Capitulo Uno
Ni el tintineo de agua de la fuente ni las plantas en la terraza del restaurante lograron calmar la ansiedad de Hermione Granger, que tomó un té de granada pensando que estaba a punto de cometer el mayor error de su vida.
Bajo la mesa, su diminuta yorkshire terrier levantó la cabeza y empezó a mover la colita, como dando la bienvenida a alguien. Crookshanks no era un perro guardián, pero sí un buen sistema de alarma.
Con el estómago encogido, Hermione levantó la mirada para ver al hombre que se acercaba con un pantalón caqui, polo de manga corta y zapatillas de deporte. La sombra de barba, tan sexy, suavizando su mandíbula cuadrada.
– Siento llegar tarde.- Harry Potter le puso una mano en el hombro y Hermione sintió un escalofrío.
Desde que rompió el compromiso con su hermano, Draco, seis meses antes, cada vez que la tocaba experimentaba esa sensación. Un simple golpecito en el brazo, el roce de sus manos o el de sus piernas cuando se sentaban juntos en un sofá y se le ponía la piel de gallina.
Sus afábles abrazos la ponían nerviosa y no podía evitarlos porque Harry le pediría explicaciones y no podría dárselas. De modo que lo soportaba en silencio, esperando que sus sentimientos por él se hicieran más manejables.
Crookshanks puso las patitas sobre su rodilla y emitió un sonido que era parte ladrido parte estornudo.
Harry la levantó para que pudiese lamerle la cara y, una vez hecho eso, la perrita se sentó sobre sus rodillas, suspirando de contento.
– ¿Por qué no ha comenzado a comer sin mí? –le preguntó, haciéndole un gesto a la camarera.
Porque estaba demasiado nerviosa y no podía probar bocado, pensó ella.
– Dijiste que solo llegarías quince minutos tarde.
Harry era un solterón empedernido, egocéntrico, preocupado por sus carreras de coches y siempre buscando una nueva aventura, fuera una chica guapa o un circuito nuevo. Eran amigos desde el instituto y Hermione le quería mucho.
- Lo siento. Había mucho tráfico en la entrada a la ciudad.
– Pensé que había vuelto ayer.
– Ese era el plan, pero mis amigos insistieron en tomar un par de cervezas después de la carrera y la celebración resultó hasta la madrugada. Ninguno estaba en condiciones de conducir cinco horas hasta Houston – sonriendo, Harry puso las piernas sobre una de las sillas libres.
– ¿Cómo lleva Ron que le saque tantos puntos de ventaja? Los dos amigos participaron en carreras de coches desde los dieciséis años y competían para ver quién conseguía más puntos.
– Desde que se enamoró, creo que le da igual.
No había visto a Harry tan disgustado desde que su padre se enamoró de una mujer veinte años más joven que él.
– Pobrecito, tu mejor amigo se ha hecho adulto y te ha dejado atrás –se burló Hermione. Llevaba escuchando sus quejas desde que Ron Weasley debería casarse a la mujer de su vida.
Harry se inclinó hacia delante, mirándola con intensidad. – Tal vez debería descubrir por qué la gente pierde la cabeza cuando se enamora.-
– Pensé que no ibas a casarte nunca –dijo ella, intentando disimular su emoción. Si Harry se enamoraba locamente de alguien, la dinámica de su amistad cambiaría. Ya no sería su mejor amiga.
– No te preocupes por eso –replicó él, riendo.
Hermione miró pensativa la ensalada griega que la camarera había puesto delante de ella. En el instituto se había enamorado de Harry… un amor imposible, claro. Salvo por un breve interludio en el baile de graduación, y él se encargó de repetir mil veces que había sido un error, nunca había parecido verla más que como una amiga. Cuando se fue a la universidad, el tiempo y la distancia no habían matado sus sentimientos por él, pero sí le habían dado cierta perspectiva. Aunque por algún milagro Harry se enamorase locamente de ella, no haría nada al respecto. Le había dicho muchas veces lo importante que era su amistad para él y que de ningún modo querría perderla.
– Bueno, cuéntame –empezó a decir Harry, mirándola por encima de su hamburguesa–. Has dicho que tenías que hablar de algo serio conmigo.
Y en la media hora que había estado esperandolo, Hermione había comenzado a sentir pánico. Normalmente le contaba todo lo que le pasaba… bueno, casi todo. Cuando empezó a salir con Draco había temas de los que no hablaban… sus sentimientos por su hermano sobre todo. Pero había aprendido a guardarse cosas y le costaba más trabajo del esperado abrirle su corazón.
