N/A: He tardado mucho porque enero ha sido el mes de exámenes. Sí, un mes. También porque no recordaba (ni recuerdo) por qué este akuma era como es.
Con respecto a la etnia de Kim, resulta que es vietnamita, así que cambio los nombres de sus hermanas, pero voy a mantener la idea que tenía de su familia y no seguiré el canon.
Gracias a Katherine.
La gente me mira. Espera a mi reacción. Soy consciente de ello. Soy consciente de que la ira nace en mi pecho. Una emoción que debo saber controlar, pues mi madre me ha enseñado a ello. Alix y Chloe me agarran de las manos, brindándome el único apoyo que tengo en este momento.
¿Qué puedo hacer? Decírselo a los profesores me hará quedar como una cobarde y se ensañarán aún más conmigo. Responder por mí misma me mostrará como una persona violenta, dándole la razón a ellos.
Una legión de curiosos se acerca a ver mejor hay en la mesa. Algunos se alejan con miedo a las represalias , mas otros se quedan, burlándose de mí.
La risa de una chica me llama la atención, ya que suena como si estuviera relacionada.
– ¡Qué bien hecho está! Parece sacado de un anime. ¿Lo pillas?
Porque soy japonesa se han fijado en los animes. Por supuesto, si le creen a ella es porque son simples como pocas cosas. O su intención era reírse de mí por mi origen.
– Se lo merece, por hacerle daño a Marinette. – contesta un chico.
Si yo me merezco esto por decirle que no quiero tener nada que ver con ella, ¿qué se merece ella por hacer a Rose encerrarme en un sótano a oscuras?
Después de eso tuvimos que hacernos una protección en forma de pulsera. ¿Funcionará?
– ¿Tú tienes algo que ver? – pregunta Alix.
– ¿De dónde sacas eso? Tu odio te ciega.
Su tono me hace mirarla. Está sonriendo. Ha sido ella. No tengo pruebas, pero lo sé.
Tiro de mis amigas para que se sienten y hago lo mismo. Les suelto la manos. Está escritocon rotulador, así que tengo que comprobar si es indeleble o se puede borrar.
Pero al pasar un dedo por las palabras no se mancha. Necesitaré traer algún producto de limpieza mañana.
Respiro profundamente una vez. Será suficiente. Si me enfado a la mínima provocación, es que no soy una Tsurugi.
Todos empiezan a hablar de mí, a criticarme, los puedo oír. Creen completamente que estamos cegadas por el odio. Alguien les ha metido esa estúpida idea en la cabeza.
Saco mis libros y los pongo encima. Ya está. Ojos que no ven, corazón que no siente. Eso es lo que dicen. Cojo mi agenda y comienzo a escribir cualquier cosa, lo primero que se me ocurra. Y cuando me doy cuenta, estoy en mitad de un plan de respuesta. Un plan vengativo y violento.
Yo no soy así. ¿Por qué lo he escrito?
– ¿Qué es eso?
La voz de Adrien me saca de mi pelea interna.
Levanto la vista y me encuentro con sus ojos preocupados. Esa mirada le hace algo a mi corazón.
– No es nada. Nada que merezca mi atención.
Me doy cuenta de que no es el único que me está observando. Mis amigas lo hacen, y también Kim.
– Hablaré con Marinette. No sé qué está pasando entre vosotras, pero... – Sus ojos dejan de apuntarme a mí un momento y van a Chloe. – O mejor no lo hago. No debería meterme. – dice sin dejar de mirarla a ella.
Se sienta delante de la chica. Ha cambiado de asiento.
Tiene razón. Él no debería meterse. El problema que tienen conmigo es conmigo y yo debería ser quien se encargue.
– ¿Qué? – exclama Kim. – Eso es mentira. Si eso fuera cierto, hubiera amenazado a Alya. O me hubiera pegado a mí.
Alix intenta callarlo y se ponen a murmurar. Sobre mí, creo.
Espero a ver entrar a Marinette, su reacción, si reprende a la chica, aunque sólo sea por hacer el paripé, pero llega cuando la clase ya ha comenzado, lo que me dificulta observar su reacción. No puedo saber si está involucrada.
Se sienta dos asientos más allá de Adrien, ahora que ambos han intercambiado los sitios con sus amigos. No cesa de mirarnos a los dos a lo largo de la clase, al igual que él lo hace conmigo. Mantengo la concentración en la lección todo el tiempo, con el fin de evitar pensar en lo que hay bajo mis libros.
