Capítulo 7. Los eslabones se van uniendo

En una aldea ya muy cercana a Rodorio se veían caminar dos siluetas, una masculina y la otra femenina que tenía un paso más lento y cansado que su acompañante; el sol no era abrasador sino que daba una temperatura ideal al igual que el fino viento soplando y alborotando la negra cabellera de la joven mujer.

- Bud estoy muy cansada y no me siento bien - expresó con voz fatigada la delgada señorita de ojos púrpura.

- Aguante un poco más señorita Pandora, en esta aldea podremos descansar y ya en un par de días estaremos con Athena en su santuario. - dijo el valiente dios guerrero de Alcor tratando de motivar a su acompañante.

Pero como respuesta solo se escuchó el sonido que produce un cuerpo al caer sin reparo, Bud de inmediato corrió para levantar a la joven notando su rostro sonrojado por la fiebre que ya había avanzado y le provocaba un terrible malestar, varios aldeanos se acercaron para intentar ayudar y otros por curiosidad pero el dios guerrero levantó con cuidado a la chica en sus brazos y miró a todos lugares buscando un médico cuando una mano delgada perteneciente a una anciana de cabellera pelirroja algo desaliñada le tocó el hombro.

- Sígueme noble caballero - caminando en dirección a una cabaña humilde y amplia.

Este sin más siguió a la señora pues no sintió desconfianza alguna, al ingresar a la cabaña, la señora le indicó una cama para que pudiera colocar Bud a la joven desmayada. Aquella mujer mayor revisó con cuidado a la frágil enferma y preparó un brebaje con algunas hierbas aromáticas y curativas que a cucharadas le dió lentamente para que pudiera beber todo.

- Es bastante bonita esta joven y se ve que no está acostumbrada a caminar largas distancias, ¿desde dónde vienen?. - dijo la señora mirando de reojo a Bud.

El dios guerrero sintió un poco de desconfianza por lo que se limitó a contestar.

- Es mi esposa y vamos a visitar a sus padres en Rodorio.

- Pues qué desconsiderado esposo eres por traerla tanto tiempo caminando, tu esposa está deshidratada y no ha comido bien - luego volteó a ver al guerrero - debes cuidar de ella o de lo contrario no llegarás a cumplir tu misión, descansa un rato que ella todavía va a tardar en despertar.

Saliendo de la cabaña aquella mujer y perdiéndose entre la gente.

- (Cuidarla bien o de lo contrario no podré cumplir con mi misión) - dijo en sus adentros el dios guerrero sintiendo algo extraño en esa mujer de cabellos rojos que ahora ya le parecía algo extraña.

Intentando descansar un poco fue a sentarse a un lado de la cama, cambiando el paño húmedo de la frente de su linda acompañante para mantenerla fresca y mirando por un momento su rostro que parecía tan angelical, libre de penas.

- (De modo que tu comandarás al ejército del inframundo, eres muy joven e inocente, ¿qué puedes saber de la guerra o tan siquiera de una vida difícil?. No puedo comprender por qué los dioses se enfrascan en una batalla por este mundo y peor aún el cómo utilizan a personas de corazón bueno para tratar de cumplir con sus objetivos) - mostrándose reflexivo en sus pensamientos y recordando también a la señorita Hilda como títere del dios Poseidón.

Lentamente el cansancio fue venciendo al guerrero de Alcor hasta quedarse dormido en la silla a un lado de la cama de la señorita Heinstein. Al atardecer de ese día en un bosque aún lejano a Rodorio y a la aldea donde aquellos aventureros estaban, otro par de exploradores caminaban a paso lento por los senderos verdes y llenos de hojas con colores café y ocre al tiempo que la luminosidad de un sol casi extinto se veía naranja y amarillo con sutiles rayos rojizos; el Kyoto de Wyvern se detenía en silencio como si esa calma le trajera un táciturno recuerdo...

En un imponente castillo, una dama de larga cabellera y figuras armoniosas en su cuerpo protegido por un largo y vaporoso vestido de terciopelo negro caminaba de un lado a otro sin recorrer mucha distancia en el balcón que daba las más hermosas vistas cada crepúsculo, trataba de esconder desesperdamente toda la pena que su corazón albergaba pues de lo contrario en ese momento saldría corriendo para escapar de la misión impuesta desde la era del mito.

- Señorita Pandora.