– Voy a tener un hijo – dijo por fin, conteniendo el aliento mientras esperaba su reacción
Harry, que iba a llevarse una patata frita a la boca, se quedó inmóvil.
– ¿Estás embarazada?
Hermione negó con la cabeza.
– Todavía no. Pero, con un poco de suerte, lo estaré pronto.
– ¿Cómo? No estás saliendo con nadie.
– Voy a acudir a una clínica de fertilidad.
– ¿Y quién va a ser el padre?
Hermione clavó el tenedor en una aceituna.
– Tengo tres candidatos: un abogado, un atleta y un fotógrafo de vida salvaje. Cerebro, cuerpo y alma. Aún no me decidió.
– Parece que llevas algún tiempo pensandolo. ¿Por qué es la primera vez que oigo algo al respecto? – Harry apartó su plato. Hermione suspiró. Siempre había podido hablar con él de cualquier cosa, pero salir con su hermano lo había cambiado todo.
– Tú sabes por qué rompimos Draco y yo – le dijo. Desde el principio, Draco le había dicho que no quería formar una familia, pero había pensado que cambiaría de opinión. Tener hijos es algo muy importante para mí.
Había decidido ser odontóloga precisamente porque le gustaban los niños. Ellos alegraban el mundo y le hacian sonreir de modo que, a cambio, ella les daba unos dientes perfectos.
– ¿Se lo ha contado a tus padres?
– No, aún no.
– Porque sabes que tu madre no reaccionará bien cuando sepas que vas a tener un hijo sin estar casado.
– No le gustará, pero ella sabe que deseo formar una familia y ha aceptado que no voy a casarme.
– ¿Por qué no vas a casarte? Tienes que superar tu ruptura con Draco.
– Ya superó mi ruptura con Draco.
– Seguro que hay alguien perfecto para ti en alguna parte y tarde o temprano lo encontrarás.
Imposible porque el único hombre con el que podía verso a sí mismo estaba decidido a no casarse nunca, pensó ella, frustrada.
– ¿Cuánto tiempo debo esperar? ¿Otros seis meses, un año? En un par de meses cumpliré treinta y dos y no quiero perder más tiempo sopesando los pros y los contras o preocupándome por la reacción de mi madre cuando en mi corazón sé perfectamente lo que quiero. Estoy decidida, Harry.
– Ya lo veo – dijo él, estudiándola con sus ojos de color verde jave.
– Y me gustaría que tú estuvieras de acuerdo con mi decisión.
– Eres mi mejor amiga – le grabó él, con expresión sombría –. ¿Cómo no voy a apoyarte?
Había decidido apoyarla aunque Hermione sospechaba que seguía procesando la noticia y aún no había decidido si era un error… Y hasta ese momento no sabía lo importante que era para ella la reacción de Harry.
– ¿Ha terminado de comer? – le preguntó unos minutos después, buscando a la camarera con la mirada –. Debo volver a la clínica. Tengo un paciente en quince minutos.
Harry insistió en pagar la cuenta a pesar de sus protestas.
– Pero si he sido yo quien te ha llamado para invitarte a comer - Mientras él metía unos billetes bajo el salero, Hermione tuvo que arrancar a Crookshanks de las rodillas de Harry, donde parecía muy encontrado un gusto.
– ¿Dónde está tu coche? – preguntó él.
– Él vino andando. La clínica está a dos manzanas de aquí.
– Yo te llevaré – Harry tomó su mano, haciendo que sintiera un escalofrío.
El aroma de su colonia masculina se infiltró en sus pulmones… era en momentos como aquel cuando sintió la tentación de cancelar todas sus citas para irse a casa de Harry y terminar de una vez con aquel deseo que la volvía loca.
Por supuesto, nunca haría eso. Encontraría la manera de domar a la loba que se había instalado bajo su piel. Ella siempre había sido la más conservadora, la que más estudiaba, la que hacía planes para el futuro; y Harry el que actuaba por impulso, el que salía de fiesta y, aun así, conseguía graduarse con las mejores calificaciones. Y a quien le gustó llevar una vida personal sin ataduras.
Harry abrió la puerta de su coche, un Camaro de 1969. Aunque solo eran amigos, siempre la robaron con la misma caballerosidad con la que robaron a las demás mujeres.
