N/A: Si os ha parecido que Chloe tenía un poco más de protagonismo es porque no puedo hacer que todas pasen por cosas importantes al mismo tiempo, ya que así no podrían acompañarse unas a otras. Y lo primero que tengo que hacer es solucionar lo suyo.

Por otra parte, y en contestación a un comentario de Azafaiifa (de Wattpad): no voy a hacer ship entre ninguna de las tres. El motivo es simple: la tercera quedaría como una sujetavelas. Lo siento.

Creo que la familia de Kim es coreana y espero no equivocarme (su nombre es coreano).

Gracias a Katherine.


Nath se sienta al lado mía con cara de pocos amigos. Acaba de tener clase de geografía y creo que ya sé qué le ha provocado esa expresión. Chloe no llega. Kagami y yo nos miramos. ¿Podría haber un akuma? No, es demasiado pronto. Aunque creo que ella está muy preocupada.

Se levanta, pero antes que ella, se va otra persona. Adrien.

No es tan tonto como parece y lleva varios días, desde el encontronazo de Kagami con Marinette, sin relacionarse directamente con ninguna de las dos. Podría haber estado pensando qué bando elegir. Y ya lo ha hecho. Porque buscar a Chloe es una declaración de intenciones.

Tiro de mi amiga parte que se vuelva a sentar.

– ¿Crees que ha ido a por ella? – me pregunta.

– Sí.

– Eso significa que me elige a mí.

Eso la hace casi sonreír. Marinette se gira y la mira. Mi amiga levanta la cabeza con orgullo y le chica se da la vuelta de nuevo y se pone a hablar con Alya.

– O a Chloe, y pasa de vosotras dos. – no puedo evitar decir. Me encanta molestar a los demás. Es divertido.

Comienza a escribir en japonés en su agenda. Indirecta.

Miro a Nath, que ha empezado a dibujar a Queen Bee. ¿Quién podría haberlo imaginado? Si él supiera.

– Puede que me lo digas o puede que no, pero, ¿estás bien?

Tarda un momento en decirlo, sin dejar de dibujar.

– No la entiendo.

Está haciendo su pelo. Pelo humano. Le sale muy bien, no como a mí.

– ¿No te ha pedido disculpas?

Me sorprende. Se suponía que eso era lo que iba a hacer. Lo que acordamos. La traté bien durante el ataque porque pensé que lo haría.

– No la he dejado. – responde Nath – Un día no deja de mirame y al siguiente me ridiculiza delante de todos. Ahora me quiere pedir disculpas y no la entiendo. Tampoco quiero entenderla. No aceptaré sus disculpas. Punto.

No me quiero meter mucho. Lo que les pase no me importa, pero ya conté ayer el enamoramiento secreto de Nath y lo justo sería que hiciera lo mismo con Chloe.

– ¿No has pensado que podría estar celosa? ¿Y que si te miraba tanto es porque no sabe cómo comportarse contigo?

Para de dibujar y después sigue. Intenta disimular.

– No seas tan macabra. Eso es imposible. Dejemos de hablar de esa tipa, ¿vale?

Entonces, lo que he dicho le ha afectado. Sé otra cosa de la que hablar.

– ¿Vas a continuar con el cómic?

– No. Es vergonzoso.

Vale. Chloe ha destrozado todo su ánimo. A lo mejor puedo hacer algo.

– ¿Es porque Marinette te ha estado mirando incómoda desde ayer?

Abre mucho los ojos.

– ¿Lo ha estado haciendo?

Ups. Por suerte, entra la profe y me salva de mi cagada.

Ella me llama a su mesa y me dice que tengo una sesión con la psicóloga del colegio.

Yo no la he pedido. ¡Qué raro!


La orientadora escolar quiere hacer un programa de técnicas de estudio de refuerzo especiales para mí.

Está bien. Es su trabajo y yo lo necesitaba. Y lo sigo necesitando. El problema es que esto tiene muchas páginas. Cada profesor ha aportado algo, lo que quiere decir que muchas personas han trabajado en esto y eso significa expectativas altas. Sin presiones, eh.