Se escuchaba una voz imponente y varonil que rompía el silencio del lugar y la incertidumbre de la dama al llamar su atención, encontrándose con Radamanthys que ya portaba orgulloso la surplice de Wyvern y haciendo que ella sonriera complacida de tener a su amigo, a su amado en esos momentos de temor.

- ¡Mi querido Radamanthys que bien te luce la sapuri!, digna del Kyoto más fuerte y valiente del ejército de mi señor Hades.

- Pandora aún no portas el collar, el brazalete y el tridente, ¿por qué? - notando que su diosa se esforzaba por ocultar algo en su corazón.

La joven y próxima heraldo dió la espalda al juez para ir donde sus accesorios pero antes de tomarlos, Radamanthys colocó su mano en el fino hombro de la dama y con delicadeza la volteó hacia él, ella bajaba la mirada para ocultar su tristeza pero el juez con mucha ternura la tomó de la barbilla y buscó esos ojos oscuros que tanto amaba.

- Cuando me ponga esos accesorios perderé mis recuerdos y naceré como la heraldo de mi señor Hades, no volveré a recordar lo que hemos pasado juntos por eso trato de guardar todo en mi corazón el mayor tiempo posible, ¡no quiero olvidarte!, ni quiero hacerte daño llevándote a la guerra donde podrías hasta morir y tampoco quiero que Minos y los demás pasen por esto pero el poder de la semilla ha crecido ahora que los dioses gemelos despertaron y tienen en su poder el alma del dios del inframundo. Siento que estoy perdiendo mi voluntad.

Lágrimas corrieron por esas mejillas pálidas pero Radamanthys sostuvo con fuerza y con mucho amor a la joven entre sus brazos.

- Lo sé pero siempre voy a estar contigo y te seguiré aunque eso signifique la muerte para mi y si tu destino es la oscuridad, yo caminaré a tu lado sin importar nada.

Aquel caballero inglés sonrió con gran franqueza al término del abrazo, limpiando las lágrimas de su musa.

- Sé que nunca me olvidarás, nuestra unión es eterna y traspasa la misma muerte - mirando sus oscuros ojos al tiempo que acariciaba su mejilla - ¡Por amor juró protegerte en esta y en todas mis reencarnaciones Pandora!.

Armándose de valor y en un acto que sólo en sueños había llevado a cabo selló su juramento con un cálido y profundo beso, acercando lentamente su rostro al de la joven que poco a poco se ruborizaba muy sorprendida por la actitud de su guardián ya que su amor era un secreto a voces y Pandora estaba resignada a vivir así, amándose en silencio pero con todo el corazón y en un instante pudo sentir el kyoto la respiración y aroma de su musa, con delicadeza rodeo la delgada cintura para pegarla a su cuerpo que aún con la armadura puesta sentía el calor que ella emanaba así como los latidos en el corazón agitado por el beso. El corazón del juez también se aceleraba al verse inmerso en los brazos de su amada diosa alrededor de su cuello, al cual accedía la dama parándose de puntitas, tomando una postura sumamente adorable para el juez que prolongaba ese momento pues sería la primera y única vez en sus vidas.

Luego ella simplemente sonrió agradeciéndole por todo al tiempo que se despedía y con porte magnánimo y el corazón enamorado tomó sus armas y colocó el brazalete, Wyvern le ayudó con el collar y finalmente tomó el tridente, sumergiéndose en una profunda oscuridad pues los colores se difuminaron en sus pupilas hasta volverse en un tono gris y perder su conciencia, mostrándose una mujer arrogante, sarcástica y despiadada frente a él. Radamanthys dejó caer una lágrima, la última de su vida que representaba el amor que ahora perdía y haciendo una reverencia con la rodilla al suelo se presentó a su comandante como Radamanthys de Wyvern, estrella celeste de la Furia y ambos caminaron al interior del castillo...

La mano firme de la estrella celeste de la nobleza sobre su hombro lo hizo regresar a la realidad donde Minos lo recibía con una mueca seria y reflexiva.

- Si estás totalmente convencido yo te apoyaré hasta el final amigo.

- Vamos por ella Minos, hay que salvarla de esta próxima guerra.

- ¿Y de la furia de los dioses gemelos?, ellos son los que mueven los hilos de todas las marionetas.

- Yo estoy listo para enfrentarme a ellos si es por salvar a Pandora.

- No creo que ella sea rehén de Athena, sinceramente Radamanthys, esa diosa tiene una buena estrategia militar pero un corazón bondadoso. - mirando con duda a su homólogo. - ¿Y si Pandora se estuviera refugiando en el santuario?.

