9. Como Te Extraño Viejo...

Aquel álbum de fotos salió estrellado contra aquel gran ventanal

El choque de aquel objeto provoco fuertes vibraciones contra aquel vidrio que a cualquiera hubiera despertado, incluso dejo una pequeña grieta

Y todas las fotos, notas y recuerdos de su apenas recién conocido hijo que contenía dicho tesoro, salieron esparcidas en aquella habitación...

Gojo ya estaba en su lujosa habitación de hotel

Estaba tan lleno de Ira, que se empezó a desquitar lanzando aquellas lujosas cosas contra las paredes

Solo se escuchaban los vidrios de las copas y de demás cosas frágiles romperse contra el suelo y la pared

Sus dulces salieron volando, también el helado que había comprado de camino a su habitación acabo todo embarrado en el suelo

Incluso uno que otro mueble como el sillón, el colchón y todas las almohadas acabaron destrozadas... solo podías ver las finas plumas caer en aquel caos

Aquel hombre era un mar de furia

Pero antes de continuar con este arranque de ira y ver que lo causó... regresemos hace unas horas atrás


Una vez que Gojo salió de aquel santuario se dirigió sin rumbo fijo por las antiguas calles de Kioto

El lugar empezaba a ser solitario y más debajo de aquella completa oscuridad de la noche

Todos los locales ya habían cerrado y solo pasaba uno que otro transeúnte por aquellas solitarias calles

Gojo siguió caminando sin rumbo fijo mientras pensaba en toda la discusión que había tenido con Utahime

—¿Por qué ella no tuvo el valor de decírmelo? ¿Por qué ocultármelo por tanto tiempo? ...—

—¡Utahime y toda su familia son una bola de malditos mentirosos!—

—¡Yoshio es mi hijo y se lo quitaré si así me place!—

Su mente realmente era un caos, simplemente creía que no era justo para él todo lo que le estaba sucediendo


Gojo estaba tan perdido en aquellos pensamientos que no se dio cuenta por donde iba, tanto así que se internó demasiado en una antigua zona residencial

—¿Yoshio es mi hijo, No? — se preguntó a su mismo mientras pasaba por un pequeño parque infantil

Aquel albino decidió detenerse ahí y se sentó en una banca que era levemente iluminada por un póster de luz

La duda le empezó a comer por dentro y más cuando Umeko San le dijo que también él tenía el derecho a negar a aquel pequeño

—¿Cómo demonios voy a negar a mi propia sangre? ¡Si ese mocoso es mi viva imagen!... Tiene mis ojos y saco mi humor y hasta tiene un poder similar a los seis ojos ¡No hay duda, él es un descendiente mío! ¡Es mi Hijo! — su humor era el peor en aquel momento

—¿Cómo puede decir esa mujer que lo niegue así por así? ¡En serio esa familia está loca!— grito Gojo

Por un momento suspiro y dejo aquel álbum a un lado para recargar sus codos en sus rodillas y llevar sus manos a su rostro

Por la demasiada energía maldita que desprendida aquel hombre ... atraía a las maldiciones más pequeñas como polillas a la luz que eran aplastados por la abrumadora ira que salía de él

—¡¿Qué debo hacer?! ¡Es mi hijo y si quiero puedo quitárselos mañana mismo!... Pero si hago eso para ellos YO sería el villano aquí... me llamarían monstruo sin corazón — pasaba sus manos por su cabello

Gojo estaba en un gran dilema

Estaba entre:

Alejar a Yoshio de Utahime y reclamarlo como suyo

Podría nombrarlo oficialmente como su HIJO y era muy obvio que, si hacía eso, iba a ser muy cruel con Utahime, poniéndole trabas legales y económicas para que no lo volviera a ver nunca más si así lo quería...

Se lo llevaría muy lejos o quizás hasta el extranjero

Le cambiaría el apellido y un sin fin de planes cruzaban su mente solo para hacer sufrir a Utahime y a su familia

Ó

También la idea que le cruzo por la cabeza era alejarse de esa maldita y loca familia...

Simplemente, así como llego... podía irse y hacer como si nada hubiera pasado

Pero ese plan era imposible, él ya sabía la verdad e incluso Yoshio ya sabía que él era su padre

—Si me voy... la gente seguirá pensando que Yoshio es un bastardo y mi hijo no merece ser llamado así — se dijo en voz baja

En aquel momento, recordó lo bien que se la pasó ese día con ese pequeño

Comprándole juguetes y dulces

Enseñándole como acabar con maldiciones

Incluso el escucharle decir groserías o llamarlo Saturno o viejo pervertido de algún modo eso le hizo feliz...

