Remiel sigue sin estar seguro de a donde van y Uriel está distraída con Asmodeo. Distraída/distrayendo.
—Uhm... ¿Sari? —Remiel se gira sobresaltándola a ella un poco porque está te da como cuerda de violín—. No entres en pánico, pero... C-Creo que nos hemos perdido.
—No es ciertooooo
—Es que... todos estos pasillos son iguales.
—Yo pensé que sabían por dónde —Sariel aprieta los ojos.
Y… se van a topar de frente a un par de demonios a la siguiente vuelta de recodo que den.
—Pues yo creí también, pero...
—Uuuhhh! Ángeles! —suelta uno, sobresaltado.
Remiel corre a ponerse frente a las otras dos para protegerlas, sin saber tampoco qué hacer mucho mejor que eso en caso de ataque.
Uriel se detiene, más por el movimiento de Remiel, que porque haya notado los demonios.
—¿Qué hacen aquí? —pregunta uno de los demonios.
—A ti qué te importa, idiota —replica Uriel con su habitual amabilidad. Tan agradable ella. Especialmente con los demonios.
—Pues que están aquí y no deberían…
—¿Por qué no deberíamos?
—No sé si te hayas dado cuenta, pero esto es el infierno… —le explica el otro demonio como si fuera tonta.
—Duh, vaya por dónde. ¿Y a mí qué me importa?
—¡Que no tienes que estar aquí! —insiste el demonio.
—Porque tú lo digas —Uriel levanta la barbilla, enfrentándole.
"Uno es un demonio menor, pero la otra es Duriel, el demonio del dolor… yo me iría de aquí"
Uriel parpadea con eso.
—Uhm... bueno, ¿a lo mejor podríais indicarnos la salida? —propone Remiel intentando mediar.
—No, no la salida… Salir, no van a salir pronto.
—¿Por qué no? —pregunta Remiel—. Hace un momento queríais que nos fuéramos.
—No están en donde deben, lo que no quiere decir…
—¿Qué?
—Que queramos que se vaya —Duriel se les acerca.
—¿Entonces por qué decirnos... todo esto?
—Para hacer notar que… están mal al estar aquí.
—Mirad, no queremos problemas. Solo venimos a ver... a resolver un asunto. Y nos vamos —asegura Remiel mirando de reojo a las otras dos.
—No, si esto no es un problema… —Duriel sonríe.
—Pues a lo mejor no lo es para vosotros —Remiel traga saliva.
—Bueno, ya basta —Uriel frunce el ceño—. ¡O ayudáis u os apartáis!
—No creo que estes en posición de amenazarme.
—Tampoco creo que tú lo estés así que... Remiel, vámonos. ¿Sari?
Sariel está escondida detrás de Remiel, que la toma de la mano y asiente a Uriel.
Uriel se decide por un pasillo y ahí va Remiel a seguirla tirando de Sariel, viendo a los demonios de reojo y pensando que quizás no quiere encontrar a Mammón. Le han dado bastante miedo estos dos y son todo feos y... con esos animales...
—Vaya, vaya… ¿a quién tenemos aquí…?—les mira recargado en una pared el bueno de Mammón, casi como si Remiel lo hubiera invocado.
Ojos en blanco de Uriel, que decide pasar de largo a este también... Remiel le mira de reojo y no le reconoce por idiota porque bien que hace un segundo lo buscaba y sí lo ha visto en foto, tirando de Sariel para apretar el paso.
—No son tres ángeles, son tres ARCÁNGELES los que tenemos perdidos en el infierno —con un chasquido desaparece de la pared en la que estaba y aparece un poco más adelante.
—No estamos perdidos y más vale que os larguéis si no queréis estar en graves problemas —asegura Uriel, tan agresiva, aun.
—¿O qué? —Mammón sonríe de lado.
—O nos defenderemos.
—Tan agresiva… tú sigue tu camino, no me interesas.
—No me importa quién te interese. Apártate —sigue ella mientras los otros dos se le esconden un poco.
Mammón hace los ojos en blanco
—No estoy hablando contigo estoy hablando con la capa dorada que traes detrás.
"Él es Mammon…." Comenta Asmodeo.
Uriel parpadea con eso girándose y nota a Remiel, que se le había olvidado el asunto del dorado.
"Oh... ese es... el de Remi, ¿no?"
Mammón hace un gesto con la mano para que Uriel se mueva.
