Los personajes de Ranma no me pertenecen, escribo esta historia sin ánimo de lucro y por el mero hecho de entretener
Lost in my memories
Capítulo 7
Taro llegó al refugio a la mañana siguiente, entró dando tumbos después de pasar la noche con la pandilla de Mao —¡Akane! ¡Akane, ¿dónde eshtásh?! —Era obvio que la joven no se encontraba allí, el castaño en un principio no le dio mucha importancia porque sabía que ella se solía levantar temprano. Igual le estaba regalando comida de nuevo a esos asquerosos gatos o a cualquiera que no fueran ellos.
Buscó algo que echarse a la boca, cuando Akane regresara le diría de hacer una buena compra con el dinero que había conseguido esa noche. Abrió una botella de leche y bebió hasta saciarse, al cerrarla le pareció ver un trozo de papel encima de su futón. Se acercó tambaleándose, era una nota de Akane.
"Taro, necesito alejarme una temporada, tengo que pensar en mil cosas y ordenar el caos en mi cabeza. No te preocupes por mí, estaré bien. Cuando regrese hablaremos tranquilamente y solucionaremos todo. Por favor, no hagas ninguna locura. Akane."
Taro arrugó la nota y la estrujó con fuerza, la arrojó al suelo con rabia y salió furibundo a buscar a Yan y a Shampoo, seguro que ellos la tenían escondida en alguna parte, ¿o quizá la muy zorra se había ido con Hibiki para vivir con lujo? Después de todo lo que había hecho por ella así se lo pagaba, ¡abandonándolo! No… ella no podía dejarle, ni siquiera por una temporada como le decía en la nota.
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Ranma abrió los ojos sobremanera —¿Que no lo sabe?
La doctora movió la cabeza negando —No lleva encima ningún documento, la policía le ha tomado las huellas dactilares para buscarla en la base de datos. Pensamos que el golpe le ha producido un cuadro de amnesia, aún tenemos que valorar el daño ocasionado. Si usted pudiera revelarnos su identidad quizá podríamos avisar a sus familiares.
—No la conozco… sólo he coincidido con ella en un par de ocasiones.
La doctora lo miró abatida —Entiendo… —. Pareció acordarse de algo—. La paciente tiene una pulsera con una especie de símbolo japonés, usted también es japonés, ¿me equivoco?
—Lo soy, ¿p-puedo pasar a verla? —¿Qué demonios le ocurría? Él, que no le tenía miedo a nada parecía un corderito asustado.
―Sí, entraré con usted. ―Ranma quedó conforme, la doctora abrió la puerta. ―Soy yo de nuevo.
―Ah, hola doctora… ¿Hay alguna novedad? ―La voz de esa chica era como un bálsamo para los nervios de Ranma.
―No, lo siento pero hay una persona que desea verte.
Ranma entró y se quitó la gorra, ella lo miraba con curiosidad y algo de temor ―Bu-buenos días… ―saludó el hombre de la trenza.
―B-buenos días ―respondió la chica tímidamente.
La doctora miró a uno y a otro, al ver que ambos estaban algo cohibidos decidió intervenir ―Es el coronel del ejército Ranma Saotome, fue el que te encontró entre los escombros y se está haciendo cargo de tu estancia en el hospital.
―Oh, m-muchas gracias… ―La joven lo miraba unos instantes y rehuía en otros, no sabía interpretar la forma en la que él la observaba―. La doctora me ha contado lo de la explosión en el centro comercial. ¿Usted me conoce? ¿Sabe quién soy o al menos cómo me llamo? ―preguntó con un atisbo de esperanza.
Ranma negó con la cabeza ―Lo siento, ¿puedo? ―dijo señalando la pulsera en la muñeca de la chica. Ella asintió y él se acercó despacio. La morena levantó el brazo y Ranma le sujetó la muñeca. El tocar su piel de nuevo volvía a ser sumamente tranquilizador, no quería perder esa sensación jamás, anhelaba esa paz interior que sólo su presencia le otorgaba―. ¿Entiendes si te hablo en japonés? ―preguntó en su idioma nativo.
―¡Sí! ―contestó algo emocionada por conocer un dato de su persona.
―¿Entiendes lo que significa el kanji que cuelga de tu pulsera? ―continuó hablándole en japonés ante la atenta y curiosa mirada de la doctora. Esta vez negó con la cabeza, abatida―. Dice Akane, ¿es ese tu nombre? ¿Lo recuerdas?
