N/A: Sé que he tardado mucho, pero tengo un motivo de peso. Espero que os guste este capítulo.
Soy consciente de que la educación francesa no funciona como lo he puesto, pero no encontré mucho, y lo poco que encontré me resultó confuso.
Gracias a Katherine.
– Creo que deberíamos decirnos nuestras identidades. – sugiere Bunnyx.
Es mi último sábado de vacaciones, y al igual que todos los sábados por la noche desde que soy Ryuko, me reúno con mis compañeras.
– ¿Estás chalada? ¡No!
Miro a Queen Bee, que ha tenido una reacción exagerada.
Es una idea osada, debe tener sus razones.
– ¿Por qué piensas que deberíamos hacerlo? – pregunto yo, en cambio.
La chica mira a su regazo un momento antes de levantar la cabeza y hablar en un tono seguro.
– Es el siguiente paso para aumentar nuestra confianza de equipo.
¿Por qué necesitamos aumentar nuestra confianza como grupo? Nos llevamos bastante bien. Aunque decirnos nuestras identidades puede ser beneficioso de otra manera.
– ¿Estás pirada? No nos hace falta.
– ¡Me lo reprochaste no hace mucho! Que no confiaba lo suficiente en vosotras. Estoy confiando.
¿Cuándo ha pasado eso? Sólo hemos tenido un akuma durante el verano, y ni en ese momento, ni en ninguna de nuestras reuniones han dicho nada parecido.
Se han visto sin mi. ¿Me están dejando fuera? No, eso es absurdo. Yo también he llegado a encontrarme con alguna de ellas en patrullas.
– Podemos confiar entre nosotras sin decirnos quienes somos. – replica la abeja.
Está siendo muy reticente. Debe de haber algún motivo por el que no quiere que conozcamos su identidad.
– En realidad, – comienzo, pensando bien qué decir. – tiene ventajas. Podríamos comunicarnos en cualquier momento, contarnos descubrimientos u otro hecho relevante.
Bunnyx señala a Queen Bee, que no deja de negar con la cabeza.
No obstante, hay desventajas.
– Sin embargo, – Eso hace que la primera baje el brazo y la segunda sonría. – también podríamos ser más vulnerables. Esto es una relación profesional. Si se vuelve personal, podría acabar mal. Y si alguna de vosotras está en peligro durante un akuma, me distraeré.
– Pero hay momentos en los que no saber nuestras identidades es un problema. Por ejemplo, imaginad que una de nosotras encuentra un akuma en un día de patrulla y no puede encargarse sola. Una llamada de teléfono o un mensaje de texto y las otras dos estarían avisadas.
Se supone que las patrullas son para que una de nosotras acabe con los akumas que aparezcan mientras las demás duermen. Si no pudiéramos acabar con ellos solas, ¿por qué nos dividiríamos así?
Bunnyx nos observa a una y a otra.
– ¿Votamos? Yo estoy a favor. – dice, alzando un brazo.
Queen Bee se cruza de brazos y sigue negando con la cabeza.
Las dos se giran en mi dirección.
No sé qué elegir. He intentado ser razonable, aunque no lo soy especialmente. Prefiero guiarme por mi instinto, siempre lo he hecho: normas estrictas memorizadas y mi intuición diciéndome cómo actuar con respecto a ellas. Aquí no hay reglas que cumplir o romper. Puedo hacer lo que yo quiera.
Y tengo el presentimiento de que debo saber.
Levanto la mano.
– Dos de tres. – sonríe Bunnyx. – Eso es que sí.
– Agh, maldita democracia.
Decidimos ir a un sitio donde no puedan vernos, por lo que nos dirigimos a un lugar poco transitado a estas horas: un cementerio.
No ha sido idea mía. Jamás se me podría haber ocurrido algo así. Los cementerios me dan una sensación oscura y tenebrosa. No me gustan nada.
Se me forma un nudo en el estómago en el momento en que ponemos pie en este solitario lugar.
– Ahora que estamos aquí, podemos revelarlo.
– ¿No sería mejor ir a casa de alguna de nosotras? – pregunto.
– ¿Ofreces la tuya?
No digo nada más.
