Capítulo 6. La decisión definitiva

La mañana anunciaba un nuevo día en el santuario, el trinar de los pájaros despertaba a varios de los caballeros dorados que medio somnolientos salían a sus pórticos para admirar el claro cielo con algunas nubes esponjosas. De la sexta casa se abría un portal que unía la sala gemela con esta dimensión saliendo el caballero de virgo con un brillo marcado de felicidad en sus ojos que ahora se negaban a cerrarse y no perder detalle alguno de su entorno y menos de aquella delicada joven de cabellos oscuros.

Virgo fue hasta la cocina manteniendo abierto el portal para Pandora que aún no se levantaba, entre su alacena y refrigerador encontró lo ideal para un buen desayuno y sin más se puso a prepararlo llenando la cocina de aromas perfectamente armoniosos pero de pronto una voz se anunció en la entrada de la casa.

- Shaka, ¿podemos entrar a tu casa?

El caballero que ya terminaba el desayuno y se disponía a servirlo dejó por un momento lo que hacía y atendió cual buen anfitrión, caminando hacia la entrada con su ropa blanca que usaba para meditar y un mandil que lo protegía de ensuciarse mientras cocinaba.

- Caballero dorado de aries, caballero dorado de tauro, sean bienvenidos a la casa de virgo, ¿a qué debo su visita? - el tono usado era particularmente amable, algo que no era característico de Shaka por lo cual se sorprendieron Mu y Aldebarán.

-¡Oh Shaka tienes los ojos abiertos! - expresó de manera indiscreta el caballero de Tauro.

Mu se llevo el puño a los labios apenas tocándolos e hizo un sonido con la garganta indicando su indiscreción a Aldebarán, este apenado se disculpó y guardó silencio.

- No queremos molestarte caballero de virgo, venimos por una sencilla razón.

- Queremos ver si puedes tocar el arpa para nosotros, anoche te escuchamos y creo que es una virtud que debes explotar - sonrió despreocupado el toro dorado al tiempo que se percataba del delicioso aroma que emanaba de la cocina y toco su abdomen - ¡pero que bien huele!, seguro es un gran corte de carne con vegetales.

Mu puso una expresión de desapruebo pues imaginaba que Shaka los expulsaría cortésmente de su casa pero a lo contrario el caballero de virgo lo tomó con cierto humor y sin ningún temor contestó.

- Estaba terminando de preparar el desayuno Aldebarán y sobre el arpa...

Una voz femenina salía del portal al tiempo que un cuerpo con formas armoniosas vestida en blanco y una cabellera larga y sedosa aparecían en el pasillo con vista a la entrada.

- Shaka - decía con tono dulce caminando hasta él pero luego se detuvo de forma abrupta al notar que no estaba solo.

- ¡Tienes compañía! - expresó aún más sorprendido y apenado el toro dorado que aún no se percataba de quién se trataba - Mu dejemos de incomodar a Shaka, volvamos en otro momento.

Pero Mu ya la había reconocido y aunque ninguno portaba armadura, él tomó una posición de defensa a lo que Shaka se anticipó y extendió el brazo a un lado en señal de advertencia, esto llamó la atención de Aldebarán que miró a la dama con más detalle...

- ¡Es la comandante de los 108 espectros!.

- Será mejor que piensen lo que van a hacer, ella no está aquí como enemiga sino como invitada de la diosa Athena - el tono del caballero de virgo ahora era el propio, sereno pero imponente y hasta cierto punto amenazador.

- ¿Invitada de la diosa Athena?, ¿pero que dices Shaka?, eso no puede ser posible - mostrándose Aldebarán incrédulo y ofensivo - esta mujer debería estar en el mismo infierno junto con su dios.

- Cuida tus palabras Aldebarán o ¿acaso cuestionas la voluntad de Athena?.

- Por favor calmense los tres, no vine aquí para causar discordia entre los santos de la gran diosa Athena con quien estoy muy agradecida pues expió mis pecados y me ha dado una nueva oportunidad.

Decía con un tono firme y agradecido la enigmática heraldo que caminaba cadenciosamente hacía los caballeros en la puerta quedándose a un lado del caballero de virgo que aún se mantenía a la defensiva.