"Es el Demonio de la Avaricia… otro príncipe del infierno."
Remiel levanta las cejas cuando lo señala a él y aprieta más fuerte la mano de Sariel.
—¡No nos interesa hablar contigo! Llévate la capa si quieres —suelta Sariel con voz temblorosa.
"¡Creo que sí que lo es!" La verdad, se aparta un poco ahora sí, más por lo que dice Asmodeo que por Mammón.
—Ahm... a lo mejor podemos negociar con ella. T-Te la doy si nos ayudas —propone Remiel.
—Necesito verla de cerca para negociar… —asegura Mammón, pero le brillan los ojos—. ¿Para que necesitan ayuda?
—Necesitamos... un cuerpo. Para un demonio al que han descorporizado —explica Remiel y... le tiende la otra mano, para que vea la manga.
—Remiel, Mammón no va a saber eso —comenta Uriel haciéndole un gesto con la cabeza.
—Ohh… la chica se sabe mi nombre —Mammón toca la capa y se humedece los labios.
Remiel parpadea unos instantes, procesando eso y cuando al fin lo hace se sonroja de golpe y aparta la mano violentamente, escondiéndola a la espalda.
—Sé algunas cosas, sí —Uriel levanta la barbilla.
Mammón levanta las cejas con ese movimiento.
—Yo también se otras cosas, sí. Por lo visto no las correctas, según… la chica esta —se gira a Sariel—. Tú ha dicho que me podía llevar la capa si quería.
—Obviamente no te la vamos a entregar a cambio de nada —discute Uriel.
—¡Ella me dijo que me la podía llevar!
—P-Pues… —Sariel vacila.
La verdad, Remiel se sonroja más sin saber qué decir, porque además es... es su ropa. Toda su ropa. Podría invocar más, pero... ahora mismo tiene otras cosas en las que pensar que no son esa.
—A cambio de algo —insite Uriel.
No puede quedarse desnudo en el infierno nada más llegar y la primera vez... ¡que le ve! Esta fue una pésima idea, eres un imbécil, Remiel.
—El dueño de la capa no dice nada, al parecer las dos chicas te tienen… un poco… asfixiado —hace el ruido del látigo.
Remiel da un salto con eso, chasquea los dedos y vuelve la túnica a su blanco habitual por el pánico. Rojo como un tomate. Lo siento, sí, ha perdido la capacidad del habla.
—No es asfixia, es protección —insiste Uriel.
—Ohhh… así es mucho, pero mucho menos bonita. ¿Tú no hablas?
—Eh... uhm... uh... —el festival de los balbuceos, aún más ridículo se siente.
—Sí que habla —asegura Sariel.
—Bueno, igualmente sin capa bonita no hay trato. Suerte con el cuerpo que quieren… —sonríe un poquito más, pasándose una mano por el pelo.
Remiel aprieta los ojos y... vuelve a chasquear los dedos y a hacerla dorada.
—Consíguenos el cuerpo y luego hablamos —sigue Uriel.
—¿Por qué no negocia él con su propia capa? —le hace un gesto a Uriel sin mirarla, mirando la capa y por tanto a Remiel de arriba a abajo—. Tiene un bonito brillo.
Es como... estos trajes típicos de hindú que se abre por delante y llega hasta las rodillas, con bordados dorados sobre dorado. O sea, traje típico masculino, como una túnica con cuello Mao y abotonada hasta la cintura.
—¿Y eso… es hilo de oro?
—Ehm... —Remiel sigue sin ser capaz de decir palabra, solo asiente con la cabeza, pero esta vez no le deja la manga.
—¿No pesa?
Niega esta vez, demasiado fervientemente, super nervioso Mammón inclina la cabeza
—La quiero.
—Bien, pues ahora el cuerpo —sentencia Uriel.
Y es que, además, la inclinación natural de Remiel sería dársela. Así, tal cual. Pero sigue dándole vergüenza no llevar nada debajo. Aprieta los ojos y prefiere permanecer callado.
—¿Quién necesita el cuerpo? ¿Tú? —Mira a Remiel.
—¡Eso no te importa! —interviene Uriel antes que pueda negar o asentir.
Remiel parpadea y vuelve a apretar los ojos sintiendo que está haciendo el ridículo al no ser capaz de hablar pero es que la presión de... que sabe y todos saben y él sabe y... tiene que... tiene que hacer algo que ni sabe ni cómo hacer con este demonio que tiene en frente.
