Así sea un sólo lector, vale la pena escribir y escribir hasta el final, jejeje.

Disclaimer: Bleach ni sus personajes me pertenecen, sólo la historia.


CAPÍTULO 2

Porque es mi novia, sólo que ella no lo sabe todavía.

Ichigo pasó la mañana sin mayor percance. La escuela primaria le resultaba demasiado fácil para su gusto. Desde que falleciera su madre, él había adoptado la firme determinación de convertirse en un hombre de bien; claro que habían habido otras razones de por medio pero ésa era la principal. Ahora él sería un modelo a seguir y una especie de mamá gallina para sus hermanas de modo que su padre pudiese seguir dedicándose a trabajar. Rukia había estado simplemente en medio de todo eso, con su fuerte carácter y buenos sentimientos, la pelinegra siempre había tenido las palabras correctas para hacerlo sentir mejor sin importar qué.

La última clase los jueves era ciencias económicas. Ichigo tenía por compañeros a sus dos compañeros desde el parbulario, Asano Keigo y Kojima Mizuiro. Los cuatro hacían un grupo medio raro que de algún modo funcionaba. En ése momento estaban cocinando tortitas de papa y pescado.

-Hmmm el aroma es riquísimo -exclamó Keigo con evidente hambre

-Es el primer platillo que te queda bien -bromeó Mizuiro.

-Hey, no te burles Mizuiro, todos tenemos habilidades diferente, simplemente la cocina no es lo mío

-Yo me pregunto si hay algo que sea tuyo -contestó el pelinaranjo

-¡ichigo! ¿cómo puedes ser tan cruel?

-Soy honesto que es diferente

-Por eso mismo es que la bella Amamiya no te dedica ni una mirada

-¿De qué estás hablando? Rukia y yo sólo somos amigos

-Y así será por siempre

-¡Oi!

Mizuiro se rió en ese momento, aliviando la tensión, el pelinaranjo había estado cerca de darle un golpe al castaño.

-Vamos Ichigo no te molestes, ya sabes cómo es Keigo.

-Bah! -rumió éste por lo bajo

-Ya en serio Ichigo -empezó el castaño -¿qué siente tener una niñera tan sexy?

-Rukia no es mi niñera, ella se encarga de cuidar a mis hermanas no de mí. -Contestó molesto.

Keigo rodeó los ojos.

-Ya, dices eso pero es bastante obvio que ella todavía te cuida

-¿Cómo así?

-Bueno pasa por tí a la escuela como justo ahora.

Cierto a sus palabras, la aludida ya estaba de pie a la entrada de la escuela esperando por Ichigo. Los tres chicos la vieron por la ventana, como igual hicieron otros tantos.

-Kurosaki, tu niñera ya llegó por tí -exclamó otro compañero

-Rukia no es mi niñera, es mi amiga.

-Ajá, y algún día has pasado tú por ella a su escuela? -preguntó otro más, acercándose a su mesa al igual que hicieron los otros chicos.

-¿Eso qué tiene que ver?

-Lo sabía es su niñera

MIzuiro sujetó entonces a Ichigo que estaba a punto de perder los estribos.

-Déjalo Ichigo, mientras más te molestes más razón les darás para pensar lo contrario.

Sus palabras tuvieron el efecto deseado, el chico se calmó y los demás perdieron el interés. Pero el daño estaba hecho, su orgullo estaba herido. Ichigo jamás sería de los que diría mentiras para quedar bien parado y mucho menos si eso involucraba a otros, en este caso a Rukia, así que guardó todos aquellos sentimientos.

-Como sea Ichigo, -le habló Keigo de nuevo, una vez estuvieron en los lockers -qué importa que sea tu niñera, la realidad es que todos los demás están celosos; yo daría lo que fuera porque Amamiya san me cuidara -le dijo palmeándole el hombro antes de irse. -Hola Amamiya san! -Gritó saludando a Rukia a lo lejos

-Hola Asano kun -respondió la morena que luego miró hacia Ichigo -¡Ichigo kun!

