Generaciones Doradas

Capítulo 6

Rodorio, 12 de Enero, 11:45

Tras ver en su pecho el colgante de la constelación de Ofiuco, Esther no sabía cómo explicar que no había sido cosa suya llevarse la armadura, ni que esta se transformara ni el asunto de las luces en el cielo… por supuesto que tampoco era culpa de ella todo lo relacionado con los chillidos y gritos de los animales del pueblo, pero todo eso el Patriarca ya lo sabía, por eso la calmó de inmediato al tomarla desde los hombros.

-No te preocupes, vamos a tomar té y nos explicaremos, ¿vale?

Ella asintió, por cortesía Kiki se sentó en la mesita del salón junto a Fran, algo incómodo este segundo por toda la situación aunque el otro parecía estar disfrutando de la situación. Vieron a la chica entrar con una bandeja y varios vasos, se los entregó y con cierto nerviosismo se sentó a su vera. Colocó el pelo detrás de sus orejas y se irguió mientras los otros dos bebían un poco, aunque perdió la compostura en cuanto el mayo habló.

-Bueno, sobre la armadura dorada de Ofiuco… -comenzó- Normalmente permanece guardada, como el resto de los ropajes sagrados, en unas galerías subterráneas dentro del Santuario -ella asintió nerviosa-. Obviamente nadie salvo unos pocos, entre los que me incluyo, saben dónde está… además, sé bien que fuiste elegida, no fuiste tú la que tomó Ofiuco sino ella a ti.

-Sí, ayer… vi un haz dorado llegar hasta mi casa y de pronto vi una enorme estatua en mi salón, estaba viendo la tele cuando eso pasó -se sonrojó un poco-. Me puse tan nerviosa que hasta me atraganté con el batido que estaba tomando.

-No me extraña, no todos los días uno es elegido Amazona de Atenea, menos aún del más alto rango -le explicó Kiki-. Esto es muy raro, no lo había visto casi nunca pero ha pasado ya dos veces en menos de ocho horas esa… es señal de los importantes tiempos en los que vivimos -suspiró un poco y bebió algo más-. Se acerca un gran conflicto y has sido llamada a filas, Esther.

-Yo no soy una guerrera -le dijo la otra-. Ni siquiera soy buena deportista… ese no es mi mundo.

El Patriarca suspiró pesadamente, por supuesto se lo esperaba.

-Lo sé, pero también sabes lo que implica una armadura de oro -La otra asintió de mala gana, por supuesto que lo sabía-. Y por tanto, sobre todas las responsabilidades y obligaciones que se tienen.

-¡Pero yo no acepté el puesto siquiera! -le encaró- ¡Y no quiero hacerlo! ¡Sé perfectamente lo sacrificado que es y no quiero!

Se sorprendió de responder de semejante manera al Patriarca y casi gritarle, se reprendió a sí misma semejante actitud pero el otro le restó importancia con un gesto al ver que se apoyaba en la mesa con cierta intranquilidad.

-No te preocupes por ahora -pidió-. Eres una mujer adulta y con responsabilidades, pero tienes un destino mayor al que atender… -se levantó, alto como era, y puso las manos tras su espalda- Sin embargo sería contraproducente doblegar tu voluntad por la fuerza, prefiero el voluntarismo… ¿qué te parece si vas entrenando poco a poco, y vas viendo si esto te gusta o no?

Fran estaba sorprendido, pero satisfecho, de la actitud del mayor. No entendía nada pero su energía y la tensión y fuerza de sus cosmos lo indicaba así. Sin embargo sonrió un poco, ella parecía dudar por su oferta aunque no las expresara abiertamente.

-¿Me lo podré pensar?

-Por supuesto -le respondió-. La actual diosa es como tú, una mujer ya adulta que nada conoce de todo esto, él está en la misma situación.

El aludido se levantó al comprobar que hablaban de él. Esther le miró con cierto interés antes de devolver su mirada a Kiki, que estaba recogiendo los vasos de té.

-¿Y no se ha negado?

-Aceptó su destino, pero es de armas tomar y no se deja amilanar -le explicó-. No acepta todas las normas sin rechistar ni mucho menos -luego miró a Fran-. Él no habla griego, pero puede usar el cosmos para comunicarse, están aprendiendo.

Esther sintió un suave cosquilleo en la baja espalda, comprendiendo suavemente lo que sucedía a su alrededor pero sin entrar demasiado en ello. Por su bar pasaban muchos del Santuario pero ninguno hablaba de trabajo – o casi nunca lo hacían – mientras estaban allí tomando algo o comiendo de sus deliciosos platos. En su lugar charlaban de sus cosas para relajarse, o sobre planes de escapadas, de anécdotas, de planes de excursiones con amigos… pero nada de ese famoso cosmos del que a veces habían escuchado.

-Entiendo… -murmuró- ¿Necesitáis algo más?

-No realmente, muchas gracias por el té -le respondió-. Delicioso como siempre, la verdad, mi enhorabuena.

Ella se limitó a sonreír suavemente y les acompañó hasta la puerta. Salieron y bajaron las escaleras para llegar a la calle, donde comenzaron a hablar más por decoro que por pensar que podían ser escuchados por ella, y especialmente entendidos.

-¿Qué decidió, entonces?

-Vendrá, eventualmente lo hará, pero no por ahora -le explicó Kiki-. No está demasiado convencida de entrenar, pero sí parece dispuesta a intentarlo al menos… le meteremos el gusanillo y la traeremos así.

-Pensé que la obligarías… -reconoció el otro- Me sorprende que no lo hicieras.