A la hora del almuerzo, el rubio decide venir con nosotras tres, por lo que cualquier conversación sobre Lepidóptero está terminantemente prohibida.
Nos sentamos en un banco cerca de la escalera. La gente me observa.
Los rumores deben haberse extendido por toda la escuela.
Una vez más, intento mantenerme fría. Lo que piensen los demás no tendría que afectarme.
Una mano agarra la mía. Las chicas lo han hecho antes, así que no sería extraño que lo volvieran a hacer. Pero no son las chicas, es Adrien.
Mira a todos con la cabeza bien alta, como si quisiera demostrar que no se arrepiente de escoger mi bando. No me suelta la mano mientras mira en su bolsa de la comida y hace una mueca.
– ¿Qué pasa? – pregunto. Intento abrir mi bento con una mano, mas me resulta imposible. Acabo soltándolo.
– Sabes que soy modelo, ¿verdad?
Todo el instituto lo sabe. Es difícil no hacerlo cuando su cara está en enormes carteles publicitarios.
– La colección de otoño sale este mes, así que tengo que estar "en forma". Lo que significa que sólo voy a comer verduras durante esta semana.
Chloe asiente con alegría.
– ¡Qué suerte! Mi padre me obliga a comer mucho.
No es posible que su padre le obligue a comer mucho si está tan delgada.
– Chloe... – dice él en un tono extraño.
– Estoy dentro de mi peso recomendado, lo juro.
¿Está bien que diga esas cosas delante de Alix? Ella está... comiendo su bocadillo en silencio y mirando fijamente a Kim y su novia. Bueno.
– No entiendo que tu padre quiera que hagas esta dieta para estar en forma, ya lo estás.
Adrien me sonríe de una manera parecida a como lo hace Kim.
– ¿Eso crees?
Pero la sensación que provoca es muy diferente a cualquiera de las sonrisas del otro chico.
– Por supuesto. Practicas varios deportes de manera regular. Esgrima, karate, y en casa tienes instalaciones deportivas. Para poder realizar esa cantidad de ejercicio, necesitas una dieta completa. Tu padre se equivoca.
El chico pone una sonrisa muy falsa. Puedo reconocerla.
– No sería la primera vez.
Ha cambiado el tono al hablar, aunque no entiendo exactamente qué significa.
Puede que sea la consciencia de que su propio padre lo explota. No me gusta ese hombre, desde la primera vez que lo vi. Tuve esa sensación, y ahora se confirma. No le importa que su hijo pueda tener problemas de salud.
Lo veo mirar a mi comida. Puede que quiera que le dé algo, así que cojo un trozo de carne con los palillos y se lo acerco a la cara. El chico abre mucho los ojos y sus mejillas se ponen rojas. ¿Por qué?
¡Ah! Es porque yo lo estoy alimentando. No lo había pensado. Una vez más, he actuado por impulso.
Estoy a punto de retirarlo cuando se lo come. Voy a tener que seguir comiendo con estos mismos palillos. Me maldigo a mí misma y mi costumbre de no pensar. Esto es demasiado vergonzoso.
– ¡Qué incómodo! – la voz que ha hablado es la de Alix.
Ha salido de su trance de observación sólo para hacer un comentario inapropiado y completamente cierto.
Tiene razón. Es incómodo y evito mirar a Adrien todo lo posible.
Mientras como, tengo la sensación de que alguien me observa. Pero no veo a nadie.
Debe ser por lo de esta mañana. A la gente le gusta mucho juzgar.
Chloe rompe el silencio, haciendo caso omiso de lo que ha pasado antes.
– ¿Sabéis qué? Antes de ayer me compré un bolso nuevo...
Hace una exposición sobre bolsos de marca que no escucho del todo y comienza un debate con Adrien.
Tengo que responder a los matones. Deben saber que una Tsurugi no es alguien con quien meterse. Necesito pensar en cómo hacerlo.
– Sea lo que sea, no pienses más en ello. Ya lo solucionarás más tarde. Es mi filosofía personal: déjalo de lado hasta que ya no puedas seguir envitándolo. Que sea problema de tu yo futura.
El comentario me hace mirarla directamente. Alix es muy observadora y es capaz de entender a la gente sin que digan nada. Debería pedir su consejo, aunque también tener en cuenta que podría pasarse de la raya. Sus ideas pueden llegar a ser demasiado agresivas.
Dice que no piense más en ello. No le haré caso, si finjo que no existe, irá a peor.
– Intenta tranquilizarte, Kagami-san. Necesitas concentrarte para conseguir un mayor control sobre tus poderes.
