Generaciones Doradas

Capítulo 9

Templo principal, Santuario de Atenea, 13 de Enero, 08:00

Kiki se levantó antes aún de que saliera el Sol y dispuesto a preparar todo para la expedición a Pánmizos que necesitaban realizar; después de que los invitados salieran acordó con ambos hermanos y un par de dorados que tenían que ir para saber qué les esperaba dado que sólo allí podrían saberlo. Ahora que Thanatos había atacado era plenamente consciente de que la guerra acababa de empezar y tendrían que hacer algo al respecto. Ya sintieron encima un cosmos que debía pertenecer a como mínimo un dios y el atentado a la casa de Severo fue la gota que colmó el vaso del nerviosismo dentro del Santuario de Atenea.

Había dejado listo una mochila con diferentes materiales: vendajes, dinero en forma de dracmas de plata y cobre, ropa cómoda, unos ungüentos hechos a mano por el propio Patriarca y armas de la armadura de Libra prestadas por Shiryu, concretamente las espadas, escudos y una de las lanzas. Él portaría esta última por ser la más complicada de todas mientras la diosa y su hermano llevarían los dos juegos restantes por ser a priori más sencillo si no se sabían usar… pero contaba con que no fuera necesario, sabía a quién tenía que visitar y esperaba no encontrarse con nada peligroso en el camino más allá de alguna alimaña que no resistiría sus poderes. Pero mejor prevenir a curar, en ello pensaba haciendo por última vez inventario mental antes de salir a desayunar un poco.

Pasando una mano por encima de las armas estas pasaron a los antebrazos de él en forma de anillos que tocaron su cálida piel en un formato brillante y dorado, irradiaban magia y hacían que su cosmos ciertamente ardiera al son de su energía; tomó las mochilas y se las colocó al hombro, dispuesto a salir de aventura cuando en el pasillo dio con Fran. Le sonrió un poco y se le acercó a estrecharle la mano aunque se detuvo al verle con algo de mala cara y las manos a la espalda como si tuviera algo correteando por ella.

-¿Te sucede algo?

-Buenos días… -gruñó- Creo que las sábanas me han dado reacción alérgica, no para de picarme la espalda desde la nuca hasta el… ya sabes…

Éste asintió y suspiró un poco antes de ponerle una mano al hombro.

-Te daré un ungüento a ti y a tu hermana, creo que sufrís del mismo mal -indicó-. Su naturaleza me es desconocida pero la encontraremos.

-Que yo sepa no tengo a nada, pero no sé… -se limitó a separarse de la pared en la que hasta entonces se había apoyado- Lamento las molestias, Patriarca.

-No te preocupes, ¿has desayunado?

Se fijó en su ropa entonces, llevaba un chándal negro largo con una camiseta de manga corta por debajo y deportivas blancas pero que se notaban eran de buena calidad aunque algo viejos, se limitó a sonreír un poco cuando le vio negar despacio; por ello se dirigieron juntos hacia la cocina donde ya charlaban Mónica con Arturo en un griego algo tosco pero que permitía al menos una conversación informal y sencilla.

-Buenos días -saludó ella-. Tení.. tenía hambre y empecé yo sola.

-Lo hace estupendamente, señorita -felicitó mientras le pasaba afectuosamente la mano por encima de la cabeza-. Hoy iremos a Pánmizos a resolver muchas cosas… probablemente tengamos más preguntas aún a la vuelta pero tendremos que contar con ello, vendrán con nosotros Seiya de Sagitario y Alma de Géminis… Arturo, ¿dónde están?

-Deberían estar aquí a estas horas, sí -murmuró él, serio-. Puedo ir a por ellos si lo necesita.

-Esperaremos a ver si aparecen, aún tenemos que desayunar, ¿verdad, Fran?

Éste no había entendido demasiado pero asintió cuando vio que señalaban la nutritiva comida que cubría la mesa: una jarra con zumo, tostadas, mermelada y queso, unas piezas de fruta y algo de café; empezaron a servirse y mientras Kiki explicaba cómo irían hicieron acto de presencia ambos dorados con sus armaduras doradas al completo, sólo los cascos descansaban bajo sus brazos.

-Buenos días, Patriarca -Seiya y Alma se inclinaron a la vez mientras ella hablaba-. Señorita, Obispo, buenos días.

No fue hasta que ella les tocó el hombro que se levantaron nuevamente y por indicación de Kiki, la joven aún no se acostumbraba a esos tratos pero sería cuestión de tiempo… Tras incorporarse comprobaron que estaban cerca de acabar de desayunar y el estómago de ella rugió suavemente pero se mantuvo estoica y centrada en la pared que tenía delante. Sólo reaccionó cuando le tendieron un plátano, se fijó en que era Fran y le sonrió un poco.

-¿No pudiste desayunar, verdad?

-Me temo que no -reconoció-. La… querida hermana que tengo se quedó hasta tarde viendo la tele y no pude descansar todo lo que quise.

-Eso deberá cambiar pronto, Alma de Géminis -intervino Kiki, serio-. Estamos en el preámbulo de una guerra y todos debemos estar centrados.

-¡Sí, señor!

-Arturo, redacta una Orden interna para esta cuestión mientras estoy fuera -el aludido asintió-. Partiremos en diez minutos, si tenéis que ir al baño antes es vuestra oportunidad.

