo en presentar es el de la traidora, pero cómo ésta no está, la profesora le da algo más de tiempo cambiando el turno.
Por suerte para mí, Jean llega a tiempo. Y lo que le dije que trajera, también.
Me meto un caramelo de miel en la boca y me levanto para ir al frente de la clase. La puerta se abre y entra Jean empujando una camilla sobre la que hay un cadáver.
Exacto, un cadáver de persona. Un hombre cualquiera que decidió "donar" su cuerpo a una empresa por mucho dinero.
Y mi padre lo compró para mí.
¿Qué mejor que tener un cadáver de verdad para una exposición sobre ellos?
Las reacciones de mis compañeros son... variadas.
Asco, miedo, reproche, fascinación por parte de Juleka. No me importa. Yo sólo empiezo mi discurso memorizado mientras uso el cuerpo como ejemplo. Lo hago genial, y no miro a Nathanael ni una vez. Todo va bien y sin contratiempos, la mayor parte del tiempo.
Pero, cuando estoy a punto de terminar, la mano del cuerpo se levanta sola.
Dejo de hablar y varias personas gritan. Mylene se levanta corriendo de la primera fila y se va a dónde su novio. Cobarde.
Kagami se levanta con la flauta en la mano.
Me giro al asiento de la señora Mendeleiev para anunciarle que voy a continuar, pero no está.
De repente, siento una presión en mi cuello que no me deja respirar. Una fuerza desconocida me tira al suelo.
Me llevo las manos al cuello y encuentro que lo que hay ahí son manos. Pataleo y no le da a nada. Intento quitar esas manos y no puedo. Intento coger aire, pero tampoco.
Me estoy asfixiando. Me estoy mareando y mi visión se pone borrosa.
Una flauta se cruza en mi visión. La dirección es el aire frente a mi cara. El objeto se frena y puedo respirar un poco mejor. Kagami da una patada justo bajo la flauta y la presión se va del todo.
– ¡Es el fantasma de ese hombre! – grita Mylene.
– ¡Es un akuma! – corrige la estúpida Marioneta.
Me pican los ojos y la garganta.
Kagami está delante mía peleando con algo invisible. La gente mira, excepto Cotilla Chillona, que graba, y Adrien, que se levanta para ayudar a Kagami a darle patadas al aire.
Intento levantarme pero no puedo. Me siento débil.
La puerta se abre de repente y la que entra no es la profesora, sino Bunnyx.
– Un muerto. – dice ladeando la cabeza como un cachorro. Después mira a Kagami y Adriren. –Todo el mundo, excepto esos dos de ahí, fuera.
No hace falta que lo diga dos veces. En cuanto termina la frase, la gente se levanta y sale corriendo.
Marioneta y DJ de Mierda tiran de Cotilla Chillona mientras ella nos graba. Nathanael aparece a mi lado y tira de mi brazo para levantarme y arrastrarme al pasillo.
Aquí afuera me suelto y me apoyo en la pared.
– ¿Quién te ha dicho que puedes tocarme? – le intento gritar, aunque lo que sale es una voz débil y ronca.
– Me has estado mirando durante varios días. – susurra.
Mierda. Me ha pillado.
– Eso es mentira. No hay nada que mirar en ti. Y aunque fuera cierto, eso tampoco te daría permiso para tocarme.
Él baja la cabeza.
– Intentaba sacarte del peligro.
No me gusta que esa sea su reacción a mí. Sé que me odia como todos, pero en realidad nunca me ha hecho nada. Estaba demasiado centrado en sí mismo.
– Gracias.
Por un momento creo que no lo ha oído pero levanta la cabeza bruscamente con los ojos muy abiertos.
Antes de que pueda decir algo más, Kagami y Adrien salen de la clase.
– Bunnyx dice que nos vayamos a la biblioteca o algo.
– Y que se lo digamos al director.
Eso es perfecto. Me da una oportunidad para escaparme y transformarme.
Me escabullo antes de que Nathanael se dé cuenta y me escondo en un cuarto de la limpieza.
Esto es asqueroso. No es un lugar para mí.
– ¿Chloe? – oigo preguntar a Nathanael.
Se ha dado cuenta después de que me fuera.
Abro mi bolso, que cogí de la mesa de la profesora (siempre lo dejo cerca) antes de salir.
– ¿Cómo te sientes? – pregunta Polen.
Aún estoy un poco mareada, pero no se lo voy a decir. Tampoco voy a pensar en ello mientras estoy transformada.