Ay, Remielito tan mono.
—De verdad no puedo creer que hagas todos esos gestos sin hablar…
—E-Es... —vacila.
—"E-E-Es" si que sabe decirlo!
—Ugh —aprieta los ojos y Mammón se ríe.
Remiel se da la vuelta y decide ir hacia algún pasillo, el que sea... tira de Sariel de manera un poco inesperada y empuja a Uriel para que vayan con él, decidiendo que Mammón no piensa ayudarles y solo le está poniendo en ridículo.
—Ehhh! ¡Espera! ¡¿A dónde vas con mi capa?! —protesta Mammón yendo tras él.
—No es tu capa —responde enfadado.
—¡Tú estabas negociando! —se le aparece enfrente.
—Y se terminó la negociación —se cruza de brazos.
—¿Es decir no hablas más que para estar enfadado? Pensé que los ángeles eran buenos y no se enfadaban.
—Yo en general no me enfado hasta que la gente intenta burlarse de mí.
—Pues es que… como no me voy a reír si solo estás ahí balbuceando. Aun quiero tu capa.
—Y-Y nosotros el cuerpo, ya te lo ha dicho Uriel —igualmente se sonroja por los balbuceos.
—Bueno, a ver… No es como que tengamos aquí docenas de cuerpos listos para ser usados si nos descorporizan aunque esa nunca me ha parecido tan mala idea…
—Pues solo danos uno y te dará su capa, ¡no necesitamos docenas! —interviene Uriel.
—¡Y queremos conocer a Belfegor! —añade Remiel.
—Un cuerpo de un demonio… hum, vale, ehh… ¿a Belfegor?
—Ah, sí, a... Belfegor —asiente Uriel mirando a Sariel de reojo.
—¿La conoces? —pregunta Remiel.
—Ehhh… ahhh… —Ahora es el turno de Sariel.
—Uff, sí la conozco. ¿Es su cuerpo el que quieres?
—¡No! —Uriel arruga la nariz.
"¡No!" Asmodeo también.
—No, la queremos conocer por ese asunto de... las parejas, seguro que algo te has enterado —Remiel no le mira.
—Ahhh… ese asunto de las parejas, sí. ¿Es para ti Belfegor?
—Eeeh...sí —se sonroja de nuevo.
—¡Qué mentiroso! —protesta Sariel.
Mammón levanta las cejas. Remiel se sonroja un más y mira a Sariel todo suplicante. Uriel pone los ojos en blanco.
—Ugh, vale, si quieres… t-te lo cambio —susurra Sariel.
—¡No! —exclama demasiado pasional y luego se lleva las manos a la boca—. No... pero... —rebaja el tono, incomodo.
—Uhhhhhhhhhh! —se burla un poco Mammón.
Remiel se sonroja como un foco de navidad con eso.
—Lo que pasa es que el que le toca a él eres tú —suelta Uriel, poniendo los ojos en blanco, para Mammón.
—¿¡Yooo?!
—Ugh! URI! —protesta Remiel tapándose la cara con las manos—. No, no es cierto, o sea... no es... obligatorio...
—¿Así que yo te... toco?
—NO! —chilla otra vez —. O sea... Era solo unas directrices que... o sea, si tú estás... si tú...
—Así qué hay… una opción con la que sí que te toco.
—Lo que se refiere es que yo... ¡te tengo asignado! —exclama súper nervioso y moviendo las manos porque es que eso de que le toca... suena súper mal.
Mammón le sonríe porque entre la capa y esto…
—Asignada tengo yo esa capa.
Remiel aprieta los ojos con eso.
—Pero es bueno saber que un Arcángel viene con ella.
—No es... no... ¡No es eso!
—No me molesta del todo la idea.
—¡No es tuyo Remiel! —chillonea Sariel apretándole la mano.
Remiel abre un poco la boca cómicamente con eso y vuelve a sonrojarse y a... perder el sentido del habla.
—Uhm... bueno, todo eso está muy bien, pero hemos venido por el cuerpo —intenta apremiarles Uriel.
—¿Un cuerpo a cambio de otro cuerpo? No suena mal…
—No. Hemos dicho la capa. No vas a quedártelo a él aquí —replica Uriel.
—Bueno, aquí, aquí no es que quiera quedármelo.
—En cualquier caso... —Uriel pone los ojos en blanco.
