Los personajes de Ranma no me pertenecen, escribo esta historia sin ánimo de lucro y por el mero hecho de entretener

Lost in my memories

Capítulo 2


Akane despertó con los primeros rayos de sol, buscó a Taro y lo encontró plácidamente dormido a su lado. Normalmente lo escuchaba llegar cuando regresaba de las peleas y tenía su botiquín de emergencias listo por si necesitaba que lo curara, pero la noche anterior cayó exhausta después de intentar por todos los medios mantener los ojos abiertos, el frío fue tan intenso que se acurrucó buscando un poco de calor debajo de las mantas y esa fue su perdición.

Le examinó la herida que tenía en la mejilla, no era gran cosa, ni siquiera necesitaba puntos de aproximación. Ella era lo más parecido a una enfermera que había en el gueto, Akane hacía tiempo que pensaba que si hubiera podido le habría encantado estudiar esa profesión. Le emocionaba sentirse útil y ayudar a los demás con sus escasos conocimientos, adquiridos de la práctica y de revistas de salud encontradas en la basura.

Taro abrió un ojo y la vio observándolo —¿Qué miras? ¿Es que tengo monos en la cara?

Akane rio al imaginarse a un montón de monitos pequeños correteando por la cara de Taro —Estaba mirando tu herida.

—¿Y qué tal doctora Ling? ¿Sobreviviré? —dijo mientras se incorporaba.

—Mmm… igual hay que recortar toda la zona donde tienes la herida, tal que por aquí —Akane trazó un círculo imaginario que abarcaba más de la mitad de la cara de Taro.

—Mi hermoso rostro es intocable —dijo incorporándose del todo—. Y tu deber es que siga manteniéndose así de bello —Akane soltó una risotada y Taro la miró burlón—. Las mujeres se sentirían tremendamente decepcionadas.

—Eso seguro —concluyó Akane aún con una sonrisa en los labios que hizo a Taro suspirar durante un fugaz instante.

—¿Por qué te has levantado tan temprano? —preguntó el castaño volviendo a tumbarse.

—Shampoo me pidió que le hiciera unos recados, a cambio va a pagarme por hacerle el favor y a regalarme ropa que ella no usa. ¿No es genial? —. El gesto de Taro se torció—. ¿Qué ocurre? ¿Es que te has vuelto a pelear con ella?

—¿Vas a ir al Black Ahiru? —añadió con un tono bastante serio y sin responder a la pregunta de Akane.

Ella sonrió tímida, sabía que a Taro no le gustaba en absoluto que se pasara por allí —No voy a entrar si es eso lo que te preocupa, nos veremos en la esquina.

—Aún así no me gusta que merodees sola por ese lugar.

Akane resopló —Es de día, tú me has enseñado a defenderme bien y además todo el mundo sabe que si osan mirarme de mala manera, Taro Ling les dará una soberana paliza —añadió en tono teatral.

—De todas formas no quiero que te acerques a Mousse, ¿entendido?

—Vaaaaaaaleeeeeee —respondió en tono cansino—. Voy a prepararme un baño antes de irme.

—¿Con el frío que hace? Se te ha ido la pinza —Taro se echó las mantas por encima de la cabeza.

—Puede que no tengamos recursos pero me niego a ir sucia por la ciudad —respondió cogiendo unas toallas y saliendo fuera del refugio.

—¡Avísame y salgo a escoltarte! —Fue más una orden que una petición.

Akane puso los ojos en blanco y se dirigió al lateral del refugio; había unas sábanas largas y desgastadas colgando del techo que rodeaban un bidón. Akane comenzó a llenarlo del agua de una fuente cercana. En uno de sus viajes, una conocida voz le llamó la atención.

—Ey, Akane…

La chica se giró descubriendo a su amigo —¡Hola Yan! ¡Qué madrugador! Esto sí que es una verdadera sorpresa.

