Draco había crecido en un lugar grande, también había estudiado en un lugar grande, pero el templo era algo tan colosal que le resultaba difícil creer que alguien hubiera podido construirlo, el Maestro Windu les había ido contando pequeñas cosas mientras caminaban a la cafetería, 25.000 años de antigüedad tenían los jedi, muchos más que el mundo mágico. Salazar, la historia de su familia se quedaba pequeña. El Templo ciertamente era más que una escuela, era una pequeña ciudad.
De cierta manera el templo era opulento pero austero al mismo tiempo, arte en las paredes, estatuas en algunos salones, puertas que se abrían solas permitiéndole ver personas trabajando en distintas maquinas, otros sentados y relajados hablando, había un ambiente de tranquilidad y paz que hace algunos años había dejado de sentir. No es que su vida fuera mala, era un Malfoy, tenía acceso a todos los lujos y ventajas posibles, pero no sentía esa pesadez y oscuridad que se filtraba en el mundo mágico y su vida.
Muchos de los jedi que pasaban a su lado los miraban con curiosidad, no era por su especie, no era por nada que pudiera identificar, excepto que quizás ya debía haber rumores en el templo sobre ellos. Por muy distinto que actuaran los jedi podía imaginar que la información se propagaba con velocidad entre ellos, más si eran capaces de sentir cosas que otros no podían.
Toda su vida había intentado imitar a su padre, a ser el perfecto heredero purasangre que Lucius Malfoy quería. En Hogwarts tenía una imagen que mantener y que por ningún motivo podía dejar caer, pero en el templo nadie sabía quién era él, nadie tenía expectativas, o bueno, quizás sí, no por nada caminaba al lado del Maestro de la Orden, no sabía si eso era un reflejo de su poder, pero seguramente debía estar cerca del tope.
Lo real, lo que podía sentir es que por primera vez en su vida era libre, sin cargas, sin una imagen que proyectar, solo él, Draco Malfoy. Podía ser lo que él quisiera ser, nada de ser un político o estar encerrado en una oficina revisando las finanzas de las empresas familiares. Y aunque no era aventurero ya se imaginaba pisando cientos de planetas y viviendo cosas que ninguno de sus amigos era capaz de imaginar.
Lo que proyectaba su Maestro le agradaba, era control, seguridad, confianza, inspiraba respeto. Nada de esa superioridad demandante que podía sentir en su padre. No parecía ser simpático pero eso no era realmente necesario a su pensar. Era claro que en el templo necesitaba un modelo distinto, y la postura, la expresión de su maestro le servirían bastante bien. Si, el Maestro Windu sería el modelo perfecto pensó mientras intentaba ajustar sus pasos.
Granger por otro lado se veía emocionada, caminando casi como dando brincos mientras hacía pregunta tras pregunta ¿Cuándo podía aprender algo nuevo? ¿A qué hora tendría su primera clase? ¿Dónde podía conseguir libros? ¿Podían visitar la ciudad? ¿Cuál era la especie de quien acababa de pasarlos? Los ojos le brillaban y se decía a si mismo que el Maestro Windu debía estar sintiéndose arrepentido de haberla tomado como su padawan. Y sin embargo, respondía, no la ignoraba.
La cafetería a la que llegaron era más grande que el salón principal de Hogwarts, muchas mesas pequeñas y grandes repartidas en el espacio, la comida no aparecía misteriosamente sobre ellas, nada de grupos específicos tampoco, todo era una mezcla constante de especies y edades.
El detalle es que todo era extraño, diferente, cierto que él ya había tenido un adelanto, pero eso no lo hacía sentir menos inquieto. El Maestro Windu les preguntó si tenían alguna preferencia, pero ante la falta de respuesta les explicó como la comida estaba repartida en el buffet, podían servirse solos de las distintas bandejas pero tenían que estar pendientes de lo que hacían. La sección de las especies carnívoras estaba llena de cosas crudas y hasta vivas. La de especies herbívoras eran plantas, vegetales y frutas de todas formas y colores. El resto era una combinación de comida ya preparada adecuada para especies más omnívoras como los humanos.
No pudo evitar reírse, Granger miraba los animales vivos asustada, había visto en Hogwarts que era bastante selectiva con lo que comida, hasta delicada podría decir, y no quería imaginársela tratando de comer algo con cara y ojos abiertos que la miraban.
Por suerte su maestro no tuvo problema en mostrarles que comidas eran seguras para los humanos. Con paciencia les señalo cuales eran picantes, dulces, saladas, y los dos eligieron algunas cosas que no parecían tan extrañas.