- Comprendo su desconfianza y odio pero es su diosa a la que deben escuchar antes de emitir cualquier juicio y por mi parte no quisiera que tuvieran alguna diferencia con Shaka.

Sus ojos eran profundos y hermosamente misteriosos, sin duda una digna representante de su ejército, algo que ponía nervioso a Aldebarán pero fue Mu quien tomó la palabra notando que no había signos de maldad en la dama.

- (Puede ser que aún no despierte por completo o tal vez me equivoque pues ella es la pasada reencarnación, Athena ¿qué planeas mi diosa?) - después de lo pensado se dirigió a Pandora con una actitud algo indiferente - Jamás iría en contra de los designios de mi diosa pero siento curiosidad de lo que tenga planeado para ti, por otro lado no sé cómo te ganaste la confianza del caballero de virgo. Quizá sea cierto lo que dices, creo que te daré el beneficio de la duda.

La regente del inframundo sonrió de lado y dió unos pasos al frente quedando muy cerca del caballero de aries.

- Si la magnánima diosa Athena confía en mí, no veo porque tú no podrías caballero de aries - volvió a lado del santo de virgo y esbozo una sonrisa festiva - y ahora distinguidos santos por favor vengan a la mesa a compartir nuestros alimentos, tal vez después toque un poco para ustedes.

Y sin más dió media vuelta para dirigirse al comedor, los tres caballeros se asombraron por la manera en que literalmente comando la situación; Shaka les mostró el camino con su brazo y siguió tras ellos en silencio. Pronto la mesa estaba servida y todo se veía delicioso y colorido, platos con sopa y otros con un gran corte de suave y dorada carne acompañada de deliciosos vegetales adornaban la mesa, hogazas de pan y tazas de café aromático daban el toque final.

- Caballeros la mesa está servida - invitándolos a sentarse con una sonrisa amable.

El gran toro dorado abrió los ojos fascinado por tan suculenta escena y sin mucho pensar se sentó.

- Bueno les agradezco por la invitación Shaka y señorita Pandora, comamos en paz y confiemos en la decisión de Athena.

- Solo podemos confiar en ella caballero dorado de tauro - contestó la joven heraldo al tiempo que se sentaba en la silla que Shaka le ofrecía con gran caballerosidad.

- Bien, disfrutemos de esta comida pero eso no significa que bajaré la guardía ante ti.

- No esperaría menos de ti caballero dorado de aries sin embargo trabajaré arduamente para ganar tu confianza.

- Están juzgando muy duro a la señorita Pandora, Mu; si Athena la ha perdonado ¿quiénes somos nosotros para seguir culpandola? - agregaba el santo dorado de virgo tras iniciar su comida.

- Quisiera me permitieran mostrarles lo hábil que soy en la cocina preparándoles un delicioso postre para la hora de cenar pero como yo no puedo salir de este templo, les voy a pedir que ustedes vengan - volteando a ver a Shaka - eso siempre y cuando no te moleste.

- No tendría porque Pandora esta es tu casa - mostrando una parte de su personalidad que nadie conocía, algo más cariñoso y protector hacia la heraldo.

- Entonces de por hecho que estaremos aquí en la noche señorita Pandora - contestó más amable Aldebarán.

- Pero solo ustedes y por favor no cuenten de mi presencia a nadie, es la diosa Athena quien les dirá todo y solo ella decidirá cuando. No queremos causar ninguna molestia por alguna indiscreción nuestra.

- No, ninguna y por eso cuenta con nuestra discreción.

- Gracias Mu - sonriendo complacida.

El desayuno terminó y como gesto de agradecimiento Mu levantó los platos de la mesa y Aldebarán los lavó mientras la joven heraldo preparaba su arpa.

- ¿Vas a darles un concierto después de como te trataron? - decía el majestuoso santo dorado que llegaba a donde la heraldo estaba.

- La manera de calmar un corazón agresivo es con música mi valiente caballero de virgo y el toro está mostrándose afable pero el carnero es rebelde por naturaleza.

- Veo que te esfuerzas mucho por agradar a Mu.