Mónica sonrió un poco, eso sería lo típico que diría un padre o un profesor antes de ir al coche y comenzar el viaje… para los del Santuario, y en especial para los dorados, el Patriarca se parecía más a una figura de autoridad paternal que una religiosa o moral como podía serlo para los demás, y sin embargo los Caballeros y Amazonas de rangos inferiores sentían una afinidad similar con el regente del lugar. Ella tendría que esforzarse para tener una complicidad parecida con ellos pero supondría un gran esfuerzo y tiempo para lograr algo parecido, al final por muy diosa que fuera seguía siendo una desconocida para todos ellos y tendría que ganarse la confianza general de todos.

Pensando en ello revisó que todo estuviera en orden y enfilaron el pasillo hacia las escaleras que llevaban al jardín trasero donde se alzaba la hermosa puerta de acceso a Pánmizos; aunque los dorados sabían de la existencia de estos aposentos casi nunca iban por tenerlo vetado – igual que con Star Hill – y más aún el lugar mágico que escondía, dos áreas a las que sólo el Patriarca y por supuesto la diosa podían ir. Cualquier extraño necesitaba del permiso expreso de cualquiera de ellos por lo que era un privilegio ir a aquella misión junto a los superiores. Una vez llegaron al jardín se encontraron con que las luces del amanecer empezaban a iluminar poco a poco el lugar con sus luces doradas y el frío viento comenzó a removerles el pelo cuando se expusieron a la intemperie sin protección alguna que cortara las corrientes.

-Pánmizos nos espera, muchachos -Kiki se aproximó hasta el arco que servía de puerta-. Es un lugar natural y salvaje colmado de magia tan antigua como la misma Atenas… deberemos usar todos nuestros poderes.

No parecía un arco especial pero Mónica y Fran sentían una magia extraordinaria venir desde un lugar invisible pero tan tangible para ellos como lo era el lugar en el que vivían. El primero en pasar fue Seiya de Sagitario, luego cruzó su compañera de Géminis, Kiki y por último Mónica tomada de la mano de su hermano; un pequeño haz de luz les rodeó antes de aparecer en un hermoso prado iluminado por el Sol, rodeado de montañas y frondosas zonas arboladas y animales aquí y allá paciendo mansos y tranquilos bajo la atenta vigilancia de sus pastores. Alrededor del valle se alzaban majestuosas montañas y se podía distinguir un camino empedrado que debía conducir a algún lugar importante a través de uno de los bosques, pero Kiki estaba más atento a otras cuestiones: les entregó a cada uno de los hermanos dos de los anillos mientras él se quedaba el último y se ató el pelo en una coleta antes de usar su cosmos para de un veloz movimiento cortarlo a la altura del punto de atadura.

El pelo lacio del Patriarca cayó en el césped silvestre sin mayores trámites y comenzaron a andar siguiendo un sendero que ninguno conocía más allá del líder del Santuario; su avance era tan directo y seguro de sí mismo que no tuvieron ni que pensar. En torno a ellos el mundo mágico empezó a mostrarse como eso mismo: las aves brillaban con cierta fuerza cuando la luz solar les alcanzaba las plumas, que se volvían arcoíris; vieron un grupo de centauros pacer tranquilos cerca de uno de los meandros del río, donde los más jóvenes se bañaban y practicaban con lo que parecían espadas de juguete mientras los mayores reparaban varios de los establos en los que dormían o preparando carne o usando un yunque para preparar las herraduras para sus pezuñas o incluso arados con puntas de madera para arar los campos cercanos. Una población humana convivía cerca de ellos en aparente paz por ver a hombres y mujeres charlar tranquilamente con los centauros, con los que parecían comerciar en esos momentos pero no estuvieron demasiado atentos a ellos al encontrarse con un espectáculo mucho más increíble.

Tras recorrer uno quinientos metros del sendero en silencio llegaron a un arco de piedra que se asemejaba a un arco del triunfo romano precisamente protegido por un par de legionarios con sendas lanzas y escudos con el rayo de Júpiter inscrito en ellos; estaban apostados en los lados charlando tranquilamente hasta que ellos llegaron, pues uno de los legionarios se les acercó con interés mientras llevaba una de las manos a la empuñadura de su gladius.

-Ave, César -saludó Kiki, el otro pareció reconocerle-. Venimos de misión especial desde el Santuario de Atenea en Grecia.

-Ave, Patriarca -respondió éste-. ¿Ella es…?

-Es Palas Atenea, la nueva señora del Santuario -explicó, pese a saber ellos que hablaban latín por algún motivo lo entendían perfectamente-. Necesitamos el paso, sabes que no te lo pediría de no ser necesario… sé que el Emperador no le gusta que vengamos a verle.

-En eso llevas razón… -murmuró César, serio- Pasad, al final es la diosa la que viene, no un mortal… Bien sabes que no necesita de protección, ¿para qué traer a cuatro protectores?

-Porque no me fío del Olimpo.

Al otro pareció serle eso suficiente así que se limitó a indicarles con un gesto de cabeza que podían pasar, por lo que eso hicieron. La puerta era una normal y no entraron a un mundo aparte o similar pues se podía ver todo, pro el cosmos y magia allí parecían ir a más de alguna manera.

-¿Por qué te hemos entendido todo, Kiki? -preguntó Fran entonces- Quiero decir, no has usado tu cosmos.

-Aquí la magia es más poderosa y permite que uséis más fácilmente vuestros poderes -murmuró-. ¿A que lleváis todo este tiempo con molestas en la espalda?