La estrella celeste de la furia meditó antes de contestar y devolvió la mirada.

- Aún así iré a buscarla y si ella ha decidido servir a la diosa Athena...

Súbitamente continuó con su camino dejando sus intenciones en duda, Minos lo miró alejarse.

- (Yo también busco lo mismo amigo) - mencionó para sí mismo y emprendió su marcha para alcanzar a Wyvern.

La noche hacía acto de presencia y en aquella cabaña no se veían rastros de que la mujer pelirroja fuera a volver, Bud prendía fuego en la chimenea y preparaba algo para cenar logrando que la joven Heinstein despertara por la mezcla delicada de aromas.

- Señorita Pandora ya ha despertado, dígame, ¿cómo se siente? - acercándose a la silla para ver a la dama.

La chica de ojos púrpura miró a su alrededor y se encontró recostada y mucho mejor, le sonrió al dios guerrero más repuesta.

- Bud muchas gracias por cuidar de mí, me encuentro mejor ahora.

- No todo el crédito es mío señorita Heinstein, una señora curandera fue la que nos ayudó y le dió medicinas para que se recuperara pero tiene ya mucho tiempo que se marchó y no se si vuelva.

- Espero que si para poder agradecerle.

Bud asintió con la cabeza - Coma un poco para que se reponga más rápido - dándole un plato con sopa, vegetales y carne así como una hogaza de pan.

- Gracias, se ve delicioso pero por favor come conmigo.

El dios guerrero también se sirvió y comenzaron a cenar tranquilamente.

- Sabes Bud tuve un sueño, un hombre de cabellos negros y ojos profundos me mostraba a una mujer parecida a mi pero un poco más mayor de edad; el la tomaba por la cintura y arrancaba algo de su pecho con el reflejo de un espejo, la chica parecía inconciente o ... - mirando con cierto temor al guerrero - y ese hombre con una estrella en la frente sólo la dejaba caer al piso, luego me llamaba y sentí mucho temor y tristeza por esa mujer.

- Tranquila señorita Heinstein, por mucho que ese sueño pudiera hacerse realidad, la diosa Athena y yo no permitiremos que nada malo le pase - sonrió tímidamente para intentar brindarle confianza.

- Gracias Bud - también sonriendo un poco más tranquila.

La noche transcurrió sin ningún contratiempo para ellos que seguían inmersos en una charla amena, a unos kilómetros de distancia, en el fastuoso santuario de la diosa Athena, el caballero dorado de Virgo se dirigía a la cámara de su regente por lo que su huésped se dispuso a tocar su arpa en una taciturna melodía que arrullaba a los santos dorados hasta que la sensación muy tenue de un cosmo familiar la hizo distraerse y caminar hasta la entrada del templo.

Las estrellas tintineaban armónicamente y solo el silbar del viento irrumpía el silencio, ella miraba al firmamento.

- (Minos ... Radamanthys... siento muy débilmente su cosmoenergía, ¿acaso ya despertaron?, ¿están en el inframundo?) - decía en sus pensamientos la heraldo mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios - (por favor cuiden del señor Hades ya que he tomado una decisión y vivan felices sin remordimientos).

- Pandora...

Una voz tenue cual susurro llamó la atención de la joven al tiempo que entre las sombras de la noche veía una bruma color violeta que apenas distinguía una silueta femenina, la comandante se sorprendió pues no podía distinguir de quién se trataba y mucho menos sentir una cosmoenergía.

- Pandora todo está por terminar...

La bruma avanzó lentamente hacía las afueras de la casa de Virgo, a las orillas de las montañas y como inmersa en un sopor hipnotizante la joven heraldo fue tras ella caminando entre algunas rocas; en un claro de luna la bruma y ella se detuvieron. La tenue bruma púrpura adquirió toques más femeninos y definidos dejando ver una cabellera abundante y pelirroja.

- Ellos están cerca Pandora, Thanatos no parará hasta encontrarte, dame la semilla de tu corazón pues la necesito.

Esa figura aún brumosa extendió su brazo hacía la joven dándole un cuchillo de plata.

- Dame la semilla y te redimiré de tus pecados.

Pandora tomó el cuchillo y lo colocó en posición hacia su pecho pero otra voz más clara sin dejar de ser un susurró intervino.

- Pandora dejá eso.

