Draco se abalanzó sobre Granger al verla caer mientras contenía las ganas de maldecir su vida, ¿Dónde estaban? De todas las ideas estúpidas que había tenido la de hoy había sido la peor, ir detrás de Potter y su pandilla al ministerio, salvar a Granger, y luego en vez de irse, quedarse con ella, no había pensado en las consecuencias en ningún momento. Pero algo lo había impulsado, algo se le había metido en la cabeza como un presentimiento o como una avispa que insistía en picarlo. Y Ahora estaba en un lugar extraño mientras una especie de elfo verde rechoncho y viejo los miraba con curiosidad.
Pero había escuchado a Granger hablar, había dicho un nombre, ella debía saber dónde estaban, lo había llamado maestro, ¿quién era ese tal Yoda que los había encontrado al llegar?
—Granger, Granger, despierta —repetía con suaves palmadas en su rostro mientras la arrastraba hacia él.
—Mmmmm al sanador llamaré —escucho Draco detrás de sus espaldas. ¿Por qué hablaba el viejo elfo de esa manera?
Draco buscó su varita en su túnica pensando en que hechizo podía usar para despertar a Granger, pero no la encontraba, fantástico todo, en un sitio desconocido y sin varita, y la magia, había algo extraño en la magia, no se sentía de la misma manera, algo había cambiado pero no precisaba qué.
Draco seguía acunando la cabeza de Granger en su regazo cuando escuchó unas puertas abrirse, no estaba en un bosque de verdad al parecer, algún tipo de jardín o invernadero probablemente. Sin embargo eso era quizás lo menos importante, las criaturas que llegaban no eran humanas, eran otras especies, unas que jamás había visto, una mujer suponía él, la piel azul, sin cabello y con una especie de tentáculos en su cabeza, y otra mujer que muy definitivamente tenía la cabeza de un pescado. Salazar ¿Dónde demonios se encontraba?
—Maestra Che, visitantes inesperados tenemos, a la enfermería hay que llevarlos —habló nuevamente el elfo verde.
La mujer azul se arrodillo al lado de Draco y lo miró como pidiendo permiso mientras la cabeza de pescado de la otra miraba. Draco no sabía si dejarlas hacer algo, pero habían hablado de una enfermería y quizás podían ayudar a Granger. Tal vez en Hogwarts no lo habría hecho, habría causado toda clase de problemas para la sabelotodo, pero no estaba en Hogwarts.
La Maestra Che acercó sus manos a la cabeza de Granger y una especie de luz o brillo dorado salió de ellas.
—Al parecer es solo un desmayo, nada grave, Bant ayúdame a llevarla.
Draco ya iba a intervenir diciendo que él llevaría a Granger, él y nadie más, pero la otra, Bant con un gesto de sus manos hizo flotar el cuerpo de Hermione. Magia, eran extraños, diferentes, pero no eran muggles, al menos no habían caído entre salvajes, seguro podrían ayudar.
—Pueden hacer magia.
—¿Magia? No, la fuerza poderosa es —respondió Yoda a las palabras de Draco.
—No, eso que hicieron, es magia.
Draco se sintió sorprendido al ver como el elfo verde con una agilidad impresionante daba un salto solo para pegarle con el bastón en la cabeza. Ninguno de sus elfos se habría atrevido a tal muestra de falta de respeto, era una grosería ¿es que no entendía quien era él?
—Es la fuerza —insistió la pequeña criatura con finalidad.
¿La Fuerza? ¿Qué era eso? Juraría que era magia, pero quizás no era el momento para discusiones, tampoco quería más golpes en su frente. Las dos criaturas le habían hablado al pequeño elfo con respeto, lo habían tratado como si de un líder se tratara, si, lo mejor era no discutir.
Por un momento se sintió perdido, pero tras la puerta las dos criaturas comenzaban a alejarse y sabía que no podía dejar a Granger sola. Si, tenía muchas dudas y preguntas, podía quedarse y tratar de obtener respuestas o podía ir con ella.
—Ve, después hablaremos.
