N/A: Otra vez he vuelto a tardar, pero esta vez traigo buenas noticias. ¡Tengo una beta! Ha sido muy amable conmigo, sabe muchas cosas y se llama Katherine, su perfil es kvillalvag en Wattpad.

Postdata: Se me ha olvidado decir que no he estado en París nunca y que los lugares que aparecen aquí y no salen en la serie son inventados.


– ¡Apártate, gilipollas! – grita Alix.

– ¡No puedo, imbécil! – responde Kim.

Intento concentrarme en en la disolución que remuevo en el vaso de precipitados, ya que no hemos tenido oportunidad de conseguir otro recipiente, pero sus desapacibles e incesantes gritos me distraen.

Me alegro de no ser yo la que tiene que escuchar a Chloe sobre cuáles son los solutos.

– Callaos de una vez. – ordena Max, que es el que tiene que hacerlo. – No puedo oír a Chloe. Repite. ¿Cuál es el siguiente?

La chica salta en la cama elástica de nuevo y vuelve a leer la palabra de esa lista escrita del revés con una fuente retorcida. El único espejo en la habitación está en un lugar demasiado alto.

– Azul. – dice.

Max vierte el líquido azul en el solvente. Era un líquido transparente en una botella, que casi con seguridad no contenía agua.

– ¡Nath! Dime que has encontrado la llave.

Nathanael me da un poco de pena en este momento. El pobre chico no cesa su búsqueda mientras Alix lo molesta.

– No me puedo creer que estén encerrados en un armario y lo que hagan sea discutir. – masculla Max.

Ese es nuestro problema como grupo dentro de una Scape Room: dos de los nuestros se han quedado encerrados en un armario empotrado de recipientes para química.

Aunque no entiendo exactamente a qué se refiere Max. Kim tiene novia.

Y el armario es transparente.

– ¿Qué estás insinuando? – le pregunto.

Max deja de verter el soluto un momento y me mira.

– Que si no lo ves, eres ciega.

– Mi madre es ciega. – le digo. Yo no lo soy. Se lo debe estar imaginando.

Max deja de mirarme rápidamente y vuelve a la disolución. Yo no he dejado de remover en ningún momento.

– Lo siento.

– No sé por qué te disculpas. No es culpa tuya que mi madre sea ciega.

En realidad no sé de quién es. Sé que no nació así. Y nada más.

– Sólo lo he dicho porque es lo que la gente espera cuando cuentan algo trágico de sus vidas.

Eso no tiene sentido. Como si alguien que se acabe de enterar tuviera alguna culpa.

La gente es rara. Es algo de lo que me he dado cuenta por mi aplicación para hacer amigos. Si no fuera por eso, no sabría qué decir.

La situación de esta noche sólo empeora por momentos: estaré en un plató, con una periodista que me entrevistará y tendré que intentar adivinar qué quiere oír la gente para mejorar nuestra imagen.

– Púrpura.

Esta reunión amistosa estaba siendo un éxito: cooperación, acercamiento y diversión por parte de casi todo el grupo, excepto Chloe con Kim, que era esperable y comprensible.

Nada más entrar, la primera prueba fue sobre mitologías del mundo. Se trataba de asignar los adornos adecuados a las diferentes criaturas representadas en pequeñas estatuillas.

Esta parte la tuvo que hacer Alix, ya que los demás no conocíamos a casi ninguno de los seres, pero su padre tiene su hogar lleno de esas figuritas.

Resolver el puzzle abría un panel que contenía un cable, que usamos con una televisión antigua en una esquina del cuarto. Ésta no tenía señal, sino la carta de ajustes parpadeando en una secuencia de colores concreta.

Al principio, pensamos que eran para la disolución, ya que todos habíamos visto la mesa de química. Sin embargo, Nathanael encontró una caja con una cerradura por colores. Ahí fue cuando vimos que la sucesión tenía un motivo.

En el interior de la cajita había un papel con números y un mando de televisión.

Al marcar los números con el mando, en la pantalla de la televisión apareció la palabra "disolución" seguida de una flecha que indicaba a la derecha.

Buscando en esa dirección, Chloe encontró una lista escrita del revés en una caligrafía complicada que no era fácil de descifrar sin un espejo, mientras Alix se dirigía al armario empotrado para buscar un recipiente para la disolución.