El pecho de la heraldo comenzó a doler haciendo que ella retrocediera y cayera al suelo rocoso tras falsear su tobillo, la bruma aprovechando esta condición tomó el afilado objeto para clavarlo en la heraldo y acabar con su existencia pero filosas agujas carmesí surcaron el cielo para atravesar aquella imagen fantasmagórica que sorprendida echó sus pasos hacia atrás.

- ¡Es indignante que un sucio espectro haya osado entrar al santuario! - mencionaba con voz severa el caballero de escorpio tras salir de las sombras con porte magistral al ondear su túnica blanca y resplandecer su armadura con la luz emitida por la luna.

- Un caballero dorado muy atractivo al cual tengo que rechazar pues en mi condición no soy rival - disipándose con el viento instantáneamente.

- ¡Cobarde!

Dijo Milo viendo como se esfumaba, regresó su mirada a la joven en el suelo y se agachó sólo para darse cuenta que ella estaba en trance.

- Oye ¿te encuentras bien?, ¿no te lastimó?.

Poco a poco regresó en sí y aturdida notó a Milo junto a ella, lo miró con desconfianza.

- ¿Qué hago aquí?... ¿y tú qué haces aquí?

- Uno de tus sucios espectros entró al santuario pero creo que no lo trataste muy bien - siendo sarcástico y señalando el cuchillo - bien comandante sé más cuidadosa con tus espectros, no siempre estaré cerca.

Poniéndose en pie y dando media vuelta para regresar a su casa, Pandora quiso hacer lo mismo pero al apoyar su pie perdió el equilibrio y volvió al piso dejando escapar un ligero quejido de dolor, Milo se percató y regresó con ella.

- Muestrame tu pie.

Ella desconfiaba del caballero y retrocedió un poco.

- Escucha, aún no voy a lastimarte, voy a esperar a que recuperes tus poderes para tener un rival digno - sonrió perversamente - por lo tanto confía hoy en mi.

Pandora con mueca de desagrado le mostró el tobillo que presentaba un halo morado y ligera hinchazón.

- Así no llegarás a ningún lado mujer.

Sin más palabras tomó a la dama entre sus brazos y caminó de regresó a la casa de Virgo, ella no mencionó ninguna palabra pero algo cansada recargó su cabeza en el hombro de Milo quien miró de reojo a la dama que cerraba los ojos; al pasar la zona rocosa, el caballero de Virgo los recibió corriendo y preocupado con los ojos abiertos causando sorpresa en su homólogo.

- Milo ¿qué fue lo que pasó? - dejando ver en su tono la preocupación.

- ¡Quién lo diría!, el caballero más sereno y casi divino preocupado por una rata del inframundo - mostrando una sonrisa burlona.

- No es momento para provocaciones Milo - contestó con cierta molestia.

- De acuerdo Shaka, ella está bien sólo tiene el tobillo lastimado ya que uno de sus asquerosos espectros la atacó.

- Entonces ese cosmo apenas perceptible era de un espectro.

Shaka extendió los brazos para recibir a la joven heraldo pero Milo se negó.

- Está dormida, la llevaré a mi casa para curar su herida.

- Milo deja de crear escenarios de tensión y devuélveme a Pandora. - el tono del caballero era firme e imponente.

-¿Tanto significa para ti esta mujer? - haciendo una mueca de descontento - Tómala entonces, sólo es una más de ese insignificante ejército que pronto verá su final y cuando eso pase yo me encargaré de ella.

Dejando claras sus amenazas con delicadeza entregó a la joven en brazos de Shaka y se marchó altivo a su morada, ondeando su túnica blanca al caminar mientras el caballero perteneciente a la constelación de Virgo lo seguía con la mirada.

- ¿Shaka estás aquí?- decía un joven caballero perteneciente a Aries.

- Sentimos el cosmos de Milo en batalla - agregaba el toro dorado que se preocupó al ver que Virgo sostenía a la heraldo en sus brazos inconsciente - ¿pero qué fue lo que pasó?, ¿está bien la señorita Pandora?.

Ambos caballeros se acercaron en busca de una respuesta pero el discípulo de Buda sólo les pidió que lo acompañaran a la sala del loto donde acomodó a la enigmática dama.

- Por favor cuiden de ella, iré a ver a Athena y después les explicaré, sólo una cosa Milo fue una gran ayuda así que no hagan juicios erróneos sobre él.

Diciendo esto se marchó en busca de su diosa regente, Aldebarán y Mu notaron la herida en el tobillo de la heraldo.

