N/A: Siento haber tardado tanto. No, no lo he abandonado, sino que estaba de exámenes. También me disculpo por los fallos que haya con respecto a la gimnasia rítmica, es algo de lo que no sé nada.
Gracias a mi beta Katherine.
Sobresaliente. He conseguido alcanzarlo en varias asignaturas.
Sujeto mi boletín de notas junto a mi cara y abro la cámara frontal. Esta luz no es buena.
Esta tarde, fui a recogerlo con Jean. Bustier me miró con pena cuando le dije que es el mayordomo.
Intento olvidar su cara y me cambio de sitio.
– ¿Estoy guapa, Polen?
Ella no responde. Cree que soy superficial. Todos lo creen.
No importa. Yo siempre estoy guapa.
– Estoy orgullosa de ti, mi reina. Has sacado muy buenas notas.
Lo sé. Debería autocompensarme.
Desde luego que debería, me lo merezco. Y tiene que ser algo material: que dure un tiempo y pueda alardear de ello.
No, no me gusta esta luz. Hace que se me noten demasiado los poros.
Quiero ir de compras.
Pero no sola. Es decir, ir de compras es siempre maravilloso, aunque mucho más divertido con una amiga.
Llamaré a Kagami, más tarde. Porque primero tengo que presumir en redes sociales para que todos vean lo excepcional que soy.
Este año me he asegurado de subir al menos un punto en todas las asignaturas. Si tenía un siete, ahora un ocho, y si un ocho, ahora un nueve.
Tengo una media de ocho con seis, una de las más altas de clase. Miré las notas de todos a escondidas mientras Jean hablaba con la profesora. Sólo me superan Max, Sabrina, Kagami, Adrien y Marioneta, en ese orden.
La próxima vez la superaré.
Ahora hay mejor luz, no se me ven mucho los poros. Además, le voy a poner un filtro. O dos o tres.
Una sonrisa estudiada, un par de rizos embarcándome la cara, ... Sí, la foto queda bien. Me aseguro de que no se me ven los antebrazos.
También debería enseñarle las notas a mi madre, pero ahora no está aquí. Ha salido a buscar a Marioneta. Yendo con ella como una traidora.
No importa, conseguiré que vea la verdad. Sabrina lo hizo.
Abro la agenda de contactos. Para la imagen de Kagami, usaba un selfie conjunto de las dos. Pero después de la competición, esta vez oficial, entre los alumnos de esgrima de los institutos de París, la cambié. Esta vez, e nuestro instituto ha dividido al equipo por sexos y Kagami ha ganado en la categoría femenina. Ahora, la foto es ella con una medalla.
Adrien también ganó, en la categoría masculina. Los chicos que quedaron en segundo y tercer lugar eran igualmente alumnos de D'Argencourt.
Responde rápido a mi llamada.
– Hola.
Respira con dificultad. ¿La he interrumpido en algo?
– Vámonos de compras. – sugiero.
– ¿Qué? ¿Por qué de repente...? – Se queda en silencio un momento. ¿Está con alguien más? – No importa. Necesito ropa nueva. Tú sabes mucho de moda. Aunque no quiero ropa de marca, sólo de calidad.
¿Kagami acaba de pedirme que le renueve el armario?
– ¡Sí! Voy a recogerte en tu casa.
Separo mi teléfono y estoy a punto de colgar cuando oigo la voz de mi amiga. No entiendo lo que dice, pero recuerdo que no sé dónde vive.
– ¿Dónde vives?
– Iré yo a tu hotel. Mi madre no sabe que somos amigas. – No sé cómo tomarme eso. Creo recordar que su madre no quiere que tenga amigos. –Tardaré un poco, aunque no mucho. – dice antes de colgar.
Voy a la mesita de mi suite y le doy un bocado a mi pastel de miel. Sí, engorda, pero tiene miel. Y una de las dos cosas me resulta irresistible.