Las mesas y sillas también reflejaban la variedad de especies, suponía él que una silla para un humano debía resultar bastante incómoda para alguien con una cola. Sin embargo seguía siendo un comedor como cualquier otro comedor. Su maestro les indicó algunas mesas en las que sentaban grupos de padawans, y que más adelante podrían sentarse con ellos también, que no temieran, el era su maestro, no una niñera permanente.
Aún observaba su comida con nervios pensando en si comer o no cuando otras personas comenzaron a sentarse junto a ellos. Una de las maestras, la que tenía las gemas en el rostro se sentó al lado del Maestro Windu y ahora pudo ponerle un nombre, era la Maestra Depa Billaba, su primera padawan.
Otros maestros llegaron, Kit Fisto, verde con una cabeza llena de tentáculos y grandes ojos negros, tenia cierto parecido a un grindylow pensó él. Quinlan Vos que parecía humano pero que por lo que entendió era un kiffar, casi-humano, su cabeza cubierta de trenzas gruesas y un tatuaje de una raya amarilla sobre su nariz. Agen Kolar, con cabello negro y pequeños cuernos formando una corona sobre su cabeza, un zabrak. Vokara Che, la twi'lek que ya había conocido.
Aún cuando solo Fisto, Billaba y Kolar conocían los detalles de sus vidas, eso no impidió la conversación, los otros maestros eran considerados de confianza, por lo que el Maestro Windu les había dado permiso para responder las preguntas que les hacían, y la conversación se hizo bastante animada comparando la fuerza y la magia.
Granger estaba en su elemento explicando técnicas y dando ejemplos de lo que había sido posible para ellos. Los maestros veían posibles aplicaciones o nuevas técnicas que desarrollar. Incluso recibieron ofertas de ayuda y entrenamiento extra, la Maestra Che ofreciéndole a Granger la oportunidad de tomar turnos en la enfermería y aprender a sanar con la fuerza, mientras que el Maestro Vos especializado en investigación ofreció enseñarle algunos de sus trucos.
Al terminar de comer, su maestro los llevó al jardín, era momento de su primera lección.
El inicio había sido sencillo, era lo que ya habían hecho en el salón del Consejo, solo que ahora se habían sentado en la grama con las piernas cruzadas. Por lo que entendía la meditación era extremadamente importante, era como estudiaban y comprendían los misterios de la fuerza. Además también ayudaba a reforzar el vínculo entre el maestro y padawan.
—Respiren padawans, lento y profundo, encuentren ese lugar de paz, su centro.
Draco pudo ver la misma luz que había visto en los maestros, incluso la de Granger, pero en los jardines lograba sentir cada insecto, pequeños animales, peces en el agua, los árboles y sus hojas.
—Bien, ahora expandan sus sentidos.
Salazar, a unos 10 metros unos niños metían su manos bajo una cascada, un poco más lejos otro maestro meditaba con su padawan. En los pasillos alrededor del Jardín otras personas caminaban. Sus ojos estaban cerrados, no podía verlos, pero podía sentirlos.
El Maestro les pidió que describieran lo que habían percibido, y ambos respondieron con todas esas cosas que habían logrado ver en la fuerza. El Maestro se veía complacido con su respuesta, el entrenamiento de Hogwarts para sentir su magia les había dado una buena base de la cual empezar.
—Ahora vamos a tratar algo distinto, sientan la fuerza, guíenla hacia ustedes, hacia su mente, construyan un escudo que proteja sus pensamientos.
Eso era algo que podía hacer, ya había estado recibiendo entrenamiento en oclumancia, y conocía distintas técnicas para hacerlo.
Draco respiró profundo, la fuerza abundaba en el jardín y concentrando la luz que lo rodeaba se imaginó construyendo un muro, una cúpula sólida para proteger sus pensamientos. Poco a poco lo sintió crecer, hacerse más fuerte, hasta que sintió algo consolidarse en su mente, había logrado crear su escudo.
Trató de hacer algunas cosas adicionales como había aprendido en oclumancia, crear cajas y espacios en los que meter sus emociones y memorias, pero eso si que no funcionaba, él estaba tan acostumbrado a tener un control preciso de su mente que no le gustaba la idea de no poder organizarla, pero en ese aspecto la fuerza no le permitía más.
—Maestro ¿existe alguna manera de almacenar memorias y emociones en nuestras mentes? —preguntó un poco frustrado. Granger que parecía estar teniendo problemas con su escudo abrió los ojos al escuchar.
—Es una buena pregunta, presten atención.
