Capítulo 5. Pequeños Pasos a un Encuentro

Por los bosques soleados cercanos al antiguo castillo Heinstein, la joven heredera de ojos púrpura cabalgaba a toda velocidad como un ejercicio rutinario, hábilmente se deslizaba entre los árboles como una sombra fantasmal a la cual sólo su largo y sedoso cabello delataba; así se adentro aún más perdiendo la noción del tiempo hasta que de pronto se detuvo pues el paisaje ya no le parecía tan familiar e incluso se mostraba con tonos oscuros y tétricos.

La joven bajó de su caballo algo insegura y miró a su alrededor, nada le parecía familiar sin embargo un sendero a pocos metros llamaba su atención de gran manera, tanto que sin querer comenzó a caminar hacía él lentamente, como si estuviera en un trance. Poco a poco sus pasos la llevaron hasta un tronco que parecía tener la figura similar a una serpiente, la señorita Heinstein se poso frente a él descubriendo una caja de metálico brillo y que parecía emanar un resplandor violeta, la dama extendió el brazo y susurró unas ligeras palabras...

- ¡Noble veneno!

Y de inmediato una ráfaga de aire cual remolino se dejo sentir en el ambiente, despeinando su cabello con violencia, en donde de la nada un galante joven de cabellera corta y verde azulada apareció a un lado de la chica para tomarla por la cintura y apartarla de aquella misteriosa caja, clavando sus pupilas marrones con toques rojizos en las de Pandora Heinstein, sin embargo ella no respondía pues seguía inmersa en el sopor hipnótico del cual no soportó y se desmayó en los brazos de aquel caballero de leyenda quien cargó para que no se lastimara por el peso de su cuerpo femenino. Este dió media vuelta para llevar a la heredera de regreso a su casa pero escuchó una voz sarcástica a lo lejos que lo hizo ponerse en alerta.

- ¡Qué oportuno resultaste dios guerrero de Asgard!, no sabía que la representante de Odín en la tierra estuviera interezada en una mortal.

Un cosmos de ultratumba se dejó sentir solo para avisar de su presencia entre la protección de las sombras que brindaba el bosque; el dios guerrero de Alcor volteó en dirección de aquella tétrica energía sin bajar a la dama.

- Lo que la señorita Hilda haga no es cosa que pueda ser de tu incumbencia espectro del inframundo. - contestó cortante al que entre sombras moraba.

- En este caso no es así pues ambos sabemos que la mujer ahora en tus brazos no es una simple mortal.

Saliendo con paso pausado pero porte altivo por su imponente armadura que brillaba cual gema del infierno, contrastando con su larga cabellera blanca y semblante burlón manteniendo la mirada fija en el dios guerrero.

- Pero si es ni más ni menos que la Estrella celeste de la Nobleza - exclamando un poco asombrado para luego cambiar su tono a uno más confiado y hasta retador - no pensé toparme con uno de los tres jueces del inframundo, ¿a caso tu dios no cree que sus espectros puedan enfrentarme y por eso te manda a ti?.

- Demasiado arrogante para ser solo la sombra de un dios guerrero - contestó el Kyoto con una mueca de disgusto - Ahora entregame a esa chica antes de que empiece a jugar contigo.

Bud sonrió fríamente y se coloco en posición de defenza sosteniendo a la joven inconciente con un brazo.

- ¡Veamos quién juega con quién titiritero de Hades!.

Pero un cosmos más avasallante se hizo presente en forma de esferas violaceas a gran velocidad y en dirección del dios guerrero que apenas pudo esquivar de un salto hacia la rama de un árbol a pocos metros de él, de inmediato salió de las sombras otro de los tres jueces del inframundo con actitud hostil, las alas en su surplice se movían en sincronía con sus pasos mientras su mirada dura e inquebrantable se clavaba en la estrella de la nobleza.

- ¡Radamanthys pudiste haber lastimado a la comandante! - recriminó la noble estrella de la nobleza.

