N/A: Gracias a Katherine.
Si no contesto a comentarios es porque en realidad no se me ocurre nada que decir.
– No me puedo creer que hayas suspendido historia, de todas las cosas.
Saco mi libro repleto de un montón de datos extremamente aburridos, que ocurrieron hace cientos de años y me importan una mierda.
– Es decir, eres LA viajera del tiempo. Deberías saber la historia mejor que nadie.
Sí. Ya. Lo sé. Y si no fuera porque Fluff podría darme datos erróneos, le hubiera pedido ayuda a ella.
– Pensé que suspenderías matemáticas. Historia es la más fácil. Sólo tienes que memorizar.
Se suponía que mi hermano, bueno en historia, me ayudaría a estudiar, pero no hace más que parlotear.
– En matemáticas me ha ayudado Max. ¿Por qué crees que he ido tanto a su casa?
– Pensaba que estabais liados.
– ¡Qué asco! ¡Es mi amigo!
Por supuesto, ese no es el motivo por el que he ido a su casa. Y él no sabe que me ha ayudado con las mates. Me he copiado de todos sus exámenes. Y no quiero pensar en eso.
Abro el libro por el primer tema: Mesopotamia y Egipto.
– ¿Sabes? Las pirámides fueron construidas por alienígenas.
Ya empieza.
– Sí, Jalil.
– No me hables en ese tono. Hay más probabilidades de vida extraterrestre que de criaturas mágicas que dan superpoderes, y las segundas existen.
Tiene razón, las probabilidades están ahí. Y no puedo ignorarlas, Max se pasa el día hablando de ellas. Seguro que hay vida extraterrestre. Ahora, que construyeran las pirámides... Mejor no digo nada, necesito que me ayude con historia.
– ¿Qué fue primero Mesopotamia o Egipto?
Mesopotamia. Lo he dicho para cambiar de tema. Y él se da cuenta.
– Mesopotamia. No se sabe mucho de esa civilización, en comparación a Egipto, puesto que no se han encontrado tantos restos arqueológicos. ¿Qué vas a hacer con la Evaluación Nacional de Fin de Secundaria? Tienes que entrar en el lycée.
– Y entraré. Sólo me queda esta asignatura y haré el examen en septiembre. Mi media no está tan mal, gracias a arte y educación física.
Se pasa la mano por la cara.
No sé por qué se preocupa tanto por mi futuro escolar y no por mi futuro en general. Soy Bunnyx. En cualquier momento puede aparecer un akuma...
Hay un golpe fuerte a nuestras espaldas. Mi ventana se ha abierto de par en par y ha entrado un tío vestido de colorines.
Nino.
– Ugh, un adulto.
Saca un pompero gigante de su espalda y le lanza una burbuja azul a mi hermano, que lo atrapa.
Me levanto de la silla de un salto y me quedo en el sitio.
Tengo que pensar rápido. Cojo el prodigio del escritorio sin que lo vea. Sea lo que sea que quiera este akuma, estaré preparada.
Mi hermano lo ve, aunque no se queda aquí mucho tiempo, ya que su burbuja sale flotando por la ventana.
– Nos vamos a una fiesta. – dice el akuma.
¿Una fiesta? Estudiar es un tostón, pero, ¿un akuma para fiestas? Y sin adultos.
¿Dónde está Fluff? Seguro que mordiendo el mando de la televisión. Esa maldita kwami.
– ¿Puedo al menos cambiarme de ropa o tengo que ir en pijama?
Sí, soy la clase de persona que se queda en pijama si no va a salir.
El akuma se acerca a mi armario y comienza a rebuscar entre la ropa.
Eh... Vale.
– Fluff, ven. – llamo lo más débilmente posible, tanto, que apenas lo oigo yo misma. Espero que funcione y no sea solo con la frase especial.
Tira un pantalón corto sobre mi cama. No tengo faldas ni vestidos, así que al menos me libro de algo.
La kwami entra por la puerta. Seguro que sabe lo que está ocurriendo. Moviéndome lo menos posible, le doy el prodigio y le indico que se ponga sobre el techo del armario. El chico no ve nada, ya que las puertas del ropero se interponen.