Que sea rápido, entonces.
– Detransfórmame. – susurro. Me gustaría poder controlarlo sin decir nada en voz alta.
Me envuelve un brillo cegador que podría llamar la atención de cualquiera en un radio bastante grande y después se pone todo completamente oscuro. Una ventaja de ser Ryuko es que puedo ver en la oscuridad. Tampoco me gusta no saber qué tengo delante.
Busco mi teléfono. Debe estar en el bolsito que venía con la falda.
– ¿Kagami? – dice Bunnyx.
Me detengo. Oigo un fuerte respingo.
– ¿Me conoces?
El mismo brillo, sólo que de color celeste, viene desde la dirección de Bunnyx y se va tan rápido como ha aparecido.
Saco mi móvil y uso el modo linterna. Ya puedo ver.
Apunto a Bunnyx. Es Alix.
Una de mis compañeras superheroínas también es una de mis mejores amigas. ¡Sí!
Pero en este es un momento importante y serio. Debería disimular el entusiasmo, por lo que imito a mi madre. Siempre funciona.
– ¿Bee? – pregunta mi amiga, haciendo con su teléfono lo mismo que yo.
Ilumino a la tercera integrante del equipo. Se está alejando de nosotras dando pasos hacia atrás.
– ¿Qué te ocurre? – cuestiono.
Ella sigue sin decir nada.
– Tiene miedo. – explica Longg en algún lugar a mi derecha.
No me imagino por qué.
Aunque está asustada, se detransforma y veo que es Chloe.
Increíblemente fantástico. Son dos de mis personas favoritas. Siento ganas de sonreír, no obstante, no lo hago, ya que mi sonrisa no le gusta a nadie.
Me percato de que Chloe no parece feliz ni tranquila, al contrario que Alix.
– Está muy bien que las tres nos conozcamos. Deberíamos crear un grupo de WhatsApp o algo.
Chloe se acerca a mí y mira en mi móvil cómo Alix crea dicho grupo.
– ¿No tienes tu teléfono aquí?
– No. Mi madre me ha castigado sin él todo el verano.
Entonces es por eso que no ha respondido a ninguno de mis mensajes. Busco a Longg a mi alrededor con la linterna. Hemos hablado sobre eso algunas veces durante estas vacaciones.
Encuentro que Longg y los kwamis de mis amigas están apartados, hablando. No se han visto en un tiempo, ya hablaremos después.
– ¿Cenamos? – sugiere Alix.
Por fin salimos del horripilante terreno y ella nos guía a un local de comida. Una pizzería, lo que no resulta nada inusual, y nos invita a comer a las dos. Lo tenía bien pensado.
– Oye, Kagami, tengo una pregunta desde hace un tiempo. – dice, justo después de que el camarero se vaya. Se acerca un poco más y cuando vuelve a hablar está susurrando. – ¿Cómo conseguiste formar ese tornado contra Bubbler?
En realidad no era un tornado. He investigado sobre fenómenos atmosféricos y ese necesita estar conectado al suelo. Lo que yo hice no era ninguno en concreto.
– Cuando estoy transformada en uno de mis dragones sólo tengo el sentido del tacto. Sentí unas burbujas más pequeñas de las que estaba empujando, así que me libré de ellas dando vueltas sobre mí misma. Al no tener la forma y propiedades de un tornado, pude expulsarlas en lugar de atraerlas.
Ella se queda con la boca abierta. Pasó lo mismo con Longg. A él no se le había ocurrido algo así, a pesar de los muchos años que tiene. Creo que es más de tradiciones y no de innovar. Yo le veo un lado positivo a ambas cosas.
Aunque, por otro lado, me dijo que el que yo pudiera hacer eso era un indicativo de que voy por el buen camino.
Ahora que estamos con preguntas, yo también debería formular la mía.
– ¿Alguna de vosotras sabe algo de magia?
– Tú, – Chloe señala a Alix. – dijiste que tu familia lo sabía.
¿Otra cosa más que han dicho cuando yo no estaba?
La chica asiente y expone sobre su familia, la existencia de la magia y que todos los portadores podemos realizar magia por nosotros mismos. Por supuesto, lo explica en voz baja.
