La rebelión de los olvidados
capitulo 28
-Me lo vuelves a explicar, por favor?-pidió Nate.
-He estado probando cosas y he descubierto que lo que hacen mis poderes es acelerar el ciclo vital de los seres vivos hasta que mueren-explicó Crystal-. Lo que he pensado es hacer eso a pequeña escala y adelantar nuestro ciclo vital uno o dos años, es decir, hacernos crecer dos años.
-Y esto... Es seguro? No nos vamos a morir o algo?-preguntó Noah.
-Tengo control sobre mis poderes, pero no puedo asegurar nada-contestó Crystal-Es un riesgo que tenemos que correr si queremos que nos tomen en serio.
Nadie respondió. Estaban en su cabaña, pensando que hacer. O más bien si hacerlo.
-Yo lo confío en ti, Crystal-dijo Daniel-. Se que lo harás bien y ya estoy harto de que no nos cuenten las cosas.
-Yo también. Tú puedes, Crystal-aseguró Nerea.
Al final los siete se decidieron. Siguiendo las instrucciones de la hija de Tánatos, se sentaron en círculo en el suelo y se cogieron las manos. Crystal cerró los ojos y se concentró. Empezó a brillar con un aura gris y fría, un aura de muerte. La energía fue pasando de unos a otros y era como un acelerón en cada una de las células de su cuerpo. Pudieron sentir sus cuerpos cambiar y crecer. Y de repente paró.
Crystal se giró a un lado y vomitó por el esfuerzo. Nerea se levantó para ayudarla, pero se cayó al suelo, puesto que no contaba con el nuevo tamaño de sus piernas.
-Estáis...-Daniel iba a preguntar si estaban bien, pero se interrumpió al oír su voz que ahora era más grave.
-Sí, estoy bien-contestó Nerea, cuya voz también había cambiado, aunque no tanto.
-Esto es... Rarísimo-comentó Nate. No había mejor manera de describirlo. Seguían siendo los mismos, pero a la vez ya no. Eran adolescentes de dieciséis años, cuando un minuto antes tenían trece o catorce.
Crystal era aún más guapa que antes, pero ahora había algo más. Tenía una fuerza que intimidaba. Ya no parecía, ni era, la chica insegura que Nerea había conocido en el aeropuerto.
La hija de Britomartis había pegado un estirón y ahora era tan alta como los gemelos (que eran lo más altos de todos). Sus ojos se habían oscurecido y sus facciones se habían vuelto más afiladas. Daba la sensación de que en cualquier momento te atacaría o saldría corriendo.
Los gemelos ya no eran tan parecidos. Nate era un poco más alto y tenía pelusilla en la cara, demostrando que era el mayor. En cambio, Daniel tenía rasgos más marcados y más duros y los ojos más grandes. Quedaba poco del rostro con aire infantil que tenían cuando llegaron al campamento.
El pelo de Jayden se había aclarado más (si eso era posible) y parecía blanco en la oscuridad. También sus ojos eran más claros, su piel más pálida y era más alto.
Noah también había pegado un buen estirón y ahora era el más alto de todos. Como el hijo de Hécate también tenía un rastro de pelusilla por la cara.
Pero el mayor cambio era el de Alexander. El chico se había vuelto muy muy guapo. Sus ojos aguamarina brillaban más que nunca, en contraste con su cabello pelirrojo. Las pecas salpicaban su cara. Tenía algo, un magnetismo, que hacía que lo miraras. Los dieciséis es una edad muy importante para los hijos del dios de la atracción sexual.
Cuando se aseguraron de que Crystal estaba bien, todos se durmieron. El crecimiento repentino les había agotado las fuerzas. Cuando se despertó Nerea se dio cuenta de que toda la ropa le quedaba pequeña. Y no era la única. Así que se fueron a buscar algo. Cuando salían Nerea se rozó con Daniel y sintió una descarga elécrtrica allí donde se tocaron.