Las cierra y me lanza una camiseta de tirantes rosa que pone "Party". La compré por un reto de Kim.
Lepidóptero: el diseñador de moda.
De cualquier modo, he hecho tiempo para Fluff y tengo una excusa para vestir algo que me permita llevar el prodigio.
– Rápido. – ordena antes de darme espacio y volverse hacia la puerta de mi habitación. No me dejará escapar.
Puedo esconder a Fluff.
Antes de salir, me echa como diez litros de colonia.
Que un akuma me lleve en brazos por media ciudad no estaba en mi lista de deseos, que el mismo me amenace para "hacer feliz a Adrien en su cumpleaños porque soy la chica que le gusta", tampoco. Y ya sé por qué ha sido akumatizado. El propio Lepidóptero lo ha provocado.
La casa de Adrien es enorme, como era de esperar. Lo que resulta extraño, y frío al mismo tiempo, es que tiene un patio vacío: ni plantas, ni piscina, sólo tierra.
Ya hay muchos adolescentes ahí reunidos, decorando y organizando el lugar. Entre ellos, mi clase, ahora bien, no son los únicos. Kim y Juleka cuelgan las guirnaldas en lugares altos, Max se encarga de la mesa de mezclas, Marinette decora un pastel de último momento, Kagami escribe algo en un enorme cartel y Chloe está a un lado, enfurruñada.
En cuanto llegamos, el akuma se dirige a Chloe.
– Trabaja. – exige antes de agarrar la empuñadura de su pompero.
No puedo dejar que le haga nada a Queen Bee, por lo que me interpongo.
– Y lo hará. Me ayudará a peinarme. Tengo que estar guapa para el cumpleañero.
Primera y última vez que digo esa frase.
Parece que eso le resulta creíble, ya que se va con Max.
Chloe me mira de arriba a abajo. Abre la boca, como si fuera a hablar, y la cierra. Imagino que iba a criticar mi ropa.
– ¿Por qué me has salvado? – pregunta en su lugar con genuina curiosidad, en un tono nada creído poco habitual en ella.
Porque eres Queen Bee.
– Porque no soy imbécil.
Ya que el akuma no presta atención, vuelve a mirar su teléfono intentado disimular la molestia.
No pasa mucho tiempo antes de que aparezca el invitado de honor, completamente sorprendido por la fiesta. Nino nos obliga bailar a todos con su música y Adrien no se entera de nada.
Chloe sigue usando su móvil, con las redes sociales o lo que sea. Tiene problemas con Adrien y no quiere estar en su fiesta.
Se supone que tengo que saludarlo, pero en realidad tampoco quiero.
Por suerte, Kagami llega primero. Parecen estar bastante bien hablando los dos solos, aunque todos los miran. Aun así, no dura mucho tiempo antes de que Marinette se meta en la conversación. Chloe se aparta de mi lado e interfiere.
Una vez más, parece que esté en medio de una telenovela. Lo bueno es que esta vez estoy fuera, lo malo es que Kagami ha ocupado mi lugar.
Adrien se escapa de la conversación y hace lo que sería normal en una fiesta de cumpleaños: se pasea saludando a todos, baila, admira la tarta... ¿No se da cuenta de que el tío que pone la música es azul?
En este lugar abierto no hay huecos para esconderse, y, mientras Adrien está distraído, y Nino parece que también, intento entrar en la casa. Ahí tiene que haber un sitio oculto.
Estoy cerca de la verja, dónde el akuma me dejó con Chloe. Ella se separó de mí hace rato, puede que por el mismo motivo que yo.
Normalmente, me apartaría de la multitud. Soy mucho más bajita que la mayoría, y estando en pleno agosto sería fácil morir asfixiada o aplastada. Si bien esta vez puedo usarlo como ventaja.
Moviéndome entre tanta gente no deberían verme.
Voy empujando con cuidado, yendo hacia los bordes del gentío, que se mueve constante pero lento, como el mar en calma.
Intento retener el agobio que crece y lucha por salir: hace mucho calor, no veo hacia dónde me dirijo y el espacio para movimiento es pequeño, lo que no ayuda, ya que no me gustan los espacios pequeños.
