N/A: Gracias a todas las personas que habéis esperado. Me disculpo por la tardanza y por lo triste que es la parte de Chloe casi todo el tiempo. Os juro que mejorará, más o menos a partir de este capítulo.

Advertencia: No tengo ni idea de moda o marcas caras, sólo digo los nombres que se me vienen a la cabeza. NO tengo intención de criticar a Louis Vuitton ni a las marcas que salen en este capítulo.

Advertencia 2: Bulimia. No es explícito, pero por si acaso.

Os aseguro que Chloe será feliz. Lo prometo. Yo no soy de hacer spoilers, pero creo que este debo hacerlo.


¡Qué hermoso dibujo de mí! Pero algo es distinto. La expresión de Queen Bee está mucho más seria.

– ¿Crees que Nathanael se está volviendo dramático? – le pregunto a Polen.

Ella se encoge de no-hombros, porque no tiene.

– Creo que ese chico siempre ha sido serio, mi reina.

Puede. O puede que sea por Darkblade, que fue literalmente ayer. Nathanael dibuja muy rápido y bien. Es sobresaliente.

Al salir de su cuenta no puedo evitar ver los TT: Agreste, Ryuko, Queen Bee, y por una vez, Bunnyx. Los bloqueo todos. No estoy de humor. Son insultos de nuevo.

Imagina mi sorpresa encontrándome a Adrien después de que Ryuko me dijera que había un civil en su lugar. Y todos esos transeúntes haciendo fotos y vídeos. Horrible, absolutamente horrible. Para ver ese horror, hubiera preferido que no me hubiera rescatado y morir a manos de Darkblade.

De todas maneras, después de que mi padre ganara las elecciones municipales por tercera vez seguida, me di cuenta de que yo también podía conseguir algo así. Y así mi madre verá lo especial que soy.

Mi clase va a tener elecciones de delegado.

Me convertiré en delegada y mi madre estará orgullosa de mi gran capacidad. Sólo tendré que hacer lo mismo que mi padre: prometer algo que mis votantes estén deseando tener. No importara cuanto me odien, ninguno podrá resistirse a... lo que sea que se me ocurra.

Por ahora lo que tengo que hacer es estar guapa y no insultar a nadie, como he hecho desde Vanisher. Y si lo paso mal, guardármelo y no tomarla con nadie.

Y eso hago en clase. Saludar a Alix y sonreír a todo aquel que me mira, aunque sienta náuseas.

Pero, a pesar de que controlo mis impulsos, la gente sigue reuniéndose en la entrada de la escuela para pegarme, aunque ahora no tengo la culpa.

He ordenado al guardaespaldas número dos que haga fotos de todos esos acosadores para demandarlos.

Intento, de todas las maneras posibles no insultar a nadie. Pero Kagami llega. Y está horrenda. Se ha maquillado.

Pintalabios rojo sangre, sombra de ojos negra, maquillaje más claro que su tono de piel y parcheado, y ni siquiera se ha puesto colorete. Parece una vampiresa y Halloween pasó hace varios meses.

No soy la única que se ha dado cuenta de la horterada que se ha puesto, evidentemente. Toda la clase se calla al verla.

El silencio lo rompe una fuerte carcajada de Kim, seguido de Cotilla Chillona e Ivan. Marioneta pone una gran sonrisa de satisfacción. Aún así, Kagami parece imperturbable y entra en clase como si no pasara nada.

– Kagami, si querías maquillarte deberías habérmelo pedido a mí.

Ahora, le ha dado material a Marioneta para sentirse superior a ella.

– No es necesario. Sólo estaba probando.

¿Y venir a clase con maquillaje experimental?

– No es necesario que hagas eso. Esta tarde vienes a mi hotel después de mi clase de gimnasia y te haré el adecuado. Hasta te enseñaré. Así podrás copiarlo cuando quieras.

Sí. Ser amable. Puedo hacerlo y me sale bien. Porque yo lo hago todo bien, aunque mi madre no se dé cuenta.

Pero Kagami niega con la cabeza.

– No. – responde.

Kagami escueta ha vuelto.

Ahora que estamos todos y aún no ha llegado la profesora, Marioneta se levanta con una caja.

Cuando propuse tener elecciones, antes de las municipales y durante la campaña de mi padre, la oí hablar con Cotilla Chillona sobre cómo después de saber que yo quería ser delegada, haría todo posible para evitarlo.