- Esa mujer aún no es la regente de los ciento ocho espectros, es una humana más. - mirándo con severidad a Minos - Escúchame bien dios guerrero de Asgard pronto vendrán por ella así que será mejor que la protejas bien pues la siguiente vez yo seré tu oponente.

- ¿Pero qué? - exclamó sorprendido Minos ante tal respuesta de su compañero - ¿estás traicionando al señor del inframundo?.

- Estoy dándole más tiempo al alma de la señorita Pandora, Minos. Debemos encontrarla antes de que se rompa el sello, solo ella puede comandar al ejército. - en la mirada de Wyvern se podía leer entre líneas otra intensión.

- De acuerdo dios guerrero de Alcor, sólo por esta ocasión te dejaré ir pero recuerda que desde hoy empieza la cacería. - contestó molesto el kyoto de la nobleza al tiempo que se volteaba indignado y regresaba a su refugio en las sombras.

Bud aún en alerta miró al imponente Kyoto que mantenía un semblante frío y hostil; sin más se perdió igual entre la oscuridad del bosque a gran velocidad pues sin duda la guerra estaba iniciada con esa advertencia. Utilizando su cosmoenergía hablo directo a la señorita Hilda.

- Señorita Hilda los espectros del dios del inframundo han comenzado a moverse, ya no es seguro para la señorita Heinstein estar aquí, iré dónde la diosa Athena para resguardala y después me reuniré con usted.

- Gracias Bud, se cuidadoso por favor - contestó la sacerdotisa de Asgard haciéndole sentir una gran calidéz al dios guerrero así como su agradecimiento.

- No se preocupe señorita Hilda.

Continuó con su camino sin dejar de estar a la espectativa de lo que pudiera sucitar.

- ¿Pero que fue lo que acaba de suceder Radamanthys?, no puedo comprenderlo - mencionaba el Kyoto de la nobleza visiblemente consternado ante la actitud de su amigo.

- Minos controla tu impetú, recuerda que tenemos una misión por cumplir y no podemos dar señales aún, debemos seguir en las sombras. - mirando fríamente a su homólogo pero conservando por completo la compostura. - Esa batalla innecesaria solo hubiera revelado nuestra presencia a Athena.

Grifo dejó escapar un suspiro con desánimo por su intento frustrado de jugar con el dios guerrero luego vió guardar el brazalete de serpiente a su compañero.

- (Radamanthys yo también deseo encontrar el alma de Pandora pero ¿cúanta pasiencia pueden tener los dioses gemelos?, me preocupa que agotes la afabilidad que están mostrando) - decía en sus pensamientos la noble estrella mientras caminaba junto a él hacía el poblado.

(Minos sé que estas preocupado por la reacción de los dioses gemelos hacia mi conducta pero en este momento me importa más encontrar a Pandora y salvarla antes de que Thanatos lo haga.)

Pensaba la estrella celeste de la furia mientras continuaban su camino entre las sombras. La mañana había llegado en el santuario y mientras los caballeros dorados se preparaban para realizar sus actividades diarias como desayunar, ejercitarse o inclusive algunos de limpieza en el hogar, un solo caballero había bajado a la aldea de Rodorio para visitar a un vendedor de instrumentos musicales muy famoso por hacer a mano y con detalle cada uno de ellos.

- Caballero de Virgo, pase por favor, ya lo esperaba después del recado que me envió con aquel aspirante - expresó sonriente y amable el vendedor mientras lo invitaba a pasar a su negocio e intentando ser analítico en sus comentarios agregó. - Para ser sincero no imaginé que sintiera preferencia por un instrumento tan ostentoso, yo lo visualizo con una flauta o en todo caso una lira.

El caballero se mantenía con una postura gallarda, digna de alguien de su rango pero de aspecto afable y sereno con sus ojos cerrados por voluntad y oyendo atento al hombre sonrió con sutileza al tiempo que mencionaba unas cuantas palabras.