Consigo llegar a la parte exterior, más dispersa y finjo bailar mientras continúo alejándome. He cruzado el patio sin que me vean.
O eso creo hasta que alguien se me acerca y finge bailar junto a mí.
– ¿Qué haces? – pregunta Kim.
Mierda.
– Bailar. Es lo que nos ha ordenado el colorines.
No se lo traga.
– Te he estado mirando todo el tiempo, ¿sabes? Estaba seguro de que intentarías esconderte.
Maldito Kim. Pesado de los cojones. Tiene un sentido de la oportunidad de mierda.
– Vale. Quiero esconderme. ¿Me vas lo vas a reprochar?
– No. Yo también quiero. – ¿Kim el gallito quiere que le ayude a escapar de Nino? A pesar de la situación, me dan ganas de reír.
– ¿Te da miedo Nino? – me río. A mí no asusta. Me preocupa, sí, sin embargo no le temo.
No se lo toma como debería, sino que se pone mucho más serio.
– Antes de ir a por ti, echó a Iván.
Y dejo de reír.
Es verdad. No lo he visto en todo el tiempo. Así que no va sólo a por adultos, por el motivo que sea, sino que también ataca a aquellos que no cumplen con sus exigencias.
No puede venir conmigo, tengo que transformarme. A lo mejor puedo hacer una excusa, apelar a su ego.
Ya lo he hecho y no ha funcionado. No puedo decirle que no. Maldita sea, ¿por qué tiene que ser Kim? Lo odio.
– Vale. Pero tiene que ser rápido. Eres muy grande y el akuma puede verte.
Nino deja de mirar a la gente para cambiar el disco que está tocando. Ahora.
Le hago un gesto a Kim y corro escaleras arriba hacia la entrada.
El vestíbulo absurdamente grande, escaleras ominosas que recuerdan a un palacio de cuento. Lepidóptero tiene aires de grandeza.
Subimos esas escaleras a la carrera. Por suerte, los dos hacemos ejercicio regularmente.
– ¿A dónde quieres ir? – cuestiona Kim.
– A dónde no nos puedan encontrar.
Pasillo grande. Muchas puertas. Entro en la primera que veo.
– ¿Por qué esconderse tanto? Ya hemos escapado.
Un dormitorio. No tan grande como imaginaba, tampoco pequeño. Está poco personalizado, más bien nada. Y aunque se encuentra muy limpio y organizado, es evidente que pertenece a alguien. No parece ser de ningún Agreste, ni del gorila que lleva a Adrien al instituto. Debe pertencer a la mujer que lo acompaña a veces.
Algo en este sitio es raro. Miro por toda la habitación. Algo no encaja, no sé el qué.
Ahora no puedo pensar en eso, hay que separarse.
– Escóndete bajo la cama.
El chico la observa. Bien, me largo.
– ¿Qué dices? No entro... – Se da la vuelta. Mierda. – Un momento, ¿qué vas a hacer tú?
Piensa rápido. Una excusa que no le haga querer venir conmigo.
– Voy al baño. Lo que sea que nos haya hecho comer el akuma, no me ha sentado bien.
Así no querrá, ¿verdad? Hace una mueca de asco. Bien.
– Vale... Avísame si vas a vomitar.
– ¿Para marcharte?
Y oír algo tan desagradable.
– Para reconfortarte. No soy tan malo.
Me alegro de haberlo sacado de ahí.
Sonríe, sin burla. ¿Por qué en un momento así? ¡Oh, mierda! Es porque yo lo he hecho primero. ¡Es Kim! Maldita sea.
Lo bueno de los cuartos de baño es que a menudo tienen pestillo, por lo que al encerrarme en uno y transformarme nadie me ve. Tampoco creo que haya cámaras de seguridad aquí.
Salgo a través de mi madriguera. Sí, me cansará, pero por la puerta o la ventana corro el riesgo de que me vean.
En cinco minutos seré vulnerable. Para ese momento Kagami y Chloe ya estarán conmigo.
Aparezco en un lugar alto y ligeramente alejado de la multitud, que llame su atención.
