Disclaimer. Los personajes de Naruto NO me pertenecen, sino al mangaka Masashi Kishimoto.

Advertencia. Esta historia es clasificada como M porque contiene y/o contendrá temas que pueden herir la susceptibilidad de ciertos lectores (lenguaje obsceno, escenas sexuales, temas delicados y/o adultos, entre otros asuntos). Leer bajo su propio criterio. Gracias.

Comentarios generales. Quisiera reiterar mi agradecimiento a las personas que se pasearon por aquí a leer (Kou, Masapam, Bry y Kohana17), y quienes se han agregado: Katsurane y Amy. Los comentarios serán respondidos al final de este capítulo.

Agrego que las actualizaciones de esta historia son más continuas porque publico en cuanto termino de editar y corregir lo que ya escribí hace años. Puede que me tarde más o menos, pero al menos tengo toda la estructura de principio a fin.

¡Gracias! Ahora, sin mucha más dilación…

¡A leer!

Palabras: 9.050

Advertencia. Escena sexual.


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Capítulo 3

Letanías de dolor

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Se mantuvo en un sepulcral silencio mientras trabajaba en las heridas sangrantes en el rostro de Naruto. Este se quejaba de vez en cuando en voz baja, mucho menos de lo que lo haría habitualmente, pero eso era un alivio para Sakura. Podía imaginarse, mientras tanto, que estaba tratando con cualquier otro paciente y no con Naruto, quien se había peleado precisamente con Sasuke. Haber escuchado su nombre de nuevo le había traído una sensación de pena terrible, como si se estuviese hurgando la herida con un tenedor. Era demasiado reciente para no sentir unas ganas inmensas de llorar, pero había tenido que hacer de tripas corazón para evitar hacerlo.

«Concéntrate en el trabajo, Sakura. ¡En el trabajo!», se gritó mentalmente.

Naruto se sentía terrible. Pocas veces se había quedado sin palabras que decir cuando estaba delante de Sakura, pues era el que (definitivamente) más hablaba de su inseparable grupo que ahora estaba fragmentado, de una manera irreparable. Sabía que sería imposible recuperar la burbuja en la que siempre habían estado los tres, incluso cuando Sasuke y Sakura habían llevado su relación más lejos. Naruto siempre había estado allí, presenciando todo de cerca, dispuesto a apadrinar y proteger la relación de sus dos mejores amigos.

Veía el rostro serio de Sakura, aunque eso era normal en ella cuando estaba enfrascada en su curación, una cualidad que siempre había admirado de su amiga, incluso desde que eran estudiantes y su capacidad de memorizar cosas era difícil de igualar para cualquiera, incluso para Sasuke. La ayuda que ella le prestó en el instituto para que pudiese pasar sus asignaturas era una que él nunca podría terminar de agradecer, pero lo más importante no era eso, sino el vínculo que habían formado durante largos años, incluso superando su enamoramiento por la muchacha de cabello rosa.

Apretó los dientes con los labios entreabiertos cuando las palabras de Sasuke resonaron de nuevo en su memoria inmediata.

—Sakura, yo…

—No digas nada, Naruto —interrumpió ella con voz hueca—. Si vas a decirme algo sobre él, no quiero escucharlo. Todo lo que quiero hacer ahora es arrancarle la cabeza —pronunció entre dientes antes de presionar sobre el moretón de su mejilla.

—¡Ay, ay…! ¡Sakura! —aulló del dolor causado por su acción, pero pronto se ganó una mirada furiosa de la aludida.

—¡Silencio! Estamos en la sala de emergencias —siseo antes de suministrarle un analgésico—. A ti también quiero arrancarte la cabeza. No era necesario que te fueras a los golpes con él.

—¡Pero es un bast…! ¡Ay!

—¿Qué te acabo de decir? —murmulló antes de barrer la sala con la mirada antes de volverlo a enfocar—. Nada de malas palabras aquí o todos te escucharán —prosiguió en su conversación y en su labor.

Sakura tenía el corazón estrujado al ver a Naruto con tantas heridas, y aunque eso había sido algo normal durante varias de sus etapas, lo que realmente le perturbaba de verlo así era que fueron golpes causados por Sasuke, el ser del que no quería escuchar para evitar amargarse el día. Le dolía el hecho de que la burbuja de los tres se había reventado y aún más porque había sido él quien causó toda esta avalancha.

Para su tranquilidad, Naruto dejó de intentar referirse a ese ser y se quedó en silencio hasta que ella pudo culminar el breve tratamiento a sus heridas. Suspiró al final y se reclinó en la silla en la cual se había estado sentando. Un repentino cansancio la embargó hasta hacerla sentir momentáneamente desorientada. El peso de sus emociones le estaban haciendo daño, pero lo resolvería.

—¿Cómo estás? —La voz del rubio volvió a alzarse, mucho más suave de lo que hubiese esperado.

Sakura gimoteó internamente porque no quería responder a esa pregunta, pero la evadió con presteza luego de algunos segundos.

—Con deudas. Anoche vi unas pocas ofertas sobre trabajos no tan presenciales o por internet. Necesito volver a recuperar mi economía —y mi paz, agregó para sí misma, pero de verdad necesitaba llegar a fin de mes con refrigerios y el condominio pago, que era lo primordial—. Al menos alcancé a pagar varias devoluciones de la fiesta —soltó.

Saaaakura, yo pude haberte prestado el dinero —reclamó vagamente el rubio, pero Sakura agitó la palma frente a su rostro.

—De ninguna manera, son gastos que asumí. —Maldito fuese Sasuke. Solo no había ido a la dichosa mansión Uchiha porque no quería humillarse más de lo que ya estaba, pero debería haberle cobrado hasta el vestido de novia, los viajes en bus hasta el hospital cuando se suponía que estaba de luna de miel y todo el viaje turístico que había reservado con el veinticinco por ciento de descuento.

Cada vez que recordaba cuánto debía, le daban ganas de llorar, obligándose a decirse que era por el dinero y no por otra cosa. El sueldo del hospital general no le alcanzaría para todo y no tenía tiempo de reunir lo suficiente antes de que alguien le tocara la puerta para cobrarle, no obstante, Sakura estaba ya entrenada para la dificultad y varias veces se había forzado silenciosamente a empujar más en su determinación; después de todo, aprendió a administrar y manejar todo lo concerniente a su subsistencia desde muy joven, justo después del accidente fatal de sus padres.

Salir de sus deudas no era un asunto de un día, pero se liberaría de ellas en algún momento no tan lejano en el tiempo. Al menos sabía que se libraría más rápido de ellas que del fantasma de Sasuke pululando en sus memorias, absorbiéndolo todo a su paso, como un vampiro.

—¡Entonces al menos puedo ayudarte a pagar! —soltó alzando la voz de nuevo. Sakura lo chistó para que moderara su tono, aunque su escándalo le traía algo de paz a su corazón vapuleado.

—No. Eso está fuera de discusión… —advirtió. Pronto, un ceño fruncido se presentó en su rostro y Naruto abrió mucho los ojos, inclinándose hacia ella como si estuviese a punto de preguntar algo importante, pero Sakura se le adelantó—. Después vas a querer cobrarme todo autoinvitándote a comer ramen con mi débito —aseguró.

