Una hora después Draco se encontraba ya listo, quería sentirse tranquilo, pero no se veía capaz de hacerlo ¿Cómo debía actuar ante el consejo? ¿Humilde o altivo como su padre? En su mundo le habría resultado fácil, pero ahora no conocía a ninguna de las personas que lo iban a recibir, no sabía nada de familias y aspiraciones, de necesidades y deseos, de posición y riquezas. No le gustaba pero Salazar, tendría que pedirle consejo a Granger, era humillante.
Por lo menos Granger parecía mucho más calmada, no como antes cuando estaba al borde del llanto. Su cabello se veía limpio aunque no dejaba de parecer un arbusto que no había sido podado hace mucho tiempo. La ropa le daba un aspecto distinto, no exactamente muggle. No parecía la misma sabelotodo de siempre.
—Granger, me duele tener que preguntarte esto, pero… ¿sabes cómo debería actuar ante el consejo?
Granger alzó la vista de la holotabla como pensando con calma las palabras.
—Solo no actúes como si fueras… pues ya sabes, tú. En Hogwarts es posible que seamos importantes, que tengamos cierta reputación, aquí no somos nada de eso.
Draco tragó grueso al escucharlo, si, él ya había caído en cuenta de que aquí era nadie, pero que se lo dijeran tan de frente no le gustaba. Y lo peor es que aunque trataba de usar oclumancia no podía hacerlo, se sentía desnudo e indefenso sin su magia.
Un par de toques se escucharon en la puerta, al abrirla un niño de unos 13 años los esperaba.
—Hola, soy Caleb Dume, padawan de la Maestra Depa Billaba, vengo a llevarlos al consejo.
Granger se paró estirando sus nuevas ropas y acomodándose un poco mientras lo miraba. Draco saludo solo con un gesto de su cabeza, prefiriendo callar, lo que más le interesaba es que el niño era humano, había estado a punto de pensar que no había otros en el templo excepto ellos. Lo único que había visto eran criaturas. «Personas» pensó él, quizás tenía que comenzar a pensar en ellos como personas, no quería insultar a alguien sin darse cuenta, no era la mejor situación para estar buscando más problemas.
Mejor dejar a Granger encargarse del niño, después de todo no podía negar que ella era más amable. Claro, sus modales eran excelentes, apropiados, elegantes, pero aun se sentía descolocado ante tantas personas distintas.
—Hola Caleb, yo soy Hermione, y él es Draco, gracias por venir a buscarnos, vamos detrás de ti —respondió Granger con una sonrisa. Buena elección.
El niño los llevó por más pasillos. Granger no había estado despierta antes y no había podido ver demasiado del templo, ahora que lo hacia sus ojos iban a salir de su cara, sabía que su forma de pensar era distinta a la suya, ella nunca había mostrado su desprecio hacia otras criaturas del mundo mágico, difícilmente se sentiría alienada al ver tantas especies, pero eso no iba a impedir hacerla sentir menos desconcertada.
De haber sido por ella se habrían quedado parados en el medio del templo, su guía observaba con curiosidad pero se mantenía serio. Granger volteaba primero a la izquierda, luego a la derecha, después arriba y abajo. Si, no era su amiga, no la conocía a profundidad, pero sabía que para ella sería fácil perderse ante tantas cosas nuevas, y aun cuando él tenía algo de interés en hacer lo mismo, tenían que apurarse.
—Granger, menos mirar y más caminar.
Granger lo miró como si no lo entendiera, como si le hubieran hablado en otro idioma, pero al segundo reaccionó como recordando que tenían un lugar al que ir.
El padawan ¿y que se supone que era exactamente un padawan? ¿Un titulo, un rango, una especie? Los miró como queriendo decir algo, pero debió haberlo pensado mejor porque se mantuvo callado mientras los guiaba hasta unas extrañas puertas metálicas.
—Es un ascensor, no te asustes —escucho en la voz algo burlona de Granger.
¡Condenada sabelotodo! Él era Draco Malfoy y nada lo asustaba, quería decírselo, increparla, pero no podía hacerlo, no donde estaban, no en medio de un pasillo donde muchas personas lo veían y su único resultado sería llamar la atención.
