N/A: Se me olvidó deciros que los nombres los saco de una página que genera nombres, no me los he inventado yo - yo.
Gracias a Katherine.
¿Qué?
Mierda. He intentado besar a Nathanael.
Unos pasos más allá se encuentra Alix, que acaba de matar la mariposa. La deja caer en el suelo y me frunce el ceño.
Mierda. Estoy abrazado a Marc.
Me separo de él, que mira a todos lados.
– ¿Por qué estoy aquí?
Nathanael se acerca a nosotros, evitando mi mirada y aparta a Marc a un lado para hablar con él. No puedo oír lo que dicen.
– Me voy. No aguanto más este horrendo día. ¿Os ocupais vosotras de ellos? – dice Kagami, señalando a los chicos.
– Sí, sí. Tú vete. Hoy ha sido muy mal día para ti. – responde Alix.
Ella también se acuerda de lo ocurrido, entonces. Hemos sido realmente inútiles contra este akuma y Kagami se las ha tenido que arreglar casi sola.
La chica corre en dirección a la que supongo que es su casa. No lo sé, nunca he estado allí.
– Bueno, para la hora que es, creo que deberíamos llevar a estos a su casa. Pero tengo que hablar contigo, así que después nos reunimos en... la Torre Eiffel. ¿Vale?
Asiento.
Ella se lleva a Marc.
Ha decidido dejarme a Nathanael. Mejor para mí.
Quiere hablar conmigo después, así que en realidad no puedo dar un paseo con él ni nada, pero tampoco puedo llevarlo en brazos pues estaré muy cansada dentro de unos minutos.
Pero tengo otra idea.
– ¿Confías en mí?
La respuesta es sí, por supuesto, eres mi mayor fan.
– Con mi vida.
Aunque tanta seguridad me sorprende un poco.
Le indico que se agarre a mí, como un abrazo. Está demasiado cerca, pero no puedo pensar en eso.
Ahora uso mi peonza para colgarme de los edificios más altos y balancearme. Así vamos más rápido hasta su casa, en las afueras de la ciudad.
Pasan más de cinco minutos, muchos más, aunque también muchos menos de los que hubiéramos tardado yendo a pie.
Llego a su casa completamente agotada. El cansancio se ha extendido más de lo normal, creo que por no haber parado a descansar.
– Nos vemos. – me despido. Seguramente Alix quiera hablar de lo que ha pasado hoy con Kagami.
– Espera. ¿No quieres descansar un poco primero? Aquí, en mi casa.
– En realidad, tengo que...
– Necesito hablar contigo.
Supongo que Alix puede esperar.
Camina hacia la puerta principal. ¿Su familia va a verme? No, mejor esperaré a que suba y entraré por la ventana, como siempre.
– ¿No vienes?
– Tus padres...
– En algún momento tendrán que verte.
¿Cómo? ¿Tan cercano se ve a mí? Le he visitado demasiadas veces. Esto puede ser malo. No se supone que nos podamos hacer amigas de ningún civil.
No le hago caso y espero a que haya luz en su ventana.
Ha traído un bizcocho en un plato, que pone sobre la mesa del ordenador y se sienta en su cama.
– Para ti. – señala.
No sé cómo negarme a comer bollería, que engorda mucho, así que no lo hago. De todas maneras, me vendrá bien coger algo de peso para que dejen de ser unos pesados conmigo.
– Yo he causado ese akuma.
No es un tono muy sombrío, aunque tampoco especialmente alegre. Parece más bien que esté revelando algo de lo que se siente culpable.
– Lo sé, Bunnyx lo dijo.
Asiente y se calla un momento mientras como mi bizcocho.
– Debería disculparme con Chloe. Le dije cosas muy feas. – dice de repente.
No creo que sea buena idea influir en cómo debería comportarse conmigo. Qué hasta pensado eso por sí mismo ha me hace feliz.
– Eso no te lo puedo decir yo. ¿Era de esto de lo que querías hablar?