Los hermanos se miraron y asintieron, allí especialmente seguían con esos picores que llevaban desde la noche anterior y que les hizo que les costara dormir; sin embargo era raro, nunca hasta entonces habían tenido problemas con la piel y desde hacía días eso les pasaba pese a no haber cambios sustanciales ni en la comida ni en la ropa más allá de las sábanas, lo cual era raro que les pasara y encima a la vez. En cualquier caso Kiki parecía seguro con aquello y probablemente se solucionara con el tiempo así que siguieron andando en aquel entorno idílico.

Podían ver grupos de animales en torno al camino paciendo con calma o acechando a los grandes ungulados que formaban pequeños grupos en zonas algo más despejadas del bosquejo, todos mezclados con diferentes seres fantásticos como algún hada entre las flores y faunos cantando y tocando instrumentos de viento y cuerda en torno a las ninfas de árboles y arroyos que allí vivían; entonaban bellas melodías pero servían de música de fondo para la ascensión de lo que se notaba era un pico montañoso que cada vez se alzaba más en la orografía local. En un momento dado el bosque se abrió poco a poco y el sendero de piedra desapareció hasta sólo ser una fina línea de tierra que serpenteaban en torno a los arbustos llenos de frutas silvestres y bayas, algunas mordisqueadas por conejos y liebres que huían en cuanto se les escuchaba llegar.

-Estamos yendo a un lugar… francamente importante, por aquí estuvo Heracles hace muchos siglos en su camino al jardín de las Hespérides -explicó él-. Aquello fue durante las doce pruebas que tuvo que afrontar por… el asesinato de su esposa e hijos en un arranque de locura provocado por Hera -luego miró a los dorados y estos asintieron-. Espero que vosotros lo hagáis mejor que los dioses de siempre.

-¿Nosotros?

-Exacto.

Iban a seguir cuando se dieron cuenta que Seiya y Alma se habían ido y no eran capaces de sentir la energía de ninguno de los dos. Lo que sí hicieron fue escuchar un intenso grito y el aleteo de una gran bestia y muchos improperios lanzados por una voz masculina pero rota por el dolor y la rabia; fue tan intenso que se les erizó el pelo pero no paró ahí dado que los quejidos y gritos de dolor se fueron extendiendo durante lo que quedó de ascenso a lo largo del camino que rápidamente se transformó en cruzar la estrecha cornisa que separaba la pared de roca del vacío de una caída libre que llevaba hasta el fondo del valle, a unos mil metros por debajo de donde estaban. Las vistas eran increíbles y los chicos no pudieron evitar pensar en sacar alguna fotografía del sitio aunque pudiera peligrar un poco su delicada posición en la fría roca que pisaban y que no sabían cómo podía aguantar el peso de tres adultos llegado un momento. Por suerte para todos rápidamente llegaron a una zona mucho más cómoda que se asemejaba a una hendidura en la montaña, como si la hubieran cortado con un cuchillo y hecho una rampa amplia tras pasar un giro algo complicado después de cruzar esos escasos pero delicados cincuenta metros más peligrosos.

De hecho no hubieran podido escalar la pared que llevaría a lo alto de esas rocas ni con un buen equipo de escalada por ser demasiada altura la que tenían que salvar – unos cincuenta metros – y valía la pena ese riesgo con tal de poder ascender por una cómoda pendiente hasta lo alto del pico que estaban culminando al fin. Los gritos se iban calmando llegado un momento hasta que finalmente cesaron, instantes después contemplaron una gran águila emplumada y ensangrentada en su cabeza y pecho y aún tragando un último trozo de lo que debía ser carne antes de perderse en el horizonte mientras aleteaba y se deslizaba por el viento con una elegancia casi sobrenatural. No fue hasta que ascendieron a todo lo alto de la plataforma de roca que vieron el terrible espectáculo que había dejado: un hombre encadenado a la piedra desnuda y con la tripa semiabierta y las vísceras al aire con icor dorado aún cayendo al suelo pero con él vivo pese a todo aunque con la cabeza agachada.

Mónica pegó un chillido al verle así y Fran también dio un salto en el sitio por la situación, temerosos se refugiaron entre ellos pero Kiki se limitó a tomarles de los hombros y los fue acercando hacia el individuo. Según se aproximaban comprobaron que se iba cerrando la herida poco a poco mientras el cosmos de él iba en aumento y la sangre pasaba a ser icor pues gotas doradas y rojas se mezclaban en algunos puntos pero el primero iba ganando al segundo según pasaba el tiempo hasta que un fuerte suspiro final llevó a que se curara plenamente y sin dejar una cicatriz en el proceso por sorprendente que fuera. Era un hombre delgado, de piel morena y pelo rizado negro pero de ojos desconocidos por tenerlos cerrado en todo momento, parecía realmente cansado pues casi no pudo alzar la cabeza cuando estuvieron allí frente a él.

-Prometeo… ¿estás ahí?

-Hmm… -gruñó éste- Maldito seas, Zeus… -con dificultad fue levantando el rostro- ¿Vienes a reírte de mi sufrimiento otra vez, perverso tirano?

-No soy Zeus, me llamo Kiki -explicó-. Soy… el Patriarca del Santuario de Palas Atenea.

-¿Cómo?