Pero se lo iba a demostrar, y aunque se detuvo unos segundos para ver lo que había detrás de las puertas, no estaba demás ser precavido, dio unos pasos antes de girarse como Granger. La verdad es que no sintió nada, ningún movimiento antes de que las puertas se abrieran dando paso a lo que solo podía ser una sala de recepción.
—Siéntense y esperen —les dijo Caleb mientras le hablaba a su muñeca antes de marcharse.
Por suerte no tuvieron que esperar demasiado, nada de esas jugadas que hacían algunas personas para sentirse más importantes. Las puertas se abrieron y un hombre, un jedi seguro, con una cabeza alargada y una pequeña cola en su cabello blanco les pidió que pasaran.
La sala era circular, doce sillones dentro, todos ocupados bien por personas de diferentes especies o por imágenes azules y transparentes que brillaban, hologramas había visto que se llamaban, algunos eran humanos, otros muy extraños, todos vistiendo las mismas ropas que había visto ya en otros jedi, maestros.
—Mmmm nuestros visitantes aquí están —dijo el pequeño elfo verde. «Persona» se recordó a si mismo nuevamente.
—Gracias por recibirnos Maestros del Consejo Jedi, mi nombre es Hermione Granger y él es Draco Malfoy.
La personita verde les hizo una seña para que siguieran hablando.
—La verdad es que no sé cómo explicar lo que nos ha pasado, somos de otro mundo, de otro planeta, nunca tuvimos intenciones de venir a este lugar pero ahora estamos aquí y no sabemos cómo regresar.
—¿Cuál es el nombre de su planeta? —pregunto un maestro humano, calvo, de piel oscura, de aspecto poco simpático.
—Tierra.
—Tierra, Tierra, nunca he escuchado de ese planeta—respondió otro de los maestros que pronunciaba el nombre como si lo saboreara.
—Hicimos una búsqueda en su sistema y no encontramos nada —respondió Granger con tristeza.
—¿Qué hacían cuando fueron transportados al templo?
Draco sabía que esa era la parte difícil, al menos lo habían discutido acordando decir la verdad pero reservando los detalles más delicados que conocían sobre los jedi.
Tomando aire Granger se lanzó a explicar su situación, una explicación larga pero precisa, sin demasiados adornos, la Tierra, Hogwarts, magia, Voldemort, Potter, la batalla en el departamento de los misterios, la guerra que estaba por comenzar. Los maestros escuchaban con calma y atención.
—La magia que usan se escucha similar a la fuerza —comentó una mujer con unas gemas entre sus ojos y frente—. ¿Pueden mostrarnos? —añadió con curiosidad.
—Es parte de nuestro problema, para utilizar magia utilizamos varitas que ayudan a canalizar nuestro poder, pero las perdimos luchando. Y aunque hay formas de hacer hechizos sin ellas hemos intentado hacerlo sin resultados.
—Mmmmmmmmmm como un sable tal vez… —murmuro nuevamente el Maestro Yoda, de verdad que era un enanito verde muy extraño, anciano, tal vez sabio. Ojala que no como Dumbledore y sus cosas raras.
—Una prueba haremos, los ojos cierren, respiren —siguió.
Draco no esperaba ningún tipo de prueba pero vio que Granger había cerrado sus ojos. Sin esperar mas hizo lo mismo, respiró profundo,
—Concéntrense, sientan, ¿Qué ven?
En medio de las palabras Draco comenzó a percibir algo distinto, ya había pensado que podía sentir su magia pero que algo era diferente. Ahora en el medio de la sala y con sus ojos cerrados veía pequeños faros de luz que brillaban alrededor.
—Luz, puedo ver luz, ¿Malfoy, puedes verlo?
—Sí.
—Ahora expandan sus sentidos, ¿pueden sentir otras cosas? —preguntó otro de los maestros, uno que cubría parte de su rosto con una máscara negra.
Era como si de repente toda la habitación se hubiera iluminado, los objetos, las sillas, en cada cosa había una chispa de algo que no sabía definir. Draco quería responder pero no le salían las palabras.
—Tomen un objeto como si lo hicieran con sus manos, concéntrense en él y llévenlo hacia ustedes.
Había algo en una pequeña mesa, otro de esos aparatos que usaban en la República, Draco pudo sentirlo en sus manos, era como si lo tocara, había algo, energía, no sabía describirlo, no brillaba como los Maestros pero era palpable, y concentrándose en su voluntad lo levantó.
—Los ojos abran.