– Eso tiene sentido. – concuerda la rubia. – Mi madre también puede hacerlo. – confiesa.
Su madre puede controlar la magia, y la familia de Alix, también.
¿Puede la mía? Nunca lo he visto. Nunca lo ha dicho. Sólo me ha ordenado que no me acerque a nada relacionado con la magia. Eso quiere decir que sabe de su existencia y que no es una exagerada como pensé durante años. ¿Es mi padre el que tiene esa capacidad?
– Entonces tienes apoyo por parte de tu familia. Te dicen la manera de actuar, por ejemplo, los problemas de lógica.
La reacción de Alix a eso es una carcajada. ¿He dicho algo gracioso? Miro a Chloe. La observa con el ceño ligeramente fruncido, los ojos entornados y la nariz arrugada. Ella tampoco sabe qué le pasa. Incluso gente de otras mesas nos está revisando.
– ¡Eso fue mentira! – Se ríe un poco más. – Y sí, Jalil me ayuda un poquito. Y ahora nos podemos ayudar entre nosotras.
El primer día de clase me resulta diferente al del curso pasado. En aquella ocasión, me incorporé más tarde que los demás, por consiguiente, recibí una orientación especial por parte de mi tutora.
Estaba sola. Sin kwami, sin amigos y sin superpoderes.
Hoy, igual a todos los demás, averiguo mi clase en una lista de nombres colgada en un tablón cerca de la entrada de la escuela.
Busco mi nombre en el primer año de lycée y encuentro algo curioso: el grupo de mi clase es más del doble de numeroso que el anterior. Somos treinta y cuatro personas, dentro de las cuales, se incluyen todos mis compañeros de collège. Eso quiere decir que comparto aula tanto con Alix y Chloe como con Adrien.
Entre la multitud de gente que se acumula junto a la lista, se encuentran mis amigas, sentadas la una al lado de la otra en un banco, sin hablar. Me aproximo a ellas.
– ¿Habéis visto la lista? Hay más gente que el año pasado.
– Por supuesto. – Chloe se levanta con una sonrisa. – No todos han conseguido entrar en lycée. Hay menos alumnos, lo que cabe a menos grupos y más gente por clase. Nosotras somos mejores que el resto, por eso hemos pasado.
Habla con orgullo y comienza a caminar hacia lo que deduzco es el aula. Ella debe saber dónde está mejor que yo.
– Y por algún motivo, ella también está aquí. – apunta, señalando a Alix.
La miro justo a tiempo para verla poner los ojos en blanco.
– No seas idiota. Toda la clase ha entrado. Lo que pasa es que mucha gente se ha cambiado de instituto. Hey, Kagami, ¿estás emocionada?
¿He hecho algún tipo de expresión sin darme cuenta?
Terminamos de cruzar el patio y subimos las primeras escaleras .
– ¿Hay algún motivo en especial por el que deba estar emocionada?
Si soy sincera, lo estoy un poco. Más compañeros quiere decir más oportunidades para hacer amigos. Me gustan los que tengo actualmente, aún así, eso no significa que no pueda conocer más personas. No puede ser que todos sean tan malos como las redes sociales los hacen parecer.
– Ninguno. ¿Al final elegiste latín y griego?
Asiento.
– ¿Ah, sí? – interviene Chloe de nuevo. – Yo tengo geografía y economía.
Subimos las segundas escaleras. No he estado nunca aquí, ya que las aulas especializadas están en la primera y segunda planta, la de arte junto a la que nos asignaron.
En realidad, no he estado en la mayor parte del instituto.
El corredor conectado a las escaleras, abierto al patio en uno de sus lados, tiene una confluencia con un pasillo que se adentra más en el edificio. Éste, al encontrarse entre dos aulas, no está iluminado por luz natural, sino con lámparas simples de bombillas LED.
Finalmente conseguimos llegar a la clase C-11.
La nueva aula es, al igual que el curso pasado, escalonada. Una vez más, no comprendo por qué un aula de un piso llano es escalonada, aunque con la principal diferencia de que esta vez los asientos no se dividen en parejas, sino en seis filas de seis lugares cada una.
Eso nos permite sentarnos a las tres juntas.