Polen también come un poco, no me importa compartirlo con ella, eso sí, con nadie más.
La pantalla de mi teléfono se ilumina, tengo varias notificaciones.
"Notas compradas" dice la primera.
Sin pruebas. ¿Para qué? Odiarme es moda. Casualmente, yo sí tengo.
Respondo: "Estoy en una escuela pública. Me sorprende que no lo sepas cuando medio París ha ido allí a intentar pegarme."
Siguiente.
"Seguro que has hecho trampas."
Clásico.
Y otro.
"¿Sabéis cómo ha conseguido eso? Chantajeando a los profesores: o me pones buenas notas o hago que te akumaticen."
Están rabiando. Sonrío. Sienta bien hacer sentir mal a la gente que me odia.
¿Debería subir también el comentario de la profesora felicitándome?
¿Por qué no? Y además con un mensaje propio: "Seguid lloriqueando."
Me termino mi pastel, sintiendo náuseas y evito mirar mi plato al levantarme.
Antes de salir de la suite, me aseguro de ponerme mis brazaletes de verano. Llevar mangas largas es imposible, así que en su lugar uso estos accesorios. Combinan con todo.
– ¿Puedes meter algo fresco en el bolso? – pide Polen.
Pobrecita. Casi me olvido de que hoy hace bastante calor y que estar en mi bolso será demasiado bochorno.
Como única solución se me ocurre meter pequeños trozos de hielo en una bolsa hermética. Por ahora, debería estar bien.
– No abras la bolsa si no quieres que todo se llene de agua. – le indico.
Bajo al vestíbulo. Se supone que Kagami va a venir a aquí porque no quiere que su madre sepa que somos amigas. ¿Por qué? ¿Se avergüenza de mí?
– ¿Te vas? – pregunta Jean. Ha salido de la nada.
– De compras con una amiga.
El mayordomo levanta un brazo para llamar a un escolta.
Mierda. No debería haber dicho nada. Ahora seremos Kagami, yo y Guardaespaldas 1.
Otra notificación suena en mi teléfono. Creo que voy a silenciarlo.
"¿Cuando va a cumplir tu padre con lo prometido?"
¿Cuál de las promesas? Mi padre hace muchas que no cumple.
Respondo: "Yo qué sé. Pregúntale a él."
Y silenciar.
Kagami llega en un rato.
Desde hace unos días ha dejado de llevar ese horrible maquillaje. Me alegro. Si no sabe ponerse maquillaje, que no lo haga.
– ¿Qué quiere ese hombre? – pregunta mirando a mi vigilante.
Nos dirigimos a mi limusina. Obviamente, ir andando con la calor que hace es absolutamente ridículo.
– Guardaespaldas 1. Nos acompañará porque mi mayordomo es paranoico.
Mi amiga levanta la cabeza para verlo bien. Es alto y muy musculoso. Es lo que viene a ser un guardaespaldas típico.
– ¿No sabes su nombre?
¿A quién le importa? Pero ella me mira esperando a que se lo diga. Supongo que a ella, entonces.
– ¿Cómo te llamas? – pregunto intentado disimular mi falta de interés.
– Szczepkowski.
¿El qué? Es imposible que yo pronuncie eso. En realidad me da un poco de pena, está rodeado de gente que evitará tener que decir su nombre. Entonces recuerdo que su trabajo es invadir mi espacio y se me pasa.
– ¿Eres polaco?
– Sí.
– Pues a partir de ahora, te llamaré "Polaco".
Espero que Kagami no se sienta decepcionada, aunque no creo que sea capaz de pronunciarlo. Como no quiero averiguarlo, no la miraré. Sé que lo que acabo de hacer no es amable.
En la limusina se queda callada por un momento antes de hablar. Por suerte, Polaco se ha sentado en otra zona.
– Voy a hacerte un par de preguntas. – avisa, no pide, avisa.