-¿Qué hubiera ganado así, más que su cabreo? -le preguntó, ya se dirigían hacia el coche para volver- Piensa que si la fuerzo lo hará pero de mala gana y desertará a la mínima, no se esforzará y podría incluso morir en un momento dado.

Esa revelación sí que fue más de lo esperado para el chico, pero tenía sentido si se paraba a pensarlo un poco. El Patriarca siempre estaba unos pasos por delante de los demás…

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Templo Principal, 12 de Enero, 12:00

La nueva representante de Atenea en la Tierra había recorrido los pasillos del edificio para despejarse después de la última clase en silencio. Se sentía en libertad para entrar y salir por todas las salas, al único lugar que no se atrevía ir de toda la instalación era al parque de la zona trasera por ser un lugar demasiado preminente para sus gustos… estaba la entrada a Pánmizos también y no sabía si fiarse plenamente de poder llegar a ese sitio o entrar al mismo en solitario. Era un temor un poco absurdo pero que ella sentía, demasiado nueva en todo aquel lugar.

Por eso entró al telar para poder verlo mejor. El primer día lo miraron por encima pero apenas pudo contemplar su verdadera belleza hasta ese día, mientras andaba en su mente iba apareciendo la información que necesitaba saber de los verdaderos acontecimientos que mostraban: tenía forma hexagonal con un telar de madera y oro en el centro, tenía aún un poco de algodón dorado y rojo entre las piezas que servían para tejer el material y formar hermosas figuras y motivos de toda clase. Podía notar el cosmos de Raki emanar del mismo aún hoy, tal debió ser el tiempo que invirtió en trabajar con aquella máquina tan maravillosa… y antigua.

Bien barnizada, se notaba aún así que tenía varios siglos por las piezas de hierro en forma de dientes, algo desgastadas por el uso. Las telas que caían desde el techo hasta cerca del suelo en cada uno de los lados atestiguaban la pericia de quien lo haya usado en el pasado, y ahora que se fijaba mejor parecían con vida por la magia de la sala y del propio cosmos de la diosa, que comenzó a brillar con fuerza. Con el fondo blanco, en la parte inferior se mostraba el orden mitológico de las siete piezas, una por pared y la última en el techo; en el suelo encontró un nuevo mural pero pintado en su superficie usando la técnica del mosaico: usando pequeñas piedras de diferentes colores y materiales formaban muchas escenas independientes por estar dividido en hexágonos regulares que imitaban una suerte de panal de abeja.

Pero la vista de la mujer volvió al cielo rápidamente. El primero de los telares relataba la creación del mundo: Urano y Gea copulando, hechos con hilos de oro y mostrando en sus miradas el amor que sentían por el otro, su piel y rostros se debían parecer a los originales por su alto grado de detallismo – se veían hasta las arrugas de sus sonrisas y la forma de sus ojos – y sus hermosos cuerpos desnudos entrelazados en medio de las nubes poco dejaban a la imaginación. Por debajo, en la imagen de un templo, parecían charlar los que identificó como Rea y Cronos.

Vestidos mucho mejor que sus padres, ella iba con un hermoso vestido corto lila y él de negro; sus cosmos les rodeaban y ella parecía estarle reclamando algo, como si estuvieran discutiendo de alguna manera. Él sostenía a un niño de cuna en brazos y la brillante corona parecía deslucir, mientras su esposa intentaba arrebatárselo de entre las manos usando una espada pero cuyo material desconocía… lo que sí sabía era que brillaba con la misma intensidad que los cosmos de ellos dos, se fijó en que al fondo de la escena se veía una amenazante tormenta eléctrica.

Justo debajo, el gran evento: la Titanomaquia, la batalla entre los seis hermanos contra sus doce familiares. Podía ver a Zeus, Poseidón, Hades, Hestia, Deméter y Hera a un lado, ellos portando el rayo, tridente y casco respectivamente, rodeados de sus característicos cosmos mientras ellas tenían espadas y lanzas… identificó el material como el mismo del que estaba hecha la espada que justo encima tenía Rea, pero ella no estaba en el lado de los titanes. A Mónica le llegó una idea entonces…

-Ella ayudó a sus hijos en lugar de sus hermanos… -murmuró- Sólo lucharon Cronos, Hiperión, Jápeto, Atlas, Ceo y Crío, no las hermanas Rea, Tetis, Tea y Temis, tampoco la memoria Mnemósine y la hermosa Afrodita… ellas se mantuvieron al margen y por eso aún vagan libres…

En el segundo, en la parte superior, ya se veían a todos los hermanos vencedores, con sus mejores galas y armas en las manos pero en actitud tranquila y pacífica. Estaban celebrando, por supuesto, la gran boda de Zeus con su primera esposa Metis… la madre de Atenea. De su yo mitológico… el cosmos de la mujer resonó con fuerza por todo el Santuario, poderoso y brillante como una gran estrella en su apogeo. Sólo se detuvo al notar una mano en su hombro, tal fue la sorpresa que pegó un bote en el sitio.

-¿Se encuentra bien, señorita?

Se giró para ver a Raki, y asintió un poco.

-Sí, sólo… estaba viendo los telares, son magníficos.

La aludida sonrió un poco.

-Qué rápido aprendió griego, ¿no?

-¿Eh?

Raki se rio un poco mientras la energía de ella disminuía por la sorpresa, la otra iba hablando pero en un momento dado dejó de escucharla y se centró de nuevo en lo que había a su alrededor. La Amazona podía entender sus sentimientos, esa era la primera vez que hacía resonar su poder por todas partes pero de verdad, no las breves escaramuzas que hasta ahora se habían dejado sentir.

-Creo que entrar aquí ayudó a despertar parte de su poder, pero necesita conocer la lengua, por si… no siempre tiene su cosmos.