La joven heraldo fijó toda su atención en aquel hombre de ojos hermosos pues su tono de voz dejaba asomar un halo de reproche y celos, ella solo sonrió traviesa.

- No puedo creer que estés celoso caballero dorado de virgo.

- No lo estoy y sólo llamame Shaka, sin ningún adorno - volteando la mirada a otro lado apenado pues la heraldo lo había descubierto una vez más.

Los regentes de aries y tauro aparecieron en la sala de meditación que ahora tenía un toque más sofisticado y cómodo a la vez, el arpa dorada le cambiaba el aire frío a la sala y unos cojines grandes de color rojo hechos en terciopelo sobre una llamativa alfombra morada invitaban a pasar horas disfrutando de la música emitida por aquella espectral mujer.

- Adelante caballeros pónganse cómodos y disfruten de la música - evitando que notaran aquella escena en la que el santo de virgo era protagonista.

Los tres tomaron asiento en los suaves cojines y Pandora a lado de su arpa, pronto comenzó a emitir notas tan suaves que parecían un canción de cuna evocando en la dama recuerdos donde sus kyotos y algunos espectros se sentaban a su alrededor para oírla tocar, la mirada de Radamanthys siempre la llenaba de seguridad pero la de Minos era tan ardiente y poco discreta que a veces la hacía ruborizar.

- ¡Minos si vuelves a mirarme así, no tocaré más para ti! - esbozo molesta al tiempo que veía al juez dándole la espalda en algún lugar secreto del jardín después del concierto.

Este con un movimiento rápido que no esperaba la heraldo tomaba sus manos desde las muñecas y la aprisionaba contra la pared quedando pegado al delicado cuerpo femenino de su comandante; con la misma mirada ardiente recorrió esos ojos oscuros que tanto idolatraba y luego le habló al oído con voz seductora.

- Sería una pena que me privaras de tu música celestial porque calma mi corazón así como tu voz, te prometo portarme bien para la siguiente ocasión - besando su mejilla y esbozando una sonrisa perversa soltó a la heraldo y se marchó entre las sombras.

Pandora sonreía al recordar pero luego de volver a la realidad se topó con un público diferente que muy atento disfrutaba de su dulce, armonioso y sútilmente nostálgico concierto así continuaron un par de horas más hasta que se anunció el final con los aplausos que elogiaban a la joven comandante y que ella agradecía con una mirada llena de orgullo por su talento.

- Agradezco que hayan venido pero aún hay muchas cosas por hacer antes de la cena - interrumpió Shaka con un tono seriamente claro.

- Sí, no interrumpiremos más - dijo Mu al comprender que el caballero de virgo era muy celoso de su privacidad.

- Shaka, señorita Pandora si necesitan algo no duden en pedirlo - agregó Aldebarán al levantarse.

- Gracias Aldebarán, por favor no falten a la cena - despidiéndolos con una sonrisa dulce y ligeramente seductora, característica de la heraldo.

Sin más aquellos caballeros se marcharon del grandioso templo de virgo y de camino no mencionaron nada hasta llegar a la casa de Tauro.

- Mu comprendo que no te agradó en nada ver a la señorita Pandora en casa de virgo.

- No entiendo por que Athena tiene a esa mujer aquí o tal vez sea un plan para llegar al dios del inframundo pero por qué tanta libertad para la heraldo.

- Shaka dijo que era una invitada de la diosa Athena pero hasta ahora no había sentido su cosmo, por mucho que la diosa tenga un plan, ¿no es para que la comandante de los ciento ocho espectros sospeche?, después de todo es una mujer muy calculadora e inteligente.

- Es cierto, ¿por qué no ha usado su cosmos para llamar a sus espectros?.

Ambos se quedaron pensando un poco, luego se despidieron pero Mu fue donde Athena. Ya en su cámara la joven diosa se veía como repasando un discurso en su mente, el caballero sin armadura entró con paso lento y suave, haciendo una reverencia ante la magnánima dama.

- Diosa Athena - dijo con voz suave, casi como un susurro - lamento molestarla.

- No me molestas Mu, ¿en que puedo ayudarte? - una sonrisa amable enmarcaba su rostro mientras le pedía al caballero se levantara.