―¿Akane? ―Se puso las manos en la cabeza, un fuerte dolor le atravesó la cabeza―. N-no lo sé… no me acuerdo… ―Una lágrima comenzó a asomarse traidora en los ojos avellana de la joven, Ranma pudo apreciar unas gotitas doradas que se mezclaban con ese color avellana. El verla llorar le produjo una terrible desazón en su alma, como si alguien se la estuviera retorciendo con violencia hasta hacerla sangrar.
La doctora se acercó y se sentó en la cama ―Tranquila, seguiremos haciéndote pruebas, todo esto lleva un proceso. Quizá sería mejor que la dejara descansar por hoy, esta tarde le haremos la resonancia, le mantendremos informado cuando tengamos los resultados ―dijo dirigiéndose a Ranma.
―De acuerdo… Me pasaré mañana para ver cómo está.
―¿Te parece que me dirija a ti como Akane? ―le preguntó la doctora a la joven morena, ésta asintió―. Al haberse ofrecido a hacerse cargo de ella le pondremos su apellido, coronel Saotome, si le parece bien.
―Sin ningún problema…
―Pues hasta que no obtengamos más datos nos dirigiremos a ti como Akane Saotome, ¿de acuerdo? ―La chica volvió a asentir.
―"Akane Saotome… sonaba increíblemente bien" ―pensó el coronel, a continuación sacudió la cabeza para alejar esos extraños pensamientos ―Pues me marcho entonces… ya saben que cualquier cosa…
Akane tomó de la muñeca a Ranma cuando éste caminaba hacia la salida, se giró sorprendido ―M-muchísimas gracias… por todo…
Ranma sintió la pequeña mano de Akane temblar sobre su piel y cómo un ligero rubor comenzaba a cubrir su rostro, lo que le daba un aspecto adorable, se quedó totalmente sin palabras y sólo consiguió asentir un mudo "de nada". En cuanto salió de la habitación lanzó un profundo suspiro. Estaba tan absorto en las sensaciones que su cercanía le otorgaba que no se había percatado de que la chica era tremendamente bonita. Volvió a sacudir la cabeza y se pasó la mano por el cabello, él sabía cómo encontrar a su familia, o al menos a su pareja, ese tal Taro Ling… ¿por qué no había dado ese dato a la doctora? Antes tenía que comprobar algo por él mismo.
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Ranma llegó a su apartamento bien entrada la noche, el atentado en el centro comercial traía de cabeza a todo el mundo, especialmente a ellos. Estaban tratando de averiguar la identidad de las personas que colocaron los explosivos, combinando esfuerzos con la policía de Shanghai. Su cerebro estaba a punto de explotar, era un hombre muy centrado y dedicado a su trabajo pero por otro lado no podía quitarse de la cabeza a Akane, si es que era su nombre real, no perdía la oportunidad de llamar al hospital cada vez que encontraba un hueco pidiendo información de su estado.
Llevaba más de 48h sin dormir y se encontraba irritable y ansioso, abrió el cajón de su mesita de noche y cogió el bote de las pastillas. Esa noche las necesitaba, no podía perder el control, tenía que resolver algo.
Después de darse una ducha rápida, se vistió de manera informal y salió en dirección al Black Ahiru. Hubiera sido más fácil hablar con Hibiki pero aún no tenía claro que pudiera confiar 100% en su palabra, y su filosofía de vida siempre había sido que era mejor hacer las cosas por uno mismo. Esa noche no se recogió el cabello con su característico peinado, lo dejó suelto y se colocó una gorra estilo baseball, una bufanda y su chaqueta, esperaba que no le reconocieran de la vez anterior, solo debía no dejarse ver por el dueño del local y por Taro, principalmente.
No le fue difícil entrar al Black Ahiru, aprovechó que un grupo de hombres conocidos por el portero se disponía a tomarse algo en el local, así que se camufló entre ellos.
Se dirigió directo a la barra, se sentó y le pidió una cerveza a la camarera que lo observó curiosa pero sin reparar de más, simplemente por no ser un habitual del bar.
—¡Venga, osh invito a una rhonda!
