Capitulo 4. Una Fisura en el Cristal
Con el amanecer de un nuevo día, la caravana de Hilda se marchaba de regreso a su país natal con indicaciones precisas de los pasos a seguir, Athena después de despedirlos camino en dirección a la casa de virgo pero un caballero de porte majestuoso y autoritario le impidió el paso con sus palabras algo recriminantes
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- Athena, ¿porqué últimamente estás tan extraña?, vas y vienes como si fueras un fantasma y no sales de la casa del caballero de virgo, te vez cansada, preocupada ... ¡te ves fuera de ti!. Como tus caballeros tenemos el derecho y obligación de saber que es lo que te pasa. - expresó el caballero de Escorpio con un semblante molesto en su rostro al tiempo que otros caballeros se acercaban para saber el motivo del actuar de Milo.
- Milo - mencionó en tono bajo la regente del santuario mientras veía a sus demás guardianes acercarse y con una sonrisa nerviosa continuó, - no esta pasando nada en absoluto, creo que has estado pensando demasiadas cosas estando en soledad; a veces hay consultas que tengo que tratar con Shaka y por eso voy a su encuentro pero eso de ser un fantasma no lo creo, siempre he andado en completa libertad en el santuario y jamás me he escondido de ustedes.
Milo no se veía convencido con esa respuesta y siguió mirándola recriminante.
- ¿Y cómo explicas que te veas desmejorada y preocupada?.
Athena titubeo un poco pensando en lo que tenía que decir pero otro caballero a su lado intervino.
- Milo comprendo perfectamente el que estés preocupado por la señorita Athena pero no la agobies con tus preguntas como si fueras un juez que va a dictar sentencia, por otro lado - mirando a la diosa y dirigiéndose a ella - Escorpio tiene razón señorita Athena, debería visitar a un médico porque aunque usted sea una diosa, su cuerpo es mortal. Por favor permítame acompañarla a la aldea para buscar a un doctor.
Athena miró con ternura al caballero de Leo y a Milo, - No deben preocuparse pero para la tranquilidad de ustedes iré a visitar a un médico, mañana Aioria y Milo me acompañarán, por ahora tengo algunos asuntos por atender, los buscaré mas tarde para organizar esa salida - sonriendo con mayor tranquilidad se dirigió a la casa de virgo para poder ver a Pandora.
Al entrar a la casa, el silencio absoluto reinaba por lo cual sus pasos la llevaron hasta el centro del recinto donde el sacro caballero se encontraba en una meditación profunda pues mantenía la posición de flor de loto y levitaba unos cuantos metros de su altar, emanando su poderoso cosmo dorado que se sentía más en paz. Sin abrir los ojos Shaka mencionó unas palabras al sentir la presencia de su diosa.
- ¡Athena se bienvenida!, supongo que vienes a ver a tu invitada.
- Así es Shaka pero no interrumpas tu meditación, solo abre el portal y yo iré sola - con un tono amable y sin intención de distraer al caballero.
- ¿Sola?, ¿con esa mujer?, es como si quisieras ir al inframundo sin armadura y enfrentar a su regente - mencionó con algo de sarcasmo el joven discípulo de Buda que había dejado ya su postura de loto y buscaba el mejor lugar para abrir el portal con un ligero movimiento de su mano.
- Todavía no puedes confiar en ella - contestó la diosa moviendo la cabeza y sonriendo.
- Adelante querida Athena, voy detrás tuyo.
Viendo ya la sala gemela al otro lado, Saori entró y caminó algunos pasos, Shaka la seguía ya con los ojos abiertos pero no se encontraba cerca la heraldo, su cama estaba vacía por lo cual decidieron buscar más hacia dentro, Shaka miraba con detenimiento para no ser victimas de alguna pasos los llevaron hasta el estante de agua cristalina y fue donde encontraron a la joven mujer, en lo alto de uno de los sakuras y sentada en una rama que daba justo a lo profundo del agua, ella volteo por el ruido de las pisadas, sus ojos estaban hinchados pues parecía haber llorado mucho.
- Pandora baja de hay, podrías hacerte daño - dijo en voz alta y preocupada la diosa - Shaka por favor ayúdala a bajar antes de que se lastime.
El caballero asintió y camino en dirección del árbol, - Heraldo no sé como subiste hasta allá pero te ayudaré a bajar, Athena quiere hablar contigo. - parado frente al inmenso tronco.
