N/A: Antes que nada, no tengo ni idea de cómo se celebra el fin de curso en Francia, así que me lo he inventado.

Además, he corregido un error: la visión de Queen Bee no es infrarroja, sino ultravioleta.

Gracias a mis betas: Katherine y Vicav (Vicav12)


Despertarse en la madriguera no es agradable, pero es a lo que nos estamos acostumbrando.

Abrir los ojos y encontrarse con un montón de círculos negros siniestros. Estar tumbada sobre esta superficie transparente y dura sin una triste almohada.

Y Bunnyx ronca. ¿Cómo puede hacerlo con esa nariz tan pequeña? No lo sé, pero lo hace.

Y siempre soy la primera en despertarme. Seguro que es porque ninguna de ellas tiene una rutina de belleza de dos horas por la mañana.

Me levanto y las despierto a las dos. Es hora de salir de este horrible sitio.

El akuma de después de la entrevista era nuestra fan. Una que quería cambiarlo todo de color para confundir nuestra vista y que nadie volviese a ver la televisión.

Ha sido efectivo por un lado: mareante. Pero nada hará que la gente deje de ver la tele.

Y lo peor de todo es que he sido rosa ¡durante cuatro horas! No quiero volver a ver nada rosa en mucho tiempo.

Estar de nuevo en casa y echarme en mi cama es estupendo después de la incómoda madriguera.

Normalmente miraría mis redes sociales, pero ahora tengo algo de miedo.

– Polen, ¿crees que debería hacerlo?

Ella me ve con mi teléfono.

– Si fuera egoísta, te diría que no lo hicieras. Sabes que debes conocer la opinión de la gente, y más allá de Francia.

Tiene razón. ¿Por qué tiene razón cada vez que abre la boca? No es justo.

Entro en Instagram. Imágenes de Ryuko en los stories de la gente. La mayoría se burla o tiene miedo de su expresión. Pocos la apoyan.

Facebook. Posts hablando sobre cancelarnos. ¡Eso no tiene sentido! ¿Qué van a hacer? ¿Dejar de aceptar nuestra ayuda cuando un akuma les ataque? Ridículo, absolutamente ridículo.

En Tik Tok nos imitan para burlarse de nosotras, sobre todo de Ryuko.

Y el peor de todos: Twitter. "Loca" es Trending Topic número uno.

Y si miro mundialmente, la cosa no mejora. Cuentan lo de ayer como "un ataque de nervios de Ryuko" sin decir nada sobre cómo nos querían hacer quedar mal.

Sí, hemos tenido fallos, pero hemos hecho muchas más cosas buenas.

Después de tres horas de leer opiniones, me duermo otra vez.


Bustier está muy feliz otra vez de anunciar que no tenemos clase. A esta mujer no le gusta enseñar, ¿no?

– ¡Vamos a empezar el proyecto de fin de curso!

¡No! El proyecto de fin de curso siempre es horrible. El pasado tuvimos que hacer un mural por clase. A nosotros nos tocó "La ronda de noche" de Rembrandt. ¿Quién le pone un cuadro así a un grupo de adolescentes de catorce años?

Todos lo hicimos fatal, especialmente yo, aunque nunca lo admitiría en voz alta. El único que lo hizo bien fue, evidentemente, Nathanael. Tiene un talento superior.

Y ahora está con Alix. Hoy se han sentado juntos, y Kagami conmigo.

Él ve que le miro y le dice algo a la chica. Ella se gira, me encuentra y sonríe como una cabrona. Le susurra al oído. Maldita sea.

– ¡Este año son películas! – dice la profesora con una palmada. – Esta mañana lo hemos sorteado entre los profesores y esta clase nos ha tocado ¡terror!

¿Terror? No puedo evitar reírme. Ya sé quién no va a participar.

– ¿Qué es tan gracioso? – pregunta Kagami a mi lado.

– Las películas de terror. Son malas, ridículas y poco creíbles.

Ella asiente.

– Nunca he visto una película de terror. Mi madre me lo prohíbe.

Me mantengo en que su madre es rara. Kagami también es un poco rara, aunque su madre más.

