Alguna situación que se hayan imaginado en el contexto de mi historia que les gustaría leer? Estoy pensando en cumplir deseos xD
Disclaimer: Bleach ni sus personajes me pertenecen, sólo la historia.
CAPÍTULO 4
Mi pubertad vs. la tuya.
Oficialmente, Rukia y Rengji llevaban cerca de tres meses de noviazgo, aunque la relación entre Rukia e Ichigo no había cambiado en lo más mínimo. En un principio el pelinaranjo había temido el que su tiempo con la pelinegra se viese reducido, pero no había sido así. Rukia además, era muy respestuosa de los tiempos y espacios ajenos, por lo que nunca volvió a llevar a Renji a casa de Ichigo durante el tiempo que funjía como niñera.
Lo único quizá que había cambiado un poco, era que con mayor frecuencia, por las noches la luz en la habitación de Rukia estaba apagada, señal de que la misma estaba fuera probablemente en el medio de alguna cita. Para el inicio del tercer mes, sin embargo, Ichigo había comenzado a alejarse un poco de la pelinegra consciente de que su corazón podría sufrir un severo daño si no marcaba distancias.
Paciencia, se había dicho el niño. Si se desesperaba pensando en lo que 'pudiese' estar pasando, no sobreviviría y quizá hasta terminaría fragmentando su relación con Rukia.
...
Quizá por eso, un sábado por la mañana, le tomó desprevenido el que Rukia lo buscase con tanta apremiación. Ichigo estaba de pie regando las plantas con ayuda de una manguera, vestía pants negros y una playera gris; estaba por demás aburrido.
-¡Hey Ichigo!
-Rukia
La aludida se brincó la línea de arbustos que dividía el frente de ambas casas, llevaba un blusón largo guinga y un short de lycra negra, además de cargar dos bolsas grandes de asa.
-Voy al centro de Karakura, tengo que hacer unas compras, ¿quieres acompañarme?
El corazón se le saltó un latido, había pasado un mes sin que pasaran el fin de semana juntos.
-Claro, sólo déjame cambiarme.
-Tonterías, así estás bien -refutó, jalándolo del brazo y echando a correr.
-Oye, tengo que terminar... la manguera!
Dicho objeto salió disparado, chorreando agua en todas direcciones antes de caer con un sonido sordo al suelo.
-¡Isshin san! ¡Me llevo a Ichigo kun! -Gritó Rukia tan pronto pasó frente al porshe, donde el aludido la saludaba con una amplia sonrisa.
-¡Claro tercera hija, te lo encargo! ¡Conviértelo en un hombre!
-¡Viejo estúpido! -Gritó Ichigo.
¿Para qué servía un padre como ése?
...
Ichigo y Rukia tomaron el autobús rumbo al sureste de la ciudad de Karakura, donde un gran centro comercial se eregía. El trayecto había sido silencioso en su mayoría, con pequeños comentarios vanos de uno a otro. Ichigo acompañó a Rukia a hacer los respectivos pagos de los servicios de la casa, y cayó en cuenta de que su padre también le había encargado los suyos a la pelinegra; así que aquella salida quizá sí que había estado planeada, se dijo. Al instante después se retractó de haber maldecido al 'viejo', después de todo el mismo parecía estar de su lado en su enamoramiento con Rukia, porque era obvio que lo sabía. Lo había sabido incluso antes que el mismo Ichigo.
Después se dirigieron al súper a hacer las compras de la despensa. Ichigo no supo decir porqué pero tenía la sensación de que Rukia se miraba nerviosa. La estaba analizando cuando la misma de repente le sacó conversación, mientras seleccionaban un par de latas de conservas.
-La siguiente semana tu padre no estará en casa, ¿cierto?
Él asintió.
-Tiene un curso en Hokaido, regresará el sábado por la noche.
-¿Ya decidieron dónde se quedarán?
Ichigo frunció el entrecejo.
-Es bastante obvio que nos quedaremos en tu casa, siempre ha sido así, ¿por que tendría que ser diferente? -cuestionó con cierto fastidio.
Rukia pareció pensárselo antes de responder.
-Porque ya eres todo un puberto -dijo picándolo y parpadeando coquetonamente.
A él las mejillas se le tiñeron de rojo.
-ja, ja, ya déjate de tonterías.
-Entonces ayúdame a elegir qué llevar, después de todo cenaremos juntos.
-hai, hai...
...
Una hora después se encontraban caminando de vuelta a la estación de autobuses. Las dos bolsas que Rukia había llevado consigo ahora estaban cargadas de víveres.
-Compramos bastante. -Señaló el chico, preguntándose si de verdad necesitarían tanto para una semana.
-Oye todavía tengo que ir a otra tienda, prometo no tardar
Ichigo la miró con interés.
-¿A cuál?
-Descuida, está cerca de la estación -Sonrió.
Él parpadeó confuso y con un mal presentimiento, generalmente Rukia no guardaría como secreto el nombre de algún lugar al que necesite ir. Si quería ir sola o si no quería que él se diese cuenta de algo simplemente le diría que se adelantara, pero en este caso le pedía tácitamente que lo acompañara.