La joven solo miro a Shaka que estaba por subir y con desanimo regresó su mirada al agua continuando en silencio.
- Pandora - pasando saliva con dificultad pues había leído sus intenciones mientras se acercaba también a la orilla del lago - ¡espera!, sé que no te sientes bien pero baja para que podamos hablar, quiero ayudarte.
La diosa en su desesperación extendió el brazo hacia la heraldo como si pudiera alcanzarla pero el caballero de virgo ya estaba en la misma rama y a pocos metros de alcanzarla, la joven volteo con pesar y molestia hacia la diosa.
- ¿Ayudarme?, ¿a qué?, si para mi no hay un futuro - apretando los puños con furia - y mis sentimientos, ¿qué sabes tú de mis sentimientos?, ¿qué saben los espectros, los dioses o este caballero que profesa tu verdad?... ¡no saben nada!, solo creen saber lo que es mejor para mí, solo quieren manejar mi vida a su completo antojo.
Las palabras de Pandora estaban llenas de reproche e ira acumulada a través del tiempo, Shaka la miraba con empatía, nunca hubiera imaginado que esa comandante tan fría pudiera tener un corazón ardiente como el fuego que también sintiera el dolor, extendió su brazo hacia ella y con voz baja y tranquila le hablo.
- Yo no sé lo que es mejor para ti ni lo que debes o no hacer, eso es algo que solo a ti te corresponde, tu futuro no le pertenece a ninguna deidad, no eres un títere sino un ser con voluntad - la miro con algo que se parecía mucho a la ternura - ven conmigo, yo voy a cuidar de ti hasta que sanes, también quiero ayudarte.
Ella estaba estupefacta por sus palabras y nuevamente sus ojos se llenaron de lagrimas que la hacían ver tan frágil.
- Estoy cansada de todo esto.
Respondió con voz triste al caballero y sin dar tiempo a nada dejó caer su delicado cuerpo al lago, salpicando ligeramente a Shaka que no acababa de creer lo que sucedía...
- ¡Pandora!
Los gritos de Athena despertaron al portador de la armadura de virgo quien en una rápida reacción se lanzó al agua para rescatar a la joven y aunque el agua fuese cristalina era algo difícil ver en ella, el caballero de virgo buscaba en todas direcciones hasta que una voz en su mente lo llamo como un rápido susurro...
- ¡Shaka!...
Entonces volteo sin dirección, sólo por instinto y pudo ver una silueta femenina que poco a poco se hundía, sus cabellos negros se enredaban en el vaivén del agua y sus brazos no mostraban fuerza alguna, él nadó con rapidez hasta poder alcanzarla tomando su muñeca para así poder jalar a la dama hacía su cuerpo tomándola ahora por la cintura para tener un mejor apoyo.
(¡Pandora resiste!), repetía en su mente el caballero que nadaba hacia la superficie, pronto se vio una hermosa cabellera rubia salir del agua cual preciosa obra de arte y en sus brazos una joven inconsciente que causaría envidia en los mismos ángeles del Olimpo.
- ¡Oh lo lograste! - gritaba Athena preocupada y emocionada por verlo salir del agua con Pandora en sus brazos, corrió hasta ellos para ver en que podía ayudar.
Shaka colocó con cuidado a la chica sobre el verde césped acercando su oído al pecho de la dama sólo para percatarse que aún se sentían sus latidos del corazón, miró a Athena con cierta esperanza y de inmediato le dio reanimación, luego colocó sus labios sobre los de ella y continuó hasta que Pandora comenzó a toser y expulsar el agua, Athena dejo salir un suspiro de alegría y gratitud pero el caballero solo miraba a la chica que poco a poco se reponía, él respiraba lento y su expresión era indescifrable.
- Diosa Athena Pandora debe descansar, voy a llevarla a su cama y sugiero que por hoy terminé ya su visita - mencionó serio el caballero mientras la levantaba y arropaba entre sus brazos, recargando el rostro de la dama en su hombro.
- ¡Eh! - expreso la magnánima divinidad sorprendida por la extraña actitud de virgo pero sin más asintió y camino junto con él a la habitación de la joven.
- Déjame ayudarla a cambiarse y después me iré - mencionó con tono amable.
- Lamento si fui grosero Athena pero me siento perturbado por todo lo que esta sucediendo, por favor perdóname y cuida de ella, yo iré por algo para que pueda comer. - dejando a la joven en una silla y al cuidado de su diosa.