—¡No es cierto, Sakura! —gesticuló Naruto, aunque de la forma más suave que pudo para no lastimarse los golpes.

La muchacha de cabello rosa rio por lo bajo, olvidándose por un momento de todo lo que tenía que ver con la razón de los golpes que tenía.

Para cuando despachó a Naruto luego de que Tsunade le diese un coscorrón por imprudente al llamarla "abuela" delante de los pacientes, ya el cielo empezaba a teñirse de naranja por el atardecer. Al haber cubierto más allá de su horario normal fuera de guardia y, de paso, haber asistido en un día tan difícil de diversas formas, tanto para el hospital como para ella, la doctora casi la obligó a ir a casa, comer debidamente, asearse y dormir.

—Necesito tener otro trabajo para pagar algunas cuentas. Quizás deba cambiar al turno nocturno.

Le había comentado Sakura a su mentora poco antes de irse. Tsunade había asentido y sopesado la posibilidad, alegando que todavía tenía los días libres de su licencia, pero la muchacha se había negado completamente a tomarla ante la posibilidad de perder su más grande motivación para continuar con su vida, la cual era su trabajo salvaguardando vidas en nombre de sus propios padres (a los que no había tenido la posibilidad de proteger) y de sí misma, porque debía mantener la mente estable y ocupada para evitar que la tristeza entremezclada con furia la consumiera.

Se descalzó al llegar a casa, completamente agotada y todavía sintiendo el espectro de un cabello sobre sus hombros que ya no tenía. Caminó un poco más y observó su reflejo demacrado en el espejo de pared que tenía en el pasillo entre la entrada y la sala. Todavía tenía los ojos hinchados y el cabello apenas le tapaba la línea de la mandíbula, aunque el flequillo ladeado le quedaba muy bien, notó. Al menos podía seguir diciendo que era bonita y nadie le quitaría eso.

Avanzó, saludó con un beso la fotografía de sus padres y encendió el televisor para luego ponerse a cocinar algo, porque se estaba muriendo de hambre al haber prescindido de la comida más allá de su desayuno con Ino. Mientras lavaba y cortaba unos vegetales, escuchó la noticia sobre el accidente que había sucedido en la vía principal rumbo al Estadio Magistral de Konoha que había tenido el resultado de varios heridos de gravedad, otros no tanto y unos cuantos muertos que no lograron llegar al hospital.

Sakura torció el gesto en su modo empático y de inmediato se acordó de su impertinente paciente con la herida mal cosida y de su enigmático acompañante. Madara. Saboreó el nombre en sus labios y recordó lo nerviosa que había estado bajo su escrutinio mientras hacía su trabajo de la manera más impecable posible. No sabía si ese era su mirar habitual o si lo había hecho adrede al reconocerla por el incidente del club, pero sus pupilas insistentes sobre su persona la habían colocado inquieta. Ella sabía otra razón más para que sus ojos la perturbaran tanto, pero se negó rotundamente a traer a Sasuke a sus pensamientos. No lo necesitaba en ellos mientras comía o se indigestaría.

Se sentó con las piernas caídas y las rodillas flexionadas, cruzando sus pies en la posición del indio sobre el sofá, entretenida en su cometido de terminarse la cena. Una parte de su cerebro estaba atenta a los nuevos trabajos que había visto, mucho menos demandantes de tiempo que el del hospital, aunque de ninguna manera le pagarían lo que debía reunir en poco tiempo. Sus ambiciones se habían ido directamente a la oferta selecta de la Editorial Akatsuki en busca de redactores.

Sakura no era demasiado aficionada a la lectura literaria (aunque inevitablemente tenía sus libros favoritos), pero sí a la académica debido a su campo de trabajo y los temas que estaba interesada en leer. Esa editorial era una de las mejores de toda Konoha y se manejaba en diversos ámbitos, además, la paga que ofrecían como redactor era sustancialmente más alta que en otros trabajos, seguramente porque formar parte de Akatsuki era muy demandado y quién conseguía pasar el filtro para entrar cuando buscaban empleados, ya podía considerar que tenía la vida hecha, en caso de que durara lo suficiente en el trabajo, claro estaba.

Lo malo de todo esto era que el plazo se vencía al día siguiente y Sakura no había escrito ninguna redacción decente que pudiera enviar. No le daría tiempo de ningún modo, así que optar por la fantasía de obtener ese puesto bien pagado entre las filas editoriales, estaba descartado.

Suspiró antes de dejar el plato en el fregadero para ir a colocarse el pijama y lavarse los dientes. El peso de su cansancio se mecía burlón sobre sus hombros, esperando el momento oportuno de tumbarla sobre la cama y hacerla dormir hasta el siguiente día. Un domingo que pasaría en el hospital para olvidarse del mundo exterior y de todo lo demás...

Y entonces, sonó la puerta.

Completamente extrañada, Sakura se terminó de enjuagar la boca y el rostro, salió del baño y caminó perezosamente hacia la sala nuevamente para observar el reloj digital en lo alto de la pared superior del mesón que dividía su sala de su cocina. Se preguntó si era Ino y en su lloroso letargo olvidó su visita, pero repentinamente estaba tan agotada que ni siquiera se le ocurrió preguntar.

Craso error.

Cuando abrió la puerta y entreabrió los labios para decirle algo gracioso a la rubia, toda palabra murió. Sus ojos se agrandaron y su cuello se tensó. Apretó los dedos contra el pómulo de la puerta, incapaz de reaccionar.

Sasuke, quien la miraba desde el otro lado del umbral, aprovechó ese aturdimiento, conociendo demasiado bien el forcejeo sentimental que Sakura dejaba mostrar como un libro abierto. Cuando ella reaccionó y quiso cerrar de un portazo, él se lo impidió y tuvo la osadía de impulsarse hacia ella para rodear su cintura con el brazo, tomando ventaja de su rapidez y su resolución.

Fue él mismo el que cerró de un portazo cuando estuvo dentro, notando la poca resistencia que ponía Sakura al estar todavía perpleja por lo que estaba viendo. Sasuke ni siquiera la dejó reaccionar cuando la hizo dar un paso atrás aún manteniéndola agarrada de la cintura. La besó con arrojo, con supremacía. Estampó sus labios contra los de ella y la inmovilizó contra la pared del pasillo de manera improvisada, haciéndola jadear de sorpresa.

Sakura saboreó el licor amargo en su boca mientras Sasuke intentaba abrirse paso con la lengua entre sus labios entreabiertos. Esto era demasiado para ella, pero se sintió tan débil ante su presencia, que solo se dejó hacer. Todo en él se sintió turbio mientras la envolvía con sus manos. Sasuke descendió su sendero de besos salvajes hasta el recatado escote de su vestimenta y con mando le hizo subir los brazos para desprenderse de ella.

«No, Sakura. No», reclamó una suave voz en lo más profundo de su mente, pero ella no estaba escuchando con detenimiento.