Ella escogió el que le pareció mejor y lo puso en el hueco de la mesa. Max le dijo que ese no era el más adecuado, por lo que ella y Kim volvieron a entrar y él cogió otro del estante de arriba. En ese momento se cerraron las puertas del armario.

Eso nos ha llevado hasta ahora.

– Último. – avisa Chloe. – Verde.

Max añade el último y la disolución de queda en un color gris oscuro.

– ¿Y ahora?

– En en televisor no decía nada más.

Chloe se pone las manos en las caderas y yo me cruzo de brazos. Max se sube las gafas que se le habían resbalado.

– ¿Para qué sirven las disoluciones?

– Bueno, – comienza Max. – para muchas cosas en realidad. Y siendo esta una mezcla desconocida, podemos decir que estamos a ciegas.

– He encontrado algo. – avisa Nathanael desde el otro lado de la habitación.

Los tres vamos hasta él.

Señala una masa viscosa endurecida en el suelo.

– ¿Qué es eso? – me pregunto.

– Suciedad. – responde Chloe. Luego se dirige a Nathanael. – ¿Por qué nos enseñas suciedad? ¿Es que no estás acostumbrado a verla en tu casa?

Eso no es nada amable.

Max lo mira fijamente durante unos segundos.

– ¡Ya sé lo que es! – exclama y corre de vuelta a la mesa de química.

¿Qué es qué? ¿La disolución o el pegotón? Tienen que estar relacionados. Si la solución al segundo es el primero...

– Es un disolvente. – deduzco el voz alta.

Chloe me mira considerándolo.

– Tiene sentido. – dice. Yo vuelvo a mirar el pegote. ¿Es pegamento u otra cosa? No es blanco. – ¿Sabes lo que es un disolvente?

¿Qué pregunta es esa? Pues claro que lo sé, yo lo he sugerido. Miro hacia ella y veo que no se dirige a mí.

– Lo uso en arte. – contesta Nathanael. – Para hacer la pintura más líquida.

La rubia se queda callada a eso. Su nueva amabilidad no se ha extendido a este chico.

Max vuelve caminando con cuidado de no tirar el disolvente. Lo pone en el suelo, coge el pegote y lo mete dentro del vaso de precipitados.

– Tendremos que esperar. – anuncia.

Los cuatro nos quedamos de pie mirando a la masa ablandarse.

– ¡Eh, ya que estáis, podríais intentar sacarnos de aquí! Digo yo, si no tenéis nada más que hacer. – grita Alix.

No creo que esto tenga relación con liberarlos.

– ¿Has encontrado alguna llave? – pregunto a Nathanael.

Él niega con la cabeza.

– He buscado por todos lados y sólo he encontrado esto.

Pero el armario tiene cerradura. Debe existir una llave.

A un lado, veo una tabla de madera. Es fina, pero de apariencia fuerte, y mide aproximadamente un metro.

No tiene por qué ser una llave, también podría ser una palanca.

Cojo la tabla y me dirijo hacia el armario.

– Espera. Es una llave.

– Lo lógico es que sea para la puerta por la que entramos.

No obstante, cuando lo comprobamos, resulta no serlo. En cambio, abre el armario. Y una vez los dos salen, vemos otra llave, sólo que ésta en uno de los recipientes más inferiores.

Y salimos.

Después venimos a un lugar de comida basura. Chloe estaba reacia a venir aquí, aunque conseguimos convencerla entre todos. Eso sí, ha pedido ensalada, como yo. Alix y Kim han encargado las hamburguesas más grandes del menú, Nathanael nuggets y Max un sándwich.

– Yo creo que ha sido divertido. – afirmo, esperando que todos estén de acuerdo conmigo.

Aunque Chloe no parece estarlo.

– ¿Cómo es que no visteis la llave? – comenta, dirigiéndose a los come hamburguesas. – Estaba justo ahí. En un bote transparente.

La chica separa la comida de su cara, que tiene manchada de mostaza, y habla masticando. Bastante asqueroso.

– Perdón. Estaba demasiado distraída intentado que la mole de Kim no me aplastase en ese armario. – Traga y le habla a él. – Te mereces un castigo, jovencito. Por tu culpa no he podido disfrutar de nada.

Max la mira con los ojos muy abiertos. No me esperaba de él que pensara así de sus amigos.

– ¿Cómo que no? ¿Y el rollo ese de los dioses? ¿Y la televisión? – enumera Kim.

– ¡Yo quería saltar en la cama elástica?

