Hermione se sentía terriblemente cansada, la cama era suave y cómoda pero su cuerpo no quería reaccionar y aunque trataba de abrir los ojos sentía que no podía hacerlo. En realidad y si hubiera sido solo por ella no despertaría, dormiría por horas, pero todo lo que había pasado la desesperaba y tenía que despertarse, tenía que saber.
Usando la poca energía que le quedaba logró abrir un poco los ojos, todo era borroso, había luz, paredes blancas, un hospital, el mismo hospital de ayer, uno en el que no había estado jamás, no era Hogwarts, de eso estaba segura.
A su lado Malfoy roncaba suavemente, parecía inocente, no un pequeño mortífago, aunque era injusto llamarlo así, sus brazos estaban descubiertos y no podía ver ninguna marca, si, no era un mortífago, solo un idiota.
—Malfoy, Malfoy, Malfoy…
Algo comenzó a pitar sobre ella, una señal de emergencia probablemente alertando a quien fuera su médico de que estaba despierta. Malfoy abrió los ojos al escuchar, parecía bastante cansado, y hasta inseguro.
Las puertas se abrieron y era justo lo que temía, la primera vez pensó que era un sueño, ¿Cómo iba a estar el Maestro Yoda de la Guerra de las Galaxias frente a ella? Si, por ningún lado podía verlo, ¿pero ahora? dos figuras se acercaban a su camilla y ella no podía retirar sus ojos. Una era como la esclava bailarina de Jabba el Hutt, pero azul, y la otra se parecía al Almirante que gritaba ¡Es una trampa! No, no, no, eso no podía estar pasando, ya las había visto pero había insistido en que era un sueño.
Hermione buscó su varita con las manos pero no pudo encontrarla. Malfoy la miró, quizás el imbécil había agarrado su varita, ya vería él.
—Mi varita Malfoy —reclamó enojada—. Dame mi varita hurón.
El muy idiota la miraba como si de repente hubiera quedado mudo.
—No tenemos varitas —respondió con brusquedad.
Esa era una de las peores noticias que podía haber recibido.
—¿Te encuentras mejor? —preguntó la mujer azul, Hermione la miraba indecisa cuando sintió algo en su mente y cuerpo, era como una especie de sensación tibia y pacífica, era relajante, el temor que hace segundos la había invadido comenzó a desvanecerse.
—Sí, sí, estoy bien ¿Dónde estamos?
—Bueno Granger, parece que nos llevaste a una galaxia muy muy muy lejana —respondió Malfoy con el rostro lleno de ironía.
—¿YO? —reclamó sintiendo nuevamente el enojo.
—Claro que tú, es increíble como los gryffindors no piensan antes de meterse en problemas.
—Tú eres el que se metió en medio de la batalla.
—Sí, lo hice, y si no lo hubiera hecho estarías muerta, me lo debes.
La Maestra Vokara y Bant observaban la discusión con la curiosidad de aquellas personas que no saben lo que está pasando.
—Vamos a calmarnos, Granger ¿cierto?
—Hermione Granger.
—Bien, estamos en Coruscant, en el templo Jedi. Yo soy la Maestra Vokara Che y ella es la Maestra Bant Eerin.
Hermione sintió que se iba a volver loca, de todas las cosas posibles estaba atrapada en una película. ¿Pero era una película? Habían estado en la sala del espacio cuando el hechizo de Dolohov los golpeó, y estaba segura de que habían caído en un agujero negro. ¿Una dimensión paralela? Pues eso era más lógico, pero si era una dimensión paralela ¿Cómo era posible que en su mundo existiera una película? ¿Otra galaxia pero el mismo universo?
Eran demasiadas preguntas sin respuesta.
—Este… ¿me permiten algunos minutos a solas con Malfoy? —pregunto Hermione a los médicos que no habían dejado de examinarla con toda clase de aparatos que no había visto antes.
Las maestras miraron hacia Malfoy que con un gesto asintió, y ambas salieron de la habitación.