Si es así, le dejaré con sus pensamientos y me iré ya.
– No. Quiero hablar de algo más importante. – ¿Más importante que yo? – Quiero hablar sobre... nosotros.
Ah, yo. Pero no yo, nosotros.
Un momento, nosotros. Oh, mierda. No podemos hablar de algo tan importante ahora. No me siento del todo cómoda con la idea. Tengo que pensar.
– Tengo prisa, de verdad. Mejor en otro momento.
– No. No puede ser en otro momento. Vienes cuando quieres y te vas cuando quieres. Te estoy pidiendo que te quedes.
Quiero oírlo. Me hace sentir muy bien saber que le gusto. Pero al mismo tiempo no quiero escucharlo y no sé por qué.
Me voy hacia la ventana. Él se levanta rápidamente y me agarra del brazo. Le miro a la cara. Parece muy decidido. Y es por eso que no me suelto. Sé que nada de lo que haga impedirá que diga lo que quiere decir.
– Te lo dije la última vez: siempre me gustaron los superhéroes. Y tú pareces sacada de mis sueños. Y vienes aquí y hablas conmigo. Con nadie más. ¿Cómo iba a no enamorarme?
Su tono es seguro y confiado. Ha ensayado esto.
– Sé que yo también te gusto.
Se acerca un poco más, poniéndome la otra mano en la mejilla.
Y presiona sus labios contra los míos. Es suave, lento y casto. Es un beso perfecto.
Se aparta y me mira expectante.
No sé qué hacer, no debería haber pasado esto. No al menos hasta haber arreglado mi situación como Chloe.
– No me conoces. Si supieras quién soy, no te gustaría. – respondo.
No sé qué más decir, así que me suelto con delicadeza y me voy.
Oh, dios mío.
Se me va a salir el corazón del pecho. Necesito que Polen me aconseje, pero todavía no puedo detransformarme. Ahora tengo cero ganas de ver a Alix.
Me toco los labios. Todavía lo siento.
No, no es momento de pensar en ello. ¿A dónde tenía que ir? Ah, sí, la Torre Eiffel.
Me encuentro con ella en la base de una de las patas.
– ¡Ya era hora! – se queja, enseñándome su prodigio. Funciona. Sabía que era un reloj, pero no sabía que seguía funcionando como tal. – ¿Por qué has tardado tanto?
Por Nathanael.
– Hoy he usado el veneno. ¿No te acuerdas?
Entrecierra los ojos. No creo que mi mentira la haya engañado.
– Da igual. Vamos adentro.
Tras decir eso, abre un portal a su madriguera. Si iba a hacer eso ¿para qué mierda me ha citado aquí?
La sigo, molesta. He tenido que hacer un camino largo.
– Eres una cabrona. – suelta porque sí.
– ¡Eh! ¿A qué viene ese insulto gratuito?
– No es un insulto, yo también lo soy. Y he pensado que dos cabronas son mejor que una.
Ah. Creo que sé por dónde van los tiros, pero me cuesta mucho tomarla en serio con esa vocecita.
– ¿Esto es por Kagami? – me aseguro.
– ¡Claro que lo es! ¿Recuerdas lo que te hice cuando humillaste a Kim?
¿Cómo no hacerlo? Fue muy humillante. Supongo que ella lo vería justo. Yo no voy a decir nada, ya lo hice en su momento. Y ella aún no ha tomado represalias por lo de Nathanael.
– ¿Quieres tirarle una bolsa de basura a... ¿Quién era? ¿Mariè?
– No. Eso no funcionaría en nuestra situación. Creo que tú deberías amenazarla.
¿Por qué yo y no Alix?
– Con chantaje, claro. – continúa. – Todo el mundo tiene trapos sucios. Por eso estamos aquí. – hace un círculo con la mano, como señalando la madriguera. – Y por eso tienes que ser tú. Sería más creíble. Tú tienes recursos que yo no. Al menos que la gente sepa.