Las mejillas del pelinaranjo se volvieron a teñir de rojo; entendía a lo que se refería Keigo, Rukia era una belleza genuina que tenía mucho pegue con los chicos. Incluso si no era más que su vecina y amiga (y sí, de paso también su niñera), ella sólo tenía ojos para él...

-¿Qué haces ahí parado? ¡Date prisa fresita o perderemos el camión!

...en cierta forma al menos.

-Qué escandalosa! ¡Ya voy, ya voy! -contestó con igual fuerza comenzando a andar hacia ella.

-Ve con tu niñera Kurosaki, no la hagas esperar. -Murmuró un compañero de su salón, el mismo que le había hecho burla en clase de ciencias económicas.

Ichigo se detuvo de golpe al oírla.

Sí. Ichigo era un niño decente, de buenos modales y sentimientos honestos. Y jamás diría mentiras tan sólo para quedar bien delante de otros, mucho menos si involucraban a terceros, en este caso Rukia.

Ichigo apretó las manos en puños.

Sin embargo...

-Rukia no es mi niñera, Grimmjow -gruñó

No iba a decir exactamente una mentira...

Se giró para mirarlo por encima del hombro -Es mi novia -declaró con fuerza a un estupefacto Grimmjow

-No es cierto

-Claro que lo es, -contestó -y no tengo porqué probarte nada. -Acto seguido se fue corriendo a donde estaba Rukia.

No era mentir... no realmente

-Es mi novia -se dijo a sí mismo -sólo que ella todavía no lo sabe

Era compartir sus planes a futuro simplemente.

-¿Por qué te tardaste tanto?!

-Ya estoy aquí, no? Deja de quejarte

-Tienes suerte de que seas lindo sino ya te habría golp-

Rukia se calló de golpe, mirando su mano enlazada a la de Ichigo. El niño tenía un tinte rojo adornando sus mejillas.

-¿No te molesta o sí?

La morena parpadeó saliendo de su estupor, Ichigo le había prohibido tomarle la mano desde que había cumplido los 9 años, así que esto era nuevo y nostálgico a la vez.

-No para nada, soy tu niñera después de todo -le picó

Él gruño por lo bajo

-Sí, sí, sólo camina.

Rukia no pudo evitar sonreír tan ampliamente como lo hacía, ignorando por completo lo que Ichigo había declarado a sus compañeros instantes atrás, los cuales miraban incrédulos la escena frente a ellos.

...

Ya en el autobús Rukia le preguntó sobre su día, Ichigo compartió detalles sencillos sin importancia a lo que Rukia hizo un puchero.

-¿Por qué no simplemente me dices lo que quieres decirme? -Gruñó él en respuesta, la conocía demasiado bien.

No le había soltado la mano en todo el trayecto y así seguían sentados en la parte de atrás del autobús.

-Te lo advierto, ninguna chica te querrá con tan mal genio -le advirtió

Ichigo le dió un apretón a la mano de ella.

-Siempre hay un roto para un descocido

Pero ella no entendió el mensaje, no le devolvió aquél apretón de manos.

-Bueno eso es cierto, pero rara vez se cumple.

-Sólo dime lo que quieres decirme -gruñó entre molesto y decepcionado.

-Ay, está bien, está bien.

Se hizo el silencio unos instantes, ante lo que Ichigo le miró directamente al rostro, Rukia miraba al frente con la mirada perdida en un recuerdo. El niño sintió miedo y tan pronto escuchó la respuesta de la morena supo porqué.

-Renji -empezó, y luego sonrió -finalmente se me declaró.

Pánico invadió el cuerpo del niño y una sensación de abandono. "Por favor, que no le haya dicho que sí", rezaba internamente, pero sabía que quizá era un pensamiento vano.