—Muffliato —repetía Granger mientras movía sus manos intentando realizar un hechizo sin varita.
Pero por mucho que lo intentaba Hermione no podía con el hechizo.
—¡WINGARDIUM LEVIOSA! ¡LUMOS! ¡AGUAMENTI!
Nada funcionaba, Hermione quería gritar, era imposible, quería llorar, ella sabía que podía hacer hechizos sencillos solo con sus manos. Se sentía tan frustrada ¿Acaso no era ella una bruja? Malfoy debía estar muriéndose de la risa viéndola, pero al frente Malfoy estaba concentrado intentando hacer lo mismo y no parecía tener más éxito que ella.
—Malfoy, no funciona, nada —dijo ella con unas pocas lagrimas asomando por sus ojos.
El rubio por fin miro hacia ella.
—No entiendo Granger. Los he visto, ellos, los médicos, el elfo verde del jardín, yo los vi, ellos tienen magia.
Hermione realmente no había sido una fanática de la Guerra de las Galaxias, era su papa el que disfrutaba ver esas películas, si, las había visto muchas veces a su lado, pero no era de esos que se las aprendían de memoria y conocían toda clase de detalles.
—La fuerza, le dicen la fuerza.
—¿Y cómo sabes eso?
Esto iba a ser un poco difícil de explicar.
—Mira, existe un aparato que llamamos televisión, es como una caja… —comenzó a decir Hermione.
—Sé lo que es una televisión. —Interrumpió Malfoy.
Hermione se quedó mirándola sorprendida de que Draco Malfoy supiera lo que era una televisión, no solo estaban en otro planeta rodeados de extraterrestres, sino que él sabía algo sobre los muggles.
—Te explico luego, solo sigue —añadió con aires de obstinado.
Tomando un poco más de aire, Hermione comenzó a explicarle rápidamente sobre las películas de las guerras de las galaxias, y las cosas que recordaba, Obi-Wan Kenobi, Darth Vader, Luke Skywalker, la estrella de la muerte. Que solo por eso había sido capaz de reconocer al Maestro Yoda.
—¿Entonces estamos atrapados en una de esas películas muggles?
—No, y ese es el problema. Cuando las películas empiezan los jedi ya no existen, fueron destruidos por el emperador.
Draco entendió rápidamente lo que ella intentaba decirle.
—Pero los jedi existen, estamos en su templo, ¿significa eso que estamos en un periodo anterior a las películas? Pero si nadie sabe lo que existió antes… o tienes una gran imaginación, o esto es más real de lo que parece.
Hermione miraba a Malfoy casi que con alivio, de haber sido Harry o Ron habría tenido que pasar horas y horas explicando antes de que entendieran, pero Malfoy había captado con velocidad.
—Quizás estamos dentro de tu mente sabelotodo.
—Pero es que a mí ni me gusta La Guerra de las Galaxias —respondió exasperada y con los nervios de punta—. Quizás el mago de oz, la princesa prometida, hasta 16 velas, pero no aquí.
—¿Sabes quién es? —preguntó pensativo.
—Sí, —respondió ella sin necesidad de que le aclararan la pregunta—. Y entre Voldemort y el Emperador no sé quién es peor, o si son igual de malos.
—Pero podemos usar eso para negociar.
—¿Y qué vamos a negociar? ¡No tenemos ni idea de donde está la tierra ni de cómo regresar!
—Como lo miro yo estamos en un lugar que no conocemos, no tenemos nada, dependemos de personas desconocidas que podrían vernos como alimento, pero tenemos información y ellos la necesitan para no ser destruidos ¿cierto?
—Comida, dinero, ahora no pareces ser tan inteligente Granger, estamos en otro mundo ¿te das cuenta?, y necesitamos cosas básicas si esperamos sobrevivir, y recuerda que no sabemos cómo regresar ¿has pensado en qué hacer si no podemos hacerlo?