Pienso en todo mi cuerpo, tengo que pensar en todas y cada una de las partes.
– ¿No sería mejor hacerlo transformada?
Habitualmente practico mi control sobre los dragones como Ryuko. Ser sólo Kagami no sirve de nada.
– No quiero que lo hagas ahora. Transformarse con fuertes emociones negativas hace daño al portador.
¿Cómo? Eso no me lo había dicho. Es algo realmente importante que debería haberme explicado el primer día.
Estoy molesta.
– Sí, mejor no transformarme ahora. Además, el señor D'Argencourt llegará pronto.
Longg no parece darse cuenta de lo que quiero decir.
Hemos decidido, o al menos mi madre, que las clases serán en casa. Creo que quiere tenerme vigilada o asegurada como no lo estaba en el curso pasado.
Oigo como llaman a la puerta y mi madre recibe al profesor.
Le digo a Longg que se quede en mi habitación y tenemos la clase en otra que ha preparado mi madre.
Estoy un poco cansada cuando terminamos y sudo más de lo normal.
– Has decaído un poco, Tsurugi. – señala D'Argencourt, de repente.
Es posible. En verano ha habido muy pocos akumas. Si la teoría de Alix es cierta, el motivo es tener tiempo para su planificación. Sea como sea, los resultados son que no he practicado tanto como debería, pues me he centrado más en mis dragones.
– ¿Cuando es la próxima lección?
Si he decaído tengo que volver a como estaba cuanto antes.
– El viernes. Deberías tener tiempo para estudiar, descansar,... Tanto como el curso pasado, aunque tu madre no lo supiera.
¿Qué? ¿Qué quiere decir eso? ¿Sabe que usaba sus clases como tapadera para pasar tiempo con mis amigas?
– ¿Qué quiere decir?
– No te hagas la inocente. Tu madre me ha dicho que teníamos clase todos los días. Por suerte para ti, no quiero perderte como alumna, ni el dinero que tu madre me va a pagar, así que te he cubierto.
Vaya, qué amable es el señor D'Argencourt. Sabía que aún quedaban por ahí personas desinteresadas que ayudan a los demás por el hecho de ayudar. Bueno, parcialmente desinteresado.
– Pero me debes una y me la voy a cobrar ahora.
O no. Es completamente interesado. La falta de honor de su akuma debía reflejar a su verdadera persona.
– La vacante que yo he dejado ya ha sido cubierta. No ha sido fácil, porque ¿quién va a querer trabajar en el instituto akuma? Los que ya estábamos ahí nos hemos acostumbrado pero ¿los demás? Si el profesor que me ha sustituido es destituido podré volver, ya que soy el único candidato.
¡Qué rastrero! No esperaba algo así de su parte. Estar dispuesto a quitarle el trabajo a otra persona... Una persona aparentemente muy desesperada.
– Quiero que lo destapes.
Un momento. ¿Qué quiere decir eso? ¿Destapar qué?
– No sabes de lo que hablo, ¿verdad? Lo descubrirás pronto. Hay un motivo por el que está tan desesperado por ser profesor y no es la falta de dinero.
D'Argencourt se va sin comentar nada más sobre el tema. Habla con mi madre dice el pago muy tranquilo, como si esta conversación no hubiera existido.
Yo me doy una ducha y decido buscar en Internet. Es posible que encuentre alguna información suya.
Primero localizo el nombre del profesor en la página de la escuela. Al ser el instituto akuma, hay mucha información y mucho más detallada que de cualquier otro.
Se llama Charles Raymond Martin y al buscar su nombre en Internet no aparece nada especialmente llamativo. Me resulta extraño teniendo en cuenta lo que ha dicho mi profesor.
Si es algo por lo que podrían echarlo, debe ser muy grave.
Vuelvo a buscar su nombre y añado "delito". Nada de nuevo.
– ¿Y si buscas su historial laboral? – sugiere Longg.
Me ha ocultado algo importante y estoy molesta por ello, pero no puedo comportarme como una niña pequeña.
– No lo había pensado, pero ¿crees que estará al alcance de...
– ¿Eso es un akuma? – interrumpe el kwami.
Levanto la vista del ordenador y me asomo por la ventana, como hace él. Allí a lo lejos hay una persona volando, una persona en blanco y negro.
– Es un akuma.
Longg me mira con recelo.
– ¿Cómo te sientes?
– Eso no importa, voy a cumplir con mi deber.
Localizarlo no ha sido difícil, podía verlo desde mi casa.