La otra razón por la que pudiera no haberle querido decir nada sino hasta llegar era...
...
-¿No habría sido mejor que vinieras con una de tus amigas?
...que se tratase de algún lugar que a él le abochornaría.
Frente a ambos estaba una tienda de lencería y trajes de baño.
-Yo quería venir contigo. -Contestó Rukia como la fresca mañana, como si no tuviese nada de vergonzoso el entrar a una tienda de interiores con tu vecino y amigo de toda la vida, quien por cierto está secretamente enamorado de ti. -Vamos, prometo que no tardaré.
Ichigo había estado por decir que no, pero aquella sonrisa le desbarató al instante, además, ¿qué tan malo podía ser? Así pues, entró de la mano con ella, dejaron las bolsas en la paquetería a la entrada y se sumergieron en los pasillos de escaparates. El chico suspiró de alivio cuando vió que su compañera se alejaba de la lencería para dirigirse al área de trajes de baño.
-¿Vas de viaje o algo?
-Más o menos, -asintió sin mirarle, buscando al parecer una pieza en específico -el próximo mes tenemos un viaje a Okinawa por parte de la clase, y aunque no está programada la visita a la playa sino a lo profundo de las montañas iremos a un centro de aguas termales.
"Con Renji...", pensó de inmediato la traicionera mente del chico y su humor decayó un tanto. Si al menos tuviesen la misma edad, se dijo, podría ir con ella a ése viaje; sería él quien fuese su pareja y sería para él para quien ella buscaría el traje de baño perfecto.
-Entonces no ocuparás el traje de baño -remarcó con cierta irritación.
Pero ella no pareció notar la molestia del mismo.
-Quizá sí, quizá no. Pero igual quiero aprovechar. -Contestó, sin ser consciente de las reacciones del chico. -¡Quién sabe! Tú y yo pudiéramos ir antes. -Le sonrió.
Y aquella sonrisa volvió a dominarlo, no pudo permanecer molesto, no con ella al menos. Nunca con ella. Se sentía molesto consigo mismo y sus estúpidas emociones, y su ridículo corazón que tenía que verse afectado por cada respiración que diese la pelinegra y a quién iba dirigida.
"Ir los dos juntos", pensó para sí. No hacía mucho habían ido los dos, cierto que con el resto de sus familiares pero había ocurrido algo importante entonces, se recordó el chico.
Aquél día había sido el primero de las vacaciones, y para Ichigo (que había pasado la semana anterior sumergido en exámenes finales) era el comienzo de un merecido descanso. Descanso del tedio del quinto grado y lo molesto que resultaba el tener que aguantar a Keigo y a Kon hablando de que por fin la pubertad los había elegido para convertirse en "hombres". Ridículo, en serio, había pensado el pelinaranjo, aquello era sólo la excusa que daban para justificar el que estuviesen viendo una revista de mujeres en paños menores.
Y la verdad era que él todavía no veía qué era tan interesante sobre las mujeres. Es decir, claro que había adorado a su madre y quería a sus dos hermana, y Hisana san era alguien admirable; pero no entendía porqué el afán de querer tener "novia" cuando apenas eran unos críos.
"¿Es que no te gusta Amamiya san?", le había cuestionado Keigo, haciendo guiño aquí y guiño allá.
Y aunque las mejillas del pelinaranjo se habían teñido de rojo, seguía sin ver el punto de su amigo, porque la susodicha en cuestión le sacaba de quicio más veces de las que su repentino beso de hacía unos años le venía a la mente, y eso sólo podía significar que toleraba a la chica, no?
"¿Qué tiene que ver Rukia en todo esto?", había contestado intentando sonar molesto, aunque en vano, quedaba bastante claro que la mención de la pelinegra le movía. Aunque claro, que sus compañeros lo identificaran a su edad tan corta era otro tema diferente.
Por el contrario, Keigo y Kon se rieron de él.
"Awe Ichigo, Ichigo, eres todo un polluelo."
Y lo cierto era que lo era, y lo peor era que él lo sabía. Porque aunque tuviese apenas 9 años cuando por primera vez deseó ser más grande que su compañera, Ichigo había sabido "crecer" más rápido que el resto, por lo que la ausencia de su madre había representado para él a tan corta edad, por su papel de tener que ser el hermano mayor y al mismo tiempo el tener el ejemplo de Hisana san y su hija Rukia, sus dos vecinas que sin otra familia más que ellas mismas funcionaban como un equipo, a pesar de Rukia también era pequeña; había sido su modelo a seguir y, por lo mismo, aún a la corta edad de 9 años había entendido que quería el que su compañera le tratara como un igual.
Si eso era "enamorarse", lo ignoraba por completo; pero estaba seguro de que no tenía deseos de ver a Rukia con poca ropa a pesar de lo que pensaran sus amigos, todo indicaba que él no sería ése tipo de adolescente y si Kamisama se lo permitía, no sería jamás como el pervertido de su padre.
-¡I...chigo...o!
-¡Qué rayos!
