La rebelión de los olvidados


capitulo 27

+Nerea+

Los gemelos duraron por su cuenta una semana. Después aparecieron en la Estación de Paso. Demasiados ataques de monstruos. Alexander, que estaba solo, duró hasta noviembre. El único consuelo fue que, según nos dijo Apolo, que atrajeran tantos monstruos significaba que eran poderosos. Eso no evitaba que echran de menos a su padre y su madre, respectivamente. Y tampoco evitaba que los llamaran por mensaje Iris y yo me encerrara en alguna parte a llorar. Fue duro.

Al estar todos por allí la Estación de Paso parecía viva de verdad. No podíamos ir a un instituto de Indianápolis porque los siete juntos en un edificio de mortales atraeríamos a un ejército de monstruos. Así que Leo, Jo y Apolo decidieron que serían nuestros profesores. Leo nos enseñaba matemáticas, ciencias, inglés (a mí sobre todo) y español (sobre todo a los que no sabían). Jo nos enseñaba historia de Estados Unidos y pequeños trucos con la Niebla, como engañar a mortales para que olvidaran algo. Por último, Apolo nos enseñaba mitología, algo importante para sobrevivir a la vida de un semidiós.

Llegó diciembre y decoramos la Casa de las Redes de Navidad. Nos lo pasamos genial y quedó preciosa, con el árbol en el comedor y luces por todas partes. Sinceramente, se me hizo raro no hacer una cena en Nochebuena pero sí un comida el día de Navidad.

Todos colaboramos para hacer la comida y Alexander resultó ser un increíble cocinero. Nos sentamos todos juntos en el salón y, al vernos alrededor de la mesa, riendo y disfrutando, una sensación cálida se abrió paso en mi pecho. Y no pude evitar lo que vino después.

-Chicos, me podéis escuchar un momento-pedí, poniéndome en pie-. Hace poco más de seis mese que descubrí que era una semidiosa y entré, como todos, en este mundo de locos. Desde entonces han pasado muchas cosas. Una me ha afectado especialmente. He tenido que abandonar a mi familia en España y borrarles la memoria-sentí las lágrimas asomar-. Pero ahora veo que tengo una nueva familia, vosotros. Así que gracias. Gracias, gracias, gracias, gracias. Ya no sé que haría sin vosotros.

Crystal se levantó y me abrazó. Daniel la imitó y el resto después. Me sentí mucho mejor. Me sentí, por primera vez desde junio, completa.

Acabamos de comer y luego Leo dijo:

-Tengo algo para vosotros, chicos.

Yo me sorprendí. No se me había pensado que fuéramos a tener regalos. Yo no había hecho, pues lo mío no era fabricar cosas y no podía ir a comprar. Leo volvio y nos dio a cada uno de nosotros siete un paquete.

-No hay nada para mí?-preguntó Apolo.

-Tú regalo soy yo-contestó Leo-. Necesitas algo más?

-No, contigo basta-respondió Apolo antes de darle un beso.

El resto abrimos el regalo. Eran brazaletes de bronce, todos iguales, pero tenían el nombre de cada uno.

-Tenéis que ponéroslo-explicó Leo-. Y luego estirad el brazo.

Lo hicimos y los brazaletes se convirtieron en escudos. Estaban decorados con intrincados grabados, todos distintos y todos preciosos.

-Muchísmas gracias, Leo-dijo Daniel.

-No hacía falta-añadió Jayden.

-Esa es la gracia de los regalos-contestó Leo-. No hacen verdadera falta, pero es un detalle con los demás. Y os serán utiles. No quiero que muráis.

-En serio, gracias Leo-repitió Crystal.

Yo estaba sin palabras. Ese escudo era la cosa más bonita que había tenido jamás, con sus dibujos que parecían una intrincada red de hojas y árboles.

El año siguió con normalidad. En primavera todos nos dedicamos a plantar en la huerta del tejado. Y en marzo llegó lo que todos llevábamos meses esperando. El bebé! Pero hubo una gran sorpresa. No fue uno, sino dos. Dos adorables niñas.

-Mis niñas-dijo Leo cuando las vio-. Esperanza Valdez-señaló a la que tenía un mechón rubio y ojos azules- y Victoria Valdez-señaló a la otra, que tenía la piel algo más oscura que su hermana y mechones oscuros y rizados.

Todos las cogimos y nos derretimos ante sus ojitos adorables, azules y marrones, respectivamente.