El chico sonrió tímido —¿V-Vas a bañarte? —preguntó—. P-puedo ayudarte a llenar el bidón…

Akane sonrió agradecida —Solo me queda este viaje, muchas gracias de todas formas.

—Y-yo te llevo el cubo… —Cuando iba a quitarle el cubo de las manos escuchó una voz grave a sus espaldas.

—Ya se lo llevo yo.

El joven tragó en seco y se giró lentamente descubriendo a Taro de brazos cruzados y con un semblante nada alentador.

—Y-y-y-o… j-juro que solo quería ayudar… nada más…

—Taro, déjalo tranquilo —intervino Akane en su defensa.

El castaño clavó sus irises grises en el joven Yan que retrocedió poco a poco hasta salir despavorido.

—¿Estás contento? —dijo Akane mientras avanzaba hasta el bidón. Taro la alcanzó y le cogió el cubo.

—No me gusta ese Yan.

—No te gusta ningún chico que se acerque a mí, a este paso me voy a quedar para vestir santos.

Taro sintió una punzada en el corazón —¿Es que te gusta?

Akane se detuvo y lo miró enarcando una ceja —Por supuesto que no, es mi amigo pero ¿y si me gustara? Los espantas a todos.

Taro la miró serio —No hay nadie lo suficientemente bueno para ti… excepto yo ―pensó esto último.

Akane suspiró y sonrió antes de seguir avanzando.

Entre los dos hicieron una fogata debajo del bidón para calentar el agua, fue bastante complicado ya que la mayoría de la leña estaba húmeda, pero tras varios intentos fallidos por fin lo lograron.

Taro salió y se quedó vigilando para que nadie importunara a Akane, la chica se quitó la ropa a toda prisa y se sumergió en el agua caliente, haciendo que sus músculos se relajaran al instante.

—Qué bien se está… —dijo para que Taro pudiera oírlo, el hombre esbozó una sonrisa y se cruzó de brazos, era un gesto muy típico suyo.

Cuando habían pasado 20 minutos Taro comenzó a impacientarse —Te vas a arrugar como una pasa, ¿qué te queda?

—Ya voy a salir, es que se está demasiado a gusto y calentita en el agua —La chica intentó alcanzar la toalla pero la había dejado en una silla cochambrosa que habían rescatado de la basura y se encontraba más alejada de lo que ella había calculado—¡Taro, necesito que me alcances la toalla!

—¿Q-quieres que entre? —preguntó nervioso.

—Sí, por favor. Hace mucho frío para ir desnuda hasta allí.

Cuando Taro escuchó la palabra desnuda de la boca de Akane su corazón comenzó a bombear con fuerza. Entró con la vista baja, sin siquiera mirarla. Cogió la toalla y se la ofreció.

—¿La mantienes abierta y así yo puedo salir mejor de aquí? —preguntó Akane con toda su inocencia.

—Toma la toalla y sal de una vez —respondió seco.

—¿Por qué te enfadas? —preguntó sin entender su cambio de humor.

Akane cogió la toalla y salió del bidón, envolviéndose en ella. Taro no pudo evitar mirar hacia la chica, maldiciendo por lo bajo en cómo ahora, la niña que acogió, se había convertido en una mujer con cuerpo de diosa.

Akane se giró y lo pilló observándola, los ojos de Taro estaban oscuros, no parpadeaba y no se desviaban hacia otro lado. En alguna ocasión lo había sorprendido mirándola fijamente de ese mismo modo, pero ella siempre imaginó que simplemente se había quedado pensativo en un punto fijo —¿He hecho algo malo? —Se acercó embutida en la toalla intentando que saliera del trance en el que parecía estar.

Taro de repente pareció percatarse de dónde estaba, la tomó de los brazos y la acercó hacia él. La chica se sorprendió ante ese gesto —No entiendes nada… —La soltó de golpe y salió dejándola hecha un auténtico lío, sin comprender por qué Taro se había enfadado sin más.