Chloe junto al pasillo, después yo, y Alix, a mi otro lado.
En este momento parecemos más un equipo, sin que ninguna de las tres esté separada. Alix sugirió que nos dijéramos nuestras identidades para aumentar nuestra confianza de grupo. En mi opinión, al ser buenas amigas, no nos costará. Aunque tampoco es fácil procesar quienes son, a pesar de que me guste la idea.
Mis dos amigas sacan sus teléfonos y los usan mientras los compañeros restantes van llegando. Hago lo propio.
Entro a Internet y busco "Triple Súper". Hay miles de resultados, liderados por el blog de Alya "Súper Triple Blog".
Le doy un pequeño vistazo: una recapitulación de todos los ataques, secciones para debatir sobre nuestros poderes, una sección que trata de la identidad de Lepidóptero e incluso un foro fan de nosotras. Su favorita es Queen Bee. Irónico.
La siguiente página es un artículo de opinión de un periódico publicado hace dos horas. Se titula "Las asesinas de mariposas ¿nuestras salvadoras?".
Miro el reloj. Quedan cinco minutos, que es tiempo suficiente para leerlo.
"Todos sabemos quiénes son las tres chicas llamadas "Triple Súper": tres heroínas que aparecieron para salvar la ciudad en un momento crítico en el que todos los demás estábamos indefensos y desamparados. Llegaron, por otra casualidad, sabiendo con exactitud cómo debían actuar.
Nos sentimos muy afortunados en ese momento, puesto que nos salvaron, y fácilmente la ciudad al completo las adoró. Nadie ha olvidado ese día, ya que el mundo tal y como lo conocíamos cambió.
Conocemos sus poderes: Ryuko se transforma en diferentes elementos de la naturaleza, aparentemente con temática de tormenta; Queen Bee puede paralizar a sus contrincantes; y Bunnyx hace portales blancos, de los que no hemos averiguado mucho más. También hemos comprobado que para exorcizar a la gente matan mariposas, que les dan sus poderes.
Además, hemos contactado con ellas varias veces, aunque de manera superficial, pues son personajes muy mediáticos y relativamente cercanas a los medios.
Pero, ¿cuánto sabemos con realmente sobre estas chicas? ¿Son con certeza las heroínas que parecieron en un principio?
Nadja Chamack, y muchos otros periodistas, ha intentado esclarecerlo, aunque sólo ella ha tenido la oportunidad de la entrevista real, con ellas acudiendo a la periodista y no al contrario. Por si no la habéis visto, "Triple Súper", o de la manera en que yo las llamo "Las asesinas de mariposas", se mostraron muy reacias y a la defensiva, incluso convirtiéndolo en agresividad. Ryuko, apodada en redes sociales con el sobrenombre de "La loca" tras el encuentro, cortó una cámara por la mitad con su espada, peligrosamente cerca de un operador de cámara. Aún me pregunto por qué se les permite pasear con armas por dondequiera que estén.
De dicha entrevista se destacan algunos momentos, por ejemplo, la casi con seguridad mentira sobre el desconocimiento del origen de sus poderes. ¿A qué viene tanto secretismo? O la respuesta de Bunnyx y cito "un poco" a la pregunta de si les cansaba salvarnos, c haciendo parecer que nos gusta estar en peligro. Creo, en especial, que el peor momento fue la negación de haber abandonado a un ciudadano en el río, cuando es habitual en ellas ignorar a los civiles y centrarse sólo en los akumas.
Esta práctica me hace pensar que, más que unas heroínas qué se alzaron contra Lepidóptero y sus akumas, son unas chiquillas en busca de atención desesperadamente por el irritante deseo de elevar sus egos o están involucradas personalmente con Lepidóptero, a juzgar por sus conocimientos sobre cómo derrotarlo.
La inmensa falta de información sobre ellas, hasta el punto de que se tenga que teorizar sus intenciones es, a mi modo de ver, un aspecto negativo de gran peso a considerar en dichas cavilaciones.
Lo que parece claro es que no son buenas en la tarea de "salvar la ciudad". A no ser que alguno de vosotros las haya visto entrando en edificios en llamas o deteniendo a ladrones. Eso sí, no sabemos si este constante fracaso para con sus conciudadanos es porque son increíblemente torpes o extremadamente egoístas.