- ¿Y esta herida?

- No lo sé Aldebarán pero voy a buscar algo para curarsela.

- Lo haré yo Mu, no te preocupes - anunciando su llegada el caballero de Escorpio con un botiquín y acercándose hasta donde ellos estaban - me imagino que Shaka no les contó nada.

- Lo hará en cuanto vuelva - agregó el toro dorado algo serio.

- Bueno y preferiría que ella lo hiciera para saber porqué ese espectro quiso asesinarla - iniciando la curación el escorpión dorado.

- ¿Qué?, asesinar a la señorita Pandora, ¿pero dices que uno de sus espectros?.

- Así es amigo Mu, los espectros pronto sabrán que su comandante está aquí y vendrán por ella - mostrando una sonrisa sarcástica - esta dama que los tiene hechizados les va a traer muchos problemas pero yo estoy más que listo para la cacería.

La joven heraldo despertó un poco aturdida encontrando a todos reunidos en el templo de Virgo.

- Mu, Aldebaran y Milo - sorprendida de ver a este último con un botiquín y vendando su herida más no encontró al regente del templo - ¿dónde está Shaka?.

- Señorita Pandora, ya se encuentra mejor - dijo el toro dorado contento de verla despierta.

- Shaka fue a ver a la diosa Athena para informarle de lo acontecido, no tardará en volver - comentó el carnero con tono gentil y mirada agradecida de que estuviera bien la heraldo.

- Ese espectro es Veronica de Nazú, una estrella terrestre al servicio del dios Thanatos - mirando a todos con preocupación - caballeros debo de irme ahora pues el señor Thanatos pronto sabrá dónde estoy.

- Tranquila señorita Pandora, nadie va hacerle daño, Mu, Shaka y yo la protegeremos sin importar cuántos espectros vengan - agregó Aldebarán con una sonrisa tierna para reconfortar a la dama.

- Además tus espectros serán bien recibidos por mi aguja escarlata a su llegada, nadie osará entrar al glorioso santuario de la diosa Athena - mostrándose extremadamente confiado, propio del regente de Escorpio.

- Pandora quiero que olvides eso de marcharte ¿acaso olvidas mi promesa?.

La voz solemne y profunda del caballero de Virgo sonaba imponente por toda su casa haciendo que todos voltearan y vieran entrar a la diosa Athena junto a él, de inmediato hicieron una reverencia incluida la heraldo que al no poder estar de pie, inclinó la cabeza; Athena con una sonrisa benevolente les pidió se levantarán y sin perder tiempo se acercó a Pandora.

- Shaka me contó lo sucedido, ¿cómo te encuentras?.

- Estoy bien físicamente diosa Athena pero me encuentro muy preocupada pues ese espectro es de confianza para el señor Thanatos - bajó la mirada con gran pesar - debo irme antes de que el dios de la muerte envié a los jueces por mi y comiensen los enfrentamientos con sus caballeros.

- No tengas miedo, recuerda que prometimos protegerte y los enfrentamientos tarde o temprano se darán si no detenemos a Hades antes de que se rompa el sello - mirando con gran dulzura a su interlocutora para luego sonreír - mañana te presentaré con los demás caballeros, por hoy daré órdenes de proteger el santuario - luego colocó su mano en el hombro de la heraldo para generar confianza.

Pandora miró fijamente a la gentil diosa y asintió sin ningún temor.

- Vayamos a descansar que mañana será un arduo día, mañana les comenzaré a revelar la verdad.

Sin más la diosa protectora de la tierra se marchó de vuelta a su cámara, Mu y Aldebarán se despidieron y emprendieron el camino a sus respectivas casas.

- Bien heraldo parece que la guerra está más cerca de lo esperado - esbozando una sonrisa traviesa.

- Tal parece que disfrutaras al derramar sangre- mencionó Shaka con tono sereno.

- No es que lo disfrute, soy un caballero de Athena y mi deber es velar por la paz del mundo y de mi diosa.

- Pareces un caballero honorable Milo - interrumpió la comandante con una sonrisa discreta - pero quiero que sepan que no seré una carga para ustedes, también voy a pelear.

- Admiro tu tenacidad comandante pero no sé si lo hagas al estar frente a tu señor Hades, estarás a prueba y cuando el momento llegue yo estaré ahí - los ojos de Milo denotaban una ardiente pasión.