-Pienso igual, Raki… -murmuró Mónica- Siento si os asusté, pero Metis era tan… hermosa…

Los telares estaban tan bien hechos y con tanto detalle que parecían fotografías o incluso vídeos de esos momentos. La Amazona miró hacia la mujer y, efectivamente Metis tenía una belleza impresionante… de pelo negro como la noche, sus ojos grises destacaban sobre su piel ligeramente morena por el Sol, elegantemente vestida con un atuendo blanco que cubría parte de su pecho y el vientre algo abultado. Debía estar ya embarazada en esos momentos, a Mónica le recordaba mucho a su madre verdadera.

-No tendría nada que envidiarle a Afrodita.

La otra sonrió un poco, la siguiente escena ya mostraba a la diosa guerrera junto a los seis hermanos y a Hera ya embarazada, probablemente de Ares… la felicidad en el Olimpo tenía los siglos contados por las infidelidades de Zeus, de hecho en el próximo ya se veían las muchas afrentas que la diosa tuvo que soportar de su marido… este aparecía con diferentes parejas, los ojos celestes de la diosa brillaban y su color azul había pasado a un rojo furioso por aquella actitud…

-¡Mira, la historia de Perséfone!

Aquel era el tercer telar. En primer lugar aparecían Hade y su compañera charlando en uno de los jardines del Olimpo. Ella tenía su gran melena marrón recogida con una rosa roja como el fuego, sonreía dulcemente al dios que sostenía sus manos. Protegido por un mantón, jamás había visto unos ojos tan azules como esos, su piel era blanca como las nubes y su pelo del color de una noche sin Luna. Eran tan diferentes pero parecían tan felices juntos…

-¿Por qué no querían que ellos se casaran? -la pregunta de Mónica sacó a Raki de sus pensamientos- No era la primera vez que un familiar se acostaba con otro…

-No era por eso, sino por Deméter -explicó ella-. Se sentía tan triste por la falta de su niña que desatendió sus obligaciones, ¿ve?

Efectivamente, apareció entonces un paisaje desolado por la nieve y el hielo. Los bosques de Grecia, poco acostumbrados al frío, sucumbió ante la tristeza de una diosa que se olvidó de su gente por la pena, de hecho la muerte se movía a sus anchas por la escena entre animales y hombres: ataviado con una capa negra, Thanatos volaba de uno en otro con sus alas grises bien extendidas y cosechando las ánimas de todo lo que se encontrara. Al otro lado se veía a los dioses discutir entre ellos, buscando una solución a aquel desastre que estaban viviendo: Hades en el centro, Deméter con él y el rey de los dioses en un trío que se debieron gritar de todo, se notaba la tensión en sus rostros, casi podía escuchar sus gritos y alegaciones.

Hasta que Perséfone volvió. En una de sus manos se veía una granada mordida, iba tomada de la otra de su ahora esposo Hades, mientras su madre esperaba a la salida con los brazos bien abiertos por su niña. Mónica podía perfectamente empatizar con sus sentimientos, se veía la madurez que había alcanzado la diosa en su estancia en el Inframundo sólo en su mirada, ataviada con un hermoso vestido negro largo pero aún con la rosa en su pelo.

-¿Eso es… Atlántida?

En el cuarto telar se podía ver una hermosa ciudad a la altura del mar, pero Raki negó suavemente, se colocaron en frente para poder mirarlo mejor y contemplarlo.

-Si te fijas tienen unas granes murallas, las construyeron Poseidón y Apolo por un castigo -le explicó-. Era una ciudad espectacular, si uno se fía en este telar…

Las murallas de piedra eran enormes, anchas y altas como montañas; pero la ciudad que protegían era aún mejor. Constituida por casas bajas de ladrillo y piedra, eran sobre todo agricultores los que vivían intramuros, estando fuera los ganaderos; también había alfares, armerías en las que se trabajaba el duro metal y negocios de curtido de pieles, especias y tabernas; destacaba un edificio, un palacio, hecho en piedra y con todo un intrincado sistema de acceso que más adelante, durante la guerra contra los helenos, fungiría como defensa para los soldados que protegerían la plaza hasta el final de la batalla con el amanecer del día… esas misma escena se podía ver en el tercer de los cuadrados menores que había a la izquierda, el primero mostraba el juicio de Paris a la belleza de Atenea, Afrodita y Hera, y el otro la entrada del caballo gigante de madera ideado por el rey de Ítaca Odiseo.

-Esta, señorita, sí es Atlántida.

Era el segundo gran cuadro de ese telar. Estaba en la costa y formaba grades círculos concéntricos en torno a un templo central, dese el que se desarrollaba el resto de la ciudad. Estatuas de Poseidón por todas partes y hermosos barcos de velas blancas y remos, del tamaño de varios autobuses, eran las pruebas del dominio marino de aquel pueblo. Los trirremes iban y venían por los canales internos que servían como calles que unían múltiples puntos. Las casas eran de piedra blanca cincelada y algo de ladrillo, sus habitantes usaban sofisticadas herramientas de acero, adelantadas a sus tiempos, y parecían fabricar las primeras armaduras al tiempo que aprendían los secretos del cosmos.

-Quisieron enfrentar a los dioses y eso les valió acabar bajo las aguas del Atlántico -le explicó Raki-. Poseidón se negó al principio pero se vio obligado a hacerlo, culpó a Atenea del desastre y convirtió a los antiguos Atlantes en sus guerreros… pero no llegaron a enfrentarse nunca hasta el siglo pasado.

-Sé que él y Atenea se llevaban fatal, ¿pero por qué esperar tanto tiempo?

-Muy buena pregunta… -reconoció la amazona- Pero no tengo ni idea, tendrá que preguntarle al Patriarca.