La profesora hace levantarse a la delegada, Marioneta, y la subdelegada, Cotilla Chillona, cuya expulsión ha sido más corta que la de Alix.

Marioneta escribe los nombres de todos en papelitos y los mete en un bol de cristal mientras la estúpida de su amiga escribe en la pizarra lo que le dice Bustier.

Divide en dos grandes grupos: actores y equipo de producción. Actores se divide en cuatro: protagonista masculino, protagonista femenina, villano/a y extras. Equipo de producción también se divide en cuatro: productores, escritor/a y director/a, y staff.

Primero elige al protagonista masculino.

– Adrien.

La reacción es inmediata: celebración por parte de todos, no sólo porque es famoso y eso hará que juzguen menos la película, sino que es el único con experiencia en actuación. Aparte de mí, por supuesto.

En el turno de las chicas me parece ver qué Marioneta hace algo con el bol de nombres: saca uno antes de dárselo a la profesora y nadie dice nada.

– Mylene.

¡Mylene! No puede estar pasando esto. Es demasiado bueno para ser verdad.

Esta vez me río a carcajadas, con toda la clase enterándose y no intento ocultarlo.

Los siguientes puestos son elecciones mixtas: DJ de Mierda como director, Cotilla Chillona como guionista e Ivan como el villano. A mí me ha tocado ser una extra.

Normalmente me molestaría, pero en esta situación, no lo hace para nada.

La clase termina y la siguiente es educación física. Ahora que iremos a los vestuarios y Alix se separará de Nathanael, puedo ir a preguntarle.

Sé que hablaban de mí.

La aparto del resto de chicas y hablo en voz baja.

– ¿Qué habéis dicho de mí?

La enana sonríe con burla.

– Me ha preguntado por qué le miras tanto. – explica. – Yo le he dicho que quieres matarlo y meter su cadáver en un congelador, para después descuartizarlo y repartir sus trozos por París en un ritual satánico.

¡¿Qué?!

– ¿Por qué le has dicho eso? Es mentira.

– Ah. ¿Preferirías que le dijera que estás colada por él?

Eso es aún más mentira. ¿Por qué le diría algo así? ¿En base a qué?

– ¿Qué? ¡No! – Su estúpida sonrisa no se borra. – ¡A mí no me gusta! ¡Es asqueroso!

Marioneta sale de un rincón. Por supuesto que nos espiaba.

– ¿Crees que Nathanael es asqueroso? Qué horrible. Tiene que saberlo.

Me pongo delante suya.

– No. Deja de meterte donde no te llaman.

Pone su falsa cara de víctima, esa en la que abre de más los ojos y hace un puchero.

– Tranquila, Marinette, no lo dice en serio. – interviene Alix con una sonrisa. Todavía se burla de mí. – ¿Verdad?

Sólo habría dos maneras de callarla: pegarle hasta que se quede cao, o decir que no quería insultar a Nathanael. No sé cuál de las dos es peor.

– Ves. Tengo razón.

La estúpida victimista se me queda mirando como si hubiera descubierto algo bueno.

Mierda.


Por la tarde venimos a la escuela a rodar en nuestra hora asignada, porque es un proyecto escolar y bla, bla, bla...

Cotilla Chillona ya ha hecho el guion y le dijo a su repugnante mejor amiga cómo tiene que ser nuestra ropa antes de que viniéramos. ¿Espera conseguirlo todo en un día?

Ha hecho una máscara rosa de cartón para Ivan.

DJ de Mierda se acerca a mí.

– Chloe, tú vas a rodar ya. Eres la primera víctima de "El monstruo come personas del instituto Françoise Dupont".

Espero que ese no sea el título.

– No me han dado el guion. – le advierto.

– Eso es porque no tienes. Alya ha hecho que tu personaje sea... como tú misma y sólo tienes que sorprenderte y gritar.

¿En serio? Ridículo, absolutamente ridículo. Yo no haría eso.

Juleka me entrega una bolsa de sangre falsa. ¿Quiere que me manche la ropa? Es de diseñador.

Voy hacia Ivan y se la entrego.