- Cuando el momento llegue, Pandora tomará la mejor decisión pero no estará sola - colocándose al lado de la dama en señal de apoyo sin quitarle la mirada fría al caballero de Escorpio.

- ¡Gracias Shaka! - en tono bajo y amable.

- ¡Valla si que es sorprendente!, desconozco al caballero de Virgo frente mío, más bien parece que hablo con un hombre enamorado - mencionó con burla el escorpión dorado mientras sonreía de medio lado - pero creo que es comprensible tratándose de la comandante del inframundo ya que es una mujer muy deseada, un premio digno para él que logré su favor. En fin, a mi no me interesa nada de eso, suerte en tu carrera a la autodestrucción.

Saliendo del templo de Virgo con gran altivez. Shaka volteó hacia la heraldo, quedando frente a frente, sus puños estaban cerrados de la impotencia que le causaban las hirientes palabras de Escorpio, algo que Pandora se percató.

- ¿Estás bien? - buscando su mirada con preocupación.

- No, no lo estoy, Milo es impulsivo pero hoy sus palabras fueron verdaderamente hirientes, lo hizo con toda la intención de lastimarte. - tocando el antebrazo de la dama para tratar de calmarse.

- Pero no lo hizo - sonriendo con gran dulzura al caballero - las guerras requieren valor y fortaleza independientemente de la fuerza física que tengas, eso es algo que aprendí a lo largo de mis reencarnaciones, lo que Milo pretende es recordarme lo que necesito si pienso participar en esta misión además de que él me protegió de Verónica y curó mi herida.

Mostrándole al caballero de virgo la venda en su tobillo.

- Un hombre así no puede ser tan desconsiderado.

- Pandora - sorprendido por su forma de pensar y sonriendo complacido - eres una mujer formidable y me siento afortunado de haberte conocido.

- Por favor no juzgues a Milo.

- No lo haré, hoy me has mostrado una perspectiva diferente.

- Vayamos a dormir, me siento cansada.

Él asintió y la levantó en sus brazos para abrir el portal y entrar juntos hasta la habitación, cerrando el acceso y toda comunicación.

- ¡Pandora!

Mencionaba a kilómetros de distancia como un susurro el noble Kyoto de cabellos blancos llamado Minos al ver toda la escena desde el espejo de plata que la diosa Afrodita le regaló personalmente a la simplemente lo guardó sintiéndose sumamente lastimado en el fondo de su corazón.

- (¡Es que no puedo comprenderlo!, siempre fue Radamanthys el dueño de tu corazón, por mucho que me esforzara siempre lo preferiste a él y ahora de la nada te entregas a los brazos de un caballero mequetrefe de Athena... ¡y yo!) - golpeando con el puño el piso y logrando que del impacto un hueco se formará al tiempo que unas lágrimas de tristeza, decepción y enojo se dejaban caer por sus mejillas mientras le recriminaba a la heraldo en sus pensamientos.

- Un Kyoto llorando, creo que el ejército del señor Hades va en decadencia - interrumpió Wyvern con un tono que subestimaba a su amigo para intentar sacarlo de su estado.

- ¡Cállate Radamanthys!, no sabes lo que estoy sintiendo - dijo con enojo el Kyoto de Grifo.

- Sí lo sé, lo vi todo en el espejo que celosamente guardas, el espejo que desesperadamente busca el dios Hypnos.

Minos secó sus lágrimas y se puso en pie mirando con enojo y cierta intriga a su amigo.

-¿ Y no te afecta haber visto eso?.

- Yo siempre supe que la señorita Pandora jamás sería para mí pero no pude evitar enamorarme, yo le hice un juramento como la dama dulce y considerada que se preparaba para tomar su lugar al frente del ejército y reafirmé ese juramento cuando se volvió la heraldo del señor Hades. - mirando fijamente a la Estrella de la Nobleza - No me importa si está con él o con alguien más, sólo quiero que sea feliz y libre del influjo del inframundo.

Minos bajó la cabeza sintiéndose apenado y dolido a la vez.

- Acabar con ese caballero no va a traerla de regreso o hacer que te ame pero si podemos ayudarla a ser libre, tú decide el camino a seguir Minos.

Dando media vuelta busco un lugar para dormir y olvidar lo que había visto, el Kyoto de Grifo observó al cielo y reflexionó las palabras de Radamanthys, secando nuevamente unas lágrimas que rodaban por sus mejillas busco un lugar igual para descansar.

** FIN DEL CAPÍTULO**