Mónica, casi como si se lo dijera el instinto, colocó la mano en el rostro de él e hizo arder su cosmos a unos niveles que hasta el suelo bajo ellos se resquebrajó por la intensa energía desatada en instantes; Prometeo se rodeó de esa misma fuerza y el vigor pareció volver a su cuerpo y pudo removerse en el sitio y mirarles a los ojos por primera vez desde que llegaron… la impresión fue enorme al ver esos rostros desconocidos ante él pero cuyas energías sí que le eran en buena medida familiares, pasó de Fran a Mónica, luego a Kiki y de vuelta hacia los hermanos hasta que su mente comenzó a comprender lo que sucedía frente a él. Sonrió un poco mientras se relajaba y podía apoyarse en la roca con algo de cansancio emocional más que físico.

-Sorprendente… desde luego sorprendente -murmuró-. Disculpadme, ésa maldita águila devora mis entrañas cada día y tardo horas en recuperarme… gracias por ayudarme, Atenea… bueno, quizás no Atenea pero desde luego eres una diosa.

-Es raro, sí -afirmó ella, mientras se apoyaba en la roca también. Le costaba hablar algo por el esfuerzo-. Es decir, soy Atenea pero me llamo Mónica realmente… no sé, no la tengo en mi cabeza.

-Tenemos muchas dudas, en definitiva -intervino Kiki-. Nos… gustaría tu ayuda, con el correspondiente pago por supuesto.

Prometeo se rio un poco.

-Lo que yo quiero no podéis pagarlo -murmuró-. Fijaos mejor en mis cadenas.

Estas tenían apariencia de ser de acero pero brillaban un poco como si fuera una suerte de estrellas en el cielo nocturno, hechas en definitiva por algo más allá de la naturaleza que ellos conocían. Si se aproximaba más la mirada pasaban de ser anchas como la mano de un adulto con múltiples eslabones que se enroscaban en torno a sus muñecas, brazos y piernas, a ser una fina línea como el pelo de una mujer y anclaba su cuerpo de tal manera que no podía casi ni moverla realmente por ser tan densa, sólo se deslizaba bajo ella pero sin desplazarla verdaderamente.

-¿De qué está hecha?

-Es un material trabajado por el herrero Hefesto, ¿Mónica? -ella asintió y él sonrió un poco- Hecho de un material tan denso que ni un dios puede moverlo… se necesitó del cosmos del dios para moverlas, no pudo usar sus manos desnudas.

-Increíble… -murmuró Fran, tocándolas- Están algo caliente pero no brillan.

-Oh, ardían cuando me las colocaron en torno al cuerpo, por suerte no eran demasiado grandes -explicó él-. Creo… que están hechas de las mismas estrellas, por lo que decía Zeus mientras me las colocaban… después de atraparme tras la escasa liberación de Heracles durante sus aventuras.

-¿Estás mejor, entonces?

Kiki estaría encantado de seguir charlando amigablemente pero tenían una misión que cumplir. Prometeo suspiró algo pero asintió, ahora su mirada sí que analizaba todo y se limitó a jugar un poco con sus manos mientras pensaba y escuchaba con interés lo que le decían. Sus ojos verdosos iban y venían entre ellos mientras hablaban y su mente ya iba trabajando según le llegaba la información que necesitaba.

-Estamos en los inicios de una Guerra Santa contra los titanes y seguramente los gigantes, necesitamos saber todo lo posible de ellos -decía Kiki-. Tú fuiste uno de ellos y sabes de sus poderes, de sus ejércitos, de su forma de luchar… sabemos que amas a la humanidad y esto sólo llevaría al sufrimiento de un mundo que ahora es mucho mayor del que conociste hace miles de años.

-Algo he oído en el rumor del viento, las ninfas a veces vienen a socorrerme… tengo una gran cuidadora en algún sitio pero desconozco quién es mi benefactora -sin embargo negó-. Pero miradme, no puedo ir a ningún lado y nadie puede quitarme estas cadenas, simplemente pesan demasiado y seguramente sean tan duras que no puedan romperse… Hefesto las diseñó especialmente para eso.

-No es necesario destruir las cadenas, Prometeo -Kiki sonrió un poco mientras encendía su cosmos-. Esta roca es muy dura, el material que sostiene los pilares del templo marino de Poseidón está hecho de este material… ¡ni mis ataques más poderosos destruirían o les harían mella! -y según hablaba hizo aparecer la lanza de Libra- ¡Sin embargo sé bien cómo derribar cualquiera de esos puntos de apoyo, y por supuesto cómo partir una montaña por la mitad!

Rodeado de su cosmos, que cubrió también la lanza dorada – y que tenia dos picos laterales que podían formar incluso un tridente – y esta se convirtió en un haz de luz que el Patriarca lanzó contra la piedra que sostenía a Prometeo; una gran explosión sucedió entonces y se escuchó un intenso grito y de algo extraordinariamente pesado acabar en el suelo pero el cosmos de Kiki seguía muy en alto segundos después de todo aquello. Prometeo apareció detrás de ellos justo en el instante de destrucción de todo y trastabilló un poco por la impresión, se tuvo que apoyar en el hombro de Fran para no acabar también en el suelo.

-Vámonos deprisa, o nos pondremos al Olimpo totalmente en contra -avisó Kiki, haciendo desaparecer la lanza-. Saldremos por otro lado, ¡Seiya!