Gimió cuando Sasuke mordió y humedeció uno de sus pezones, inclinándose lo suficiente para bajarle los pantalones y la ropa interior en el proceso, con manos ávidas y expertas. Sakura le clavó las uñas en la nuca entre la oscura bruma de su cabello, arqueándose cuando los dedos masculinos comenzaron a masajear su intimidad para prepararla. La mano contraria estaba ocupada desabrochando sus propios pantalones.

Como siempre sucedía, Sakura no tuvo voz, no tuvo voto. Sasuke le dominaba como solía hacerlo. Se sintió estúpida, utilizada. Ella no quería esto, pero la voz no le daba para reclamar.

«¡Sakura!», se gritó a sí misma.

El alarido interno se confundió con el sonido externo de su gemido cuando Sasuke la penetró con fuerza y sin consideración. Su espalda se sintió mortalmente fría contra la pared y las manos sudadas de Sasuke que sostenían sus muslos contra su cadera, no le transmitían el calor de antaño.

Estaba en un cruento invierno y no sabía cómo cambiar de estación.

Escuchó los jadeos bajos de Sasuke contra su cuello, uno por cada embestida rápida y certera. Sakura se mordió los labios y se aferró con los brazos a sus hombros antes de alzar los ojos verdes.

El reflejo del espejo frente a ella le devolvió la deplorable escena. Sasuke estaba completamente vestido y de pie entre sus piernas, embistiéndola sin compasión. Su camisa blanca estaba arrugada y sus pantalones oscuros apenas dejaban entrever que tenía la bragueta abierta. Ella se había dejado desnudar tan fácil, dándole un acceso rápido para desfogarse...

«¡Te dejó plantada, Sakura!». Ella gimió de dolor. «¡Te humilló!».

Sasuke gruñó contra su mandíbula, satisfecho mientras se derramaba en su interior... ¿Y ella? A ella que la llevara el demonio. No había sentido más que ganas de llorar.

«Te hizo creer en sus mentiras. Te utilizó. Siempre te utilizó. Incluso te utilizó ahora solo para el sexo. Te dejó, no se disculpó. No vino a disculparse. Vino a demostrar su supremacía sobre ti, como siempre lo hace.»

Sus ojos se humedecieron.

Sasuke respiraba inquieto. La dejó estática y de pie contra la pared cuando salió de ella. Iba a decir algo más, Sakura lo vio, Sakura lo supo, pero no le dejó. Alzó la mano y le propinó un bofetón que iba cargado de toda su tristeza, rabia y frustración. Sasuke se tambaleó y casi cae al suelo. Su mirada estaba llena de incredulidad.

—¡¿Pero qué mierda te pasa, Sakura?!

—¡No! ¡¿Qué mierda te pasa a ti, Sasuke?! ¿Crees que puedes venir a hacerme esto después de lo de ayer? —preguntó con incredulidad.

—Lo has aceptado, tú me has vuelto a abrir las piernas para que te follara aun con lo sucedido ayer —aclaró innecesariamente.

Sakura lanzó un quejido lastimero.

«Es porque soy una estúpida que está enamorada de un ser vil como tú».

—¡Fuera de mi casa! ¡Fuera, fuera! —gritó como posesa.

Sin importarle su propia desnudez frente a él, Sakura corrió hasta la cocina bajo la atenta mirada afilada de Sasuke. Volvió oportunamente con un par de platos que no tardó en lanzarle para que se fuera. Sasuke reaccionó y esquivó el primero, pero el segundo le pegó en la espalda cuando decidió abrir la puerta para irse.

—¡Sakura...!

—¡Cállate, no quiero escucharte! ¡Sal de mi vista, maldito Uchiha! —exclamó desaforada, arremetiendo contra él a los puños.

Apenas alcanzó a darle un puñetazo en el brazo antes de que él cerrase la puerta. Estaba sola de nuevo. Ella apoyó las palmas contra la puerta, consternada por la situación. Sus brazos y todo su cuerpo temblaban, presa de la adrenalina, de la ira y de la vergüenza. ¿Cómo había dejado que llegara tan lejos? ¿Cómo? Después de lo que había hecho, después de lo que había visto, después de todos los sacrificios echados a la basura, después de llorar amargamente.

—Soy una estúpida. —Es que era eso. No tenía amor propio, quizá.

Tomó una gran bocanada de aire y se movilizó hasta su pijama desparramada en el suelo. Tomó las prendas y se las colocó con suma lentitud, como si estuviese siendo presa de una pesadilla a la que le estaba poniendo especial cautela.

Se miró una vez más en el espejo y no pudo aguantarlo más. Gritó cuando sus lágrimas de frustración le surcaron las mejillas. Maldijo y le deseó el mal. Necesitaba desahogarse, pero no era algo que pudiese hablar, tenía que hacer algo. Pensó en partir otro plato, en romper el espejo tal vez, pero no fue esa su última opción.

Sakura tomó un lapicero, aún entre lágrimas, y comenzó a escribir algo sobre un papel que empezaba a empaparse de su desolación, de su dolor. Escribió entre jadeos de rabia y quejidos de imposible tristeza. Allí se quedó con el único sonido de la rasgadura de la punta de tinta sobre el papel y las voces apagadas en el programa de la televisión.

Deseó, con todo su corazón, que el día de mañana fuese mejor.


Con porte imparcial y rígido, Neji Hyūga, enfundado en un traje negro de camisa blanca, avanzó. Sus pasos lo dirigían a través del amplio camino techado de madera rústica que llevaba a un jardín floral bastante llamativo. El lugar se sostenía grácilmente sobre un amplio lago y apoyaba su techo en un conjunto de vigas madereras apostadas en cada lado de varios pasillos que se bifurcaban desde el mencionado jardín hacia otras partes de lugar.

La flora del recinto era exquisita y los rayos del sol llegaban justamente adonde debían llegar, reflejándose en el agua cristalina que llenaba toda aquella estancia, haciendo que los peces brillasen producto de la ilusión óptica causada. Los ojos opalinos se entrecerraron con perspicacia al notar la figura de espaldas a él en la entrada del jardín, un poco más allá del final de su camino.

Debía habérselo imaginado.

—Debo admitir que esta vez fuiste astuta y la agencia terminó por hacer el trabajo —saludó neutral.

Cuando Neji recibió una solicitud de protección a través de la agencia por parte de Kurenai Yūhi, lo sintió extraño, pero no lo suficiente como para negarse al trabajo. Las sospechas fueron en aumento cuando notó que estaban en uno de los complejos turísticos de la familia Hyūga, pero Kurenai conocía a la familia, no era tan descabellado que le quisiese de escolta en un sitio que debió pertenecerle a su padre y no al padre de la mujer frente a él.

Unos ojos perlados idénticos a los suyos le devolvieron la mirada. Su sonrisa apenas se notaba. Su cabello de un impresionante azul oscuro estaba suelto y le rozaba tenuemente las caderas. Su vestuario se componía de un kimono tradicional de un azul lavanda muy claro que combinaba con su pesado obi morado.

—Parece que contratándote es la única forma que tengo de verte, primo Neji. —La voz suave de Hinata Hyūga se alzó en su dirección.