Tiene las manos apretadas en su regazo. ¿Es algo incómodo? No quiero hablar de cosas incómodas, que con ella, puede ser prácticamente cualquier cosa.
– ¿Cómo se comporta Adrien con sus compañeras modelos?
¿Qué? ¿A qué viene eso? ¿Y por qué quiere hablar de Adrien? Yo no quiero hablar de Adrien.
– ¿A qué te refieres? – mejor terminar con esto cuanto antes.
– A si es cercano a ellas.
Está siendo rara. Más de lo habitual. Ha tenido que pasar algo.
– Que yo sepa, no se ha hecho amigo de ninguna de ellas.
– Hablo de contacto físico.
No quiero saber qué puede estar pasando por esa rara cabeza para preguntar algo así.
De todas maneras, ¿a quién le importa ese tío? No quiero saber nada de los traidores.
– Es lo habitual en la profesión. Tienes que posar con alguien más, ayudarle con su ropa o su peinado, ... – Kagami hace un muy pequeño asentimiento. Casi me lo pierdo. – ¿Por qué? ¿Ha hecho algo raro?
– No.
Definitivamente ha pasado algo.
– ¿Qué piensas de Marinette?
¿Marioneta? ¿Ahora? ¿Justo después de preguntar sobre cómo se siente Adrien con el contacto físico? ¡Esa perra le ha hecho algo! Sabía que se comporta de manera obsesiva con los chicos que le gustan, pero esto es pasarse. Como me entere de que le ha tocado aunque sea un pelo...
– ¿Por qué pones esa cara?
Cierto. Estoy con Kagami. Tengo que calmarme. Además, he apretado tanto los puños que he duelen las palmas.
– ¿Qué cara?
– Como si quisieras pegarme. – dice mirando hacia todos lados.
Busca algo... Un akuma. Tiene sentido, acabo de enfadarme, pero no ha venido.
– ¿Por qué preguntas por ella?
Se queda callada un momento y pone la espalda más recta, más rígida que antes.
– No soy prejuiciosa, sin embargo, me da la impresión de que Marinette no es una buena persona.
– No estás siendo prejuiciosa. Tienes razón. No lo es.
Yo no le cuento nada más y ella parece aceptarlo, aunque parece haber un poco de tensión. No creo que la tarde vaya a ser divertida.
Resultó que Kagami no quería que le renovara el armario. Una decepción. Y yo que quería tirar ropa a cuadros.
A pesar de eso, la tarde ha estado bastante divertida. La ropa que escogió mi amiga era muy fea, pero era su estilo.
Aunque ha sido entretenido pensar outfits fuera de mi estilo habitual. Cómo un ejercicio mental.
Además, me he comprado un montón de bikinis de la nueva colección. Preciosos y coloridos, muy veraniegos. Ahora bien, ha sido un poco difícil encontrarlos lo suficientemente cómodos. Parece ser que la moda este año es vigilancia constante de tu bikini para que no se te salga nada.
Entro en el hotel sonriendo. Estoy de buen humor. Ha sido una tarde para desestresarse. Con tanto akuma, patrulla,no dormir para estudiar, y comer rápido para poder dormir, no había tenido tiempo para relajarme.
Me encanta comprar, es mi pequeña adicción... Y el chocolate. Aunque da granos y engorda, así que no lo como. La miel no cuenta, ya que es la de los portadores de Polen.
Algunos empleados me miran desde que entro y no dejan de hacerlo ni un momento. Sé que no sonrío habitualmente, pero se están pasando. Deberían volver a sus trabajos.
– ¡Celia! – oigo gritar a mi madre.
¿Quién es Celia? Por el tono, una desgraciada.
Voy tranquilamente al ascensor y alguien tira de mi brazo. Es mi madre.
Mierda. Celia soy yo.
Por un momento quiero corregirla, pero veo que está muy enfadada. No lo entiendo. He mejorado mis notas. ¿No lo ha visto? He exprimido al máximo mi capacidad de memorización.