La caja es de la panadería de su familia. Supongo "que todo lo posible" quiere decir soborno.

Va pasando por toda la clase, dando macarons de colores a la gente con una gran sonrisa. Parece una perra loca.

Puede que las sonrisas de Kagami sean incómodas y den miedo, pero las de Marioneta la hacen parecer la clase de chica que guardaría un mechón de pelo y fotos sacadas a escondidas del chico que le guste. Parece una psicópata. Aunque tampoco es que esté muy lejos de eso.

Cuando llega a mi mesa sólo queda un macaron. Es rosa. Nunca me gustó el rosa. Además, es su color.

– ¿Un macaron, Chloe? – pregunta con falsa inocencia.

Todos en clase están pendientes de nosotras. Si quiero que me elijan, no debería mostrar mis ganas de estamparle la cabeza contra esta mesa, ¿verdad?

Claro que no. Si lo hiciera, todos dirían que soy una envidiosa, amargada y hater de la pobrecita Marioneta, mayor víctima del universo, mientras ella hace lo que le da la gana conmigo. No se repetirá.

Lo cojo y le intento dar mi sonrisa más cínica posible.

Nadie se mueve, me siguen mirando. Quieren verme comerlo.

No quiero comer nada que ella haya hecho. Pero lo hago.

Me meto todo el macaron en la boca y mastico. Es un poco más grande de lo que esperaba, me cuesta comerlo. Ella pone una sonrisa falsa, sin que llegue a sus ojos.

Yo sigo masticando. Al menos ya no me prestan tanta atención.

– Pareces una ardilla. – comenta Alix.

¿Hay algo sobre lo que no haga chistes? Se ofende si alguien se ríe de su altura, pero ella se pasa todo el tiempo metiéndose con los demás. Es hipócrita, aunque ella se queje de la hipocresía del resto.

Trago el nada sabroso dulce. Es asqueroso saber que eso está en mi estómago.

– Y tú pareces un chicle, aunque no hueles tan bien. – le respondo.

Ella pone su sonrisa característica torcida.

– Gran campaña: insultar a tus votantes.

Me guiña el ojo con burla y se gira.

Maldita sea. Tiene razón. Debo ser amable.

A segunda hora, cuando tenemos clase con Bustier, es la votación.

Intento caer bien, les prometo que usaré mi influencia (en mi padre) para conseguir lo que quieran como clase. Marioneta, en cambio, habla sobre rollos cursis sentimentaloides de unión y amor y demás tonterías varias. Parece una hippie.

Cada vez tengo más motivos para odiarla. Lo bueno es que Alix, como afirmó una vez, odia a los hippies, y eso se ve en su cara.

Creo que está claro: yo he dado propuestas reales para la clase y ella ha hablado de amistad y amor. Yo debería ganar.

Aunque esta gente no siguen la lógica.

No gano yo. Lo hace ella. Yo sólo tengo cuatro votos, y uno de ellos es mío.

Ver su nombre con tantos votos me da dolor de estómago. Siento como si fuera a vomitar. Es un dolor que me aprieta el pecho. El calor sube a mi cara. Humillación. Lo que siento es humillación.

No he ganado. Mi madre no podrá sentirse orgullosa, sino avergonzada.

Soy una inútil.

Después tenemos clase de educación física. Me la salto. Nunca me ha gustado especialmente y además, esta tarde tengo clase de gimnasia, no es como si fuera a dejar de hacer deporte.

Me quedo escondida en el vestuario mientras las demás van al gimnasio. Hoy van a hacer escalada.

He perdido. Me odian tanto que ni siquiera cuando les beneficia me tratan bien.

Y esa humillación por parte suya, obligándome a comer uno de sus macarons, sabiendo lo mucho que lo odio.

No quiero digerirlo. No lo haré.

Me quito la chaqueta y la guardo en la taquilla. Abro el bolso: Polen está dormida.

Bien, sé que no le gustaría saber de esto.

Me quito las gafas y el prodigio, y me recojo el pelo en una cola.

Hace mucho que no hago esto. Lo tengo superado, no quiero perder mi hermosa voz. Además, es mucho más fácil mantenerme delgada haciendo deporte porque así no me siento tan cansada.

Pero no es por mí, es por ella.

No quiero tener nada que ver con ella. Sólo es la estúpida Marioneta. Una loca y asquerosa victimista. No puede influir en . Ya no.