Pese a la mueca severa de Neji, ella mantenía una sonrisa muy tenue, la postura aristocrática y las manos juntas sobre el pliegue de su indumentaria. Parecía una princesa, aunque no era para menos tratándose de una bailarina clásica tan dedicada como lo era ella, su dulce prima con la que, alguna vez, se había llevado bien. Tiempos muertos, tiempos dejados muy atrás, en la distancia. Tiempos en los que no sabía lo que significaba nacer en la rama desheredada de la familia.

Todo había comenzado con Hizashi y había terminado con él también. El Clan Hyūga nunca aceptó a su madre y su abuelo nunca reivindicó los derechos de su hijo, ni siquiera cuando estuvo a punto de morir. No era algo que a Neji le interesara, sobre todo porque cada etapa que había vivido y seguido durante su estadía en las fuerzas especiales, habían sido suficientes como para restarle valor a la vida que llevaría siendo un millonario de cuna. No se imaginaba en esas tesituras.

—Aquí me tienes —concretó, lacónico.

La joven Hyūga sintió una punzada de dolor y eso se reflejó en las pulcras ventanas de sus ojos. No despegó su mirada de él ni él de ella. Parecía tan lejano, tan impersonal, que nunca se imaginó que una contemplación suya podía sentirse tan fría y con poca familiaridad. Todavía no se podía acostumbrar, aun después de años, al comportamiento esquivo de Neji, empecinada en recuperar la complicidad de la actitud sincera y dulce del niño que alguna vez había sido con ella.

—No asististe a mi boda a pesar de que te envié una invitación personal —dijo mientras desviaba la mirada hacia el estanque frente a ella.

Sintió envidia de los peces que revoloteaban bajo la superficie del agua, libres a pesar del espacio reducido que tenían. Hinata no se había sentido libre nunca, obligada a hacer todo lo que su padre decía, lo que el Clan Hyūga requería que ella hiciera. Por eso se había casado con el segundo hijo del líder del Clan Uchiha, Sasuke, dispuesta a complacer los mandatos de su padre y llevar a su familia hacia el siguiente nivel en la escala.

Como heredera, el gran peso sobre sus hombros siempre había recaído en cumplir las expectativas, en ser la perfecta señora que pudiese tomar las decisiones correctas, aun si tenía que sacrificar todo lo demás por ello. La danza clásica y su ballet había sido lo único que ella había escogido hacer, algo adherido a ella como una segunda piel que su padre se estaba encargando de arrancar a tiras. "Como heredera y ahora mujer casada, tu deber es dar un hijo que pueda encargase del Clan Hyūga cuando yo no esté. No tienes tiempo para nada más.", eso le había dicho Hiashi esa misma mañana.

Envidió a Neji y su situación, sintiéndose egoísta por su propia percepción. Él, que debía haber sido el heredero, siempre fue más libre de elegir porque nunca tuvo ese peso, solo se había relacionado con ellos porque los más ancianos del Clan aseguraron que no era bueno que un niño Hyūga creciera lejos de su sangre, de los suyos. Que su linaje estuviera ligado a alguien ajeno al Clan y su familia nunca lo hubiese aceptado era un asunto distinto, pero Hinata sabía que su padre sufría porque deseó haber tenido un vástago como Neji, alguien que llenara sus expectativas más exigentes.

Ella caminó hacia su primo y levantó una delicada mano hasta colocarla sobre el antebrazo de él. Le vio desviar la mirada desde su rostro hasta su toque para luego volver a enfocarla sobre sus ojos idénticos. Neji sintió una opresión en el pecho, pero su rostro imperturbable lo ocultó muy bien antes de evaluar si era prudente decirle o no que sí había asistido.

Eligió la opción afirmativa.

—De hecho, sí estuve —aceptó.

Vio que su sentencia pintó una mirada de sorpresa en el angelical rostro de Hinata. Se sintió extrañamente devastado por el brillo de alegría que surcó sus iris huérfanos de pupila, como si esa mísera oración pudiese encender la felicidad más grata en su interior. Internamente, se sintió mal.

—¿Por qué no te acercaste entonces? —habló ella, casi en un murmullo mientras el brillo de sus ojos se apagaba detrás de su mueca de tristeza.

Hinata apretó sus dedos en torno a su brazo. Neji tragó saliva.

Recordó a Sasuke Uchiha, su andar arrogante y su actitud de canalla. Recordó a Sakura llorando silenciosamente en el asiento del copiloto mientras su cabello rosa la cubría de su mirada. Se preguntó cómo estaría ella con su desdicha. Se preguntó si Sasuke Uchiha le había puesto un dedo encima a su prima durante su noche nupcial. Esos pensamientos solo hacían que se amargara más.

—Porque Sasuke no es un hombre de fiar —soltó mortal.

Ella relajó su toque y parpadeó con lentitud. Neji la miró, esperando alguna otra reacción de su parte, pero solo encontró vacío en sus ojos.

—Quería verte allí porque sabía que tú me entenderías mejor que nadie. —La respuesta lo descolocó unos segundos. Parecía misteriosa y enigmática—. Que esta unión solo tenía fines políticos. No sé qué clase de cosas habrá hecho Uchiha, pero solo somos esposos de nombre. Nunca confiaría en él —culminó en un murmullo tímido.

Neji la continuó mirando, forcejeando con sus pensamientos. Al final, solo se movió un poco para tomar los brazos de Hinata entre sus manos. Su delicada silueta se veía empequeñecida por la estatura masculina.

Nunca dejes que te toque. —Parecía una petición inusual viniendo de él, pero sus ojos opalinos eran duros. Hinata lo entendió.

—Hizo algo que está fuera de tu código ético, ¿verdad? —interrogó, pero sin querer saber la verdadera razón detrás de sus palabras.

Él asintió una única vez, con mucha lentitud, antes de soltarla a la misma velocidad. Parecía intuir que su prima no quería saber realmente por qué lo decía, pero, ¿qué más podía perder que la propia libertad? Todos en el Clan Hyūga cumplían un rol específico, un papel que representaban a la perfección ante los ojos de los demás.

—Solo… No le confíes nada nunca. Podrá haberse casado contigo, obligado o no, pero sigue siendo un desleal —declaró, justo.

El semblante se le había deslizado hasta una expresión de advertencia, pero retrocedió de inmediato, incluso dio un paso hacia atrás para volver al estoicismo habitual, a la lejanía, como si Hinata no tuviese nada que ver con él y solo fuese una clienta más que contrataba sus servicios. Como si no fuesen familia. La delicada muchacha lo notó, haciendo callar sus nuevas preguntas y aceptando el muro de la distancia que él había impuesto de nuevo entre ellos.

Desvió la mirada. No había estado entre sus planes el escudriñar el pasado y presente de su esposo seleccionado, pero notar que Neji le había mostrado esa pizca de familiaridad, esa cuota de lucidez en sus ojos, le intrigó hasta el punto de querer saber de qué clase de personas se rodeaba Sasuke y cómo Neji le conocía. Sabía que, si ella le preguntaba, él no respondería, no ahora.

Pero Hinata no quería esperar pasivamente. Necesitaba respuestas claras y concisas.