Ella mira de reojo de un lado a otro: todos en el vestíbulo se han quedado quietos para observarnos. Por eso, tira de mí al ascensor y entramos.
No entiendo qué está pasando. ¿Qué he hecho?
Me arrastra hasta mi suite y cierra la puerta con llave: no quiere que nadie oiga la conversación.
– ¿Tienes idea de lo que has hecho? ¿El problema en el que has puesto a tu padre?
¿Mi padre? A ella no le importa mi padre. ¿De qué está hablando?
Respira hondo, hinchando su nariz.
– No lo has visto. – deduce.
Está muy enfadada y no sé cómo comportarme en esta situación. Normalmente, solo pasa de mí. Es una traidora.
Aunque no pienso actuar como lo haría si fuera cualquier otra persona. Bueno, excepto Kagami. Ella da verdadero miedo cuando está molesta.
– ¿Ver qué?
– ¡Tus redes sociales, inútil! ¡Hay desconocidos difamando a tu padre por no cumplir las promesas electorales! ¡¿No has visto tu teléfono?!
¿Mi teléfono?
Abro mi bolso. Polen parece preocupada. No le gusta mi madre.
Sólo tengo que entrar en Instagram para encontrar que el tío de antes ha hecho toda una teoría sobre cómo mi padre no tiene intención de mejorar el cuerpo de policías para proteger de los akumas. Y mucha gente le está creyendo.
– ¡¿Es que no hay nada que hagas bien?! – Cierra los ojos y se frota las sienes con los dedos. – Desde niña siendo inútil.
No. No voy dejar que piense eso. Soy casi perfecta. Vale, hay cosas que no sé hacer bien, pero son pocas.
Hoy mismo. Mi publicación original era que mis calificaciones son todo notable y sobresaliente.
– Sí que lo hay. Soy buena estudiante.
Abre los ojos repentinamente, lo que me hace sobresaltar.
– ¿Buena estudiante? Has presumido de notables en Internet. Ha sido absolutamente ridículo, pero lo dejé pasar porque tu otro error es mucho más grave.
¿Ridículo? Hay días en los que ni siquiera he dormido para poder conseguir esas notas. Y dice que es ridículo.
– ¿Qué sacabas tú a mi edad? – la pregunta sale sin haberla pensado. En cuanto termino de hacerla me doy cuenta de lo que he dicho. Algo que no se le debe preguntar a una madre enfadada.
Se queda congelada, mirándome con la ojos muy abiertos.
No me considero cobarde, pero he metido la pata hasta el fondo y me apresuro a huir a mi habitación.
– ¿Qué has dicho?
Estoy en mitad de la suite cuando algo me hace quedarme complemente quieta. Siento algo tirando de mí hacia arriba y comienzo a flotar. Intento mirar de reojo a mi madre y sólo alcanzo a ver que tiene el brazo levantado.
La misma fuerza me empuja violentamente contra una pared. El choque es doloroso, dando en mi cara, mi pecho, mis rodillas y mis dedos de los pies.
No caigo, sino que me quedo pegada a la pared, respirando con dificultad.
– ¿Me acabas de contestar? – sus pasos son tranquilos, el sonido de sus tacones golpeando el suelo se siente como una cuenta atrás, una que me hace quedarme sin respiración cada vez más.
Entra en mi campo de visión. El aire deja de entrar en mis pulmones por completo. Sus ojos están inyectados en sangre. Mi corazón se acelera, siento como si estuviera frente a un akuma, aunque sin nada para luchar.
– Ya no puedes responderme, niñata insolente. Tu padre no ha sabido criarte. ¿Estás sorprendida? ¿No eres capaz de hacer esto? Porque yo a tu edad si podía.
No entiendo qué está pasando. ¿Las personas normales pueden hacer magia? No. Nadie me lo ha dicho: ni mi padre, ni mi madre, ni Polen. Eso no puede ser. No puede ser.
