Orbitó el planeta, con curiosidad.
Oxígeno. Atmósfera.
Seres con capacidad inteligente -al parecer- pero no con la tecnología que RouSs acostumbraba.
Captaba sus señales -humanos, se llamaban a sí mismos (sip, ¡tenían lenguaje!)- y había algo llamado magia, también. ¿Qué había qué...?
"Interesante planeta al que mi Generadora fue a parar", murmuró, marcando las coordenadas finales.
Debía estar oscuro para que no la vieran llegar, según las indicaciones de ella.
La débil nave rebotó en la atmósfera -un mal ángulo, seguramente- y cayó, pesadamente, en el punto exacto.
La cápsula fue lanzada hacia afuera -y adelante- y se abrió.
RouSs tomó una bocanada de aire y se puso a toser.
¿Qué tipo de oxígeno era ese, con qué estaba mezclado?.
Varios seres; ¿Machos? ¿masculinos? ¿hombres?; corrieron a ella.
Uno de ellos... era el del ideograma.
"¡Kizim, has vuelto al fin!", murmuró éste, sosteniéndola cuando se desmayó, producto de la caída y del oxígeno.
Sí, podía haber sido generada por él, pero también era parte de su Generadora.
¡Y ellas no eran parte de ese extraño y pequeño planeta azul!.
Abrió los ojos sobre un algo mullido y esponjoso.
La luz solar asomaba y el... ¿qué era, cómo se llamaban? se sentaba a su lado.
"Bienvenida, Kizim... ¿y tu madre... no vino contigo?".
"¿Kizm?, soy Ro...", pero no pudo pronunciarlo.
La atmósfera afectaba su voz.
Finalmente, en una voz rasposa, dijo algo como Rozzz.
Sí, eso sonaba cercano.
"Roz", repitió. Muy lentamente
"Kizim es hija, en mi lengua".
"¿Qué es hija?".
"Tú. Eres mi hija. Con tu madre, ambos te...".
"¡Ya, lo entiendo!", lo detuvo.
Los detalles de cómo la retozaron eran privados entre dos.
"Entonces, soy ¿tu retoño? ¿ tu kizm? y ella aquí es madr, ¿no generadora, eco?... ¿y te nombras..?".
"¡Oh! soy Ibrahim Mazur, Abe o Baba. Aunque prefiero Baba, que es padre. Eh, generador, supongo, si recuerdo bien. Si, Eras Rose cuando naciste, así que puedes seguir siendo Rose... Rose Mazur. . Y aquí eres dhampir, supongo. Yo no lo soy".
"Eco... ¿qué raza eres, si yo soy dampr y tú no?".
"Soy Moroi", dijo, mostrando sus colmillos.
"Y... ¿qué es un morr?".
"Soy clasificado como vampiro... y tengo magia. Y -obviamente- estoy vivo".
"Y... ¿Qué es un fampr?".
"Necesito beber sangre para vivir. Sin ella me debilito y puedo morir. Hay otras dos clases. Una -los strigois- ya no viven. Igual requieren sangre y huyen del sol. Luego los dhampirs, como Pavel y Sergei. Los dhampirs tienen un solo padre moroi y el otro es humano o también dhampir... Los dhampirs son extremadamente fuertes y resistentes y por eso algunos se forman como guardaespaldas, porque los morois somos débiles allí donde ellos no. Yo los contraté a ellos y entrenamos juntos."
"Eco... ¿y qué es la magia?".
"La capacidad de hacer cosas que de otra manera requieren a la ciencia o a la tecnología... yo tengo la magia de tierra, la puedo manipular. ¡No el planeta, no me mires así, Kizim!, pero tierra, piedras, árboles, metales...".
"¿Yo tengo eso?, porque soy...".
"Dhampir. Hija de un moroi -yo- y de una... bueno, no moroi. Así que no sé cómo se dé en tí. En los dhampirs, la magia va muy adentro de ellos, en sus cuerpos o su fuerza... tú eres diferente. Tienes mucho de ella. Pero a la vista, mucho de mí -también- lo que te hace Rose Mazur... ahora... ¿qué podemos hacer para ocultarla a simple vista, muchachos?".
"Mi hermana Alberta trabaja en la de Montana ahora", sugirió Sergei. "Podemos llamarla, y ver si puede... recibirla"
"¿De la que de Montana?", dudó Rose (ahora era Rose, recuerden), al oírlo.
No estaba en el secreto, al parecer.
"Una Academia para moroi y dhampirs, Rose".
"¿También tienen de esas?, ¿aprenden a volar y a pelear y a trasladarse y a saltar en el interespacio?" Se sentó, entusiasmada.
"Es... más bien una escuela, Rose", Sergei sonó... como disculpándose.
"Y... ¿Qué es una escuela?", sonaba dudosa.
"Te enseñan cosas como matemáticas o lenguaje", explicó Abe.
"Ah", se decepcionó. "De esas cosas. Sí. Tuve una preceptora. Bueno -la de NiñA LiSs- pero también me instruía a la par que a ella... pero ya terminé con ella. Tengo 16 ciclos ahora".