Miro la hora. Van a la mitad de la clase de historia. Así que cuando llego, interrumpo. Aunque no tanto, si tengo en cuenta las caras de la gente, están medio dormidos. Me siento en mi lugar y hago lo mismo que todos los demás: intentar no quedarme dormida.

No pasa mucho tiempo hasta que siento algo que me da en la cara. Es pequeño, por lo que no presto mucha atención y muevo la mano cerca de mi mejilla, por si es un bicho.

La voz del profesor es hipnótica. No sé cómo se las está arreglando Kagami para tomar apuntes. No sé cómo me las voy a arreglar yo para subir mis notas.

Algo más grande me da en la cara otra vez. Miro a mi escritorio. Es un trozo de goma. Veo que el de Nath también está lleno de trozos de goma. Y el de Max. Los miro a los dos y veo que ambos tienen expresiones de molestia.

Más allá de ellos está el culpable: Kim. Ha destrozado una muy útil goma sólo para molestarme.

– ¿Qué quieres? – grito en susurros, esperando que el profesor no me oiga.

– Quiero hablar contigo a la hora del recreo.

Asiento. En cuanto acabe la clase será la hora del almuerzo.

En diez minutos todos se han ido y nos quedamos los dos solos.

Kim se sienta en la silla de Nath.

Últimamente hemos estado algo fríos. Es como si hubiera una barrera entre nosotros. No es que estemos peleados, pero... se ha alejado de mí. Y es extraño porque no me siento como debería. Lo normal sería que estuviera aliviada, sin embargo, estoy algo preocupada.

– Eres una chica. – es lo primero que dice.

– ¡Oh, vaya! ¿Max te ha dicho eso?

No intenta picarme y responde más serio de lo que debería.

– Necesito la ayuda de una chica. Y tú eres la que más encaja.

¿Yo? Hay muchas chicas en la clase. Y él seguramente piense que están más dispuestas a ayudarle que yo.

– ¿Que yo soy la más adecuada? ¿Para qué?

– Tú eres la que más se parece a Ondine, en forma de ser, quiero decir. Físicamente...

– ¿Qué quieres?

Si tiene que ver con Ondine seguramente no me guste nada.

– Tengo una cita esta noche y quiero que me ayudes a elegir mi ropa.

¿Ropa? ¿Yo? Yo no soy una fanática de la moda. Ondine tampoco tiene pinta de serlo. Pero dice que me parezco a ella. Es posible que sea por eso.

No quiero ayudarlo. No a estar mejor con Ondine.

Aunque tampoco quiero que nos separemos más.

De todas maneras, que me deba una siempre es bueno.

– ¿A qué hora es?

Su expresión se vuelve mucho más animada y sonríe.

– ¡Sí! A las cuatro.

– Eh, no creas que te saldrá gratis. Yo también necesito un favor. Mañana te tienes que poner conmigo para el calentamiento en la clase de Educación Física.

Somos impares y quiero evitar que me toque con el profesor. Es un poco... sobón.

--.--.--.--.--

– ¡Alix! – exclama felizmente Sung. – Hace tiempo que no estás aquí. ¿Os habéis peleado? – sonríe de broma, pero esperando oír un cotilleo jugoso.

– Estamos bien. – miento. – ¿Dónde está Kim?

– Duchándose. ¿Para qué has venido?

Sigue sonriendo, aunque continuamos en la puerta.

– ¿Me dejas entrar?

La chica se aparta y me deja pasar.

Sung es una de las hermanas mayores de Kim. Tiene mechas verdes en el pelo y una camiseta azul eléctrico. Es sólo un año mayor que yo, y al estar tan cerca de nuestras edades, siempre ha sido un poco cotilla sobre nosotros. Pero es bastante alegre y simpática.

– ¿Quieres ver mi drama conmigo mientras lo esperas? – pregunta cerrando la puerta.

– No, gracias. Creo que voy a ir a su habitación.