-Vaya…

Se fijó en la última ciudad, a las faldas de un volcán, y la reconoció en seguida. En las entrañas de la montaña estaba la fragua de Hefesto, el dios herrero trabajando sus metales con el mismo mimo y tacto de siempre, cabal y responsable para con sus obligaciones como debía ser cualquier dios… hasta que se enteró de las constantes infidelidades de su esposa Afrodita con Ares. Se podía ver cómo su rostro sereno, lleno de hollín y destacando sus ojos marrones como la tierra pasaba primero a la incredulidad, luego a la ira y finalmente al llanto por la noticia. Su cuerpo, fuerte como la roca y esculpido por el incesante trabajo, estaba ligeramente deformado de tal manera que una de sus piernas era más larga que la otra, por lo que cojeaba. Sin embargo era un dios de gran porte, su pelo castaño salvaje y su barba recortada le daban un aspecto masculino pero duro y brioso, pro no debía ser suficiente para la diosa del amor.

La ira del dios provocó la erupción del Etna y, siglos después, la del Vesubio. Aquello sepultó las ciudades colindantes en una nube de polvo y rocas ardientes, no sin antes haber sido detenidas en el tiempo por una intensa explosión de fuego y roca que lo carbonizó absolutamente todo a su paso. Nada escapó de su cólera y ese microcosmos quedaría preservado para la posteridad…

-Atenea siempre tuvo buena relación con el herrero, ¿verdad?

-Las malas lenguas decían que él un día la intentó amar, pero son falsas -confirmó Raki, y sonrió-. De hecho, su favorita siempre fue y será una ninfa, cada vez que renace solicita permiso para buscarla por la Tierra.

Mónica asintió, complacida. El quinto telar era algo más alegre, primero se mostraba a Hestia – la primera vez que salía desde que apareció con sus hermanos – justo en medio de una mujer y un rey. La diosa protegía a la muchacha con su cuerpo de la ira del hombre, que con una espada pretendía atacarla: ella vestida en blanco, se la notaba aterrada… en cierta medida al tipo se le notaba la misma sensación, aunque sus prendas lilas simbolizaran en poder de lo que estaba a punto de nacer.

-Esa es la madre de Rómulo y Remo, fundadores de Roma según los mitos antiguos -pese a no saberlo conscientemente, era un conocimiento que Mónica tenía-. Hestia defendió a su madre cuando quisieron matarla, fue forzada por Ares y quedó embarazada de ellos, una afrenta para el rey etrusco…

-Así es.

Se giraron para mirar a Kiki, que había llegado junto a Fran. Este último miraba con impresión aquello, como su hermana no se había parado a fijarse mejor en todo aquello hasta ese día.

-Creo que su diosa interior le enseñó el griego, ¿sintió cómo su cosmos ardía?

-Sí, pero saberte cerca impidió que me transportara aquí directamente -explicó-. ¿Le gustan los telares, Atenea?

-Son preciosos… -murmuró- Estaba contemplando la creación de Roma.

El otro asintió. En el siguiente se veía a la loba Luperca amamantar a los hermanos en pleno bosque y a estos jugar con los lobeznos del animal. El pelaje gris y marrón de los animales los hacía realmente bellos, y los niños gozaban de las atenciones de su madre adoptiva pero también de sus genio y capacidad de mando… lamentablemente sólo Romulo llegaría a fundar la poderosa Roma, de hecho la última parte de su telar era él contemplando desde el tocón de una encina, sentado, los comienzos de la urbe que conquistaría el mundo unos siglos después.

-Es aquí donde acaban los mitos, la época mitológica empezó con Urano y Gaia y terminó con la caída de Troya y el nacimiento de Roma -explicó Kiki-. Tras esto comenzaron las Guerras Santas entre los dioses…

Y es que el sexto telar mostraba la primera guerra entre Hades y Atenea. El Patriarca lo observó con un deje de tristeza y se rascó algo la nuca, mientras rumiaba unas palabras para explicar… pero las imágenes eran muy descriptivas. Aparecían ambos discutiendo a solas en el Olimpo, con el cielo encapotado y sin nadie más con ellos que su contraparte. En el siguiente, ambas deidades se enfrentaban con sus armas: él su casco y una gran espada de acero con el filo brillante, mientras ella sostenía su báculo y un gran escudo. Luchaban con valor y fuerza, con sus cosmos encendidos hasta el máximo. En torno a ellos también combatían diferentes grupos de hombres, siempre cuerpo a cuerpo pero ya protegidos por bellas armaduras hechas a mano por lemurianos bajo las instrucciones de Atenea y Hefesto.

El mismo pueblo que cayó por el Etna había sobrevivido lo suficiente para servir a los dioses, que combatieron por el mundo… Pero ambos bandos perdieron en el momento en que sus respectivos líderes murieron; Atenea con el pecho atravesado y Hades demasiado herido para poder sobrevivir y retirándose al reino de los muertos, aquel fue el primero de muchos empates técnicos entre ellos.

-No se puede llamar victoria a tantas muertes y destrucción… parece que el ciclo de dos mil años de conflicto por fin se rompió -Kiki bajó entonces el séptimo telar y más importante según él-. Ahora tendremos uno más poderoso.

Fran se quedó con los ojos como platos. Allí aparecían él y su hermano charlando con Raki, Daya y Antares. Aparecía un grupo de hombres junto a una pareja que Kiki no había podido identificar en los sueños que tuvo y que les mostraron esas predicciones, y también había un hombre rubio junto a una mujer brillante… y ese sólo era en la primera de las secciones. A partir de ahí se mostraba un hombre encadenado en un entorno salvaje y montañoso, un grupo de encapuchados en torno a varias altas figuras y un brillante Sol resplandeciente. También encontraron con una mujer con lo que parecía una serpiente entre sus brazos, un hombre con un mono en su hombro y lo que asemejaba ser una serpiente emplumada.