"Acá aún eres una niña, Kizim. Y debes aprender a defenderte de los strigois. Y a reconocer a un moroi, a un humano normal, a un dhampir y lo que haya entre medio", insistió Abe.
"¡Yo se defenderme!. Somos diezmados por alimañas. Desde siempre debemos saber cómo hacerlo ¡Aún la vana NiñA LisS podría asestar un golpe para salvar su inútil cuello! Es imperante o Muerte".
"¿Le darías una oportunidad a la Academia, entonces?, tienen horarios diferidos. Los dhampirs parten temprano en la mañana y en la tarde toman las mismas clases que los morois -con ellos-. Después se van a descansar y los morois comienzan con sus clases especiales... las toman tarde, por la sensibilidad al sol".
"¿Hay otros más como yo... aliens?", dudó Rose
"¡Aliens! Ah, es una forma de decirlo, claro. Hay muchos humanos con capacidades especiales. Acaban medios locos si no saben usar esas... capacidades. La magia, la transformación o el beber sangre o el tener parte Dagobiana" le sonrió "nos hace, aliens a los ojos de los simples mortales, ehem, humanos. Otros, cuyas habilidades van bajo la piel, no tienen tantos problemas y los verás por aquí y por allá. A veces, la llamada inclusión los daña, los agreden por ser diferentes y huyen... pero al final, Kizim, somos todos una vertiente del mismo polvo cósmico, dentro o afuera de nuestra Vía Láctea o del Supercúmulo".
"Éste será mi hogar, ahora", se acomodó y suspiró, feliz. "Y me adaptaré, aunque está muy cerca".
"¿El horario o la Academia?", dudó Pavel.
"El sol. Está muy cerca... Sus barreras solares deben revisarse".
"¿Qué barreras?".
"Solares. Las que evitan la radiación, obviamente... la pobre nave que me dio mamá casi se hizo trizas por la irradiación... así, ¿quién sobrevive?".
"No hay Barreras en la Tierra, Rose", Sergei se rascó la cabeza y miró a los otros, que negaron al mismo tiempo.
"Sus planetas deben sufrir mucho", murmuró Rose.
"La Tierra es... el único con vida en el Sistema Solar, Rose", dijo Abe. "Y lo agradezco mucho. Conocí a tu madre y te tengo a tí, Kizim... ¿respecto de eso?, cuando tu madre vino por primera vez a la Tierra... pasó por humana. Es decir, en la Tierra, todos lo somos. Es el único estatus legal. Humano. No hay... aliens como inmigrantes".
"Claro. Sólo otro tipo de aliens, ¿eh, Baba?".
"De los que bebemos sangre y otros tipos", sonrió Abe. "y también hay Academias. También son de entrenamientos, Kizim. Quizás una de ellas pueda gustarte, ¿sí?, a los dhampirs los forman letales como defensa contra Strigois ¿los vampiros muertos chupasangres y malos de los que te hablé?, pero créeme, son perversos y muy fuertes y no se detienen por nada. No mueren y no duermen, sólo comer es su centro".
"Suena divertido, ¿podemos conocer a una? Academia, digo... ¡vamos a patear traseros de vampiros malos! ¿que?, ¡Mi... madre decía algo así todo el tiempo! aunque nunca supe si las alimañas lo tienen, y los strigois de ustedes, ¿si?".
La miraron como si estuviera loca o fuera, bueno, alien.
Lo que era.
"Estuvieron vivos, Kiz. Así que sí. Tienen traseros, ¡aunque nunca supe si lo usaban!. Bueno, volviendo a nuestro tema. Haré unas llamadas, Kizim. Creo que la de Montana será la ideal para tí".
Suspiró Mazur.
¡Era su mini mi y estaba tan orgulloso!
"¿Montana está en una luna de ustedes? eh, luna. Claro. Tienen sólo una. Porque la usan, ¿cierto?".
"Eh... no. Sólo la Tierra", explicó Sergei.
"¿No?, ¡por qué no, es espacio útil!".
"No... no se ha terraformado porque... apenas y podemos enviar naves exploratorias al espacio circundante de la Tierra... entonces, de dónde tú vienes... obvio, si llegaste aquí". dijo Abe, confuso.
"¿DagObah?, ¡pero estamos tan cerca!, ¡podrías haberlo intentado!".
"¿Qué?".
"Ir a vernos. Salvar a mi madre ¡unirte a ella, quitársela a Cr0T con tu magia!", se desesperó.
"Nuestras naves no tienen ese poder, mi amorcito. Es en serio. Apenas llegan a la luna -y sólo personas muy preparadas para ello- ninguno de nosotros podría subirse a ella y llevarla a... DagObah... ¿qué tan cerca dices que está?".
"En el vecindario", sonaba decepcionada. "Justo afuera del Supercúmulo de Laniakea... ¿tal vez un poco a la izquierda?. Sólo cuénten 100 mil y en el 101 mil estamos nosotros".
"Ah, claro. Obvio. Lógico. Espera, 100 mil... ¿qué?",dudó Pavel.
"Obvio. Galaxias -las llamarían ustedes-. Según nuestros observadores, Laniakea tiene 100 mil galaxias... Estamos ahora en un borde... ¡quién iba a pensar que había vida aquí! y nunca me encontrarán".