En algún momento Victoria se durmió en mis brazos. Apolo y Leo vinieron, este último llevaba a Esperanza. Le di al dios a su otra hija y, viéndolos a los cuatro, sentí que el universo dictaba que tenía que ser así, que no podía ser de otra manera. No sabía si tenía sentido, pero me daba igual.

-Enhorabuena-les dije.

-Esto no habría sido posible sin ti, Nerea-me contestó Apolo.

-Y por eso nos gustaría que fueras la madrina de las niñas-terminó Leo.

No pude reaccionar. No sé si en Estados Unidos es así, pero en España lo padrinos son alguien en quien confías para que, si te pasa algo, críen a tus hijos. Era el mayor honor que alguien te podía dar.

-Gracias. Yo... No sé si estaré a la altura, pero lo intentaré.

-Sé que lo estarás-aseguró Apolo-. Ya has demostrado ser muy fuerte y seguirás haciéndolo. Nunca lo olvides, puedes con cualquier cosa.

-Victoria, Esperanza, os presento a vuestra madrina-anunció Leo. Como si le hubieran entendido las dos niñas esbozaron sonrisas idénticas, sorprendente parecidas a la de el hijo de Hefesto que era su padre.

+Narradora+

En junio volvieron al Campamento Escondido. De nuevo ocuparos la cabaña 5. Nada más llegar se dieron cuenta de que algo iba a suceder. Dioses menores iban y venían constantemente y se reunían con algunos de los campistas mayores. Estos últimos les pedían entrenar más, como si algo fuera a suceder. Pero nadie contaba nada.

Daniel recordó un detalle de su sueño del año anterior, que su madre decía algo del catorce cumpleaños de Nerea, día que sucedería ese mismo verano. Cuando se lo contó a los demás rápidamente se les ocurrió si estaría relacionado con la gran profecía que habían recibido el verano anterior:

De nuevo siete mestizos tendrán el destino en sus manos.

El enemigo ya está dentro, se oculta dentro del hogar.

Las tres partes unidas, tendrán que elegir:

por sus padres luchar o el Olimpo salvar.

Una nueva era se acerca, los siete la crearán.

Así que decidieron ir a preguntar a quien había pronunciado esos versos, el Oráculo de Delfos. Rachel se alegró de verlos.

-Que os trae por mí cueva, chicos?-preguntó.

-Tenemos preguntas, pero nadie nos quiere responder-explicó Alexander-. Podría obligarles, pero no me dejan.

-Porque no estaría bien!-dijo Noah.

-Pero tampoco está bien que no nos cuenten nada-replicó Daniel.

-Esa discusión luego, chicos-cortó Crystal.

-Eso. Rachel, recuerdas la profecía que nos diste?-preguntó Nerea.

-Claro que la recuerdo. Es la segunda Gran Profecía que doy-contestó la pitia.

-En ese caso, crees que está relacionada con lo que está pasando?

-Sí, creo que sí.

Se quedaron en silencio.

-Crees que si se lo contamos nos dirán que pasa?-preguntó Jayden.

-Le verdad, no. Pensarán que sois demasiado pequeños. Pensad que son dioses que, a pesar de menores, tienen miles de años. Y vosotros no tenéis todos catorce. A lo mejor con un par de años más... A mí con dieciséis me tomaron en serio para dejarme ser el Oráculo.

-Ojalá pudieramos hacer que pasasen dos años por arte de magia-se lamentó Nate.

-A lo mejor sí podemos.

Todos se giraron para mirar a la hija de Tánatos.


Espero que os haya gustado el capítulo. Pero hoy tengo que dar un aviso.

Se acerca junio y aquí en España vienen los exámenes. Así que seguramente la semana que viene no pueda subir un capítulo, porque tengo que estudiar.

Cuando acaben los exámenes viene el verano y el tiempo de no hacer nada. Me encantaría pasar mis vacaciones subiendo capítulos aquí y más fics, pero mis padres no opinan lo mismo.

Si puedo subir un capítulo aquí, será un milagro, ya que me quitan el ordenador porque el verano es para "salir a afuera y disfrutar de buen tiempo". Mis padres tienen razón, pero me gustaría no tener que dar un parón a la historia.

En resumen, a todos los que habéis leído hasta aquí (capítulo 27, no me lo creo), os pido que tengáis paciencia. Volveré. Aunque puede que sea unos meses.

Perdón y mil millones de gracias

Erin Luan