Por supuesto. Ella siempre lo tiene todo muy bien pensado.
Se acerca a uno de sus círculos negros y empieza a tocarlo.
– Primero vamos a ver quién lo hizo. Quédate ahí mientras yo busco.
Eso no es necesario. Yo no hago ninguna falta aquí. Podría haberme ido a mi casa y hablar con Polen sobre Nathanael.
– Como sospechábamos, ha sido ella. Te diría que miraras, pero no puedes ver nada. Tendrás que fiarte de mí.
Absolutamente inesperado.
De vuelta a Nathanael... Ella lo conoce bien. ¿Debería decirle algo?
– ¿Sabes algo nuevo de Lepidóptero? – es lo que me sale en su lugar.
Ella no para de hacer lo que sea.
– No.
Eso no era lo que quería decir, aunque es un tema mucho más importante, en realidad. Tiene que haber alguna manera de averiguar más sobre él. ¿No estamos haciendo justo eso con Mariè?
– Oye. ¿Por qué no usamos la madriguera para saber la identidad de Lepidóptero?
Parece una buena idea, pero ella no se inmuta.
– No funciona. Lo he intentado. Está protegido y no puedo localizarlo. Tiene magia negra. Es...
– Poderosa, lo sé.
Siento un escalofrío cuando recuerdo a mi madre lanzándome contra la pared con un sólo movimiento de muñeca. Creo que ya no podré volver a sentirme hacia ella como lo hacía antes, la admiraba. Desde entonces me da miedo.
– ¡Ahí va! – exclama Alix. Para de hacer lo suyo y se da la vuelta. – Mira por dónde. La perfecta y maravillosa heroína del pueblo, Mariè, que nos salva a todos de la muy malvada Kagami, se está tirando al novio de su amiga.
Vaya. Eso es un trapo muy sucio. Aunque podría haber sido peor, podría haber cometido un delito.
– ¿Es lo suficientemente bueno? – pregunta.
– Sabes que sí. ¿Crees que funcionará?
– Me acabas de decir que sí. – responde muy tontamente.
– Me refiero al chantaje. No a todo el mundo le funcionaría algo así.
Se encoge de hombros.
– Lo comprobaremos mañana.
Su portal me deja directamente en mi suite, que comprueba que está vacía y nos despedimos.
Me tumbo en la cama, cansada, aunque tengo que darme una ducha. Pero lo primero es hablar con Polen.
Me detransformo.
– ¿Te das cuenta de lo que ha pasado?
– Sí. – responde como si nada.
La miro. Se ha ido directamente al bote de miel. Es lo mejor para ella. Yo necesito dormir, pero ella necesita miel.
– ¿Cómo que sí? ¡Me ha besado! Esto es algo gordo. No tengo ni idea de qué hacer y necesito tu ayuda.
– Lo sé. Puedo saber lo que piensas cuando estamos fusionadas. ¿Recuerdas? También puedo sentir lo que sientes. – dice con un tono de alarma.
¿Qué quiere decir? ¿Qué ella también ha sentido como si le besaran?
– Mi consejo es: dedícate a ser una heroína y no tengas ninguna relación con un civil, porque esa relación también sería mía. Intenta acercarte a él como Chloe.
Toda mi emoción y confusión se van de un plumazo.
Estoy nerviosa, por varios motivos. El primero es que me voy a encontrar a Nathanael otra vez. Él no sabrá que soy yo, al menos hay algo bueno.
Anoche no puede hablar más con Polen. Me obligó a cenar una comida que se estaba enfriando y que seguramente dejó Jean. Y también a dormir, después de ducharme, hacer mi rutina de cuidado facial y lavarme los dientes.
No quiso decirme sus sentimientos, algo que, si me fijo, ha ocurrido desde el principio. Intenta ser una guía moral para mí, y una amiga. Eso sólo hace que la situación sea más incómoda entre nosotras. Se me había olvidado por completo la pérdida de intimidad cuando soy Queen Bee.