El portal de nuevo se abrió y Shaka regresó a su recinto donde preparo algunos bocadillos y los colocó en una charola luego tomo una toalla y regresó a la sala gemela; Athena ya había secado a la joven y colocado un nuevo vestido color blanco.
- Lo ves, ya estás mucho mejor y mira lo bonito que te luce el color blanco - en la mirada de Saori solo se mostraba cariño y alegría hacía su acompañante, sin embargo la joven heraldo no emitía ni una sola palabra.
Shaka admiraba la devoción con que su diosa trababa a Pandora, caminó hacia ellas y colocó la charola en la mesa para luego con la toalla que traía comenzar a secar el largo y oscuro cabello de la heraldo.
- Athena te ves bastante cansada - dijo con voz suave al fin.
- A decir verdad hoy si lo estoy Shaka, ha sido un día lleno de bastantes emociones- dejando escapar un suspiro.
- Ve a descansar, tu cuerpo humano es frágil y debes darte tiempo para reponerte.- mirandola preocupado.
- Gracias por preocuparte por mi - dijo con una sonrisa - me iré ahora para descansar.
- Permítame acompañarte Athena.
- No es necesario, quedate con Pandora y cuida de ella, vendré mañana.
El caballero dorado asintió y abrió el portal para ayudar a su diosa a salir, luego regresó a la sala gemela. Pandora ya tenía el cabello seco y ahora estaba en su cama con un semblante triste. El morador de la casa de virgo aunque sentía algo de enojo por todo lo ocurrido se acercó hasta la cama, quedando a pocos metros de ella sin embargo la joven estaba de espaldas a él; unos minutos de silencio pasaron hasta que Shaka tomo la iniciativa de hablar.
- Es raro verla con una vestimenta de color diferente, señorita Pandora - busco alguna reacción en ella pero al parecer no había ninguna - su rostro se llena de luz con ese tono blanco.
Tras esas palabras vino a la mente de Pandora un recuerdo muy antiguo, uno donde caminaba con un joven más alto que ella y de abundante cabellera blanca, el momento era grato pues se les veía sonreír sin ninguna preocupación...
- Pandora cuando llegue la utopía del señor Hades, le pediré tu mano en matrimonio y lucirás un vestido blanco más hermoso que el que traes puesto - dejando escapar un suspiro mientras le regalaba una mirada ardiente a la dama - ¡Oh eres como un ángel!.
- ¡Pero que cosas dices Minos, eres un pícaro irrespetuoso! - contestaba la comandante sonrojada por las palabras de su guardián y su mirada, luego cambiando a un semblante algo triste bajo la cabeza - cuando la utopía llegue, el señor Hades me necesitará más que nunca, no creo que quiera ceder mi libertad ni a ti ni a nadie.
- Pandora - tomando la mano de la joven heraldo sin importar el atrevimiento y esbozando una sonrisa tierna - buscaré la manera de hacerte libre y sino pudiera, entonces me hundiré contigo, estaré donde tú estés, ¡es una promesa!.
- Minos - mirándolo con la esperanza de creer en sus palabras.
Pandora abrazando sus rodillas cerró los ojos con fuerza y aguanto aquella melancolía que el recuerdo le dejaba, Shaka observaba en silencio y sentía un extraño nudo en la garganta, extendió ligeramente su brazo para tomar el hombro de aquella desamparada mujer sin embargo no pudo tocarla, no tuvo valor para hacerlo, ella levanto la mirada dirigiéndola hacia un punto indefinido frente a ella, entonces esbozo una muy sutil sonrisa.
- No siempre vestí de negro, hace mucho tiempo usaba todos los colores que puedas imaginar. Adopté el negro cuando tome mi lugar como comandante y heraldo de mi señor Hades.
- Debiste llevar una vida tranquila en ese entonces.
- Si, mi vida fue buena pero tiene un antes y un después, la luz y los colores fueron ajenos para mi cuando acepté mi destino.
Ella se levantó de la cama mirando hacia la mesa donde estaba la charola, el color rojo de unas frutas llamaron su atención, con porte altivo fue hasta ellas y descubrió que eran fresas, se sintió agradecida con el caballero y tomo una para comerla.
Shaka se levantó de la cama observando como disfrutaba de su cena, dio media vuelta para marcharse.
- Bien señorita Pandora disfrute de su cena y descanse, debo volver a mi meditación.