La cara de Raven fue... Indescriptible. Después de muchas explicaciones ella y una amiga suya, hija de Iris, les ayudaron a buscar algo. Y con algo se refierían a las camisates azules del campamento, vaqueros y deportivas para todos.
Unos días más tarde, Nerea estaba paseando por el Campamento Escondido. Todavía no se acostumbraba a su nuevo cuerpo. Tenía más... Curvas. Algunos chicos que no conocía ya la habían mirado de una manera que no le gustaba mucho. Sentada en la hoguera, se encontró con alguien a quien no esperaba encontrar.
-Hestia-saludó.
-Hola, Nerea-contestó la diosa-. A si que lo que dicen es cierto. Habéis adelantado vuestra edad-comentó mirándola con detenimiento.
-Sí. En este lugar está pasando algo y nadie nos cuenta que es. Después de todo lo que hemos pasado no vamos a quedarnos quieto mientras nos ocultan cosas. pensamos que pareciendo mayores nos tomarán en serio.
-Y teníais razón. Pareces más seria, más de confianaza. Pero el conocimiento a veces es un peso. Estás preparada para le verdad, Nerea?
-Supongo que sí, y si no tendré que estarlo.
-Tienes el espíritu de una guerrera. Pero recuerda, no todas las guerreras tienen que luchar.
Y la diosa con aspecto de niña de ocho años desapareció en un destello anaranjado. Al día siguiente Raven fue a buscarlos a los siete. Les llevó a una cueva que se usaba como sala de reuniones. Allí dentro había mucha gente. La mayoría eran dioses. Dioses menores.
En primera fila se encontraban Rachel, Hestia y... Sus padres. Némesis, Hécate, Tánatos, Eros, Bóreas y Noto. Pero no Britomartis, ya que su última esencia divina se había esfumado. Por detrás podían reconocer a más dioses. Iris, Tique, Niké, Hipnos, las nueve musas... Pero había una cabellera rubia inconfundible allí dentro.
-Apolo?-preguntó Nerea.
El dios del sol, la música, el tiro con arco, la poesía, las profecías, la medicina y mil cosas más, uno de los olímpicos, los saludó.
-Hola chicos. Sí que habéis crecido-pero por su tono quedó claro que le habian informado del truco de los chicos de antemano.
-Apolo, que haces aquí?-preguntó Daniel- se suponía que lo olímpicos no conocían esto.
-Digamos que en este caso no he elegido el bando de mi padre-contestó el dios. Nerea recordó que, en parte, ya se lo había dicho cuando lo conoció.
-Hemos estado mintiendo todo el año sobre este sitio y tú lo conocías?-preguntó Jayden.
-Era una... Prueba de lealtad. Para ver si se lo contaríais a alguien que no debía saberlo. Pero lo hicisteis muy bien.
-No estamos aquí para que te sinceres, Apolo-cortó Némesis-. La pitia del Oráculo de Delfos nos ha comunicado la Gran Profecía que pronunció el pasado verano. Y hemos decidido confiar en vosotros.
-Confiar... Para qué?-preguntó Alexander.
-Qué planeais?-preguntó Crystal.
-Una rebelión-contestó Hestia-. La rebelión de los Olvidados.
He conseguido escribir esto en medio de la locura de los exámenes, así que aquí va el (probablemente) último capítulo antes de las vacaciones.
Han pasado algo más de cuatro mese desde que empecé este fic (publiqué el primer capítulo el 26/1/22). Estoy muy contenta de que por fin llegue a la parte de la rebelión. Hubo momentos en los que pensé que nunca llegaría hasta aquí. Me da pena tener que hacer un parón en este momento de la historia, pero no tengo otra. De nuevo, lo siento. Pero volveré. Lo juro.
Mil millones de gracias a quienes hayan leído hasta aquí y esperen el momento en el que pueda volver. Aprovecharé hasta el último segundo que tenga con al portátil para escribir.
Erin Luan