—Taro… creo que ya has bebido suficiente…
Ese nombre hizo que Ranma agudizara todos sus sentidos, giró la cabeza hacia su izquierda muy despacio, casi de manera imperceptible y allí estaba, Taro Ling, con una botella de Baijiu en una mano y sujetando el trasero de una mujer de cabello oscuro y largo con la otra mientras que hablaba con la chica de larga melena violeta, la que se acercó a ellos cuando entró con Hibiki la vez anterior.
—¡Tú no me dicesh lo que tengo o no tengo que hacer!
Taro soltó la botella, agarró a la chica del cabello violeta del cuello y la acercó a él con furia, pasándole la lengua por su boca, mientras seguía sobando el culo de la otra mujer, que intentó separarse de él.
—¿A dónde te creesh que vash Rougsh? He pagado por vuestrosh serviciosh… el de las dosh… —Acto seguido Taro atrajo a la morena y la besó con rabia.
—Taro… —habló la del cabello violeta—. ¿Por qué haces esto…? —Ranma sintió su voz quebrarse.
—¿Tú no eresh una puta? Puesh hoy estásh a mi entero shervicio… ¡Todash shoish unash putash! ¡Osh protegemosh, osh cuidamosh y osh largáish a la mínima! ¡Y mañana cuando gane en lash peleash quizá she una una tercera a nosotrosh! ¿O esh que tienesh algún problema con esho? —dijo mientras le lamía el cuello.
La chica no contestó, Ranma pudo apreciar cómo caía una lágrima por su angustiado rostro y enseguida adivinó que ella sentía algo más por él, y que no era la primera vez que estaban juntos, ¿entonces qué papel pintaba Akane en todo aquello? ¿Era su pareja y le ponía los cuernos? De lo que estaba totalmente seguro era de que Akane no estaría en manos de ese desgraciado. Se acordó de cuando peleó contra él y de cómo la trató a pesar de haberlo protegido. No sabía si estaba haciendo lo correcto, pero ya estaba cansado de hacer siempre lo que se suponía que debía hacer, esta vez se dejaría llevar por su instinto y cuidaría de esa chica hasta que recuperara la memoria, si lo hacía…
Cuando vio alejarse a Ling cogiendo de la cintura a ambas chicas y subiendo las escaleras decidió que ya había visto lo suficiente. Ni siquiera le preocupaba dónde se encontraba Akane, sin embargo allí estaba, borracho como una cuba y contratando los servicios de dos prostitutas. Lo maldijo varias veces mientras se levantaba del asiento y se dirigía hacia la calle, si la chica fuera suya jamás le haría daño. Un momento, ¿qué estaba pensando? Alejó esa idea de su mente, ni siquiera sabía qué edad tenía. Caminó de nuevo hacia su triste apartamento, en escasas horas volvería a empezar el día, aunque esa vez estaba ansioso porque llegara, ya que la vería de nuevo.
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Al día siguiente Ranma llegó al hospital a media tarde, por más que lo intentó no pudo simplemente dejar sus obligaciones a un lado. Se pasó toda la jornada distraído, ausente, las horas parecía que no avanzaban, es más, cada vez que observaba el reloj era como si fuera marcha atrás. Si le contara eso al Dr Tofu seguramente lo devolvería a Japón de cabeza a la clínica y eso no iba a consentirlo. Ahora no quería regresar, tenía que cuidar de ella.
—Coronel Saotome, me alegra volver a verlo —La doctora al cargo de Akane le extendió la mano para estrechar la de Ranma.
—¿Alguna novedad? —preguntó con nerviosismo.
—Ninguna, los resultados del Tac no muestran lesiones que indiquen a qué es debido la amnesia.
—Comprendo… ¿Entonces…? ¿Van a hacerle más pruebas? Saben que no hay ningún problema, yo me hago cargo de todo.
—Somos conscientes coronel, pero de momento no hay nada que nosotros podamos hacer, si tuviéramos más datos sobre ella o si se pudiera averiguar su identidad, igual podríamos localizar a algún familiar, se ha demostrado que pacientes con diagnóstico similar han reaccionado favorablemente en un entorno conocido.
Ranma no respondió, solo la observó unos pocos instantes como sopesando esa posibilidad, aunque no tardó en decidirse —¿Le van a dar el alta? Tenía una herida en el brazo.