El segundo es que no sé cómo va a salir todo esto del chantaje. Debería haberle pedido a Alix una foto o algo. Pero tampoco quiero una foto de esa gente desnuda. ¡Qué asco!
Pero cuando llegamos (las tres juntas, como siempre) encontramos que ya hay jaleo.
Mariè está rodeada de gente y habla en un tono alto. Está alterada.
– Han sido ellas. Estoy segura.
Su señalamiento hace que todos los que la acompañan se giren hacia nosotras.
– ¿De qué estás hablando? – pregunta Alix.
Marioneta se pone delante de todos, provocando que se callan y observen.
– Alguien ha quemado la taquilla de Mariè. La única que podría tener un motivo es Kagami. Y además, es conocida por ser agresiva.
– ¿Por qué iba a hacer yo algo así? Ella dijo que no había hecho nada. A no ser, claro, que estuviera mintiendo.
¡Vaya! Eso sí que ha sido bueno. La ha dejado sin salidas.
– No creo que mintiera. Aunque no sé quién lo hizo.
– Pero aún así, me acusas sin pruebas.
Eso irrita a la estúpida Marioneta, no sabe cómo darle la vuelta. Es un gran disfrute para mí. Kagami consigue hacerla quedar mal.
– No te estamos acusando, sólo decimos que la única que podría tener motivos eres tú.
– Eso suena muy acusador. – intervengo yo.
Su molesta mirada se dirige hacia mí, aunque algo detrás mía le llama más la atención.
– Kagami nunca haría algo así. – dice Adrien a mi espalda. – Se lo habéis dicho al director, ¿no? Pues dejad que sea la policía quién se encargue. Estoy seguro de que provocar un incendio en un instituto es ilegal.
La deja sin palabras, terminando la conversación. Hemos ganado. Sonrío, y no intento ocultarlo.
Adrien se dirige a sentarse a su sitio y nosotras a los nuestros.
Teniendo en cuenta que ya se ha solucionado, no tenemos que hacerle chantaje, ¿no? Aunque hay otra persona con la que sí deberíamos hablar.
Tras la primera clase, aparto a Alix y le digo mi idea. Así, cuando llega la hora del almuerzo, nos vamos y dejamos a Kagami y Adrien solos. De todas maneras, sería muy incómodo volver a comer con ellos.
Ponemos la excusa de que tenemos algo que hacer. Aunque técnicamente, no es una excusa. Realmente tenemos algo que hacer.
Caminamos por el patio, buscándola.
– Oye. – digo, por no estar en silencio. – La ropa que te has puesto hoy es horrible.
Ella me mira entre molesta y sorprendida. ¿La he ofendido? Me pasó con Kagami.
– Me da igual.
– Me refiero a que puedo remodelarte el armario.
– Tengo tantas ganas de eso como de que me peguen un puñetazo en la cara.
Eso es un no. Bueno, no todo el mundo quiere ir bien vestido.
– ¡Campanilla!
Y ahora el retrasado nos va a frenar. ¿Nos dará tiempo?
Me doy cuenta de que ella se tensa un poco.
– Hércules, – Que apodos más estúpidos. – estoy ocupada. Sea lo que sea, dímelo después.
– Vale, pero después no va a haber helado.
El grandullón extiende la mano, con un helado de sándwich sin envoltorio.
Alix levante una ceja.
– ¿Cuál es el truco? ¿Se te ha caído al suelo?
Niega con la cabeza. Sí. Esto nos va a hacer perder el tiempo.
– Nada, sólo que vas a tener que cométerlo con mi saliva.
Acto seguido, lame todo un lado del helado. ¡Qué asco!
Alix se queda igual. Es más, acepta el helado.
– Ahora sé que no se te ha caído al suelo.
Él se queda anonadado.
– ¿No te da asco?
– Ni un poco. Adiós.
Nos alejamos dejándolo parado en medio del patio.
