Generaciones Doradas
Capítulo 8
N/A: Darle las gracias a todos los lectores, especialmente a Pyxis and Linx, por el apoyo a esta historia.
Rodorio, 12 de Enero, 16:00
Confirmando lo dicho por el Patriarca horas antes, le llegó una carta a Esther por parte del Santuario escrita manuscrita por el mismo Kiki, con indicaciones del lugar donde se desarrollaría el primer entrenamiento junto a un pase para mostrar a los guardias, indicaciones de reglas básicas de conducta dentro de las instalaciones y varias Ordenes internas que explicaban su caso a los diferentes elementos de seguridad que pudiera encontrarse. Su contacto sería, además de un correo electrónico personal y vía carta, un teléfono móvil que intuía debía ser el de Seiya de Sagitario, el encargado de entrenarla.
Suspiró un poco, empezarían al día siguiente a las 9 de la mañana y no tenía muy claro si ir o no. Había prometido pensárselo pero dudaba seriamente que aquello fuera a salir bien, por inercia se llevó la mano al colgante de Ofiuco y lo tocó con las yemas de los dedos, por alguna razón aquello tranquilizaba su espíritu y le permitía razonar un poco. Siempre había querido viajar y por ahora, con su pequeño sueldo y a base de trabajar mucho había ido cumpliendo ese sueño… primero por Grecia, ahora quería comenzar a ver mundo de verdad, pero con ese nuevo "trabajo" puede que no pudiera. Sabía que ellos iban y venían de vez en cuando, pero no era por turismo o con carácter recreativo, sino por trabajo, y eso rompía bastante con el espíritu que quería darle a sus viajes.
Releyó por enésima vez la carta, había llegado de manos de un muchacho que portaba también un colgante, sólo que el suyo era una hidra y era en tonos marrones similares al bronce. Parecía bastante majo y la saludó al estilo militar, pero cuando quiso preguntarle algo ya estaba al otro extremo de la plaza de vuelta al Santuario. Gruñó un poco y dejó todo de vuelta en el sobre, tenía que prepararse para ponerse a trabajar en el bar, lo que implicaba un nuevo quebradero de cabeza respecto a quién encargarle aquello. Dudaba poder compaginar las dos cosas, pero tampoco tenía a nadie a quien confiarle el negocio que tanto tiempo había regentado en solitario.
-Puede que esta sea la excusa perfecta… -murmuró, pensativa- Decirle que sí o sí debo tener tiempo para poder tener el bar abierto porque es mi sustento de vida, él me dirá que no y yo diré que renuncio… Sí, ¡será lo mejor!
Con ciertos aires renovados fue a cambiarse de ropa y recoger las llaves para bajar a abrir nuevamente, normalmente no cerraría a esas horas y estaría desde la apertura a las 8 de la mañana hasta el cierre a las 21:00 aproximadamente, pero ese día se lo tomaba de descanso obligatorio por el asunto de la armadura. Las gentes del pueblo incluso llegaron a llamar a la puerta, preocupados por si le había pasado algo dado que no era el día habitual de descanso para ella; se tranquilizaban al ver que estaba todo bien y más aún cuando ella les prometía abrir nuevamente por la tarde. Su vida así tampoco era cómoda y apenas podía permitirse un día de descanso a la semana y una de vacaciones en Agosto, pues todas las fiestas locales y nacionales las pasaba detrás de la barra en su mayoría.
Pero así era feliz así que se lavó la cara y maquilló un poco, se puso la ropa de trabajo y bajó al bar para abrir. Una vez abrió la reja metálica que lo protegía del exterior abrió con llave la pequeña puerta y comenzó a encender todo, incluida la máquina de café y la recreativa que tenía y puso a funcionar la calefacción para tener todo listo; al ser Viernes no había demasiado que hacer a esas horas y eventualmente se fue llenando de algunas personas que entraban y salían a tomar algo y alegraban ese rato a la muchacha… puede que esa fuera de las últimas veces que sintiera algo de paz y normalidad en su vida diaria.
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Puerto de Civitavecchia, 12 de Enero, 19:00
El barco oceanográfico de expedición eventualmente volvió al puerto para poner a salvo todo el material rescatado hasta la fecha. Había ánforas, restos de madera, espadas, escudos, lanzas, algún que otro casco, lo que parecían ser toneles, sacos con comida que pasó a mejor vida… todo un surtido de elementos de arqueología que ahora serían expuestos, tras el correspondiente tratamiento, estudio y restauración, ante los ojos de los ciudadanos de a pie para entender mejor su pasado y todo lo que éste implicaba. Después de subir la última remesa de ánforas los buzos descendieron nuevamente para ver si encontraban algo nuevo en el barco hundido, pero a falta de nada rescatable más allá del propio trirreme decidieron volver a puerto; el trabajo no había hecho más que empezar ahora que había que fotografiar, catalogar, describir y estudiar para después restaurar pieza por pieza, lo que tomaría meses dado el gran número que tenían entre manos.
Fueron cargando todo desde el barco a unas furgonetas con el logotipo del Ministerio de Cultura italiano en rojo sobre fondo blanco, se trataba del contorno de la diosa Minerva con su lechuza en una mano y su lanza en la otra; Alexis, uno de los investigadores más jóvenes, era también el más grandote de todos. Media cerca de dos metros, de anchos brazos y espalda, pelo negro y ojos pardos pero que, bajo ese aspecto duro, se ocultaba un cacho de pan que no sería capaz de hacerle daño a una mosca. Todo un amante del mar, cada vez que se organizaba una expedición a una zona costera o directamente en las aguas territoriales de Italia él iba el primero… vaya si lo había gozado.