Ichigo recordaba perfectamente bien el día en que Amamiya Rukia había caído rendida ante los encantos de Renji. El niño era un año mayor que ella y de estatura alta para su edad, tenía ascendencia alemana además y un porte que no pasaba desapercibido. Rukia iba un año adelante en clases, a pesar de ser un año menor, debido a que su cumpleaños era en Enero y la ley así lo marcaba. Y el tal Renji resultó ser un niño, si bien un poco torpe, demasiado maduro y educado para su edad.

Claro que el mismo no parecía tener interés en las niñas, lo que le quedó claro a Ichigo cuando lo conoció. Habían pasado la tarde jugando en casa de Rukia, Renji vivía en el fraccionamiento contiguo al de ellos y acababa de ser transferido a la escuela de Rukia. Se habían llevado bien, debía de reconocerlo aunque no veía todas las grandes cualidades que su vecina le había descrito durante la última semana. Ichigo tenía 7 años, Rukia estaba por cumplir los 11, Renji tenía 12.

-No parece que le gustes -le había dicho de forma sincera entonces, una vez se había marchado el pelirojo.

Rukia tenía ambas manos en sus mejillas.

-No, no, él es mi novio, sólo que él no lo sabe -Declaró

Ichigo puso los ojos en blanco

-Eso es lo mismo que decir que tú eres mi novia, sólo que aún no lo sabes -retó cruzándose de brazos, seguro de que la niña se metería sola en un aprieto.

Para su mala suerte y total desconcierto Rukia se había soltado a reír, con fuerza

-¡Oi! -le gruñó avergonzado de pronto, sin saber muy bien porqué.

-Eso tendría sentido si no me lo acabaras de decir -Contestó ella entre risas y sólo entonces el niño se percató de su propio error. -Eres tan lindo -le dijo ella apretándole los cachetes.

-Oye -se soltó con fuerza

Rukia volvió a reír. Ichigo infló los cachetes molestos. Cuando la risa cedió, tras un corto instante, Rukia le miró con cariño.

-Nee, Ichigo.

-¿Nn?

-¿Te puedo dar un beso?

El mundo se movió a los pies del niño, que inmediatamente volteó a mirarla con los ojos grandes como platos -Está bien si no quieres. -Le aseguró ella, todavía con ternura en sus ojos.

Él apretó las manos en puños, evidentemente nervioso e inseguro. La miró con cautela.

-¿Está bien para tí? No soy Renji.

La sonrisa de Rukia se ensanchó, consciente de los sentimientos y el orgullo del niño que tenía en frente.

-Descuida, no será ese tipo de beso, sino más bien como los que dan las mamás a sus bebés

-No soy un bebé -refutó al instante, elevando la voz una octava.

Ella no se burló.

-No dije que lo fueras, es sólo que eres tan lindo

El menor se indignó y volvió a cruzarse de brazos, desviando la mirada de su compañera.

-Olvídalo!

-No te enojes, no estoy burlándome de tí, en serio -Le aseguró acercánose a él de rodillas. Entonces ella le sacaba tan sólo una cabeza de altura, al quedarse arrodillada, le permitía a su compañero sentirse un poco más alto, aunque fuese una frágil ilusión. -Entonces, ¿puedo?

El corazón le latía con fuerza, perdiéndose en los ojos de ella. Estaba nervioso a más no poder.

-Haz lo que quieras -contestó

Y no pudo hacer nada más porque justo entonces Rukia le había tomado el rostro con ambas manos y había unido sus labios a los de él en un casto beso. Ichigo tenía los ojos abiertos como platos, incapaz de hacer otra cosa más que recibir el gesto y tratar de disfrutarlo en medio de su nerviosismo. Tras 7 segundos (porque los había contado), se alejó de ella trastabillando.

-Dijiste que no...!