– No importa. Tenemos que luchar contra el akuma. Y si puedes disimular esta ronquera, mejor.
Ella asiente, como si pudiera controlar eso. La transformación no quema hoy.
Salgo del cuartito preocupada. La última vez, mi veneno duró muy poco y no sé por qué.
Corro al aula. Frente a la puerta queda un solo compañero. Nathanael.
– ¿Qué haces tú aquí?
Él parece sorprenderse de que le hable. No sé por qué, he estado en su habitación. Ha sido el único afortunado.
– Es mi instituto. – contesta.
– ¿Y por qué no te has ido? Hay un akuma ahí dentro. – Señalo a la puerta.
Me mira a los ojos. ¿Desde cuándo este tío mira a la gente a los ojos? ¿De dónde sale esa confianza?
– Mi compañera. Creo que se encuentra mal y ha desaparecido.
– Ya me encargo yo. Tú ve a casa. No te quedes aquí.
– Pero...
– Si te vas ahora mismo, volveré a visitarte mañana por la noche. Tengo patrulla, así que de todas maneras pasaré por allí.
Su cara se ilumina. Sus ojos brillan. Es hermoso. Sus colores son hermosos.
– ¿Volverás?
Asiento en respuesta.
No duda ni un segundo y se va. Por fin nos hemos librado de todos los civiles.
Me da mareo otra vez y vuelvo a apoyarme en la pared. No creo que pueda engañar a Polen.
– No me lo puedo creer. Estás siendo cercana con un civil. – afirma Ryuko a mi espalda. Mierda. – Demasiado cercana. ¿Tengo que decirte todo lo que hay mal en eso? Haciendo visitas a casa.
Ryuko llega a mi lado y la veo negar con desaprobación.
– Tranquila, no me estoy enrollando con él. Además es un sitio privado, no como el hospital.
No es tonta. Sabe a qué me refiero. Incluso hablaron de ello en la televisión.
– Yo era la causa de su daño. – se justifica. – La mínima cortesía sería preocuparme.
– Y es una casualidad que fuera Adrien el supermodelo.
Su expresión cambia, como si la hubiera ofendido profundamente. Arruga la nariz y entrecierra los ojos. Da tanto miedo como Kagami.
– Yo no soy una superficial como tú y Bunnyx nos necesita.
Dejo que sea ella la primera en entrar, para que no vea mi estado.
– Habéis tardado un poquito, ¿no? – se queja Bunnyx al vernos. – Se ha escapado. Es invisible y mientras yo la buscaba, ha abierto la ventana y se ha tirado.
¿Soy la única a la que Bunnyx le parece la más inútil de las tres? Es torpe y payasa y casi nunca usa sus poderes contra los akumas.
¿De qué sirve? Además de ser el motivo por el que el guardián nos buscó y que Lepidóptero empezase a atacar.
Ni siquiera puede luchar bien. Sólo es una enana mandona.
– ¿Tenemos que buscar a un ente invisible por todo París?
– No es un ente, es una chica. Más o menos de esta altura. – explica Bunnyx poniendo su mano a bastante distancia por encima de su cabeza.
– Y tiene que tener un objetivo. Todos los akumas lo tienen. – aporta Ryuko.
Bunnyx levanta la mano como si estuviera en una clase.
– Lo sé. Lo sé. Seguro que es Chloe. Siempre es ella.
¿Yo? ¿Por qué siempre tengo que ser yo? ¿Es que nadie más es borde? Hoy ni siquiera...
Mierda.
Una chica invisible que quería hacerme daño. Es Sabrina.
Soy idiota. Ya sé lo que aporta Bunnyx al grupo: neuronas.
– Ese chico con el que hablabas hace un momento podría ayudarnos.
Ryuko me mira. No.
– Se ha ido a su casa. – contesto.
– Tú sabes dónde vive. – replica ella.
Maldita sea. ¿Por qué ha dicho eso en voz alta?
– ¿Ah, sí? – interviene Bunnyx.
– Lo visita por las noches. – dice Ryuko negando con la cabeza.
Ella pone una sonrisa burlesca.
– ¡Lo visitas por las noches! Eh, chico adolescente aleatorio, bájate los pantalones. – se ríe Bunnyx, imitándome cuando doy órdenes.
Maldita Ryuko chivata. Ahora no dejará de burlarse de mí.
– ¿Vamos a cotillear sobre mí o buscar al akuma?
Me apoyo en una mesa sin que se den cuenta. Ser Queen Bee no ha hecho que me encuentre mejor.