Pero no era capaz de quitarse de la cabeza esa concreta ánfora… un agradable cosquilleo recorría su cuerpo cuando la miraba y sentía especial curiosidad por ella, la estudiaría de las primeras al día siguiente pero, ahora, tenían que depositarlas en las instalaciones del Ministerio para comenzar a la mañana. Pensaba en ello mientras cargaba las cajas con cuidado en unos transportines de hierro que usaban para poder cargar grandes palés sin demasiado esfuerzo cuando sintió nuevamente el cosquilleo de antes… ahora acompañado de una voz.
Era suave, profunda pero cálida y amable que le llamaba y hacía reaccionar a su cuerpo, erizaba los pelillos de sus brazos y rostro pese a la ropa térmica que portaba. Definitivamente no esperaría al día siguiente sino que sería esa misma noche que comenzaría a revisarla, aunque fuera sólo esa, con tal de descubrir sus secretos; con determinación llevó la carga hasta la furgoneta y con ayuda de un par de sus compañeros fueron acomodando la carga en la parte trasera del vehículo, por suerte no tardaron demasiado por el inestimable apoyo que brindaron los marineros y, en poco más de tres cuartos de hora, ya lo tenían todo bien embalado.
-Vamos a llevar todo al Instituto de Investigación, lo guardamos en las recamaras a un lado para no molestar, y a primera hora de mañana nos ponemos a ello -el que habló era Piero, el mayor de todos-. Vais a aprender mucho, muchachos, habéis tenido suerte.
Estaba cerca de la jubilación, era algo alto y de pelo canoso muy fino, con barba tupida y gafitas que descansaban graciosamente sobre la nariz. Era delgado aunque cojeaba ligeramente, y pese a todo su vitalidad era inmensa y siempre estaba dispuesto a seguir adelante con lo que fuera necesario llevar a cabo, fuera lo que fuera y costara lo que costara. Como si de un niño se tratase siempre actuaba con el entusiasmo del que acababa de empezar pero con la sabiduría del que llevaba años en la profesión. Un verdadero ídolo para sus jóvenes e inexpertos compañeros, y que le veían como un mentor de enorme valor a sus carreras profesionales e incluso personales.
Con aquellos pensamientos se puso Alexis a conducir hacia el lugar que marcaba el GPS de la furgoneta pero cuya ruta conocía perfectamente por haberla ejecutado muchas veces a lo largo del último año de investigación, en el que habían recorrido la costa italiana y los antiguos puertos en busca de tesoros submarinos; acabando siempre en esa ciudad que les servía de base de operaciones. En no pocas veces tuvo que recorrer la carretera desde el Norte o el Sur para volver más rápido que en barco, labor para la que se solían turnar entre todos… en esa ocasión le tocaba a él.
-Si todo va bien, en un par de años podemos sacar un buen estudio de todo esto -explicaba Piero-. Yo igual me he jubilado para entonces pero os seguiré ayudando.
-¿Crees que nos podremos esperar ganancias?
La pregunta de Alexis no era en absoluto baladí, y es que la arqueología no era una profesión con la que uno esperara volverse millonario ni mucho menos.
-Nos podemos dar con un canto en los dientes si cubrimos gastos -bromeó otro de los jóvenes-. Suerte que nos paga el Ministerio los sueldos a final de mes, que si no…
-Si tuviéramos que vivir de estas investigaciones lo llevaríamos crudo, efectivamente -confirmó Piero-. Sin embargo Alexis lleva razón, muchos museos querrán pagar por tener esta colección, en especial por las vasijas tan bien conservadas -sonrió un poco-. Los ingleses en particular son muy generosos…
Fueron hablando con algo de música de la radio de fondo mientras hacían la ruta hasta llegar al edificio en cuestión: se trataba de un enorme complejo de cuatro plantas y del tamaño de varios estadios donde se llevaban a cabo múltiples investigaciones de varias disciplinas, tanto biomédicas como arqueo y paleontológicas, ellos estaban de hecho en lo más alto del edificio, que por suerte contaba con ascensor; el único inconveniente era el tener que bajar hasta el sótano, donde tenían los almacenes con todas las piezas ya catalogadas y guardadas para tenerlas a buen recaudo. Al menos habían logrado que todos los productos químicos y biológicos de sus compañeros de biomedicina estuvieran a parte en otra planta… las peleas que tuvieron con el Ministerio hace unos años aún se recuerdan.
-Bueno, vamos a cargar con todo al almacén y ya mañana comenzamos, ¿entendido? -comentó Piero, bajando de la furgoneta- Adelante.
Y comenzaron con el proceso; una vez abrieron la parte trasera de la furgoneta fueron cargando todo con cuidado y transportándolo hasta el interior del edificio. Bajaron por los montacargas y colocaron todo en su sitio en el orden establecido y se cercioraron de que todo estaba en orden para comenzar a trabajar al día siguiente con los análisis exhaustivos, hasta ahora todo había sido bastante preliminar… Alexis sonrió de satisfacción al colocar la última ánfora en su sitio, precisamente aquella que le tenía tan maravillado.
-¿Cierras, Alexis? -Piero le tendió las llaves-. Tengo que subir a la oficina un momento, acaba de colocarle las telas por encima para el polvo.
-Sí, claro.
Y se quedó a solas. Una suave energía azulada emergió del ánfora y se replicó en el cuerpo de él, que la tomó con cuidado y la destapó; un haz luminoso entró a su cuerpo por el pecho y sus ojos brillaron durante unos segundos antes de trastabillar pero sin llegar a acabar en el suelo. Cuando finalmente se recompuso, instantes después, una enorme energía, un cosmos como nunca se había sentido, estalló e hizo que de la nada aparecieran densos nubarrones de tormenta.