– Vale. No hagas mucho ruido. Hyeon-Jeong está estudiando.

Asiento y me dirijo a su habitación. No ha dicho nada de los padres.

Hyeon-Jeong es la mayor de los tres. Sólo tiene tres años más que Sung, pero su posición de primera hija se nota mucho. Es muy madura, empollona, trabajadora y seria. Nunca se ha teñido el pelo, como sus hermanos, ni llevaría ropa con colores fuertes o un chándal.

Llego a la habitación y me tiro en la cama. El cuarto está desordenado, aunque no tanto como lo he visto otras veces.

No entiendo por qué tengo que ayudarlo en una cita con Ondine. ¡Sobre todo sabiendo que ella lo ha visto en su estúpido chándal cientos de veces!

Oigo abrirse la puerta, unos pasos y se vuelve a cerrar.

– ¿Ya estás aquí? – dice Kim.

– Pues claro que estoy aquí. Me dijiste a las cuatro.

Me incorporo y lo miro. Siento como se me calientan las mejillas. ¿Por qué sólo lleva una toalla?

– A la pared. – ordena.

Me doy la vuelta y miro a la pared. No quiero pensar en que se está vistiendo detrás mía, pero tampoco puedo evitar pensar que se está vistiendo detrás mía.

– Ya. – avisa.

Me giro de nuevo y...

– ¡Sólo llevas unos calzoncillos!

Él pone su estúpida sonrisa arrogante y señala el armario.

– Tú ibas a elegir mi ropa para la cita. ¿De verdad vas a reaccionar así?

Siempre encuentra nuevas formas de fastidiarme. Es insufrible.

Sabe que me pone nerviosa y se ríe de mí. Yo también sé jugar a eso.

– Lo decía porque se transparentan. Pero tú allá.

Es mentira, por supuesto, aunque eso él no lo sabe.

Yo también puedo ser insufrible.

Me levanto sin mirarlo otra vez y voy hacia su ropero. Empiezo a rebuscar entre su ropa.

– ¿Por qué de repente quieres vestir bien para una cita con Ondine? ¿No has tenido como tropecientos?

– Sí, pero esta vez es diferente. Llevamos saliendo casi siete meses y ella tiene dieciocho años. Seguro que está esperando sexo desde hace tiempo.

Eso me hace pararme un momento.

¿Quiere que le ayude a acostarse con ella?

El sólo pensamiento me da náuseas.

Es injusto. ¿Por qué? ¿Por qué ella? No tiene nada de especial. Sólo es una chica cualquiera que le pidió salir. Podría haber sido yo misma. ¿Y estaría tan dispuesto a hacerlo conmigo?

No. No voy a pensar en eso. Continúo buscando entre su ropa. No lo voy a ayudar. No me da la gana.

¿Qué puedo elegir que parezca arreglado pero sea absolutamente horrible?

Tras varios minutos, saco un polo rojo un poco pequeño y unos vaqueros oscuros.

Al darme la vuelta veo que Kim se ha cubierto con su sábana. Eso me saca una pequeña sonrisa.

Coge la ropa que he elegido y se pone el pantalón muy rápido, aunque con el polo tiene problemas.

– Este me está pequeño. – dice, atascado de manera ridícula en la prenda. – ¿No hay otro por ahí?

Sí. Antes he visto una camiseta verde fosforito. A lo mejor se lo puedo poner con una chaqueta vaquera, unos zapatos que enseñen los tobillos y unos calcetines largos rojos.

Cuando le doy el conjunto está, una vez más, sin camiseta. Es malo para mi corazón. Porque tengo que admitirlo, está demasiado bueno.

Al ver la camiseta frunce el ceño.

– ¿No crees que sería mejor la camisa roja? – pregunta.

– No, para nada. Eres un deportista, es lo que Ondine quiere. ¿Y qué hay más deportista que una camiseta de color fosforito?

Kim me cree y eso me hace sentir un poco culpable, pero cuando se pone todo lo que le he dicho está tan gracioso que me hace sentir mejor.