-Estos simbolizan el futuro, pero me son desconocidos la mayoría -reconoció-. Creo saber qué implican, pero con la profecías nunca se sabe…

-¿Por qué salgo yo? -preguntó Fran, nervioso- La diosa es mi hermana, no yo…

Kiki se sorprendió de escucharle hablar también en griego, pero dio por hecho que alguna razón tenía que haber. Decidió obviarlo y respondió.

-No eres Ofiuco, eso está claro -comentó-. Pero no sabemos aún cuál será tu papel en todo esto, en cuanto se sepa podremos saber mucho más.

Eso no pareció servirle plenamente, pero era un comienzo, eso desde luego. Cansada de mirar hacia arriba, Mónica llevó la vista al mosaico del suelo y comprendió que estaban las doce constelaciones dibujadas en el mismo, con el centro reservado a la efigie de la diosa. Y suspiró un poco.

¿Y quién es Ofiuco, entonces?

-Una joven de Rodorio -explicó-. La conoceréis pronto, espero… no parece demasiado dispuesta a convertirse en amazona, pero es su destino… quiera o no eso es lo que le depara la vida.

Los hermanos se miraron, Raki volvió a sus actividades y el Patriarca les sacó para prepararse para la comida. Andaban por los pasillos cuando el mayor les fue explicando.

-Normalmente estaremos sólo nosotros tres y mi Obispo, Arturo, pero por supuesto vosotros podréis hacer alguna invitación y las visitas del día se nos unirán también -les dijo-. Algunos días especiales vendrá la Orden de Oro, como cumpleaños o en fiestas.

-¿Y eso sucede a menudo?

-Al menos una vez al mes, algunos incluso son dos -respondió el otro, sonriendo-. Algunos cumplen en el mismo mes, sólo que uno al inicio y el otro al final, ya sabéis.

-Tiene sentido, la verdad… -murmuró Mónica- Kiki, ¿crees que nos irá bien de aquí en el futuro?

-Eso espero, señorita -le respondió-. Lo único que podemos hacer es estar bien preparados para cuando llegue ese momento, y para eso hay que estudiar mucho.

Ella suspiró un poco, ya estaba mayor para esas cosas…

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Cercanías de Roma, 12 de Enero, 13:00

La reunión de Severo, Saga y Pandora con Folken se extendió a lo largo de la mañana. Tras desayunar juntos tomaron el coche de vuelta al pueblo del primero para poder instalar al nuevo y que estuviera cómodo. Insistió en estar en una pensión para no molestar, pero éste había insistido: se quedaría en su casa de campo, tenía espacio de sobra y no tenía problemas con que su invitado de honor compartiera casa, pero entendía si en un momento dado él quería buscarse su propio alojamiento. Durante el trayecto de vuelta estuvieron charlando de más asuntos que les eran importantes comentar en esos momentos, alternados con comentarios de Saga cuando le preguntaban.

Pandora permanecía en respetuoso silencio, sólo alzaba la cabeza de su móvil para responder pues estaba demasiado centrada con las gestiones que estaba haciendo. Tenía que hacer acopio para los dorados en el Inframundo y aprovechaba esos ratos para ponerse al día con las diferentes obligaciones de las que se hacía cargo. A su lado, Folken tenía que reconocer que era una mujer verdaderamente impresionante, organizada y trabajadora. Severo no lo decía, pero confiaba en ella a muerte… y eso era mucho decir, siendo él quien era.

-Parece que hay atasco…

Delante, efectivamente, había un camión cruzado en mitad de la autovía. Varios agentes ya se habían apostado a los lados para indicar que se redujera la velocidad y se circulaba con precaución en el tiempo que necesitaban para retirar el cajón de carga y hacer hueco para que la circulación siguiera. Por suerte no parecía haber muertos, pero el conductor estaba mal herido y estaba siendo atendido en esos momentos por unos paramédicos que se habían acercado hasta el lugar del siniestro.

-¿Necesitáis que os lleve? -preguntó Saga- Si llamo a Aldebarán seguro que podría levantar el camión…

Bromeaba, aunque la idea no era del todo imposible o descabellada Su enorme compañero, rebasando los dos metros de alto, era tan fuerte que si duda podría hacerlo si se empeñaba lo suficiente. Sin embargo no querían formar un mayor caos del que ya se había formado de forma natural… hasta que vieron a un hombre entre los agentes, médicos y operarios de la científica desplazados.

-Ese es Thanatos… -gruñó Severo- Distingo su poder a kilómetros, es como una peste.

Era alto y desgarbado, su pelo negro ya empezaba a tener canas y unas alas de energía brillante nacían desde su espalda y estaban cerca del suelo. Invisible para todos se iba acercando a las diferentes personas que veía y a algunas se las pretendía llevar pero una fuerza se lo impedía… demasiado vivos aún para ser llevados, alejaban al dios con sus ansias de seguir respirando y eventualmente se rendía, por eso iba a por su siguiente víctima potencial. Estuvo así durante un eterno minuto hasta desaparecer como había llegado. Sólo entonces dejó Severo de apretar el volante.

-¿No es amigo, verdad?

-Me traicionó, ése y su hermano, durante siglos… -gruñó- Aún no puedo enfrentarme a él, pero todo a su tiempo…

-Entiendo… -murmuró- ¿Estos son esos subordinados que dijiste que te eran desleales desde siempre?