—Sí pero no es grave, con unas curas rutinarias enseguida estará perfecta, es una chica muy fuerte a pesar de los resultados de su analítica.
Ranma se puso pálido como la pared del hospital —¿Le pasa algo grave?
—No se preocupe, sólo es un poco de anemia, le prescribiremos hierro durante un mes y que se alimente en condiciones —El hombre de la trenza suspiró aliviado —. Entonces… ¿Usted se va a hacer cargo de ella?
—Sí —respondió secamente.
—De acuerdo, ¿quiere entrar a verla? Después firmaremos los papeles de tutoría de la paciente.
Ranma asintió y la doctora lo acompañó a la habitación de Akane. Cuando la abrieron, la chica estaba mirando por la ventana, como ausente, se giró de inmediato al escuchar la voz de la doctora.
—Buenas tardes, Akane.
—Buenas tardes, doctora. ¿Ya me van a dar el alta? —preguntó con un deje esperanzado en su voz. Por alguna extraña razón se sentía ahogada de estar tanto tiempo encerrada, ella se encontraba bien físicamente y por lo que le dijeron los médicos de momento no sabían si había solución para su amnesia.
—No paras de preguntarme eso y la respuesta es sí —Ranma entró justo cuando Akane sonreía por la buena noticia y sintió cómo una luz cálida inundaba la habitación—. ¿Recuerdas al coronel Saotome?
La chica asintió enérgicamente —Es un honor verle de nuevo, coronel y una vez más gracias por todo… —Otra vez ese rubor en sus mejillas que la hacía verse demasiado adorable.
Ranma tragó en seco —Es mi deber proteger a quienes nos necesitan…
Hubo un silencio algo tenso que la doctora llenó enseguida —Akane, ¿recuerdas lo que hablamos? El coronel Saotome va a ser tu tutor, te irás con él cuando te demos el alta, aunque deberás presentarte regularmente en el hospital para asistir a terapia y, en caso necesario, continuar con más pruebas. ¿Estás de acuerdo?
Akane miró directamente a Ranma una vez más con las mejillas sonrosadas, realmente le imponía mucho —¿Está seguro de que no seré una molestia? —dijo moviendo las manos nerviosa.
—Ninguna molestia —respondió intentando controlar el ansiedad que realmente sentía, pero con su arduo entrenamiento no le resultaba demasiado complicado aparentar calma frente a los demás.
Akane pareció dudar —Estoy de acuerdo entonces —claudicó respondiendo a la pregunta formulada por la doctora.
—Perfecto, hablaré con el coronel para concretar los días que debes venir al hospital. Ve vistiéndote mientras firmamos tu tutela, te hemos dejado ropa en el armario, la que traías estaba destrozada. Ah, eso me recuerda —se giró hacia Ranma— que debería comprarle algo de ropa antes de llegar a casa.
—Ya había pensado en ello —contestó el hombre de la trenza. Acto seguido se enfocó en Akane—. Vendré a por ti cuando termine el papeleo.
La morena de cabello corto asintió y vio cómo su protector, porque así lo sentía, y la doctora salieron de su habitación cerrando la puerta tras de sí. Tenía algo de miedo e incertidumbre, ese hombre era demasiado serio pero qué iba a hacer, tampoco es que tuviera muchas opciones, aunque, en el fondo intuía, que estaría a salvo a su lado.
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Salieron del hospital en un silencio sepulcral, Ranma caminaba mirando al frente, pero desviando la vista de vez en cuando para comprobar que Akane siguiera a su lado, aunque no hacía falta, su sola presencia hacía que Ranma sintiera que caminaba por un mar de nubes. Llegaron al coche y le abrió la puerta para que tomara asiento.
—Vaya… ¿y esto que es? Qué extraño carruaje… ¿Dónde están los caballos que tiran de él?
Ranma se quedó helado sujetando la manivela del vehículo —¿N-No sabes lo que es? Igual deberíamos regresar al hospital y hablar con la doctora.
Después de unos segundos de silencio la chica comenzó a reír —Lo siento, coronel… es que lo veía tan tenso que no he podido evitarlo. Sé lo que es un coche —. La cara de sorpresa y alivio de Ranma hicieron reír de nuevo a Akane.
Él la miró embobado, después de todo lo que había pasado y ella estaba intentando animarle a él. No estaba seguro de que esa chica fuera humana, no era muy creyente pero estaba empezando a pensar que a Kami se le había escapado un ángel y lo tenía justo delante de él.