El Caballero de Sagitario apareció desde la nada y tomó a los hermanos por los brazos y se lanzó al vacío con las alas de su armadura extendidas y planeando hacia un bosque cercano para ocultarse; Alma de Géminis también apareció y tomó a un nervioso Prometeo desde el lateral de su cuerpo y también le llevó hasta el mismo sitio pero sin antes usar un fogonazo de energía que destruyó algo más la zona de lo hechos para borrar posibles pruebas… Kiki se quedó sólo en instantes y se limitó a suspirar un poco mirando al cielo, se preguntaba si Apolo habría visto aquello y por tanto si los dioses estaban al tanto… si es que seguían ahí.

Se limitó a ir andando al centro de toda la destrucción mientras pensaba en todo lo que habían dicho con Prometeo, y tras retirar el polvo del aire con su energía y un poderoso movimiento de las manos se colocó de cuclillas y recuperó las cadenas al teletransportándolas al Santuario aprovechando el paso entre Pánmizos y la Tierra, cayó el material en pleno centro del jardín de la zona privada del templo Principal; no sabía si las podría levantar usando su telequinesis por eso prefirió aquello para más adelante ver qué se podía hacer con ellas.

-Bien… veamos qué se puede hacer con el bueno de Prometeo… -murmuró- Hice bien en traer a los dorados.

Instantes después se teletransportó hasta donde los demás estaban y les encontró en torno a un pequeño punto de fuego hecho en ese mismo instante en las cercanías de un gran árbol en justo el límite de un pequeño claro, cerca había un grupo de caballos que ni se inmutaron por la presencia de ellos; Mónica y Fran estaban vomitando en un lateral mientras Prometeo se escondía bajo los árboles y eran los dorados los que hacían de aquello un campamento mínimamente habitable, así que el Patriarca se acercó en cierto silencio contemplando a todos.

-Bueno, ha ido mejor de lo esperado -comentó-. Como entiendo que aquí no estarás a salvo, y ahora que eres libre… ¿te nos unirás y querrás venir a un lugar seguro? El Santuario estaría abierto para ti por supuesto.

Prometeo le miró con cierto interés y suspiró algo. Tenía a lo largo del cuerpo, muñecas y tobillos marcas por las cadenas pero que se iban curando poco a poco gracias a la reciente liberación que había vivido. Seguía nervioso pero la libertad le parecía sentar bien pues cuando le habló se estaba estirando en el suelo a todo lo que le daba el cuerpo y movilizando todas las articulaciones.

-Discúlpame, Patriarca… -murmuró, sentía la sangre correr libremente por su organismo por primera vez en bastante tiempo- Hacía tiempo que no podía moverme libremente, pero… claro que lo haré, ¡me habéis liberado, que menos que pagaros con mi sapiencia! ¡Más si es para molestar a ese tirano de Zeus!

-Gracias… -Kiki se sentó a su lado- ¿Cómo que tirano de Zeus? ¿A qué te refieres?

-Zeus es el rey de los dioses pero sólo de nombre, desde hace siglos se ha convertido en un monstruo… no sé qué es lo que ha pasado pero desde hace más de dos mil años es como si se hubiera transformado -en ese momento se incorporó mejor-. Algo cambió en él y se volvió paranoico, cruel e inmoral de todas las formas posibles… imaginación no le faltaba para castigar a quien correspondiera.

-¿Y desde cuándo crees que pasó?

-Fue tras Troya… después de haber sido liberado por Heracles y poder vivir en el Olimpo con el resto de dioses, una noche me encuentro con Zeus en mi cuarto… me noqueó con uno de sus rayos y cuando me deserté volví a estar ahí encerrado… he estado más tiempo preso que libre, Patriarca.

-Me llamo Kiki, no Patriarca -bromeó el otro-. Lo que me sorprende… es que no hayas perdido la cordura en todo este tiempo.

Prometeo no llegó a responder en un primer momento, se limitó a jugar con el fuego entre sus manos mientras meditaba sobre lo dicho por el otro. Se giró al escuchar unas pisadas y dio con Mónica y Fran, que parecían más o menos recuperados de la experiencia.

-¿Os encontráis mejor?

-Algo… -murmuró Fran- Moverse tan deprisa marea…

-Es falta de costumbre -le explicó Prometeo-. ¿Nunca te has movido a esos ritmos?

-Son totalmente novatos los dos -respondió Kiki-. Es una de mis mayores preocupaciones… lo has notado, ¿verdad? Sus cosmos, son enormes, pero… no acaban de brillar todo lo que deberían.

-Sí… pero estoy cansado, Kiki -le explicó, y el otro se limitó a asentir comprendiendo-. Necesito descansar de todo lo que me lleva pasando desde hace siglos… ¿tenéis algo para que pueda comer?

-Ten.

Le entregó la mochila y rebuscó por algo que llevarse a la boca. Vio con interés las botellas de plástico, el propio material – de tela y eslabones de acero – de la mochila y también el papel de plata que protegía los víveres que habían traído… sin embargo se fijó algo más en uno de los ungüentos y pidió permiso con un gesto, en cuanto recibió el visto bueno del Patriarca comió un poco y sonrió algo con satisfacción, su cosmos incluso ardió un poco gracias a eso y el tono de su piel mejoró bastante sólo con eso y las ojeras y bolsas bajo sus ojos fueron desapareciendo.