-Sí, camelaron mis oídos en la época mitológica y me usaron, pero ya no -Severo pareció recuperar el control de sus emociones-. Comprendí que había muchas decisiones que también tomaban por mi y envenenaban mi alma cada vez que podían… me deben estar buscando también.

Era lo habitual dentro del Inframundo. Los hermanos gemelos eran de los primeros en ser liberados de las cadenas de Atenea en forma de jarrones con su símbolo, por eso eran los que juntaban al ejército de espectros del dios y también a toda su guardia personal, que les incluían. Con esa posición privilegiada contaban con el beneplácito del dios para sus actividades, así que aprovecharon para tener muchas ventajas y dádivas de todo tipo. Eran una pequeña mafia que había sido descubierta hacía poco… ahora, en cambio, sus intenciones para con él sin duda serían mucho más oscuras.

-El poder es lo que tiene, me temo -comentó Folken-. Yo no se de esas cuestiones, pero sí de honor… y os sé honorables, aunque no tenga la menor idea de cuál es mi poder.

-Te ayudaremos en lo que podamos -garantizó Pandora-. ¿Tienes alguna alergia? Tengo que hacer el pedido de la compra.

Severo sonrió mientras el otro le preguntaba más cosas. Ella siempre pensaba en todas las cosas, incluidas aquellas que a él ni se le ocurrirían… Eso sólo demostraba sus dotes como líder y organizadora, si no fuera su asistenta sabía perfectamente que podría ganarse fácilmente la vida como planificadora de bodas o gestora de alguna herencia millonaria. Eventualmente pudieron pasar junto al resto de la caravana en torno al lugar del accidente y no tardaron demasiado en volver al pueblo en el que habitaban. Folken miraba por la ventana del coche con bastante interés, quedándose con la belleza de los campos de olivos y los riachuelos que aquí y allá corrían dirección al cercano mar. Grupos de vacas, cabras y ovejas pacían en algunos de ellos con la calma de saberse cuidados por sus ganaderos, observantes bajo algún árbol a la sombra… junto a sus perros, que jugaban entre ellos a la vez que tenían un ojo siempre en las reses.

-¿Te gustan los animales?

Iban ya por un camino de tierra después de haber abandonado la carretera principal sin haber llegado como tal al cercano municipio. El aludido asintió, miraba por la ventana con interés y se fijaba en especial en las reses.

-Son preciosas… -murmuró- Están muy lustrosas, ¿habrá fiesta dentro de poco?

Efectivamente, sus pieles estaban muy cuidadas y limpias, parecían carentes de nudos e incluso con alguna que otra tira hecha con su propio pelo. Serían adornados más adelante con tiras de algodón que formarían lazos con flores, guirnaldas y campanitas dulces. Al cuello tenían campanas de hierro que resonaban cada vez que movían sus pesadas cabeza y permitían localizar a cualquiera de las grandes bestias.

-Sí, en un par de semanas, el que gane se llevará un buen premio en dinero -les explicó Severo-. Es cada año y parece que ganará uno de mis vecinos, hace poco que una de sus ovejas dio a luz, tuve que ayudarla a parir.

-Hablas de Darío, ¿no?

A la pregunta de Pandora, el otro asintió suavemente. Avanzaron lentamente a lo largo del camino de tierra, salvando las subidas, bajadas y muchos huecos que se iban formando a lo largo de años de uso constante. Al fondo se comenzó a ver una casa de campo, donde ellos vivían comprendió Folken, y sonrió suavemente al bajar del coche una vez pasaron la verja y aparcaron en el patio.

-Tengo un comida en veinte minutos, pero volveré en no mucho -aseguró Severo, ayudando a su compañero con las maletas-. ¿Te gusta?

-Es preciosa, esta zona… -murmuró el aludido, sonriendo- ¿Vives aquí desde hace mucho?

-Desde siempre, nací y crecí aquí -aseguró-. Bueno, pues marcho, ¿te ocupas tú, Pandora?

-Por supuesto, señor.

Antes de que ella respondiera él ya había subido de nuevo al coche y ya se dirigía de vuelta al pueblo para reunirse con Bianca para la comida. La mujer sonrió por verle así de ilusionado y ayudó a su invitado a entrar, junto a Saga. Ya en el edificio le guio a través del mismo para señalarle los diferentes lugres, avisando sobre unas escaleras que llevaban hacia una zona inferior.

-Puedes moverte con total libertad por toda la casa y los campos, pero esas escaleras llevan al Inframundo… -le explicó- No sé cómo reaccionarías si entraras, si soy sincera.

-La energía que emana de ahí dentro me recuerda mucho al lugar del que vengo -respondió Folken-. Y también a lo que noté en Saga.

El aludido había dejado las cosas de él en su cuarto asignado y esperaba pacientemente según terminaba el tour por la zona antes de volver con los demás. Sonrió un poco por aquel comentario, entendía por qué lo decía… él pensaría lo mismo de estar en su posición, por eso no comentó nada. Se le ocurrió una interesante idea en ese instante.

-No creo que sea mala idea que viniera, Pandora -ella le miró con interés-. Al final reacciona de forma positiva al poder de Lord Hades, igual que nos pasa a lo dorados.

-Que sea bajo tu responsabilidad, pues -indicó ella-. Yo necesito hacer unas cosas importantes antes de poder descansar. Folken.

Se inclinó respetuosamente para despedirse y se dirigió hacia una salita, en la que se encerró. Los dos hombres se miraron entre ellos y Saga le invitó a ir con él hacia el Inframundo, y como no tenía nada mejor que hacer le acompañó… nunca estaba de más explorar, y le llamaba la atención saber cómo sería aquel lugar.