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Taro no estaba en el refugio cuando Akane regresó, fuera lo que fuera por lo que se había molestado, sabía que no le duraría demasiado, al menos en lo referente a ella. Se puso un gorro de lana, se enfundó el único abrigo que poseía, sus botas y buscó algo para comer. Tomó uno de los yogures que había rescatado la noche anterior y lo degustó lentamente, disfrutando de los trocitos de fruta que tenía. Después de haber compartido con el señor Lee lo poquito que había podido coger, sabía que debían administrar muy bien cada ración.

Antes de salir, se puso los guantes, la bufanda y sacó de su bolsillo la nota que Shampoo le había dado hacía un par de días, junto con el dinero para poder adquirir lo que la nota contenía. Salió con una sonrisa dispuesta a ganarse el pan, no quería que Taro cargara siempre con la responsabilidad de mantenerla, ella podía aportar su grano de arena. De repente recordó algo, volvió a entrar y cogió un par de lonchas de un paquete de jamón cocido de los que pudo rescatar y volvió a salir. Llegó a unos matorrales cercanos a su refugio y se adentró con decisión.

—¿Luna? —recibió un maullido por respuesta, la gatita salió a buscar a Akane y comenzó a restregarse por sus piernas mientras maullaba y ronroneaba—. Te he traído algo pero que no se entere Taro, ¿de acuerdo? —Tres gatitos salieron también a recibir a Akane—. Vaya, tus bebés están creciendo súper rápido. Toma —. La chica le dio una loncha de jamón cocido a la gata que la tomó gustosa. Esperó a que terminara de comer para darle la segunda loncha—. Intentaré traerte algo más mañana. Cuida de tus bebés y aliméntalos bien.

Acarició a Luna y metió a sus bebés en un mini refugio que les había construido para resguardarlos del frío, les puso un trozo de gomaespuma que encontró y una manta para que estuvieran calentitos. Luna volvió dentro también con sus gatitos y Akane se marchó para cumplir con su tarea.

No le fue muy difícil adquirir los productos que Shampoo necesitaba. Cuando hubo acabado con todos los recados quiso saber qué hora era, se acercó a una señora de mediana edad, la cual iba paseando a su perrito.

—Disculpe señora, ¿podría decirme qué hora es?

La mujer la miró horrorizada, arrugando la nariz y alzando el mentón —No te acerques ni a mí ni a Mumu —dijo refiriéndose a la perrita—. No quiero que nos pegues tus piojos.

Akane se quedó muda pero ya estaba acostumbrada a que ciertas personas la esquivaran por su aspecto andrajoso. Con una radiante sonrisa le respondió: —Que tenga un buen día, señora.

¿Piojos? pensó la chica de cabello azulado con un mohín. Alzó los hombros y corrió hacia el Black Ahiru, miraría el reloj al pasar por el Ayuntamiento. Temía que fuera a llegar tarde, se había alejado más de lo que ella hubiese querido.

Cuando llegó a la esquina del Black Ahiru, Shampoo la estaba esperando. Akane paró justo delante de ella y colocó sus manos en sus rodillas, tomando aire.

—Akane, ¿estás bien? —preguntó preocupada la joven de cabello violeta.

—Sí… déjame… que … recupere el… aliento —contestó jadeando.

Shampoo le sonrió y la tomó de la muñeca —Será mejor que entremos, fuera hace mucho frío.

—P-pero Taro no quiere que…

—No le diremos nada —Shampoo le guiñó un ojo—. Además, no me he traído la ropa que tenía preparada para ti. Será un momento.

Akane dudó pero enseguida siguió a su amiga, de las pocas que tenía y a la que le contaba todo. Taro podía ser demasiado estricto y ella no estaba haciendo nada malo —De acuerdo.