-Por fin libre… -murmuró- ¿Dónde estoy…? Esto no se parece a mi templo de Atlántida…
Observó a su alrededor y suspiró un poco al mirarse las manos, dejó con cuidado el objeto en el que estuvo sellado tantos siglos – la palabra Ώκεανός había desaparecido de ella – y pudo conectar con la humanidad en él.
-Así que te llamas Alexis e investigas el pasado… bien, eso es bueno -murmuró-. ¿Vives en algún sitio, muchacho?
-Sí, no muy lejos… ¿quién eres? ¡¿Y qué haces en mi cuerpo?!
-Soy el titán Océano, padre de todos los mares y señor de las aguas mucho antes que cualquier otro diosecillo de tercera -murmuró-. Padre de las nereidas y ninfas, de los tritones y de la gloriosa Atlántida… y por fin puedo volver a caminar por el mundo.
Echó a andar mientras seguía las instrucciones de su mortal de confianza, cubriendo todo con una tela y cerrando la sala antes de ir al exterior. Se sorprendía a sí mismo en hacer aquellas cosas, pero nada se lo impedía y le facilitaba las cosas al aparentar normalidad… no quería, por ahora al menos, estar en dificultades. Para cualquiera, era sólo un trabajador abandonando el centro y dejando las llaves en su sitio antes de volver a su hogar a descansar hasta el día siguiente.
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Cercanías de Roma, 12 de Enero, 20:00
Folken había estado ayudando a los antiguos dorados a terminar de preparar el Inframundo ante la llegada al día siguiente de los espectros de Hades. La mayoría iría llegando a lo largo de ese fin de semana, cuando este terminara tan sólo quedarían unos pocos por llegar a casa, lo cual implicaba que pronto tendrían que hacer de profesores nuevamente… Hades quería evitar que sus nuevos soldados no tuvieran la fuerza suficiente para luchar en la guerra que se avecinaba y pudieran morir antes de tiempo. Y en esa ocasión cumpliría con esa inmortalidad que en más de una ocasión había prometido pero que nunca había cumplido realmente.
En ello pensaban los dos, preparando la mesa en la casita de campo de Severo para cenar todos juntos – lo que incluía a Pandora y, en esa ocasión, a Bianca – y a un par de dorados que habían insistido en ello. Los elegidos fueron Aioros y Shura, que llegaron informalmente vestidos como si fueran viejos amigos del anfitrión; éste les sentó a la mesa y apenas dejó que colocaran nada hasta la llegada de la muchacha, que les sonrió afablemente… ambos dorados notaron exactamente lo mismo pero no llegaron a comentar absolutamente nada, por si acaso.
-Traje unas flores de mi jardín -comentó ella, sonriendo un poco-. ¿Tenéis un jarrón en que ponerlas?
Severo las contempló con una sonrisa, eran verdaderamente hermosas. De vivos colores rojizos y partes verdes en tallo y hojas, los pétalos estaban bastante bien cuidados y desprendían un aroma suave y agradable. Rápidamente prepararon un lugar en el que descansarían con agua, y ya colocadas en un sitio más o menos importante en la repisa de una de las estanterías, se fueron sentando para cenar las delicias hechas por Pandora: carne de ternera con patatas al horno y ensalada bien sazonada con aceite y sal, todo tenía un olor maravilloso a decir verdad.
-¿Vosotros sois amigos de Severo?
-Sí, de hace unos años -comentó Aioros, sonriendo-. Nos ha hablado alguna vez de ti, Bianca.
Ella se sonrojó y el aludido le fulminó con los ojos, pero no es algo que no hubiera hecho de haber alguien a quien poder decirle algo así. Laika en todo momento se quedó quieta cerca de su amo, tirada en el suelo y sin moverse.
-Me alegra oír eso -comentó-. Gracias por la invitación, está la carne deliciosa, Pandora.
Ella le sonrió un poco. Para todos era la hermana de Severo aunque realmente fuera su sirvienta, ayudaba que se creyeran eso de que se tuvo que ir al extranjero siendo joven… Los viejos del pueblo poco a poco se irían muriendo y ya nadie recordaría el pasado, y era lo bastante grande en población para que hubiera familias relativamente desconocidas en su seno.
-¿Quiere vino alguien?
Shura se había apropiado de la botella y se sirvió libremente, se recriminó su falta de modales y ofreció del líquido con una suave sonrisa, Severo le comprendía… no era algo raro, su producción era de las mejores. Folken apenas intervenía, se sentía ciertamente arropado pero también bastante cansado en aquellos momentos, aunque la bebida le ayudó a recuperar un poco de las energías perdidas. Sin embargo sintió un ligero escalofrío por detrás, a la vez Laika comenzó a ladrar de la nada y Aioros y Shura se levantaron de golpe, miraban todos en la mima dirección.
-Ya sabía yo que algo había sentido…
De la nada apareció un hombre desgarbado, de pelo canoso y largas alas grises. Sus ojos brillantes destelleaban con intensidad y sólo portaba ropa holgada de algodón, como si fuera un pijama. Thanatos había hecho acto de presencia.
-¡Fuera de mi casa, perro traicionero! -Severo se incorporó y fue a por él, pero el otro fue más veloz- ¡No te quiero ver ni en pintura, desgraciado!