Ese es un argumento infantil, y erróneo.

– No hubieras podido aunque estuvieras libre. Tu altura no es lo suficientemente adecuada para alcanzar a reflejarte en el espejo. – apunto.

– ¡Eh! ¡Se supone que estás de mi parte! – Eso me hace gracia, sólo he constatado un hecho. Pienso en sonreír, pero no lo hago. Parece que me haré amiga de los de Alix y no puedo estropearlo. – Y vas a recibir un castigo. No tengo claro el qué, pero lo habrá.

– No puedes castigarme. No eres mi novia.

¿Desde cuándo las novias hacen castigos? ¿Es lo normal de las relaciones aquí? Aun estoy muy alejada del funcionamiento social de Francia.

– Eso es lo que tú quisieras. Desgraciadamente para ti, no soy Ondine.

Los dos se quedan callados, mirándose con el ceño fruncido.

Max carraspea ruidosamente.

– Bien... Kagami, ¿por qué decidiste empezar a maquillarte?

Esa pregunta me toma completamente desprevenida. Espero que no se me note, estoy entrenada podrás controlar mi expresión. Tengo que inventarme una excusa creíble de por qué llevo este potingue que aborrezco en la cara.

Debo elegir entre imitar la frialdad de mi madre o agradar a estos chicos. Sin embargo, Ryuko es más importante que mi vida personal.

– Porque quiero.

Max levanta las cejas. No se lo esperaba, yo tampoco.

– Ahora entiendo que Alya te odie. – me dice Kim.

Todos se quedan en silencio. ¿Alya me odia? ¿Por qué? No le hecho nada. Nada además de contribuir en su akumatización. Aún así, no creo que sea suficiente motivo para odiarme.

– ¿Tú también me odias? – Si lo entiende, quiere decir que la acompaña en ello, ¿no?

– No.

Y sé que lo dice de verdad.


Llego a casa con excusa de haber estado en clase de esgrima, que hoy no tengo. Tampoco es que tenga que pensar mucho en un pretexto, mi madre no me presta especial atención en este país. Sólo necesito estar aquí en el horario correcto y no cometer errores para poder seguir saliendo de casa y nada más.

Tengo que ducharme. Hoy voy a estar en televisión, en prime time. Debo dar buena impresión. La gente tiene que saber lo que hacemos por ellos, conocernos.

– Kagami-san, sé que estás nerviosa, más recuerda no delatar a tu verdadera persona.

– Lo sé. Tengo que inventarme una persona para ser Ryuko.

La reunión del equipo tras la ducha es en el lugar de siempre, al atardecer.

Yo estoy intranquila, aunque sé disimularlo, mientras Bunnyx está especialmente nerviosa. Ambas confiamos en dejarle esto a Queen Bee.

– Bien. No digáis nada a no ser que os pregunten directamente, sed lo más simpáticas posible. Bunnyx, sonríe alguna vez, Ryuko, tú no. Y por lo que más queráis no digáis vuestra opinión sobre lo que los medios nos están haciendo. Eso sólo generará más odio. ¿Todo claro?

La entrevista será con la periodista que más ha insistido en ello: Nadja Chamack, una mujer que ha demostrado varias veces no estar de nuestra parte en este conflicto.

A las nueve en punto entramos en el plató de la cadena de Aurore, con la que acordamos entrevistarnos por ser algo menos hostil que las demás.

Los focos nos reciben con una potente y calurosa luz, no especialmente agradable en mayo. Música ominosa suena cuando entramos, en un vano intento de parecer amigables dándonos una gran presentación.

Siento mi pulso acelerarse incontrolablemente.

Nadja nos espera en un sillón, del que se ha levantado, frente a un moderno sofá y ante una gran pantalla.

Yo me siento en una esquina del sofá, Bunnyx en otra, y Queen Bee en el centro. Ella se encargará de todo esto.

Respiro hondo e intento parecer simpática sin sonreír. No es uno de mis talentos.

– Estoy encantada de teneros aquí. – saluda Nadja.

Una cámara se coloca junto a nosotras. Por el rabillo del ojo veo otras tres más, esparcidas en diferentes puntos de la habitación.

– Y nosotras de estarlo, Nadja. – contesta Queen Bee. Una gran mentira.

La mujer cruza las piernas y entrelaza los dedos en su regazo. ¿Qué decía mi aplicación que significaban esos gestos?