Quizá fuera por eso que cuando la dueña de sus pensamientos le brincara encima aquella mañana, sin previo aviso, vistiendo nada más que una playera larga y un short diminuto de lycra negra, él sintiera más molestia que emoción.
-¡Qué rayos haces en mi habitación y bájate de mi cama! -Reclamó en un respiro.
La aludida desde luego que no hizo caso y se limitó a reír antes de contestar.
-¡Vamos a la playa!
-¿Uh?
...
Una rabieta más por parte del pelinaranjo, un medio desayuno y una hora de viaje después, las familias Kurosaki y Amamiya se encontraban en la playa, disfrutando del sol.
-¿No es lindo?
-¡Está todo sonrojado!
Bueno, todos menos Ichigo, que por alguna extraña razón no había podido salir de debajo de la sombrilla, todavía sentado sobre la toalla mientras miraba al montón de gente pasear de aquí a allá y una que otra chica adolescente hacia comentarios sobre su persona. Vale, Ichigo tenía un buen físico para su edad debido a sus clases de karate, pero seguía siendo casi un niño con un psique delgaducho, no precisamente musculoso y lo redondo de su cara aún no se le había quitado, por lo que a veces se veía más joven de lo que aparentaba. Y si a eso le sumabas que en realidad era demasiado, deMASIado tímido (y esto lo ocultaba bastante bien), resultaba obvio que los comentarios de chicas más grandes que él en bikini le redujeran a una masa roja de nervios y vergüenza.
-¡Ichigo!
Aunque claro, la verdadera razón del porqué seguía en el mismo lugar en el que lo había dejado Rukia hacía unos minutos, tras pedirle que le pusiera bloqueador en la espalda, recaía precisamente en algo que había hecho sin querer la pelinegra en cuestión.
-¡Ichigo! -El aludido dió un brinquito pero se limitó a no mirarla. Por su parte Rukia le miraba algo molesta, con las manos en jarras sobre las caderas -Deja de hacer el bobo y vamos a nadar, mira hasta tu padre se divierte más que tú. -Señaló, y ambos voltearon a verlo.
Fiel a su palabra, el Kurosaki mayor parecía divertido.
-¡Soy un tiburón! -gritaba mientras brincaba en el agua con un gorro con aleta de tiburón. Hisana a su lado reía mientras a ratos le esquivaba.
Ichigo sintió pena ajena.
-Es más bien ridículo -gruñó.
Rukia se cruzó de brazos.
-Te ves más ridículo tú ocultándote del sol. Pareces un viejo cascarrabias -Acusó.
El aludido le rehuyó aún más.
-Quizá lo soy...
-Vamos, ni siquiera Karin es así de amargada. -Señaló
Pero justo en ese momento Karin se irguió sobre la arena justo frente a Yuzu.
-¡Buah! -Gritó asustando a su compañera.
-¡Ah! mi tastillo! -Chilló la rubia.
A su hermano le escurrió una gota por la cabeza.
-Prefiero quedarme a cuidarlas.
-No seas tonto, para eso nuestros padres contrataron a una niñera
Tras la mención un hombre de tez morena salió a reconstruír el castillo destruido incluso con tres niveles más alto de lo que era antes, al tiempo que consolaba a la pequeña Yuzu y le ofrecía un balón de football a Karin.
-Todo bajo control -Reportó, los lentes de sol le brillaron.
Ichigo gruñó por lo bajo al darse cuenta de que no tenía excusa.
-Anda, vamos -Le pidió Rukia, jaloneándolo.
-¡No!
Y la fuerza con la que el niño se había vuelto a soltar de ella, haciéndose de nueva cuenta un "barrilito", fue suficiente para que Rukia se diera cuenta de cuál era el problema del rubio.
-¡Ichigo!, tienes una-
-¡No lo digas! -Pidió desesperado con la cara roja.
"Una casa de campaña", había querido decir ella, pero ni siquiera ella se consideraba tan cruel, no con él al menos. Tras un instante de duda, la pelinegra le tomó decidida.
-Vamos al agua -ordenó, al tiempo que le echaba encima una dona salvavidas.
-¡Oye! - él y apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Y es que cuando su compañera se decidía no había fuerza humana ni natural que pudiese contra ella. Le había tomado con suficiente fuerza para arrastrarlo hasta el agua y arrojárlo en ésta a una considerable distancia de la orilla.
Tras toser el agua que se le había alcanzado a meter por la boca, Ichigo buscó a la culpable y le miró molesto.
-Tienes que dejar esa mañita tuya de...
Pánico.
A Ichigo se le fue el aliento en cuanto Rukia se había acercado a él hasta tomarle el rostro con ambas manos y recargar su frente con la de él.
-¿Mejor? -Le preguntó.
Ichigo, todavía con las mejillas sonrojadas asintió. La "tienda" se había venido abajo. Gracias kamisama.
-No seas tonto, sabes que puedes confiar en mí; jamás te haría burla.
Rukia volvía a sonreír y él volvía a quedarse sin palabras. Ah... ahí estaba de nuevo esa sensación en la boca del estómago; ¿era a esto a lo que se referían cuando decían mariposas en el estómago?