Ella giro su cabeza en dirección del caballero que ahora le daba la espalda - ¿Porqué me salvaste hace un rato?, comprendo la devoción y lealtad hacia tu diosa pero si me hubieras dejado morir, tu diosa no tendría un peso tan grande sobre su espalda. - el semblante de Pandora era totalmente frío y distante de toda emoción.
Virgo volteó con un porte de grandeza y miró a la dama, sus ojos negros eran tan fríos y aterradores, algo digno de la comandante de los 108 espectros - Athena esta arriesgando mucho por mantenerte a salvo y su gran convicción es algo que me inspira, desde hoy señorita Pandora, tu seguridad es también mi misión y razón de existir.- los grandes ojos azules del caballero mostraban una inminente determinación.
- Me impresionas caballero de virgo, eres bastante enigmático - en sus labios una sonrisa irónica se mostraba igual que una profunda pena en su hablar - pero no te has puesto a pensar que yo ya no tengo futuro, que mi tiempo se ha terminado y solo es cuestión de que despierten los dioses gemelos, ¿porque gastar tiempo y energía en alguien que ya pertenece al mundo de los muertos y no mejor en aquella que va floreciendo como las rosas de la segunda prisión?.
- ¿Qué? - con gran intriga Shaka se acerco hasta Pandora, quedando frente a frente clavo su mirada en la de ella - habla claro Pandora, ¿porqué dices que vas a morir y quién es esa flor que mencionas?, ¿es a caso el recipiente para tu alma?.
La comandante sonrió para dar la impresión de que no le preocupaba.
- Esa mujer nunca podría comandar a los 108 espectros ni estar a lado de mi señor sin embargo el dios de la muerte así lo ha dispuesto, él no puede perdonar mi última decisión en la pasada guerra santa y es por ello que ha dado su veredicto - el semblante pese a su arrogancia dejaba ver un cierto temor - hoy tuve un sueño donde el señor Thanatos dijo que me encontraría y extinguiría mi alma como polvo estelar no sin antes terminar con la vida de quienes me protegieran.
- ¿Entonces fue por eso que saltaste al lago?, ¿querías acabar con tu vida para que Thanatos no te encontrara?.
- Si yo muero la semilla muere conmigo y el señor Hades no tendrá como venir a este mundo, el señor Thanatos cree estar por encima de todos, incluso de su hermano y subestima la inteligencia o valentía que podemos tener - regalándole una mirada de agradecimiento a Shaka - además no quiero cargar con más muertes y sufrimiento del que ya he causado.
Al percatarse de esa mirada agradecida y de sus nobles intenciones que ocultaba, el corazón del caballero dorado palpito extrañamente y manteniendo la mirada firme en Pandora con porte gallardo.
- No tienes porque tomar medidas así de drásticas en soledad, la diosa Athena te ha brindado la oportunidad de una nueva vida y de un hogar aquí aún sabiendo lo peligroso que esto puede llegar a ser; yo no podía entenderla pero creo que ahora lo hago. Pandora si te quedas en la sala gemela ni el mismo señor del inframundo podría alcanzarte y yo te protegería hasta de ti misma, con mi vida si es necesario - tras decir esto, Shaka sintió como un rubor se adueñaba de sus mejillas e intentó voltear el rostro a otro lugar para que la dama no se diera cuenta.
Era evidente que esa chica había despertado en él un sentimiento de protección, algo que nacía desde lo profundo de su corazón.
La joven heraldo sonrió sin reparo alguno, mostrando una ternura jamás vista pues el sonrojo de Shaka la había conmovido y la hacía querer confiar en él y en Athena, se sentó a la mesa y tomo un bocadillo.
- Quédate a cenar conmigo, en realidad jamás me ha gustado cenar sola.
El santo de virgo asintió y tomo asiento frente a ella, tomo algunos bocadillos pero no mencionó palabra alguna, el silencio fue el anfitrión principal de aquella velada más ninguno se sintió incómodo, recuerdos gratos llegaron a la memoria de Pandora, muchas cenas con Wyvern a lado y en completo silencio ... Ella suspiro llamando la atención de Shaka que de reojo la miro con sutileza y noto que ya se encontraba más tranquila.