Me agacho frente al váter y toso fuerte. A veces lo conseguía sólo con eso.

Esta vez no es una de ellas. Respiro hondo. No quiero hacerlo, aunque siento náuseas.

Hace mucho que no me provoco el vómito. Antes era habitual, hasta que mi padre me pilló una vez y eso desencadenó en visitas al psicólogo.

Ahora sé que está mal. Que me hace daño. Y ya no lo necesito, estoy delgada, perfecta.

Todo esto no es porque yo me vea gorda, en este momento no lo estoy. Mi preocupación es mantener la figura y demostrarle a mi madre que no lo estoy.

Vomitar no es agradable. En realidad, es una de las cosas más desagradables que he hecho. Y lo hacía a menudo.

Salgo del cubículo. Tengo que llevarme las manos y enjuagarme bien la boca. Después me tomaré un caramelo de miel.

Me limpio en el lavabo, aunque eso no hace que deje de sentirme sucia, y me miro en el espejo.

Y ahí está Alix.

Eso me asusta y me hace dar un salto, pero no lo admitiría si me preguntaran.

Me giro hacia ella, que me mira con los ojos muy abiertos y las cejas alzadas.

– ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

Me da miedo saberlo.

– El suficiente. El profesor me ha mandado a buscarte. Se ha dado cuenta de que no estabas. – dice en un tono bastante más serio y menos alegre de lo normal.

¿Y qué pasa ahora? ¿Se lo dirá a todos? ¿Se intentará meter? La última vez que alguien se metió, me arruinó la vida escolar para siempre.

Aunque eso fue culpa suya, de su egocentrismo y narcisismo.

– Dile que estoy enferma.

– No. No voy a hacer eso.

Su mirada es seria. La única persona que siempre me desafía tan directamente.

Sus ojos van a mis brazos sin disimulo. También las ha visto.

Cojo mi chaqueta de la taquilla y me suelto el pelo. Ya me puse la ropa deportiva antes.

– ¿Vas a decir algo? – le pregunto con miedo. No dejo que se me note.

Ella se encoge de hombros, la seriedad esfumada.

– Se me da bien guardar secretos. – responde. – Pero deberías ir al psicólogo.

Por supuesto que tiene que dar una opinión. Todos siempre tienen que dar una opinión. No estarían tranquilos si no se meten donde no les llaman.

Nos quedamos en silencio durante un momento mientras vamos al gimnasio. Tengo entendido que las clases de esgrima de Kagami son siempre fuera, incluso cuando llueve.

– Hey, Chloe.

No quiero hablar del tema.

– ¿Sí?

– Vamos esta tarde al arcade. – dice Alix de pronto.

¿No va a hablar de mi problema?

Quiere salir por ahí. Yo no quiero.

– ¿El arcade? ¿Vives en los ochenta?

Ella arruga la nariz.

– Pues al karaoke.

No pienso cantar en público. No se me da bien. Aunque por supuesto no voy a decirle eso.

– Los noventa. – respondo en su lugar.

Alix frunce el ceño ligeramente.

– Al cine.

– Los dos mil.

Nunca querría estar encerrada en una sala sucia con gente cualquiera.

– Vale. Yo me quedo en mi casa haciendo nada y tú igual. Y todos contentos. – contesta Alix con brusquedad esta vez.

Puede que no sea la mejor idea molestar a la chica que ha descubierto mi debilidad. Ella ha dicho que no contará nada, pero aún así no me fío. Tengo que pensar otra actividad.

– Un Scape Room. – sugiero. Ni siquiera sé por qué. – Tengo entendido que está de moda para hacer con grupos de amigos.

Alix me mira con sorpresa como si no se lo esperara. No dura mucho.

– Y yo sé cómo conseguir un grupo. – dice que con una sonrisa de sus típicas torcidas.

– Sí, pero no hoy. Tengo gimnasia rítmica.

Ella asiente.

– Vale. Mañana entonces.

Llegamos al gimnasio, dónde el profesor me ve y Alix llama a sus amigos, Kim y Max, y a Kagami.

Mi amiga parece muy molesta por la cercanía de Kim, que antes de rió de ella.

– Chloe y yo hemos decidido que mañana vamos a una Scape Room. Chloe invita.

¿Cuándo he dicho eso?

Kim me mira mal, no es que me importe. Max se encoge de hombros. Y Kagami ladea la cabeza.

– ¿Qué es una Scape Room? – pregunta.