Sus ojos de noche oscura repasaban con suma rapidez los últimos retoques de unos documentos. Su semblante estaba apaciguado, tranquilo entre el profundo mar de calma que había tenido ese día, completamente normal desde la mañana. Recibiría hoy todas las redacciones de los aspirantes al caer la tarde y se dedicaría a leer durante la noche para saber quién estaba a la altura de las circunstancias.

Por supuesto, según los estándares que manejaba en su editorial. Aún siendo un Licenciado en Letras, Doctor en Lenguaje y Lingüística aplicada además de tener un Grado en Administración y Dirección de Empresas, Madara sabía que había muchas cosas en el mundo que debía seguir aprendiendo y puliendo hasta alcanzar lo más cercano a la perfección.

Mientras tanto, manejaba su propio rango, justo a su medida y al prestigio del más entrañable proyecto que le había acompañado desde su juventud. Había trabajado duro, desde adolescente, solo para alcanzar todo esto por su cuenta, y cuando Izuna estuvo lo suficientemente estable y mayor para apoyarlo, también se había unido para ayudarlo a trazar su camino, la ruta que se habían impuesto para llegar a la meta.

Entre uno y otro pensamiento, sus pensamientos viajaron hasta la noche del Club Izanami y el cierre del provechoso negocio con el Grupo Tsukuyomi. No podía contener el cosquilleo del orgullo, de la emoción incipiente al percatarse de que tanto esfuerzo había valido la pena, que al final estaba dejando un legado digno que debía manejar para heredarlo a Izuna y a los hijos que decidiera tener. Madara había perdido esa minúscula ambición de tener su propia descendencia hace años.

Por su mente, mientras repasaba los detalles de esa reunión, los ojos verdes de aquella enfermera se colaron entre los detalles relevantes. Teniendo una memoria tan selectiva, era una novedad que Madara recordase un hecho tan trivial vinculado a aquella muchacha del Club y su mirada de disculpa mientras le sacaba a su amiga de encima. Habría sido una pequeña anécdota divertida en sus formas sin la menor repercusión, un simple chiste que hubiese olvidado en unos cuantos días…

Eso hubiese ocurrido si no se hubiese visto implicado indirectamente en ese accidente tan aparatoso que terminó con su periodista estrella, Hidan, en el Hospital General de Konoha. La herida cubierta era un recordatorio constante de su estadía en la sala de emergencias, pero lo más importante había sido ella, de alguna u otra manera.

Había notado ese cabello rosado inconfundible, pero ahora peinado, sin ondas y extremadamente corto, en cuanto arribó con Hidan apoyado en su costado. Madara había tenido la rapidez de virar el auto de tal manera que saliese parcialmente del camino y evitase el gran camión descontrolado que se terminó llevando muchos vehículos por delante. La herida del periodista en la pierna y la de sí mismo en el rostro, hubiese sido un eufemismo si ese camión los hubiese arroyado. Quizás estaría en el hospital hasta ahora.

"¿Enfermera Haruno?"

"Haruno Sakura.", había respondido ella rápidamente, sin titubear y en modo profesional mientras le sostenía la mirada.

Madara le había seguido el rastro en la sala de emergencia en cuanto otra de las enfermeras había empezado a tratar la herida de Hidan con los procedimientos previos para su sutura. Le vio agregar un ceño fruncido a ese rostro juvenil, concentrada, corriendo de un lado a otro, estabilizando a los pacientes en medio de tanta sangre y lamentos. Dando órdenes incluso, con sus iris verdosas titilando como dos luces en medio de la noche y entre la tiniebla, con sus pequeñas manos expertas tomando los utensilios necesarios, sin amilanarse ante la vista, con su tono fuerte y decidido. Notó que poco le importaba empaparse de sangre a diferencia del doctor que acababa de llegar para atender a Hidan e insistía en mantenerse lo más alejado posible de su herida a pesar de que era su trabajo.

Entonces, cuando ella por fin llegó hasta ellos, el Uchiha se cruzó de brazos y se le hizo imposible apartar la mirada de ella. Todavía tenía el semblante fiero de una guerrera en su propio campo, la enfermera que no se dejaba amedrentar por la visión de ninguna herida, por más horrible que fuera.

Con diversión interna le vio hacer muecas y corregir la infamia del doctor sobre la piel de Hidan, quien se empeñaba en hacerla trastabillar en su labor y desconcentrarla, pero ella mantuvo su perfil profesional, incluso cuando lo vio frente a ella y Madara pudo notar el brillo de reconocimiento en sus ojos, quizás opacado por algo de vergüenza, pero ni siquiera eso impidió que hiciese su trabajo impecable.

Esta mujer

Y luego se había dirigido a él con toda la autoridad del mundo para tratar su herida. Madara había estado a punto de negarse a su atención médica, pero ella no le había dado tregua ni oportunidad para desaprobar su proceder, extrañamente maravillado por la pasión a su trabajo que había logrado ver en el fondo de sus ojos, la mirada de una persona que estaba haciendo algo que le gustaba con vehemencia.

Simplemente se dejó comandar, totalmente dominado en un campo que no era el suyo sino el de ella, aprovechando la cercanía para seguir escudriñando sus rasgos más de cerca, repentinamente interesado en su persona a diferencia del simple vistazo que había obtenido de su presencia en el club.

No estaba maquillada en esta ocasión, estaba empapada de sangre y su rostro se notaba perlado en sudor por su esfuerzo, pero él la consideró hermosa, completamente fiel y entregada a su labor de salvaguardar la vida de otros. Algo admirable en alguien que parecía tan joven.

Sencillamente interesante.

—¡Señora! ¡Ya le he dicho que no puede pasar!

La voz seria de su asistente, Konan, le trajo de nuevo al presente, sacándolo a regañadientes de sus pensamientos. Madara apenas hizo el amago de elevar las pupilas y se negó a mostrar cualquier tipo de emoción cuando observó el pelirrojo cabello de Mito Uzumaki pasando como un vendaval hacia su oficina.

Sus ojos marrones oscuros estaban ensamblados por la dureza de su ser. Él apretó el puño sobre el escritorio y levantó la otra mano cuando observó que Konan iba a hablar, en señal de que se detuviese.

—Está bien. Ya me encargo —dijo hacia ella sin mirarla.

Sus ojos oscuros enfocaban directamente a la mujer de pie frente a su escritorio y la joven asistente entendió que no debía estar allí, por alguna razón. Sin embargo, le infundió una sensación de incertidumbre.

Todos sabían que era la esposa de Hashirama Senju.

Mito estuvo a punto de abrir la boca una vez que escuchó el cierre de la puerta, pero su emoción cambió completamente en cuanto observó la herida cubierta en el rostro de Madara.

—¿Qué te ha sucedido? —interrogó antes de acercarse con agilidad e inclinarse hasta que casi tocó el rostro del Uchiha.

Casi, porque Madara reaccionó a tiempo y se lo impidió. Golpeó tenuemente los dedos de Mito con el dorso de su mano y una expresión leve de molestia se extendió por sus rasgos. Sus ojos eran dos cuchillas filosas. No le gustaba que lo tocaran sin su permiso, mucho menos de imprevisto.