– Prefiero seguir riéndome de ti. Tranquila, este akuma no hará daño a la gente. – Bunnyx nos mira a una y a otra. – Tiene algo bueno: Su poder es la invisibilidad.
Eso no ha evitado que me estrangule a mí, aunque claro, yo soy Chloe.
Ryuko se cruza de brazos.
– ¿Qué tiene eso de bueno?
– Que sólo es una chica invisible. No tiene un paraguas que controla la tormenta, ni un arco que hace a la gente homicida. No nos controla ni nos quita la magia. No se hace enorme. Simplemente es una chica más rápida y fuerte de lo normal, como nosotras. Lo malo es que es invisible.
Agarro bien la mesa en la que estoy apoyada. Puede que me apoye de más. Tenemos que pensar un plan. Tenemos que estar unidas. Cuanto más lo estemos, mejor lo haremos.
– ¿A alguna se le ocurre algo? – pregunta Ryuko.
– ¿Qué tal si cogemos las pinturas de la clase de arte y las echamos por ahí? A ver si le damos y deja de ser invisible.
Ese plan es malísimo.
Siento que algo se mueve en mi visión periférica, aunque cuando giro la cabeza no veo nada, sólo que la habitación se pone a dar vueltas.
Cierro los ojos un momento.
Los vuelvo a abrir y encuentro frente a mí algo que no estaba antes.
Es una figura en esos colores nuevos que sólo veo cuando estoy transformada. Es Sabrina. La veo tan clara como siempre, sólo que en colores distintos.
Algunos de estos colores se parecen al violeta y van cambiando lentamente hasta convertirse en otro completamente distinto. Es maravilloso y extraño.
Intento no reaccionar y acercarme a ella sin que se percate de que la veo.
Lo hago, pero ella sigue alejándose. Claro, que ella no sepa que la veo no quiere decir que vaya a destaparse.
– Hey, Bee. – llama Bunnyx. – Vamos a Le Grand París.
Creo que aún estoy recuperando oxígeno. Tengo que decírselo a ellas, yo no puedo luchar.
Me acerco a ellas y hablo en un volumen bajo.
– Voy a contaros algo. No reaccionéis. – Bunnyx disimula bien, mientras Ryuko se pone alerta. – Está aquí. La veo.
– ¿Si la ves, por qué no la has atacado? – inquiere Ryuko.
Las tres salimos de la clase, para seguir disimulando. Yo miro a todo a nuestro alrededor, para que el akuma no se dé cuenta de que la estoy vigilando.
– Lo he intentado sin que se dé cuenta, pero es precavida. – contesto.
– ¿Y qué si se da cuenta? – interviene Bunnyx.
Bajamos las escaleras al patio. Aquí la perdí de vista originalmente. ¿Dónde se akumatizó?
– Pues que podría huir. Tú misma la perdiste hace un rato.
– Eso es porque yo soy torpe. Ryuko no.
Bunnyx la mira y ella saca su espada.
– Dime dónde está y acabaré con ella.
Eso da miedo. No me gustaría estar en el bando contrario.
Vuelvo a mirar atrás. Está a cierta distancia, pero aún detrás nuestra.
– Nos lleva siguiendo todo el rato. Ahora está detrás de la columna junto a la escalera derecha.
Ryuko asiente y se transforma en rayo sólo para aparecer tras ella e intentar noquearla con el mango de la espada. No obstante, Sabrina se da cuenta y lo desvía.
– Mierda. Vamos.
Bunnyx corre en su dirección. Yo doy un paso y me vuelvo a marear.
Ryuko intenta luchar con ella sin usar su espada, ya que no quiere hacerle daño. No sirve de mucho, ya que el akuma tiene la oportunidad de intentar quitarle su prodigio.
– ¡Vigilad los prodigios! – las advierto.
Ryuko se lleva la mano al cuello. Muy sutil.
– Ser invisible es útil ahora, ¿eh? Decidle a Chloe que soy alguien: Vanisher. Bueno, si conseguís ganarme. – dice el akuma.
Vanisher no deja de moverse en ningún momento, esquivando fácilmente los ataques de mis compañeras, que dan palos de ciego.
– ¡Bee, ven! ¡No te quedes ahí como una inútil! – llama Bunnyx.
No soy una inútil. Corro hacia ellas, ignorando todo lo posible el mareo.
Eso hace que todas las puertas de las clases cercanas se abran y la gente salga a mirarnos, hacernos fotos y grabar.