—No hay emoción, hay paz… esa es una de las líneas del código jedi. —Ambos miraron sorprendidos—. ¿Pero qué quiere decir exactamente? Si preguntan, muchas personas les dirán que los jedi no tienen emociones, que los jedi no sienten nada. Pero no es así, somos seres vivos y las tenemos.
—Lo que hay que entender es que el problema nunca es tenerlas, el problema es dejarlas guiar nuestras acciones. Almacenarlas como preguntas Draco no es lo correcto, no hay que encerrarlas, no hay que suprimirlas, tan solo hay que aceptarlas, reconocerlas y dejarlas ir, soltarlas en la fuerza y seguir, solo así tenemos paz.
—¿Pero y el amor? —Preguntó ahora Granger—. Nuestro director en Hogwarts siempre decía que el amor era la emoción más poderosa del mundo ¿Por qué tendríamos que dejar ir el amor?
—Ahh el amor. El amor es poderoso, pero no todos los amores son iguales, ¿Cuál es la diferencia entre el amor egoísta y el amor no egoísta?
Draco y Granger se miraron al no pensar ninguno de ellos una buena respuesta.
—Dime algo Hermione sobre tu amigo Harry ¿Daría él su vida por ti?
—Sí —respondió en seguida.
—¿Y mataría él por ti?
—Mmm supongo que dependiendo de las circunstancias.
—¿Y si el precio de tu vida fuera matar a un inocente, que haría él?
—Nunca lo haría.
—¿Pero y si lo hiciera? ¿lo verías igual? ¿lo aprobarías?
—No podría hacerlo, él sabe que no lo permitiría.
—Y ahí es donde está la diferencia, cuando amas de manera desinteresada lo más importante no es lo que tú quieres, es lo que la otra persona quiere incluso si eso significa dejarla ir. Pero cuando tu amor es egoísta, entonces solo te preocupas por tus deseos.
—El amor egoísta se transforma en posesión, estás dispuesto a hacer todo por preservar ese amor, matar a un inocente no se vuelve un problema, la otra persona es tuya, te pertenece y por ningún motivo te vas a permitir perderlo, así sea a costa de otros.
—Las personas que aman en una holonovela dicen cosas grandiosas, yo destruiría al mundo por ti puede sonar romántico, ¿Pero que alguien con poder esté dispuesto a hacerlo? Créanme, eso es un peligro, y cuando llegaste a eso entonces estás perdido, caíste en el lago oscuro de la fuerza.
—¿El lado oscuro? —intervino Draco atrapado en la conversación.
—La fuerza tiene dos lados, luz y oscuridad en palabras simples. La luz es vida, paz, tranquilidad. El lado oscuro es todo lo contrario, es odio, celos, codicia, envidia, ira, miedo, también lo es el amor egoísta, no se confundan, no se trata de una simple diferencia filosófica, no se trata de usar un día el lado de la luz y el otro día el oscuro, e intercambiar cuantas veces quieran sin consecuencias. El lado oscuro es una droga, es toxico, corrosivo, venenoso, el lado oscuro corrompe, y la persona que un día era un jedi, al otro es un monstruo sin ningún tipo de conciencia.
—¿Y qué podemos hacer para protegernos?
—Caer no es gratuito, no es algo que tan solo ocurre, caer es una decisión. Cuando sientan algo negativo, cuando los invada la ira, el miedo, el odio, recuerden mis palabras, busquen su centro, dejen ir sus emociones, mantengan su control. La fuerza esta con ustedes y siempre será su mejor aliado.
Draco creía haber entendido los puntos más importante, los slytherin siempre habían apreciado el control por lo que no veía difícil mantenerlo, pero le preocupaba mas lo de dejar ir sus emociones.
—Ahora, cierren sus ojos nuevamente, respiren, sientan la fuerza. Miren dentro de ustedes mismos, busquen esas emociones, todo lo negativo que encuentren, miedo, odio, desesperanza, dolor, enojo.
Concentrado en la fuerza entonces pudo sentirlo, el miedo al señor oscuro, las exigencias de su padre, el temor de no tener nada, los prejuicios que le habían enseñado desde pequeño, la envidia a los que tenían poder. Era toda una vida de cosas negativas que no sabía había acumulado. Era un miasma negro que lo intoxicaba, y aunque luchaba por seguir dentro de él, por aferrarse, por mancharlo, imaginó que era agua, líquido que se escurría entre sus manos, algo que se iba y no ensuciaba más. Por primera vez Draco supo lo que era sentirse en paz.