– ¿En Japón no lo teníais? – cuestiona Max.

Kagami se cruza de brazos. Creo que está a la defensiva. Nunca habla de Japón.

– No lo sé. No estoy muy puesta en lugares de ocio.

Su respuesta es seria, como ella. Eso espanta a Max un poco.

– Es un juego en el que te encierran en una habitación y tienes que resolver acertijos para salir. – explica Kim, como si no se hubiera reído de ella esta mañana.

Alix lo mira sorprendida.

– Aún nos falta alguien más. Las Scape Room suelen ser para grupos de seis.

Una persona más a la que voy a tener que invitar por la cara.

Sinceramente, no quiero que sea Adrien. ¿Pero quién si no? Alix se junta con Kim, Max y Kagami. Y ésta conmigo, Alix y Adrien. Los chicos se juntan entre sí, a no ser que quiera invitar a la novia de Kim, cosa que dudo mucho.

Alix mira por todo el gimnasio, dónde la gente sube la pared por turnos.

– ¡Nath!

¿Nathanael? ¿Por qué él? ¿Por qué lo llama Nath?

El chico está a la vista, pero en un lugar estratégico para que el profesor se olvide de que está aquí.

¡Y viene! Nathanael viene. Nunca lo he visto hablar con un grupo de gente. Ni siquiera lo he visto hablar con Alix.

– ¿Qué? – contesta con una confianza y exasperación raras en él.

¿A qué viene esa forma de hablar?

– Hemos quedado para mañana. – Alix hace un gesto que nos abarca a todos. – ¿Te vienes?

Nathanael cruce el ceño. No nos mira. Sólo a ella. ¿Qué está pasando?

– ¿Qué vais a hacer? – pregunta con cautela.

Alix se ríe. ¿De qué se ríe?

– Todavía con eso. – ¿El qué? – Fue una broma. – ¿Qué broma? – Vamos a una Scape Room. A ti te gustan los acertijos.

¿A Nathanael le gustan los acertijos?

– En realidad no me gustan tanto, pero... Sí. Voy.

– Bien. Invita Chloe. Fue su idea.

Nathanael me mira y asiente.

Al final algo bueno ha salido de que Alix me pillase.


La clase ha sido horrible. En realidad, no ha sido una clase en sí. Eso es lo que lo hace tan horrible.

La señora Alarie me ha dicho que estoy demasiado brusca, que he estado perdiendo la elegancia y ligereza características de la gimnasia rítmica.

Así que he estado media clase practicando movimientos de ballet. Y yo quería coger la cinta.

Y después me ha obligado a practicar con mis compañeras. Ridículo, absolutamente ridículo.

El único equipo que tengo es Triple Súper. Para el resto de cosas, prefiero sola.

Estoy a punto de llegar a casa. No he visto a mi madre en todo el día. No sé cuál será su reacción a mi fracaso.

¿Debería ir a su suite? No. Seguro que ahora no quiere verme. He vuelto a ridiculizar a los Bourgeois.

Debo hacerlo, aunque antes de ir a verla tengo que estar mucho más presentable. Por supuesto, ducharme, maquillarme y ponerme algo dorado.

Lo hago todo rápido. Me he puesto un vestido de terciopelo de Channel. La cola arrastra por los pasillos, silenciando los tacones de Versace. Estoy preciosa, como siempre.

– ¿Cómo crees que debería empezar la conversación? – le pregunto a Polen.

Abro el bolso de Channel dónde ella está escondida y saco un caramelo de miel.

– Podrías preguntarle qué podéis hacer con el cadáver en el congelador del restaurante del hotel. Porque no es muy higiénico guardar uno junto a la comida.

– ¿Qué cadáver?

Es una pregunta genuina. No tengo ni idea de qué está diciendo.

– El de la exposición de química.

Ah, es cierto. Se me había olvidado completamente que compré un muerto para eso. Es culpa de Juleka. De todas maneras, fue lo menos importante de ese día.

Supongo que se lo daré a su familia. Ya no me sirve.

Llamo a la puerta.

– ¿Qué? – La palabra suena con molestia. Ahora tengo miedo de hablar. – ¿Quién está ahí?

– Soy yo, mamá.

Hay un largo silencio en respuesta a eso.

– Pasa. Tengo algo que preguntarte.

Es sobre mi derrota en la elección de delegada. He vuelto a dejar en ridículo a la familia. Tengo que pasar el momento y prometer que no volverá a ocurrir.