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Inframundo, 12 de Enero, 14:05

Los dorados habían terminado de montar las empalizadas y muñecos de entrenamiento; cavaron zanjas, hicieron piscinas ayudándose del agua del cercano río que discurría, y también lo desviaron para poder regar los cercanos cultivos. Ya habían introducido cabezas de ganado y algunos perros para ayudarles. Milo observaba, tumbado bajo un olivo, como unas ovejas pacían tranquilas. A su lado un hermoso perro pastor negro y blanco se dejaba bañar por los rayos del Sol, sonriendo satisfecho por su trabajo bien hecho. De tamaño mediano, debía pesar unos diez kilos y sus grandes ojos pardos miraban a su amo casi con adoración cundo él le tocaba. A su lado llegó Camus con un cubo de agua, y una sonrisa divertida apareció en su rostro.

-Ni se te ocurra, Camus -le amenazó, tenía la cabeza cubierta por un sombrero de paja-. Salvo que quieras que te acribille las nalgas con Antares.

-Sería un desperdicio tirarte el agua para que te movieras -le espetó-. Sólo quería cargar el tanque para el riego por goteo.

El aludido suspiró y se incorporó para ayudarle. Gracias al cosmos podían llevar cosas muy pesadas encima y sin demasiado esfuerzo, pero siempre venía bien una mano amiga para cooperar. A unos metros se alzaba un gran cubo de plástico, de su parte interior salía un tubo que luego recorría la colina hacia los cultivos.

-¿No es suficiente con el agua del río, que también queréis el riego por goteo?

-No es cuestión de depender siempre del río -señaló-. En un momento dado, Hades puede ordenar que se mueva y necesitaremos aún comida para todos, y así es todo bastante más eficiente… no podemos permitir gastar demasiado.

-Si tú lo dices…

Mientras, Shaka y Shura ya habían comenzado a desentumecer sus cosmos y sus músculos para entrenar. Habían hecho un gran rectángulo en el suelo usando placas de piedra para crear una plataforma que fuera plana. En cuanto la tuvieron lista se "pelearon" para ser los primeros en probarla, y los elegidos fueron ellos dos. A los lados se habían colocado el resto de sus compañeros, por si alguno se emocionaba demasiado al lanzar un ataque y este se pasara de la raya en potencia.

-¡Ahora!

En cuanto Aioria lanzó su grito, ambos se lanzaron a por el otro a la velocidad de la luz. En un parpadeo estaba uno frente al otro con las manos tomadas, apretando con violencia y empujando con sus energías. Tal fue la fuerza que las placas retumbaron, en ese momento Shura se separó y le dio una fuerte patada directa hacia la cabeza; Shaka se protegió con su antebrazo y tendió la mano hacia el pecho de su compañero, que brilló cuando su cosmos ardió y la lanzó contra su compañero. Este desapareció en el aire y le abrazó por detrás para aprisionarle, Shaka se revolvió y se rodeó de sus poderes y, con un grito, le lanzó por los aires; en ese momento lanzó uno de sus rayos de energía que dio en todo el blanco.

Shura cayó al suelo pero no llegó a rodar demasiado por el suelo. Se levantó y rodeado de sus poderes corrió hacia Shaka pero no llegó a aproximarse tanto; en su lugar lanzó su cosmos y Excalibur recorrió el aire a la velocidad de la luz. El otro giró su cuerpo para esquivarlo y se elevó en el aire sentado, con los ojos cerrados y su ardiente energía brillando; del centro de su pecho emanó un gran resplandor y Shura se vio rodeado por los poderes del otro, y sabiendo lo que ello implicaba se lanzó contra él usando de nuevo con su principal ataque preparado.

La espada de energía del caballero de Capricornio voló hacia el cuerpo de Virgo, que tenía en torno a él una esfera de brillante cosmos dorado. Sin embargo sabía cómo romper con esa defensa del otro, por eso lanzó una larga lanza de energía que chocó con la defensa de Shaka, este extendió sus poderes por el aire y envolvió a Shura pero se limitó a saltar y lanzar de nuevo sus podres; corrió hacia su compañero e hizo chocar su antebrazo con el del otro, que alzó el brazo para defenderse. El choque provocó una intensa explosión de luz y se encontraron a ambos caballeros uno frente al otro, sudando ligeramente.

-¡Ohm!

Shaka abrió los ojos de golpe y una gran honda de energía salió de su cuerpo y voló hacia el otro, que dio un salto, hizo un giro sobre sí mismo y lanzó de nuevo su ataque de energía contarte. Ambos ataques chocaron con violencia inusitada, de hecho el ataque de uno cortó al otro y lo dividió, pero la concentración de Virgo hizo que uno de los haces volviera a volar hasta la espala de Capricornio… este no pudo casi darse la vuelta y, de un manotazo, lo mandó perderse en el aire.

-No está nada mal, pensé que nos habríamos oxidado pero está claro que no -comentó Shura, sonriendo-. Casi me pillas, Shaka.

El aludido descendió del aire y se tomó de la mano con su amigo.

-Sin duda, a los demás les vendrá bien también todo esto… -respondió-. ¿Cómo nos viste, Kanon? No pareces muy impresionado.

Este negó con una suave sonrisilla.

-Os tengo muy vistos, pero sigue siendo increíble vuestra velocidad… -luego miró a Mu- Creo que será buena idea colocar tu Muro de cristal para más adelante, mirad.

En la tierra se apreciaron algún que otro corte del césped, junto a un par de cráteres. No demasiado grandes, el propio suelo se recuperó a sí mismo antes de que pudieran ponerse a trabajar con las herramientas y reconstruir los posibles defectos.