– Estás ridículo. – le digo. Piensa que es una broma, así que sonríe con confianza.

Se echa colonia y se peina delante del espejo. Quitando lo de la ropa hortera, está guapo.

Me debato entre decirle que hablo en serio o callarme y evitar que tenga sexo con Ondine.

– Te he comprado una hamburguesa. Puedes comértela aquí y ver la tele con Sung o llevártela a casa. Lo que tú quieras. Yo me tengo que ir ya.

Me sonríe una vez más y me choca la mano antes de irse.

No sé qué hacer, pero tengo claro que está mal comerme esa hamburguesa, por lo que voy al salón y le digo a Sung que es para ella antes de despedirme e ir a mi casa.

En el camino no paro de pensar en la cita y en qué harán. Cuanto más tiempo pienso, peor me siento, hasta el punto de que cuando llego a casa me encuentro extremadamente cansada. Tanto que me dejo caer en el sofá.

Suelto a Fluff. Enciendo el televisor e intento no pensar más. Sin embargo, no puedo evitar sentir la mirada de mi kwami.

– ¿Qué pasa? – pregunto. Sé lo que pasa: estoy rara.

– Haces eso en casi todas las líneas temporales en las que existe ese momento y sigo sin saber por qué. – comenta.

Pues que espere sentada porque yo tampoco lo sé. Debería importarme una mierda lo que haga Kim y con quién.

– No lo sé.

– ¿Qué no sabes? – pregunta mi hermano, que acaba de llegar, y se sienta junto a mí.

– Por qué está interfiriendo en la relación de Kim con su novia. – responde Fluff antes de que yo pueda decir nada.

Mi hermano abre la boca y frunce el ceño. Me va a regañar por hacer algo que claramente está mal.

– ¿Cómo? – Parece muy molesto. Sí, lo que he hecho no está muy bien. – ¿Estás pendiente de una tontería así? ¡Dijiste que ya sabías la identidad de Lepidóptero! ¡No me has dicho quién es ni has hecho nada con eso! ¡Sigue akumatizando gente cada día!

Por supuesto, mi hermano no está pendiente de cosas de adolescentes, sino de lo verdaderamente importante.

Tiene razón. No debería pensar en eso y centrarme en los akumas. Tengo una idea que puedo probar esta noche.

– Lo siento, Jalil. No puedo decirte quién es.

– Me lo imaginaba. Pero no te pongas en peligro, por favor.

No se lo puedo prometer.


En el momento en que hago al portal aparecer en su habitación, se levanta como un resorte y coge la lámpara de la mesita de noche.

Entonces se da cuenta de que lo que aparece soy yo. Creo que el ser atacada por akumas la ha hecho estar más alerta.

– ¿Qué haces aquí a estas horas? – pregunta en cuanto salgo de la madriguera.

Se levanta de la cama y veo que tiene un pijama de marca y temático sobre sí misma.

– ¿Qué voy a hacer? Recuperar tu tiempo, por supuesto. Ayer, el mundo tuvo dos Chloe durante una hora y treinta y siete minutos, así que el mundo tiene que pasar una hora y treinta y siete minutos sin Chloe.

– ¿Qué? – pregunta atónita. ¿De verdad no se lo esperaba? – Son las once y media. Me levanto todos los días a las seis. No puedo dormir sólo cinco horas. ¿No puede ser en otro momento?

– No. Tráete la almohada y una manta si quieres. – señalo hacia su cama. – Y te duermes ahí.

Chloe suspira resignada y hace lo que le digo. Sé que no le gusta obedecerme.

– Vale. Pero déjame dormir las ocho horas. – No tengo ni idea del cómo. El tiempo no pasa en la madriguera. – Usaré esta noche para estudiar para los primeros exámenes, que serán pronto.

¿Pronto? Si falta medio mes. Aún no es momento de estudiar. Me encojo de hombros. Qué más da.

– ¿Por qué no pareces nada preocupada? ¿Qué has hecho para pasar de curso? ¿Has usado esto como ayuda?