Los poderes de Mónica habían ayudado a que recuperara su vigor pero ese fue el punto clave para poder volver a lo que siempre había sido hasta antes de ser cautivo: su cosmos ardía un poco y sentía sus poderes de nuevo así que se estiró suavemente antes de continuar con la charla. Tenía bastantes preguntas pero comprendía que ellos también y contempló hacia los dos hermanos, los dorados – que ahora que se fijaba realmente comprendió que eran verdaderamente los santos de Atenea – estaban a varios metros vigilando que nadie se acercara o por lo menos que se encontraran con un buen obstáculo previo a una aproximación excesiva.

-Ella es ella, una parte de la entidad que se llamó a sí misma Atenea y que en tiempos antiguos hizo de diosa de la guerra y de la sabiduría -contempló que ella le escuchaba atentamente-. Es una parte diferente de esa diosa antigua, otro lado de su personalidad y que difiere de la que se manifestó en el mundo durante el pasado… un lado más puro de esa deidad, pero está limitada.

-¿Cómo?

-Igual que tú, Fran -respondió-. Tú… bueno, no eres un mortal precisamente pero tus poderes están limitados… ¿me mostráis la espalda?

Ellos se miraron y asintieron un poco, así que se giraron y subieron la camisa que llevaban: ambos tenían un tatuaje en la piel, era negro y formaban un pequeño arco romano de triunfo entre las escápulas de sus hombros que era sostenido por una única columna que descendía por la columna y cuya base estaba a la altura de sus nalgas. Brillaba suavemente en tonos rojizos y cuando Prometeo tocó su piel sintió un ligero latigazo. La energía de ellos rebotó con fuerza y el picor que venían sintiendo fue a más, de hecho su piel incluso enrojeció un poco y rompieron a sudar con cierta fuerza.

-Sí… sin duda esto es… cosa de magia -murmuró-. Hécate, diosa de la magia, debe ser la culpable de esto… puede que por orden de Zeus, ¿conocisteis a vuestra madre?

-Sí, claro que sí -murmuró Mónica-. La última vez que hablamos fue… no hace demasiado, pero sí, tenemos… buena relación.

-Zeus siempre le ha sido infiel a Hera… pero no con Metis, su primera esposa -miró a los hermanos a los ojos-. Para que nazca un dios es necesario que sus padres, los dos, lo sean… vosotros habéis nacido como dioses, no como avatares… en ese sentido somos iguales.

-Un avatar sería Thanatos, chicos -intervino Kiki entonces-. Sus cuerpos son prestados, realmente pertenece a un mortal que ha sido elegido por ese dios o diosa concreto para poder caminar por la Tierra.

-¿Eso quiere decir… que nuestros dos padres son dioses? -murmuró Mónica- ¿Me estás vacilando o qué?

-No te estoy vacilando, es la única explicación… ¡Y puedo demostrarlo, aquí mismo además! -saltó entonces- Toma, ¿Fran? -éste asintió- Come de esto, Fran.

Kiki observó con cierto nerviosismo que le entregaba una pequeña porción del mismo ungüento que había tomado previamente; al ser cremoso se podía comer con los dedos y llevárselos a la boca como si se comiera helado o similar. Hecho de hiervas medicinales había sido preparado con cierta magia que permitía curar pero que se tenía que aplicar sobre la piel y no ingerir por ser demasiado poderoso… al llevar una parte de ambrosía. Ésta se preparaba a partir de las manzanas doradas de un árbol mágico que precisamente se alzaba en Pánmizos y que los nórdicos adoraban por ser el roble del mundo, Yggdrasil, en cuyas ramas ellos pensaban se desarrollaban los nueve mundos de sus mitos… realmente eran una gran zona más allá de la frontera natural que se alzaba al norte de esa región en la que estaban.

-Está bueno… -murmuró, tranquilo- Bastante la verdad…

-Si fueras mortal no podrías comerlo -le explicó Prometeo-. Eso te convierte en un dios, y por tu energía debes ser hijo de Zeus, como lo es tu hermana.

-Joder… -murmuró Mónica, recostándose algo agobiada- Esto… se está enloqueciendo por momentos… aún me cuesta creerlo.

-Si venís del mundo humano sin mayor relación con todo esto es… normal -Prometeo se había abrazado a sus piernas con una suave sonrisa-. Igual cuando yo vaya al vuestro, habrá muchas cosas que no entenderé… ¿la humanidad ha avanzado mucho?

-En tecnología mucho, sí -confirmó Kiki-. Pero… sigue habiendo conflictos bélicos, agresiones de todo tipo, violencia, odio…

-Ah, la humanidad… con sus luces y sombras de siempre, en eso no cambian -Prometeo se levantó entonces-. Me gustará verlo… Siempre fui alguien muy humanitario.

No hacía falta que lo jurara desde luego. Kiki se limitó a ayudar a los dos hermanos levantarse, aún incrédulos por lo que habían oído pero comprendiendo que su vida no podía ser más rara que ahora con todo lo que había sucedido en los últimos días. No necesitaban más pruebas de lo espectacular del mundo mágico para comprender que ese era su mundo ahora y que tenían que vivir en él y comprender sus reglas… Fran miró a Mónica y suspiró un poco mientras seguían a los demás por el bosque, a lo lejos pudieron ver en un momento dado la misma colina en la que habían aparecido al llegar a Pánmizos.

-¿Qué piensas de todo esto?

-Que no sé… son demasiadas cosas raras juntas -murmuró-. Si eres un dios…¿de qué lo serás? ¿Y qué pasa con mamá, por qué nos ocultaría algo así?

-Sí, eso mismo pienso… ¿qué deberíamos hacer?