– Póntela en la boca de la máscara después de "matarme".

– ¿Eso dice el guion?

– El guion no dice nada.

Lo preparan todo, encienden las cámaras y a actuar.

Se supone que estoy sentada en el escritorio de la profesora (lo que tiene muchísimo sentido), mirando ropa en el móvil (porque, por supuesto, es lo único que hago en mi tiempo libre), y cuando veo a Ivan con esa máscara ridícula, en lugar de reírme, grito.

Soy una gran actriz.

Ayer fingí que me caía bien Nadja, y hoy, que no estoy muerta del asco.

Después me voy al pasillo a mirar en las redes sociales otra vez.

No veo a nadie que nos apoye. Anoche los había. ¿Cómo que ahora no? Me paso un rato buscando y no los encuentro.

– ¿Qué haces? – pregunta Kagami a mi lado. Doy un pequeño salto. No la he oído llegar.

– Buscar en redes sociales. – Me mira esperando que continúe. – ¿Viste la entrevista a Triple Súper ayer? Pues estoy intentado ver si alguien las apoya. No puedo ser yo la única.

– Yo también lo hago. – dice. Mira a mi pantalla y señala un tuit. – Y esta chica. La conozco. Es Erika.

Leo su tuit. "Os estáis pasando con este acoso. Dijeron la verdad. Nos han salvado a todos varias veces. Parece que estéis favoreciendo al terrorista."

Es cierto. Nos defiende. Vemos a leer los comentarios, pero antes de que lo hagamos, mi aplicación se bloquea y se cierra sola.

Vuelvo a entrar y busco el tuit pero no aparece. Después, su nick, y al entrar en su cuenta aparece "Cuenta suspendida. Twitter suspende las cuentas que incumplen las Reglas de Twitter."

¿Qué? ¿Por qué? ¿Es por eso que no he visto ni un sólo mensaje a favor desde que amaneció?

Kagami parece tan sorprendida como yo.

– ¿Y si entramos de nuevo?

Ella asiente.

Todavía están rodando sin cambiar de escenario. Mylene está en la parte superior de la clase e Ivan en la inferior.

Ella tiene un cuchillo de plástico. Tiembla y no dice nada.

– ¡Corten! – grita DJ de Mierda. – Mylene, tienes que decir tu frase.

– Pero tengo miedo.

¿De una máscara de cartón cutre?

Me río otra vez, aunque después me callo. Se supone que tengo que ser amable y todo eso. O al menos no ser tan descarada en mi disfrute por la desgracia de otra.

O intentar evitarnos el ridículo a la clase entera.

– Si tanto miedo te da tu propio novio con un disfraz cutre, a lo mejor deberías dejarlo y que lo haga otra.

¿Ha sido lo suficiente amable? Por su cara, cualquiera diría que le he insultado.

– ¿Y quién dirías tú? – pregunta DJ de Mierda. – ¿Tú misma?

– La mejor actriz aquí soy yo, por supuesto. – admito. Es cierto. Él pone los ojos en blanco. – Pero, yo ya he salido. Así que la que mejor haría de una guerrera que lucha contra monstruos es Kagami.

Toda la clase la mira.

– No.

Nadie le discute y yo no voy a intentar convencerla.

– La mejor opción es Marinette. – dice su sombra.

¿Coprotagonista con Adrien? Eso la haría feliz. Y yo me niego. Además, su torpeza también nos dejaría en ridículo.

– ¿Y que se apuñale diez veces a sí misma en una escena? – me burlo.

Ella se pone las manos en las caderas.

– El cuchillo es de plástico. No se haría daño.

Que defensa más estúpida, como con eso no quitara el ridículo.

– Sabes que no...

– ¿Y qué tal Alix? – me interrumpe el rubio.

– No. – contestan Kagami y Cotilla Chillona al mismo tiempo.

Miro a mi amiga y ella me lo explica.

– Hay una escena de beso.

Guau. Patético.

La miedica baja corriendo la escalera y sale del aula, callándonos a todos.

Creo que la hemos ofendido. Tampoco es que me importe.