...
Pasaron el resto de la mañana jugando en el agua, haciendo competencias incluso. Las gemelas junto con su niñera asignada se les unieron en algún punto también. Isshin y Hisana fueron los primeros en salir, para cuando los demás sintieron la necesidad de descansar del agua, ellos ya habían encendido una fugata en las rocas y calentaban un par de filetes de pescado junto con otras mengambreas.
Ichigo y Rukia fueron los primeros en alejarse del grupo una vez la comida hubo terminado. Descansando la misma, caminaban por la orilla del mar en completa paz. Cuando de repente, sin aviso alguno, Rukia soltó aquella pregunta.
-¿Y bien? ¿Qué chica fue la que te gustó?
Ichigo se congeló ahí mismo.
"Tú." Fue la respuesta inmediata de su corazón. Pero no podía decirle eso. No. No podía confesarle que había sido ella la que le había causado aquella vergonsoza reacción. No, jamás podría decirle que la sangre se le heló en las venas cuando ella se había quitado la playera holgada que llevaba puesta y revelado que lo que había pensado eran shorts diminutos, en realidad era parte del traje de baño y que le marcaba bastante bien el trasero, resaltando incluso las caderas y atenuando aún más la cintura de su compañera. ¿Cómo decirle que al seguir levantando la mirada, en un vano intento de cortar esos pensamientos tan ridículos, sus ojos descubrieron que los senos de su compañera ya eran notorios?, que sin duda habían crecido durante la primavera, pues Ichigo no recordaba haberlos notado antes durante los días de escuela. Que lo que había derramado el agua del vaso, había sido el momento en que sus manos habían tocado la piel blanquecina de su compañera, cuando ésta le había pedido le untara protector solar. Ella le había sonreído entonces, tan cerca a él que fue capaz de notar todas las partes femeninas que el traje de baño de ella acentuaba.
No. No podía decirle eso. No quería que lo viera como a Keigo y a Kon. Si kamisama se lo permitía, incluso jamás se permitiría ser como su padre y al diblo con la genética! No quería perder a Rukia y su confianza.
Y quizá fuera por eso que había terminado mintiendo.
-La que tenía, las, tú sabes... -dijo, haciendo gestos con las manos para resaltar el área a la que se refería.
Algo pasó por los ojos de Rukia entonces, que él no fue capaz de identificar.
-Debí suponerlo -dijo al fin, con algo parecido a la decepción.
-¿Eh? -Ichigo la miró confuso. -Para que lo sepas, es la primera vez que me pasa y ni siquiera sé porqué, no pienso
-Ya lo sé -Le cortó con algo de irritación en su voz, sin dar oportunidad a que los nervios de su compañero se desvanecieran, pasando por alto lo que el chico realmente estaba sintiendo. -No tienes que justificarte conmigo, así que está bien.
Él la miró avergonzado.
-Lo siento, me fue imposible no mirar...
Rukia asintió con la mirada lejana. Sólo entonces Ichigo se dió cuenta de que habían dejado de caminar.
-Nee, iré a jugar con las gemelas -soltó la pelinegra de pronto, echando a correr en dirección de las mismas.
Y dejando a Ichigo con más dudas que respuestas.
De vuelta al presente, Ichigo siguió a Rukia hasta el fondo del pasillo de trajes de baño femeninos, justo frente a los vestidores; y sorprendió a su compañera admirando dos trajes de baño; uno era negro de cuerpo completo y espalda descubierta, que él no tenía duda la haría lucir de lo más sensual; mientras que el otro era de dos piezas, un top y un short, con estampado de fresas, que él no sabía decir porqué, pero que prefería incluso por encima del negro.
-¿Vas a probártelos?
-Duh! -Ella puso los ojos en blanco.
A él le brincó una vena en enojo.
-Lo pregunto porque dijiste que no tardarías.
-Y no lo haré. -Respondió ella todavía sonriendo. -No voy a ir seleccionando otros; ya había venido con Momo pero no tuvimos tiempo de probarnos nada, así que sólo seleccionamos las piezas.
-¿Por qué no viniste con ella, entonces?
-Ya te lo dije. Yo quería venir contigo. -Le dijo señalándolo con su dedo índice en el pecho de él, dejándolo anonadado. -Ah! Disculpe, señorita...
El corazón se le oprimió en el pecho tan pronto ella se alejó.
No era que no quisiera estar con ella, particularmente ahí, en realidad aquello le emocionaba sobre manera; pero quizá se debía a las aspiraciones que tenía sobre la misma... Si él fuera más grande, mínimo de la misma edad que ella, quizá hubiesen ido ahí como pareja. Y él, aún a pesar de negarlo hasta el cansancio y de criticar a todo cuanto se comportaba en una forma vergonsoza, sin duda también se comportaría como un loco enamorado y "jugaría" con ella, haciendo un comentario aquí y allá que la sonrojaran y le hicieran sentir las piernas como gelatina. Quizá incluso se metería con ella en uno de los probadores y la retaría a desvestirse con él ahí.
...Pero ése era justamente el punto.