Para que pudiera sentarse, Harry tuvo que apartar un trofeo del asiento y, a pesar de la indiferencia con la que lo tiró en la parte trasera, Hermione sabía que era una fuente de orgullo para él y que terminaría junto a muchos otros en su casa .
– ¿En qué estás pensando? – le preguntó mientras se sentaba al volante del poderoso coche.
– En demasiadas cosas – respondió Hermione, acariciando la cabeza de Crookshanks.
– Hazme una versión resumida.
– Da igual, porque cambió de opinión.
– ¿Sobre qué?
– Sobre lo que iba a pedirte… Pero ya da igual.
– Lleva semanas actuando de forma muy rara. ¿Se puede saber qué te pasa?
Ella suspiró, derrotada.
– Me has preguntado quién iba a ser el padre de mi hijo y la verdad… había pensado que fueras tú. Pero decidió que no sería una buena idea.
Harry se quedó en silencio mientras aparcaba el coche frente a la clínica. El anuncio había sido como un puñetazo. Que quisiera tener un hijo no era una sorpresa, pero que quisiera un hijo suyo lo había pillado por completo desprevenido.
¿Los sentimientos platónicos hacia él se habrían convertido en sentimientos románticos?
No, no lo creía.
Hermione era su mejor amiga desde el instituto, la única persona con quien había compartido sus miedos cuando su padre intentó suicidarse. La única chica que lo escuchaba cuando hablaba de sus objetivos y quien lo hacía entrar en razón cuando tenía dudas.
En el instituto, las novias iban y venían, pero Hermione siempre había estado allí, inteligente y divertida, sus ojos almendrados llenos de humor. Ella le había dado apoyo emocional sin las complicaciones de una relación. Si cancelaba sus planes, Hermione nunca se enfadaba y nunca protestaba cuando tenía mucho trabajo y no podía ir al cine o cuando olvidaba llamarla.
Gracias a ella aparecen los pies en la tierra. Habría sido la novia perfecta si él hubiera querido arruinar una amistad de tantos años por un breve romance. Porque estaba seguro de que tarde o temprano encontraría a otra chica y ese sería el final de su relación.
Harry estudió su rostro ovalado durante unos segundos.
– ¿Por qué yo?
Hermione esbozó una sonrisa, pero sus ojos chocolates eran inescrutables.
– Tú serías la elección más lógica.
¿Estaba buscando un cambio en su relación por medio de un hijo? Él nunca había querido casarse y Hermione lo sabía y lo aceptaba. ¿O no?
– ¿Por qué?
– Porque eres mi mejor amigo. Lo sé todo sobre ti y la idea de tener un hijo con un extraño me hace sentir incómoda –Hermione suspiró de nuevo–. Además, no me importa ser madre soltera y tú eres un solterón empedernido, así que no tendrás una crisis de conciencia ni exigirás derechos de paternidad.
– Ya – murmuró él, pensando que tener un hijo los conectaría de una forma que iba más allá de la amistad –. Tienes razón, no quiero casarme ni formar una familia, pero tener un hijo contigo… – algo en su subconsciente le advertía que dejase de hacer preguntas.
– Somos amigos y no quiero que nada cambie en nuestra relación.
Demasiado tarde.
– Las cosas entre nosotros cambiaron en cuanto empezaste a salir con Draco.
A Harry no le había gustado que saliera con su hermano. De hecho, le había molestado mucho. Si Hermione solo era una amiga, debería alegrarse de que Draco y ella se encontraran, ¿no?
– Lo sé – dijo ella – Al principio fue un poco incómodo, pero no habría salido con él si tú no nos hubieras dado tu bendición.
¿Qué otra cosa podría haber hecho? Él no tenía intención de reclamar a Hermione más que como amiga, pero eso no había servido de nada la primera vez que vio a su hermano besándola.
– No necesitéis mi bendición. Si queríais salir juntos, era asunto vuestro, no mío.
Desgraciadamente, saber eso no había puesto las cosas en perspectiva. Al contrario, desde ese momento empezó a ver a Hermione como una mujer deseable.
– Pero volvamos al asunto del hijo que quieres tener conmigo.
– No es que quisiera tener un hijo contigo, sino un hijo tuyo – lo corrigió ella –. Solo necesitaría unos cuantos espermatozoides.
Pretendía bromear sobre el asunto, pero Harry no estaba dispuesto a permitirlo.
– ¿Y por qué ha cambiado de opinión sobre mis espermatozoides?