– ¡Eh, tú, el hinchado! – grito todo lo que puedo. Con la música es un poco difícil.
Sin embargo, los que están más cerca se giran, alertando a los demás y así hasta llegar al akuma. El ruido se detiene.
– ¿Estamos de parranda? ¡Qué pena! Normalmente soy el alma de la fiesta, en cambio, hoy voy a ser el agua. ¡Todo el mundo fuera!
No se hacen derogar ni un segundo. Todos corren a la casa o al exterior.
Nino tampoco y lanza burbujas azules, atrapando a algunas personas.
¿Podrán respirar ahí dentro?
No. No puedo preguntarme eso, mi hermano está ahí dentro.
Veo que Adrien no se ha movido, sino que está ahí en medio, flipando.
¿Qué coño le pasa? ¿Es idiota?
Sea para bien o para mal, el akuma está obsesionado con él. Y eso lo convierte en un objetivo.
Doy un salto grande, algo en lo que al parecer soy buena, y aterrizo junto a él.
– Vete.
No se mueve. Confirmado, es idiota.
Saco mi paraguas y lo agarro bien fuerte, preparada.
El chico de piel tan azul como la mía me mira de arriba a abajo con expresión agresiva.
– Has venido a comportarte igual a los adultos. Arruinando la diversión. Por eso los he mandado a ahí arriba, – dice, señalando al cielo. – para que no puedan amargarnos como lo están ellos.
Es una versión exagerada e histriónica del relajado Nino.
– Los adultos hacen falta. ¿Quién va a operar gente o trabajar en una central eléctrica? ¿Quién va a cultivar nuestros alimentos o cuidar de los niños? ¿Tú? No tiene pinta.
Adrien sigue sin moverse. Me coloco delante suya, tendré que sacarlo a la fuerza.
– No sólo eres igual de aburrida que ellos, sino que hablas con su misma condescendencia. Tomándonos a los jóvenes por inútiles incapaces de pensar por sí mismos o incluso mejor que ellos. Se pasan el día sufriendo por todo, olvidándose de lo que es vivir y queriendo imponérnoslo. – grita con rabia. – Irás al cielo a acompañarlos.
Suena a sentencia de muerte.
Crea una burbuja azul con su pompero, que dirige en mi dirección. Yo le doy un golpe hacia un lado. No estalla, sino que rebota, lo que no es una sorpresa.
Lo intenta una segunda vez, ésta, con una roja. Algo me dice que no es buena idea repetir el movimiento.
– ¡Agárrate fuerte! – advierto a Adrien.
Y vaya si lo hace. Ahora sí siento que voy a vomitar.
En esta ocasión, el salto no es hacia delante sino en altura. La burbuja bajo nosotros explota como una bomba al tocar el suelo.
¿Cómo pretendía coger el prodigio después? ¿Y Adrien? ¿No tiene problemas en hacerle daño a su amigo?
No.
A Lepidóptero no le importa hacerle daño a su hijo.
Tengo que recordarme eso.
Aquí arriba estamos cerca del tejado, por lo que en la caída me desvío hacia la casa. Es un poco difícil, teniendo un peso extra, aun así consigo alcanzar un balcón. Bueno, más o menos.
Dejo a Adrien ahí, me da igual qué parte de la casa sea. Y entonces viene el cansancio. Ya han pasado cinco minutos.
Me fijo en el chico. Su expresión dice mucho, está horrorizado. Respira agitadamente, mirando el patio. Las chicas han llegado.
– ¿No bajas? – Intenta disimular la impresión con tono estudiado.
Por ahora no puedo.
– ¿Estás bien?
– Sí. – sonríe. – Pero he sido un idiota pensado que la gente lo pasaba bien. Es un akuma.
Su mirada se desplaza un momento a mi barriga, al bolsillo donde guardo el prodigio. Lo ha notado. Vuelve a mirarme a la cara con una expresión calculada de neutralidad.
Trata de ocultar que se ha dado cuenta de mi prodigio o lo que sea que él crea que es. ¿Qué significa eso?
Lo pensaré luego. Voy a bajar ya.