- Aldebarán y yo fuimos a visitar esta mañana al caballero de virgo y ...- haciendo una leve pausa sin embargo sus ojos gritaban lo que le angustiaba, algo que de inmediato notó la hermosa diosa - había una mujer con Shaka pero no era cualquier mujer sino que se trataba ni más ni menos que de la pasada reencarnación de la heraldo de Hades, ¡la señorita Pandora!. Athena, ¿qué está pasando?.

- Mu - dijo la diosa mientras se acercaba a él mirándolo con algo de pesar por haber ocultado la verdad - voy a presentar pronto a Pandora con ustedes y a revelarles porque está aquí, solo ten un poco de paciencia por favor.

- Shaka dijo que es tu invitada pero se pasea por la casa de virgo en completa libertad y confianza - molesto por lo osada que se mostraba aquella mujer.

- Me da gusto que lo haga - mostrando una sonrisa de entusiasmo - Mu te prometo que muy pronto te daré una explicación, por ahora solo te pido que seas amable con ella y le des una oportunidad.

Los ojos de la diosa parecían suplicar a Mu por una actitud positiva a la joven invitada, a lo que el caballero solo pudo asentir con la cabeza y después de hacer nuevamente una reverencia llevándose el brazo izquierdo al pecho, regresó a su templo sagrado de aries.

Entre las sombras un caballero había escuchado toda la conversación, ocultando su cosmos para no ser descubierto mientras veía alejarse a Mu.

- (De modo que esa es la razón del sonido del arpa y las visitas constantes de Athena a la casa de virgo) - concluía en sus pensamientos aquel letal caballero.

Mientras tanto en la casa de virgo, Shaka estaba en posición de flor de loto intentando meditar, Pandora que salía de la sala gemela observaba al caballero y sin hacer ruido salió al pórtico sentándose cerca de uno de los pilares para disfrutar del sol, su semblante era algo melancólico y dejó escapar un suspiro.

- ¿Pasa algo? - la voz serena denotaba un poco de preocupación al tiempo que ponía su mano sobre el pequeño hombro de la dama.

- Pensé que estabas meditando - algo sorprendida de ver al caballero - espero no haberte interrumpido.

El santo de virgo sonrió dulcemente mientras la miraba.

- El hecho de que ocupes mis pensamientos todo el día no significa que me interrumpas sino más bien que me acompañes pero dime ¿qué pasa?, hace un momento estabas muy animada.

- Es sólo que pienso que mi estadía aquí no será del agrado de tus compañeros y tal vez le traiga momentos incómodos a Athena y a ti - el semblante de la joven ahora mostraba tristeza e incertidumbre.

- ¡Oye tranquila! - dijo el caballero con una sonrisa - la diosa Athena es muy sabía y logrará que todos te acepten y si no siento pena por aquel que intente hacerte daño.

El semblante de virgo mostraba seguridad y convicción al igual que protección luego extendió los brazos y Pandora se dejó envolver por su calidez, acomodando su rostro en el amplio pecho de su amado caballero dorado.

- Yo voy a dedicar mi vida a ti y a Athena así que deja de sentir incertidumbre o temor, no importa si tengo que enfrentarme a los once dorados o al señor del inframundo - hablando casi como un susurro en el oído de la dama para luego mirarla a los ojos - ¡no permitiré que nada ni nadie te haga daño!, es una promesa.

Era inevitable esconder aquel sentimiento que la comandante provocaba en el caballero de virgo, sus ojos, su abrazo, su voz y su actitud revelaban que estaba enamorado como sólo una vez en la vida suele pasar; de manera gentil acarició la pálida y suave mejilla de la heraldo.

- ¡Gracias por todo lo que haces por mi Shaka!

Mostrando una sonrisa en su dulce rostro mientras mantenía los ojos cerrados para disfrutar del toque de su adorado protector, él poco a poco fue acercando su rostro al de ella, su corazón vibraba de emoción y plenitud así como se embriagaba del floral aroma de Pandora; lentamente toco los labios de la heraldo con los suyos brindándole un tímido beso que ella completamente correspondió, subiendo paulatinamente de tono al tiempo que aquellas manos varoniles jugueteaban con esa espalda femenina, la respiración de ambos se entrecortaba mientras los cuerpos ejercían presión uno sobre el otro y sus rostros estaban sonrojados por una evidente pasión que se aferraba a esconderse aún.