Sabrina corre tras ella, aunque primero me mira con reproche. Ni siquiera lo he hecho a posta. Niega con la cabeza antes de salir por la puerta.

Se preocupa mucho por ella. Antes de Marioneta, lo hacía por mí. Bueno, ahora tengo a otras. Mis ojos se dirigen a Kagami. Ella también está pendiente de la puerta.

– Está claro: Marinette. – repite Cotilla Chillona. – Es la única dispuesta en este momento.

Me niego, eso la haría feliz. Me ofrecería yo misma si no fuera porque ya he hecho mi escena.

Como nadie dice nada, empiezan a hacer la escenificación para ella. Le dan el cuchillo, que se le cae de manera ridícula.

¡Ya sé!

– Un momento. Alix no ha dicho su opinión aún.

Todos se quedan quietos y la miran.

Intento transmitir con los ojos lo que quiero. Ella pasa la vista entre todos.

Y entonces todo pasa muy rápido.

La puerta de la clase se derriba y un monstruo terrorífico entra.

Mide al menos tres metros, con un cuerpo humanoide gordo y extremidades desproporcionadas con garras cortantes. Tiene una gran cabeza con tres ojos y una boca enorme con dos filas de dientes largos y afilados de los que gotea baba rosa. Está cubierto de grueso pelo morado, no, rosa sucio. Y por último, tiene una cola fuerte y de al menos, la mitad de su tamaño.

Se parece ligeramente a la máscara cutre de Marioneta, sólo que esto sí da miedo.

– ¡Marchaos! – ordena Kagami mientras saca algo así como un palo de madera de debajo de su mesa.

– ¿Vas a luchar contra el akuma?

– Voy a distraerlo mientras llega Triple Súper.

Tengo que darme prisa, entonces.

Pero al salir de clase vemos que no podemos marcharnos.

El akuma, porque no puede ser otra cosa, ha creado un techo para el patio y ha cubierto las salidas de una sustancia rosa, sospechosamente parecida a su baba.

El problema es que si no me puedo ir, no me puedo transformar.

– Me voy a esconder en un sitio yo sola. Que nadie me siga. No quiero que eso vaya a por mí.

Sí, será buena excusa. Tengo que darme prisa. Empiezo a correr por el pasillo, pero una voz me frena.

– ¿De verdad estáis de acuerdo con dejar a Kagami sola contra un akuma? – pregunta Nathanael en voz alta.

Todos nos giramos en su dirección. Algunos tienen la decencia de parecer avergonzados.

– Yo voy al almacén del gimnasio a coger una pértiga. – declara Adrien. – ¿Qué quieres hacer tú?

– Iré contigo.

El rubio asiente.

– ¿Alguien más?

Marioneta levanta la mano. Cotilla Chillona y su novio igual. Eso no es por Kagami. Kim también lo hace. Un fanfarrón como él no podría perder la oportunidad.

Nadie más lo hace. Ni Alix, ni yo. Seguramente ahora esté quedando como una persona horrible delante de todos.

Yo sólo espero que esta cháchara acabe pronto para poder salvar a Kagami.

Cada uno se va por una dirección.

Yo voy hasta una clase vacía aleatoria. Abro el bolso.

– Mi reina, ¿estás enfadada o molesta de alguna manera?

¿Es por si siento dolor? ¿Qué más da? Kagami está sola contra un akuma.

– No. Sólo preocupada.

Me transformo.

Lo primero es salvar a Kagami. Voy a mi aula y encuentro con que Bunnyx ya está aquí. El monstruoso akuma tiene a mi amiga en su cola y es bastante más grande que antes. ¿Stoneheart 2: Ahora en rosa?

– Suelta a la chica, monstruo. – le ordeno. Su reacción es rugirme.

Bunnyx abre su paraguas para usarlo de escudo.

Su fuerte aliento me empuja hacia atrás. Es apestoso. ¿Come personas? ¿Se comerá a Kagami? No sé qué hace este akuma.

Se hace más grande.

No lo he tocado, así que no es como Stoneheart.

Eso quiere decir que puedo atacarlo.