-Cambié de opinión -Le dijo ella entre risas y se puso de pie. -Algún día te enamorarás de una niña, ya lo verás y entenderás cómo me siento. -Le dijo, todavía sonriendo.

Ichigo fue incapaz de decir nada.

-Bye, bye Ichigo kun -se despidió, justo entonces las mamá de Ichigo había tocado el timbre de la casa de Rukia.

Durante el resto del día e incluso la mañana del día siguiente, Ichigo no fue capaz de separar los labios siquiera.

Había empezado a caer sin duda.


De vuelta al presente, Ichigo intentaba controlar el ahogo que sentía.

-Entonces... Renji finalmente se te declaró.

-Lo hizo -asintió ella todavía sonriendo con cierta ensoñación en los ojos.

-Y... ¿están saliendo entonces?

El agarre en su mano se había empezado a aflojar.

Pero Rukia lo volvió a la vida con una sola palabra.

-No.

Ichigo volteó a mirarla sorprendido.

-El muy tonto se echó a correr tan pronto terminó de declararse. Es un idiota. -Le contó e Ichigo no pudo evitar estar agradecido de la idiotez del pelirojo. -Y la verdad es que no pienso salir con idiotas.

-¿Ya no te gusta? -cuestionó esperanzado.

-Claro que me gusta. -Soltó ella, clavándole una espina en el pecho sin saberlo. -Pero me gusta más cuando es decidido, por eso me enamoré de él. Si quiere que sea su novia tendrá que pedírmelo no le haré las cosas fáciles ni mucho menos iré tras de él.

El corazón le latió pesado en el pecho. Aquello era una señal, no? Ella le estaba diciendo cómo quería ser tratada, él podía hacerlo sin problemas.

-Rukia

-¿Hm?

Ichigo presionó su agarre para que ella le mirara directamente a la cara y la fémina se sobresaltó con la expresión tan seria y decidida del niño, cargada de una emoción que desconocía.

-¿Quieres ser mi novia?

Los ojos se le abrieron en sorpresa. Por un instante el tiempo se detuvo, el corazón de Ichigo pendía de un hilo, no había esperado esa reacción... y sin embargo...

Rukia había vuelto a sonreír con ternura, le tomó el rostro con ambas manos.

-Justo así es como debe de pedirse. Renji debería de seguir tu ejemplo -declaró, soltándolo.

Se paró y presionó el botón para pedir la parada, sin ver la expresión transtornada de su compañero -Ichigo -le apremió. El aludido hizo un esfuerzo grande en levantarse y seguirla como si todo estuviese bien, como si no le acabaran de romper el corazón.

-Iré a cambiarme y luego iré a tu casa, ¿vale?

-Vale

Rukia se fue sonriente trotando hacia su casa. Ichigo la miró irse sintiéndose decepcionado.

Todavía lo seguía viendo como un niño.


-Hey, ¿te encuentras bien?

-Mm

Cuando Ichigo tenía 5 años, había ocurrido un terremoto. Eran normales en Japón, pero entonces había estado solo con su madre que estaba cerca de dar a luz. La pobre mujer no había conseguido salir de la casa.

Rukia que acababa de mudarse ése día, lo había visto caer en mitad del movimiento y había salido corriendo a ayudarlo, separándose de su madre al hacerlo.

-Déjame revisarte. -Le vió la pierna herida -Qué bueno, no parece ser grave, es sólo un raspón.

-Rukia -Hisana se acercó a ambos, alejándose del resguardo a un lado del coche.

-Mamá, debemos ayudarlo

-Oh my, ven pequeño

-Mi mamá -les cortó éste.

Ambas le miraron notando la desesperación en esas palabras.

-Mi mamá está dentro de la casa, no puede levantarse sin ayuda y no pude hacerlo

-¿Ésa es tu casa? Bien, iré yo, Rukia cuídalo.

-Sí Hisana se había perdido entonces, dentro de la casa. Rukia había abrazo a Ichigo. -No te preocupes, estará todo bien ya lo verás.