– Últimamente ha habido muchos akumas en un corto periodo de tiempo. Decidme, ¿no estáis cansadas?

– Un poco. – responde Bunnyx.

Queen Bee le da una mirada que no consigo ver y después se dirige a la periodista.

– Para nada, nunca podríamos cansarnos de ayudar a la gente de París. Es nuestro deber y voluntad, ya que somos las únicas con poder para enfrentarnos a los akumas.

La reportera sonríe y asiente, como si no lo creyera.

– Hablando de eso. ¿De dónde vienen vuestros poderes? Sabemos que Lepidóptero usa mariposas para crear akumas, pero ¿y vosotras?

Era esperable, aunque eso no signifique que tengamos una respuesta. Debemos tener mucho cuidado, pues ésta puede volverse controvertida.

Una vez más, quién contesta es Queen Bee.

– No estamos seguras, en realidad. Sólo sabemos que nuestros poderes sirven para hacer lo correcto.

Esa respuesta es demasiado ambigua. Sigo sientiéndome nerviosa.

– Lo correcto, claro. Como esa vez que Ryuko cargó con el supermodelo adolescente, Adrien Agreste, por media ciudad hasta un hospital. – menciona la periodista. – Creo recordar que, armaste al mismo chico para que luchase contra el ejército de armadura de Darkblade. ¿Correcto?

Nadja me mira a mí esta vez. Tengo que responder.

En situaciones como esta, lo preferible es imitar a mi madre, ya que es la mejor manera de ocultar el nerviosismo. Y llevo practicado mucho tiempo.

– Evaluando la situación, era la acción más adecuada, pues Queen Bee luchaba contra el akuma por su cuenta y si no hubiera llegado, estaría muerta. – explico. Es la verdad. – Pero lo hice porque sabía que Agreste cuenta con experiencia manejando la espada.

La mujer alza las cejas. Miro a mis compañeras y no parecen contentas. Puede que haya dicho demasiado.

– Parece que sabes mucho sobre ese muchacho... ¿Eres su fan?

No sé qué contestar. Si digo que sí, no nos tomarán en serio. Si digo que no, buscará el verdadero motivo.

La gente podría creer que soy superficial, pero Adrien es mi amigo.

Por suerte, Queen Bee me salva.

– No creo que sea relevante para la entrevista, Nadja.

La mujer niega con una sonrisa.

– Queremos saber sobre vosotras. Qué chicos, música, comida, aficiones, ... os gustan. Por ejemplo, Bunnyx, ¿Qué te gusta hacer además de quedarte quieta durante las peleas?

¿Quedarse quieta? Ella hace mucho durante las akumatizaciones. Sin ella yo estaría muerta. ¿Cómo puede insultarla de esa manera?

– Me gusta hacer problemas de lógica, para así tener los mejores planes de actuación contra Lepidóptero, que es lo que normalmente hago en las peleas.

Nadja arruga la nariz y deja de sonreír, para después hacerlo de nuevo.

– ¡Es cierto! ¡Hacéis planes de actuación! – repite. Frunce el ceño, como si recordara algo. – Aunque no es que os salga muy bien, ¿no? Es decir, Lady Wifi consiguió atrapar a dos de vosotras en una sala llena de gente que no intentáis proteger, es más los llevasteis a allí.

– Intentábamos protegerles, Nadja. Alejarlos del lugar dónde se encontraba el akuma. – se excusa Queen Bee.

– Igual que intentabais proteger a las personas que Darkblade había transformado, y acabaron electrocutadas. ¿Qué ocurrió esa vez?

Tiene razón. Casi mato a muchos inocentes ese día y ni siquiera me di cuenta. Las imágenes de los inocentes que yo ataqué pasan ante mis ojos.

– Darkblade fue el único akuma adulto contra el que combatimos, además de un experto en diferentes tipos de lucha. Ese día estábamos muy desprevenidas, ya que era más fuerte que cualquiera de los anteriores.

La periodista asiente. No parece estar creyéndonos. ¿Para qué nos ha traído aquí? Se supone que es una entrevista, que podemos limpiar nuestro nombre, pero está ignorando nuestros argumentos.

– Tampoco ha sido vuestro único fallo. – continúa con el ataque. – El akuma Dark Cupid provocó que la gente se pegase entre sí, resultando en treinta y cinco mujeres con grandes heridas que tuvieron que ser trasladadas al hospital, varias de ellas al borde de la muerte. ¿Por qué no intentasteis ayudarlas cuando recibían las palizas, asrgurandóos así de que no llegaran a tal extremo?