Draco abrió los ojos y pudo ver como el objeto flotaba frente a él. Granger tenía otro objeto flotando cerca de ella. Muy sorprendido había estirado sus manos y al moverlas podía guiarlo por el aire. Granger que no podía dejar de ser competitiva hizo lo mismo mientras sonreía con un brillo en su mirada.
—Fuertes, poderosos en la fuerza son, muy fuertes mmmmm —dijo el pequeño maestro pensativo.
—¿Cómo es esto posible? —pregunto Granger.
—La fuerza es una energía que une a todos los seres vivos, la fuerza está presente en todo, y ustedes la tienen —respondió uno de los hologramas.
Ahora Draco sintió que todo cambiaba, se había sentido casi un muggle al ver todos sus hechizos fallar, perdido, pero esto era algo nuevo. Salazar que sabia no era igual, pero lo hacía sentir mejor.
—Granger, Granger —dijo al ver que Granger parecía concentrada intentando hacer varios objetos adicionales flotar y dar vueltas alrededor—. Sabelotodo.
Granger estaba tan ensimismada en su mundo que ni lo escuchaba.
—¡Granger! —repitió Draco con fuerza mientras la tocaba en el hombro. Salazar, habría jurado sentir que algo lo quemaba pero su mano no tenía nada, por lo menos había bastado para hacerla volver a la realidad.
—Creo que deberías contarles lo demás.
Granger lo miro como si se hubiera olvidado completamente de la razón por la que habían pedido hablar con los Maestros del Consejo.
—Maestros, tenemos información adicional que deberían saber —intervino por primera vez Draco sin esperarla más.
Ahora fue cuando Granger recobró el sentido.
—Realmente no sé cómo explicarles esto, con nuestra magia tenemos forma de ver en las mentes de las personas y saber si nos dicen la verdad o no ¿pueden ustedes hacer lo mismo? —continuo ella.
—Solo tienes que hablar con tu mente abierta y sabremos si es verdad —respondió uno de ellos.
Granger comenzó a contarles sobre lo que conocía de su futuro, de lo que había visto, de las películas y los personajes, de que los jedi habían sido destruidos por un emperador.
Los maestros se encontraban claramente conmocionados al escuchar lo que parecía ser su fin.
—Sabemos la identidad del Emperador, se quién es el Maestro Sith y quien se convertirá en su aprendiz, pero… Disculpen, esto es difícil, realmente no quiero ofenderlos, tampoco quiero obtener nada a cambio, pero Malfoy y yo estamos aquí solos, y necesito saber si pueden ayudarnos antes de decirles más.
—¿Qué esperan de nosotros?
—No tenemos ninguna clase de dinero, no tenemos como comer, donde vivir, y nuestro planeta es muy inferior tecnológicamente a la República, no creo que tengamos habilidades que podamos usar para trabajar —respondió Hermione derrotada.
—Lo que pedimos es ayuda, que nos ayuden a investigar si existe alguna forma de volver, deben tener bibliotecas, libros, naves que exploren el espacio buscando planetas, algún trabajo que nos permita ganar suficiente para vivir. No que nos mantengan, no vivir de ustedes, solo que nos ayuden a encontrar los medios para hacerlo por nuestra cuenta.
Los maestros se vieron a las caras en silencio, pensando en todas las cosas que habían escuchado, todo era tan fantástico e increíble, dos muchachos que aparecían de la nada, ambos muy poderosos en la fuerza y lo que era aún más terrible, es que por algún motivo sus vidas, la historia de la República era para ellos una forma de entretenimiento parecida a una holonovela.
No podían negarlo, tampoco descartarlo, era una ventaja para ellos, no perfecta, pero una ventaja, ellos sabían que había un sith detrás de la guerra y los dos desconocidos tenían respuestas que podían salvarlos.
Cierto que el muchacho parecía saber muy poco al ser parte exclusivamente de lo que ellos llamaban el mundo mágico, pero la muchacha sabia un poco más, no todo, no los detalles, pero con los aspectos generales quizás era más que suficiente para evitar un futuro catastrófico.
—Saben, —comenzó a hablar el maestro calvo de piel oscura, Mace Windu su nombre—. Puedo creer fácilmente que son de un planeta lejano y desconocido, puedo creer también en su magia. ¿Pero que nuestras vidas son algún tipo de espectáculo en su mundo? Eso es más difícil.