Abro la puerta y entro en la suite. Está decorada a su gusto: dorado y ostentación. El suelo es de piedra pulida y las paredes parecen casi espejos.

No la veo desde el principio, sino que la encuentro en la segunda habitación, sentada en una mesa de despacho y observando algo en una tablet.

No me mira.

– Dime, Odele, ¿quién es esta?

Otra vez se ha olvidado mi nombre.

Levanta la cabeza y gira la tablet, enseñándome una foto de Marioneta. Está un poco borrosa.

¿Por qué tiene una foto suya? ¿Por qué quiere que le diga quién es? Tiene que ser porque ella me ha ganado. Seguro que quiere saber quién es capaz de ganar a la hija del alcalde. No puedo dejar que averigüe que es la hija de un panadero.

– ¿Por qué quieres saberlo?

Mi madre pone los ojos en blanco.

– Nunca te enteras de nada, ¿verdad?

Entonces, no tiene relación con la elección de delegada de hoy.

– ¿Acaso sabías que Gabriel Agreste ha hecho un concurso de moda? – No. He estado ocupada con mis haters, los akumas y las patrullas. – Claro que no. ¿Cómo ibas tú a saber algo? Gabriel me ha pasado todos los diseños presentados y esta chica es... – Horrible. Por favor, que di horrible. – completamente excepcional. Pero se le ha olvidado poner su nombre. Tiene tu edad. ¿Tú sabes quién es?

Sé quién es. Y la odio más que a nadie en el mundo. ¿Por qué ella se lleva los halagos de mi madre y no yo? He hecho muchos esfuerzos para cumplir con sus expectativas. Y ella sólo ha hecho un dibujo.

¿Ahora tengo que aprender a dibujar? No. Yo soy mejor que ella. Mejor en todo.

– Yo también soy excepcional.

Mi madre me mira de arriba a abajo y se ríe.

– ¿Tú? Tú eres una inútil. Lo único excepcional en ti soy yo.

Eso duele. Siento como si me clavaran un puñal en el pecho. Justo en el corazón. Es una traición. Una traición por Marioneta después de lo que yo he hecho por ella.

– ¿No soy excepcional? ¿Qué tal hacer gimnasia rítmica desde los cuatro años? ¿Qué tal ser la chica más guapa de París? Tengo el cuerpo más perfecto que existe y saco notables. – Y ser Queen Bee. – ¿Eso no es excepcional?

Ella frunce el ceño con molestia.

– No. Eso lo puede hacer cualquiera. Tú no tienes nada de especial. Márchate. Ya no necesito nada más de ti.

Mi madre vuelve a mirar la tablet y me ignora de nuevo.

No sé qué hacer. Siento el pecho y la cara calientes. Tengo que salir de aquí.

Doy la vuelta para salir de la suite. Todo es dorado y brillante, más lujosa que la mía. Este es su lugar, dónde yo sólo soy una princesa y ella es la reina.

Una reina traidora.

Corro a mi suite, sin importarme el posible tropiezo.

– ¡Mi madre es una traidora! – le digo a Polen. – La ha elegido a ella.

Ella sale del bolso rápidamente.

– Mi reina, cálmate, por favor. Te harás daño en la garganta.

No me importa. El calor es tan fuerte, ardiente. Me va a las manos y yo las aprieto.

– Se ha puesto de su parte. Todos los que estaban de su parte me han hecho daño. Todos los traidores. Sabrina, Adrien y ella.

Polen flota a cierta distancia, preocupada.

– Mi reina, tu madre te ha hecho cosas peores que gustarle un dibujo de esa chica. ¿Tanto la odias?

¿Tan difícil es de creer? ¿Tan imposible parece, que incluso alguien capaz de leerme los pensamientos a ratos duda de ello?

– ¿Quieres saber lo que me pasó? ¿Quieres saber por qué la odio tanto? – Polen parece recelosa. ¿Tanto insistir en mis rencores y ahora no quiere? – Te lo contaré.

Me tumbo en mi cama, miro al techo e intento relajarme.

– Todo comenzó, realmente comenzó, cuando yo tenía cinco años. Mi madre decidió irse, abandonarnos a mí y al pánfilo de mi padre.

Polen vuela hasta estar cerca mía.