Veo a Bunnyx esquivando lo que el akuma le lanza, aparentemente aviones de papel.
– ¿Qué sabes? – indago, metiéndome en la pelea y dividendo la atención del chico en dos.
– Que es Marc, ese chico callado que se sienta al fondo de la clase y que ha sido Nath. Estaba hablando por teléfono con él cuando ha salido en la tele.
El muchacho vuela muy alto y no podemos alcanzarlo así. Pero si me convierto en dragón de viento podría vencerlo incluso antes de que llegue Queen Bee.
– ¿Algo más?
– Sus poderes o debilidades, no.
Invoco el dragón. Ya he conseguido apenas necesitar un poco de voz para hacerlo.
En esta forma sólo tengo el sentido del tacto. Siento el suelo que estaba bajo mis pies, así que sólo me alejo para ascender y acercarme a él. Algo me atraviesa, pero no le presto atención, será sólo un pájaro, y sigo ascendiendo, pero no lo alcanzo. Se ha ido.
Bajo y vuelvo a mi forma humana. Un dragón menos.
– ¡Ah! – grita Bunnyx.
La miro a ella, parece estar bien. Miro a mi alrededor, no ocurre nada especialmente alarmante.
– ¿Qué pasa?
– ¿De dónde has salido?
¿Qué? ¿Ha pedido la memoria? ¿Eso es lo que hace el akuma?
– Me he convertido en dragón de viento delante tuya. ¿No te acuerdas?
– No, sólo que desapareciste.
Esto es muy extraño.
– ¿Sabes quién soy?
Doy un paso hacia ella y lo siguiente que veo es el suelo. Me he caído.
– ¡Ahí va! ¿Estás bien Ka...
Le siseo. ¿Qué hace?
Acude en mi ayuda para levantarme y me apoyo en ella.
– Nada de "Ka". Soy Ryuko.
Me mira fijamente unos segundos, parpadeando.
– Ah, vale, vale.
Una serie de pasos se nos acercan con prisas. Con suerte, es Queen Bee y aún no le ha afectado el akuma.
– ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué estáis quietas? ¿Y el akuma?
Sus ojos pasan de una a otra.
– En serio ¿qué pasa?
Miro a Bunnyx completamente en blanco y veo que tengo que ser yo quien se lo explique.
– El akuma nos ha afectado, creo. Yo soy torpe y ella está un poco... distraída.
– Entonces sólo yo soy útil ahora mismo. No será fácil alcanzarlo, pero tendré que usar el veneno. Por cierto ¿sabéis quién es? – dice, acercándose más a nosotras.
– Marc, se sienta al fondo de la clase. – susurro. Hay algunas personas refugiadas en una cafetería cercana.
Su expresión de molestia cambia a una de enfado, creo.
– Sé quién es. Se pasa el tiempo mirando a Nathanael. Yo sola me encargaré de él.
O está celosa.
– ¿Por dónde ha ido? No puedo dejar que vosotras dos me arrastréis.
Señalo la dirección. Bunnyx no podría ni aunque quisiera, ahora mismo nos mira como si no supiera de qué hablamos.
– ¿Estás segura de que vas a poder?
– Por supuesto que sí, soy Queen Bee.
Se va aprisa.
– Vamos a seguirla, por si necesita nuestra ayuda.
Me suelto de ella. A lo mejor simplemente me he caído y no es cosa del akuma. Pero sólo doy dos pasos antes de tambalearme. Por suerte, Bunnyx reacciona rápido y me vuelve a agarrar.
– ¿Seguir a quién? – pregunta.
Suspiro. Esto no va a ser nada fácil.
– A Queen Bee.
Ella asiente como si lo comprendiera. Eso espero.
Con dificultad, seguimos el camino que hizo nuestra compañera antes.
El lugar dónde están luchando se encuentra vacío de civiles, como es habitual cada vez que hay un akuma cerca. La gente que decidió no mudarse de la ciudad ya se ha acostumbrado.
La vemos intentar atrapar el avión de papel gigante con el que se mueve, sin éxito.
Salta desde los tejados, también sin éxito.
Le insulta, para que se ofenda y baje. No funciona.
No podemos alcanzarlo, es un akuma volador. La última vez que tuvimos uno, lancé a Bunnyx hacia él usando la espada como catapulta. Ahora no sería capaz de hacer algo así.
Pero Queen Bee sí.
La llamo a gritos porque no puedo moverme, lo que es un error, pues se distrae y el akuma le da.