—Sin embargo… hay algo oscuro en la fuerza, ustedes no pueden sentirlo todavía, pero créanme, lo hay. Lo más sorprendente es los miro y puedo ver a la fuerza abrazándolos. No quiero creer pero los escucho y sé que no mienten. Así que yo les tengo una contraoferta.
Draco se había asustado al principio del discurso, era obvio que el Maestro era un hombre poderoso y de esos serios que no se dejan llevar fácilmente, pero tenía una contraoferta y con eso podía trabajar.
Granger le pidió al Maestro que continuara.
—No les puedo prometer un camino de regreso a su planeta pero si les puedo prometer el apoyo de la Orden en su investigación y acceso libre a nuestros archivos, sobre el resto, no podemos dejarlos ir con lo que saben.
Draco se asustó, eso no sonaba nada bien, ya se imaginaba encerrado permanentemente en un cuarto repleto de archivos sin otra cosa que hacer que hablar con la sabelotodo.
—Díganme algo ¿tienen miedo?
Le gustaría decir que no, que era imposible, que él no se asustaba, no quería admitirlo frente a Granger, pero estos jedi podían sentir sus emociones ¿le serviría de algo mentir?
—Si, lo tengo —respondió mientras Granger asentía al escuchar su respuesta.
—Bien, si lo que dicen es cierto, estarán en peligro, entrenen conmigo, sean mis aprendices, tendrán comida, un lugar, todo lo necesario, pero tienen que comprometerse con nosotros, el camino del jedi no es sencillo,y aunque no entrenamos muchachos de su edad, no puedo ignorar lo que la fuerza me dice.
Bueno, eso no era lo que Draco esperaba, pero no era una mala oferta, difícilmente obtendrían algo mejor.
Los maestros se miraban asombrados, al parecer ninguno esperaba eso, podía escuchar las preguntas y opiniones que intercambiaban por lo bajo, todos susurrando entre ellos. Pero son muy mayores decía uno. ¿Dos padawans Mace? Decía otro. Ahhh eso era un padawan, un aprendiz. El muchacho está tocado por la oscuridad. No le gustaba que otros vieran eso. La muchacha siente mucho apego por sus amigos. Ya lo sabía. ¿Tienes tiempo suficiente, eres al Maestro de la Orden? Si, definitivamente era un hombre importante.
Draco quería preguntar, participar en la discusión. Pero quizás era mejor dejar que lo hicieran entre ellos, la tenía que decidir algo distinto.
—Granger ¿Qué dices?
—Quiero, no puedo negarlo, hay algo que me llama y me pide aceptar ¿puedes sentirlo? ¿Pero y la guerra? ¿Harry y Ron? ¿Mi familia?
Si que lo sentía, ese impulso similar al que lo había invadido antes del departamento de los misterios. Pero no era lo único, y eran buenas preguntas las que hacia Granger.
Sin embargo si era sincero consigo mismo, podía admitir que lo que le esperaba en casa no era lo mejor, que ya había comenzado a sentir algunas dudas sobre su camino. El Señor Oscuro era un ser realmente macabro, que lo llenaba de terror. Si, quería proteger al mundo mágico ¿pero era ese el camino cuando equivocarse un poco significaba ser torturado por su error? ¿Y la marca? No se sentía realmente deseoso de tenerla, de ser un mortífago, antes lo había visto como un honor pero la forma en la que muchos actuaban era más parecida a la de un esclavo que a la de alguien libre.
Salazar, le importaba su familia, eran siempre lo primero, disfrutaba del poder, pero negándose nunca volvería. Los jedi era claramente distintos, lo sentía en sus entrañas, aceptar significaba cambiar, adaptarse, ser otro Draco Malfoy ¿lo reconocerían sus padres o se convertiría en un extraño? ¿Sería mejor o peor? ¿Podía hacerlo?
—Granger, no quiero decirte que es imposible, pero no veo otra alternativa ¿ves tú alguna? ¿Se te ocurre otro plan?—respondió él ya con su decisión tomada.
Era claro que Granger estaba luchando contra sus emociones, no tenía que meterse en su cabeza para ver la guerra interna, ella pensaba y le daba vueltas a toda clase de ideas pero no tenía nada que la pudiera ayudar. Y apartando lo práctico, lo cierto es que también quería aceptar.
—Está bien Malfoy, aceptemos.