Siguió a Shampoo por el bar hasta subir a las habitaciones. Se toparon con una chica que Akane no había visto jamás en sus visitas al Black Ahiru, aunque hacía tiempo que no entraba al local, últimamente cada vez que quedaba con Shampoo lo hacía fuera. Ella la miró con lástima, pensando que sería una nueva adquisición.

―¿Es nueva? ―preguntó la morena de cabello largo sin apartar la vista de Akane.

―No, para nada. Es una amiga que ha venido a traerme unos encargos y vamos a ponernos al día. Te presento a Akane Ling, Akane, ella es Rouge Zhào.

Akane hizo una reverencia en señal de cortesía, Rouge la siguió observando durante unos instantes y luego subió las cejas al darse cuenta de algo ―¿Ling? ¿Eres familia de Taro?

Akane negó con la cabeza ―Taro me dio su apellido cuando me encontró teniendo yo cinco años.

―¿Te encontró? ―preguntó con curiosidad― ¿Y cómo es eso?, ¿cuál es entonces tu verdadero apellido? Porque tú no eres china. Eres japonesa, ¿cierto?

Akane rio nerviosa ―Bueno… no recuerdo mi anterior apellido… Taro dijo que utilizara el suyo porque si todos sabían que era mi hermano mayor nadie me haría daño. La verdad es que no recuerdo mucho de cuando él me acogió, de vez en cuando sueño con una señora que creo que es mi madre y sé seguro que ella me dio esto ―Akane estiró el brazo y mostró una pulsera de plata adornada con un Kanji. Rouge observó la pulsera y volvió a preguntar.

―¿Qué significa ese símbolo?

―Es mi nombre. Taro dice que a veces hablo en japonés en sueños, en ocasiones practico con el señor Miura, tiene una tienda cerca del gueto donde vivo pero no se me da muy bien… ―Akane se rascó la nuca con un sonrojo.

―¿Cuántos años tienes? Pareces una linda muñequita, ¿cuántos años tiene Taro? ¿26? ¿27?

―¿Vas a interrogarla durante mucho más tiempo? ―intervino Shampoo.

―Es simple curiosidad, no sabía que Taro vivía con una jovencita tan linda… ―miró a Shampoo de reojo y ésta frunció el ceño―. Seguro que tu "hermano" mayor sufre mucho por ti y estará pendiente de que ningún chico se te acerque…

―Veo que conoce a Taro, sí… es demasiado protector ―resopló Akane.

Shampoo abrió la puerta de su cuarto y empujó a Akane adentro ―Espérame un segundo ―. Cerró y se volvió hacia Rouge―. ¿Qué pretendes con tanta pregunta? ―susurró.

―Solo quería conocer un poco más a la chica por la que te ha cambiado Taro, ni en sueños imaginé que sería algo así como su hermana pequeña ―rio―. Shampoo puso cara de pocos amigos―. Y la pobrecita ni se imagina… bendita inocencia.

―Nadie me ha cambiado por nadie ―siseó Shampoo―, Taro es un cliente más del bar, sabes que ni siquiera trata con nosotras…

―Pues por ahí se dice que contigo ha tratado en muchas ocasiones… y te doy un consejo, intenta disimular mejor cuando lo veas porque se te pone una cara de idiota que no puedes con ella.

Rouge se dio la vuelta y bajó las escaleras antes de que Shampoo pudiera replicar nada, aunque ella tenía razón, debía colocarse su mejor máscara cuando se encontraba con el luchador, por su propio bien y por el de Taro, sobre todo después de que Mousse lo amenazara la noche anterior.

Shampoo entró a su cuarto cerrando tras de sí y apoyándose en la puerta.

—Creo que a tu amiga le gusta Taro —dijo Akane con una sonrisa traviesa.

—¿Por qué lo dices? —preguntó la chica de cabello violeta.