Y sin esperar otro permiso Draco fue corriendo detrás de las criaturas mirando a los lados y quedándose asombrado del lugar donde se encontraban, grandes paredes, muchos pasillos, y más criaturas y bichos de todas clases que jamás había visto en algún libro, adultos y niños, o eso pensaba, difícil de saber, todos vestidos de manera similar, ropas de colores marrones y beiges, grises y blancos, hasta verdes. Todos con cilindros colgando de sus cinturones. Unos pocos con unas armaduras blancas hechas de algún material similar al plástico de los muggles.
Draco se sintió invadido por una extraña curiosidad, quería detenerse y preguntar, quería tocar y contemplar todas esas cosas extrañas, pero ese algo insistente en su cabeza había vuelto, no era el momento, no era el lugar, lo primero era Granger, era una sensación distinta, casi una voz.
La enfermería era completamente distinta a la de Hogwarts, a la de San Mungo, Salazar, a la de cualquier otro sitio mágico que hubiera visitado. Quizás lo único en común es que estaba muy bien iluminada, pero el resto eran muchos aparatos extraños que no podía comprender.
Los sanadores, o al menos eso era lo que debían ser habían colocado a Granger en una camilla, otra vez con magia y eso era lo que no lograba entender ¿Por qué usaban cosas muggles?
—Tu amiga estará bien, solo necesita descanso —le dijo Bant cabeza de pescado—. Por tu expresión imagino que nunca has visto un Mon Calamari —añadió ella.
—¿Un Mon Calamari? ¿Son ustedes los Mon Calamari?
Bant abrió la boca con algún tipo de ruido que debía ser risa.
—Yo soy una Mon Calamari, ¿no reconoces a los demás?
—No.
—La Maestra Che es una twi'lek ¿Ves a la de la puerta? —Draco asintió—. Una halaisi.
Todas las criaturas tenían su propio nombre, bueno, eso era de esperar, ¿no tenían las criaturas que él conocía sus propios nombres? Trolls, dementores, vampiros.
—Ehh ¿y dónde estamos?
—Coruscant, la capital de la República Galáctica, ¿tampoco sabias eso? —preguntó Bant con algo que Draco pensó podía ser simpatía.
—No.
—Esto se ha vuelto muy interesante, déjame buscarte algo para que leas y quizás puedas ubicarte un poco.
«Ahhhh maravilloso» pensó con ironía, perdido en el espacio y ahora tenía que ponerse a leer, a Granger le habría encantado eso, pero la verdad es que no tenía otra cosa que hacer mientras esperaba, ni loco se iría a caminar por el edificio sin saber lo que podía encontrar.
—Pero antes… —Bant le hizo una seña hacia una de las camillas al lado de una ventana.
Habría preferido evitar un examen, pero igual caminó, aunque quizás más por la curiosidad de mirar por la ventana que por otra cosa. Salazar, habían edificios gigantescos, columnas que parecían tocar el cielo, era una ciudad que se extendía más allá de lo que sus ojos veían, y maquinas que volaban por los cielos, ninguna escoba, solo maquinas.
Draco estaba impactado, no sabía cómo reaccionar, primero el extraño elfo, ahora la ciudad, era demasiado.
—Tranquilo, es solo un examen —dijo Bant al verlo sentado al borde de la camilla y tal vez pensando que estaba asustado.
—Mmmmm ¿de qué mundo vienes? —murmuró pensativa Bant—. Te hacen falta todas las vacunas, un momento.
Draco sintió una corriente de miedo recorrer su columna ¿vacunas? Había escuchado de ellas, eran cosas que los muggles usaban para las enfermedades, pero él era mágico, nunca había tenido necesidad de ellas, estaba por negarse cuando pensó nuevamente que quizás era una buena idea.
Bant lo miro con otra cosa desconocida en su mano. Draco sintió un ligero pinchazo en su piel.
—Listo. —Y con su mano hizo un gesto hacia una pared, algo metálico y rectangular floto por el aire. Magia otra vez, pero si, distinta, había algo que seguía sin poder precisar, lo hacía sentir inquieto.