Hermione quería pensar que nada era imposible para ella, que investigando podía encontrar la manera, pero tenía que aceptar que estaba en una situación desesperada y que Malfoy de todas las personas podía tener razón.
—¿Qué deberíamos decirles?
—Deberíamos hablar primero con sus líderes, podemos ofrecer información, algo general, pero las identidades reservarlas hasta que tengamos algo concreto.
Por un lado Hermione quería resistirse pero los slytherin eran los astutos y maestros de la negociación, quizás lo mejor era hacer caso.
—Está bien, pero déjame hablar, ¿puedo contar contigo?
—Igual tú eres la que vio las películas sabelotodo.
—¿Puedes ser un poco menos idiota, algo más amable conmigo?
—No prometo nada.
Con esas palabras Hermione sabía que estaba firmando un pacto con Malfoy, no iba a dejar de intentarlo, de buscar como regresar a la tierra, Harry y Ron la necesitaban, pero no iba a poder hacer nada sin recursos y ayuda.
Sin esperar más las puertas se abrieron y Malfoy salió de la habitación en busca de alguna de las maestras. Sin embargo le resultaba imposible quedarse quieta, la habitación era demasiado futurista, aparatos con luces, muchos sonidos, y por la ventana asomaban rascacielos y carros voladores, algo imposible en su mundo.
Malfoy había dejado en el sillón un objeto rectangular, como una pantalla. Le recordaba a una computadora pero mucho más compacta, sin teclado o un cpu, nada adicional que se conectara a ella.
Hermione se paró de la cama con las piernas aun débiles, el objeto estaba encendido mostrando letras e imágenes sobre Coruscant, Malfoy al parecer no había perdido su tiempo. En la esquina una pequeña lupa parpadeaba, exactamente como un buscador en internet.
—Buscar tierra —dijo ella llevándose la computadora a la altura de la boca.
Bueno, no funcionaba con su voz pensó, cierto, eso era en Viaje a las Estrellas. Pero debajo habían letras, como un teclado pero incorporado en la pantalla. Hermione pego un grito de emoción cuando vio que podían ser activadas con sus dedos, RA escribió lentamente, sin resultados.
Diablos, Hermione quería tirar la computadora contra la pared, pero no podía hacerlo, se había dado cuenta que era como un libro, que era útil para buscar información sin tener que pasar horas y horas leyendo paginas en libros viejos y llenos de moho.
Volvió a la información sobre Coruscant, y tras descubrir enlaces y palabras comenzó a buscar más, empapándose de todo lo que podía antes de tener que hablar ante los líderes de los jedi.
—Ya tan rápido estas como en casa —dijo Malfoy carraspeando, ni lo había escuchado regresar.
No pudo evitar voltear los ojos tratando de no sonrojarse.
—Ten —Le dijo Malfoy estirando sus manos con una túnica y otras piezas de ropa en colores claros—. Dos horas Granger antes de que nos reciban, su ministerio se llama "El Consejo Jedi", arréglate, hay que causar buena impresión.
Merlín, quería insultarlo, sentirse algo normal, como si nada hubiera cambiado, no importaba la distancia o los años luz, Malfoy no podía dejar de ser un snob pretencioso, pero también era cierto que no podía aparecer ante el consejo de los jedi como si fuera Bellatrix Lestrange.
Era demasiado ¿Por qué ella? ¿Por qué él? ¿Es que acaso su vida estaba destinada a ser un desastre siempre? Merlín, Morgana, Godric, Helga, Helena y Salazar, no importaba a quien invocara, nadie escuchaba.
Quería estar en casa, quería ver a sus padres, pero no. Coruscant, el Templo, la República, todo era distinto, hasta el maldito baño que parecía querer burlarse de ella, ¿Cómo iba a usarlo si no sabía que botón activar? ¡Es una trampa! Casí gritó Hermione cuando al fin acertó el correcto y comenzó a salir el agua, y sin darse cuenta comenzó a reír a carcajadas mientras miles de gotas caían sobre ella, al menos así no sintió sus lagrimas.