—Cuando cualquier chica interesada en Taro se entera de que él y yo vivimos juntos y no somos hermanos se ponen tensas y comienzan a hacerme preguntas de ese tipo. Por qué estamos juntos entonces, qué relación tenemos, qué hace una chica de mi edad viviendo con un hombre 7 años mayor que ella… ¡Incluso algunas me han preguntado directamente si yo era alguna especie de concubina suya! ¿Te lo puedes creer? Aunque antes no me hacían esas preguntas, esto habrá empezado hace uno años.

Shampoo se acercó y se sentó en la cama al lado de Akane —Bueno… antes eras una niña, ahora ya eres toda una señorita.

—¿Y?

Shampoo sonrió y negó con la cabeza, era obvio que Akane era la chica más dulce e inocente que jamás había conocido, aparte de que se estaba convirtiendo en una preciosa joven, dejando atrás sus rasgos de niña, y esas eran tres de las virtudes que más atraían a los hombres; dulzura, inocencia y belleza aunque, en el mundo en el que vivían, también podía ser algo tremendamente peligroso.

—¿Quieres probarte la ropa? —dijo cambiando de tema.

—¡Sííííí! —Akane se levantó de un salto y subió los brazos entusiasmada. Ese gesto hizo sonreír aún más a Shampoo, su cuerpo y sus facciones quizá habían cambiado pero por dentro seguía siendo aquella niña que conoció hace años.

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Mousse se encontraba en su despacho organizando las cuentas del club cuando la puerta se abrió y un hombre moreno de pelo corto y ojos miel entró y se sentó en la silla justo enfrente de la suya.

—Buenos días, mayor Tzu —dijo con una amplia sonrisa.

Mousse sonrió de medio lado —Hace ya tiempo que dejé de ser tu superior, no obstante, tus modales no han cambiado mucho desde entonces, ¿no sabes llamar a la puerta, Ryoga? —continuó mirando sus papeles.

—Me he asegurado antes de que estabas solo, no querría haberte interrumpido mientras hacías alguna "entrevista" a una nueva chica. Aunque sinceramente, como socio tuyo también me corresponde poder elegir a las nuevas empleadas —sonrió con lascivia.

Mousse dejó el papeleo y se centró en su invitado —No me puedo creer que aún me sigas echando en cara lo de Shampoo. Te he dejado varías entrevistas después de ella. Además, el peso del negocio lo llevo yo, tú solo pones dinero, es mi responsabilidad seleccionar a las mejores.

—Lo sé, pero las demás no le llegan ni a la suela de las zapatillas. Y yo solo pondré el dinero pero me encargo de que este negocio esté a salvo.

—No sabe cuán agradecido le estoy, capitán Hibiki… —dijo con burla—. ¿Qué hubiera hecho yo sin su protección?

—Eres un capullo —Y ambos explotaron a carcajadas—. La verdad es que la vida en el ejército no es lo mismo sin ti, son todos unos estirados.

Mousse sonrió con nostalgia —Por cierto, enhorabuena por tu ascenso.

—Gracias —dijo mientras jugueteaba con los bolígrafos que Mousse tenía en su mesa.

—¿Has venido a por algo en concreto o solo pasabas por aquí? Tengo mucho trabajo pendiente —. Comenzó a mirar de nuevo sus papeles.

—Hoy tenía el día libre y quería pasarme a ver qué tal iba todo? ¿Hay peleas esta noche?

Mousse levantó la mirada un instante —¿Es que quieres participar? Sabes que no es muy conveniente que te vean merodear por el local.

—Ya lo sé, ya lo sé… Es que me aburro mucho—. Puso los pies encima de la mesa y se estiró hacia atrás.

Una sola mirada de Mousse hizo que Ryoga bajara inmediatamente los pies de nuevo al suelo —Tómate una copa conmigo al menos y recordemos los viejos tiempos —propuso el joven capitán.

—Pareces un crío demandando atención de sus padres —Ryoga soltó una carcajada—. Está bien, deja que termine esto y nos echamos un trago —Mousse terminó claudicando ante la petición de su socio.

