¡Hola!

Aquí ha estado lloviendo a montones desde ayer. Aún así, tuve que salir momentáneamente a realizar unas compras... ¡Así que estás son gotas de lluvia, no lágrimas!

Ah, por cierto. Creo que lo había mencionado antes, pero mientras escribía la mayor parte de esa historia estuve escuchando zen zen zense en un loop larguísimo jajaja. El punto es que, justo para este capítulo, empecé a variar esa selección musical. En este capítulo en especial estuve escuchando Be On Your Way, de Daughter, que para los que ya están acostumbrados a mi mamonería sabrán que es un grupo al que le tengo bastante aprecio. Cuando escuché esa canción en especial sentí que calzaba justo como anillo al dedo para esto así que, si les gusta ese estilo musical, se las recomiendo ampliamente.

¡Muchas gracias por tomarse algunos minutos de su tiempo para leer esto!

Disclaimer: MSLN Ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.

Capítulo 18: Antes de que te vayas

Era común para Nanoha desear que el tiempo pasara más rápido. Cuando el movimiento del pub era más lento, y el minutero del reloj parecía avanzar con pereza, fantaseaba con poder manipular el tiempo para hacer que su turno terminara mucho más rápido y así poder irse a dormir. Cuando estaba agobiada por la cantidad de actividades que necesitaba preparar para sus clases, no podía evitar sentirse ansiosa por el día de su graduación, queriendo que el tiempo avanzara lo más rápido posible para poder salir al fin de esa tortura estudiantil y así poder conseguir un buen trabajo que le permitiera de una vez por todas establecer una vida cómoda en la ciudad.

Pero no recordaba cuándo había sido la última vez que había deseado que el tiempo detuviera su avance, y los días se prolongaran lo más posible.

Ahora, que deseaba con todas sus fuerzas que el tiempo avanzara más lento, parecía que las horas avanzaban tan rápido que se desvanecían frente a sus ojos.

Con cada minuto que pasaba, con cada segundo que se extinguía, la partida de Fate se hacía más presente.

El suceso inevitable. Algo imposible de posponer. El desenlace que siempre había sabido que existiría, pero que ambas habían decidido ignorar al darse la oportunidad de estar juntas.

Lo habían hablado antes. Disfrutarían de ese tiempo juntas, fuese corto o fuese largo, y cuando llegase el momento se separarían, sin arrepentimientos, ni rencores. Era un destino que no podían cambiar.

Nanoha no se arrepentía de haber tomado esa decisión, pero sería una completa mentirosa si se hacía creer a sí misma que no había tenido la esperanza de que, su tiempo juntas, fuese aún más largo que lo que finalmente habían tenido a su disposición.

Luego de la sesión espírita que tuvieron Fate y su hermana, habían conversado nuevamente con Rein el tema de la transición de la rubia. Al percatarse del nuevo aspecto de la fantasma, la sacerdotisa también había notado que ya no parecía haber algún asunto pendiente que estuviese atando a la rubia a ese plano. Esta vez seguramente no tendría problemas para abrir el umbral que permitiría que Fate finalmente cruzara hacia el plano al que debería de haberse ido justo al morir. Incluso, hubiese podido abrir ese umbral esa misma tarde.

Pero, luego de una conversación privada con su hermano, la mujer de cabellos plateados había pautado el ritual para dos semanas a partir de esa fecha, aludiendo a la necesidad de prepararse previamente.

Y ahora, qué apenas faltaban un par de días para la fecha pautada, no podía evitar sentirse ligeramente apesadumbrada por la cercanía de la partida de Fate.

El espectro parecía haber aceptado la inevitabilidad de su situación sin chistar. Incluso, se podría decir que estaba feliz. Pero Nanoha no era tonta. La joven fantasma podía pensar que los estaba engañando a todos pero, para ella, que había llegado a conocerla tanto, era muy fácil darse cuenta de la actitud anhelante de Fate cuando estaban a solas, como si la rubia necesitara tenerla entre sus brazos el mayor tiempo posible. Sus besos ahora estaban cargados de un anhelo, una necesidad y una intensidad que encendía sus adentros con una llama implacable, casi como si la rubia necesitase fundirse con ella de una manera tan profunda que no pudiesen separarse.

Aunque sonriera después, Nanoha podía ver de nuevo la melancolía en esos ojos borgoña que tanto disfrutaba mirar. A Fate, también le estaba doliendo su partida.

Eran tantas las cosas que le hubiese gustado hacer con la rubia antes de que tuviera que irse.

Si Fate estuviese viva ¿Todo sería diferente?