Víctimas del pudor terminaron aquella ardiente muestra de amor y Shaka besó la frente de su heraldo tras una sonrisa tímida, una vocecita infantil interrumpió mientras que un pequeño niño admiraba curioso a la dama desde el final de las escaleras antes de la entrada al templo.

- De modo que usted es la legendaria comandante del ejército del inframundo - con una sonrisa inocente -¡pero que bonita es!.

Ambos voltearon sorprendidos por aquella intromisión encontrando a un niño de cabellos despeinados y rojos como el fuego así como una mirada vivaz, Pandora sonrió complacida.

- Sólo soy Pandora, desde ahora no seré más la comandante pero ¿quién eres tú dulce pequeño?

- Mi nombre es Kiki y soy discípulo del señor Mu que por cierto me mandó a preguntarle si necesitaba algo para la cena de esta noche.

- Que amable es tu maestro, dile que pescado y unas naranjas.

- De inmediato señorita Pandora.

- Oye Kiki tú también estás invitado a la cena.

- ¡De verdad, gracias señorita Pandora!, seré muy puntual - expresó muy emocionado el pequeño que en un instante desapareció al usar la teletransportación.

Shaka tomó a la joven de la mano y sonrió muy complacido y sorprendido pues poco a poco iba descubriendo nuevas facetas en la personalidad de su nueva diosa.

- Te ves sumamente adorable hablándole a un niño.

- ¿Tú lo crees?, la verdad es que no tengo mucha experiencia con niños aunque Chessire si parecía uno - recordando a uno de sus espectros cercanos con una pequeña risita - también Minos a veces era bastante infantil pero Radamanthys siempre ponía todo en orden, él era como el hermano mayor fuerte y protector.

La joven heraldo nubló su mirada de melancolía.

- Extrañas a tus jueces verdad. - con tono comprensivo.

- No eran mis jueces, eran mis amigos y mis confidentes, siempre a mi lado e incluso antes de que el señor Hades reencarnara - ella miró con dulzura al caballero aferrándose a su mano - ellos pueden ser despiadados en la batalla pero siguen órdenes como tú las de Athena sin embargo tienen un corazón gentil, creeme por favor.

Mirando suplicante al caballero de virgo, este con su mano libre tomó a Pandora de la mejilla portándose totalmente empático.

- Yo te creo mi querida Pandora y me gustaría conocer a las personas que son importantes para ti pues creo que así como tú pueden tener una oportunidad para elegir la vida que quieran llevar.

- ¿Tú crees que la diosa Athena los recibiría en el santuario?.

- Ya viste que ella es muy benévola, sólo dependería si tus amigos quieren tomar la oportunidad que la diosa les brinde.

Pandora le regaló una sonrisa esperanzadora y besó la palma de Shaka.

- ¡No puedo creer lo que veo! - una voz fría y amenazante interrumpía el tierno momento mientras un avasallador y amenazante cosmos se dejaba sentir por toda la casa de virgo - ¿cómo es posible que el caballero mas cercano a un dios pueda rebajarse a involucrarse con una rata del inframundo?.

Ellos voltearon hacia donde provenía esa voz amenazante y al darse cuenta de quién se trataba, el caballero de virgo se puso frente a Pandora para protegerla.

- Sin modales como siempre caballero de escorpio, vienes a mi casa sin ser invitado y encima te atreves a ofender a una dama, ¿acaso quieres iniciar una guerra de mil días?. - mirando al escorpión con severidad.

- Valdrá la pena iniciarla por la mujer que tanto daño ha hecho a la humanidad y a Athena - afirmaba el caballero mientras mostraba amenazante la uña larga y roja cual aguijón en su dedo.

- Athena ya tomó su decisión, ¿quiénes somos nosotros para cuestionar? - juntando ambas manos a la altura del pecho y cerrando los ojos.

- El juicio de Athena parece estar nublado al querer salvar a esta mujer y el tuyo igual al dejarte seducir por un rostro tan bello pero no te preocupes yo te ayudaré a recobrar la conciencia.