– ¿De verdad te vas a comer eso con el frío que hace?
Ella se encoge de hombros como si fuera de lo más normal.
– Sí. Me gusta el helado.
Entonces veo a Rose. Está sentada con Juleka en una escalera.
– Está ahí. – señalo. – Pero no está sola. ¿Cómo las separamos?
No hace falta hacerlo. Nada más terminar de hablar, Rose se levanta. Se dirige en dirección al baño.
Las dos nos damos prisa y nos ponemos cada una a uno de sus lados.
Se da cuenta en seguida y se pone nerviosa.
– ¡Ah! ¿Qué hacéis aquí?
– Vamos a acompañarte. – le digo con una sonrisa, dejándole claro que aquí el control lo tengo yo, o al menos nosotras.
Veo como intenta mandar un mensaje con su teléfono, pero antes de que pueda hacerlo, Alix se lo arrebata.
– No. Vamos a estar las tres solas.
Muy bien. Intimidarla es la mejor manera. Yo pongo una mano en su espalda para asegurarme de que no se dé la vuelta.
En el baño hay gente. Lo bueno es que ella no pide ayuda ni nada así. Aunque tampoco es que la tengamos secuestrada.
Esperamos a que se vayan todas y cierro la puerta del baño por dentro. No es la primera vez que hago esto.
Después de eso está visiblemente asustada.
– ¿Tienes miedo? – me río. Se me da muy bien el papel de villana. Y ahora es muy necesario.
– Tranquila, no vamos a encerrarte en el almacén del sótano. – dice Alix. A ella se le da bien el papel de amiga cabreada.
Rose nota la amenaza en esas palabras, lo que la asusta todavía más.
– No sé de qué estás hablando.
¡Y se atreve a negarlo!
– ¿No le dijiste a Kagami que había una réplica de la piedra Rosetta en el almacén del sótano?
– No.
Sigue mintiendo. ¿Tanto poder tiene la asquerosa de Marioneta? ¿Le da más miedo ella que yo? No, eso no va a pasar.
– Sé que te importan tus notas. ¿Sabes? Puedo hacer que te expulsen. Ni siquiera necesito un motivo real, sólo tengo que convencer a mi padre. Lo he hecho muchas veces.
– Si me vas a expulsar de todas maneras, ¿por qué quieres saber la verdad?
Ha caído.
– Entonces hay una verdad que contar. – interviene Alix.
Se acerca a ella y la mira a los ojos con fuerza. Da miedo.
Es increíble. Es una enana, comiéndose un helado y, aún así, da miedo. Más de esta manera que siendo Bunnyx. No tiene sentido. Bunnyx tiene poderes, pero una voz estúpidamente dulce.
Rose traga saliva. Ya la hemos asustado, ahora hay que darle otra opción para que delate a Marioneta.
– Porque no es a por ti a por quién vamos. Si nos dices quién te mandó hacerle eso a Kagami, te dejaremos en paz.
– ¿Mandarme? Nadie lo hizo.
– ¿Por qué si no? – pregunta Alix.
– Vamos, sabemos que no eres una mala persona. A ti no se te podría haber ocurrido eso. – miento.
Sí lo es. Aunque no se le ocurriera a ella, por el simple hecho de hacerlo ya lo es. Y Alix. Y yo también. La única que siempre tiene buenas intenciones es Kagami.
– ¿Habérseme ocurrido? No. Pero ella tampoco me mandó hacerlo.
Ella. Ya ha incluido a alguien más. Vamos avanzando.
– ¿A quién se le ocurrió? – pregunto yo.
A eso, Rose niega con la cabeza.
Y nos estancamos de nuevo.
Alix, que se acaba de terminar su helado, agita el móvil delante de su cara.
– Lo romperé. – afirma.
No es una amenaza. No es una advertencia. Es una confirmación de que si ella no nos dice quién tuvo esa idea, se quedará sin teléfono.