Por Pierre Perrin"
Es la misma sensación que tuve en la entrevista de esa mujer. Es un artículo difamatorio, que tergiversa la realidad usando hechos reales para construir un relato en nuestra contra.
El periodismo es una profesión repugnante y vil, lo he comprobado durante este año.
– Kagami, ¿estás bien? – pregunta la rubia a mi izquierda.
Respiro hondo una vez. Soy buena controlando mis sentimientos. Tengo que serlo.
– Sí. No sé para qué leo estas cosas. – La chica se asoma al teléfono y la dejo leer. – Odio a los mentirosos.
– Bueno, no es por defenderlo, pero tú tampoco estás libre de pecado. – comenta mi otra amiga.
– Es distinto. Hay una gran diferencia entre mentirle a tu madre para no estar todo el día encerrada en casa y mentir en un periódico para que la gente desprecie a quienes les salvan.
La joven se encoge de hombros. Alix no presta mucha atención a la opinión pública. Chloe suele estar conmigo en esto.
– Maldita libertad de expresión.
– No digas eso. La libertad de expresión también nos permite defendernos.
– ¿Y quién nos va a dejar escribir en su periódico?
Nadie. Ellos tienen una opinión y querrán poner una contraria. Tiene que haber otra manera.
– Siempre podemos buscar los trapos sucios de alguien y chantajearlo. – sugiere Alix
– ¡No!
Pero al mirarla, está sonriendo. ¿Es una broma?
Su vista se desvía a la puerta.
– ¡Nath! – llama.
El muchacho, bastante tímido, se dirige a nosotras y se sienta al lado.
– ¿Qué optativas tienes?
Él nos mira a Chloe y a mí, que observamos el intercambio.
– Arte y Geografía. De segunda escogí la que parecía más fácil.
– Compartes arte conmigo. Y geografía con Chloe. A ella se le da bien estudiar, podría ayudarte si tienes problemas.
Nathanael se inclina hacia delante para verla bien, pero ella se ha escondido detrás mía. ¿Es mi impresión o se está sonrojando?
Alix también decide quién se sienta en los otros dos asientos, Max y Kim, y la fila ante nosotras. Me tiene en consideración para eso, ya que el chico delante mía es Adrien, Nino frente a Chloe y ante ella, Marinette. Junto a ésta se encuentra Alya y Rose y Juleka en los últimos sitios.
Nuestra nueva tutora entra. Es Bustier. Una vez más.
Nos cuenta ilusionada que ha escogido este curso por una especie de sistema rotatorio entre los profesores. Explica las normas de la escuela y pasa lista. Después procede a presentar su asignatura.
– Adrien, – llamo al chico. Recuerdo que el akuma en su domicilio fue el último y quedaron secuelas. – ¿has arreglado ya los hoyos que hay en el patio de tu casa?
– Sí. – sonríe. – Más o menos.
– Lo siento. – se disculpa Nino.
Mi amigo suspira. Suena a que han hablado de esto varias veces.
– No te disculpes, no es tu culpa. Fue mi padre el que te prohibió darme una fiesta de cumpleaños.
Por lo que él causó el akuma, quiere decir. No estaría de más decirlo en voz alta, pero antes de que lo haga, noto movimiento en mi visión periférica.
– ¿Sabes, Adrien? Tu padre es un capullo.
Varias personas a nuestro alrededor se sorprenden, hasta el punto de llamar la atención de la profesora.
¿Por qué ha dicho eso? No lo esperaba para nada. ¿Está buscado un conflicto?
Lo más curioso es que el afectado sólo deja de sonreír. No se enfada ni dice nada. Se gira sin defenderlo. Alix lo observa atentamente.
– ¡Eso es mentira! El padre de Adrien es muy buen hombre. También es el mejor diseñador del mundo. – alega Marinette. – ¿Verdad?
A mí no me gusta. Me da una mala sensación. Además, mi madre y él se odian. Sin embargo, no lo digo en voz alta. Eso es algo que ya sabemos ambos.