-¿Así trata el rey del Inframundo a su más leal servidor? -murmuró, se había apartado del sitio- Me siento atacado…
Sabía perfectamente que su antiguo señor era más que consciente de la verdad sobre su trato en los últimos siglos, por eso no había sido llamado a filas ni él ni ninguno de sus familiares; temerosos además de la ira del olímpico, mucho más poderoso que cualquiera de ellos. Sin embargo ahora estaba demasiado verde, apenas sabía usar su enorme cosmos, por lo que la ventaja que a priori tenía la había perdido… aunque no estaba sólo. Tampoco había venido exclusivamente por él, así que se limitó a elevar su energía.
De sus manos salieron sendas esferas de energía, volaron hacia cada uno de los presentes a la velocidad de la luz y aunque los dos cabaleros dorados intervinieron, eso no impidió que se formara un buen estropicio en la casa. Sin embargo los cosmos de Severo, Folken y Bianca ardieron a la par y una potente oleada de energía evito males mayores, cubriendo la totalidad de la sala con los poderes de todos ellos; Thanatos salió disparado por la ventana pero se recompuso en el aire, comprendiendo bien lo que sucedía, y se encontró con Shura y Aioros a su lado en un parpadeo.
El primero lanzó su Excalibur directa al cuello del dios, mientras el segundo invocaba su Trueno Atómico desde la palma de su diestra, que había colocado sobre la barriga del otro mientras le sujetaba desde atrás. Cayeron los tres al suelo entre golpes y patadas, pero Thanatos se revolvió y les lanzó contra la arena de un poderoso movimiento; descendió con elegancia pero ya le esperaba Severo con una poderosa explosión de energía, pudo esquivarla al girar sobre sí mismo pero sin poder hacer lo mismo con el ataque de Folken, que dio de lleno en su pecho.
Fue lo bastante poderoso para sacarle el aire, pero se recompuso y volvió a atacar, esa vez con esferas más grandes que sí dieron en sus objetivos, que cayeron al suelo con algunas magulladuras. Pese a que potencialmente eran más poderosos que él, esos dioses no tenían su experiencia y sabía usar mejor su energía, pero en un combate posterior barrerían el suelo con él y lo sabía. Para tornar las cosas a su favor sintió la presencia de Hipnos; igual físicamente a su hermano, en lugar del pelo oscuro era de un brillante rubio, igual que sus alas, que cubrían su cuerpo como una densa capa. Una de sus manos ya brillaba cuando se apareció detrás de ellos tres, pero sin contar con la presencia de Pandora.
Ella colocó una gran vara justo frente a sus brazos, que apretó con fuerza contra sí misma e impidiendo que pudiera hacer cualquier movimiento. El dios iba a castigarla por semejante afrenta cuando recibió un poderoso puñetazo de Aioros directo a su barbilla, y un segundo golpe de Excalibur voló por el aire hacia Thanatos, que intentó atrapar ese ataque con las manos pero sólo logrando cortarse las palmas. Gruñó al ver las primeras gotas de sangre caer al suelo y extendió sus alas con violencia. Al plegarlas varias de las plumas volaron directamente hacia los cuellos de los presentes, si bien Shura giró sobre sí mismo y las cortó con su cosmos; Aioros, al estar en frente, hizo arder su cosmos y lanzó su Trueno Atómico nuevamente, primero con la derecha y luego con la izquierda, logrando así impactar en el dios.
Por su parte, Hipnos había hecho rodar por el suelo a Pandora, que ahora recibía las patadas del furioso dios en el estómago; por suerte para ella fue detenido por unas hebras que nacieron del suelo, momento en que Bianca, cuyos ojos brillaban con intensidad en tonos verdosos y púrpura, le atacaba con una potente ráfaga que le llevó hasta estrellarse contra uno de los árboles cercanos. Lejos de sentirse abrumados por la diferencia, los hermanos sonreían con cierta condescendencia…
-Mis reticencias estaban infundadas, hermano -Hipnos encendió su cosmos entonces, una fuerte energía en tonos amarillos le rodeó-. Estos dioses no son nada a comparación a nosotros… ¡dormiréis el profundo sueño eterno!
Sus alas se expandieron cuan grandes eran y su cosmos se expandió a unos límites que jamás habían sentido. En torno a sus manos aparecieron líneas doradas y sus ojos brillaron en esa misma tonalidad antes de que una gran ráfaga de energía saliera despedida desde su cuerpo dirección a ellos. En cuanto hiciera impacto todos ellos caerían dormidos presa del pesado sueño del dios y nada ni nadie salvo su propia voluntad les haría despertar… serían presa fácil entonces para su hermano, que acabaría con ellos como si se trataran de mosquitos. Sin embargo una poderosa estrella fugaz que cayó desde lo alto lo impidió, revelando su presencia…
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Santuario de Atenea, Templo Principal, 12 de Enero, 20:15.
Los hermanos estuvieron la tarde completa con los entrenamientos para el uso del cosmos. Aunque eran totalmente primerizos eran tan potentes sus energías que esta fluía de forma natural ante sus órdenes, sólo restaría que pudieran hacerlo de forma mucho más natural y por sí mismos y no tanto teniendo que centrarse concretamente en esa tarea. Sin embargo un primer acercamiento fue más que suficiente para encender sus cosmos a unos niveles extraordinarios, demostrando nuevamente la naturaleza que ambos tenían; una galaxia aparecía en los cielos del Santuario cuando eso sucedía, reaccionando al poder de la señora del Santuario e inundándolo todo en un espectáculo que se podía ver desde todos los rincones del recinto; curiosamente, cuando se salía de sus fronteras políticas el cielo volvía a la normalidad y esa sensación desaparecía casi que de inmediato.
Los Caballeros dorados, en sus quehaceres y entrenamientos, estaban bastantes contentos con todo aquello y lo estaban comentando precisamente Shun de Virgo y Antares de Escorpio mientras subían a sus respectivos hogares después de unos entrenamientos suaves… pero no era la única explosión de poder que notaban últimamente.