-Sí, sin duda… -alzó la vista al sentir la energía de Saga- Creo que ya volvió, pero no viene sólo… ¿lo notáis?

Aldebarán asintió, Afrodita incluso se quitó de los labios la rosa que sostenía en ese momento, pensativo… Luego miró a Ángelo, parecía sorprendido. Estaba acabando de pintar y barnizar algunas paredes junto a Aioros y Dohko.

-Es como… si esa persona hubiera vuelto del Infierno -gruñó-. Y creedme, sé de lo que hablo, he sentido esa energía muchas veces.

-Eso… no me gusta.

Aioros dejó las cosas a un lado y fue hacia la casa, deseoso por ver de quién podía tratarse. Pocas veces había visto así a su compañero, quería comprobar si realmente era para tanto o si se había equivocado… además, los pocos que sabía que habían burlado a la muerte no resultaron ser los mejores hombres o mujeres del mundo. En muy poco se plantó a las puertas de la casa de campo, y antes de poder entrar ya se encontró con ambos tipos… aquel hombre que acompañaba a Saga no tenía una energía negativa o que pudiera resultar amenazante…de hecho, brillaba.

-Te presento a Aioros, de mis mejores amigos -le presentó Saga-. Es otro Caballero de Oro al servicio de Atenea.

-¡Ah! ¿Es un espectro, Saga?

Le tendió la mano a Folken, que le miró con cierta sorpresa, pero Saga se rio y negó con cierta diversión.

-En absoluto, Folken no sirve a ningún dios griego -le corrigió, Aioros se sonrojó algo avergonzado-. Creemos que es, precisamente, un nuevo dios celta o nórdico, pero no tenemos ni idea de quién pueda ser.

-Entiendo… eso explicaría muchas cosas -señaló-. Discúlpame, Folken.

Este pareció restarle importancia con un gesto, el resto de la Orden se fue congregando poco a poco y le mostraban sus progresos. Se fijó eventualmente en las cabezas de ganado y sonrió un poco, contemplando la belleza rural de la zona… poco a poco aquello se convertiría en un bonito poblado, incluso algunas almas comenzaban a reunirse por allí pero sin interactuar con ninguno de los presentes.

-Dentro de un par de días llegarán los primeros espectros para ser entrenados, por eso pensé que serías uno de ellos -comentaba Aioros-. Estoy deseando enseñarles, y por supuesto, de volver al mundo de una vez.

-Eso sucederá pronto, sin duda -Folken señaló una de las vacas-. Esa, en unos meses, tendrá un hermoso ternero.

-¡Eso digo yo! -Aldebarán sonrió un poco- La notaba más hinchada y comía más, debe ser por eso…

-¿Cómo puedes saber algo así sin siquiera tocarla o acercarse algo más?

-Sólo… lo sé -respondió-. Es como si fuera algo instintivo.

Los chicos se miraron y se limitaron a seguir adelante, obviando cuestiones así. Ya tendrían tiempo más delante de preocuparse por aquellas cuestiones, por ahora se centrarían en su misión actual y, más adelante, volver con Atenea al Santuario… con la certeza de que Hades no sería una amenaza de nuevo.

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Cercanías de Roma, 12 de Enero, 14:30

Severo y Bianca comieron juntos en el bar de siempre y guardaron los excedentes en un caja de plástico para poder comer lo mismo al día siguiente y no tirar nada. Carlo ese día no estaba trabajando pero sí le vieron entrar por la puerta… parecía con falta de sueño, cosa que al otro le preocupó un poco. Siempre había sido alguien preocupado por los demás, en especial por su mejor amigo…

-¿Qué le pasará? -preguntó la chica, mientras salían- ¿Mal de amores?

Él la había abrazado por la espalda y la aproximo a su cuerpo con cierto cariño… sin embargo negó un poco, alzó su cosmos suavemente y vio que el del otro también ardía y reestablecía sus energías al tiempo que se tomaba un humeante café.

-Ya no lo contará un día, eso no me preocupa…

Ella sonrió un poco y apoyó su cabeza en el pecho de él, sonriendo un poco. Mientras andaba incluso las flores de alrededor florecían con ciertas ganas y hasta brillaban un poco pese a las nubes de tormenta que venían desde el cercano mar.

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A kilómetros de la costa un barco expedicionario color blanco y con decoraciones en madera, largo como un autobús y con la bandera italiana en lo más alto, había alzado desde las aguas los restos cerámicos de diferentes ánforas de un antiguo trirreme que había acabado bajo las aguas del Mediterráneo. Entre ellos, una tenía el nombre de Ώκεανός grabado en el tapón pero pasó desapercibido entre las muchas que salieron de los restos del aparato… los científicos estaban encantados por el hallazgo.

-¡Esto nos permitirá sufragar toda la investigación!

La alegría era generalizada… uno de ellos, en cambio, se fijó ampliamente en aquel objeto que habían sacado, le llamaba poderosamente la atención. Estaba apuntando lo que iban sacando, haciéndoles fotografías y anotaciones varias hasta dar con esa ánfora. Suspiró un poco y se sobrepuso a la sensación, las aguas del mar ayudaban a concentrarse. Una suave energía azulada le rodeó a él y al objeto, pero no se dio cuenta y sus ojos pardos se centraron rápidamente en lo siguiente mientras se rascaba algo la barba con una de sus fuertes manos… estaba centrado hasta que una mano en su hombro le sobresaltó.

-¿Vienes, Alexis?

Este asintió y se levantó para seguir a su compañero por el barco para tomar algo y celebrar el hallazgo.

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(1) Los diálogos escritos en cursiva que se muestran son para reflejar las comunicaciones vía cosmos. Aquellos que son con la letra normal, son hablando la lengua común que corresponda.