Esta vez respondo yo. Ella no estuvo allí y no fue quién tuvo que tomar tan difícil decisión. Soy todo lo fría que puedo.

– Debíamos luchar contra el akuma.

– Sois tres, al menos alguna podría haberse quedado con la gente. A no ser que estéis diciendo que necesitáis ser tres para luchar contra un akuma que ni siquiera sabe nociones básicas de lucha. ¿Sois tan torpes?

Eso es un ataque directo. Estoy a punto de hablar, pero Queen Bee lo hace antes antes que yo.

– Teníamos que centrarnos en el akuma para que no disparase a más gente y más ciudadanos no fueran afectados por su poder.

La mujer sonríe. No me gusta esa sonrisa. Me hace sentir mal, esa sensación de algunas personas. No me gusta ella.

– Entonces es cierto. Sois tres contra uno.

– Sí, es cierto, somos tres contra uno. Si tan inútiles nos ves, te invito a que seas tú quien pelee en las calles. – interviene Bunnyx.

Queen Bee la mira con brusquedad.

– Yo no tengo poderes, lo dijisteis antes. Es vuestra lucha. Pero no hablemos de vuestros fracasos, sino de vuestros éxitos. Como Stoneheart. Primer akuma, sin daño humano, aunque sí en gran cantidad a la propiedad privada y pública. Ese día fuisteis tan amables conmigo. – lo último lo dice mirando a Bunnyx.

La periodista se calla, como hacen los akumas cuando Lepidóptero les habla. Sonríe mucho y mira a la cámara.

– Ahora tendremos una pausa para publicidad.

Las cámaras se quedan solas mientras los camarógrafos se van.

Esta entrevista está siendo peor de lo que me imaginé. No ha habido ni una sola pregunta sobre nosotras y la periodista no se molesta en disimular que nos persigue.

Las tres nos levantamos y vamos a un rincón alejado para conversar.

– Esto está siendo una mierda. – describe Bunnyx. – Y tú no es que seas maravillosa manejando las cámaras. – le dice a Queen Bee.

– Lo hago. Reaccionar como quisiéramos haría que nos odiasen. ¡No puedes ir por ahí diciendo que te cansa salvar gente! ¿Te das cuenta?

Bunnyx pone los ojos en blanco.

– Me doy cuenta. Mantendré el pico cerrado.

– Eso. – asiente Queen Bee. – Y Ryuko, lo estás haciendo bien.

Puedo contenerme. Sé controlarme.

Durante el resto del descanso vamos al baño, tras preguntar dónde está. Cuando volvemos, la regidora nos informa de que esta segunda parte de la entrevista con tintes difamatorios se tratará de dejar al público hacernos preguntas, de ahí la pantalla.

Nos sentamos en el sofá, yo menos nerviosa y más molesta que antes.

El camarógrafo más cercano hace una cuenta atrás desde cinco.

– ¡Estamos de vuelta con nuestras queridas Triple Súper! Es un nombre muy curioso.

La señora Chamack se ríe, es imposible que sea una risa sincera.

– Antes del descanso hablábamos sobre los muchos éxitos como superheroínas que estas chicas han tenido. Y hemos hecho un vídeo recopilatorio. Tras el número, dejaremos nuestras líneas abiertas para que hagáis videollamadas y podáis preguntarles sobre esos ataques. ¿No estáis emocionados?

Yo no.

Dicho vídeo comienza con Stoneheart. Aparece cómo yo fallé en mi ataque y atraparon a Bunnyx, seguido de Queen Bee matando a la mariposa. Pasan a Tormentosa, y sale la manera en que nos escondimos de sus acometidas y casi me matan por primera vez. El siguiente es Princesa Fragancia y se centran en cómo Queen Bee estuvo controlada por ella. Después se ven imágenes de Reflekta y cómo consiguió transformar a Queen Bee en su clon. De Vanisher sólo nos muestran recibiendo golpes del aire. Y del resto no tienen imágenes de calidad.

¿Nuestros éxitos? Lo han hecho parecer fracasos. Ni una sola persona se hirió con esos akumas.

¿Por qué no transmiten las imágenes que ellos grabaron de nuestra pelea con Reflekta? ¿Por qué no ponen las imágenes de mi duelo con Princesa Fragancia? ¿De la trampa a Tormentosa?