-He notado antes algunas… y ayer igual, una me era conocida encima -comentaba ella, pensativa-. No sé si te habrá pasado lo mismo o han sido imaginaciones mías.
-Diría que fueron reales -le respondió Shun-. Pero el Patriarca no ha dado aviso de tener que hacer algo al respecto, así que… no podremos ir a hacer nada.
Ella iba a responder cuando sintieron varias explosiones de cosmos muy potentes. Se miraron con sorpresa y llevaron la mirada hacia el Templo Principal, la orden llegó casi al instante y se rodearon de sus energías; en un haz dorado se movieron en esa dirección a la velocidad de la luz, junto a ellos también se desplazaron las armaduras de Capricornio y Sagitario, cosa sorprendente.
Se plantaron en un instante en la campiña italiana y se encontraron con una situación sorprendente cuanto menos, y es que las armaduras protegieron los cuerpos de dos desconocidos pero que no parecían especialmente sorprendidos de tener aquellas prendas sobre ellos.
Les miraron durante un instante antes del que portaba la armadura de Capricornio señalara a dos hombres gemelos ante ellos, así que los identificaron como los enemigos. Las dudas que pudieran notar se esfumaron en el instante en que nuevamente recibieron la orden, a través de sus energías, del Patriarca. Tenían que ayudar a esos desconocidos, y si Kiki daba esa instrucción ellos la seguirían a rajatabla. Antares sonrió un poco y en su uña del dedo índice derecho se generó una luz rojiza; veloz como un rayo se lanzó a por el moreno mientras Shun hacía lo mismo con el rubio, que ya portaba en sus manos el rosario mágico que siempre utilizaba.
Shura y Aioros comprendieron rápido que aquellos dos debían ser los nuevos Caballeros de esas constelaciones, y que las armaduras habían venido temporalmente en su ayuda… la aprovecharían, por eso el segundo rápidamente sacó de su carcaj una de las flechas de oro junto al arco y apuntó directamente a la cabeza de Thanatos, al que consideraba el más peligroso de los hermanos. En la punta de la flecha rápidamente se concentraron los cosmos de los presentes, incluidos los de los dioses que tenía detrás… una sonrisa divertida apareció en su rostro, en apenas unos segundos desde que cargó su arma pudo lanzar la flecha, que voló por el aire a la velocidad de la luz.
Acertó en su objetivo al mismo tiempo que la Aguja Escarlata de la amazona de Escorpio, sólo que para ella era Hipnos en lugar de Thanatos. El primero, al darse cuenta que su hermano había sido herido en el pecho a la altura de la clavícula se revolvió sobre sí mismo y le tomó en brazos antes de desaparecer en el aire, no sin antes mandar una intensa ráfaga de energía para lanzar por los aires a todos los presentes varios metros; cayeron de pie todos ellos, sólo entonces se permitieron mirarse entre ellos. Sólo con esa intervención hubieran podido evitar el poderoso golpe del dios de la muerte, fue Virgo de hecho el que levantó una barrera justo a tiempo.
-Aioros… fui Caballero de Oro de Sagitario durante el final del Siglo XX -extendió su mano hacia los desconocidos, según se acercaba-. Es un placer.
-An-Antares de Escorpio -murmuró-. ¿Qué… hacéis aquí?
-Es largo de explicar, ¿tenéis tiempo? -Shura, como siempre, era el más dado a ir directo al grano de todos- Vamos a necesitar hablar con vuestro Patriarca, diría.
Notó entonces ella que los otros cuatro – y que no debían ser Caballeros o Amazonas, pero nada tenían que envidiar a uno en cuanto a poder – también se aproximaban. Shun les vigilaba con la mirada, no notaba una actitud hostil en ellos pero era su obligación permanecer atento.
-No te preocupes, Shura, yo me encargo -intervino Severo-. Dadle las gracias al Patriarca por la ayuda, y explicadle que soy Severo Fabio, él me conoce.
-¿Sabes del Santuario?
-Soy un aliado de vuestra organización, efectivamente -explicó-. Ella se llama Pandora, mi pareja Bianca, y mi nuevo compañero de negocios, Folken Ordensen.
Antares suspiró un poco pero asintió, decidió apuntar todo en su móvil antes de decir nada más. Luego alzó la mirada y les observó a los ojos con bastante interés.
-¿Qué tipo de negocios?
-Soy el dueño de unos terrenos con olivos y ganado -le respondió-. Estáis en el, de hecho, puedes observarlo si quieres.
Ella iba a responder cuando un suave cosquilleo en la nuca la alertó un poco. El mensaje de Kiki era claro, por lo que sonrió algo.
-Me indican que sois bienvenidos a cenar al Santuario de Atenea -comentó-. ¿Sois más los antiguos Caballeros, Aioros?
-Estamos todos.
-Eso… hará que seamos bastantes -comentó Shun-. Pero si el Patriarca así lo dice, no tenemos nada que hacer al respecto.
Procedieron en ese momento a organizarse para llevar a todo el mundo hacia el Santuario… tendrían que dar más de un par y de dos de viajes seguramente, pero nada que en pocos minutos no se pudiera hacer. También que muchos de ellos podrían viajar a la velocidad de la luz, que era otra opción en lugar del teletransporte si este no era posible… Las cosas iban a cambiar en poco tiempo.
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Templo Principal, Santuario de Atenea, 12 de Enero, 20:30.