...

El terremoto había durado cerca de 7 minutos, aunque se había sentido mucho más largo que eso. Horas después, Isshin había llegado con ellos.

-Masaki, Ichigo

-Estamos bien Isshin /Papá! -saludaron ambos y él abrazó a su familia

Estaban todos en el jardín descansando y comiendo un par de aperitivos para pasar el susto. El hombre miró a su hijo.

-¿Protegiste a tu mamá?

El pobre aludido se estaba ahogando con las palabras.

-Lo hizo -Pero Rukia se adelantó a contestar por él -Se arriesgó a salir él sólo a buscar ayuda a pesar de que tenía mucho miedo.

-No, yo

-Ése es mi muchacho -Lo abrazó Isshin con fuerza y luego se dirigió hacia Hisana y Rukia -Lo siento, no nos conocemos

-Soy Hisana Amamiya, y ella es mi hija Rukia, acabamos de mudarnos, con todo y el terremoto -bromeó, consiguiendo hacerlos reír a todos.

-Fueron ellas quienes me ayudaron, cariño. -Informó Masaki

-Les agradezco

De aquél encuentro había nacido una amistad pura entre ambas familias. Rukia y su mamá cuidaban de Ichigo cuando la madre de éste tenía que ir a las consultas y su padre iba con ella.

...

Ichigo recordaba cómo había sido que él había comenzado a tener sentimientos por Rukia, cuando a la noche del día de haberse conocido, los bebían chocolate caliente en el patio, mientras miraban las estrellas sentados en una manta sobre el suelo.

-No fui tan valiente -había admitido él tras un instante de silencio.

-Yo creo que lo fuiste. -Le había interrumpido ella. -Un niño de tu edad podría haberse quedado llorando, negándose a abandonar su madre e incluso ese acto también llevaría algo de valentía y nadie podría culparlo. Pero tú te arriesgaste... aún con el miedo de dejar a tu madre embarazada sola. Espero que, si algún día me caso, el hombre que sea mi pareja sea tan valiente como tú.

Lo había abochornado tanto con su sonrisa, el brillo de sus ojos tan peculiarmente amatistas, que había terminando respondiendo a la defensiva sin quererlo.

-Dices puras tonterías sólo somos niños.

-Habla por tí. Las niñas maduramos más rápido que los niños.

Y una vez hubo empezado no pudo parar.

-Quieres decir que se vuelven más viejas pronto

-Qué grosero! Me retracto, el hombre del que me enamore no será como tú

-Hm, no hay muchos como yo

-Tienes razón, las zanahorias parlantes son una especie en peligro de extinción

-¡Oi!


De eso ya habían pasado 7 años. Y lo único que había conseguido había sido caer cada vez más y más en su amor por Rukia; porque estaba seguro de que en este punto ya era amor.

Ahora bien, podría simplemente rendirse, aceptar que al menos entonces ella jamás le miraría como él quería...

...

-Oye Ichigo -le habló Rukia sentada a un lado de ella en el sillón, estaban viendo la tele justo después de haber acostado a las gemelas.

Rukia había llegado minutos después de haberse cambiado de ropa como lo había prometido. Habián hecho sus deberes juntos y cocinado la cena para todos. Incluso si él trataba de aparentar que todo estaba bien, no podía evitar el rehuirla de repente. Sin embargo, tras terminar de lavar los trastes una vez concluida la cena y que las gemelas se durmieran, no podía seguir ignorándola. Había una clara distancia entre ambos, sentados a cada extremo del sillón.

Era aún más evidente la diferencia de edades, él se estaba comportando sin duda como el chiquillo que era, ciertamente sería mejor rendirse.

-¿Qué? -inquirió con la vista pegada a la pantalla.

-Algún día, quizá seas más alto que yo ¿verdad?