Minutos más tarde la cena termino, Shaka volvió a su casa y Pandora se fue a descansar, necesitaba dormir para poder tomar una decisión definitiva; después de cerrar el portal, el caballero dorado fue hasta su sala para meditar pero fue en vano porque al cerrar los ojos era inevitable que la imagen de la dama no llegara a su mente, una y otra vez lo intentó sin obtener respuestas pues sus labios sobre los de ella lo ponían nervioso y descontrolado aunque sólo lo hubiera hecho para reanimarla. Cansado decidió mejor ir a su cama para dormir y despejar su mente.
La noche seguía avanzando lentamente cuando en un poblado perteneciente a Europa, un joven se encontraba entre el abrigo de las sombras deslizándose hábilmente como fantasma sin nombre y forma apenas perceptible por la luna llena, quedándose quieto en un pequeño claro que inevitablemente le traía un recuerdo.
Allá en un viejo castillo de la familia que tan próspera había sido antes de que el señor del inframundo los eligiera, una mujer bastante joven aún divagaba en sus pensamientos parada bajo un gran árbol que apenas era iluminado por los tímidos rayos de la luna hasta que los pasos firmes pero ligeros de un caballero con fantasmagórica armadura la hacía voltear a la realidad solo para darse cuenta de que era él, uno de sus mas fieles amigos, su leal Kyoto que le recibía con una sonrisa maligna y fría.
- ¿Otra vez siendo asediada por esos pensamientos?, te he dicho que los deseches pues yo estaré al frente de tu ejército para llevarlo a la gloria de tu mano y protegerte al igual que al señor Hades aunque me cueste la vida - mencionó con voz solemne y profunda la noble estrella de la Nobleza al tiempo que le regalaba una mirada ardiente a su comandante.
Ella solo se limito a sonreír con ese oscuro encanto que la representaba y sostuvo la mirada apasionada de su gallardo juez, - Minos no me queda duda alguna de que tú y Radamanthys llenarán de orgullo al señor Hades y de mi mano llevarán a su ejército a la victoria - lamiendo sus labios carmesí de manera provocativa al tiempo que caminaba hacia él para estar más cerca y colocar una mano sobre el frío pecho de la armadura de Grifo - sin embargo conoces mis verdaderos sentimientos, aquellos que se niegan a morir junto con mi antigua vida.
Minos que era mucho más alto que ella se sentía diminuto ante su presencia y respiraba con cierta dificultad pues su corazón latía descontrolado al tener tan cerca a esa enigmática mujer, algo que ella disfrutaba y por ello jugaba con atrevimiento; el Kyoto de blancos cabellos tomo la suave y pálida mano de su tan anhelada mujer e hizo una reverencia apoyando su rodilla en el suelo.
- ¡Pandora, mi fiera regente!, te juro que ganaré esta guerra y presentaré la cabeza de Athena al señor Hades para que quede complacido. Después de ello pediré tu libertad y mano en matrimonio para vivir en la utopía prometida. -Luego se levanto y esbozo una gran sonrisa de confianza sin soltar la mano de la dama.
- Minos admiro esa confianza que muestras - recargó su rostro en el amplio pecho de su juez y cerró los ojos.
El Kyoto más que emocionado mantuvo entrelazada ambas manos y con la otra acarició el largo cabello de la heraldo guardando silencio...
- De todos los espectros que vagan por el mundo, tú eres al último que pensaría en encontrar - volteando de reojo al sentir el cosmos de su homólogo y despertar de su recuerdo. -Los rumores de que estabas por aquí eran ciertos Radamanthys.
- ¿Qué pasa contigo Minos?, llevo tiempo mirándote inmerso en las sombras y tú estás absorto en tus pensamientos, fue por ello que utilicé mi cosmos. - contesto el portador de la Surplice de Wyvern saliendo lentamente de entre las sombras con un semblante frío y serio.
Con tono sarcástico volteo hacía él y contestó - También me da gusto verte amigo. - dejando el sarcasmo de lado interrogó al juez - Y dime ¿qué haces en estos lares?, supe que te envió el dios de la muerte.
- Pues al fin encontré a la portadora de la semilla y recipiente del alma de Pandora y ... - haciendo una breve pausa para mostrarle a la estrella de la nobleza un mítico objeto.
- ¡Es el collar que tiene acceso al inframundo y a los campos elíseos! - respondío muy sorprendido Minos. - Radamanthys... llévame con ella, quiero conocer a la nueva comandante. - sabiendo de los oscuros planes que Thanatos tenía para Pandora.