Al ver que Ranma no reaccionaba como ella esperaba se avergonzó de haber bromeado de esa manera —D-discúlpeme… no quise preocuparle…
Ranma respondió de inmediato al ver la hermosa cara de Akane compungida por la vergüenza —No, no, no es culpa tuya… es que no estoy acostumbrado a que me gasten bromas. Hace mucho tiempo era yo el que las gastaba… —Akane notó un deje de melancolía en su voz.
—¿Y por qué ya no las hace? —preguntó inclinando la cabeza de forma adorable, pero los fantasmas del pasado aparecieron en ese momento.
—Debemos darnos prisa o la tienda cerrará.
Akane captó la indirecta —Sí, lo siento mucho, coronel Saotome…
—No tienes que disculparte por nada y, cómo vas a ser mi huésped, me sentiría más cómodo si solo me llamaras Ranma, sin formalismos, ¿te parece bien?
Akane sonrió y asintió —Lo que usted prefiera coro… digo lo que tú quieras… Ranma…
Otra vez ese rubor que lo volvía loco, nunca pensó que su nombre pudiera sonar tan dulce en sus labios.
—Así me gusta —respondió mientras cerraba la puerta del auto.
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Llegaron al apartamento de Ranma cuando los comercios comenzaban a cerrar —No nos ha dado mucho tiempo de comprar demasiada ropa pero regresaremos en cuanto podamos —dijo Ranma mientras abría la puerta de su apartamento.
—No me gustaría abusar más de su confianza —Ranma la miró de reojo enarcando una ceja—. Ups… de tu confianza, es que me cuesta mucho saltarme el formalismo.
—Pues si quieres que yo me sienta cómodo debes dejar de hacerlo.
—Lo recordaré… creo…
—Bueno pues, aquí me hospedo, no es gran cosa pero para ser algo temporal no está tan mal como pensé cuando llegué —Se apartó para que Akane pudiera entrar, la chica se quedó unos segundos sopesando si cruzar o no el umbral, hasta ese momento no se había percatado de que iba a entrar en la vivienda de un hombre que no conocía de nada, aunque realmente no conocía a nadie, ¿y si sus intenciones no eran lícitas? Ranma se dio cuenta de que Akane dudaba y comenzó a ponerse nervioso—Te prometo que lo único que quiero es cuidar de ti —. Le extendió la mano, Akane comprobó que esos ojos azules fríos como el hielo cambiaban a unos algo más cálidos. Sin pensarlo más le ofreció la mano y entró.
Se quedó impresionada de lo bien ordenado y organizado que estaba todo. Por lo poco que lo conocía no le extrañaba en absoluto, se le veía un hombre que necesitaba tenerlo todo controlado exhaustivamente—. Ya ves que no es ninguna cosa del otro mundo… —añadió para llenar el vacío, ya que Akane no dijo nada, solo observaba todo minuciosamente.
—A mí me parece un palacio.
Ranma sonrió de medio lado ante esa comparación, ¿dónde habría vivido ella? Tenía bastante claro que en el gueto, pero tenía que averiguarlo, quizá su subconsciente había reaccionado sin ella darse cuenta —Voy a dejar las bolsas en el que será tu dormitorio.
—¿M-mi dormitorio?
—Claro, ¿dónde creías que ibas a dormir?
—Pues… en el suelo con alguna manta —dijo de manera inocente.
Ranma abrió los ojos —Dejemos lo de dormir en el suelo para las maniobras del ejército. Pasa a verlo y acomódate, te prepararé unas toallas por si quieres ducharte.
—Muchas gracias, no sé cómo voy a poder pagarte por tu amabilidad.
—"Tu sola presencia ya es suficiente" —pensó el joven coronel—. Si te sientes mejor ayudando con la limpieza y la cocina eso sería todo.
—¡Eso está hecho! —contestó alegre sintiendo que podría corresponder al favor tan grande que estaba haciéndole Ranma. Aunque también pensó que no recordaba si ella sabía cocinar, pero seguro que siguiendo algún libro no sería difícil, era obvio que no había perdido su capacidad lectora y comprensiva.
—Problema resuelto. Voy a hacer ramen para cenar, ¿te gusta?