- En realidad es un regalo, yo no soy muy afecto a tocar un instrumento, no es una de mis virtudes.

- Comprendo, debe ser una joven bonita y afortunada la que va a recibir este regalo de usted.

- ¡Eh! - soltó casi como un murmullo y sintiéndose descubierto por aquel perspicaz vendedor.

El hombre río pícaramente y sintiéndose en confianza al haber puesto en jaque al caballero, luego se disculpo para enseguida mostrarle el arpa que brillaba como el mismísimo sol destacando las piedras preciosas que tenía en la parte superior, hermosos rubíes tan rojos como la sangre. En ese momento Shaka no pudo apreciar su belleza pero se conformó con tocarla para darse una idea.

- Estoy seguro que a quien valla dirigida esta arpa le hará muy feliz y entonará las melodías más hermosas que puedan existir. - dijo orgulloso de su trabajo aquel hombre que también había notado la satisfacción de Shaka en el rostro.

- ¡Gracias por su estupendo trabajo señor! - mencionó con amabilidad el caballero al tiempo que extendía su brazo para darle unas monedas de oro y saldar su deuda.

Se despidieron y Shaka uso la teletransportación para llegar directamente a su casa con aquel imponente instrumento sin causar revuelo en el santuario; al llegar la acomodó en el centro de su casa junto a su lugar de meditación, abriendo los ojos para poder apreciarla en todo su esplendor.

- ¡Valla que es bonita! - imaginando la cara de sorpresa que pondría la heraldo al recibirla, lo cual le provocaba una sonrisa de satisfacción.

- Al fin te encuentro Shaka.

Se escuchó una voz suave y femenina que venía de la entrada trasera de la casa e irrumpía con ese íntimo momento de alegría, el caballero de oro cambió a un semblante sereno y serio.

- Diosa Athena - haciendo una reverencia y recordándo que no le había dicho nada de sus planes para ir a la aldea. - Lamento mucho haberme ido sin avisarte nada Athena, fue algo que se dió inesperadamente.

Ella volteo a ver el gran instrumento que estaba en la sala de meditación del caballero luego notó su actitud algo diferente, un poco nerviosa.

- Shaka - tocando el hombro de virgo - agradezco mucho toda tu ayuda y dedicación, de verdad es un gesto muy amable traer un arpa solo para que Pandora se sienta mejor, el brindarle confianza al tener los ojos abiertos en su presencia, ¡gracias por tu apoyo!.

Dijo con una sonrisa amable y un tono muy gentil en su voz, el caballero sabía que las palabras de Athena eran sinceras pero que también sospechaba algo, él solo asintió con la cabeza.

- Simplemente entiendo ahora tu manera de actuar Athena y como te lo prometí, estoy aquí para ti. ¿Quieres ir a verla?, anoche estuvo más tranquila.

- Sí, me gustaría mucho ver a Pandora.

- Como desees, solo una cosa antes, quisiera me consedieras tu permiso si así lo crees pertinente para dejar que Pandora salga de vez en cuando de la sala gemela - notando la sorpresa en el rostro de su diosa - es sólo que pienso que tanto tiempo sola y encerrada no le hace bien además podría tocar su arpa mientras hago mi meditación y así cuidar de ella.

La diosa lo reflexionó un momento para después esbozar una sonrisa de complicidad - está bien Shaka, tienes razón y confió en que la cuidarás bien.

- Así será diosa Athena - haciendo una reverencia con la cabeza en agradecimiento.

- De hecho pensaba que ya es momento de comunicarle a los demás caballeros la estancia indefinida de Pandora en el santuario pero necesitaré que cuando eso sea estés a su lado para protegerla en caso de que alguien no lo tome a bien. - expresó un poco preocupada por la reacción de sus santos al enterarse.

- Cuenta conmigo, nadie podrá ni siquiera tocarla.

Sin más hizo un movimiento con su mano y abrió el portal a la sala gemela donde todo se encontraba en completa paz; ambos entraron con paso lento y buscando a la heraldo.