Giro mi peonza para darle impulso y la lanzo como un lazo para atrapar a Kagami de su cola.

El monstruo la aparta y no consigo alcanzarla. No va a llevarse a mi amiga.

– Veneno. – susurro.

Ahí es cuando el akuma nos lanza vómito rosa. Sí, exacto. Nos vomita encima. Nunca me ha pasado algo tan asqueroso como esto.

Y no es lo más malo, sino que esa cosa nos cubre por completo tanto a Bunnyx como a mí, pegándonos al suelo e inmovilizándonos.

Una mariposa aparece en su cara y el monstruo asiente antes de marcharse.

No puedo hacer nada mientras el akuma se va con mi amiga.

– ¿Has descubierto algo? – le pregunto a mi compañera.

La oigo intentar removerse.

– Que esta cosa es muy pegajosa y fuerte.

– ¡Eso también lo sé yo! ¿Dónde está tu rollo de súper lista? Como, ¿por qué se hace más grande?

Miro al techo. Espero que nadie venga y nos vea así. Sé cómo nos afectaría.

– Lo hace después de rugirnos, pero no creo que sea por eso. Tampoco es como Stoneheart. Es algo más. No es necesario tocarle, pero necesita a otra persona, ya que no puede controlar el tamaño por su cuenta, y sólo se hace más grande. Además, quiere algo con la chica.

Eso es lo que me da miedo.

– ¿Crees que es para comérsela?

– Creo que Lepidóptero se pasaría bastante de la raya si hiciera un akuma que come gente. Recuerda que antes de su posesión son personas.

Cierto. Y la akumatización está relacionada con un deseo o sentimiento de la víctima. No creo que fuera comer gente.

¿Quién es esta vez? Tiene que ser alguien que sepa sobre nuestra película y no estuviera en clase cuando apareció. Las únicas que se habían ido eran Sabrina y Mylene, y la primera ya ha sido akuma. Entonces, es Mylene.

Ella tenía miedo del monstruo de la historia y ella misma se ha convertido en eso. ¿Qué, exactamente, le asustaba del monstruo? ¡Si me hubieran dejado leer el guion, lo sabría!

Aunque creo recordar que sí era come personas.

Me remuevo otra vez. Kagami aún está en peligro. Y dentro de unos minutos, mi veneno se desvanecerá por sí solo ya que la energía se agotará, y yo estaré cansada.

Seis personas entran por la puerta de clase.

Sí, exacto, los seis voluntarios para salvar a Kagami.

El estúpido DJ de Mierda nos está grabando.

– Apaga esa cámara. – le ordeno.

– Eso. Ayudémoslas, yo ya lo he hecho avisándoles. – presume Cotilla Chillona.

– Sí, eso. Ya conocen a dos de nosotros.

En realidad a todos.

– A tres. – corrige DJ de Mierda. – Adrien es amigo a Ryuko.

– Tres y nadie más. – dice Nathanael con nerviosismo. Muy sutil. – Vamos a ayudarlas.

El pelirrojo se acerca a mí y se agacha. Mira la sustancia, el vómito, que me ha pegado al suelo.

– Me encantaría tener un disolvente. – susurra.

Disolvente. Lo pillo. Por el Scape Room. Kim también parece que lo pilla.

– Max. Deberíamos haber traído a Max.

– No es necesario.

Todos se giran hacia Ryuko, que acaba de llegar. Tiene su espada en la mano y veo que ya sé cuál es su intención. No me gusta.

– ¡No hagas eso, Ryuko! No sabes dónde estoy. ¿Y si me amputas algo?

– No te preocupes, tengo una gran precisión. No te dolerá.

¿Eso qué quiere decir? ¿Me va a cortar una mano? ¡No me tranquiliza nada!

Se dirige a mí y hace un movimiento rápido en el que pasa su arma justo por el centro de mi cuerpo. El vómito pegajoso se abre por la mitad, separándose de mí.

El corazón me late muy rápido. Vaya susto.

Y en este momento, se va mi veneno y llega la ola de cansancio. Ahora durará poco. Cuando vuelva a ser Chloe, mucho más. No estoy muy acostumbrada, pero puedo dejarlo de lado, mientras me apoyo en una mesa, claro.