Tenía 12 años apenas... E incluso si su cumpleaños estaba a la vuelta de la esquina, todavía le quedaba medio año antes de poder salir de la primaria. Y Rukia iba en prepa... En enero del año siguiente cumpliría los 17 años y le sería aún más inalcanzable.
Y lo peor de todo, era que tenía novio, Renji. El mono bufón de pelo rojo que la hacía reír hasta el cansancio como Ichigo jamás había sido capaz. Ella buscaba verse deseable para alguien que no era él. Y quedaba claro que a él, ella sólo lo veía como su amigo, su vecino de toda la vida a quien cuidaba de vez en vez, el niño de quien estaba a cargo. Quizá hasta lo viese como a un pequeño hermano.
La vida era tan injusta a veces.
...
-¿Y bien?
Minutos después, Ichigo estaba sentado en uno de los sillones frente a los probadores, Rukia regresaba con él tan pronto la asistente le había entregado los trajes que ella había apartado previamente, mismos que dejó en la mesilla baja frente al sillón en el que estaba Ichigo.
-¿Te molestaría darme tu opinión? -pidió ella.
Ichigo miró ambas piezas con algo de aburrimiento (aunque en realidad se sentía decaído). Dos de los trajes de baño eran de cuerpo completo, uno era el negro que había visto anteriormente y el otro era de líneas de colores asimétricas en tonos marrones. El último era un bikini blanco decorados con el estampado de flores de cerezo en el lado derecho de las prendas. Y fue esta última pieza la que cambió el ánimo del chico.
Ichigo miró de reojo entonces a Rukia, la joven le rehusaba la mirada y tenía un ténue sonroje en sus mejillas. "¿Podría ser?", se preguntó Ichigo. Porque quizá no fuera su novio, pero en definitiva tampoco lo miraba como un hermano pequeño o no le estaría mostrando aquello. Ichigo volvió a mirar la prendas, el nerviosismo se había empezado a anclar de nueva cuenta en su cuerpo y se sintió como un tonto.
Porque un año atrás se había sentido igual.
-¡Hoy fue un día muy divertido! -Exclamó la pequeña Yuzu mientras todos subían de nueva cuenta en la van, listos para abandonar la playa.
-Estuvo decente -asintió Karin, se notaba cansada y sin duda sería la primera en quedarse dormida.
-Me da gusto que se hayan divertido, -respondió Hisana -una vez más Love, gracias por cuidar de las pequeñas
-Un placer madame -respondió el hombre.
Isshin se dispuso a arrancar entonces, mirando a los chicos por el retrovisor.
-¿Qué hay de ustedes, Ichigo y Rukia?
-Me divertí bastante, gracias -contestó la morena, siempre educada.
Ichigo sacudió los hombros en el mismo aire que su hermana Karin.
-No estuvo mal.
A su lado Rukia bufó, con la mirada perdida tras la ventana.
-Sí, supongo que con la vista que tuviste no podías quejarte -murmuró por lo bajo, pero Ichigo fue capaz de escucharle.
-¿Estás molesta conmigo? -cuestionó un tanto irritado.
Rukia se hizo la que no sabía nada y contestó de forma exagerada.
-¿Yo? -Dijo señalándose a sí misma y alrgando la voz -Para nada, ¿por qué tendría que estar molesta?
A Ichigo le tembló la ceja, sin tragarse la actuación de ella. Por su parte Isshin y Hisana compartieron una mirada antes de soltar una risilla que no pasó desapercibida para los demás.
...
Sin embargo, conforme el tiempo pasó se fue haciendo más evidente la molestia de Rukia. Le rehuyó tan pronto volvieron a casa e incluso si se había decidido cenar en casa de los Kurosaki, la morena hacía de todo con tal de no compartir el mismo espacio que el pelinaranjo, no sin antes mirarle con desdén. Había sido demasiado, e Ichigo la había enfrentado cuando ésta había decidido salir al patio trasero en cuanto él había entrado a la sala.
-Sí estás molesta conmigo. -Acusó por detrás de ella.
-¿Por qué te importa tanto? -Gruñó la joven, negándose a mirarlo y con la mueca del enojo adornando su rostro.
La molestia de Ichigo se desvaneció casi por completo, pues en realidad, debajo de toda esa molestia, su amiga se veía triste.
-¿Rukia? -Inquirió preocupado.
-No importa.
-Claro que sí importa, especialmente cuando me ignoras
-No te ignoro, simplemente tengo mejores cosas que hacer
Y así de rápido el enojo regresó.
-¿Ah sí? ¡Pues yo también! -le gritó, antes de darse la vuelta y avanzar con pasos grandes a su habitación.
...
Ichigo se encerró cerca de una buena hora. Tiempo en el que el problema del medio día volvió a llenarle el pensamiento; tenía tantos sentimientos encontrados que al final se había resignado a buscar ayuda en donde antes había pensado sería incapaz de buscar.
-¿eh? bromeas! ¿nunca lo has hecho?
Esa ayuda por parte de sus insperables amigos.