Mónica se había puesto un vestido de los que guardaban en los armarios de su cuarto ante la perspectiva de una cena tan importante. Fue algo improvisado, mientras se estaba secando el pelo tras la ducha llegó el Patriarca como un vendaval y comenzó a rebuscar entre sus cosas y a explicarle lo que iba a pasar; ella tuvo que pararle y que se explicara mejor… su sorpresa fue mayúscula al saber que recibirían una delegación importante, y como señora del Santuario tenía que portar la ropa de gala.
Sobre la cama descansaba un hermoso vestido blanco no especialmente largo con ribetes, una diadema que se tendría que poner en la cabeza y finos guanteletes. La espalda al descubierto dejaría ver su tatuaje, y con el busto ligeramente escotado pero que realzaría su belleza… o eso esperaba. Suspiró un poco para ultimar su maquillaje y procedió a vestirse con cuidado. Su hermano ya se había puesto un traje y estaba aprendiendo a ponerse la corbata cuando llegó Raki de Aries, sonriendo un poco.
-¿Necesitan ayuda?
-Me tendrás que subir la parte de la espalda, yo no llego…
Ella asintió. Puso el brazo para que la mujer se pudiera apoyar mientras se colocaba todo como correspondía, la Amazona incluso la ayudó en la labor de poner bien los complementos y comprobó cómo le quedaba casi con una sonrisa tierna.
-Está preciosa… -murmuró- Mire.
Y señaló un espejo. Ella suspiró un poco, parecía una especie de novia a la antigua, pero debía reconocer que al menos era cómodo y más o menos abrigado. Como siempre, una de las rosas de Andrómeda – en esa ocasión era blanca – descansaba en su pelo.
-Gracias, Raki -sonrió algo-. De verdad.
-Es un honor… Mónica -luego miró a la puerta-. Iré ahora a por Fran, debemos ir los tres.
La aludida asintió y salió con la otra al pasillo. Se podía sentir la emoción en el ambiente, y es que en la sala del trono Kiki daba vueltas en torno a la sala como un león enjaulado. Tenía las manos tras la espalda y un aire pensativo pero agobiado, miraba constantemente a la puerta a la espera de lo que sabía que venía pero sin aún creerlo del todo… hasta que no les viera cara a cara no se lo creería, Arturo de Capricornio le contemplaba de reojo después de revisar que todo en la mesa estaba como debía estar, una cena para casi una treintena de personas era algo que tomó a todos por sorpresa pero los trabajadores del Santuario eran rápidos y eficientes.
-Esto ha avanzado más rápido de lo que quisiera, pero puede que fuera lo mejor -murmuró-. Eventualmente tenía que pasar, puede que fuera mejor ahora que no más tarde.
Sintió entonces que llegaba Mónica y le sonrió un poco; tomó su mano y la invitó a sentarse en el trono, como correspondía, con los tres hombres en torno a ella. Con un suave gesto de Kiki se abrió la puerta y entraron Severo y Pandora junto a una mujer que no reconoció pero que identificó con una diosa, igual que otro hombre que sí reconoció la señora del Santuario como aquél que se encontró en el aeropuerto. De los demás nada sabía, pero por protocolo se levantó y se acercó un poco.
-Buenas noches, y bienvenidos -saludó el Patriarca-. Este es el Santuario de Atenea, siéntanse como en casa.
Bianca miraba n todas las direcciones aún sin creerse nada de lo que llevaba sucediendo la última hora. Apenas se habían podido disfrutar de la cena de Pandora cuando llegó aquel individuo tan raro, luego comenzaron a pelear y eran todos capaces de lanzar chiribitas de las manos, y para colmo llegan dos desconocidos con unas armaduras doradas muy espectaculares que también pueden lanzar esas chispas por las manos. Los dos amigos de Severo también parecían poder hacer uso de esas protecciones, a ella le hubiera gustado poder haber usado una… al menos todo acabó más o menos pronto y pudieron explicarle ciertas cosas y aún así, pese a haberlo visto con sus propios ojos seguía siendo difícil de creer.
-Ella es Bianca D'Allegro, es… bueno, mi pareja, alguien muy importante -ella se dio un par de besos en la mejilla con los presentes-. Y Folken Orensen, un dios del norte de Europa, aunque no tenemos claro quién sea en concreto.
-Bueno… Mónica Sastre, mi Patriarca, Kiki -luego tomó el brazo de su hermano-. Y él es mi mellizo, Fran, también… muy importante para mí.
-Ojalá nos hubiéramos conocido en mejores circunstancias, pero me temo que nuestro destino nos llama ya -explicó-. Como representante de Hades, dios del Inframundo, tienes mi total apoyo… tenía también un presente para cuando nos encontráramos.
Kiki alzó la mirada y su corazón comenzó a latir con fuerza al reconocer aquellos trece rostros. Los Caballeros de Oro del siglo XX entraron a la sala que tan bien conocían y se fueron arrodillando uno a uno formando un semicírculo a lo largo de la sala. Intentó mantener la compostura en todo momento, agradeciendo tener el cuerpo de Severo para protegerle, pero todo aquello desapareció al momento de encontrarse con los ojos verdosos de Mu. Echó a andar en su dirección, con los puños bien apretados y el rostro apretado con todo lo que podía y haciendo verdaderos esfuerzos por conservar la poca compostura que tenía en esos momentos.