Los civiles la miran boquiabiertos. Sí, Ryuko es muy guay. E increíblemente impulsiva, peligrosa y aterradora. Aunque ella les distrae de mí.

– La próxima vez, me avisas. – la advierto.

Hace lo mismo con Bunnyx, que parece más tranquila que yo.

– Si lo hubiera hecho, no habrías estado de acuerdo.

– No lo estaba.

Nos están viendo discutir. No deberían, es algo privado. De nuestro grupo.

Ryuko los observa un momento. Adrien llevando una pértiga, Nathanael portando una raqueta, Kim tiene dos balones medicinales, Cotilla Chillona una cuerda, DJ de Mierda con su cámara y Marioneta nada.

– Adrien, coge ese shinai del suelo y deja la pértiga. ¿Por qué tienes algo tan engorroso?

Antes de que lo haga, Bunnyx se la lleva a un rincón y me hace un gesto para que yo también vaya.

– No creo que debamos volver a usar a los civiles. – alerta.

Ryuko asiente.

– Pienso igual que tú. Aun así, no creo que debamos dejarlos solos y preferiría que tengan algo con que defenderse. Además, si están todos juntos los podemos proteger mejor.

Pero no están todos juntos. Algunos se han escondido.

– ¿Tú crees que esos chicos son los únicos aquí? Estoy segura de que hay profesores que trabajan por la tarde. – contradice Bunnyx.

– Entonces deberíamos buscar a todos o dejar a este grupo solo. – intervengo. – Voto lo segundo.

– Y yo. – se une la chica conejo.

Ryuko nos mira a una y otra. Somos dos contra una, sabe que no tiene discusión.

Regresamos con los civiles y les explicamos que ellos se quedarán aquí mientras nosotras alcanzamos al akuma.

Están de acuerdo a regañadientes y apenas puedo mirar a Nathanael antes de irnos.

Mejor, pienso, así no se cree diferente a los demás.

Seguir su rastro no es difícil, pues ha dejado una estela de baba rosa en el pasillo.

Así, sabemos que se ha dirigido al aula de ciencias, la clase de la señora Mendeleiev.

Aquí se escondían Rose, Juleka, Ivan y Max, junto a la profesora, que corregía exámenes. Todos, excepto Juleka la emo fan del terror, están asustados. El akuma es más grande otra vez, y con la gente paralizada por el miedo, atrapa a Rose con su cola al tiempo que le da un lametón a su novio. ¡Qué asco! Se comporta como si fuera un animal.

– No vas a llevarte a nadie más. – amenaza Bunnyx. No sé cómo ella va a impedirlo, si antes no hizo nada.

Mira a una y después a otra. Yo estoy fuera de combate por ahora.

El akuma sonríe, burlona. Puede que no hable, pero lo que piensa está claro.

Bunnyx hace una respiración fuerte a mi lado. Corre hacia Mylene con el paraguas listo, y ésta le vomita. Mi compañera abre su arma y la usa como escudo mientras Ryuko corre detrás suya y salta sobre el akuma, buscando el objeto que contiene la mariposa. Yo no he visto nada en ningún momento.

Ryuko parece pensar de otra manera y le corta la cola de un tajo. El corte supura el mismo líquido rosa que vomita. Eso quiere decir que le ha hecho daño, pero Mylene no tenía cola, por lo que no tendrá heridas cuando vuelva en sí. Espero. El monstruo deja de vomitar para dar un gran grito de dolor. Si creía que era eso, se ha equivocado.

Se da la vuelta hacia la dragona, que indica a los civiles que se marchen con un gesto. Vienen en mi dirección y yo recupero energía justo en el mejor momento. Entre las dos luchan contra el akuma en el tiempo en que yo los saco de aquí.

Una vez en el pasillo, les digo a todos que vayan a la otra clase, con los demás. La mayoría no duda ni un momento, excepto Juleka, que se queda atrás.

– Tenéis que saber algo. – Le hago un gesto para que continúe. – He provocado que se haga más pequeño. Mi risa lo ha hecho.