—¿Queeeé? —protesta Mammón esta vez si girándose a mirarla—. ¿Tienes prisa?
—La tenemos. Sí.
—Bueno, pues si es con prisa... que les ayude otro demonio —le hace un gesto con la mano a Uriel y se cruza de brazos.
—Bueno, pues llévanos con otro demonio —se cruza de brazos de vuelta.
—¿Que les lleve yo? No —Mammón se ríe un poco.
—Bien, entonces apártate.
—Tú te puedes quedar si quieres… y negociamos lo de la capa —Mammón se gira a Remiel.
Él se sonroja de nuevo y se esconde un poco detrás de Sariel.
—No se va a quedar él solo. Vamos los tres juntos —replica Uriel.
—No estoy hablando con ella, estoy hablando contigo —insiste hacia Remiel.
—Ehm... —Remiel balbucea un poco y carraspea por que...
—No se va a quedar. ¡Vamos, Remi! —Sariel tira de el para ir con Uriel.
Remiel aprieta los ojos y... tira de Sariel hacia el otro lado para que no se muevan, tomando aire para intentar calmarse. Uriel les mira de reojo porque no se mueven.
—Ja! —suelta Mammon sonriéndole a Remiel. Vale, le acabas de caer bastante mejor solo con ese movimiento.
—Has dicho que... nos ayudarías —responde Remiel.
—Por el precio correcto, sí —asiente Mammón.
Remiel toma aire... se sonroja más y... vale. Vale. Se quita la capa y se la tiende. Quedándose con el pecho desnudo... y los ojos cerrados sin atreverse a mirarle.
—¡No! ¡Remiel! No puedes dársela hasta que lo haga. Es un demonio, no son confiables —protesta Uriel.
—A-Alguien tiene que ser... el que confíe primero. Nosotros somos los ángeles. Y él lo fue una vez —responde para ella.
Mammón levanta las cejas sin esperarse eso, pensando que… vale, este chico además paga por adelantado!
—Hace mucho, mucho tiempo —puntualiza Mammón tomando la capa.
—Ya verás como acabas por arrepentirte de esto —le advierte ella y él suspira, abrazándose un poco a si mismo.
Mammón chasquea los dedos y le pone encima un peto de cuero de lobo y una capita encima, que le cubre los hombros, de pelo de lobo negro
Remiel parpadea mirándose a si mismo y... si bien no se abrazaba porque hiciera... frío en el INFIERNO, sí le hace sentir mejor que haya hecho eso, así que ahora sí le mira y le sonríe sinceramente.
—Gracias.
—Bien… —dobla la capa un poco para guardársela, bastante meticulosamente —. Es importante decirte que la que aprueba los cuerpos es Belcebú…
—Eso ya nos lo han dicho —Uriel pone los ojos en blanco.
—Esta chica es como un mosquito… —protesta Mammón sin mirarla.
—A-a lo mejor podrías... firmar tú. ¿En su nombre? Eres otro de los... príncipes del infierno, ¿no? —propone Remiel.
—Exacto, no nos importa la burocracia, solo queremos el cuerpo —replica Uriel haciendo un gesto vago con la mano.
—Ah, eso... sería posible si el infierno trabajara de manera ligeramente sensata y lógica y no fuera la pesadilla burocrática que es en estos tiempos —asegura Mammón hablando a la vez que Uriel, mirando solo a Remiel—. Aun así...
Remiel se humedece los labios porque...
—¿Cómo funciona lo de los cuerpos, entonces?
—Pues supongo que como en el cielo. Si pierdes el cuerpo hay que ordenar otro y hay un departamento que ahora mismo no sé cómo se llama en el que hacen un cuerpo nuevo de acuerdo a unas especificaciones y… pues te lo entregan.
—¿Y no podemos... pedirles amablemente que hagan la vista gorda por una vez y que les conseguimos la autorización luego?
—O podemos torturarlos hasta que lo hagan, solo son demonios —propone Uriel.
—Awww… ¿así funciona en el cielo? —Mammón habla a la vez de Uriel y se detiene, girándose a Uriel—. Vale, retiro lo dicho. Esto no es como el cielo y si no cambias de actitud… temo que eres muy poco ángel para tanto demonio qué hay aquí, puede que tortures a algunos, pero no vas a poder torturarles a todos, cariño.
—No quiero torturarles a todos, solo a los encargados de los cuerpos —replica ella mientras Remiel se sonroja porque en general, sí funciona así en el cielo, sí.