- Aún no es tiempo de que la conozcas, el dios Thanatos tiene un plan a seguir y se debe respetar.- mostrando una actitud desconcertante.
(¿Será que desconoce las intenciones del dios de la muerte?, ¿o a caso está pensando en traicionar a Pandora?) - Se preguntaba a si mismo mirando con desconfianza al líder de una de las élites del inframundo.
-¿Y tú qué haces aquí? - preguntó Wyvern al notar la desconfianza de Grifo.
- Tengo una misión por parte del dios Hypnos pero antes quería buscar pistas del alma original.
- También me gustaría saber dónde está, siento que se nos acaba el tiempo. - flaqueando un poco Radamanthys en su manera de hablar.
Minos creyó ver un halo de preocupación en el rostro de Radamanthys pero ahora dudaba si debía seguir confiando en él.
- Me voy Grifo, tal vez volvamos a vernos pronto. - dando media vuelta.
- Radamanthys, ¿traicionarías a Pandora?.- cuestionó sin reparo pues debía saber si ahora sería su enemigo.
Al oír eso, Wyvern detuvo su paso pero no volteó cerró los ojos consternado. -Tenemos una batalla en puerta y el tiempo apremia. - el Kyoto tampoco podía revelar sus intereses por lo delicado de la situación, teletransportándose lejos de Minos con rapidez.
- (Radamanthys)- decía en sus pensamientos algo confundido la gran estrella de la nobleza al mirar el espacio vacío que minutos antes ocupaba su compañero.
De regreso al santuario, en la sala gemela donde la joven heraldo dormía más tranquila, una extraña y repentina sensación la hizo despertar de súbito y como si estuviera sumergida en un sopor hipnótico se levantó de la cama y caminó hacia el estanque cristalino, sentándose a la orilla y usando uno de los dones regalados por los dioses pasó sus manos arriba del agua formando círculos. Pronto un conjunto de imágenes fueron apareciendo... pudo ver a Radamanthys y tres dorados, a Shaka con Athena en el inframundo, a Minos con un caballero de bronce y entre todos a la que sería la nueva heraldo con el tridente, el collar y el brazalete de serpiente.
Luego pudo ver a Thanatos entrando con ella misma en brazos al salón del trono y Grifo junto con Wyvern en el piso desangrándose por sus heridas. Pandora sintió temor por aquellos a quienes quería, sus ojos apenas podían creer esa visión, nerviosa se levantó y caminó de regreso a su habitación en donde caminaba de un lado a otro tratando de asimilar esa visión escalofriante.
No mucho tiempo después una silueta varonil vestido de blanco se vio atravesar el portal de la sala gemela.
- Pandora - expresó Shaka casi como un susurro mientras caminaba hacia donde ella se encontraba.
- Caballero dorado de Virgo, ¿qué haces aquí?- tratando de esconder su temor e incertidumbre, pensando que tal vez su cosmos la habría delatado pero cómo. - Shaka ¿a caso mi cosmo energía te trajo hasta aquí?.
- Desde luego que no, esta sala es una dimensión a donde sólo yo controlo el acceso, ni la misma Athena puede entrar y mucho menos la cosmo energía, por ello estás aquí. - La miró preocupado y algo desconcertado - No sé como llamarlo simplemente sentí que no estabas bien y por eso vine a verte.
Pandora sintió mucha calidez en esos ojos azules que eran letales a sus enemigos, dejó escapar un suspiro y cruzó los brazos para intentar reconfortarse.
- Tuve una visión en el lago - bajando la mirada - es sobre esta guerra santa, estoy... asustada y preocupada porque sinceramente no quiero ver más muertes, estoy cansada de tanto daño.
El caballero dorado escuchaba con atención aquellas palabras que le parecían tan sinceras, dio unos pasos para quedar frente a ella mirándola con ternura pues estaba presenciando la fisura en la coraza de su ser; con delicadeza tomó a la heraldo por los hombros y parte de los brazos, ella seguía con la mirada baja.
- Pandora - con voz suave y protectora - Las guerras a veces son inevitables si se busca un fin, es por ello que la diosa Athena y nosotros luchamos cuando se debe, para proteger a los que amamos. No sé lo que estés pensando o lo que vallas a decidir pero yo voy a protegerte, no importa si es contra Hades o los dioses gemelos.
- No es tu deber protegerme - agregó desanimada y bajando los brazos.
- No lo hago por un deber o no, lo hago porque mi corazón y mi razón así me lo indican- esbozando una ligera sonrisa de gusto y convicción.