Al ver que nadie le responde, su amiga interviene.
– ¿Habéis visto lo de D'Argencourt? ¡Le han echado!
¿Qué? ¿Por qué? ¿Por haber sido el único adulto akumatizado? ¡Eso no es justo!
Mis dos amigas tienen la misma reacción que yo.
Oscuridad. Todo está negro y no veo nada.
Ya ha pasado un rato. Alguien debe haberse dado cuenta de que no estoy en clase.
Soy una estúpida. Una ingenua. No entiendo cómo me ha podido ocurrir esto.
Estoy en el almacén. Me he quedado encerrada y la luz no funciona. Rose me dijo que la profesora de griego quería que trajera una réplica barata de la piedra Rosetta, ya que la mujer es aún más baja y escuálida que Alix. Se suponía que era para la presentación de la asignatura.
En el momento en que entré, la puerta se cerró por fuera. Intenté encender ha luz, pero está rota.
He dado golpes a la puerta y pedido ayuda. No me oyen.
Miro a mi alrededor y no veo nada. Ahí afuera podría haber cualquier cosa. Una persona, mirándome a escondidas. Un akuma de Lepidóptero, esperando para poseerme. Un fantasma. Un demonio. Podría estar detrás mía y no lo sabría. Podría estar encima mía y nunca lo vería.
Siento un roce en mi costado. Se me ponen los vellos de punta y me tenso completamente, conteniendo la respiración.
– Kagami-san, ¿estás bien?
Es sólo Longg.
– No, no lo estoy. No me gusta no ver. ¿Tú puedes?
– Sí, por eso te he preguntado. Pareces aterrada.
Trago saliva. Me sudan las manos.
– Un poco.
No me gusta admitirlo. Vuelvo a sentir movimiento. Hay un toque en mi frente. Eso me tranquiliza un poco.
– No vamos a salir de aquí, ¿verdad?
– No sé la forma. No tengo mi teléfono y nadie me ha oído gritar. Puede que sea porque estamos en el sótano.
– Tengo una idea. No te muevas. – su voz viene de delante de mi cara.
No lo hago. Espero. Espero durante lo que parece mucho tiempo. No dice nada más.
– ¿Lo has hecho ya?
Silencio. Descubro con temor que Longg ya no está. Lo que sea que me haya hecho de ha ido.
Una vez más, pienso en todo lo que podría haber aquí. Trato de no hacerlo y, aun así, no puedo evitarlo.
Imagino que hay algo aquí conmigo, respirándome en el cuello. Dejo de pensar en eso, tengo que controlar el miedo. Seguro que Longg ha ido a buscar a Alix o Chloe.
Mejor pienso en flores. No, en Adrien. Estaba hablando con él cuando Rose nos interrumpió. Si reflexiono sobre ello, la historia de una réplica de la piedra Rosetta es una estupidez. Pero nunca pensaría que ella hiciera algo así. No me da un mal presentimiento. No como el señor Agreste o Marinette.
Marinette.
Es su amiga y está enamorada de Adrien, todo el mundo lo sabe.
Ha sido ella.
Oigo una respiración fuerte, a lo lejos. Por fin viene alguien. No soporto más este lugar. Pasan unos segundos y nadie abre la puerta ni dice nada, aunque la respiración sigue aquí, cada vez más cerca. Un escalofrío me recorre la columna. La puerta es gruesa, no debería ser capaz de oír a ninguna persona que no esté gritando, mucho menos una respiración.
El sonido se hace más y más fuerte. De repente, la entrada se abre y al otro lado se encuentran Alix y Longg. Salgo literalmente corriendo y cierro la puerta tras de mí.
Ambos se extrañan.
Me horrorizo al ver que se aproxima una mariposa. Alix se da la vuelta y Longg se esconde en mi chaqueta.
Tengo que controlar el miedo. Respiro hondo. Una, dos, tres veces. Pienso en lluvias, en tormentas.
Alix me agarra la mano y la aprieta muy fuerte, no tengo claro si para tranquilizarse a ella o a mí.
El akuma se queda flotando en el aire, quieto en el sitio, tras lo cual se vuelve por donde ha venido.
– ¿Estás bien? – pregunta la chica.