- ¡Aguja escarlata!

De inmediato Milo tomó velocidad y lanzó un golpe letal a ambos personajes el cual se dividió en once agujas rojas que se clavarían en el cuerpo de sus oponentes sin embargo sólo se escuchó una voz imponente, una sola palabra...

- ¡Khan!

Creándose un escudo de energía cuál esfera que repelió el ataque de escorpio.

- Entonces esto es lo que decides - con una sonrisa retadora.

- Milo no quiero pelear contigo pero no dejaré que nadie lastime a Pandora.

Ambos caballeros sin portar armadura se enfrascaron en un combate cuerpo a cuerpo, tan rápido como la velocidad de la luz que apenas se veían los destellos dorados de sus golpes. Pandora estaba sorprendida.

- (¿Qué debo hacer?, si uso mi cosmos el dios de la muerte sabrá mi ubicación y dañará a Athena pero de no hacerlo no podré ayudar a Shaka) - pensaba y siguiendo con la mirada la pelea dijo en voz baja - ¡lo haré!.

Pero en ese momento una mano tocó su hombro, era Mu seguido de Aldebarán.

- No lo hagas, nosotros lo ayudaremos.

Ella asintió a Mu.

Aldebarán cruzó los brazos para asestar en un golpe rápido su técnica...

- ¡Gran cuerno!

Deteniendo el ataque y mandando a ambos caballeros a volar por los aires, impactando violentamente en el piso del recinto.

-No me dejaron otra opción, solo así dejarán de pelear - mencionó el toro dorado con voz profunda y seria a los caballeros aturdidos por el ataque sorpresa.

- ¡Pero qué!, ¿es que también están protegiendo a esta rata? - expresó Milo molesto por la actitud de sus compañeros.

- Cuida tu manera de dirigirte a la señorita Pandora, Milo.

- ¡Mu! - sorprendido.

La joven corrió para ver como estaba Shaka pero este solo tenía algunos rasguños y heridas leves sin embargo Milo tenía una herida profunda en el brazo.

- Esa herida puede ser peligrosa, déjame curarte caballero de escorpio.

- ¡No me toques heraldo de Hades!, no cambiaré mi opinión sobre ti. - mostrándose muy hostil ante la joven comandante.

- Puedes pensar lo que quieras pero después de que te cure mientras tanto no digas más y reflexiona sobre lo penoso que será para la diosa Athena saber que peleaste con uno de tus compañeros - mirándolo recriminante.

- De acuerdo, curame - extendiendo el brazo lastimado mientras volteaba la mirada para ignorar la presencia de la dama y mantenía una mueca de desagrado.

Ella fue por el botiquín y comenzó a curarlo, Shaka, Mu y Aldebarán observaban su dedicación; unos minutos pasaron y ella terminó, el caballero de virgo fue a su encuentro para ayudarla a levantarse mientras que Milo se levantó y sin palabras se retiró de la casa.

- Así es siempre Milo, no te preocupes por él Pandora - agregó Mu al notar la mirada decepcionada de la chica tras marcharse el caballero de escorpio.

- No quiero darle pesares a la diosa Athena - con un tono de voz esperanzadora - prometo que me ganaré la confianza de todos para poder vivir en paz.

- Será cuestión de tiempo pero lo lograrás, de cualquier forma yo voy a protegerte sin importar cuantas veces sea necesario - esbozando una pequeña sonrisa el polvoriento caballero de Virgo.

La joven abrazó al caballero y este correspondió con mucho afecto dejando un poco apenados a sus acompañantes.

- Por cierto gracias por venir a ayudarme.

- No queríamos levantar más revuelo con otros caballeros y viniendo de Milo seguro sería una batalla dura y sangrienta. - contestó el caballero de Tauro a Shaka.

Justo en ese momento apareció Kiki con varias bolsas que contenían el encargo de Pandora.

- Señorita Pandora traje lo que me pidió y unas cosas más - dándose cuenta de la reunión y algunos destrozos - ¿pero que paso?.