—Y la verdad, pretendía que lo hicieras tú —añade ella cínicamente
—Estoy segura de que todos los demonios estarán encantados de torturarte a ti... ¿que lo hiciera yo? —ojos en blanco, se gira a Remiel—. En serio, o la callas tú o no podemos seguir teniendo esta conversación tú y yo.
—E-Es que ella... —vacila él.
—¿Ella qué?
—No a mí, idiota —ella pone los ojos en blanco.
—No puedo hacer que se calle —admite Remiel mirando el suelo.
—¡Porque no quieres que lo haga! —protesta ella.
Remiel la mira y... vacila un poco. Carraspea y luego niega, porque... no, claro. No.
—Es que, deja de dar ideas idiotas —protesta Mammón hacía Uriel. Luego se vuelve a girar a Remiel—. Tengo una idea, pero…
—¡Pues dínosla ya, imbécil! Duh! —protesta Uriel poniendo los ojos en blanco y Remiel la fulmina un poco.
—Te la daré a ti únicamente —Mammón bufa para Remiel.
—Discúlpala, por favor, es que tiene a Asmodeo dentro. La ha poseído y ahora está un poco nerviosa—explica Remiel.
—¡No estoy un poco nerviosa!
Mammón levanta las cejas y la mira. Y luego entrecierra los ojos porque la verdad, conoce a Asmodeo y si bien él es muy irritante… suele ser distintamente irritante.
—Creo que la lujuria le influye. Probablemente solo le gustas un poco y no sabe cómo relacionarse bien contigo. Le pasa lo mismo con otros demonios —sigue Remiel.
—W-WHAT? Claro que no me... de donde sacas... yo no... Remiel, what the fuck!
Mammón se ríe con eso, vale, le acabas de caer MUUUUCHO mejor esta vez.
—No, bueno y con Asmodeo dentro... ya me imagino —agrega.
Remiel se encoge de hombros y le sonríe un poco cómplice al demonio.
—Claro que no es eso, ¡pero que os pasa! —sigue protestando ella.
Es que hasta Sariel sonríe un poquito solo porque Uriel se ha puesto HISTERICA
"¿M-Me estas influenciando?"
—Mira... por qué no vienes tú unos minutos a mi oficina, te doy lo que necesitas y...
"Yo no soy el señor de la ira, mon amour... Ni de la histeria..."
"UGH. ¡No estoy histérica! ¡Ni es ira!"
"Pues ni el de la irritación..."
Remiel vacila porque le da un poco de miedo ir a SOLAS a su oficina.
—Ehm... ¿no puedes mejor contarnos aquí?
—Tengo que hacer papeleo, darling.
—Y si... ¿vamos todos? Uriel se portará bien —igual se sonroja con el darling.
—Bueno, pero ella se queda afuera, igual que esta otra —señala a Sariel.
Remiel mira a Sariel de reojo.
"Pues nadie lo diría para lo irritante que eres. Mira lo que tengo que aguantar por tu culpa"
—¡No puedes ir solito! —exclama Sariel escandalizada.
"¿Mi culpa? ¡Es culpa de MIGUEL!"
—Solo será un momento. Si hace algo, gritaré —asegura Remiel.
"Miguel solo estaba protegiéndome."
—¿Si hago algo como qué? —pregunta Mammón sonriendo.
—A-Algo uhm... m-malo.
—Malo... vale.
—¡O... raro! O feo... o... a-algo desagradable —le traicionan un poco las cosas que se está imaginando después de lo que ha visto de todos—. O pecaminoso.
—Raro, feo, desagradable... vale. Lo de pecaminoso... es que si no puedo hacer algo pecaminoso... no puedo ayudarte —extiende la mano con todo y túnica
—Pues... c-contra mí, quiero decir. Aunque ojalá no hicieras nada pecaminoso en lo absoluto.
—CONTRA ti... vale, estoy seguro de que podemos mane... —se detiene —. Ehm... soy un DEMONIO, si sabes cómo funciona, ¿verdad? Casi casi que yo exista aquí ES pecaminoso.
—No es pecaminosa tu existencia, eres una criatura de Dios como todas las demás —le asegura, sonriéndole, este es un discurso común con las almas que él maneja—. A ella le gusta la diversidad y tiene un plan para todos, incluidos los que parecen salirse de sus planes.
Mammón parpadea... y parpadea otra vez.