Hace un gesto, como abarcando la madriguera y después se pone la mano en la cadera.

– ¿Has usado tu prodigio para ver las respuestas de los exámenes? Ya decía yo que era imposible que pasaras de curso...

Dejo de escucharla mientras sigue divagando con insultos. Me acaba de dar una idea interesante.

Termina de hablar. Voy a ignorarla pero veo que me mira expectante. ¿Eh?

– Repite.

– Digo, ya que lo estás haciendo y no puedo impedirlo,... me gustaría saber las respuestas también.

¿Y eso? ¿No acaba de dedicarme malas palabras precisamente por eso? Además, ella es, sorprendentemente, una buena estudiante. No debería querer hacer trampas. Aunque es Chloe.

– ¿No acabas de insultarme justo por eso?

– Oh, vamos, eso no eran insultos, era la realidad.

Se cruza de brazos, muy segura.

En realidad, tiene razón. He hecho trampas. No de esta manera, pero sí de otra.

– Vale, pero no se lo puedes decir a Kagami.

– Ni loca. Nos regañaría por no ser honradas. Y se nos acabaría el chollo.

Eso me hace reír. Es justo lo que yo he pensado.

– Tenemos un trato, entonces. – digo.

Chloe también sonríe.

– Tenemos un trato. – repite ella.

Nos quedamos en silencio.

Me viene a la cabeza como Adrien se levantó corriendo de su mesa para hablar con ella después de que Nath viniera molesto. No tengo ni idea de qué pasó, pero me da curiosidad. Sobre todo porque Adrien es un poco rarito.

– ¿Qué pasó esta mañana cuando Adrien fue a verte? – pregunto lo más casualmente que puedo.

Acabamos de tener un momento en el que casi parece que nos llevemos bien. Podría querer contestar, ¿verdad?

– ¿Qué te interesa a ti?

Creo que está sospechando, por lo que me doy la vuelta y me dirijo a mis portales como si quisiera hacer algo, lo que en realidad es cierto.

– Porque estaría bien saber qué personas forman parte de nuestro grupo oficial de amigos.

– ¿Qué grupo oficial de amigos?

Yo que sé, es lo primero que se me ha ocurrido. Esto está mucho más relacionado con los problemas que ella puede causar.

Él ni siquiera me cae bien. Y no sé por qué.

– ¿Cuál va a ser? Pues nosotras, Triple Súper, y nuestros amigos.

– Un momento, un momento. Primero, no somos amigas. Segundo, él ya es amigo de Kagami.

– Pero tiene su propio grupo de amigos. ¿O no?

Se calla un momento y dice:

– Ya no.

¿Qué quiere decir eso? ¿Qué le dijo?

Pero la veo tumbarse en el suelo. No va a soltar nada más.

Bueno. Mientras ella se echa a dormir, yo voy a hacer la idea que pensé antes.

Elijo el portal por el que hemos entrado y me muevo por París hasta encontrar la casa de Gabriel Agreste.

Observo su día entero: Por la noche duerme con una especie de broche o pin en su pijama. Es un objeto extraño para tener en el pijama, lo que me hace pensar que es el prodigio. Tengo que ver en qué momento se lo quita.

En cuanto se levanta, se lo da a esa mujer que siempre está con él o su hijo. Creo que es su secretaria. Entra en su habitación un rato mientras ella lo tiene en la mano. Al salir, está vestido. Se lo pone en la camisa y lo tapa con un pañuelo. Se pasa el día entero con el pin puesto, dentro de su casa, haciendo cosas.

Sobre las once, le vuelve a dar el alfiler a su secretaria y se va al baño un rato. Creo que se está duchando, pero no pienso comprobarlo. Sale con un pijama, se pone el pin otra vez y se va a la cama.

Vaya mierda. El hijo de puta tiene el prodigio bien vigilado en todo momento. No da oportunidad a robárselo.