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Shampoo y Akane salieron de la habitación de la chica de cabello violeta —¡Taro va a matarme! ¡Se me ha hecho tardísimo!

—Seguro que sí lo miras con carita de cachorro abandonado te perdona —dijo con una triste sonrisa.

Akane sonrió sin percibir el apagado tono de voz de su amiga —Muchas gracias por la ropa, no la relleno como tú… —Se miró y luego lanzó una rápida mirada a las exuberantes curvas de Shampoo—, pero mejor que la ropa de Taro me queda.

—Te va todo espectacular —De pronto la joven se quedó quieta —Oh, no… —murmuró.

—¿Qué pasa? —preguntó Akane curiosa, cuando sus ojos siguieron los de Shampoo se dio cuenta de cuál era el problema.

—Vaya, vaya… ¿pero quién ha venido de visita? Me alegro mucho de verte, Akane, hacía tiempo que no te pasabas por aquí —Mousse la repasaba de arriba a abajo y Ryoga se quedó mudo a su lado, sin poder apartar la mirada de la jovencita de melena corta morena, labios carnosos y ojazos de ensueño color avellana.

Shampoo se puso delante de ella —Ya se iba, Taro la está esperando —hizo hincapié en pronunciar su nombre.

—¿Es que eres su intérprete? Que yo sepa, Akane habla nuestro idioma —inquirió Mousse molesto.

—Hola señor Tzu… —Akane hizo una reverencia, miró hacia Ryoga sin saber qué hacer, nunca había visto a ese hombre antes. Debía de ser un cliente importante si lo dejaban pasar antes de abrir el negocio—. Shampoo tiene razón, voy con algo de prisa.

—¿N-No quieres quedarte a tomar algo? Yo te invito… mi nombre es Ryoga Hibiki—. Así que esa era la famosa protegida de Taro Ling, no le extrañaba que no la quisiera compartir con nadie, si fuera suya no la dejaría salir de su cama en todo el día.

Mousse miró a Ryoga enarcando una ceja, Shampoo se acercó coqueta hacia el capitán —Señor Hibiki… ¿y a mí no me invita?

Ryoga miró a Shampoo con una frialdad extrema, como si alguien lo hubiera interrumpido cuando intentaba comerse su caramelo favorito —Le estoy preguntando a ella… —siseó.

Akane hizo otra reverencia —Encantada señor Hibiki, me llamo Akane Ling, tengo que rechazar su amable oferta porque debo irme —. Akane comenzaba a ponerse nerviosa, si Taro se enteraba de que había entrado al Black Ahiru le caería una buena reprimenda.

—En otra ocasión será… —dijo sonriendo y mostrando su colmillo.

—Shampoo, acompaña a Akane hasta la puerta y luego sube a ponerte algo bonito para el señor Hibiki —Mousse la agarró del brazo y le apretó el mismo haciendo que la chica soltara un leve gemido, afortunadamente imperceptible para Akane.

—P-por supuesto… Vamos Akane…

La joven de cabello violeta estiró el brazo para que Akane se acercara a ella, mientras caminaba hacia Shampoo sentía sobre su piel las miradas felinas de los dos hombres, eso hizo que el vello se le pusiera de punta.

—Vuelve cuando quieras querida Akane y saluda a Taro de mi parte —dijo Mousse cuando ella pasó por su lado.

La chica sonrió débilmente y asintió, aceleró el paso y Shampoo la sujetó de la muñeca para que corriera aún más hasta la salida.

Ryoga no se percató de que se había quedado absorto mirando la retirada de la menuda joven hasta que alguien chasqueó los dedos frente a él. Mousse lo miraba con una sonrisita socarrona.

—Por lo que veo te ha gustado la ratita callejera, siempre he dicho que tenías buen gusto.

—Consíguemela —respondió Ryoga con la voz ronca.

—¿Qué te la consiga? ¿Sabes quién es su dueño? Nuestra mayor fuente de ingresos en las noches de peleas. Tenemos bastantes putas, puedes elegir a cualquiera.