-No estaría teniendo este problema si no fuera así
Las risas se escucharon a través de las bocinas, los tres chicos que se miraban en la pantalla reían en complicidad; Keigo, Kon y Mizuiro le miraban cada uno con una sonrisa diferente.
-Awe Ichigo kun necesita iniciarse -señaló Kon con burla.
-No seas ridículo, no sé ni para qué les dije -gruñó.
Mizuiro se compadeció de él.
-No es tan malo Ichigo, es algo perfectamente natural y lo sabes bien. Ya sabes, clases de biología -señaló.
Keigo asintió efusivamente con la cabeza antes de agregar...
-Y anatomía, necesitas empezar a explorar -le dijo, elevando las cejas de manera sugestiva.
El rostro a Ichigo se le tiñó de rojo.
-Haa, no me están sirviendo de mucho.
Quizá no había sido tan buena idea el consultar a sus amigos (quienes por cierto eran unos pervertidos sin causa) si era normal el que se te parara de repente y qué hacer en ésos casos. ¿Pero a quién más iba a preguntarle? ¿A su papás? ¡Ni loco!
-La verdad es que tienen razón, no podrás controlarlo a menos que te hagas cargo del asunto. -Le advirtió Mizuiro, y había seriedad en sus palabras. Ichigo se mordió el interior del cachete, consciente de que las palabras de su amigo eran honestas. -Créeme, no desaparecerá por arte de magia, por algo nos repiten en la escuela que no debemos avergonzarnos
-Si! Así que prácticalo como si fuera un deporte -Exclamó Keigo.
-Y... no olvides tener la motivación a la mano -Le recordó Kon, enseñándole unas foto de mujeres en interiores para resaltar la importancia de sus palabras.
-Asquerosos -fue lo último que dijo antes de decidirse a cortar la comunicación.
Ichigo suspiró, dejándose caer de lleno sobre el respaldo de la silla frente a la computadora. Se quedó mirando el celular un instante.
No era tonto y claro que había hecho su tarea, sabía perfectamente a lo que se referían sus compañeros en el caso de lo referente a las erecciones y la masturbación. Y en definitiva no quería que algo como lo que le había ocurrido en la playa volviera a suceder. No había sabido cómo hacer que bajara y parecía que mientras más se abochornaba más necio estaba su miembro a permanecer erecto.
Había sido tan vergonzoso.
Pero luego Rukia había llegado a salvarlo. Como siempre y para varias, se burló.
Rukia.
"Ichigo kun"
Mirando a su alrededor y tras asegurarse de que las cortinas estuviesen discorridas y la puerta cerrada, Ichigo tomó su celular y paseó por las fotografías que muy a su pesar había tomado entonces de su compañera. Algunas sin decoro alguno de partes exclusivas de la misma; Ichigo se preguntó si sería más un chico de "traseros" (como había escuchado a los chicos de grados más grandes referirse a las preferencias de un buen trasero en lugar de un buen frente), al ver que la mayoría de las fotos era de la cintura para abajo de Rukia, o si quizás era simplemente a que debido a que había estado agachado en el suelo la mayor parte del tiempo, era simplemente la perspectiva que tenía.
Volviendo a revisar a su alrededor con la mirada, Ichigo conectó el celular a la computadora y pasó las imágenes a la carpeta oculta que era básicamente un folder de adoración a su vecina favorita. Cuando el proceso terminó y hubo desconectado el celular, se dió cuenta de que su "amiguito" había despertado de nueva cuenta. Erecto de nuevo y apuntando al cielo como un sable que lo retaba a duelo.
Y vaya que resultaba un reto. Ichigo tragó saliva. Era un ¿niño? ¿pre-adolescente? ¿chico?, argh lo que fuera, pero era normal, y como todo niño-preadolescente-chico normal, tenía necesidades biológicas de las debía encargarse si no quería pasar otra vergüenza en el futuro. Así que, convencido por fin por aquél pensamiento y pasando saliva por segunda vez, Ichigo metió la mano por debajo del pantalón y el boxer, hasta envolver su miembro en su mano derecha.
El corazón le retumbaba en los oídos y la sangre le había abandonado los dedos de los pies y las manos (pues los sentía helados) para dirigirse a otras regiones, al parecer, más importantes en ese momento.
Inspiró y exhaló profundo, con los ojos cerrados.
Y comenzó a "jalar" su miembro.
"No fue tan malo", pensó, tras un par de movimientos. Pero luego, al abrir sus ojos, lo recibió una serie de imágenes de Rukia que, sin saber cómo exactamente, estaban en modo de presentación y se sucedían la una a la otra. Y pronto ya no fue dueño de sus propios movimientos. Sumergido en mirar la imagen de su vecina favorita en traje de baño, su mano tomó conciencia por sí misma y comenzó un vaivén que le aceleró el pulso a su dueño, llevándose de paso su respiración obligándolo a jadear en un intento de seguir respirando.
La emoción se elevaba, sus músculos se tensaban y su miembro se sentía a punto de querer "explotar". ¿Sería eso la cumbre del orgasmo? Ichigo ya no pudo mantener los ojos abiertos, sus parpados se cerraron casi por sí solos, sin permitirle ser consciente de nada más que las sensaciones que subían por su vientre desde su miembro.
