La rebelión de los olvidados


capitulo 33

-Lo primero es lo primero, necesitamos una buena estrategia-dijo Noah.

-Pues vamos mal. Los estrategas están en el otro equipo-comentó Percy, pensando en los hijos de Atenea.

-Y si, en vez de pensar en las habilidades que no tenemos, pensamos en las que si?-propuso Will.

-Sin duda nuestra mejor habilidad que tenemos es poner trampas y distracciones-contestó Daniel-. Con los hijos de Hefesto, los de Hermes y la hija de Britomartis-lanzó una mirada a Nerea.

Estaban todos reunidos en un claro del bosque, los siete y todos los de su bando.

-Y por eso mismo no deberíamos basar en eso nuestra estrategia-argumentó Nico-. Saben que es nuestra mejor baza y estarán muy alerta.

-Si ellos saben lo que haremos entonces que, hacemos la contrario? Les atacamos directamente?-propuso una hija de Hefesto.

-No. Tenemos que hacer lo contrario de lo que solemos hacer, pero que parezca que estamos haciendo lo que esperaban-explicó la capitana de de la cabaña 11, una chica llamada Celia. Todos la miraron sin entender-. Iran en grupos pequeños para poder esquivar trampas con facilidad. Se dividirán y eso será lo que nos dé la victoria.

Prepararon un plan a partir de la idea y todos se apresuraron a prepararlo todo. La partida sería después de cenar, y durante la cena la tensión se palpaba en el aire. Llegó la hora y todos cogieron sus armas y armaduras y se dirigieron al bosque. Nerea se estaba poniendo el casco con el penacho azul de su equipo cuando Daniel se acercó. Su corazón empezó a latir más rápido.

-Todavía no hemos hablado de... Lo de hoy-Nerea sabía perfectamente a que se refería.

-Y ahora no es el momento. Tenemos que concentrarnos, nos lo jugamos todo.

-Lo sé-luego de esas palabras, Daniel cambia de tema-. Me gusta el plan. Vamos a usar su inteligencia contra ellos. Esa Celia es muy lista. Y retorcida.

-Una digna hija de Hermes-Nerea sonrió-. Pero es arriesgado.

En ese momento Percy les llamó para que vinieran ya y los dos se dirigieron a sus puestos. Antes de separarse Nerea le dijo:

-Me encantó ese beso-y luego salió corriendo en su dirección. Por un segundo Daniel se quedó mirando al aire de la impresión, pero le volvieron a llamar y se fue a su puesto.

Nerea llegó por fin. Allí le esperaban Celia y otro hijo de Hefesto. Había grupos como el suyo por todo su lado del bosque, cortando todas la entradas. A unos metros de ellos había un red atada a una cuerda, clarmente a la vista. Ellos se escondieron entr los árboles, esperando.

Sonó la caracola que daba inicio al juego. Pero hoy era más que un juego. Esperaron durante unos minutos que se les hicieron eternos, hasta que oyeron pasos. Eran tres personas con un casco con penacho rojo. Una era mucho más alta que las otras dos.

-Estos son tontos-aseguró uno de ellos, un hijo de Ares-. Nadie caería en esta trampa. Esto está ganado.

-No estés tan seguro-respondió la figura alta, que Nerea reconoció como Annabeth. Entonces pasaron delante suya y, a una señal de Celia, se abalanzaron sobre ellos. El chillido de la tercera figura cuando aparecieron la develó como hija de Afrodita, esas chicas no tenían diferencia ente las exclamaciones de miedo y de alegría y eran unos gritos conocidos por todos.

Nerea se lanzó sobre Annabeth, cuchillo en mano. Pero la hija de Atenea se dio la vuelta a tiempo y detuvo su cuchillo con el suyo propio. Comenzaron una intensa lucha casi cuerpo a cuerpo, puesto que sus armas eran demasiado cortas como para luchar de lejos. Ninguna de las dos se dio cuenta de que Celia y en hijo de Hefesto reducían y ataban al hijo de Ares y la chica de Afrodita, pero no se atrevían a intervenir. La lucha estaba demasiado igualada, era demasiado intensa. No había manera de saber quien iba ganando. Se movían tan rápido que los cuchillos parecían haber desaparecido. Y, de la nada, Nerea lazó una patada a las piernas de Annabeth. Esta cayó al suelo sin poder evitarlo Y Nerea se alzó sobre ella, jadeando, y puso el cuchillo de plata sobre el cuello de la hija de Atenea. Los compañeros de Nerea se apresurarona atarla y dejarla junto a sus compañeros.

-Bien hecho-elogió Annabeth-. Lo reconzco, no habéis pillado.

-El mérito es de Celia, el plan es suyo-la hija de Hermes se sonrojó hasta las orejas. Y se marcharon, dejando a tres semidioses atados y desarmados tras ellos.