Los maestros miraron nuevamente hacia ellos ya esperando la respuesta.
—Maestros, aceptamos su oferta.
—Mace, yo puedo tomar a uno de ellos, no tienes que entrenar a los dos, dame a la chica —interrumpió el maestro con la máscara.
—No Plo, no hay que separarlos ¿no puedes verlo? ¿la conexión? Hay un vínculo entre ellos, separarlos sería una mala idea, están conectados y cuando aceptaron comencé a ver un punto de ruptura nuevo.
El resto de los maestros entrecerraron los ojos al escucharlo.
—Sí, sí, separarlos no podemos —respondió el Maestro Yoda—. Cambios tendremos mmmm—agregó murmurando con la cabeza sobre su bastón.
Draco quería preguntar sobre lo que hablaban ¿un vínculo? Él sabía lo que eran los vínculos mágicos ¿Cómo podía tener el un vínculo con Granger? No era posible, pero su nuevo maestro decía verlo, esto no era bueno, su padre pegaría un grito en el cielo de enterarse, no quería imaginarlo. Claro, no sabía si un vínculo en la fuerza era igual a uno mágico, pero viendo las similitudes que había encontrado entre ambas, no tenía duda de que debía de ser parecido o lo mismo.
Granger también lo escuchó y sin duda pensaba algo parecido, su cara lo decía todo, parecía que quería correr hacia la ventana y saltar.
—Padawans Malfoy y Granger. —Llamó el Maestro Windu.
Pero lo del vínculo no era una prioridad, podía quedar para después, presentía que si algo le sobraba era tiempo.
—¿Pueden decirnos ahora quien es el Maestro Sith y quien será su aprendiz?
Granger enseguida tomó una postura más recta, su voz firme y sin duda.
—Palpatine y Anakin Skywalker.
La reacción fue distinta a la esperada, unos callaban, otros murmuraban, un maestro pelirrojo y con barba se puso en pie.
—¡NO! Anakin nunca haría eso, el jamás caería en el lado oscuro —exclamo con fuerza, el maestro no había participado casi en la reunión, pero ahora si que lo hacía. Si Draco tuviera que adivinar, él debía ser el maestro del tal Skywalker.
—Maestro Kenobi —respondió Hermione mientras caminaba hacia el agitado maestro—. No quiero mentir, no puedo mentir. Hasta donde se solo el Maestro Yoda y usted sobrevivieron la destrucción de la Orden, y es Anakin Skywalker, Darth Vader quien lo mata. No solo eso, hasta un planeta Alderaan destruyó por completo.
Las manos del Maestro temblaban.
—Mmm muchas cosas sentido ahora tienen —dijo el Maestro Yoda.
—La acumulación de poder en el canciller —observo el maestro de la cabeza grande.
—Lo mucho que el Canciller busca a Skywalker —dijo otro con cuernos en su cabeza.
—Lo sorpresivo de la guerra —añadió una maestra con un extraño tocado en la cabeza.
—Por qué cuando avanzamos en algún otro lado retrocedemos —comentó el maestro de la máscara, Plo lo había llamado el Maestro Windu.
Tenemos que arrestarlo. No, no tenemos pruebas. Ser un Sith no es ilegal. Nuevamente muchas opiniones cruzadas.
Su nuevo maestro se puso en pie con las manos alzadas tratando de tomar el control de reunión.
—¿Obi-Wan me escuchas? —preguntó con una compasión que no había visto antes.
El Maestro Kenobi asintió retirando sus manos de la cabeza, aunque sus ojos se veían distantes. Draco conocía esa mirada, una de tristeza y dolor.
—Escuchen todos, no podemos actuar por ahora, si es cierto que muchas cosas ahora tienen sentido, pero necesitamos evidencia. Se necesita una investigación a fondo del Canciller y el senado.
—Retirémonos por unas horas, mediten, piensen, y en la noche nos reuniremos nuevamente.
Draco pensó que no era una mala idea, habían lanzado una bombarda al consejo, y aunque estaba seguro que no participaría en esa reunión, era lo mejor, después de todo su vida acababa de dar una vuelta gigantesca ¿era aún un mago? Draco no se atrevía a responder, no quería hacerlo.
—Vamos padawans, conmigo —les dijo su maestro al verlos de pie, si, todo había cambiado, una vida nueva los esperaba.