– Niña inútil. Es por eso que no te soporto.
Un movimiento de su mano me hace caer. Lo hago sobre un taquillón, rompiéndolo.
Intento volver a respirar bien. No conozco a esta mujer. No la conozco para nada.
Se pone las gafas de sol que descansan sobre su cabeza.
Antes de marcharse, coge mi teléfono del suelo.
– No verás esto en mucho tiempo. – amenaza. – Y ninguno de tus otros dispositivos. Ese estúpido mayordomo al que tanto quieres vendrá a quitártelos.
La veo alejarse, ahora tranquila.
No puedo moverme. No tengo fuerzas.
Oigo la puerta abrirse y cerrarse. Polen grita desde mi bolso. Me recuerda la posibilidad de que se me hayan caído las gafas, pero al llevarme las manos a la cabeza encuentro que ahí siguen, cubriendo el prodigio.
Me levanto con dificultad y alcanzo el bolso para dejar salir a mi kwami, junto con un montón de agua, que da vueltas a mi alrededor, posiblemente para ver si estoy herida.
– Estoy bien.
– No, no lo estás. Estás temblando.
No, no lo estoy.
Mi madre me odia. Pensé que quería ayudarme a mejorar. Que sólo era una traidora que eligió a Marioneta sin tener en cuenta a su propia hija.
No es así. Me desprecia.
Soy la pesadilla en la vida de los demás. Mi madre me trata igual que yo a ellos. Aunque ellos son conscientes de lo mal que les trato. Y yo creía que mi madre me quería. Pero nunca estuvo de mi parte.
Es tan ridículamente irónico.
Se me escapa una risa seca. Desde luego, no es algo que haga gracia.
Polen se detiene y me mira muy preocupada.
Soy patética.
Termino mi ejercicio individual con un último salto antes de colocarme en la postura final.
Yo no compito, aun así, mi entrenadora insiste en hacer una coreografía a todas y cada una de las alumnas. Dice que así tenemos un plan a seguir.
La señora Alarie se acerca a mí mientras reajusto las vendas de mis antebrazos. No sirven para nada, aunque nadie cuestiona que las lleve.
Puede que Alarie quiera corregir algo de los muchos fallos que he tenido. Aún así, no debería centrarse tanto en mí. Yo no compito, nunca lo he hecho. Sólo estoy aquí para mejorar mi manejo de la cinta. Y antes de Lepidóptero, para estar en forma y porque me gusta.
Pongo mucha atención, ya que el recinto es grande y comienza la canción de otra gimnasta. Además, el sonido aquí es bastante malo, por lo que las voces se oyen poco y necesitan poner la música aún más fuerte.
– Estás siendo brusca de nuevo. ¿El ballet no te sirvió? – grita la mujer.
¿Por qué pregunta si sabe la respuesta?
No digo nada, no tengo excusa. Ella me empuja la espalda con suavidad para guiarme al vestuario. Una vez dentro, dónde el sonido exterior está bloqueado, nos sienta en un banco.
– ¿Estás bien? – pregunta.
– Perfectamente.
Es evidente que es mentira. Ella tampoco parece creerlo.
– Sé que no tiene que ser fácil pertenecer al instituto akuma y estar en el centro de polémicas. Pero algo bueno de hacer deporte es que puedes olvidarte de lo demás mientras lo haces.
Está siendo amable.
– Además, tienes que mejorar porque vas a tener que sustituir a Roux en el ejercicio de grupo.
¿Qué? La señora Alarie se levanta y se va. La sigo. ¿Qué quiere decir? No tardo mucho en averiguarlo cuando la veo dirigirse hacia la chica, que está sentada a un lado, agarrándose el tobillo. Junto a ella se encuentra el resto del equipo, al que la mujer dice algo.
Corro hacia ellas.
– Un momento. ¡Un momento! – Grito. La entrenadora se gira hacia mí. – Yo no hago ejercicios de grupo.