Llegaron al claro en el que estaba su bandera y se escondieron entre la maleza. Vieron siete personas del otro equipo en los alrededores, pero el resto eran aliados. Era extraño que que no atacaran, puesto que solo vigilaban la bandera Will y un pocos de Apolo y Hefesto que no sabían luchar muy bien. Y Clarisse estaba entre los enemigos al acecho. Pero claro, eso no era lo que ellos veían.

En lo alto de alguno de los árboles estaban Nate y Noah. El hijo de Hécate estaba utilizando la Niebla para que los enemigos pensaran que en el claro había más gente y, sobre todo, enemigos fuertes. Los rojos no sabían que hacer. Y los azules esperaban.

Fue Clarisse quien les dio la victoria. A la hija de Ares le pudo la pudo la ira y se abalanzó sobre los enemigos que tenía delante, concretamente sobre Daniel. Y los demás la siguieron. Y grande fue su sorpresa cuando, de repente, los semidiose ante ellos desaparecieron. Pero no tuvieron tiempo para asimilarlo, pues salieron del bosque casi treinta de semidioses, que después de vencer a los invasores en su puesto en el bosque, se habían dirigido al claro de la bandera.

Los siete rojos no pudieron hacer nada.

En la otra punta del bosque, cuatro semidioses llegaron a una barrera hecha de plantas. Al otro lado se veía la bandera roja. Había un par de hijos de Afrodita y cuatro de hijos de Deméter, vigilando la única puerta en la impenetrable barrera.

-Como pasamos por ahí?-preguntó Percy.

-No pasamos por ahí-contestó sencillamente Daniel-. Nico y Percy, quedaos cerca de los guardias, pero que no os vean. Cuando veais que notan algo raro en el otro lado de la barrera, dejadlos inconscientes. Los más importantes son los de Deméter, ellos mantienen la barrera.

-Y vosotros dos que vais a hacer?-dijo Nico.

-Ahora me toca a mí-respondió Crystal.

Los dos adolescentes se dirigieron a la parte de atrás de la barrera. Crystal apoyó las manos en las plantas y esta empezó a marchitarse.

-Llevará un rato-anunció la chica con cara de concentración.

-En cuanto haya un hueco por el que pueda pasar, valdrá-contestó Daniel. El chico se sentía incómodo a solas con Crystal después de lo que Nerea le había contado, pero la hija de Tánatos estaba demasiado ocupada para notarlo.

-Listo- anunció unos minutos depués.

Daniel se coló por el hueco en la barrera y corrió hasta la bandera. Pudo ver a los guardias inconscientes y a Nico y Percy esperando.

-Ya no recordaba lo mucho que me gusta este juego-comentó Percy. Daniel no se detuvo y siguió corriendo, con la bandera roja bajo el brazo.

Llegaron al los alrededores del arroyo y encontraron a gran parte del equipo rojo. También había varios azules. Y todos se detuvieron por un segundo y vieron a Daniel, con la bandera roja bajo el brazo. Todos los rojos se lanzaron sobre él, pero los azules los detuvieron. Aun así Daniel tuvo que defenderse, mientras intentaba llegar al arroyo. En un momento se encontró luchando junto a Jayden.

-Que ha pasado? No se suponía que ibais a atar a los rojos?-preguntó al hijo de Bóreas.

-Debieron soltarse mientras nos ocupábamos de proteger la bandera.

Y los dos chicos se alejaron. Daniel siguió luchando, pero quedó atrapado bajo el ataque de cuatro chicos de Ares. Se quedaba sin opciones. Y entonces una sobra con alas se lanzó sobre él y le elevó. Nerea, pensó el hijo de Némesis. Pero el alivio no duró.

-Nos lanzan flechas!-advirtió Daniel.

-Pesas demasiado para cargar contigo!-contestó Nerea. Y el hijo de Némesis cayó de vuelta al suelo. Cerró los ojos y se preparó para un golpe que nunca llegó. Sintió agua a su alrededor y abrió los ojos. El agua del arroyo se había levantado y le dejaba en la orilla de su equipo. Vio a Percy, que tenían encima a su mujer, que le clavaba la punta del cuchillo en el cuello. Habían estado luchando, pero al verle caer el hijo de Poseidón había ignorado la pelea para salvarle.

En cuanto pisó tierra Daniel gritó con toda la fuerza de sus pulmones, que no era poca:

-El equipo azul gana! Viva la Rebelión de los Olvidados!

Nerea se posó a su lada, cansada pero sonriente. Y Daniel la besó. Allí, de repente, delante de todos. Los silbidos y exclamaciones no se hicieron esperar entre los semidioses adolescentes, y también entre los más mayores. Incluso Quiró sonrió ante la demostración de amor.

Pero, en las sombras, un corazón se rompía. Y nadie lo vio, salvo los ojos color aguamarina que siempre la miraban a ella.


Espero que este capítulo tan largo compense en parte el parón del verano. Realmente amo como me ha quedado este capítulo y espero que a vosotros también os guste.

Por favor reviews.

Mil millones de gracias por aguantarme durante 33 capítulos.

Erin Luan