Me lanzo desde el balcón y aterrizo a un lado. El akuma no deja de arrojar burbujas rojas a mis compañeras. Ellas las esquivan, no las revientan.
Con Queen Bee no será complicado acabar con él. Desde lejos, ella puede usar su peonza para atrapar el pompero. Tiene agujeros, así que no debe ser difícil para ella. Y considerando que nada en el akuma parece fuera de lugar, el objeto con la mariposa posiblemente sea su arma. Supongo que Ryuko y yo seremos la distracción.
Me acerco primero a la dragona.
– Tengo un plan. – dice antes de que pueda abrir la boca. Viene una burbuja de arriba y otra a la derecha. Saltamos al lado contrario. Queen Bee también tiene, incluso más. – Me haré viento y bajaré a todos los adultos de la ciudad al suelo. – Burbuja a la izquierda. – Entonces podréis desakumatizarlo.
No espera a que diga sí, no. Tampoco que pregunte cómo nos avisará, que es lo que quiero hacer, sino que mueve los labios y se convierte en viento.
Sigue siendo un poco escueta.
Veo una mariposa aparecer en la cara de Nino. Mira arriba. Lepidóptero le dice algo sobre Ryuko.
Una burbuja se aproxima a mi cabeza. ¿De dónde ha salido? Salto de nuevo, en dirección a Queen Bee.
No me mira, aunque sabe que estoy aquí.
– ¿Puedes paralizarlo?
– Desde luego. Pero Ryuko no quiere todavía.
– No sabemos qué pasará cuando le quitemos sus poderes.
El akuma comienza a dar vueltas sobre sí mismo con el pompero en la mano, generando muchas burbujas. Éstas tienen más fuerza al venir. Es una trampa.
Ambas las esquivamos como podemos, ya que no tenemos otra cosa que hacer.
Pero las burbujas no se estrellan contra el suelo, sino que cambian de color a verde y se mueven violentamente el cualquier dirección. De estas no escapamos.
Se pegan a nosotras, no hacen daño. El problema es que nos complica movernos, con lo que se pegan aún más y al final forman una burbuja azul mayor que nos envuelve a ambas.
Nino se nos acerca con una sonrisa de superioridad.
– Lepidóptero quiere tu prodigio. No ha dicho que tengas que estar viva. Como los adultos.
Entonces realmente estamos atrapadas con esta cantidad de aire. Jalil... Y mi padre. No sé si está encerrado.
– ¡Él también es un adulto! Y le estás ayudando. – Está yendo en contra de su motivo para akumatizarse. Tiene que dudar aunque sea un poco.
Su sonrisa cae y su rostro se tuerce en agresividad pura. No hay nada de Nino aquí.
– ¡Eso tú no lo sabes!
El grito es seguido de una patada que nos envía al cielo. Es como un viaje en una montaña rusa, sólo que sin la parte divertida. Frena tan repentinamente como ha empezado y nos quedamos flotando a gran altitud.
No sé qué hacer. Esta burbuja es pequeña, no tenemos mucho oxígeno. Jalil y mi padre tampoco lo tienen. Podrían estar muertos.
Ellos muertos. Nosotras muertas. Todos muertos.
Y yo no puedo hacer nada.
Cerca nuestra hay otra persona aprisionada. Es la dueña de la habitación donde nos hemos escondido Kim y yo. Está echada, con los ojos cerrados, flácida. Muerta.
– ¿Sabes cómo salir de aquí? – pregunto a Queen Bee, tragándome el miedo. – Tenemos que hacerlo pronto, si no, moriremos como esa mujer.
Ella mira a nuestro alrededor.
– ¿Qué mujer?
– Aquella. – Señalo. – ¿No la ves?
– La veo. No está muerta, sólo desmayada. Lo que quiere decir que las burbujas tienen mayor transpiración de lo que parece. Podemos escapar con tu madriguera.
Un fuerte viento nos arrastra en dirección al centro de la ciudad.
Debe ser Ryuko. Está mejorando con sus poderes.
– Mis portales son mayores que esta burbuja. No nos libraríamos.
– Pues hazlo en mini. ¿No se supone que eres más lista que yo? Demuéstralo.