Giro mi peonza y la lanzo para envolverla con ella, pero Sabrina es el akuma más inteligente hasta ahora. Agarra la cuerda y tira de mí en su dirección. Lepidóptero le ha ordenado lo que al resto e intenta conseguir mi prodigio.
No pienso dejar que eso pase. Levanto la pierna izquierda y le doy una patada en el estómago. El movimiento hace que no pueda ignorar más mi mareo y me caiga. Ella se tambalea varios metros hacia atrás.
Vanisher parece muy sorprendida.
– Puedes verme. – declara en un tono mucho menos confiado que antes.
Es irónico. Yo le dije que era invisible y por eso es un akuma, pero resulta que ahora sólo puedo verla yo.
Mi intervención ha servido para indicar a mis compañeras dónde está. Y distraerla. Ryuko la noquea rápidamente.
– Queen Bee. Tienes que quitarle el objeto akuma tú, yo no la veo. – avisa.
Camino hacia Vanisher y me agacho a coger el objeto antes de que los fans siquiera bajen.
Eso también me marea, pero agarro el akuma rápido. Un objeto que no encaja: el broche que le regalé a Sabrina cuando teníamos doce años.
Lo rompo y todo se pone negro.
Hace frío.
Estoy tumbada en algo duro y helado.
– ¡Abre los ojos! ¡Sé que estás despierta!
Bunnyx siendo tan delicada como siempre.
Abro los ojos y veo a Ryuko arrodillada a mi lado suspirando y la payasa de pie un poco más lejos.
– Por un momento has dejado de respirar. – me informa la primera.
La otra asiente.
– Ve al hospital. – ordena, no sugiere.
Ella no es nadie para ordenarme nada.
– ¿Qué ha pasado?
Ryuko se levanta y me tiende una mano para ayudarme a mí a hacerlo.
– Rompiste el objeto, te desmayaste, Bunnyx atrapó la mariposa, dejamos a la chica allí y te trajimos a la Torre Eiffel.
– Ryuko cuentacuentos.
Cómo dije: payasa. Ambas la ignoramos.
Como ya hemos hecho lo que debíamos, nos despedimos y cada una se va por una dirección.
Yo vuelvo al instituto. Jean y el chófer se quedaron allí, esperando para llevarse el cadáver después de la presentación. Pero en lugar del muerto me van a llevar a mí al hospital.
Una vez que le digo a Jean lo que me pasa, no tardamos mucho en llegar a allí.
Cuando mi padre fue elegido alcalde por primera vez, hizo una serie de papeles que permitían Jean tener ciertos poderes sobre mí, como recogerme de clase antes de tiempo o llevarme al médico. Desde ese momento, eso era lo que ocurría. Mi padre siempre estaba demasiado ocupado.
Los médicos averiguan qué me pasa tras unas pruebas: al parecer, el akuma me ha desviado ligeramente la tráquea, lo que hace que entre menos oxígeno. Al principio no se nota, pero si se queda así, podría desarrollar problemas en el cerebro.
Tienen que operarme urgentemente.
Como soy menor de edad, se necesita el consentimiento de los padres, ya que no es de vida o muerte, aunque sufra desmayos y mareos.
Nos quedamos en una sala de espera mientras Jean habla por teléfono.
– He llamado a tu padre. – Jean se acerca y se sienta a mi lado. – Ahora está en una reunión y no puede venir, pero lo hará más tarde.
– ¿Y la operación?
– Yo la autorizaré.
En el tiempo en que espero, miro a la entrada del hospital muchas veces. Mis padres no vienen.
Incluso después de la cirugía, cuando estoy en una habitación que me han dado, tardan mucho en llegar.
Tanto, que incluso Sabrina lo hace antes.
Un rato después de que terminen las clases.
No sé quién le ha dicho que estoy en este hospital.
– Lo siento mucho. – es lo primero que dice.
– No es culpa tuya, sino de Lepidóptero.
Por muy enfadada que esté con Sabrina, no la voy a hacer responsable de algo que no es su culpa.
– Lo sé. No me refería a eso. – Se agarra las manos. Eso quiere decir que está nerviosa. – Siento lo hace dos años. Sé que no estuvo bien dejarte sola. Me he akumatizado porque todo lo que dijiste es cierto.
» Ahora formo parte de su grupo. Y en realidad a ella no le importo ni lo más mínimo. – Como yo dije. Sé muy bien cómo es en realidad. – Siempre habla de ella misma, de sus hobbies, de quién le gusta. Nuestras reuniones y quedadas siempre son para hablar de ella. Cometí un gran error. La cagué. Y me arrepiento mucho.