—Ehm... vale, ESO lo podemos discutir en otro momento si quieres. Pero enfoquémonos en esto.
Remiel se encoge de hombros, sonriendo, porque Raguel le ha hablado de las ideas interesantes que siempre tienen los demonios y como les gusta discutir sobre la existencia de Dios.
—Bien, vamos entonces... —empieza a caminar.
Remiel tira de Sariel, mirando a Uriel que les siga y pensando en... qué va a pasar ahora que entre él solo al despacho... ¿No le va a besar, verdad? ¡No! Eso sería súper raro, si no le conoce hace dos minutos... pero ¿qué tal que le besa? Aamón estaba antes haciéndoselo a Raguel en la sala y... no puede encadenarle a él, ¿no?
¡A besar! Hum... no creo. En efecto, te conoce hace como... cinco minutos.
¡Pues él que va a saber! ¡Es un demonio!
¡Asmodeo se tiró a Uriel sin saberse su nombre según le han contado! ¡Ugh! ¿Y si se lo tira? ¡Gabriel les ha advertido de esto!
Asmodeo va igualmente para molestar a Uriel a soltar una oleadita de lujuria en el aire porque... son cosas que suele hacer a ver qué pasa.
Mammón silba un poco yendo a su despacho.
Remiel aprieta los ojos y le aprieta un poco la mano a Sariel con la oleada porque está pensando en estas cosas y eso no le ayuda.
Uhh
¡Pues, pues!
—Bueno y ¿por qué tienen a un demonio al que le necesitan dar un cuerpo? O sea... por qué no lo sacan de la chica molesta y ya está.
—Ehm... no quiere irse. Y no queremos que entre en otro de nosotros y nos corrompa. Ellos son... u-uhm...
—¿No quiere irse? Mira qué cómodo... alguna vez ya tuvimos un problema con eso aquí abajo, la verdad... pero ese es otro asunto. ¿Entonces mejor que la corrompan a ella? Total, ya la infectó Asmodeo. Bueno... la verdad, no es mucha pérdida...
—No, no —aprieta los ojos—. Lo que pasa es que ella... le... t-tiene asignado.
—A ella SEGURO que le toca.
—¿Que le... toca? —papradea inocente sin entender ahora el doble sentido
—Pues... no sé qué es lo que le toque, pero seguro le toca completa de arriba a abajo y por fuera y... por dentro.
—¡Nadie está hablando de eso! —se abraza a sí mismo y la ropa esta de lobo que trae.
—Ya, ya, claro... —Mammón se ríe otra vez.
—Y no la... eso... eso es pecaminoso
—Pero tú eres un ángel, seguro puedes resistirte.
—¿Y-Yo? —hasta da un paso atrás y se sonroja más.
—¿No? —Mammón le mira de reojo.
—Ah... e-ehm... uhm —mira al suelo y solo asiente.
—Demonios... un penny por tus pensamientos.
Remiel aprieta los ojos, se sonroja más y niega fervientemente. Mammon se ríe otra vez y es que le parece monísimo Remiel. Ni siquiera sabía que un ángel le podría parecer monísimo... Se sonroja él mismo un poco y... mejor camina más rápido hasta su despacho, que abre la puerta después de dar unos cuantos... chasquidos.
A ellos les cuesta un poco seguirle cuando se pone a correr. De hecho, Remiel tiene que tomar de la mano a Uriel también para no perderla.
Así que se gira a mirarlos en la puerta del despacho, cruzándose de brazos.
Remiel se sonroja y vuelve a mirar el suelo cuando nota que se detiene, mirando un poco alrededor, pero es que otra vez no puede hablar con lo que le acaba de decir.
—¡Venga, pasa!
El ángel traga saliva, soltándo a las otras dos un poco contrariado, pero Sariel no se deja soltar tan fácil y él la mira.
—¿C-Cuídate... vale?
Asiente.
Le da un besito en los labios y le suelta. Él le sonríe con ello.
—Nuestra señora esté contigo.
—Argh... —protesta Mammon con asquito.
Uriel sigue discutiendo quien sabe qué con Asmode y no se entera. Remiel mira a Mammón de reojo.
—Vengaaaa, solo vas a venir cinco minutos a mi despacho. No a un viaje al espacio de tres mil años.
Aprieta los ojos y asiente hacia el demonio ahora.
Mammón hace un gesto para que entre y cuando lo hace, cierra la puerta tras él.