Tengo que intentarlo de todas maneras. Diría que el mejor momento es cuando está durmiendo. No está consciente, por lo que no puede transformarse ni defenderse. Debo poder hacerlo.

Fluff dijo que no podía usar mi prodigio para cambiar el pasado, pero yo voy a usarlo para interferir en el presente. No voy a hacerlo mal.

Decido aparecer en el pasillo, pues la luz del portal podría despertarlo, igual que ha hecho con Chloe. Cierro el portal rápido, por si hay alguien despierto y ve el brillo. Aquí viven cuatro personas.

De repente me acuerdo de que tienen una alarma, lo que me hace entrar en pánico, hasta que me doy cuenta de que no está sonando nada.

Claro. En la planta de arriba no tienen.

Abro la puerta con todo el cuidado posible, aunque a pesar de eso, chirría.

Me paralizo. El corazón me empieza a latir aún más rápido. Miro a los lados. No hay nadie. Nadie ha podido oírlo.

¿Se ha despertado? Espero un momento. Creo que no.

Sigo adelante y me adentro en la habitación.

Está a oscuras y del pasillo no viene ninguna luz, por suerte, tengo vista en la oscuridad. No cierro porque ¿para qué? Su respiración es suave y constante. Creo que sí, sigue dormido.

Junto a la puerta hay una mesa. Diría que es de trabajo, pero este hombre debe tener un despacho, así que no sé para qué es. Delante de la puerta y frente a la cama se encuentra una cómoda con aspecto de ser vieja, pero seguro que es sólo "envejecida". Ahí encierra al kwami por la noche, como toda buena persona. En la pared opuesta a la de la puerta hay un armario. ¿Por qué si también tiene una cómoda? Yo que sé.

Comienzo a caminar lentamente en dirección al lado en el que está tumbado.

Su respiración se hace un poco diferente y se mueve hacia un lado. Ahora será más difícil.

Me detengo y lo miro. Se está moviendo mucho. No. Se está despertando.

Piensa rápido.

Me tiro al suelo, detrás del pie de la cama. Maldito sea. Voy a esconderme debajo. Me arrastro por el suelo.

Un sonido de sábanas y mantas me indica que se está levantando.

Veo aparecer sus pies y meterlos en las zapatillas antes de cruzar toda la habitación a la puerta y salir.

Mierda.

Antes de que vuelva, salgo desde bajo la cama y hago un portal a la madriguera.

– ¡Ya era hora! ¿Sabes cuánto tiempo llevo esperando?

– Ninguno. El tiempo no pasa aquí dentro.

Pero está bien saber que una persona aquí dentro, siente que pase mucho tiempo.

La dejo de nuevo en su suite y voy a mi habitación. Por supuesto, no todo es tan fácil como ir a mi habitación y dormir. Y no es porque esté pensando en mi fallido intento de robar el prodigio, que también, sino por lo que encuentro.

– ¿Es cosa mía... o hay un mono rosa saltando sobre mi cama? – me pregunto en voz alta.

Fluff, a mi lado, da una vuelta sobre sí misma.

– Es cosa tuya. Y hay un mono saltando sobre tu cama.

¿Qué? Ah, alucinación, debería haberlo pensado primero. Estoy muy cansada.

– ¿Entonces qué hago? No es como si pudiera fingir que no está ahí. Siempre siento y oigo las alucinaciones.

– Hay gente en esta casa que no.

¿Está diciendo lo que creo que está diciendo? Sí, eso parece.

– ¡Jalil! – No aparece. – ¡Jalil!

– ¿Qué tal si vas a su habitación?

– No hace falta, está aquí al lado. ¡Ja...!

Una mano me tapa la boca.

– ¿Por qué chillas tanto? Tienes piernas.

¿Por qué ha tardado tanto?

– ¿Ves eso? – pregunto, señalando al mono rosa.

– ¿Ver qué?

– Nada. ¿Me cambias el cuarto por esta noche?

Mi hermano entrecierra los ojos con sospecha.

– Ahí hay algo, ¿verdad?

Definitivamente no puedo salir del paso con una mentira.