– Espera. Es caro. No lo hagas.
Pero a pesar de eso, no intenta arrebatárselo. Es tontisíma.
– Pues dime quien.
Tiene mucho miedo. ¿Por qué? Si delata a la estúpida Marioneta se librará de nosotras. Puede ser que le asuste quedarse sola por esto. Aún así, tendría a Juleka. No me gusta tener que decirlo, pero nunca la abandonaría. Está enamorada.
– Fue Juleka. – dice en voz muy baja.
Vale, eso me ha cogido por sorpresa. Aunque pensándolo bien, ella nunca hacía o decía nada que pudiera quitar su imagen de inocente y perfecta buena persona. Ella tiene que seguir pareciendo un ángel para todos.
– Pero no es culpa de Juleka. – se apresura a corregir. – Alya nos dijo que pensáramos una manera de mantener controlada a Kagami y alejarla de Adrien ya que Marinette se sentía muy mal por no poder hablar con él porque Kagami lo acapara. Fue Alya quién me obligó.
¡Otra vez! Otra vez exactamente lo mismo: Marioneta se encapricha de un chico y pisotea a toda aquella persona que pueda entrometerse entre ella y el chico. En su momento fui yo con mis problemas y ahora es Kagami y su amistad.
Pues ahora se ha quedado sin Adrien por completo, todo gracias a mí.
Rose se da cuenta de que lo ha soltado todo y se tapa la boca.
Sí, posiblemente la expulsen del grupo. A pesar de no haberla señalado como la perpetradora, se ha notado su parte de culpa.
– Además de cobarde, eres una traidora. Toda una joya. Hala, ya puedes irte. Eso es lo que necesitábamos.
Alix le devuelve su móvil y ella se va a toda prisa. Supongo que le contará a Juleka cómo ahora están solas.
La que no se ha quedado sola es Sabrina, aún cuando me dijo que se había dado cuenta de la verdadera naturaleza de Marioneta.
¿Ha formado parte de esto? ¿Después de haberse disculpado conmigo?
– Me siento como una matona. – murmura mi compañera.
– Eso es porque no estás acostumbrada a que los verdaderos matones se hagan las víctimas. – explico yo.
He sido "la villana" durante años. La reina malvada que hacía sufrir a los demás por diversión. Nadie nunca pensó que me estaba defendiendo, aunque ellos eran los que atacaban.
– Dupain-Cheng ya me hizo esto a mí, pero tú eras una de las personas engañadas.
Alix me mira muy seria.
– Lo siento. Quería saber por qué eras así, aún así no hice mucho esfuerzo real por conocer tu historia o tu situación. Pero tu forma de comportarte me hace ver que ya has pasado por algo así y dices la verdad. Aunque sí que he notado el comportamiento de Marinette un poco raro a veces, sobre todo con respecto a Adrien cuando yo le gustaba. Eso sí, nunca pensé que llegaría a este nivel.
Suena el timbre que indica el final del descanso.
– Tenemos que hablar con Alya. El problema es que ella es mucho más difícil, es mucho más fuerte y confiada y está con Marinette todo el tiempo. Necesitamos una estrategia mucho mejor y no lo vamos a tener para mañana. – expone.
– Estoy de acuerdo, nos vemos después.
Porque ahora hay optativa: geografía.
Me separo de Alix y voy a clase.
Llego de las primeras. Me siento en mi lugar habitual y saco mis cosas, incluso termino de redactar un ejercicio que corregiremos hoy.
Entre los otros alumnos se encuentra Mariè. Hace unas horas pensé que con lo que le ha pasado se había solucionado, ya no lo creo. Con todo lo que he hecho y toda la gente que ha entrado ha tenido muchas oportunidades de cerrar el pico. Y no lo hace. Venga a soltar mierda sobre Kagami. La callaré yo.
Me levanto y voy a su asiento. Sin correr. El profesor llegará tarde. Lo he visto fumando fuera del instituto.