—El tiempo en el que podías tocarme pasó hace mucho, Mito. ¿Qué quieres? —inquirió en voz baja, completamente neutral a comparación de su pesada mirada.

No obstante, Mito lo observó con seriedad sin dejarse intimidar por su aura. Recuperando la dignidad, como si hubiese sido un simple broche que volvió a levantar, se irguió en su altura y atrajo su mano nuevamente hacia sí misma. Su melena estaba recogida en dos moños perfectamente peinados, como si ni un cabello pudiese salirse de allí.

Su molestia interna se incrementó al pensar que había sido Hashirama el que la había enviado hasta allí, seguramente por las acciones que él le había ganado hace dos días en la puja. Bajó la mirada y siguió en sus papeles, pero no pudo volver a evocar la expresión que recordaba de Sakura en el hospital. Se había puesto de mal humor.

—Tobirama investigará tu empresa y tus negocios —soltó sin más.

Madara volvió a alzar la vista hacia ella mientras fruncía el ceño. ¿Dónde estaba la trampa? ¿Por qué venía a decirle eso sobre su cuñado? Tensó la mandíbula y afincó los codos sobre el escritorio, una de sus palmas envolvió su otra mano hecha un puño. Allí reclinó con parsimonia la mandíbula. Ni siquiera le pidió a Mito que se sentara.

No solo Hashirama tenía necedad en joderle todo desde que era joven, sino también su hermano menor, Tobirama, el acérrimo rival de Izuna en los tribunales. Tobirama Senju no solo era una piedra en el zapato, sino un fiscal gubernamental de mucha reputación que se encargaba de desmantelar a través de la investigación penal todo lo que tuviese que ver con empresas y sus negocios turbios. Él, con un amplio sentido de lo que significaba meterse en ese rubro, siempre había desistido de cualquier asunto ilegal que pudiese perjudicarlo. Era cierto que a veces podía jugar sucio con sus enemigos, pero solo utilizaba los vacíos legales y las debilidades de su oponente para ello, nada más. Tobirama buscaría en vano si quería encontrar negocios mal habidos.

—¿A cuenta de qué me estás diciendo esto, Mito? No te pedí información de nada —pronunció como si intentara recordar alguna conversación que hubiesen tenido recientemente, pero no habían intercambiado palabra alguna en diez años, más o menos.

Como esperó, Mito no tardó en sentarse con esa elegancia impregnada en su fuerte presencia. Todo en ella rebosaba autoridad de una forma majestuosa, pero hace tiempo que Madara había dejado de maravillarse con su presencia, justo en el día que ella le había devuelto el anillo de compromiso, alegando que estaba enamorada de Hashirama Senju y no había podido evitarlo. Incluso sabiendo que eran rivales comerciales, Mito se había hecho la desentendida y había forjado una relación amistosa con la familia Senju. Sabía que Tobirama había metido saña y utilizado el pragmatismo lógico (que nadie nunca le había pedido) para analizar la extraña relación de una hija de buena familia con un hombre como Madara Uchiha, el bastardo que su Clan rechazaba, pero que era idéntico a ellos según sus parámetros.

Sabía que Mito, en su momento, creyó que él la utilizaba para ascender de posición, pero nada había estado más lejos de la realidad. Él se había enamorado de la personalidad aguerrida de la pelirroja y de lo bien que se manejaba en los negocios… Pero le había dejado, de un momento a otro y, un año después, se había casado con Hashirama, como si nada.

Eso solo avivó la rivalidad entre ambas familias y aumentó la desconfianza de Madara en cualquier persona desconocida que se le acercara sin que él la evaluara antes, con sumo detenimiento. El prejuicio de Tobirama solo había agravado la inquina, al haber sido el fiscal de muchos de los casos judiciales en los que Izuna participaba como abogado defensor. Madara no había estado dispuesto a aguantar tanta antipatía, así que dirigió su fuerte desprecio por el Clan Uchiha hacia los Senju, dejando a su propia familia en paz y solo con el espectro de una aversión latente por los maltratos sufridos.

Fuera como fuese, Madara e Izuna se habían hecho valer por sí mismos sin utilizar la influencia Uchiha. Si Tobirama estaba pensando que sus negocios estaban vinculados a su familia paterna, se equivocaba. Lo que hiciese su Clan lo tenía sin cuidado.

—A cuenta de que Hashirama le dijo que te dejara en paz, que ya era suficiente, que incluso aunque tú hubieses obtenido las acciones de Hokage Inv., él estaba seguro de que lo habías hecho limpiamente —esclareció.

Ah, era por eso, porque el querido Hashirama de Mito no creía que él estuviese utilizando fondos turbios para comprar las acciones. Sintió rencor de que otras personas solo creyeran en él luego de que Hashirama metiese las manos al fuego para defender su honor. Madara no necesitaba su ayuda, tampoco la quería. Suponía que ese excéntrico solo quería hacerse el bueno mientras esperaba el momento certero para darle la puñalada de muerte.

—¿Y tú, Mito? —preguntó de repente, entrecerrando los párpados en una observación que la pelirroja conocía bien—. ¿Tú también crees que gané las acciones limpiamente o piensas como Tobirama?

Su tono fue acerado y no necesitó que Mito respondiese nada. Lo veía en sus pupilas. Veía la voluntad de fuego crepitar en sus iris oscuros, aquella complicidad que siempre había compartido con Hashirama y que Madara nunca entendió. La chispa letal que le anunciaba que Mito seguía creyendo lo peor de él. Hace tiempo que había dejado de afectarle, sin embargo. Él ya no tenía nada que ver con Mito, ya no la amaba ni formaba parte de sus pensamientos. Atrás había quedado su recuerdo, así que no sintió dolor, ni exasperación ante el hecho.

No sintió nada.

—Madara…

—Creo que ya escuché suficiente de ti, así que te puedes retirar. Tengo que trabajar.

Su tonalidad plana la acompañó del retorno de su mirada hacia sus papeles, como si su presencia, que alguna vez había considerado magnánima para él, fuese insignificante. Lo era hasta cierto punto, pues solo consideraría una verdadera opinión de Mito en el plano empresarial, en la administración, que era lo único que los unía de su carrera juntos. Al menos podía estar despejado de emociones en lo laboral.

Excepto cuando se trataba directamente de su eterno rival, Hashirama.

Solo tuvo que esperar unos segundos más para sentir que la presencia de Uzumaki abandonaba la sala. Él apenas elevó los ojos antes de continuar con lo que estaba haciendo. Ni siquiera iba a reprender a Konan, cuando Mito quería entrar a un sitio, simplemente lo hacía, paralizando a todos en el proceso. Era lo habitual.

El transcurso del tiempo se volvió lento y hasta tedioso después de aquello. Madara estaba arreglando la composición estructural de algunos documentos emitidos cuando Konan entró con la pila de redacciones concernientes a los aspirantes optando por los puestos de redactor. Se fijó que eran varios, muchos más de los que esperaba, pero era lo natural cuando había tan buena paga de por medio con un horario accesible, solo de prueba.