– Te prometo que no te molestará. Es algo que sólo yo puedo ver y sentir. Ya sabes, cosas de portadora.

– ¿Es algún tipo de criatura oscura? ¿Como un demonio?

Parece asustado. ¿Qué le hace pensar que yo lo pondría en peligro?

– No, que va. Es un mono. Un mono rosa.

Mi hermano parpadea varias veces en estupefacción. Me lo tomo como un sí, así que voy a su habitación.

– ¡Voy a usar tu cargador del móvil! – le aviso.

¿Qué habrá hecho mi yo de otra línea temporal para que haya un mono rosa saltando sobre la cama?


– No sé si alguna de las dos ha pensando en reunirnos esta tarde, pero tengo que advertir que me será imposible. – dice Kagami en cuanto ella y Chloe se encuentran conmigo en el patio de la escuela.

Pues la verdad es que no tenía pensado nada. Quería ir a patinar un rato y llevarme las pinturas por si me apetece hacer un graffiti.

Aunque esa frase tiene pinta de ser un intento de inicio de conversación sobre lo que va a hacer esta tarde.

– ¿Por qué? – pregunto, para darle pie a lo que realmente quiere decir.

Subimos las primeras escaleras.

– El señor D'Argencourt vendrá a darme clases particulares de esgrima. – anuncia con su solemnidad y seriedad habitual.

– ¿Por qué alguien querría obligarte a pasar aún más tiempo con tu antiguo profesor? – interviene Chloe con su habitual tono insoportable.

¿Se le ha olvidado que lo echaron de manera injusta? Yo lo prefiero mil veces antes que al profesor que tenemos ahora.

– Ha vuelto a encontrar trabajo. Deberías alegrarte por él. – respondo.

Me mira extrañada, como si eso no fuera importante, y se encoge de hombros.

Kagami está ofendida. Aunque tampoco es que sea algo nuevo. Ella es capaz de ofender a cualquiera fácilmente.

– No es una obligación. Estoy encantada. Es el mejor esgrimista de París y su tiempo será sólo mío. Voy a vencer a Adrien incluso con la desventaja física.

– Adrien, Adrien, Adrien. Todas siempre hablando de él.

Entramos al pasillo de nuestra clase.

– ¿Qué quieres decir?

– No sé, pregúntale a Chloe.

Kagami se gira bruscamente hacia la rubia.

– ¿A qué se refiere?

Entramos en la clase.

– A que ahora va a pasar algo más de tiempo con nosotras.

Llegamos a nuestras mesas. ¿Qué es eso?

– ¿Eso significa que por fin os habéis...?

Kagami se ha fijado en lo mismo que yo: su escritorio.

Está repleto de garabatos e insultos escritos con rotulador negro. "Puta" "Loca" "Bully" "Acosadora" "Deja a Marinette en paz" Y sigue.

Siento mi cara calentarse. ¿Quién coño ha hecho esto? Se va a llevar la paliza de su vida. Aprieto los puños.

No. Tengo que tranquilizarme o me akumatizaré. Aunque seguramente sea Kagami quien se akumatice. Debo tranquilizarme por ella.

La miro. Está completamente quieta, con expresión absolutamente neutral. Está intentando controlarse. Estoy segura de que se encuentra peor que yo. Hago lo mismo que hice la vez que casi la akumatizan.

Le doy la mano.

Miro a Chloe, que se da cuenta de lo que quiero y me imita.

Sea lo que sea que ocurra, estamos con ella.


N/A: No sé si el bullying en Francia es así. Lo que sí sé es que así se ve en animes y mangas, que (spoiler) era la intención de los bullys.

Respuestas a comentarios:

Gracias Manu. Hasta la próxima.

Hola, Lila.

Alix quiso revelar su identidad porque Max ya la había descubierto y le parecía injusto, que él, sin ser su compañero (en todo eso de los superhéroes), lo supiera pero las que pelean junto a ella todos los días, no.

Exacto, ya veremos.

Hasta la próxima.