No sé cuál es el efecto en ella, sin embargo, deja de pelear en ese mismo instante y corre en nuestra dirección. Puede que quiera saber qué voy a decirle.
Para mi sorpresa, abre los brazos y nos da un abrazo a cada una.
– Ah ¿y el akuma?
– No quiero luchar con él. – dice con una sonrisa.
– ¿Qué? – pregunto, atónita.
– Hay que amarse más y odiarse menos.
Esto no puede estar pasando. La única de las tres que puede confrontarlo no quiere hacerlo. Hace un momento lo estaba deseando y ahora tengo que convencerla. No obstante, pienso intentar el plan que he pensado.
– Amor. Seguro que se lo quieres dar al akuma también.
– Sí. Si tuviera amor no se habría akumatizado.
Esa forma de pensar es muy poco de Chloe. El akuma es mitad blanco y mitad negro, que son colores contrarios. Es posible que lo que este akuma haga sea escoger una característica nuestra y cambiarla por su contraria.
Voy a seguirle la corriente. Quizás así consiga que realice mi plan.
– ¡Pues vamos a por él!
Está ahí mismo, no se ha movido.
La abeja asiente, mientras Bunnyx sigue confundida.
– ¿Vamos a jugar al pillar?
¡Es completamente estúpida!
– No. ¿No has oído nada de lo que he dicho?
– ¡Vamos a darle amor! – canta Queen Bee.
Aunque es difícil lidiar con ella, me encantaría que volviera su personalidad borde.
– ¿Sexo? Pero no es mi tipo.
Agh ¡maldita sea! Se me ha acabado la paciencia con esta conversación de besugos. No puedo más.
– ¡Callaos las dos y haced lo que yo os diga!
El día de hoy ha hecho todo lo posible para ponerme al límite y lo ha conseguido.
– Pero... – comienza a protestar Queen Bee.
– ¡Nada de peros! Te callas o pierdes mi amistad para siempre.
Es sólo una amenaza, sin embargo, hace efecto en ella y me obedece.
– Bien. Coge mi espada. – ordeno.
La chica que me sujeta me suelta un momento y hace ademán de coger la espada.
– Tú no.
La abeja agarra la espada y, con los indicaciones se coloca en la posición que recuerdo de Dark Cupid.
– Ahora tú. – la señalo. – Te pones en la punta. Ella te va a lanzar y vas a tirar del akuma hacia el suelo, para que nosotras podamos alcanzarlo, ¿vale?
El akuma se ha acercado a nosotras y ahora sonríe con superioridad. Nos ha incapacitado y se regodea en su victoria.
No ocurrirá.
Queen Bee catapulta a Bunnyx en su dirección. Cuando se está aproximando, el akuma se eleva aún más y Bunnyx pasa por debajo.
No lo había pensado.
Tengo que hacer que sea él el que quiera bajar. Y creo que sé cómo.
– ¿Dónde está Nathanael? – pregunto en voz lo suficientemente baja como para que el akuma no me oiga pero sí lo hagan mis compañeras.
– En el Louvre. – responde Bunnyx casi instantáneamente.
Les ordeno ir al museo, una de ellas muy confundida y la otra extremadamente emocionada.
– ¿Qué obra estaba copiando?
Porque estoy segura de que está copiando alguna. Es dibujante, no vendría a aquí sólo a ver.
– El amor de Psique.
El Louvre es impresionante. Ya he estado aquí antes, aunque eso no me priva de asombrarme por la belleza de las obras.
El museo está muy vacío, por culpa de los ataques de Lepidóptero. Él ha provocado que mucha gente huya de la ciudad y vengan muchos menos turistas.
Al estar tan vacío, encontramos la sala rápidamente.
En el momento en que ponemos el pie en la sala, Queen Bee corre en dirección al joven pintor. Sé lo que va a hacer y es una idea horrible de la que se arrepentirá más tarde.
– Bunnyx, detenla. – ordeno.
La coneja cesa de ser mi apoyo, dejándome de pie en la habitación sin posibilidad de moverme, y se interpone entre la chica loca de amor y su enamorado.
– ¡Ah! ¿Qué haces?
– No sé. Ryuko lo ha mandado.
Vuelvo a intentar dar un paso, cayendo al suelo como consecuencia, así que en lugar de caminar, gateo hacia ellos.
– Es por tu bien. – respondo a mi compañera.
Nathanael pasa sus ojos por cada una de nosotras en completo desconcierto.
– ¿Qué pasa aquí?
– Quería besarte. – contesta Queen Bee tranquilamente.