—P-pues… no lo sé… no recuerdo si alguna vez lo he probado.
Ranma se sintió estúpido, sobre todo al ver la cara de circunstancia de Akane, ¿en qué estaba pensando al formularle la pregunta? ―Tienes razón… pero te puedo asegurar que la receta de ramen de mi madre es la mejor que probarás ―. Akane sonrió pero Ranma notó un deje de tristeza― ¿He dicho algo malo? Si no quieres ramen puedo preparar otra cosa.
Akane negó corriendo con la cabeza y sonrió esta vez con más convencimiento ―Sólo me preguntaba si yo tengo madre… en el caso de que la tuviera si estaría preocupada por mí…
El hombre de la trenza se acercó y le puso una mano en el brazo, intentando reconfortarla pero a la vez sintiéndose tremendamente culpable. Quizá Taro supiera de la existencia o no de los familiares de Akane, no había pensado en eso, sólo le importaba apartarla de ese hombre que por lo poco que había podido descubrir no le hacía ningún bien ―Buscaré hasta debajo de las piedras para averiguarlo, te lo prometo.
La chica sintió la mano de Ranma muy cálida sobre su brazo, acompañada de un ligero hormigueo, le produjo tal vergüenza ese sentimiento que retiró el contacto casi de inmediato, acto que no pasó desapercibido para el joven coronel, que se maldijo a sí mismo por haber sido tan impulsivo. Para ella era un total desconocido, igual que al contrario, era normal que, a pesar de su amabilidad y sus sonrisas, aún no se fiara de su persona.
―Ya es tarde… será mejor que te duches y te pongas algo más cómoda mientras preparo la cena… ―se giró azorado y se metió en la cocina, sin volver a mirarla.
Akane se dio cuenta de que de pronto Ranma estaba incómodo, quizá no tendría que haberse apartado pero fue algo instintivo, no porque no le gustara su tacto, justamente al contrario pero no sabía cómo debía actuar, así que dejó que pasara el momento y caminó hacia su habitación; se quedó bastante tiempo observando el lugar donde iba a vivir una temporada, también estaba pulcramente ordenada y limpia. Se sentó sobre la cama la cual estaba envuelta en una cursi colcha color rosa, lo que hizo reír a la chica. Preparó todo lo necesario para darse una ducha hasta que se dio cuenta de que le faltaba algo —Ranma… —dijo la morena desde la puerta de su habitación.
Éste se volvió al escuchar su nombre —¿Sí?
—Yo… no sé qué ponerme para estar en casa…
—¿Cómo? —Enseguida cayó en la cuenta, con las prisas había olvidado comprar un par de pijamas para ella—. Ah… cierto… espera un segundo —. Retiró el wok del fuego y se fue directo a su dormitorio, al minuto salió con una prenda que Akane distinguió de color verde—. Toma, es un pijama que me regaló mi madre, pero yo hace mucho que no uso nada para dorm —Al ver el sonrojo en las mejillas de Akane sopesó unos instantes que acababa de decirle a una desconocida que dormía sin nada de ropa—. E-es que soy muy caluroso…
Akane asintió, se acercó y tomó la prenda, la miró y apreció que tenía una especie de dibujos circulares de color blanco, parecían narutos salteados por todo el pijama, sonrió internamente imaginando a Ranma con ese atuendo que parecía muy infantil —No tardaré…
—Sí, bueno, no te preocupes… aún queda una media hora para cenar. No tengas prisa.
La morena sonrió como respuesta y regresó de nuevo a su habitación.
Cuando Ranma escuchó el agua de la ducha caer expulsó el aire que sin darse cuenta había estado reteniendo, volvió a respirar profundo y continuó cocinando.
Akane salió 20 minutos después con el pijama de Ranma puesto, bueno, solo con la parte de arriba. El hombre de la trenza tragó saliva al verla, cómo un simple pijama de hombre podía lucir tan malditamente sexy en ella.
—L-La parte de abajo se me cae… —habló adivinando los pensamientos del azabache.
Al escucharla hablar se percató de que tenía sus ojos clavados en sus piernas, unas piernas delgadas pero preciosas —Ah… Claro… P-pero… ¿no tienes frío?
—No… aquí hace buena temperatura, además los calcetines son largos y muy gorditos… —Akane inhaló varias veces, olfateando el ambiente— Mmm qué bien huele…
—Siéntate, ya está lista la cena.