-No tenemos mucho más… más allá de seguir adelante, parecen saber qué hacer.

-Me molesta no saber casi nada de esto -reconoció-. Querría tener más control.

-Igualmente… Kiki nos ha traído aquí con armas y sin saber usar aún nuestros poderes realmente -ella suspiró algo-. No sé la verdad… hablaré con él cuando volvamos, ni sé cuántas horas llevamos aquí.

-Ha dicho algo de buscar a Hécate, igual vamos a por ella en esta misma vez -a Fran esa idea no le gustaba en absoluto-. No estamos preparados para eso…

Kiki había escuchado un poco la conversación de ellos dos pero les dejó hablar entre sí. Tenían razón en que no estaban seguros pero necesitaba de su presencia para poder llegar a Prometeo y ayudarse mutuamente entre todos… su idea era llegar a casa cuanto antes y comenzar con la preparación de verdad, se sorprendía que todo hubiera salido tan bien en algo que no tenía por qué suceder pero no iba a tirarse piedras en su tejado ni quejarse sobre ello… así que se limitó a acercarse a los dorados, a los que abrazó por detrás desde los hombros y les dio las correspondientes instrucciones.

-Estoy de acuerdo, Patriarca -Alma se detuvo y elevó su cosmos un poco antes de extender sus manos juntas formando un triángulo con las palmas-. ¡Otra dimensión!

Y lo que se asemejaba a un agujero en el espacio se generó ante ellos y que mostraba justo las proximidades del punto de unión entre Pánmizos y la Tierra. El Patriarca no quería tener opciones a ser encontrados y esa era la mejor manera por lo que la Amazona de Géminis creó aquel portal cuando le dieron la indicación y pensando que aquello era la mejor opción para que todo saliera bien; habían sentido un cosmos más o menos cercano que podría ser de un enemigo y estaba el riesgo de ser observados por Apolo durante la operación de salvamento y eso suponía un peligro añadido… no tardaron por ello en aproximarse al portal, Prometeo estaba realmente sorprendido por esos humanos con tales poderes pero lo comprendía por el contexto de dar con un mundo verdaderamente diferente al que había conocido. La libertad le esperaba y la abrazaría a todo lo que diera lugar… hasta que un intenso chillido y una enorme sombra cayó sobre ellos antes de poder pasar por las puertas y obligándoles a lanzarse a un lado.

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Casa de Severo, cercanías de Roma, 13 de enero, 10:45.

El cosmos de Hades había hecho su trabajo y ahora un grupo de personas se había congregado allí cerca por el llamamiento del dios para que llegara la totalidad de sus espectros; los soldados del ejército del Inframundo eran en total 108 y se dividían en dos grandes grupos: las estrellas terrenales y celestiales, literalmente venían sus armaduras desde una y otra dirección cuando el espectro en cuestión despertaba su cosmos en reacción al de su dios. Éstas volaban hacia la dirección adecuada con el mensaje de unión al grupo siempre en vigilancia de alguno de los dorados del siglo XX.

Mu había hecho un trabajo extraordinario con la reconstrucción de las llamadas sapuris, hechas con materiales similares a las de los Caballeros y Amazonas pero usando especialidades del Inframundo, ya bastante reconstruido por el poder combinado de Severo y Bianca. Tras volver del Santuario de Atenea a la casa de campo tuvieron una larga conversación en la que él le mostró la belleza de los Campos Elíseos que estaban ya prácticamente completos. La mujer correteó por verdes prados y haciendo crecer las flores en el pasto con sus pisadas y su cosmos en lo alto acompañada por Laika, Severo observaba con interés cómo ella lo recorría todo incluida la casa de los dorados y las zonas de entrenamiento y los barracones; también revisó los ríos cercanos y zonas de árboles y cuando llegó al antiguo Aqueronte comprobó que al otro lado una gran explanada se extendía hacia el horizonte y casi sin final… los Asfódelos servirían más adelante como lugar donde las almas de las personas normales irían tras su fallecimiento en el que era la mayor remodelación de ese lugar en siglos.

Comprendiendo la naturaleza de la misión que tenían entre manos ella se limitó a descansar en una de las camas de la casa de campo antes de irse al día siguiente a trabajar al colegio como cada mañana; Severo se quedó allí a descansar y de paso recibir como se merecía a sus nuevos soldados, irían llegando con los días y comenzarían los entrenamientos enseguida… pero seguía sintiendo el cosmos de alguien muy poderoso y que igualmente podía ser peligroso así que iría de investigación. Estaba revisando unos papeles del trabajo cuando llegó al despacho Shaka con una bandeja con unos vasos y una jarra con una tetera algo humeante.

-Me envía Pandora, ha dicho que no desayunaste -comentó-. Ordena que coma algo también, traigo unas patas.

Éste suspiró un poco y se limitó a levantar la mirada.

-Qué mujer… -murmuró- Me cuida demasiado… ¿tenéis hermanas alguno de vosotros?

-No realmente -respondió tras dejar la bandeja en la mesa de él-. Todos somos huérfanos en el Santuario, y si no lo somos no conocemos a nuestros padres… o en su defecto a posibles hermanos, claro.

-Lo… siento.

-No es relevante -Shaka se retiró un par de pasos-. Está todo listo, pronto empezarán los entrenamientos con los que van llegando.

-Bien, bien -Severo guardó un último papel en su mochila-. Voy a hacer un viaje de negocios y necesitaré protección, ¿tienes cosas que hacer?