- Athena - haciendo media reverencia en señal de respeto a la diosa, levantando sútilmente ambos lados de un vestido hecho en terciopelo verde esmeralda algo que resaltaba lo pálido de su piel y con tono amable se dirigió a la deidad - Me da gusto poder saludarte.

Hoy esa chica era totalmente diferente ya que no había rastro de tristeza o maldad e incluso su semblante era sereno lo que alegró mucho a la divinidad, Shaka por su parte solo podía admirarla en silencio y sentirse maravillado ante el encanto de aquella enigmática mujer.

- ¡Pandora, que radiante te ves!, imagino que te sientes mucho mejor.

- Sí, mucho mejor y me disculpo por el momento tan incómodo que te hice pasar, yo ahora veo las cosas de manera diferente.

- No tienes porque disculparte, es sólo que me preocupó demasiado que pudieras lastimarte o algo mucho peor.

- Te agradezco por todo y al caballero de virgo que me saco de la oscuridad - esbozando una sonrisa dulce y sincera que impactó en el corazón de Shaka quien discretamente devolvió esa sonrisa.

La joven diosa de cabellos lila se acercó un poco a la heraldo e inesperadamente tomo sus manos de manera maternal, mirándola fijamente para pedir su aprobación.

- Pandora creo que ya es momento de revelar tu presencia a los demás caballeros, ¿estás de acuerdo?.

La heraldo al sentir la tibieza de las manos de su interlocutora se sintió reconfortada de toda pena pero un leve sonrojo invadió sus mejillas haciéndole voltear el rostro, luego al escuchar la petición de la olímpica volvió la mirada a ella con incertidumbre.

- ¿Diosa Athena y si ellos no están de acuerdo en que yo esté aquí?, no quiero que tenga desacuerdos o malos entendidos con sus caballeros sólo por mi culpa.

- No te preocupes, ellos entenderán la situación mostrando una sonrisa de confianza - ellos tienen un corazón leal y bondadoso sino mira a Shaka - haciéndole un guiño travieso a la dama, algo poco usual en la diosa.

Shaka y Pandora se miraron sorprendidos y sonrojados volteando sus rostros a lugares contrarios.

- Te avisaré cuando sea el momento para presentarte, por ahora no te preocupes de nada y disfruta del santuario.

Despidiéndose de la comandante salió junto con el caballero de virgo al templo, cerrando nuevamente el portal.

- Athena te veo complacida.

- Sí Shaka, todo el esfuerzo está dando resultados, pronto podré purificar por completo esa semilla.

- Tus palabras son esperanzadoras pero porqué no eliminar por completo esa semilla del mal.

- Porque de hacerlo ella desaparecería, su alma se volvería polvo estelar.

- ¿Qué? - contestó el caballero de virgo.

- Hades implantó desde la época del mito esa semilla y solo hay dos maneras de liberarla; una es extraerla de su corazón con el espejo de plata que la diosa Afrodita le regaló pero se volvería polvo y la otra es que el mismo dios del inframundo use el espejo y la redima, solo así podría salvarse y ser mortal. - mostrándose un poco desanimada por ello.

- Entonces hagamos lo posible para que Hades no la alcance y pueda vivir tranquila aquí - en la voz del caballero se denotaba una gran fuerza de voluntad y optimismo.

- ¡Shaka! - notando su sentir y conmovida por la actitud de su santo - ¡hagámozlo así!.

Tras estás palabras Athena se marchó del templo de virgo; él por su parte regresó a la sala gemela encontrando a Pandora tomando algo de té.

- Caballero de virgo no pensé que volverías pero es grato verte, ven aquí para servirte algo de té.

Shaka caminó hasta ella, su piel se erizaba al recordar como se sentía tener a la heraldo entre sus brazos pero ahora al tenerla cerca no sabía como reaccionar pues ella también se mostraba un poco indiferente. Tomó asiento a su lado, el té olía delicioso por lo que en silencio dió unos cuantos sorbos.