» Lo recuerdo perfectamente, ¿sabes? Yo pidiéndole a mi madre irme con ella, sin saber qué ocurría en realidad. Jean tirando de mí para separarnos... Y no volví a verla en persona. Ni siquiera llamó. Ni una vez en diez años. Hasta ahora, que ha vuelto en búsqueda de la estúpida Marioneta.

El calor no desaparece, sino que se hace más fuerte con el descubrimiento. Mi madre no ha vuelto para verme a mí, sino a mi enemiga.

» ¿Sabes por qué la odio tanto? Porque lo tiene todo. A mi costa. Cuando descubrí que mi madre odia a las gordas, hice todo lo posible para no ser una. Tuve problemas, lo reconozco. Ella me pilló. Como Alix hoy. Y ella, como siempre, intentó meterse. Creyó que lo solucionaría, obligándome a comer los dulces de su pastelería, vendándome los brazos y prometiendo que estaría ahí para mí.

Pero no lo estuvo.

» Un día me puse peor. Me sentí horrible. Y recordé su promesa, así que le pedí ayuda. ¿Y sabes que hizo? Ignorarme. Tenía algo mejor que hacer. Alguien más interesante con quien estar.

Suspiro otra vez y me quito los zapatos, que son muy incómodos. Polen no deja de prestar atención.

» Después descubrí que ese algo era intervenir en la relación del chico que le gustaba en aquel momento. Yo, que la había dejado adentrarse en mi secreto más profundo y mi mayor debilidad, había sido dejada de lado. Ni siquiera Sabrina, mi segunda mejor amiga después de Adrien, lo sabía. Y ella me ignoró.

» Por supuesto, ahí no quedó la cosa. Me enfadé, y se lo eché en cara. Le dije que no quería que ella siguiera "ayudándome". Ella no se lo tomó bien. Me dijo que era culpa mía, por no hacerle caso.

Siempre es culpa mía. Todo es culpa mía. Si estoy gorda, si estoy delgada, si hay akumas.

» Y tras eso, todo fue a peor. Ya no le permitía seguir controlándome. Y eso es algo que ella no soporta. – Porque es una mala persona. – Así que empezó a victimizarse frente a todos. A decir que yo le había hecho bullying. Como nunca he sido especialmente simpática, todos la creyeron. No le dijo a nadie mis debilidades, porque no quería que me compadecieran. – Y yo tampoco lo quiero, en realidad. – Algunos me excluyeron de todo. Ella acostumbró a hacer planes invitando a la clase entera excepto a mí. Otros me hostigaron. Me perseguían y me insultaban. La gente me odiaba. Y cuanto más me odiaban a mí, más la querían a ella. Ya estoy acostumbrada. Por eso sé qué hacer con mis haters adultos. Se comportan igual.

Sonrío, aunque no es de felicidad.

» Al principio no entendía por qué me trataban así. Después intenté defenderme, pero ya era tarde. Yo ya había sido encasillada como la mala. Así que hice lo único que podía hacer: ser la mala. Cada vez que alguien me atacaba, de la manera que fuera, yo lo hacía peor. El doble, el triple. Mi respuesta a sus ataques siempre hacía que se arrepintieran de haber empezado siquiera. De esa manera no me podían hacer daño.

Lo que siento es furia, odio y rencor. Contra Marioneta, contra todos los que la apoyaron.

» Y así sigue hasta hoy en día: ella está rodeada de gente, es el centro de todo y siempre una pobre e inocente víctima, mientras yo soy esa mala persona.

Polen está callada. ¿Qué esperaba? ¿Realmente creía que yo era injusta con los demás? No. Yo los trato tal y como se merecen.

– ¿Y qué pasa con Nathanael? – es lo que dice.

¿Eh? No entiendo qué tiene que ver.

– ¿Qué de Nathanael?

– A él no lo odias.

Es cierto. Tengo que pensar el por qué un momento.

– Eso es porque él llegó después. Antes que Alix, pero después de eso.

No hace falta que diga nada más. Él cree que soy malvada porque me ha visto tratar a los otros como se merecen.

– Y con Alix pasó algo parecido. La diferencia es que ella ha intentando acercarse a mí. Pero yo no me fío. Es amiga suya.

Polen se queda callada de nuevo. Sin palabras aún.

– ¿Y Kim? Tú le gustabas.

– Fue uno de los que me ignoró. Y después me pide salir. Patético.

Al menos sirvió para ahuyentar a babosos y los chicos que no encajen en las expectativas de mi madre.

La traidora.