Tras la finalización de la manipulación, la periodista pasa al turno de preguntas del público.

La primera llamada es de una conocida, tanto en mi forma civil como de la superheroína.

– ¡Habéis robado imágenes de mi blog! – acusa Alya. – No las habéis pedido ni pagado por ellas: las habéis robado. Triple Súper, deberíais haber hecho la entrevista conmigo. Tengo más público que esa.

La llamada se corta.

– Cualquier persona que intención de difamarnos será expulsada de la llamada. – advierte Nadja.

Ulteriormente, recibimos una veintena de llamadas de fans. Sus cuestiones son inocentes e inocuas.

Y entonces llega él.

Un hombre de mediana edad con expresión afligida, llama, contrastando inmensamente con el resto de personas, jóvenes.

– Yo no deseo preguntar nada. Quiero, si me lo permitís, contar una experiencia sobre un akuma.

Eso no es lo que nos han prometido. Se supone que son preguntas.

– Puedes. – dice la periodista tras mirar a la regidora.

El hombre empieza a contar cómo él fue una víctima de Princesa Fragancia, que lo hechizó en su camino al trabajo y que formaba parte de las personas que se encontraban en el puente. Personas a las que hice volar al río y que Bunnyx rescató antes de que cayeran al agua.

Sólo que él no cuenta eso.

Él narra que sí cayó y que se despertó en mitad del río, en aguas casi heladas. Dice que tuvo que nadar por su cuenta hasta la orilla, ya que ninguna lo rescatamos y que por culpa de eso estuvo una semana en el hospital con hipotermia. Eso causó que le echaran del trabajo.

Esa historia es inverosímil. Yo me mezclé con el río y no sentí a nadie más por la zona. Bunnyx los rescató a todos.

No me cabe pensar nada más que el que se lo ha inventado.

¿Por qué alguien querría llamar a un programa sobre nosotras para culparnos de algo que no ocurrió?

Es una mala persona.

– Eso no puede ser. – se defiende Bunnyx. – Trasladé a todos en ese puente.

– No a mí, repite el hombre.

Bunnyx niega, sin embargo, no parece segura.

– Bueno, – intercede Nadja. – es posible que se te pasara alguien.

¡Es mentira!

Miro a Queen Bee. Se supone que es ella quién se encarga de esto, pues que lo haga.

Ella parece entender lo que pienso y habla.

– Yo fui una perfumada del akuma y no recuerdo su cara. Y yo me acuerdo muy bien lo que pasó. – discute.

– Pero estuviste alejada durante algún tiempo, ¿verdad? – debate la periodista.

Eso no es un argumento. Esto es todo una sarta de mentiras difamatorias. Para eso nos han invitado.

Bunnyx va a hablar, pero Queen Bee la para. Intenta defendernos de manera amable y tanto el hombre como la reportera hablan al mismo tiempo que ella.

No se fija en mí.

– Eso es mentira.

Todos en el plató se callan y me miran. Si no esperaban eso, tampoco esto.

– Eres un manipulador y miserable propagandista. Tu historia no se sostiene y eso es porque se trata de una descabellada pantomima. Es tan fácil como revisar las imágenes en Súper Triple Blog.

Todos me miran con los ojos muy abiertos, sorprendidos por mi arrebato. Aún no ha terminado.

Miro a la regidora y después a la señora Chamack.

– Y vosotros, toda la cadena, sois unos injuriosos y desalmados canallas. Nos habéis invitado a venir, con tanta insistencia, para desacreditarnos. A nosotras, que arriesgamos nuestras vidas para salvaros de demonios que no tendrían ningún reparo en asesinaros si así Lepidóptero lo quisiera. Sois uno de los mayores desperdicios de la humanidad: los corruptos capaces de vender la seguridad de toda una nación en pos de llenar vuestros asquerosos bolsillos.

Miro a mi derecha, dónde veo a Queen Bee y Bunnyx contemplarme con la boca abierta.

– No pienso volver a tener una entrevista nunca jamás con nadie.

Me levanto, dispuesta a marcharme y paso la vista por mi alrededor. Una de los cámaras se ha acercando demasiado.

– Aléjate. – aviso. Puedo sentir mi cara y mis manos calientes. Mi corazón late cada vez más rápido.

El camarógrafo traga saliva, más no lo hace.