Es un bonito discurso de disculpa. Ha repetido lo que yo ya sabía y le avisé antes de que me abandonara.
Sabrina traga saliva visiblemente.
» Quiero que recuperaremos la amistad.
¿Así como así? Esta mañana ya le respondí. Que se haya disculpado de verdad no cambia tanto las cosas.
– No es tan fácil. – Una vez que alguien está en mi lado malo, me cuesta mucho perdonarle. – Si realmente quieres que seamos amigas, tienes que dejar de juntarte con ella.
– Pero es Mylene la que lo hace. – discute.
Eso tiene fácil solución.
– Entonces deja a Mylene.
Sabrina niega con la cabeza.
– No puedo. Ella es la persona que necesito. Alguien bueno y amable que me hace sentir bien conmigo misma. Es una buena persona.
Me importa una mierda Mylene, ni siquiera me cae bien.
– Entonces estamos en punto muerto.
Sabrina se queda callada unos segundos, pensando. No me elegirá a mí.
– Lo entiendo. ¿Podemos al menos dejar de actuar como si la otra no existiera?
Asiento. La concederé eso, pero nada más. Ella se va prometiendo que volverá a visitarme. Yo le digo que no lo haga.
Me quedo sola con Polen, que parece lo suficientemente conforme con lo que acaba de ocurrir. Jean está fuera de la habitación, en la puerta. No sé para qué.
Me paso al menos dos horas mirando el reloj en la pared.
También miro Twitter. Mis dos nombres vuelven a ser tendencia. Encuentro que han contado sobre el akuma de hoy. Y que me he hecho daño.
Hay gente alegrándose de ello.
A veces creo que debería desinstalar esta aplicación, pero si lo hiciera no podría ver más los dibujos de Nathanael.
– ¡Calabaza! – grita mi padre de repente. Eso me da dolor de cabeza.
Levanto la vista y están ambos en la puerta de mi habitación. Jean se queda fuera.
Tanto mi padre como mi madre entran.
Él se sienta en la silla de visitas y me agarra la mano izquierda. Ella no se acerca, aunque me mira directamente al cuello.
– ¿Qué es eso? – dice con una mueca.
– Un akuma me ha estrangulado.
Mi padre se sobresalta con la noticia. Mi madre cruza los brazos y aprieta la boca.
– ¡Inútil! – responde. – ¿Cómo te has podido dejar estrangular? Nos pones en ridículo.
No sé qué decir. Mis tonterías arruinarán la reputación de la familia.
– Lo siento.
– Más te vale.
Mi madre se marcha. ¿Ya se ha terminado la visita? ¿No dirá nada más?
Mi padre me aprieta la mano.
– Tengo que volver al trabajo, Calabaza. Jean se quedará contigo.
Nada nuevo. Entonces este es el tiempo que se quedarán conmigo.
Vuelvo a estar sola con Polen, alguien que no puede abandonarme, como Jean, está obligada.
Las horas pasan y pasan. Los médicos me hacen varias revisiones. Me dan de comer poco y triturado. Al menos no engordaré.
Polen habla constantemente sobre lo horrible que es mi madre y que debería dejar de escucharla. Que es una mala persona.
Me agobio. Me canso. Me da dolor de cabeza.
Jean entra en la habitación y se sienta en la silla de las visitas a dormir.
Es ridículo, absolutamente ridículo.
Ahí debería estar mi padre o mi madre, no un mayordomo. ¿Es que él no tiene vida propia? Todo el tiempo en el hotel, pendiente de mi familia.
¿Él no tiene hijas con las que hacer esto en lugar de conmigo? Tiene cuarenta años, debería tener familia.
– Descansa. Yo me quedaré aquí. Si pasa algo me despertaré. Tengo el sueño ligero.
Me dan ganas de llorar. No quiero que sea él quién esté aquí, y Jean seguramente tampoco quiera.
Afortunadamente, está oscuro y no lo ve.
Polen se acurruca en mi almohada y me acaricia la mejilla. Ella se ha dado cuenta.
N/A: Hola otra vez. Para no hacer spoiler lo digo aquí: no tengo ni idea de medicina y no sé si lo que he puesto que le pasa a Chloe podría ocurrir de verdad.
Respuestas:
Hola, Manu.
Gracias. No sé si haré eso. No se me da muy bien lo romántico. Podría intentarlo como práctica, pero no estoy segura.
Hasta la próxima.