Eso no ayuda.
El chico se sonroja profusamente. Ahora está distraído.
– No la escuches, no está bien de la cabeza. Escúchame a mí, necesito tu ayuda.
El muchacho titubea un momento antes de arrodillarse frente a mí.
– Un akuma nos ha hecho esto. Yo no puedo moverme sin caerme al suelo, Bunnyx se ha convertido en una necia y Queen Bee está mucho más cariñosa de lo habitual. Entonces yo no puedo pelear con el akuma, Bunnyx no es capaz de pensar en una estrategia y Queen Bee no quiere. Bunnyx me dijo antes que tú causaste el akuma y he pensado que podrías ser un cebo para que baje a tierra. Del resto ya nos encargaremos nosotras.
Nathanael piensa un momento antes de asentir.
Mientras el joven y yo salimos del edificio, hago a las chicas atraer al akuma.
– Tienes que provocarlo, que quiera acercarse a ti. Esquiva los aviones de papel, no sabemos en quién podrías convertirte. Cuando lo tengas cerca tienes que agarrarlo, para que no se escape. Es más bajo y delgado que tú, no deberías tener problemas.
– Pero los akumas tienen fuerza sobrenatural.
Tiene razón. El no podría sostenerlo. Aunque Queen Bee sí.
– Es cierto. No hagas esa parte, sólo todo lo demás.
Nos encontramos fuera del inmueble, dónde ya están los otros tres.
Nathanael grita algo sobre romper cuadernos, provocando que Marc le mande un avión de papel, dándole de lleno. Miro a los lados para asegurarme de que nadie puede testificar que hemos dejado que un akuma afecte a un civil y me relajo un poco cuando veo que estamos solos.
El resultado de la magia negra en el pelirrojo es que se hace más confiado, hasta el punto de desafiarlo a una pelea, pensado que ganará. De esa manera obtiene lo deseado y Marc desciende hasta la calle.
En este momento, mis dos compañeras aterrizan junto a mí, esperando más indicaciones.
Ordeno a Queen Bee activar el veneno de su peonza y dársela a Bunnyx. Después le digo que le permito abrazar al akuma y ella lo hace con entusiasmo. Por último, dicto a la coneja que le dé con la peonza, lo que lo paraliza y me permite pensar cuál es el objeto akumatizado.
Teniendo en cuenta que no lleva ningún complemento y que los aviones de papel aparecen de la nada, la mariposa se encuentra en el avión gigante. Y tengo razón.
En el camino de vuelta a casa paso cerca del instituto y se me ocurre una idea. Es más un impulso que una idea, y no especialmente bueno, pero estoy enfadada y creo que es la respuesta que voy a dar a lo que Marinette y sus simpatizantes me están haciendo.
Ya ha oscurecido por completo, por lo que colarme en el edificio me resulta relativamente fácil.
No voy a continuar el plan vengativo y violento que pensé esta mañana, en su lugar, haré otro plan igual de vengativo y deductivo, aunque menos delator que el original.
Entro en el vestuario y busco la taquilla que he visto abrir anteriormente a la chica que se burló de mí.
Pongo una mano sobre la puerta de metal y murmuro:
– Dragón de rayo.
Todo mi cuerpo se convierte en un rayo y al estar tocando metal, es atraído por por el material, permitiendo a mi rayo entrar en el pequeño espacio donde Mariè, efectivamente, ha guardado cosas. Lo toco todo, asegurándome de quemarlo, salgo y vuelvo a mi forma humana.
Un pequeño incendio se ha formado dentro de la taquilla, con humo saliendo de ella. Antes de que llegue a los detectores de incendio, me subo sobre el objeto e invoco mi dragón de agua. Me aseguro de entrar a través de las rendijas.
A pesar de ser un incendio eléctrico, soy capaz de apagarlo, pues no ha sido provocado por un objeto eléctrico, sino por un rayo, y las cosas que se están quemando no son difíciles de penetrar por el agua.
Vuelvo a salir, un poco cansada y sabiendo que sólo tengo cinco minutos para llegar a casa, pero satisfecha.
Llego a casa justo a tiempo. Longg me mira con decepción.
– ¿Cómo has podido hacer algo así?
1 Este nombre es inventado y no intenta reflejar a ninguna persona real en concreto.
2 No sé hasta qué punto lo que he puesto aquí es real. He buscado un poco y no he encontrado un caso parecido a este por Internet. Se supone que el incendio podría usar el oxígeno del agua, pero no me queda claro si eso depende del objeto que se esté quemando.