– Sí. – miento.
– ¿Te ha pasado algo?
– No. Regresa a arte.
Frunce el ceño, pero me hace caso y se marcha, aunque da vueltas con las manos antes de irse. Quiere hablar después.
– Estoy orgulloso de ti. – me elogia Longg.
Sonrío. No hay nadie que pueda verlo y asustarse. Tengo que asistir a clase de griego, aunque queden sólo cinco minutos. Antes de irme, miro la puerta. Por segunda vez, me da un escalofrío.
– Tranquila, Kagami-san. Sólo era oscuridad. No había nada ahí.
Sí lo había. O mi imaginación es demasiado fuerte. Decido no contarle nada.
La puerta está cerrada cuando llego, por lo que llamo. De todas maneras, sería muy maleducado entrar sin hacerlo.
La enjuta profesora me mira fijamente, aparentemente con preocupación.
– No tienes buena cara. Si te sientes mal, deberías ir a la enfermería.
¿Qué les han dicho? Miro en dirección a Marinette, de quién creo que ha sido el plan. Está estupefacta. El chico a su lado levanta la mano, señalando su deseo de hablar.
– Profesora, ha estado demasiado tiempo en el baño. Voy a acompañarla, podría desmayarse. – ofrece Adrien.
¿Rose ha dicho que tenía gastroenteritis? No sólo me han encerrado, sino que han mentido para encubrirlo. Así, nadie me buscaría. La rubia, unos asientos más allá, tiene expresión de culpabilidad. Eso me confirma que ha sido a posta.
Siento la rabia burbujear en mi estómago. En este momento, no voy a tomar acción, pues realmente necesito ir a la enfermería.
Mañana será distinto. Esto no quedará indiferente.
La profesora asiente en acuerdo.
El chico baja con prisa y sin sonreír, lo habitual en él.
– Apóyate en mí. – Me agarra de la muñeca con suavidad y coloca mi brazo izquierdo en sus hombros. Con el derecho, me rodea la cintura.
Es amable, y también exagerado. Puedo andar.
Intento distraerme, la mariposa podría volver.
Esa chica es una persona horrible. Sé que no tengo pruebas, pero lo siento en mi instinto. Pienso preguntarle a las chicas más con respecto a ella, sobre todo a Chloe.
Una mano entra en mi campo de visión, cortando mis pensamientos, y se coloca en mi frente.
– ¿Qué haces?
Adrien abre mucho los ojos, como si lo hubiera hecho sin pensar. O como si tuviera miedo, quizás he sido un poco brusca.
– Quería ver si tenías fiebre, pero tu frente está mojada. Lo que quiere decir que, en realidad, tienes mucha.
Ha sido por el susto. Ni siquiera me había dado cuenta.
No avisa cuando pone el otro brazo tras mis rodillas y me levanta al estilo princesa.
– Estoy bien. – le digo. Es cierto, no necesito que me lleven en brazos.
Adrien comienza a caminar muy rápido, sin llegar a correr, y no me escucha. Está muy serio. Más que cuando Alix insultó a su padre.
– Eso lo decidirá la enfermera. A mí me parece que estás mal.
¿Cómo debería reaccionar? No quiero que me crea débil, tonta e ingenua, una persona a la que le pueden encerrar en el sótano. No lo soy. Yo soy fuerte, soy una Tsurugi. No obstante, tampoco quiero que se preocupe de más. Y, desde luego, no deseo caerme por las escaleras. Por tanto, permito que me lleve a la enfermería.
Me tumba en una camilla e insiste en quedarse mientras la mujer me toma la temperatura. No se marchará.
Entonces, hay gritos en el exterior, provocando que la enfermera se asome por la ventana.
– Hay un akuma. – avisa.
Ahora tengo que pensar en cómo voy a salir de aquí. Esto se hace cada vez más difícil.
1 Su instituto es muy pequeño y me resulta poco creíble que una ciudad con 30 veces la población de la mía tenga institutos un cuarto de grandes de que como fue el mío (y además, con pocos alumnos por clase). Por esto, modifico el instituto.
2 El nombre de este hombre es inventado, y si coincide con el de un periodista real, es casualidad.