La voz del caballero era suave, protectora e hipnótica algo que a Pandora agradó por lo que levantó la mirada encontrándose con aquellos ojos azules y que la hacían sentirse algo tímida pues ahora ambos se encontraban muy cerca. El portador de la armadura de Virgo acarició el largo cabello negro que colocó detrás de la oreja de la joven y sonrió.
- Nadie va a lastimarte, yo voy a protegerte.
Con cariño y cuidado tomo a la chica por la cabeza para apoyar su rostro en el pecho fornido y cubierto solo por la camisa blanca, ella estaba muy sumisa pero se percató que los latidos del corazón de aquel caballero eran intensos y denotaban nerviosismo; la otra mano de Shaka se acomodaba en la delgada cintura de la heraldo quien ya no sentía temor y se dejaba llevar por el momento.
- Voy a creer en tus palabras caballero de Virgo y sé que lo cumplirás sin importar mis decisiones o acciones- mencionaba en voz baja y sin dejar de refugiarse en el pecho de aquel hombre.
Luego venció la timidez que la acompañaba y rodeó despacio la cintura del portador de la armadura de virgo. Shaka sintió su respiración pausada al tiempo que sus mejillas se llenaban de un hermoso color rojo por el nerviosismo.
- ¿Porqué tu corazón de pronto se siente tan agitado?, ¿te encuentras bien? -preguntaba un poco incrédula la joven heraldo.
- Mi corazón late así por ... - titubeó por primera vez y tomó todo el aire posible para intentar calmarse, luego prosiguió con voz suave - estoy bien, ¿tú cómo te sientes?.
- Yo estoy bien, es curioso pero desde que me abrazaste se fue todo el temor y ahora no quiero que me sueltes.
- No voy a soltarte, seré tu consuelo y refugio si me lo permites - acariciando su cabello con ternura.
Pandora buscó aquella cautivadora mirada azul que últimamente le robaba el pensamiento, Shaka correspondió perdiéndose también en esos ojos oscuros como la noche, ahora ya no se encontraba rastro de maldad y parecía una niña inocente; la respiración de ambos era sincronizada, el discípulo de buda recorrió la mano desde la cabeza de Pandora hacía su mejilla para acariciarla y disfrutar de ese suave tacto, algo que la heraldo disfrutaba pues cerró los ojos mientas mantenía una sonrisa tierna. El tiempo entre ambos parecía transcurrir muy lento, los hacía sentirse bien y todo era tan perfecto.
- Estás ruborizado, ¿seguro que te sientes bien?. - observando al caballero con cierta incredulidad.
Su voz preocupada traía de regreso a la realidad al caballero quien sonreía complacido por el hermoso paisaje que estaba frente a él; colocó su frente junto a la de ella y su mano nuevamente recorrió la larga cabellera negra, sus narices se rozaban, embriagando a Shaka del aroma de la heraldo que no dejaba de mirarlo, absorta en su belleza.
- Desde ahora te prometo que no voy a cerrar más mis ojos, no quiero perderme ningún detalle tuyo ni del mundo que me rodea y te prometo que voy a cuidar de ti siempre.- su tono resultaba sobreprotector y dulce.
- Ven a dormir conmigo esta noche y cuídame en mis sueños - mencionó la chica de oscuros ojos esbozando una sonrisa traviesa y una mirada intensamente seductora, cambiando la pose para clavar su rostro en el fornido pecho del caballero dorado.
Shaka paso saliva con dificultad tras aquella invitación pero armándose de valor tomo a Pandora entre sus brazos y la depositó en la cómoda cama de flor de loto, su semblante era sereno y mantenía los ojos fijos en ella. Se acomodó en la cama quedando sobre la heraldo sólo para acariciar su mejilla y admirarla cual obra de arte.
- Shaka no te vallas de mi lado- mencionaba Pandora con tono suplicante y mirada tierna.
- No lo haré, nunca lo haré; duerme tranquila que estoy aquí para protegerte.
Cambiando su postura a lado de ella y extendiendo los brazos para que pudiera acomodarse, Pandora tomo lugar en su regazo, muy cerca del corazón de virgo y no tardó en dormir siendo arrullada por los armoniosos latidos, él por su parte la contempló como si de una diosa se tratase, sonreía emocionado hasta que el sueño lo venció.
*FIN DEL CAPÍTULO*