El corazón se le saltó un latido

-Es lógico, mis padres son de estatura alta, mi madre tenía la misma altura que mi padre.

-Hmmm -sopesó.

Ichigo le miró de reojo entonces, ligeramente intrigado.

-¿A qué viene la pregunta?

-Hace rato cuando me preguntaste si quería ser tu novia

-¿Qué con eso? -interrumpió descolocado, entre nervioso, triste y molesto.

Se daría por vencido sin duda ahora, sabía que era un niño y que incluso si llegaba a ser alto algún día, quizá para entonces ella ya tendría a alguien más que le quisiera

-Te habría dicho que sí

La línea de pensamiento se cortó de golpe y él le miró estupefacto. Rukia descansaba su rostro en la mano apoyada por el codo en el descansa-brazo del sofá, la mirada perdida en un punto distante del techo.

-A veces olvido que eres sólo un niño -confesó y contrario a lo que pensaba Ichigo no se sintió ofendido por aquellas palabras, sino todo lo contrario. -Cuando dices cosas así tan serio... -cerró los ojos, evidentemente evocando el recuerdo o dibujando uno nuevo, Ichigo no lo sabía. Ella sonrió, el gesto era agridulce notó él. -casi puedo verte como todo un adolescente... me dije a mí misma que si fueras más alto al menos, no me habría importado la diferencia de edad. En realidad es algo que me he dicho muchas veces -volvió a confesar, mirándole por fin.

Había estado a punto de darse por vencido...

Rukia sonrió contrita.

-Pero la verdad es que... hoy me dí cuenta de que en realidad eso tampoco me afectaría. -Los ojos de él se abrieron más de ser posible. -Sé que siempre te estoy fastidiando y tratando como a un hermano pero la verdad es que me da un poco de envidia. La chica de la que te enamores, si es que alguna vez te gustan las chicas -bromeó -sin duda será muy afortunada. Y si para entonces tú y yo seguimos siendo tan cercanos, lo más seguro es que le haga la vida imposible, quedas advertido! -Se rió.

Ichigo estaba por decirlo, por confesar que sus sentimientos eran en serio.

-¡Estoy en casa!

Pero la llegada de su padre acabó por romper el momento. Rukia se levantó a recibirlo al instante e Ichigo dejó que su corazón se recuperara mientras tanto. Antes de que Rukia se fuera rumbo a su casa, la detuvo a la entrada.

-Rukia

-Sí?

El niño se mordió la lengua dándose valor.

-Hoy unos compañeros se burlaron de mí porque dicen que nunca he besado a nadie y que encima soy un bebé que ocupa que su niñera todavía pase por él a la escuela -soltó de golpe, ligeramente avergonzada.

Rukia se indignó al instante, parpadeó molesta y puso las manos en puños sobre sus caderas.

-¿En serio? -Se notaba en su mirada que estaba dispuesta a soltar el infierno en esos escuincles.

Ichigo asintió todavía abochornado, era todo o nada se dijo.

-¿Te molestaría si... pudiera compartirles que tú y yo...

Rukia parpadeó sorprendida, la emoción anterior completamente evaporada.

-Que nos besamos? -completó por él

Ichigo asintió con la cara roja como tomate. Ella le sonrió con ternura.

-Para nada -contestó ella riendo -Sería la venganza perfecta. Es más aquí hay uno nuevo -dijo, besándose sus propios dedos para luego ponerlos sobre los labios del niño. -Buenas noches Ichigo kun

De la misma forma que a los 7 años Ichigo no pudo separar los labios, pasó la noche actual mudo como muñequito.

Para nada iba a darse por vencido. Incluso si ella comenzaba a salir con Renji, su primer beso había sido con él. Y se aseguraría de que incluso si había cosas en las que no podría ser el primero, cuando menos sería su último.


A/N: Creo que era necesario poner el contexto de la historia, si hay dudas con confianza preguntar a la autora, osease yo.