Saco mi espada y corto la cámara por la mitad, sin siquiera rozarlo a él.

Me marcho de este lugar infernal.

Después de salir, en la oscuridad de la noche, no tengo un lugar a dónde ir más allá de mi casa. Pero no quiero volver.

Mi madre no puede ver la ira que me corroe en este instante, lograría adivinar quién soy.

En su lugar, me dirijo al polígono nueve, dónde me reuní con la mujer desconocida y que sé con certeza, está abandonado.

En el edificio, descargo mi furia en restos de metal abandonados y oxidados.

No sé cuánto tiempo pasa antes de que mis compañeras lleguen.

Sus pisadas son ruidosas.

Sabiendo el error que he cometido, me preparo para la riña.

– ¡¿Te das cuenta de lo que has hecho?! – Y ésta viene por parte de Queen Bee. – ¡Has hecho exactamente lo contrario de lo que te dije que hicieras! ¡Y ahora nos van a odiar!

Corto una última viga de metal. El techo no se cae, aunque no haría mucha diferencia si lo hiciera, y me giro hacia ella.

– Ya nos odiaban desde antes. Precisamente gracias a asuntos como los que estaban ocurriendo. Y no nos defendíamos, que era lo que se suponía que ibas a hacer y no has hecho.

– ¿Ahora la culpa es mía? ¡Has cortado una cámara por la mitad! ¡E insultaste a todos los que estaban allí!

Miro a Bunnyx. Está a un lado observándonos a las dos.

– ¿No vas a decir nada? – le pregunto.

– ¿Qué se supone que tengo que decir? Estáis siendo unas completas idiotas. Tú, – Señala a Queen Bee. – tienes razón en que esto va a hacer que nos odien aún más. Y tú, – Ahora se dirige a mí. – tienes razón en que no podíamos quedarnos calladas mientras nos dejaban en ridículo. No había una buena manera de salir de esto.

Un punto de no retorno. Guardo mi espada.

– ¿Cómo lo solucionamos? – pregunta la abeja.

– Antes que nada, me gustaría hablar con Nadja.

¿Con esa persona sin moral? ¿Qué motivo podría tener?

– ¿Para qué? – dice en mi lugar mi compañera.

– Porque no estaba de acuerdo con esta trampa. Se le veía en los ojos.

¿Estaba siendo coaccionada? ¿O se engañaba a sí misma con que eso era lo correcto? Resulta poco creíble que tras todas esas pullas no hubiera convicción.

Queen Bee se cruza de brazos. En este contexto, diría que significa rechazo.

– ¿Y sabes dónde vive la pobre inocente?

Bunnyx pone los ojos en blanco.

– No hace falta, sólo pillarla en el aparcamiento de la cadena.

Parece lógico.

Usamos la madriguera de Bunnyx para llegar al lugar a tiempo y la encontramos entrando en un coche algo viejo y pequeño.

Nos ponemos delante del vehículo, impidiendo su salida del parking. Ella permanece mirándonos con una expresión que mi aplicación cataloga como sorpresa.

La mujer baja la ventanilla del coche y no dice nada. Nosotras nos acercamos.

– Queremos hablar contigo. – anuncia Bunnyx.

Ella no responde, sino que su expresión cambia a una más recelosa.

– Sabemos que no tenías intención de hacernos quedar mal. – interviene Queen Bee.

Nadja ladea la cabeza.

– Nos gustaría saber por qué venderías tus valores morales de esta manera. – acuso veladamente.

Se queda callada un momento antes de hablar.

– No os voy a contar mi vida. Únicamente os diré que si no sois capaces de averiguarlo por vuestra cuenta, estáis muy alejadas de la realidad de los ciudadanos a los que decís proteger.

Y una vez dicho eso, arranca el coche y se va.

Es una declaración muy osada. Y no sé qué quiere decir.

Aunque no tenemos mucho tiempo para pensar, pues el cielo se llena de colores, lo que quiere decir que hay un akuma.


Respuestas:

Hola Manu.

Gracias por comentar.

No quiero hacer spoilers, pero también hay que recordar que avisé desde el principio que Marinette no va a estar bien vista.

Y sobre la temporada cuatro, cada vez deseo más que no existiera.

Hasta la próxima.

Hola, Vicav12.

Muchas gracias por gustarte esta historia. Leerte más de 80.000 palabras en un día es bastante jajaja.

Me encantaría que también fueras mi beta.

Hasta la próxima.