- Pensé que al despertar te encontrarías a mi lado pero grande fue mi decepción al ver que no.

En sus oscuros ojos se asomaba el triste desencanto, Shaka continuó en silencio para levantarse de manera súbita haciendo ondear la túnica blanca que acompañaba la resplandeciente armadura de virgo; Pandora lo miró con admiración pues su porte sin duda era digno de la reputación que lo precedía.

En un movimiento inesperado para la heraldo, fue tomada del brazo y levantada por el caballero con cierta rudeza, pegándola a su cuerpo donde con una mano rodeo la cintura de la joven y con otra acarició su mejilla.

- No soporto ver en tu rostro tristeza o decepción y menos si es causada por mí - manteniendo una voz suave y calmada al tiempo que le dedicaba una mirada ardiente - si me fuí es porque te conseguí algo que espero te anime pero quería traerlo personalmente.

Pandora estaba sorprendida por la actitud de tan sereno caballero pero no podía disimular el placer que le provocaba someterse de alguna manera a su voluntad. Parándose de puntillas y correspondiendo a esa mirada ardiente con una sonrisa traviesa, le susurró al oído.

- Entonces muestrame lo que has traído para ver si debo perdonarte.

Shaka atesoraba cada segundo de su cercanía, su aroma, el roce de su cuerpo y su voz. Abrió el portal para ir al templo y tomo de la mano a la heraldo.

- Ven conmigo y después me juzgarás si así lo deseas.

- Shaka...

Titubeó un poco al ver el portal abierto pero la presencia del caballero le brindaban seguridad, asintió y ambos caminaron fuera de la sala gemela con dirección a la sala de meditación, Pandora admiraba cada detalle del templo.

- ¡Es hermoso tu templo!, cada detalle es exquisito y ... - se detuvo súbitamente al ver frente suyo una hermosa y resplandeciente arpa dorada con rojos rubíes en la parte superior.

Su sorpresa y emoción eran enormes, tanto que soltó a su acompañante y corrió hasta el arpa haciendo expresiones de niña pequeña tras un regalo de cumpleaños; Shaka estaba enternecido y emocionado, la reacción de la dama fue más grata de lo que había imaginado y no podía entender como aquella mujer podía hacerle sentir tantas emociones, ahora él se desconocía a sí mismo pero se sentía feliz, mucho y eso era suficiente.

Pandora regresó a su encuentro mirándolo con una inmensa alegría.

- ¡Eres increíble! - abrazándolo con suma ternura.

- ¡Oh! - sorprendido por esa efusiva muestra de agradecimiento sonrió y acarició su cabello - quiero que estés feliz aquí ... conmigo.

Ella lo miró con un brillo de alegría en los ojos, algo que tenía mucho tiempo sin aparecer.

- Me siento como hace mucho no me sentía, voy a tocar algo para ti.

Terminando el abrazo fue hasta donde su arpa y se acomodó, pronto las cuerdas emitieron un armonioso sonido, relajante, místico e hipnotizante. Shaka disfrutaba del concierto que la enigmática mujer le regalaba y su casa se lleno de las magistrales notas de su melodía, el viento llevo el sonido por las doce casas, emocionando a los caballeros pero a la vez llenándolos de incertidumbre.

Mu, caballero de aries se asomo al pórtico de su casa y miró en dirección de la de virgo mientras pensaba.

(Shaka, ¿qué está pasando en tu casa?)

- ¡Hola Mu!, ese hipnotizante sonar viene de la casa de virgo, ¿verdad?

Decía Aldebarán, caballero guardián de la casa de tauro mientras caminaba hasta donde Mu.

- ¡Hola Aldebarán!, así parece ser, creo que Shaka ahora tiene un nuevo pasatiempo - mencionó con una sonrisa juguetona el caballero de aries.

- Sí eso parece, mañana iré a verlo para decirle que toque para Athena.

