La rebelión de los olvidados
Feliz día de Todos los Santos, día de muertos o lo que celebres el 1 de noviembre! Y si no celebras nada, feliz día.
capitulo 36
+Nerea+
Subir todos hasta el Olimpo nos llevó un buen rato. En el ascensor cabían 60 personas, más o menos, con lo cual hubo que hacer muchos viajes. El portero flipó un poco al ver pasar a tantos adolescentes por el vestíbulo del Empire State, pero tampoco nos dijo nada. Debió asumir que éramos semidioses y decidio no meterse.
Cuando por fin estuvimos todos arriba llenábamos las calles de la ciudad de los dioses. Los dioses menores de las casas nos deseaban buena suerte. Los nervios se podían sentir en el aire. Seguimos caminando hasta las puertas del Olimpo.
-Y ahora que?-preguntó Noah.
-Ahora nos cojemos de la mano-contesté.
Me subi a los ombros de mi novio y me dirigí a los semidioses:
-Hace dos años tuve un sueño, un sueño que volvió a repetirse ayer. Y me mostró como tenemos que entrar. Tenemos que colocarnos en filas de siete personas, cogidos de la mano y mezclados los tres campamentos-expliqué. La gente lo hizo, griegos, romanos y escondidios de la mano. Luego nos colocamos nostros, la primera de las filas. A la izquierda Noah, con Jayden a su derecha. Alexander entre el hijo de Bóreas y Crystal. A mi izquierda mi mejor amiga y a mi derecha mi novio, y a la derecha de este su hermano gemelo no gemelo. Todos cogidos de la mano.
Las puertas del Olimpo se abrieron ante nosotros. Y entramos en la sala del trono. Era impresionante. Columnas descomunales se alzaban hasta un techo abovedado, en el que se desplazaban las constelaciones de oro. Trece tronos, construidos para seres de más de cuatro metros de altura, estaban dispuestos en forma de U invertida, como las cabañas en el Campamento Mestizo. Todos estaban ocupados. Los dioses nos miraban como si fuéramos cucarachas que de repente se hubieran puesto a bailar la conga.
-Semidioses-dijo el dios sentado en el trono principal a la derecha, Zeus-. ¿Qué hacéis en el palacio de los dioses?
Por un segundo pareció que nadie diría nada, pero alguien rompió el silencio.
-Buscamos justicia-anunció Daniel-. Venimos a derrocaros, igual que hicisteis con Cronos y él antes con Urano. Hoy es el final de la época olímpica.
Algunos dioses se rieron.
-Sois semidioses-dijo Ares, como si no fuera obvio-. No podéis vencernos.
-¿Qué no? ¿Quieres la revancha?-preguntó Percy Jackson desde algún lugar en nuestras filas y Ares se sentó avergonzado mientras los semidioses reían.
-Aunque no me guste admitirlo, Percy Jackson es uno de los semidioses más extraordinarios-respondió Atenea-. Él pudo vencer a Ares, pero no opino lo mismo de todos los demás.
-Por supuesto tienes razón, Atenea-admití-. Un semidiós no podría venceros. Pero no somos uno, somos todos los hijos y descendientes de los dioses. Y juntos sí tenemos ese poder. Por muy dioses que seáis, solo doce no podéis vencer a cientos de semidioses apoyados por cientos de dioses y espíritus.
-¿No sabes contar niña?-se rió Hades-. En el consejo somos trece, además de Hestia.
-¿Y quien te ha dicho que todo el consejo va a luchar contra ellos?
-Apolo, ¿que haces?-preguntó Artemisa, mirando a su hermano.
-Traicionaros. Sois mi familia, pero no el bando por el que lucharé-el dios del sol miró desafiante a los demás dioses.
-Apolo...-Zeus miró con furia a su hijo- No te atrevas.
-Y si lo hago que, ¿me convertirás en mortal? Mejor. No tengo miedo a la muerte y ellos son mil veces mejores que nosotros-Apolo se convirtió a tamaño mortal y abrieron un hueco en nuestras filas para dejarle pasar hasta sus hijos, griegos y romanos, y hasta Leo.
-No pienso permitir esto-aseguró el rey de los dioses.
-Sí lo permitirás -dijo una voz. Hestia salió de las sombras. Por una vez no tenía aspecto de niña, sino de adulta, y miraba a su hermano pequeño como solo las hermanas mayores pueden hacerlo-. Apolo es libre de elegir por quien quiere luchar y, si alguien lo ha vuelto en vuestra contra fuisteis vosotros.
-Hestia, ¿te pones de su lado?-preguntó Hera-. Estás destruyendo esta familia.
-Tú más que nadie deberías saber, querida hermanita, que esta familia lleva milenios hecha pedazos-contestó cortante la diosa del hogar antes de reducir su tamaño y mezclarse entre los semidioses, de nuevo con aspecto de niña de ocho años.
-Que está pasando?-preguntó Poseidón-. Como es posible todo esto?
-Empieza con una profecía-explicó Nate.
-Que profecía?-preguntó Artemisa.
Y entonces los siete recitamos a la vez:
De nuevo siete mestizos tendrán el destino en sus manos.
El enemigo ya está dentro, se oculta dentro del hogar.
Las tres partes unidas, tendrán que elegir:
por sus padres luchar o el Olimpo salvar.
Una nueva era se acerca, los siete la crearán.
-Empieza con una profecía-repitió Nate-. Y acaba con una rebelión. Con esta rebelión.
Los dioses se levantaron de sus tronos y se lanzaron sobre nosotros. Y entonces sentí poder, mucho poder, transmitiéndose a través de nosotros siete. Era el poder de todos los que nos apoyaban. Las figuras altísimas contraatacaron...
Lo primero: sé que este capítulo ha quedado un poco corto pero quería dejarlo ahí para darle emoción y dejar la incógnita final una semana más
Segundo: perdón por el retraso de este capítulo. Con todo el rollo de Hallowen (Samaín, le decimos aquí en Galiza) no pude ponerme a acabar el capítulo hasta hoy.
Tercero: a esas dos personas que han leído los dos últimos capítulos (34 y 35) os amo. Me gustaría mucho que dejarais un review con vuestra opinión de la historia, puesto que habéis sido quienes más lejos habéis llegado. En cualquier caso, mil millones de gracias.
El próximo capítulo podría ser el último.
Erin Luan