– Ahora sí. Eres la única con el suficiente nivel para sustituir a Roux.
Maldita sea.
Vuelvo al vestuario. Tengo caramelos de miel en mi bolsa.
Tengo problemas. Tiene razón.
Polen me ha explicado la magia humana. Lo que mi madre hizo. Parece ser que es algo que se hereda. Algo que normalmente, si los padres lo saben, explican a sus hijos.
Claramente mi madre lo sabe, aunque no me ha explicado nada. De mi padre no tengo ni idea.
Polen me dijo que lo que mi madre hizo fue magia negra. No tengo del todo claro qué es eso, pero estoy segura de que algo malo.
He decidido que voy a evitarla. Me da miedo que vuelva a hacer eso.
Respiro profunda y lentamente.
Mi entrenadora me ha dicho que tengo que hacer el ejercicio de grupo, así que allí me dirijo.
– ¡Bourgeois! – me llama una de mis "compañeras". – Acércate, vamos a enseñarte la coreografía.
Maldita Roux. Por su culpa tengo que participar en una competición.
Las chicas me muestran la coreografía una diez veces antes de mi primer intento, que no sale muy bien. La señora Alarie tiene razón: soy demasiado brusca.
La primera figura (por suerte, con cintas) se arruina cuando tiro demasiado fuerte. Con los akumas tengo que hacerlo, ya que así los atrapo y de mi fuerza depende si se liberan o no.
El baile tampoco va bien. Las chicas dicen que podría decicarme al break dance.
Después de la clase definitivamente necesito relajarme, o más bien, alejarme de mi casa.
El problema es que cada vez que salgo de mi casa, Polaco está ahí.
La única manera de salir es escabullirme, es decir, como Queen Bee.
Al salir de las instalaciones me fijo en Polaco. No me siento bien llamándolo así. Estoy acostumbrada. Es algo que suele hacer mi madre.
Puede que sea por eso que ahora me siento extraña.
A lo mejor su nombre es más fácil de pronunciar que su apellido.
– ¿Cuál es tu nombre de pila? – digo sin mirarlo. No tiene por qué darse cuenta.
– Jerzy.
– Te llamaré así. No me gusta Polaco. Podría tener a otro más, y entonces, ¿cómo os llamaría?
El cielo negro con algunas estrellas, que me recuerda a la piel de Ryuko, la luz cálida de la ciudad con un horizonte de casas infinito. No me gusta mirar paisajes, así que sentarme en un tejado a no hacer nada me aburre bastante.
No quiero volver al hotel: el idiota de mi padre no está y mi madre que me odia sí. No sé dónde vive Kagami, aunque no podría ir de todas maneras, ya que no parece que sea bienvenida en esa casa. No pienso ir a la casa de ninguno de los traidores y definitivamente no podría ir a a la de Nathanael otra vez, menos aún como Chloe.
Así que aquí estoy. En el tejado de una casa cualquiera.
A cierta distancia, Bunnyx salta de techo a otro. Puede hacerlo bastante alto, algo que se tenía bien callado.
Me ve, está claro, pero pasa de largo.
Bien. No tengo ganas de hablar con ella. Además, hoy le toca patrulla a ella. Tiene que hacer su trabajo.
"Es por eso que no te soporto".
Es una traidora. No, peor. Es una enemiga.
Pensar en eso hace que me duela el pecho. Mejor otra cosa.
Como mis buenas notas. No tengo problemas para entrar en bachillerato, sin embargo, no sé cuál escoger. No tengo ningún deseo para el futuro.
Bunnyx vuelve a pasar, esta vez en la dirección contraria.
Siempre me ha interesado la moda, aunque eso era más bien por mi madre.
No quiero decicarme a lo mismo que ella.
No lo había pensado hasta ahora. Otro problema más que añadir.
Suspiro. No me estoy sintiendo mejor.