- ¡Oh Kiki que bueno que llegas!, ven vamos a la cocina para que me ayudes - mostrando una sonrisa inocente se fue con el pequeño a la cocina muy contenta.

- Es increíble pues parece otra persona, su carácter es gentil como el de la diosa Athena. - decía sorprendido el toro dorado.

- Nuestra diosa es sabia y pudo ver más allá de todos sus pecados. - afirmaba el regente de Virgo.

- Tal vez valga la pena creer en ella - el caballero de aries se dió media vuelta solo para despedirse - Shaka no dejes que use su cosmos porque Thanatos podría encontrarla.

Sin más ambos santos se fueron de la casa con la promesa de volver a la hora de la cena; Milo en su casa miraba con molestía la venda que cubría su herida.

- (¡Que tonta eres!, después de que quise lastimarte curaste mi herida, ¡que molesta eres Pandora!) - decía para sí mismo en forma de pensamiento.

La hora había llegado y Shaka ayudaba a poner la mesa, platos, copas y vasos, todo listo para recibir a sus invitados, entonces se escucharon las voces de Mu y Aldebarán, ella los recibió con una gran sonrisa y comenzó a servir una deliciosa trucha en salsa de mantequilla con ensalada fresca y almendras.

- ¡Esta es una cena digna de los dioses, señorita Pandora! - dijo el toro dorado que abría la botella de vino para celebrar.

- La hice con mucho cariño para ustedes Aldebarán.

- Yo también ayudé señor Aldebarán - mencionaba Kiki muy contento mientras tomaba jugo de fresa.

- Eres un gran cocinero, muchacho.

Todo iba muy ameno, Shaka no hablaba mucho pero disfrutaba de la cena y compañía, sonreía por el gusto de compartir una vida con ella alejándola del dolor y la guerra; pronto llegó la hora del postre, Mu ayudó a quitar los platos sucios y a colocar nuevos mientras que la joven heraldo presentaba una rosca de naranja con glaseado del mismo sabor.

- ¡Sí al fin! - decía Kiki celebrando con algarabía - este es el momento que estaba esperando señorita Pandora.

- Entonces tú serás el que corte la primera rebanada - ayudándole con el cuchillo a cortar y colocar en los platos.

Todos quedaron maravillados con el delicado sabor a naranja acompañado de un vaso de leche, luego pasaron a la sala donde se acomodaron en los cojines y disfrutaron de una melodía dulce y tranquila, haciendo que Kiki se quedara dormido a los pies de Pandora; ella terminó su canción y con ternura cargó al pequeño.

- Creo que ha quedado exhausto - mencionaba sonriente la dama.

Shaka fue hasta ella y la ayudó a cargarlo.

- Parece que tuvo un día largo, será mejor dejarlo descansar - acomodándolo bien en sus brazos.

- Ustedes dos hacen una pareja encantadora, serán muy buenos padres algún día - expresaba Aldebarán con una risa escandalosa producto de algunas copas de vino - por cierto Shaka, mañana vendré para ayudarte a reparar el piso.

Aquella pareja estaba ruborizada y apenada por las palabras del toro dorado, Mu intervino y le pidió a Shaka le diera a Kiki para cargarlo y después de una breve despedida se marcharon a sus casas para descansar. El santo de virgo le sonrió tímidamente a su adorada heraldo y tomó su mano.

- ¿Estás cansada?

- Solo un poco pero me siento muy feliz.

- Yo también estoy feliz.

Ambos sostuvieron la mirada con inocencia mientras sonreían. Más entrada la noche se podía ver a Shaka y Pandora en la cámara de Athena, la joven le llevaba una degustación de la cena que había preparado horas antes y después le dedicaba algunas palabras.

- Diosa Athena estoy lista, quiero que sepas que tomé mi decisión definitiva y si me lo permites voy a quedarme en el santuario a tu lado, no quiero ser más la heraldo del señor Hades.

La voz de aquella chica estaba llena de determinación y calidez, Athena sonrió satisfecha y con un afectuoso abrazo sellaron su alianza, era una nueva era y un nuevo comienzo. El caballero de virgo miraba orgulloso a su nueva diosa a quien dedicaría su vida entera.

** FIN DEL CAPÍTULO **