Cuando me ve acercarse, se calla. Me alegro de tener ese efecto en la gente.
– Mariè, Mariè. ¿Nadie te ha dicho que se coge antes a un mentiroso que a un cojo?
Lleva todo el día hablando de mi amiga, así que cree que me refiero a lo que ha dicho sobre ella.
– No estoy mintiendo. Kagami es un mal bicho.
Mal bicho, la que ella defiende.
– No me refiero a esa evidente mentira, sino a otra que a lo mejor a tu amiga le interesa mucho.
Sonrío mostrando los dientes y en sus ojos lo veo: el pánico. Eso significa que la tengo en la palma de mi mano.
– ¿Cómo te llamabas? – La chica me mira como si acabara de ofrecerle comer cucarachas. No sabe que ella me da más asco a mí que yo a ella. – Sixtine, ¿verdad? ¡Qué nombre tan horrible!
La Número mira de una a otra desconfiando.
Hago un gesto para que Mariè me siga al exterior del aula.
Miro la mesa del profesor y tengo razón, el señor Poulin aún no ha llegado.
Salimos y nos alejamos un poco de la puerta. De nada sirve amenazar con secretos si cualquiera va a oírlo.
– ¿Cómo lo has sabido? – pregunta nerviosa. Ya no es tan gallita, ¿eh?
– Yo lo sé todo. – miento. He acertado que la "amiga" era La Número de pura chiripa. – Hagamos un trato. Tú no le haces nada a Kagami, no hablas con ella ni de ella nunca más y yo no le cuento a Sixtine que te tiras a su novio.
– No tienes pruebas.
Su confianza vuelve un poco. Hay que acabar con eso rápido, vaya a ser que se crea alguien contra mí.
– No las necesito. Con decírselo ya sospechará y las encontrará ella misma. Lo he dicho: se coge antes a un mentiroso que a un cojo.
– Eres una puta.
Insultos, insultos. Lo que dicen quienes no tienen argumentos.
– Que se lo diga, ¿dices?
Ella se cruza de brazos y gruñe algo.
– No te oigo. – me burlo, poniendo una mano junto a mi oreja. Es cierto que no la escucho, pero puedo imaginar lo que dice.
– Que vale. Acepto el trato.
Maravilloso. Aunque tampoco me hubiera importado arruinar su "amistad". Las amigas no se hacen esas cosas.
Vuelvo a clase sintiéndome bastante orgullosa de mí misma.
Nathanael se ha sentado a mi lado. ¿Por qué? Recuerdo cómo me besó ayer. Aunque Polen también estuviera ahí, era para mí. Se me acelera el corazón y me empiezan a sudar las palmas. Estoy nerviosa, tengo que hablar con él.
– Aquí voy yo. – le explico. Puede que se haya equivocado.
– Lo sé. Quería... hablar contigo.
¿Va a disculparse como me mencionó ayer? Si es así, tengo que hacerlo yo antes. Yo lo humillé primero.
– Antes de nada, – le paro. Me siento en mi silla y lo miro a la cara. Creo que me estoy sonrojando. – quiero disculparme.
– No. – me calla. – Déjame hacerlo a mí primero. Fui desagradecido y cruel. Qué te akumaticen es una experiencia horrible y nadie debería pasar por algo así y menos aún, deseárselo a alguien más. Ahora sé lo culpable que tuviste que sentirte por causar mi akumatización. Lo siento.
Siento que se me relaja todo el cuerpo y sonrío, esta vez de alegría. Ayer hice todo lo que pude para no influir en su decisión y él, por su cuenta, ha decidido darme otra oportunidad.
– Gracias. Yo...
– Buenos días. – interrumpe Poulin.
Nathanael asiente, como si dijera que continuaremos la conversación después.
Me quedé devastada cuando pensé que no podría solucionarlo. Es increíble que sea él quien haya decidido dar el paso.
N/A: Lo siento por la escena de romance. No es algo que lea mucho.