En pocas zancadas se encontró en frente de su antiguo maestro y casi padre, ya en pie para recibirle. El corazón del mayor también latía con fuerza al reconocerle, era ya todo un adulto pero su energía y rostro le delataban absolutamente, sonrió por dentro al verle convertido en el nuevo Patriarca del Santuario, por ello se inclinó suavemente a modo de saludo… hasta que su superior le abrazó como un oso. Rompió a llorar en el hombro de Mu, que solo le acarició en la espalda con cierto cariño y hablándole al oído en murmullos que nadie más de los presentes pudo escuchar o entender. El resto de antiguos dorados estaban sorprendidos de ver al pequeñajo que tanto les molestaba convertido en el más importante hombre del lugar, sólo por debajo de la diosa. Sus ojos pasaban de uno a otro, la nueva Atenea poco parecía tener que ver con su predecesora, ya sólo en el cosmos se notaba que la actual tenía un poder mucho más parecido al de aquellos con quienes se habían tenido que enfrentar en el pasado.
-L-lo siento… -Kiki al final se acabó separando de Mu un par de minutos después- No… me esperaba veros de nuevo… perdón.
-Y encima de Patriarca, tócate los huevos… ¡oye!
Afrodita le dio un fuerte pellizco a Ángelo en el costado, el resto se removió incómodo pero el Patriarca estaba tan contento que lo pasó de largo.
-Sí, y ella es Mónica y Palas Atenea, diosa del Santuario -la aludida se levantó-. Su hermano… pensábamos que era el Caballero de Oro de Ofiuco, pero resultó ser otra persona que mañana conoceréis.
-¿Y quién es, pues? ¿O es sólo un hombre?
La pregunta de Saga era más que pertinente, y Kiki sonrió un poco.
-Necesitaremos ir a Pánmizos para saber sobre su verdadera naturaleza -comentó-. Pero cenemos… debo presentaros a la nueva guardia.
Con ese llamamiento hicieron acto de aparición los nuevos dorados; se pusieron en el otro lado de la sala, en una forma similar al de sus predecesores. Las comparaciones internas fueron imposibles de evitar y observaron al contrario con ojo crítico, preguntándose qué podía tener de interesante o poderoso su contraparte de época. Fue entonces que se sorprendieron de ver a varias mujeres y sin máscara, lo que era realmente sorprendente dada la más que conocida regla de no poder verle el rostro so pena de o enamorarse o matar a ese hombre que la vea.
-Ellos son los actuales Caballeros y Amazonas de Oro -explicó-. Ya conocéis a Shun de Virgo y Antares de Escorpio, al menos vosotros -Shura y Aioros asintieron, pensativos-. Comencemos a cenar, que es hora.
Ambos grupos se mezclaron en ese instante y se fueron sentando cada uno en su sitio. El protocolo mandaba que Mónica se sentara en el centro, con su hermano a un lado y el Patriarca al otro; en frente los invitados de honor, esto es, Severo, Bianca, Pandora y Folken, y alrededor los Dorados, por un lado los actuales y por otro los pasados. Se notaba cierta tensión en ese momento mientras los camareros iban colocando las viandas en los platos.
-Debo reconocer que me sorprende esto -comentó Mónica, con los cubiertos en las manos-. Pero nos vendrá muy bien tener más guerreros para luchar.
-Sabía bien eso, sí -Severo sonrió-. También nosotros tenemos que aprender.
-Sin duda -la chica sonrió-. ¿Te gusta el sitio, Bianca
-Sí, sí… -de alguna manera les comprendía sin saber hablar griego, pero ese era el menor de sus problemas- Sonará estúpida la pregunta, pero… ¿soy… una diosa también?
-Es más que probable -intervino Kiki-. Pero cual… no lo sabemos, igual que con Folken.
-Lamento lo que sucedió en tu casa, Severo… -murmuró el aludido- Habrá que reconstruirla.
-No os preocupéis de eso -comentó él-. Pandora, tendrás que pedir más remesas de cemento, roca y ladrillo.
-Ya lo había solicitado, sí -comentó-. Esto era imposible de saber que sucedería… habrá que proteger el lugar mejor.
-Si necesitarais un lugar donde estar, el Santuario es amplio -Mónica les sonrió-. ¿Verdad, Kiki?
Este suspiró y asintió. Milo ahogó una risa, Camus le dio un pisotón en el pie mientras algo similar sucedía entre Antares e Hyoga. Mientras los líderes hablaban, había conversaciones paralelas entre los diferentes dorados, tanto entre sus grupos como mezclados… se parecían más de lo que hubieran pensado en un momento inicial.
-Yo soy más de Cristiano, lo siento -Aldebarán lo tenía muy claro-. A mí Messi no me parece para tanto, la verdad.
-¿En qué año vas viendo las ligas, Champions y tal?
A la pregunta de Heracles, el otro se lo pensó un poco.
-Creo que ibas por la de 2006 -comentó Mu, divertido-. Le tuvimos que dar una tele sólo para él, para que pudiera actualizarse.
-¡Es que son tantos los partidos que me he perdido! -respondió Alde- Debo ponerme al día, Mu.
Raki se rio un poco, el anterior Caballero de Aries se echó atrás con los brazos cruzados.
-Y así todos los días… -bromeó- Le coges cariño al final.
-Ya… -la mujer miró a Heracles con cierta ternura- Te tengo que enseñar mis telares, son muy bonitos.
Al lado estaban charlando Shaka y Shun sobre las nuevas teorías filosóficas de vanguardia y Daya y Aioria comentando sobre la novedades del Santuario en cuanto a dramas internos.
-Y claro, a la pobre la pillaron y tuvo que lavar los baños durante tres semanas -reía Daya, divertida-. No entiendo en qué estaba pensando…
-Sin duda esa broma hubiera sido desternillante verla -confirmó Aioria-. Oye, ¿y cómo no lleváis máscara? En nuestra época esto hubiera sido un dramón.
-Hubo debate en su día, sí -confirmó-. Yo no lo llegué a vivir, pero no me hubiera podido ni imaginar pelear con una puesta, me ahogaría.