—Me da igual, hay mil luchadores como Taro Ling, hasta paso por alto que esté usada por él, la quiero para mí… tiene que ser ella…

Mousse se puso serio —No me jodas Ryoga, no hay ningún luchador como Taro, me cuesta admitirlo pero nosotros no somos rivales para él en el tatami. Y sinceramente no creo que Akane esté usada como dices, aún así, es un coñito más del que te has encaprichado y sabes que una vez que te la folles se te habrá pasado esta tontería.

—Así que crees que no está usada… —Los ojos de Ryoga se oscurecieron en ese instante—. Me lo debes…

Mousse suspiró, sabía perfectamente a qué se refería, él le había salvado la vida durante una misión hace años y jamás le había pedido nada a cambio. Lo pensó fríamente, la verdad es que Akane, aún después de que Ryoga se cansara de ella, sería una muy buena baza para el club. Su carita de muñeca inocente atraería a los hombres como moscas a la miel, además, aunque Taro no luchara, las apuestas en la zona del bar siempre habían ido bastante bien, buscaría nuevos luchadores o, si la jugada le salía bien, dispondría de Taro y de Akane trabajando para él.

—Te conseguiré a la ratita, pero después de esto habré saldado mi deuda.

—Es justo —dijo Ryoga con una media sonrisa.

En ese momento Shampoo apareció y se puso delante del capitán Hibiki fingiendo una coqueta sonrisa —Estaré lista en unos minutos y bajaré a hacerle compañía…

Cuando se giró para marcharse Ryoga la detuvo sujetándola por el antebrazo —No es necesario que te cambies… —se volvió buscando a Mousse—. Nos tomaremos esa copa más tarde.

Avanzó escaleras arriba sin soltar a Shampoo del brazo —No la desgastes mucho que esta noche tiene que trabajar —. Mousse se dirigió de nuevo a su oficina. Necesitaba que Akane regresara al Black Ahiru y Shampoo se iba a encargar de que así fuera.

Continuará…


Hola de nuevo! Qué tal habéis pasado estas dos semanas? Yo he estado súper liada y para colmo, al trabajar en un hospital, nos piden con más vehemencia que nos vacunemos de nuevo del covid y de la gripe y me las pusieron las dos a la vez! Por la noche parecía que me había atropellado un camión pero menos mal que me recuperé prontito.

Y vosotros diréis? ¿Para qué me cuentas tu vida? Pues porque os considero mis amigos y me pongo al día con vosotros jeje. En fin, qué os ha parecido este nuevo capítulo? Ya sabéis algo más de la relación que tienen Taro y Akane y de por qué están juntos, poco a poco iré desvelando cómo acabó Akane así. En este capítulo he introducido el personaje de Ryoga y, aunque parezca que me cae mal, es justo al contrario, pero no sé por qué me encanta ponerlo de malote, igual que a Mousse. Cosas de fickers.

Quiero daros las gracias por los reviews que me enviasteis del primer capítulo, muchos parecéis entusiasmados por cómo puede ir la historia, espero que os guste y si no qué le vamos a hacer, para gustos los colores como siempre digo :P

Gracias infinitas a mis betas Sailordancer7, LumLumLove, Lucitachan y Susychantilly. Es que más que betas son amigas, os adoro chicas!

Y a mis queridas locas qué decir? Sois lo mejor, a pesar de que Geral mande fanarts raros a veces… jajajajaja.

Qué os ha parecido el fanart de este capítulo?, decidme que Ranma no está para comérselo vestido de uniforme… ahí sí tengo un problema porque adoro verlo así, que aunque no haya salido en este capítulo no os preocupéis que en el próximo habrá más del coronel Saotome y su historia.

No me enrollo más, si todo va bien publicaré de nuevo el sábado 22 de octubre. Besos a todos! Nos leemos!

Sakura Saotome :)