Estaba a punto de...
-¡Ichigo!
-¡!
...
Afonía.
...
Y literalmente el mundo se detuvo entonces...
...
Ichigo miraba en horror a Rukia, quien había entrado sin anunciarse (como siempre) corriendo y sonriente hasta que había visto la situación en la que se encontraba su compañero.
Rukia miraba a Ichigo en un estado parecido al horror, aunque había más shock que nada, ¿de verdad su adorado vecino estaba...?
Como siempre fue el más niño el primero en reaccionar, la vergüenza de ser descubierto haciendo "aquello", (por cierto que su mano seguía adentro de su pantalón; gracias kamisama por hacerlo tan tímido y facilmente abochornable aún en su propia y única compañía y no haberle dado la idea de "liberarlo").
-¿¡Qué estás haciendo?! -Gritó, Rukia reaccionó al instante.
-¡Perdona! -exclamó dándole la espalda, mejillas rojas.
Ichigo se apresuró a ponerse presentable. ¿Dónde rayos estaban las toallitas húmedas cuando se necesitaban? Su mano se sentía pegostiosa incluso si no se había "venido".
-Maldita sea, ¡toca antes de entrar!
-¡Tú deberías de cerrar la puerta! -refutó todavía alterada, nerviosa, abochornada y confundida y quizá un poco emocionada, mientras avanzaba hacia la puerta decidida a irse.
-¡Por educación debes anunciarte antes!
-Claro, no vaya a ser que te estés masturbando -murmuró por lo bajo a modo de burla.
-¡Oye!
Pero entonces algo hizo click en su cabeza, y se giró de nueva cuenta.
-¡Un momento!
Ichigo se alteró al verla, estaba por cambiarse los pantalones y se había quedado en boxer.
-¡Te acabo de decir que no entres, qué no entiendes?! -pero Rukia no lo escuchó, se fue directo a la computadora. Ichigo entró en pánico. -¡Oye! ¡Hey!
-¡Esta soy yo!
-¡No lo veas! Gritó, atravesandose en medio de ella y la pantalla de la computadora; exitosamente bloqueando la imagen.
Pero ya era tarde.
Mutismo.
Ichigo se animó a mirarle. Rukia se veía demasiado seria y él pasó saliva temiendo lo peor.
-No fueron ésas chicas... era yo... yo hice que... -Sus ojos brillaron cuando el entendimiento del contexto de la situación se asimiló y sus manos volaron a cubrir su boca, su expresión asombrada.
El pelinaranjo se avergonzó aún más.
-Cállate, no digas nada, por favor -balbuceó por lo bajo.
Pero al no recibir respuesta, se animó a mirarla otra vez y lo que le llamó la atención fue lo opuesto de la reacción que esperaba. No hubo gritos de pervertido, sucio, indecente, eres de lo peor, como había esperado. No. Todo lo contrario, la morena lo veía sonriente con ...¿adoracón?
¿Qué estaba pasando?
-Awe Ichigo kun
-¿Eh?
Rukia dejó salir una risilla cantarina.
-Te dejaré para que continúes.
Y salió sonriente de la habitación.
Dejando a su compañero todavía en boxers, húmedos he de hacer notar, y el corazón confundido.
Tardó un par de minutos más antes de reaccionar.
-¿¡AAAAAAAAHHHHH?!
El grito inundó toda la casa.
...
Instantes después estaban todos sentados a la mesa en el jardín, la carne se asaba en el asador.
-Se te ve muy contenta Rukia -Señaló su madre, Hisana.
-Es gracias a Ichigo -contestó ésta sin dejar de sonreír.
Las gemelas jugaban con love en el jardín e Isshin que estaba a cargo de la comida saltó al oír aquello.
-De modo que por fin hizo algo bien ése bueno para nada de mi hijo -recalcó elevando las cejas en modo sugestivo.
Al aludido el rostro se le coloreó aún más, a pesar de traer ropa limpia que no podía de ninguna manera evidenciar lo que había estado haciendo instantes atrás.
-Es un secreto -canturreó la morena.
-Ara, ara -exclamó Hisana, las manos en las mejillas.
-¡Podría ser! -A Isshin los ojos se le iluminaron.
-¡No es lo que piensas! -Le cayó Ichigo.
Rukia volvió a reír.
-Es incluso peor
Ichigo ardió en verguénza y enojo.
-¡Cállate!
Pero Rukia sólo volvió a reír.
Mirando los trajes de baño, Ichigo se preguntó ¿por qué había recordado aquello? No había sido precisamente una experiencia agradable, y sin embargo había sido el inicio de su pubertad y sus sueños húmedos, y su costumbre de masturbarse por las mañanas; pero aún así, no explicaba porqué era importante recordar la reacción de su compañera...
¿O quizá sí?
-Pues...
-Ya sé que no tengo las curvas de chicas como Rangiku, pero tengo buenas piernas, ¿a que sí? -Le sonrió ella, todavía luciendo ese sonroje en sus mejillas.