Hermione miraba hacia delante, jugando con las orejas de su perrita. – Porque tenemos que mantenerlo en secreto. Si alguien se enterase… en fin, yo no quiero hacerle daño a nadie.
A su hermano, claro. Draco le había hecho daño a ella y, sin embargo, Hermione tomó en consideración sus sentimientos cuando se trató de una decisión tan importante.
– ¿Y si no lo mantuviéramos en secreto? A mi padre le encantaría que uno de sus hijos le hiciese abuelo – dijo Harry.
– Pero entonces esperaría que fuera un padre de verdad – replicó Hermione–. Y yo no te pediría eso.
Harry hizo una mueca. Le molestaba que estuviera tan convencida de que no querría saber nada. Hasta minutos diez antes ni siquiera había considerado la idea de formar una familia, pero que su hijo no supiera que él era su padre…
– Supongo que no puedo convencerte para que no lo hagas.
– Lo decidió: voy a tener hijos.
– Hijos, en plural? ¿Ahora quieres formar un equipo de fútbol?
Hermione soltó una risa.
– ¿Qué te hace tanta gracia?
Ella sacudió la cabeza, la cortina de su pelo marcando sus exóticas facciones.
– Deberías ver tu cara.
– Pensé que solo quería tener un hijo.
– Con la fecundación in vitro nunca se sabe. Puede que tenga trillizos.
– ¿Trillizos? – repitió él, atónito. ¿Aún no se había acostumbrado a la idea de un hijo y de repente iban a ser tres?
– Es posible – respondió Hermione, con una serena sonrisa.
Para una pareja, tener trillizos sería una tarea difícil, pero para una mujer sola…
De repente, empezó a imaginar a Hermione sonriendo misteriosamente mientras ponía una mano sobre su abdomen abultado, los ojos chocolates brillando cuando el médico pusiera al bebé en sus brazos por primera vez… y esas imágenes le despertaron una campanita de alarma en el cerebro.
Después del intento de suicidio de su padre, Harry había decidido no tener hijos y ni una sola vez en todos esos años había cuestionado esa decisión.
Hermione levantó su delicada muñeca para mirar el reloj.
– Tengo siete minutos antes de que llegue mi primer paciente de la tarde.
– Tenemos que hablar de esto.
– Hablaremos más tarde.
– ¿Cuándo?
Sin responder, Hermione salió del coche y se dirigió a la entrada de la clínica. Con un pantalón negro y un top de punto sin mangas que destacaba sus bien formados brazos, tenía un aspecto tan sexy...
De repente, Harry experimentó una punzada de deseo sorprendente, aterrador.
Murmurando una palabrota, quitó la llave del contacto y salió tras ella.
Con sus zapatos de tacón repiqueteando sobre el suelo de mármol del vestíbulo, Hermione se dirigió al ascensor, pero Harry llegó antes que ella y puso la mano sobre el panel de botones.
– La grúa se llevará tu coche si lo deja en la puerta –le prevenir ella.
– ¿Cenamos juntos esta noche? Así podremos seguir hablando.
Las puertas del ascensor se abrieron.
– Ya tengo aviones para esta noche.
– ¿Con quién?
– ¿Desde cuándo sientes tanta curiosidad por mi vida social? Harry entró tras ella en el ascensor. La consulta estaba en la tercera planta.
La recepcionista levantó la cabeza.
– Ah, ya estás aquí. Billy acaba de llegar.
– Dile que voy ahora mismo.
Hermione dejó a Crookshanks en el suelo y entró en su despacho para ponerse la bata blanca, pero cuando iba a pasar al lado de Harry, él la tomó del brazo.
– No puedes hacer esto sola.
– Claro que puedo.
Un chico de trece años apareció en el pasillo y Hermione esbozó una sonrisa.
– Hola, Billy. ¿Qué tal va el campeonato de béisbol?
– Genial. Hemos ganado casi todos los partidos.
– No esperaba otra cosa de ti. Espérame en la consulta, iré en un par de minutos.
–Hermione…
– Te llamaré mañana –lo interrumpió ella. Y, sin esperar respuesta, siguió a Billy hacia la consulta.
Él se quedó mirándola durante unos segundos, impaciente y molesto, pero sabía que no podía acorralarla en el trabajo.
De modo que salió de la clínica y, después de ponerse las gafas de sol, arrancó el poderoso motor de su coche.
Buenas Buenas, espero les guste esta nueva historia. Espero sus comentarios. Nos vemos en la próxima.