Cierto. Los portales los dibujo en el aire, a veces los pienso. Puedo hacerlos del tamaño que yo quiera. Cuanto mayores tienen que ser peor, pero menores...
Estamos sentadas la una junto a la otra, sólo tengo que hacerlo justo delante nuestra. No importa que ya he hecho uno antes, prefiero cansarme a morir.
Tendiendo en cuenta el poco margen que tengo, el portal queda del tamaño justo para que podamos entrar de una en una. Yo voy primera.
Meto los pies primero, como si entrase en una alcantarilla, después uso las paredes de la burbuja para impulsarme con las manos hasta que estoy dentro. Me encuentro tumbada en ese suelo invisible que aparenta cubrir la madriguera por completo. El portal no se ve tan pequeño desde aquí.
Me asomo de nuevo, aún tumbada.
– Rápido, antes...
Ocurre muy rápido, sin embargo yo lo veo a cámara lenta.
Queen Bee abre los ojos como platos, ve algo que yo no. La burbuja en la que está se rompe y ella cae al vacío.
Me abalanzo hacia delante, intentando alcanzarla y ella estira los brazos, queriendo agarrarse a mí. No lo consigue.
Se detransforma. ¿Por qué? ¿Por qué volvería a su firma civil en un momento como este? Cae y cae hasta que la pierdo de vista. Tengo la sensación de que muere. Chloe no es tan estúpida, no haría algo así. Es una alucinación.
Las tengo bastante a menudo. Algunas son absurdas, otras me ayudan y varias son simplemente imposibles. Esta es una de ellas, no debo alarmarme.
No morirá. La protege un akuma.
Está bien. No ha sido un ataque mágico, sólo la gravedad haciendo de las suyas. Eso sí, puede que le pique un poco, ya que estaba en una burbuja mágica.
Aquí, veo que estoy rodeada de adultos, algunos despiertos y otros desmayados. Mire a dónde mire, hay adultos por doquier. Ryuko lo ha conseguido, reunirlos a todos.
El akuma también se ha debido de dar cuenta, ya que no muy lejos de aquí veo un banco de burbujas verdes.
Ya sé dónde está, así que voy a por Queen Bee de nuevo.
Se encuentra en la dirección noroeste desde donde yo estaba, seguramente nada que ver con la dirección noroeste real.
Subimos al tejado del edificio, yo saltando entre balcones y ella usando su peonza. Al llegar a aquí, nos encontramos una escena increíble.
El akuma controla un buen grupo de burbujas verdes, que salen disparadas a todas direcciones, y las vuelve a redirigir hacia lo que las expulsa. Esto es un ciclón, una columna de aire que se mueve en espiral a gran velocidad, del tamaño de una persona.
Impresionante. Es Ryuko. Ha conseguido casi recrear un fenómeno de la naturaleza y el akuma no puede hacer nada contra ella. Ni siquiera se da cuenta de que estamos aquí.
Queen Bee lo envuelve con el cable de su peonza. No sabemos qué hará el akuma una vez atrapado, aunque con Ryuko cerca, si decide liberarlos y que caigan, ella puede rescatarlos.
Eso hace ella una vez que las burbujas verdes dejan de tocarla. Y eso hace él.
Le quito el pompero e intento romperlo con las manos. No puedo.
Nino intenta liberarse al ver lo que trato de hacer y Queen Bee forcejea con él.
– ¡Venga, rómpelo!
No tengo mucha fuerza en los brazos, así que lo intento una segunda vez. Piso un lado y tiro del otro.
Tras unos segundos se rompe y mato la mariposa que sale del objeto.
La gente está bien. Los adultos han vuelto a sus casas y la mayoría de los adolescentes también.
Casi toda la clase nos hemos quedado en la fiesta sin importar lo que diga Lepidóptero. Me gustaría decir que no es por pena, pero no puedo negarlo.
Adrien también parece triste y hace un rato que ha desaparecido con Nino. A saber de qué estarán hablando.
Yo estoy agotada desde que me detransformé. Así que, me he tomado un Monster y ahora voy por el segundo. No me he separado de la mesa de comida ni un momento.