– ¿Qué haces aquí?
La voz me sobresalta, y por acto reflejo, agarro mi peonza y la uso para envolver a quien está junto a mí. Que se resulta ser Bunnyx. Pues claro.
– ¡Suéltame, idiota!
– Iba a hacerlo. – Miro hacia abajo, a la calle. Aún no nos han visto. – Aunque esto te enseñará a no acercarte sigilosa a mí.
– ¡¿Qué sigilosa ni qué coño?! ¡Me has visto dos veces!
Tiene razón. Aunque no lo voy a decir en voz alta. Me vuelvo a sentar como estaba antes y ella lo hace a mi lado.
– Aun así, eres tú la que está aquí cuando no debería. Y si no vas a hacer nada, podrías ayudarme.
– La calle es pública. Y no he venido a ayudarte, sino a ver las estrellas.
La miro para ver si me ha creído. La chica arruga la nariz y mira hacia arriba. No me cree.
– Ni de coña. Hay demasiada contaminación lumínica. ¿Por qué estás aquí?
¿A qué viene la insistencia?
– ¿Por qué quieres saberlo? No te incumbe.
Oigo a Bunnyx respirar fuerte y levantarse con brusquedad. No la miro.
– Intentaba ser un poquito amable porque tienes una cara horrible y somos compañeras. Pero si vas a ser una gilipollas, ahí te quedas.
Por supuesto, la mala soy yo.
– Eres una caradura, ¿sabes? No nos dices nada de ti, de por qué Ryuko y yo fuimos escogidas para ayudarte o por qué Lepidóptero te persigue. Pero quieres que te cuente mi vida.
Ahora sí la miro. No tiene expresión y no parece que vaya a irse.
– Si quieres que seamos compañeras tiene que haber confianza. Nosotras hemos tenido fe ciega en ti y tú ni siquiera nos dijiste que viste morir a Ryuko.
Se queda en silencio un rato largo, mirando fijamente al suelo. Y entonces e sienta de nuevo.
– Mi prodigio no es del guardián, – explica. – sino una herencia familiar. Se supone que mi familia tiene el deber de proteger al guardián cuando no puede actuar. Algo así como un comodín.
Entonces, ella es diferente a nosotras. Su familia la acompaña. No está sola. Tiene mucha suerte.
Se queda callada otra vez. ¿Ya está? ¿Ese es su voto de confianza?
Simplemente está mirando a... A nada. Su cabeza está mirando justo al frente, pero sus ojos están perdidos. Gira la cabeza hacia mí, pero tampoco me ve. Parece un algo tensa.
Es raro. Y un poco escalofriante.
Todo se va en el instante en que parpadea.
– Lo activé por error cuando me lo dieron, no mucho antes de Stoneheart. Lepidóptero se dio cuenta de alguna manera y atacó. No sé por qué hace esto ni qué quiere de mí. – dice con el mismo tono que antes, como si no se hubiera desvanecido ni nada.
Estoy a punto de preguntarle cuando habla otra vez.
– Y si no os dije nada de hacer visto la muerte de Ryuko es porque yo misma no quería creerlo. Ni hablar de ello. Es mejor evitarlo. – susurra.
Vaya. Por un momento parece que la payasa está seria. Y se va cuando sonríe.
– Ahora no tienes excusa para ser gilipollas.
Me cae mal.
– Tú eres la gilipollas. Y he... – ¿Qué le digo? ¿Le miento? No, es demasiado lista. Una verdad a medias. – discutido con mi madre.
Puedo sentir sus ojos examinándome.
– ¿Sólo eso? Eres una cabrona.
Lo sé. Enfado y decepciono a todos. Ya estoy acostumbrada.
– Qué más da. De todas maneras, os lo habría tenido que acabar contando.
Se pone los brazos en jarras y sonríe. No aparenta estar enfadada.
– Y ahora me vas a ayudar con la guardia. Aún me queda media ciudad.