Ella se fue tan silenciosa como había llegado y Madara no perdió tiempo para clasificar las redacciones por título, en orden alfabético y tema tratado, sin siquiera ver el nombre de los autores, pues en las bases se estipulaba que lo colocaran en un sobre aparte y cerrado con su respectivo currículo laboral. Los leería más tarde, antes de ir a dormir.

Estaba guardando todo eso en su maletín para cuando Izuna entró sin hacer mucho ruido. Tenía unos papeles desgarbados en la mano que causaron que Madara elevase una ceja y le mirara interrogante.

—Aspirante de última hora. Lo acepté por caridad, es cierto, pero a pesar de cómo pueda parecerte este papel, me encargué de leerlo y merece la pena, incluso si no está exactamente en el parámetro de las bases.

El mayor de los hermanos miró a Izuna con cierta sorpresa. Quien lo entregó justo a esta hora tuvo que haber dejado una impresión bastante visual en su hermano, tanto como para leer el documento por él.

—Pues vamos a ver qué es lo que tanto te encanta de este papel fuera de base —dijo mientras estiraba la mano hacia él y el menor se acercaba con pose despreocupada. Parecía relajado, pero había una leve perturbación en sus ojos cuando le entregó las hojas—. ¿Qué pasa? —interrogó cuando las tomó y las colocó encima de su escritorio.

—No puedo evitar pensar que ese escrito surgió de una experiencia horrible —comentó sin más, pero eso aceleró la curiosidad de Madara, así que no tardó en bajar la mirada para leer mientras Izuna se sentaba en el sofá de siempre.

"Letanías de dolor", rezaba el título. Sus ojos oscuros bailaron entre la caligrafía bonita pero errática de su autor. Notó que lo había escrito llorando porque había rastros de lágrimas en el papel y mientras más avanzaba la lectura, más entendía a qué se refería su hermano.

Entendió que su autor era una mujer, una que estaba pasando por algo bastante malo y que había buscado una manera de desahogarse recurriendo al arte de la escritura, quizás de manera inconsciente pero prolífica en su pequeña obra. Describía cómo se sentía caer en un hoyo profundo y pensar que no podía salir, como se tropezaba otra vez con la misma piedra y el resquemor que se notaba en sus primeras etapas de odio contra otros y contra sí misma. Notó la negación de sus propios sentimientos y el ocultamiento de su verdadero estado, de la sonrisa falsa y la mirada brillante opacada por el rastro de la mentira.

Pero no tenía firma ni había sobre con currículo.

—¿Sabes quién dejó esto? —inquirió después de diez minutos de silencio tras parar en su lectura.

Izuna asintió con parsimonia, rebuscando emociones en el rostro de su hermano, pero no encontró nada que pudiese decirle qué había sentido al leer el texto. En cambio, sí que vio algo en cuanto pronunció el nombre de la autora.

—Haruno Sakura.


—Sí, Ino.

Sakura asintió con desgana, aunque su rubia amiga no pudiese verla al otro lado del celular. Habían pasado algunos días y todavía sentía que la vida le estaba fallando. Ino notó que algo estaba mal con ella cuando le vio demacrada y con ojeras, negándose a desayunar juntas como casi siempre lo hacían.

Dos días después, simple y de improvisto, la detective Yamanaka había aparecido en su puerta, haciéndole una broma sobre algún asunto judicial mientras le mostraba su placa y una falsa orden de cateo. Sakura a duras penas se había reído e Ino se había horrorizado completamente al ver que llevaba el cabello hasta la mandíbula y que Naruto se había enterado primero que ella, pero ni siquiera se había dado cuenta del cambio. Tampoco Sasuke.

Sasuke

No fue capaz de contarle a Ino lo que pasó con él la noche después de que la dejase plantada. Sabía que se merecía todas las bofetadas que pudiese darle, pero la joven de hebras exóticas no se sentía con la disposición de recibir golpes. Su alma y su mente estaban demasiado heridas ya y no creía poder soportar otra carga emocional.

Las personas que la conocían sabían lo que había pasado con Sasuke. Toda Konoha se había enterado de lo sucedido con respecto a él. Sasuke, repentinamente, había salido en el periódico la mañana siguiente de haber irrumpido en su casa y hacerla suya una vez más, llevando del brazo a la heredera Hinata Hyūga, la mujer más preciosa que Sakura había visto en toda su maldita vida y ahora sí había podido detallarla a la perfección, con ese aire de princesa, la aristocracia que el propio Neji despedía también sin darse cuenta. Tuvo que ponerse una coraza ese día y los días siguientes cada que se encontraba con alguien que sabía sobre su relación fallida con el Uchiha.

"Ah, pero niña, ¿este no fue el día que tu boda se canceló?", preguntó una indiscreta, tapándose la boca inmediatamente después de reparar en lo que había preguntado. Había estado hasta la coronilla de ver a lástima en las personas que le habían visto nerviosa con su vestido de novia en la puerta de la iglesia. Se mostraba fuerte y guardaba sus pocas energías para ejecutar su trabajo de la mejor manera posible. Vivía al mínimo en silencio, administrando su poco dinero, porque después de entregar la redacción se había dado cuenta de que ni siquiera había seguido las bases de dejar su currículo en un sobre y no había firmado su redacción, esa que había escrito entre lágrimas después del episodio con Sasuke, esa que había entregado por puro impulso. Solo había dicho su nombre, ¿se acordarían siquiera si el trabajo no tenía firma?

Había sentido la vergüenza después, al ver las condiciones de los papeles en manos de ese hombre que los había recibido en la entrada de la editorial. Otro que se parecía a Sasuke, lo que le hacía pensar que estaba viendo su horrible rostro en todos los rincones, en todas las direcciones en las cuales virara su rostro. Se sentía enferma, con náuseas… Al menos podía estar segura de que no había quedado embarazada de ese infeliz, un mínimo consuelo para lo jodida que estaba y lo vapuleada que se sentía.

«Veo a ese bastardo en todos lados», pensó, deprimiéndose.

Ino le gritó su nombre por tercera vez, volviéndole a preguntar si estaba segura de que estaba estable y podría llegar a su casa sin desmayarse.

—Ya comí algo en el hospital, Ino. De verdad —mintió descaradamente, pero podía justificar la desgana en su voz detrás del cansancio—. Solo estoy agotada de la jornada y debo seguir buscando un trabajo accesible. He fichado dos a los que llamaré en breves.

Su rubia amiga parloteó, intentando escudriñar a la distancia, metiéndose en su papel de detective incluso con ella. Dijo un par de anécdotas graciosas sobre Shikamaru y Chōji Akimichi (su otro compañero detective) y Sakura agradeció que ella siempre estuviese pendiente e intentara hacerla reír (o rabiar, según fuese el caso). Finalmente colgó con otra promesa de que le llamaría más tarde en la noche o por la mañana. La desganada muchacha dio sus más sinceras gracias.

La finalización de la comunicación la trajo al presente, al silencio. Cerró su casillero luego de meter el uniforme de repuesto e intentó acallar sus pensamientos, ya demasiado escandalosos para escucharlos. Su maestra ya no estaba y ella se deslizó como un fantasma entre los corredores. Cuando pasó junto a dos enfermeras más, Sakura casi pudo jurar que hablaban de que la habían dejado plantada en el altar.