En realidad, eso es útil. Una reacción negativa, supongo, la engrandece, mientras la positiva la empequeñece. Pongo mi actitud pública.

– Gracias, has sido de gran ayuda.

Entro de nuevo en el aula, ahora con muchos materiales caros de ciencias hechos añicos, y envuelvo a Mylene con la cuerda de mi peonza.

Estando inmóvil, las tres la examinamos por completo, pero no encontramos el objeto akuma.

– ¿Ahora que hacemos? – pregunta Ryuko. Parece sentirse un poco culpable.

– Podemos volverle pequeño y ver si el objeto no lo hace con el akuma.

Las dos dejan de observarla y se fijan en mí.

El akuma se remueve en mi atadura y yo aprieto más.

– ¿Cómo? – pregunta Bunnyx.

– Reflekta – Creo que es mejor no usar su nombre real para que no piensen que la conozco. – me ha dicho que reírse del akuma lo hace.

Ryuko frunce el ceño y Bunnyx mira al vacío pensativa, después a Mylene.

– Es el miedo. – afirma. – Gruñe, asusta y se hace grande, si no, pequeño.

Eso tiene sentido. Ella tenía miedo cuando huyó.

Miro al monstruo pensando en cómo reírme. Mylene tiene muchas cosas de las que reírme: su aspecto, que le tiene miedo a todo, que sale con un tío al que le gusta el metal, ... Pero después pienso que esta pringada me quitó a mi mejor amiga y se me van las ganas de reír.

– ¿Y quién de las tres se va a reír? Porque yo tengo las mismas ganas que en un funeral. – declaro.

Miro a Ryuko. Nunca la he visto hacerlo. A lo mejor la otra.

– Bunnyx, ¿no estás riendo como la mitad de tu vida? Venga, es tu momento de brillar.

Ella la observa e intenta sonreír.

– No creo que tengamos que reírnos. Sólo no asustarnos.

Mylene se vuelve a revolver. Se comporta como un animal salvaje. Tanto, que intenta morderle la pierna a Bunnyx. Ella se asusta y el akuma se hace más grande. Yo tiro del cable de mi peonza.

Ryuko clava su espada con intensidad en el suelo, haciendo un ruido fuerte. Nos sobresalta.

– No te muevas. – ordena.

El akuma se queda quieta y se hace más pequeña. Mi compañera no parece sorprendida, como si pensara que esa sería la reacción.

– Eso es, como te muevas, te corto una mano.

Eso es demasiado violento para Ryuko. Pero viendo cómo se hace más pequeña, creo que hay que imitarla.

Bunnyx y yo nos miramos sin tener claro qué debemos hacer.

– Yo te puedo cortar en pedazos si aprieto más este cable.

Una vez más.

– Y yo apuñalarte con mi contera.

Se hace tan pequeña que no puedo tenerla más y se encoge de miedo. Ahora vemos un pin en su cabeza.

Ryuko la levanta con cuidado y acaba con la posesión.

– Teníamos que asustarle. – explica.


El timbre suena. Hora del recreo. Empiezo a guardar mis cosas. No voy a dejar ninguna de mis pertenencias en un sitio donde cualquiera pueda cogerlas.

– Eh... Hola.

¿Es Nathanael? Es Nathanael. ¿Qué hace aquí?

No dejo de recoger y finjo desinterés.

– Quería preguntarte por qué me miras tanto. La última vez me dijiste que no lo hacías, pero sé que sí.

Tengo que inventarme una excusa. Ni siquiera sé para qué necesito inventarme una excusa. Claramente no estoy colada por él como dice Alix.

Sus hermosos ojos turquesa me miran fijamente. Maldita sea.

– No te voy a matar y meter en un congelador. – me río.

¿Pero por qué he dicho? Es culpa de la enana. La busco con la mirada y veo que se está riendo de mí.

– Lo sé. – dice él.

– Yo no te miro.

Arruga la nariz de manera adorable.

– Sí que lo haces. Puede que sea por mi ropa pasada de moda o mi pelo, pero me estoy empezando a sentir incómodo.