Bant salió al verlo con el objeto en sus manos, pero debió de haber dado suficientes señales de su ignorancia que regresó a los pocos segundos con otra criatura, una niña suponía, pequeña, verde, con pequeñas marcas en el rostro, que le enseñó cómo usar lo que llamaba una holotableta. Cierto que jamás había tenido interés en aprender a usar cosas muggles, pero se había sentido bruto al ver lo lento y pausado que le hablaba, casi como si él fuera el niño.
Con sus dedos aun inseguros, Draco escribió lo primero en su mente, planeta tierra, sin resultados. Otro gruñido salió de su boca. Magia, interesantemente ahora si obtuvo algo sobre unas brujas de un planeta llamado Dathomir pero luego se dio cuenta que si lo que hacían era magia debía ser diferente a la que él conocía. Nada de varitas.
Agarrando un poco más de confianza, Draco comenzó a investigar sobre aquellas cosas que había escuchado, Coruscant, Mon Calamari, Twi'lek, Yoda, República Galáctica, y página tras página de información comenzó a leer, el asombro nunca dejaba de crecer, definitivamente estaba muy lejos de su hogar.
Granger se iba a volver loca cuando despertara, era imposible no hacerlo, cada vez tenía más claro que las posibilidades de regresar a casa eran definitivamente pequeñas sino imposibles.
Se sintió enojado, desesperanzado, la situación era inaceptable, ¿y Granger? pues Granger seguía dormida como un tronco en la camilla, despreocupada y alejada del desastre en el que estaban.
Bant volvió a acercarse con una bandeja, quizás era su guardia permanente. Miró la bandeja, se sentía escéptico a pesar del hambre, no sabía si probar, las otras criaturas no eran humanas, podían envenenarlo, aunque pensándolo bien estaba en una enfermería y ellos eran sanadores, era probable que supieran que cosas podía comer.
El vaso tenía un líquido de color naranja, sus manos temblaban un poco al agarrarlo pero cerrando los ojos le dio un sorbo, era dulce, una fruta desconocida, esperó unos segundos, seguía vivo. Al lado había alguna planta de color azul, y lo que imaginaba era carne por su textura, aunque su color era de un rojo más vivo que el de las carnes que conocía, similar al tono de una manzana.
No se sentía realmente curioso, pero su estomago y tripas se revolvían por el olor, que ciertamente no era desagradable, y con un suspiro acercó las manos aun temblorosas a los utensilios que por suerte eran casi iguales a los tenedores que conocía. «Comestible» pensó, no era increíble, pero era tolerable.
Un pitido comenzó a sonar, alzo la vista buscándolo, una pequeña luz titilaba sobre la camilla de Granger que se agitaba como atrapada por una pesadilla. Sin esperar mas soltó todo lo que tenía en sus manos y corrió, sus grandes ojos castaños abiertos y concentrados en él.
—¿Malfoy?
Granger se veía sorprendida, el no sabía que decir o que hacer, quería explicarle pero no tenía idea de por donde comenzar, por suerte la Maestra Che y Bant regresaron rápidamente. Pero al verlas Granger comenzó a mostrarse más agitada, moviéndose, tratando de pararse de la camilla.
—Granger, escucha, estamos a salvo —le dijo tratando de calmarla—. Vamos, respira conmigo—. Salazar, no sabía que estaba haciendo mientras alzaba sus manos en un gesto de paz, de quédate quieta.
Pero Granger no quería colaborar, miraba a todos lados como buscando algo, como tratando de entender.
—¡NO! —exclamó Granger, y varios objetos se dispararon y cayeron desparramados por la habitación, magia accidental pensó él.
Pero Granger no se mantuvo despierta, sus ojos cayeron otra vez como si algo los empujara, quizás era toda la fatiga del día, la falta de comprensión, quizás era verlo a él, el enemigo.
—Aún le hace falta descanso —Le dijo a un lado la Maestra Che con amabilidad—. Deberías hacer lo mismo, le dimos un sedante, mañana despertara.
Draco asintió buscando algo donde descansar, le habría gustado tener su cama, sus sabanas de seda, pero solo había un sillón y no podía ser exigente en verdad. En Coruscant no era poderoso, no era rico, no era de la elite, todo lo que tenia lo había perdido, era nadie, pobre, sin familia y sin hogar. Por Salazar y Merlín, se había vuelto una comadreja.