-No, puedo ir con usted -respondió-. ¿Algo más?

-Avisaré a Pandora, puedes tomarte el té si quieres.

-Va-vale… -antes de que se fuera le detuvo suavemente en brazos- Diría que es de hiervas frescas, por el olor.

Severo sonrió y probó un poco; en realidad tenían razón en preocuparse por él así que comió de las galletas y bebió parte del te para darle energías al cuerpo y fue a hablar con su hermana y dejando a solas a Shaka. Olisqueó un poco la bebida y la probó con cierto interés, sorprendiéndose del sabor – bastante apagado por su intensa temperatura – pero prometiéndose volver a probarla en un futuro. Cuando terminó con todo comprobó desde la ventana que el hombre ya estaba preparando el coche así que fue a la cocina a dejar todo, acarició a Laika en la cabeza a forma de despedida y mandó su armadura de oro de vuelta al Inframundo; si había que pelear la podría llamar en cuestión de instantes y así nadie pensaría locuras por sus extrañas prendas.

Cuando llegó al coche abrió y se sentó en el pasajero mientras Severo se limitaba revisar en el GPS la dirección que había apuntado en un papel. El otro comprobó con interés que iban a un sitio de vinos al otro lado de Roma, en Civitavecchia; eso implicaba que irían al norte pero sin necesidad de entrar a la zona urbana, de hecho recorrerían la circunvalación hasta alcanzar su destino. Tras poner una suave melodía de fondo y portando unas gafas de Sol Severo silbó un poco hasta que dejaron su casa atrás; sólo entonces comenzó a hablar.

-Esta gente a la que vamos a ver es un cliente importante, lo conseguí gracias a Carlo… de hecho iremos a por él antes de salir, él y el chaval del dueño son bastante amigos.

Condujo dirección a la casa del muchacho en el pueblo sin llegar a ver una estela púrpura que recorrió el cielo, para cuando llegaron se encontraron con el muchacho saliendo algo nervioso pero dando con el coche de su amigo. Se limitó a sonreír y tras cerrar con llave fue hacia el vehículo y subió a la parte trasera sin mayores contratiempos, saludando a ambos hombres antes de partir.

-¿Tirando la basura ya a estas horas, Carlo? -bromeó Severo, le había visto tirar algo a un cubo-. Te presento a Shaka, es un compañero de negocios.

Tras estrecharse las manos como pudieron procedió a conducir, el Caballero había sentido sin embargo algo en el nuevo y en la casa de la que salió pero no llegó a decir nada… puede que fuera cosa suya, pero los vellos de su nuca se erizaron cuando subió al coche. Se limitó a mirar por la ventana obligándose a tener los ojos abiertos para no dar falsas apariencias. La marcha fue tranquila a lo largo de la autovía mientras los dos amigos hablaban entre ellos con la habitual confianza que antiguas amistades debían tratarse, a Shaka le recordaba cualquier charla entre él y Mu, o de Airoia con Milo y Dohko.

-¿Y a qué te dedicas, Shaka? ¿También a vinos o eres ganadero o algo así?

-Soy… de finanzas, estoy poniendo parte del dinero -explicó, lógicamente era mentira-. Severo tiene buenas ideas de inversión y creo que puede ser bastante interesante.

-Gracias -Severo se detuvo en uno de los semáforos de entrada-. Le he traído para que vea como trabajo, y de paso para presentártelo.

-Por cierto… -Carlo se incorporó un poco en el asiento- ¿Qué pasó anoche que estaba tu casa muy… revuelta? Algunos hablaban de luces y gritos, ¿montaste una fiesta clandestina? A la sargento no le habrá hecho ni puta gracia.

Severo se rio un poco y se rascó la nuca algo nervioso.

-Bueno, sí que fue una buena fiesta, sí… -suspiró algo- Si te lo dijera… no me creerías.

-Inténtalo -retó-. No creo que sea para tanto.

Shaka iba a hablar cuando sintieron una poderosa explosión de cosmos y giraron los tres el rostro hacia el cercano mar. De las aguas se alzó un gran cuerpo con forma humana y cayó como una gran ola en las cercanas orillas del puerto del municipio; sin mediar palabra Severo pegó un acelerón para saltarse el semáforo para ir hacia allí mientras apretaba los dientes con cierto nerviosismo. El Caballero ni se inmutó pero Carlo sí que empezó a sudar en frío y apretó los puños mientras comprendía que lo que le había pasado unas horas antes simplemente no había sido un sueño.

-Sev… -murmuró- ¿Qué está sucediendo por aquí? ¿Por qué llevo días… sintiendo energías estallar?

Se encontró con los intensos ojos azules de Shaka justo cuando dijo aquello y se impresionó bastante. Una suave sonrisa apareció en el rostro del otro y asintió un poco.

-No te preocupes, ¿Carlo?

-Sí…

-No te preocupes… yo me encargo de todo.

Y sin siquiera detenerse el coche desapareció en el aire y una estela dorada salió del coche a la vez que otra se encontraba con esta primera, sorprendiendo a ambos. Desde luego las tranquilas vidas que hasta ahora habían llevado estaban definitivamente rotas…

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(1) Los diálogos escritos en cursiva que se muestran son para reflejar las comunicaciones vía cosmos. Aquellos que son con la letra normal, son hablando la lengua común que corresponda. Los nombres de las técnicas están también en cursiva.