¿Qué dice? Tiene un pelo perfecto. De un color increíble. Cualquiera diría que es teñido si no fuera porque apenas presta atención a su aspecto.

– Tu pelo está... – ¿Qué digo? – bien. El motivo por el que te miro tanto es porque... quiero que me enseñes a dibujar.

Nunca he tenido ningún interés en dibujar. No es lo mío.

Qué vergüenza. Estoy haciendo el ridículo.

– Oh. – Frunce el ceño. – Pero yo no dibujo en público, sólo para la clase de arte. Con todo lo que me miras, tendrías que haberte dado cuenta. – termina con una sonrisa.

Esto está siendo humillante. Me ha pillado y me he inventado una excusa patética que me deja aún peor.

– Pues vale. Seguro que encuentro un profesor mejor que tú. De todas maneras, sólo eres un adolescente que hace garabatos en una libreta.

La sonrisa se le borra de la cara y se va sin decir nada más. Alix mira de uno a otro y lo sigue.

No debería haber dicho eso.

– ¿Qué te pasa con Nathanael?

La pregunta de Kagami me sobresalta, aunque no debería hacerlo. Se suponía que estaba escribiendo en japonés.

– ¿No estabas anotando algo en tu agenda?

– Si hubiera estado elaborando notas durante toda vuestra conversación, tendría el esquema de la trama de un libro. – dice sin expresión. Me he acostumbrado a esa cara.

El intento de sarcasmo no le ha salido nada bien.

– ¿Vas a contestar?

Ella es la única que me escucha de verdad. No puedo dejarla sin respuesta.

– No me pasa nada.

El problema es que yo tampoco tengo claro qué ven los demás. No hay nada. Sólo creo que no es un mal chico y que no me importaría acercarme más a él.

– Lo tratas distinto al resto de personas. – insiste.

– No trato a nadie igual. A ti también te trato distinta. – explico. – ¿Alix te ha dicho algo?

Ella frunce el ceño ligeramente.

– ¿Qué tiene que ver Alix con esto? – se sorprende.

¿De quién, si no, iba a sacar esa idea?

– Nada. ¿Nos vamos?

En el patio nos sentamos juntas, ella con su caja de comida japonesa y palillos. Yo tengo macedonia con yogur, a la que le echo miel. Me gusta, me da todas esas cosas que el médico dice que necesito y no engorda. Es todo ventajas.

– ¿Has visto lo que dicen sobre el akuma de ayer? – comento.

– Sí.

Es un poquito seca, pero es mi amiga.

Aunque la pobre estuvo atrapada en el sótano de la escuela con esa baba rosa asquerosa hasta que derrotamos al akuma. Puede que no quiera pensar en ello.

En Internet y televisión no nos critican. No pueden. No hay material para hacerlo.

Como el akuma no fue en público, no hay muchas imágenes, sólo algunas que DJ de Mierda ha grabado para la película. No hay muchos destrozos, ni heridos. Incluso Mylene está bien, a pesar de la amputación de cola. Los periodistas no tienen nada que criticar.

Una chica pasa cerca nuestra. Me suena de algo.

– Hola, Kagami. – saluda a mi amiga al pasar.

– Hola, Erika. – contesta ella.

¡Eso! ¡Es la chica de Twitter! Quiero preguntarle. Tengo que saber si le han quitado la cuenta por un motivo legítimo o está ocurriendo lo que creo.

– ¡Erika! – la llamo. Ella se gira sorprendida. – ¿Por qué te han cerrado la cuenta de Twitter?

Me mira desconcertada un momento, después a Kagami y otra vez de vuelta a mí.

– Porque... ¿defendí a Triple Súper? – dice muy confundida antes de marcharse.

Un escalofrío me recorre la columna.

Está pasando.


Hola, Manu.

Muchas gracias.

Lo siento. No he podido ver Ranma porque tengo que estudiar. Este fanfic es mi descanso.

Hasta la próxima.

Hola, Arepa.

Muchas gracias. Por ahora no estoy poniendo akumas propios, pero ya los verás.

Hasta la próxima.