- Es una buena idea, seguro a la diosa le gustará.

Más en la casa de escorpio no era algo que causara tanto agrado pues su regente miraba con molestía hacia la casa del santo.

(Shaka algo escondes o tal vez a alguien pero pronto lo voy a descubrir)

Decía para sí mismo mientras seguía oyendo la melodía.

Mientras tanto en algún lugar ya alejados de Alemania cuando la tarde iba llenando todo a su paso con colores naranjas, rojos y ocres, se distinguían dos figuras entre los árboles de un bosque diferente; una joven que llacía en el césped acostada y tapada con la túnica blanca del dios guerrero de Alcor iba recobrando el sentido abriendo lentamente sus enormes ojos púrpura, notando a su lado a un caballero que asaba un conejo sobre la fogata improvisada que iluminaría las sombras.

- ¿Qui... quién eres? y ¿dónde estoy? - preguntaba titubeante la joven mientras sus ojos se acoplaban al atardecer.

-Al fin has despertado, ¿cómo te sientes? - preguntaba el dios guerrero acercándose con un pedzo de carne para que ella lo comiera. - aquí tienes, seguro tienes hambre.

- ¿dónde están mis padres? - tomando la pieza con desconfianza.

Bud comenzó a comer, - mi nombre es Bud, dios guerrero de Alcor Zeta y fui asignado a tu cuidado señorita Pandora Heinstein o mejor dicho comandante del ejército del inframundo.

- Yo no sé de que me hablas, como lo dijiste soy Pandora Heinstein, no comando ningún ejército, soy sólo una chica que ayuda a sus padres con la empresa - asustada y desconcertada pues de pronto recordó los sueños que hacía tiempo la aquejaban.

Bud puso atención a su reacción pues sabía que algo no estaba bien, se sentó a lado de ella mirándola compasivo.

- Tranquila, todo va a estar bien, yo voy a protegerte - captando la atención de la joven - por ahora no es seguro volver con tus padres por lo que voy a llevarte al santuario de Athena, ella nos dará alojamiento hasta que todo esté más seguro y puedas volver.

- ¿Pero mis padres estarán a salvo?- mostrándose consternada.

- Sí, Hades solo te necesita a ti. Come un poco y descansa porque el viaje será largo.

Ella siguió la recomendación y no hizo más preguntas porque en el fondo de su corazón sabía de lo que el dios guerrero le hablaba, pronto la noche los cubrió y solo la luz de la fogata los iluminaba y brindaba calor, ella pese a estar con un desconocido no sentía temor al igual que Bud pues los espectros no buscarían a la joven aún, lo leyó en la mirada de Radamanthys.

A varios kilómetros de distancia dentro de una modesta aldea, se hospedaban dos hombres de porte magestuoso e imponente con los rostros algo cansados o mejor dicho desanimados, Wyvern se encontraba sentado en la cama mirando la caja con el brazalete que de pronto comenzó a emitir un resplandor violaceo desde su interior, un cosmos diferente se sentía en el ambiente más se disimulaba bastante bien por lo que no pudieron descifrarlo, entonces una voz como susurro llamo la atención de ambos kyotos y una visión los invadió...

- ¡Radamanthys!... ¡Minos! -

Y fue cuando se dieron cuenta de un lejano lugar, una aldea y después una colina con doce casas y entre ellas destacaba la de virgo donde una hermosa y delicada silueta femenina tocaba armoniosa su espectral arpa ... era ella... era...

- ¡Pandora! - exclamaba Minos saliendo de la ducha con el cabello mojado y una toalla en la cintura.

Radamanthys lo miró con ojos fríos y decididos, al fin la habían encontrado pensando que era un rehén en el santuario.

- Iremos al santuario de Athena y cortaré la cabeza del caballero de virgo.

- No si antes yo lo encuentro, lo volveré mi marioneta.

Ambos jueces tenían claro su destino y sin importar nada irían por la mujer que tantos siglos les ha robado el corazón.