No sé qué hacer con respecto a eso. Sólo que me quiero desahogar.

Desgraciadamente hubo un akuma ayer Buscaré otro tipo de criminales.

– Mi reina, aunque te trataran mal, perderte en el odio sólo te hará daño a ti misma.

El odio es un sentimiento como cualquier otro. ¿No puedo odiar a los que me han tratado mal? Sí que puedo. Tengo el derecho.

Decido ignorar eso.

– Polen, transfórmame.

Siento el dolor característico de transformarme con sentimientos negativos.

No importa. Buscaré a ladrones, asesinos y violadores. Y los llevaré ante la justicia. Marioneta no irá a la cárcel, pero otra gente realmente mala sí.

Y haré la patrulla en lugar de Ryuko. Ella tendrá un día más de descanso.

Salgo del hotel con cuidado. No quiero que la estúpida Cotilla Chillona me haga una foto y la cuelgue en su estúpido blog.

Antes que nada, busco a Ryuko. Paso por las calles más grandes, en las que posiblemente esté. La gente me señala y fotografía.

Es extraño. En Internet hay muchísimo odio hacia Queen Bee, pero en la calle me quieren. ¿Es realmente cosa de las redes sociales? Como dice Bunnyx, que están financiadas por Lepidóptero. ¿Así de fácil es que los medios de comunicación escojan el bando equivocado? En realidad, no debería sorprenderme. Mi padre ha aceptado sobornos anteriormente, y es el alcalde.

Encuentro a Ryuko cerca del Louvre. Ella me ve a lo lejos y se queda quieta esperándome.

Habla cuando estoy lo suficientemente cerca como para oírla.

– ¿Qué haces aquí? Hoy me toca a mí.

No parece molesta, simplemente curiosa.

– Me siento mal y quiero pillar algunos malos.

Ryuko frunce el ceño confundida, como si no encontrara la relación entre una cosa y otra.

– Hubo un akuma ayer, no habrá otro hoy. – recuerda.

– Lo sé. Voy a ir a por delincuentes normales.

Ella asiente en comprensión.

– Yo también lo he intentado. Sin embargo, para denunciar es necesario tener pruebas. O al menos, estar segura de que la policía podría conseguirlas. Nuestra imagen está en una mala situación y tenemos que tener cuidado, aunque no sea justo.

Pruebas. No había pensado en ello. Creía que sólo tenía que atrapar a un criminal y llevarlo a la comisaría.

Voy a hablar cuando Ryuko señala algo a mi espalda. Me giro y veo que en mitad de la calle, a lo lejos, ha aparecido un enorme cubo. Es como un enorme edificio cuadrado, completamente negro y sin ventanas.

– ¿Un akuma? – pregunta mi compañera.

No puede ser. Hubo uno ayer. Uno fuerte, que nos dejó cansadas.

Nos miramos perplejas y corremos por los tejados hasta él. Cuando estamos cerca, un fuerte retumbo suena desde su interior.

Definitivamente es un akuma.

Un portal blanco aparece delante nuestra y Bunnyx sale de él.

– No hay entradas, tenemos que venir por aquí.

¿Cuándo ha mirado el cubo entero? Ah, sí, su poder el es tiempo.

Cruzo el portal y obtengo justo lo que quiero: alguien para desahogarme.


N/A: Si alguien piensa que el comportamiento de Marinette no encaja: he intentado hacer una situación como el final de la tres, sin poderes de por medio. Y creo que desde el punto de vista de Chloe, es una analogía cierta.

Si no entendéis lo que cuenta sobre esto, decídmelo.

El akuma del final es inventado, ya que no podrían ser sólo sus compañeros de clase.

Respuestas:

Hola, Manu.

Lo de Adrien suena horrible. No sé cómo se les ocurren esas cosas.

Gracias por decirme cuáles son los prodigios de Nathanael y Marc.

¿Qué me quieres recomendar?

Hasta la próxima.

Hola, Arepa.

A mí tampoco me cae bien Marinette y no tengo intención de cambiarla.

Sufrimiento, bastante más, lo siento. Van a tener sus momentos felices, pero eso no quita que están luchando una guerra contra Lepidóptero. Sé que no es la típica guerra pero ya se verá más.

Gracias. Con respecto al próximo akuma, ahora mismo no sé qué va a pasar porque las ideas las tengo en el ordenador y se ha roto. Pero estaré a tiempo.

Hasta la próxima.