Ichigo suspiró desviando la mirada de su compañera.
-Creo que uno deportivo se te vería mejor
-¿Tú crees? -Ella le miró extrañada, él seguía sin mirarla.
-A menos que estés pensando en darle una impresión a alguien... Como tu novio -Dijo, entre irritado, molesto y decaído, casi decepcionado.
-¿Algo como esto?
Él volvió a mirarla entonces y el color le abandonó el rostro. Rukia le había puesto a centímetros de la cara un conjunto de bikini, cuya parte baja era una tanga diminuta y la parte de arriba eran apenas dos cintas gruesas que se ataban al cuello.
-¡No seas ridícula! ¡Irías prácticamente desnuda! -Gritó, arrebatándole la ofensiva prenda y arrojándola lejos, su compañera reía divertida. -Deja de jugar conmigo -Exigió, poniéndose de pie y tomando un traje que no estaba entre los que ella le había ofrecido. -Ten, pruébate éste.
...
Minutos después era el turno de Ichigo de tener las mejillas sonrojadas. Aunque no estaba mirandola y seguía sentado donde mismo, podía escuchar el susurro de la ropa cuando Rukia se desvestía y se probaba el traje; y el sonido mismo era suficiente para acelerarle el corazón.
-¿Y bien? -cuestionó tras un instante, seguro de que Rukia se admiraba en el espejo justo entonces.
-Tenías razón, éste es el indicado. -Respondió su compañera desde dentro del vestidor.
Ichigo sonrió.
Una hora después, tras hablar de todo y nada en el camino de regreso a casa, ambos se encontraban de vuelta a la residencia Kurosaki. E Ichigo tenía la intención de quitarse un par de dudas de la cabeza
-Rukia -empezó, pero su compañera le ganó hablando al mismo tiempo.
-Gracias por acompañarme hoy, te veré mañana -se despidió.
Pero Ichigo fue más rápido, antes de que la morena terminara de darse la vuelta, él la había detenido del brazo. La joven le miró confusa.
-¿Ichigo?
El aludido tenía las mejillas coloradas mientras apretaba la mandíbula y fruncía el entrecejo. Se veía que forcejeaba consigo mismo, con las palabras que diría.
-¿Por qué... querías que fuera yo?
-Porque confío en ti. -Fue la respuesta de ella.
"Sólo eso", pensó un tanto decepcionado mientras la soltaba al fin. Pero contrario a lo que creyó, ella se volvió para verle bien de frente.
-Y porque siento que... -Ichigo la miró entonces, notando el cambio en la voz de ella, se veía igual de tímida e insegura que él -Mientras crezcas, menos tiempo querrás pasar conmigo; así que tengo que aprovechar mientras aún pueda dominarte.
Aquéllo era ridículo, pensó. Él jamás se cansaría de estar con ella, estaba seguro.
-¿Y Renji?
La sonrisa de ella se deshizo. Y sacudió los hombros restándole importancia.
-Renji me verá cuando me vea -soltó.
...
Durante el resto de la tarde Ichigo siguió pensando en las palabras de su amiga y vecina y en cómo lo que había sucedido un año atrás seguía en concordanza con los sentimientos que la morena insistía en compartirle de vez en vez.
Quizá después de todo Rukia sí gustaba de él.
Estaba pensando en esto cuando se disponía a dormir tras salir de la ducha, todavía con la toalla secando su cabello cuando Rukia le llamó.
-¡Ichigo!
Al instante fue a su ventana y discorrió la cortina, pero lo que vió casi le da un paro cardiaco.
-¡Ah!
Rukia llevaba puesto el traje de dos piezas que a él tanto le había gustado, ése con las pintas de fresitas.
-¡Se me ve bien, no?!
Resultó que era mucho más sensual que el negro, pues el short era cachetero y la muy desgraciada le modelaba en distintas posturas para que no se quedara sin ver todos los ángulos posibles. Como la espalda descubierta pues resultó que el top, no era del todo un top.
-¡Estás loca! -Gritó con la cara roja. -¡Cúbrete!
Y en un acto de inercia le lanzó a través de la ventana la toalla con la que instantes atrás secaba su cabello...
...tan sólo para ver como ésta se detenía ni siquiera a medio camino y caía pesada sobre el cesped del jardín.
Mutismo.
Luego el quiebre de una risa, que se fue extendiendo hasta ser una carcajada.
-Debiste haberla hecho rollito, ahora tendrás que ir por ella. -Se burló Rukia -Ichigo tonto
Y se fue cerrando la ventana mientras continuaba riendo, dejando tras de sí a un enfurecido pero evidentemente abochornado Ichigo
-Maldita sea... -Gruñó.
No, se dijo. Quedaba claro que de lo que gustaba Rukia era de hacerlo enrabietar.
Pero ya era algo.
Al menos, no le era indiferente, se dijo. Sin mencionar que había sido él y no Renji quien había visto primero el outfit de Rukia.
Sin duda tenía nuevo material para esa noche.
A/N: Esta es una historia cute que se ha desviado casi por completo de lo que tenía en la cabeza...