En esa calurosa tarde de verano, cuando llevaban casi un año de su primer encuentro, una idea descabellada se formó en la cabeza de Nanoha.

- Fate - susurró, acercándose.

- ¿Sí? - preguntó Fate, mientras tomaba una de sus manos en un gesto cariñoso.

- Tengamos una cita.

Fate, con el rostro iluminado por una sonrisa, se dispuso a levantarse para dirigirse hacia la cocina, cuando Nanoha la detuvo.

- No estoy hablando de una cita en casa como siempre - aclaró la cobriza, con determinación - Tengamos una cita, afuera. Solo por hoy.

Al ver la chispa de ilusión en los ojos de Fate, supo que su idea no había sido tan descabellada después de todo.

Solo por ese día olvidaría la barrera física que las separaba. O, al menos, se adaptaría lo suficiente como para que esa barrera dejara de importar.

Esa tarde serían solo ella y Fate, en el mismo plano, y en el mismo espacio.

Sabiendo que tenía que aprovechar el poco tiempo a su disposición, Nanoha fue a ducharse y a alistarse para su nueva cita con Fate, mientras la rubia, con una sonrisa tonta plasmada en su rostro, la esperaba pacientemente sentada en el sofá. Luego de estar lista, y de una rápida llamada a un compañero de trabajo para que cubriese su turno en el bar, le hizo una seña a Fate para que la acompañara y juntas salieron del departamento en dirección hacia el centro de la ciudad.

Mientras viajaban en el autobús en dirección al centro, Nanoha evaluó sus opciones. Había muchas actividades que a Fate se le haría bastante difícil, si no imposible, disfrutar en todo su esplendor por su condición de fantasma. Eso la hizo descartar cosas clásicas como el salir a comer, porque era algo que simplemente la chica no podría hacer. También, eso le recordó que otras cosas clásicas sí que podrían ser disfrutadas por la rubia. Como el ver una película.

Aprovechando la lentitud del avance del vehículo, buscó en su teléfono celular la cartelera disponible en el cine del centro comercial que tenían más cerca, mostrándosela a Fate, quién se apresuró a elegir una película de romance con pinta de ser similar a esas comedias románticas que disfrutaba. Suspirando, Nanoha revisó la disponibilidad de entradas para percatarse que, como al parecer esa película ya llevaba algunas semanas en la cartelera, habían muchísimos asientos disponibles.

Desde la página web del cine compró dos entradas tan solo para asegurarse de que, el asiento que estaba justo a su lado, quedase libre para Fate.

Al llegar al cine, retiró las entradas por la máquina de autoservicio y, luego de comprar unas palomitas, ingresaron a la sala.

Afortunadamente la sala se mantuvo prácticamente vacía durante toda la función, sobre todo porque Fate parecía haberse concentrado tanto en la película que cada vez que el antagonista hacía aparición en alguna escena, casi como si fuese un reflejo tomaba una de las palomitas y la lanzaba hacia la pantalla. La oscuridad de la sala también les permitía permanecer tomadas de las manos sin levantar sospechas.

Luego de un emotivo final, que hizo que a Fate se le escaparan algunas fantasmales lágrimas, salieron del cine para regresar a casa.

Cuando pusieron un pie fuera del centro comercial, Nanoha se percató de que ya se les había hecho de noche. El calor infernal que había hecho durante la tarde estaba siendo reemplazado por una fresca brisa que casi se sentía como un bálsamo y, las luces de la ciudad, ya plenamente encendidas, le daban la sensación de que quizá aún era muy pronto para regresar el departamento.

La noche era joven.

- ¿Quieres ir a bailar? - susurró, ante la sorpresa de Fate.

Nanoha ni siquiera esperó por la respuesta de la fantasma antes de hacerle una disimulada seña para que la siguiera. Intentando recordar la ubicación de un local nocturno que, al inicio de su vida universitaria, había visitado un par de veces con Hayate y algunos otros conocidos de la universidad, avanzó por las calles a paso rápido con Fate flotando a su lado intentando esquivar a los otros transeúntes para no ser atravesada por aquellos que no podían verla.

Una vez dentro del club, con un par de shots de tequila a cuestas y con su cuerpo moviéndose prácticamente solo al compás de la música alta, se posicionó en un solitario rincón en donde sabía que no sería molestada frecuentemente, y empezó a bailar.

Para muchos que intentaron acercarse a bailar con ella y fueron rechazados, la visión de una mujer joven decidiendo firmemente bailar sola en un rincón era un acontecimiento bastante extraño.

Pero solo pensaban eso ya que eran incapaces de ver como, justo frente a ella y sin dejar de sonreír ni un minuto, un fantasma de cabellos dorados bailaba con la mujer siguiendo el mismo ritmo, como si nadie más estuviese a su alrededor.