Los rumores simplemente eran de lo peor.

Cruzó la entrada lateral del hospital y solo esperó pasar otra tortuosa noche en soledad con sus pensamientos. Sabía que tenía que recuperarse, pero tenía que enfocarse en sus deudas antes. Salir con sus amigos o con cualquier persona que supiese sobre Sasuke, no era una opción viable.

Solo quería pasar el tiempo sin tener que pensar en su desgracia.

—Enfermera Haruno.

Ella se detuvo en seco y alzó sus ojos verdes en dirección a la voz. Esa voz.

Madara estaba aparcado justo al finalizar las escaleras. Sakura notó que tenía las manos metidas en los bolsillos de su pantalón de gabardina color vino. Tenía la camisa negra de algodón perfectamente abotonada pero remangada hasta los codos. Su calzado era tan lustroso como el auto azul intenso en el que estaba levemente apoyado.

—Señor Madara —pronunció ella un poco descolocada. No pensó que lo volvería a ver, mucho menos en la entrada lateral del hospital.

—Pregunté en la recepción si estabas aquí, así que aguardé por tu salida. Espero no haber truncado algún plan. —La joven de hebras rosadas notó sus ojos entre el salvaje cabello largo. Parecía estar haciendo una pregunta implícita, así que ella tomó aire y negó con la cabeza.

—No tengo planes… —soltó, más estupefacta que agotada. La sorpresa la había despertado a gritos.

—En ese caso, no tenías planes. Ya tienes uno —concedió de repente, aunque pronto pareció corregirse—. Si quieres, claro está —continuó antes de levantar una de sus manos para señalar directamente a su leve herida en el rostro—. Quería agradecerte por curar mi herida y ayudar a mi empleado también. Puede llegar a ser muy… impertinente —completó con cierto tono duro.

Sakura rio mentalmente porque justo había utilizado ese adjetivo para catalogarlo antes. No supo si le estaba pidiendo disculpas por las palabras de su empleado o si lo estaba justificando en concordancia con su actitud habitual, pero, en todo caso, ella no sabía ni qué decirle. Todavía estaba un poco pasmada por su repentina aparición.

—Estoy acostumbrada a tratar con pacientes así —agregó simplemente.

Pasaron unos cuantos segundos más en los que Madara alzó la cejas y señaló a su auto, esperando su respuesta. Ella quiso golpearse en la frente porque no estaba procesando las palabras de manera correcta. ¿Quizás era que no había dormido bien? ¿O que no había comido desde la media mañana? Fuera como fuese, ella terminó de bajar las escaleras y llegó hasta él. El hombre se irguió, imponente, como para recibirla con la postura debida.

—¿Cuál plan tengo? —preguntó. Su tono sonó inocente y ciertamente lo era, tal vez un poco intimidada por su aura.

—Bien, pensaba agradecerte invitándote a cenar. ¿Quieres? —volvió a preguntar.

"Vamos a tu casa. No quiero cenar.". La voz de Sasuke resonó en su cabeza una vez más. No recordaba que le hubiese preguntado alguna vez si ella quería algo.

—Me parece perfecto, porque justo pensaba en eso —dijo con un amago de sonrisa.

—Excelente. —Se movió un poco y abrió la puerta de copiloto para ella.

A su mente acudió Neji haciéndole ese mismo gesto frente a la iglesia, antes de hacerle un tour por el peor día de su vida después de la muerte de sus padres. Ella le agradeció con una inclinación de cabeza tenue, se subió y él cerró antes de rodear el vehículo y subirse en el asiento del piloto.

Cuando salían en grupo, la decisión recaía en los gustos de todos, pero las veces que había salido con Sasuke, él siempre escogía, así que se imaginó que con Madara, siendo un hombre (sospechaba ella) levemente mayor que Sasuke, la decisión de hacia dónde la llevaría ya estaría tomada.

Pero él siguió sorprendiéndola.

—No sería una cena de agradecimiento si te impongo un lugar. ¿Deseas ir a un sitio en específico que sea de tu agrado? —interrogó después de ponerse el cinturón de seguridad.

Sus ojos de noche cayeron sobre ella, llevándola, inevitablemente, a otro momento del tiempo.

"No, Sakura. Vamos al lugar que ya elegí.". Ni siquiera hacía falta que rememorara más. Eran frases tan simples y restrictivas, toda su relación en una burbuja, encarcelada y ajena a su vida de verdad.

Sakura sonrió más ampliamente en su dirección antes de colocarse el cinturón. Madara no le había quitado los ojos de encima en ningún momento, pero no encontró lugar para sentirse incómoda bajo su escrutinio a pesar de su atenta y seria contemplación.

—Tengo un lugar favorito, subiendo derecho por esta avenida… ¿Podríamos ir allí? Le indico el camino —sugirió respetuosa y él asintió una única vez antes de emprender el viaje.

—Que así sea entonces —pronunció con neutralidad.

Reparó en que melena divina (se reprendió mentalmente) no parecía sonreír demasiado; nunca lo había visto sonreír, de hecho, pero no era como si hubiese tenido demasiadas oportunidades antes. Esta era la tercera vez que le veía.

Sin embargo, se sintió aliviada de estar con alguien que no conocía su desgracia. Él no la estaba mirando con lástima y, además, había reconocido su trabajo en la sala de emergencias.

Por primera vez en días, Sakura pudo relajar sus hombros y apoyarse tranquila en el espaldar del asiento.


¡Respondiendo comentarios!

Katsurane. ¡Qué bueno que te parezca interesante! Pues pobre mujer, le dio tiempo para entrar en shock y digamos que Neji estaba allí para evitar esa desgracia. Además, en este capítulo… huy. Como en el canon, quise mantener que ella es la mejor (de su generación) en lo que hace y también reflejar ese comentario que hiciste sobre los títulos que tienen la gente pero que no demuestra su verdadera capacidad. Me alegro de que te haya gustado la caracterización e igual espero que te haya gustado la mención a nuestro querido Tobirama en este capítulo. ¿Qué tal la conexión? Fue Izuna y no fue Izuna al mismo tiempo jaja. ¡Saludos!

Kou. Completamente normal enamorarse de ese ser de luz, se mostrará más de él pronto. La dinámica de Naruto y Sasuke se la verá aún más difícil con lo que vendrá (sin spoiler). ¡Me alegra que te guste la caracterización! Huy, esperemos que no se nos desmaye Izuna, pobre hombre y pobre Madara. Sasori siempre da ese aire elegante de soberbia criminal, es inevitable, pero espero sorprenderte con él próximamente. ¡Gracias por el comentario!

Amy. Ay, muchas gracias por eso. El hecho de que leas un capítulo más de una vez, me dice mucho (yo lo suelo hacer con las historias que me gustan mucho y las releo hasta que me las aprendo de memoria, o casi). Pues aquí me tienes, más pronto que tarde. Espero que te haya gustado el capítulo y muchas gracias por tu opinión.

Una vez más, gracias por leer. Y aún más agradecimientos si me dejas saber tu opinión.

¡Saludos!