Sobre todo, pasar tiempo con él... ¿Eso es ser un padre no?

Pasar tiempo con tus hijos, consentirlos de ven en cuando, convivir, reír y llorar juntos ¿No?

—Pobre Yoshio...— pronuncio en voz baja al recordar a su hijo llorar...

Le dolió ver esos hermosos ojos azules llenarse de lágrimas y perderse en aquella oscuridad mientras Utahime se lo llevaba

Su ira se volvió tristeza y frustración en aquel momento

—De nuevo hice llorar a Utahime... y de paso hice llorar a mi hijo... debo ser un mal hombre después de todo...— suspiró

Realmente era extraño ver a Gojo Satoru sufrir de esa manera...

Ya había sufrido demasiado con la muerte de Geto y con la pérdida de sus demás compañeros, alumnos y alados...

Pero ahora sufría por aquella vida que había engendrado y que apenas sabía de su existencia... aquel era un dolor y una confusión difícil de explicar

Además, también sufría porque no quería odiar a aquella mujer que fue el amor de su vida durante tanto tiempo

—¡¿Qué debo hacer?! ¡Agh!— se dijo muy frustrado

La cabeza le daba vueltas... así que debía respirar

Y en su desesperación por tratar de calmarse, Gojo se dio un leve golpe en la frente con su puño

Al hacer eso, se le vino a la mente la única persona que podría hacerlo reflexionar y entrar en razón

Pero dicha figura paterna que tubo nunca más volvería...

—¡Yaga! ¿Cómo me regañarías en este momento? ¿Qué diablos me dirías en una situación como esta?...—Suspiro pesadamente mientras hacía su cabeza hacia atrás y se acomodaba recargando tanto su espalda como brazos en aquella banca

—Cómo te extraño viejo...— dijo mirando como las polillas volaban alrededor de aquella luz

Recordar a aquel hombre le trajo incertidumbre

¿Qué le diría Yaga en este momento? ¿Lo regañaría por cómo se comportó con Utahime?

Era obvio que le golpearía la cabeza y le diría "disciplina" para después darle un sermón sobre que estuvo mal sacar a un niño sin el permiso de su madre o tutor

También le regañaría por destruir aquella padoga...

—Yaga sí que me jalaría las orejas por todo lo que provoque este día...— se dijo en voz baja con una muy leve sonrisa por el recuerdo de las regañizas que le dio aquel "padre" en el pasado


Después de estar reflexionando y recordando con su vista aún en el cielo estrellado

Gojo bajo su mano y sintió aquel álbum

En aquel momento recordó las palabras de Umeko San

"Tarde o temprano mi corazón sabía que algo así sucedería y por eso por todos estos años he preparado esto..."

"Satoru, quiero que te quedes con ese álbum y que reflexiones sobre lo que creas que será lo mejor para tu hijo, intenta ya no aferrarte al pasado..."

—Umeko san ¿Qué tratas de decirme?— decía Gojo tomando aquel libro

Estando en aquel santuario solo lo hojeo rápidamente, pero ahora tenía miedo de abrirlo y ver su contenido

Por fuera, aquel álbum tenía el nombre de Yoshio acompañado de una decoración con dibujos relacionados al béisbol y un fondo verde

Gojo suspiro y cuando parecía que iba a abrirlo... simplemente lo cerró de golpe

—Mejor lo abro en el hotel... — Tomo aquel álbum entre sus manos y siguió caminando


Ya eran pasadas de la media noche

Las calles de la parte moderna de Kioto estaban menos desiertas

El hechicero antes de llegar directamente a su lujoso hotel, decidió entrar a una tienda de conveniencia abierta las 24 horas

El pasar de la Ira a la frustración y de la frustración a la tristeza... le dejó un gran hueco en el estómago y quería llenarlo con azúcar si era posible

Compro muchos chocolates tanto en barra como en diversas presentaciones, compro unos litros de helado de diversos sabores

Donas y todo aquello que tuviera azúcar

Si no lo mataban las maldiciones era obvio que el azúcar lo mataría

Y antes de salir de ahí, también compró una paleta azul...

Al acercarse a aquel refrigerador, tomó aquella paleta recordando a su hijo

Gojo pensó en que tal vez Yoshio quisiera una paleta después de tanto llorar

O que quizás la mora azul era su sabor favorito o quizás era su segundo sabor favorito o quizás...

En aquel momento Gojo cayó en cuenta de algo...

—No sé nada de mi hijo y eso de verdad es molesto...— dijo frunciendo el ceño

Suspiro y mejor decidió pagar todo aquello para ya irse de ahí y entrar a su habitación