-Parte de la razón venía por ahí -le confirmó el otro-. Para que tuvierais más resistencia, pero claro… lo de amar o matar era duro.
Los gemelos también charlaban con las chicas, y Afrodita comentaba sobre las rosas que portaba la diosa y la misma Andrómeda.
-¡Tía, que no, que no limpias hasta que no te echo la voz! -se quejaba Diana- No intentes mentirles, Saga, no le creas.
-Con Kanon me pasaba igual, nunca hacía nada por sí mismo -comentó divertido-. ¿Verdad, hermanito?
-¡Eso son injurias y calumnias! -bromeó- Nah, es verdad, no me gusta limpiar.
-El templo de Géminis está impoluto -comentó Alma-. Y Diana no ayuda dejando todo desordenado por ahí, estará todo limpio pero si me tienes todo manga por hombro, pues no hermana, no.
Afrodita contemplaba la flor en el pelo de su compañera, que le iba explicando.
-Y para que crezcan mejor uso un sustrato que hago yo misma, con una pizca de cosmos, claro -comentó-. A la diosa le gustan mucho, le suelo colocar una en el pelo y no se la quita en todo el rato.
-Son muy bonitas -paseó las yemas de los dedos por los pétalos-. Y suaves, yo usaba también un sustrato propio, tendría que rescatar mis notas…
-Te la regalo si me dices cómo te pintas así las uñas.
Afrodita sonrió y se las mostró con cierto orgullo. Milo y Antares, por su parte, comentaban sobre cómo preferían lanzar su principal ataque, y Aioros comentaba con Seiya sobre el arco, había notado el poderoso golpe de cosmos con la flecha dorada.
-Yo siempre pensé que era mejor tirarla con las demás Agujas -explicaba Antares-. Así no se espera.
-Pero queda mejor, más espectacular, ¿verdad, Aioros?
-Fue así como destruimos el muro, con espectáculo -sonrió ante lo impresionado que el más joven parecía-. ¿Practicas mucho con el arco?
-Por supuesto, intento no perder la puntería… -sonrió algo- De vez en cuando reto a Shiryu a que atrape mi flecha con la mano.
Éste asintió, comentaba con Dohko sobre lo que había sucedido en los últimos años por el mundo, estaba interesado cómo había evolucionado en los últimos años. Shura se había quedado charlando con Arturo sobre la colección de armas de ambos – que seguía guardándose en Capricornio – ; Ángelo y Romeo no comentaron demasiado hasta que supo el primero sobre el gusto del segundo de trabajar la madera con sus propias manos, momento en que la charla entre ellos se animó. Todos parecían hablar entre ellos, lo que agradaba a Kiki bastante pues tenía miedo de una lucha de egos entre todos…
-¿Perfeccionaste tanto el Ejecución Aurora? -comentó con cierta sorpresa Camus- Me alegra saber eso, tendrás que mostrármelo.
-Por supuesto -respondió, estaban serios pero disfrutando de ello-. Al final es tu técnica, hasta entonces ¿Cuál era el ataque principal de Acuario?
-Se llamaba Viento polar, pero era peligrosa -explicó-. Te la puedo enseñar, si gustas.
Sí, definitivamente podrían trabajar juntos. Ayudaría a reconstruir la casa de Severo y la protegerían mejor de lo que estaban y organizarían un viaje a Pánmizos. Ya que el enemigo se movía ellos también, y sabía bien a quien buscar allí… echó de menos a Shion en ese momento, puede que también estuviera en aquel mundo mágico. Llevó su mirada a su antiguo maestro y sonrió un poco, quería hablar con él y explicarle muchas de las cosas que habían pasado a lo largo de los años… también estaba pensando en charlar Pandora con uno de aquellos apuestos hombres, a su lado Folkn sonreía pues su mirada iba siempre en una dirección al final, por ello se levantó con la copa en la mano.
Llegado un momento se habían levantado y estaban cada uno por su lado a lo largo de la sala, era buena hora pero pronto tendrían que parar para poder trabajar al día siguiente como tocaba. Las cosas parecían haber ido por aquel cauce y, aunque antes de tiempo, todo parecía ir bien… sin embargo la sombra de un enorme cosmos ardiendo y extinguiéndose pocos instantes después como si nada hubiera pasado… la parte divina de los presentes reconoció rápidamente que aquello que sucedió era de su misma naturaleza, pero sin saber bien dado que era algo diferente.
-¿Estáis seguro que queréis dormir en vuestra casa?
-Lo haremos en el Inframundo, tranquilo -explicó Severo-. Mañana además llegan los Espectros que formarán mi ejército y estos hombres les enseñaran a luchar, el trato era que luego podrían unirse a vosotros si querían…
-Pero el ataque de Thanatos e Hipnos aceleró todo, sí -Kiki se cruzó de brazos-. Hemos tenido suerte, pudo haberos matado.
-Sin duda, estaremos allí sólo cuando no estemos trabajando, nos debemos ganar la vida aunque seamos dioses.
El Patriarca asintió un poco y les vio irse poco a poco hasta quedar sólo los del Santuario. Luego llevó su mirada al resto de dorados, que tras una despedida formal salieron de allí, y sólo entonces Kiki se permitió llorar un poco.
-Bueno, bueno… -murmuró, acariciándose el puente de la nariz- Mañana será sin duda un gran día… comienza la guerra, parece.
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(1) Los diálogos escritos en cursiva que se muestran son para reflejar las comunicaciones vía cosmos. Aquellos que son con la letra normal, son hablando la lengua común que corresponda. Los nombres de las técnicas están también en cursiva.