Cuando regresaron a casa, a una hora absurda de la madrugada y riéndose de cualquier cosa, Nanoha no podía estar más feliz.

Su cita había sido perfecta. La había pasado increíble. Fate sonreía como nunca y, en sus ojos rodeados de esa luz mortecina a la que se había acostumbrado, había un brillo especial que le mostraba que su compañera también estaba extasiada con los eventos de ese día.

Solo faltaba algo. Una única cosa. Un último capricho por cumplir antes de lo inevitable.

Una última cosa por cumplir, antes de que Fate tuviera que irse.

Cerrando la puerta tras sus espaldas, Nanoha tomó la mano del fantasma y, mirándola con vehemencia, la condujo hacia su habitación.

Una vez dentro de la espaciosa recámara no se preocupó en encender la luz, pero sí dejó encendida la radio a un volumen moderado, reproduciendo desde su teléfono una playlist con canciones suaves que había estado escuchando durante los últimos días, cada vez que iba camino a la universidad o a su trabajo. Muchas de esas canciones le recordaban a Fate.

En penumbras, se acercó a Fate y, tirándola hacia ella, la besó.

- Esta fue la mejor cita de mi vida - susurró.

- Y esta fue la mejor cita de mi vida, y de mi muerte - admitió Fate, mirándola intensamente mientras rodeaba su cintura.

No pudo evitar estremecerse ante la intensidad que percibía en esa mirada. Parecía que, tan solo con mirarla, Fate estuviese intentando decirle todo aquello que no podía expresar con palabras, mientras que sus manos heladas se deslizaban por sus caderas, calentando irónicamente sus adentros a pesar del frío tacto.

Aún no habían pasado a ese otro nivel. Fate siempre había sido tan prudente en sus acciones que no se había atrevido a tocar más de la cuenta.

Pero ese momento, entre las sombras de esa habitación, con esa cercanía que la estaba matando lentamente, era el momento perfecto.

- No quiero que esta noche termine - murmuró Nanoha, acercándose nuevamente a los labios de Fate.

Fate, por esa noche, utilizó toda la energía que tenía a su disposición para hacerse lo más corpórea posible, permitiendo que Nanoha se aferrara a ella mientras, con manos temblorosas, desabotonaba el vestido de la universitaria y lo dejaba caer a sus pies. La llenó de besos con cada minuto que pasaba, y sus manos recorrieron cada surco de la piel de Nanoha, explorándola como nunca se había atrevido a hacer antes. Sus gemidos inundaron sus oídos, sonando como una intensa canción de amor que no tenía fin, y silenció con su boca el sonido de su nombre proveniente de la garganta de la mujer que temblaba entre sus brazos cada vez que alcanzaba la cúspide.

Por esa noche, la vida y la muerte se unieron en un baile que parecía no tener principio ni final, ajeno al espacio, y al tiempo.

Y, cuando la luz del sol empezó a asomarse tímidamente por las cortinas de la habitación, y la cobriza yacía rendida entre sus brazos, no pudo resistirse a elevar una plegaria silenciosa al universo mientras trazaba suavemente caricias sobre su cuerpo desnudo.

Silenciosamente, rogó ser capaz de repetir esa noche una vez más.


Nadaoriginal: Un buen sacerdote no revela sus secretos :p Aunque yo también quisiera tener ese truco! Y bueno, lo has dicho en capítulos anteriores. Press F to pay respects al corazón de Nanoha. Así es la vida!

Chat'de'Lune: Ah, es el ciclo de la vida. Hay cosas que son inevitables, pero el tiempo es sabio. Creo que lo que sucede en este capítulo es justo esa metáfora que me comentabas, ¿O no? :p

Miko86: La culpa funciona de maneras muy extrañas querida Miko. Y en eso también tienes razón. Con el capítulo pasado no solo Fate alcanzó a tener paz. Alicia, de cierta manera, también lo hizo, solo que para Alicia ese alivio significa la posibilidad de poder continuar con su vida esta vez con la mente tranquila, pero, para Fate, ese alivio se traduce en poder continuar su camino de otra manera. Esta es otra lección para aprovechar cada momento, por más efímero que sea.

Guest: Hi! Well those are really a pair of dense women. Really meant to be for each other hahaha! And that's right. At this point they both know the certain of the unavoid, so, with little time left, they made the choice of take the very best of it. Better have a memory to treasure, than to have the regret of don't take a chance. Have a nice week!

Parece que nos quedan pocos domingos juntos! Espero tengan todos una buena semana.