Kagami está aquí al lado, sola, bebiendo lo que supongo es café. No sé para qué, ella sólo ha usado el viento y no debería estar cansada.
– ¿Por qué crees que hay tan pocos akumas en vacaciones?
No tengo ni idea. No imagino a Lepidóptero como la clase de tío que hace las cosas porque sí. Debe tener un motivo.
– ¿Qué más da? Estamos en una fiesta. Hay que divertirse.
Me acabo mi lata de Monster. No he dormido en la madriguera y ahora pienso que es un error no haberlo hecho.
Voy a aprovechar esta fiesta, ya que no tendré otra oportunidad en mi verano de estudios.
– ¿Qué modalidad de lycée vas a escoger? – Otra pregunta de mi amiga.
Lo que se me dé mejor. En realidad, no tengo ninguna idea sobre mi futuro.
– El general, y de optativas arte y educación física. Quiero tener todas mis posibilidades a mano. ¿Y tú?
– Igual, con la diferencia de que como electivas he seleccionado latín y griego.
¿Idiomas? Le gustan los idiomas. Me alegro de que ella lo tenga tan claro.
Basta de pensar en el instituto. Cuando llegue a casa tendré que estudiar, así que ahora que estoy en una fiesta voy a bailar. Además, tengo muchas ganas de moverme. Sospecho que el Monster está haciendo efecto.
No hay música en este momento, ya que Nino aún no ha aparecido. No pasa nada, sólo hay que poner algo de lo que tenga grabado.
– ¿Ya estás mejor? – Kim está aquí. Otra vez. – No se te ve nada enferma.
Está sentado junto a un altavoz. No sé cómo no lo he visto antes.
– Sí, ya no tengo náuseas.
Muevo mucho las manos. Debe ser la bebida energética.
– Te he visto tomarte dos Monster. – Parece molesto, con el ceño fruncido y los brazos cruzados. – No te entiendo. Si no querías estar conmigo podrías habérmelo dicho a la cara en lugar de mentirme.
No es verdad. No tengo problema estando con él. Bueno, sí cuando su novia también está, pero eso es otra cosa.
Le he sacado de ahí y encima me recrimina que no me he quedado con él. No tiene ningún derecho. Como cuando quería saber qué me ocurría en las manos.
– Claro, porque tú y yo siempre nos lo hemos contado todo, ¿verdad? No es como si te hubiera dejado seguirme con el riesgo que eso conllevaba, por ser tú, – Sobre todo contra el akuma. – sino que además tengo que decirte por qué quería estar sola
Eso le sorprende. Abre la boca y la cierra con fuerza.
Yo también me sorprendo por lo que he dicho. Acabo de confirmar que le he mentido. Puede que sospeche aún más.
– Si no quieres tener nada que ver conmigo, no deberías haberte puesto esa camiseta.
Ni siquiera la he elegido yo. No voy a decirlo, eso sería peor.
– Eh... – Y ahora Max. Genial. – Alix, necesito hablar contigo.
Trae una excusa para huir, así que lo sigo.
Nos vamos lejos de donde están todos, al otro lado del patio, dónde no nos ven bien ya que está oscureciendo.
– ¿Qué? – pregunto sin especial interés. Aún pienso en la discusión.
– He oído vuestra conversación.
Yo sólo quería bailar. Y ahora voy a tener que aguantar a alguien que me regañe por la pelea o lo que sea que vaya a hacer.
– Sé por qué te separaste de él y el motivo de que no se lo cuentes.
¿Qué?
Esto no es lo que esperaba. Cualquier cosa menos esto. No ha podido descubrirme.
Mira a los lados.
¿Qué hago? Nunca pensé que me descubriría. Ha fingido no verlo y caído por completo.
Se acerca más a mí y susurra.
– Eres Bunnyx.
Mierda.
1 Ya he hablado del sistema educativo francés y lo que he encontrado de su "bachillerato" me resulta muy confuso. Al parecer tienen un general, un tecnológico y un profesional,y no sé nada más. Lo he sacado de una guía para inmigrantes en Francia. Por esto, me voy a inventar cómo son sus clases.