La noche también rodeaba al santuario y Athena levantaba una oración, su cosmos ya no mostraba perturbación alguna y se expandía hasta Rodorio como polvo estelar dorado, reconfortando y sanando a quien lo necesitara; Pandora y Shaka estaban fuera de la casa en el pórtico mirando al cielo nocturno con sus múltiples estrellas tintineantes, la joven heraldo levantaba la mano para sentir el cosmo de Athena.

- ¡Es tan cálido, lleno de amor y esperanza! - decía mientras cerraba los ojos pero la súbita imagen de Minos y Radamanthys la hizo abrirlos de nuevo - ¡Radamanthys!...

Susurró con preocupación pues brevemente sintió su cosmo llamándola, Shaka volteó a mirarla pues se notaba algo preocupada.

- (Otra vez ese nombre)- pensó - ¿estás bien?.

- ¿Eh?... ¡Oh sí!, descuida Shaka estoy bien sólo que quiero descansar.

Pero antes de que pudiera dar un paso el caballero le agarro la muñeca haciendo que ella volteara a verlo.

- ¿Pasa algo?.

- ¿Quién es Radamanthys? - en la mirada de Shaka se notaba desconcierto por la respuesta.

Pandora con aire autoritario devolvió la mirada.

- Es uno de los tres jueces del inframundo, el más poderoso y el que dió su vida por mi en la pasada guerra santa.

El caballero leía entre líneas y ataba todos los cabos.

- ¿Aún lo amas?

- ¿Pero qué estás diciendo Shaka?, a los espectros no se les permite enamorarse, sólo servimos a nuestro señor Hades - pero en su corazón se guardaban todos esos momentos que paso a su lado.

- Comprendo - por alguna extraña razón Shaka sentía el corazón oprimido y así como una profunda decepción, algo alejado de sus enseñanzas.

Soltó la muñeca de la heraldo y dió media vuelta para entrar al templo pero antes de que pudiera hacerlo Pandora quedó frente suyo mirándolo tímida, sabía que no podía engañar al regente de la sexta casa.

- Lo que sentí es pasado, tú me trajiste a la luz y le devolviste el color a mi alma, Shaka yo ... ¡te quiero! - mostrando una inocencia sincera.

Estas últimas palabras resonaron en la mente y corazón del caballero muy fuerte, estando frente a ella no dejó de mirarla, era tan dulce, tan sincera y la sentía solo suya. Shaka tomo a la heraldo por la cintura, las miradas de ambos estaban fijas una en la otra y lentamente pegó el cuerpo de Pandora al suyo sintiendo como el calor lo dominaba, con la otra mano sujeto tiernamente la barbilla de la dama haciendo que el tiempo se detuviera. Poco a poco Shaka fue acercando sus labios a los carmesí de la heraldo quien cerró sus oscuros ojos al tiempo que él hacía lo mismo; el aroma de ambos se fusionó junto con sus labios, en un beso que explotó el corazón del caballero como el big bang al crear el universo.

La mano que sostenía la barbilla de Pandora paso sigilosamente a su cabellera, enredando los dedos entre sus cabellos y ambos cuerpos fueron acercándose más hasta formar una tensión entre ellos, el tímido beso tomo un tinte más ardiente y ligeramente desesperado, agitado como la respiración del caballero mientras su heraldo rodeaba con los brazos el cuello de virgo, parándose de puntillas para alcanzarlo y acariciar el cabello de oro de aquel hombre que le robaba la tranquilidad...

- ¡Te amo Pandora!

Susurro aquel caballero dorado al termino del beso con las mejillas ruborizadas por el intenso calor que la cercanía le provocaba, sus hermosos ojos azules tenían las pupilas dilatadas y la heraldo sonreía satisfecha sin dejar de abrazarlo. Él la tomo entre sus brazos y la cargó para entrar a la sala gemela y dormir a lado de su enigmática comandante del inframundo.

***FIN DEL CAPÍTULO***