—¿No hay nada en lo que pueda ayudar?
—Ya lo tengo todo listo, solo espero que te guste. Me has creado mucha presión al ser el primer ramen que pruebas.
—Seguro que estará delicioso.
Akane tomó asiento y Ranma sirvió el ramen.
—Buen provecho —dijeron a la vez.
Akane tomó los palillos y cogió un pedazo de carne, Ranma la observó esperando su reacción. La cara de la chica se lo decía todo.
—¡Está increíblemente bueno! —dijo mientras comía ávidamente—. Se va a convertir sin duda en mi comida preferida.
Verla comer era todo un deleite a los ojos de Ranma, no sabía qué vida había llevado, si había pasado hambre, frío… no quería que le faltara nada.
—He hecho de sobra por si quieres repetir —Entonces fue cuando él comenzó a comer. Realmente le había salido exquisito, casi superaba al que hacía su madre y se irguió orgulloso. Apenas hablaron durante la cena pero no importaba, ambos se encontraban en un silencio cómodo.
Cuando terminaron Akane quiso fregar los platos pero Ranma se opuso —Ha sido un día largo, será mejor que descanses y… —añadió al ver que Akane abría la boca para contestar— no hay lugar a réplicas, es una orden.
El semblante serio de Ranma hacía reír a Akane, porque presentía que debajo de aquella fachada y, escarbando un poco, había un hombre totalmente diferente.
—A sus órdenes, coronel —La chica consiguió percibir un pequeño amago de sonrisa pero el hombre de la trenza giró la cabeza inmediatamente para evitar ser descubierto—. Pues… Buenas noches… —dijo la morena mientras se retiraba a su habitación.
—Buenas noches…
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Ranma no pudo pegar ojo en toda la noche, hacía tiempo que no estaba tan nervioso, después de dar veinte mil vueltas en la cama sin éxito decidió levantarse, salir a correr y hacer una tabla de ejercicios en casa. A ver si así pasaban las horas más rápido para irse al cuartel.
Akane no había pasado mejor noche que Ranma, se encontraba ansiosa, a pesar de intentar estar de buen humor, sentía verdadero pavor por su futuro; ¿quién era ella?, ¿tendría a alguien esperándola?, ¿alguna vez recobraría la memoria?, ¿y si nunca lo hacía? No podía depender de Ranma el resto de su vida.
Con estas ideas bailando en su cerebro se levantó de la cama, se situó frente al espejo y comenzó a cepillar sus cabellos. A medida que pasaba el tiempo sus pensamientos fueron transformándose, ahora solo veía unos hermosos ojos azules, hermosos y tristes… porque detrás de esa mirada fría e intensa, Akane podía distinguir restos de angustia y sufrimiento.
—Parece que todos tenemos nuestras propias batallas que luchar… —musitó la joven.
Se quedó un rato más contemplando su rostro, era como observar a una completa desconocida, cerró los ojos e inhaló profundo, seguro que todo saldría bien, tenía que ver el lado bueno de las cosas.
Decidió salir para desearle a Ranma que pasara un buen día, un pequeño pinchazo en la cabeza y una rápida imagen apareció en su mente, se llevó las manos a las sienes y cerró los ojos hasta que la molestia desapareció. ¿Qué es lo que había visto?, ¿acaso era un recuerdo de su vida anterior? Parecía un lugar pero la imagen había pasado demasiado rápida y borrosa.
Giró el picaporte dispuesta a contarle a Ranma lo que le había pasado pero la estampa que se encontró hizo que lo que acababa de ocurrir se perdiera en algún remoto rincón de su consciencia; una ancha y fuerte espalda le daba la bienvenida, Ranma estaba colgado de una barra puesta en el umbral de la puerta de su dormitorio haciendo una serie de dominadas. Akane se quedó abstraída admirando los músculos de su protector contraerse y estirarse. No podía abrir la boca, sentía una oleada de mariposas revoloteando por su vientre.
Ranma pareció darse cuenta de su presencia, dejó de hacer el ejercicio y se giró encontrando a la chica en medio del salón colorada como un tomate maduro y estrujando la parte de abajo del pijama en un gesto nervioso.
―Buenos días, Akane, ¿te he despertado? ―dijo mientras cogía una toalla y se secaba el sudor de la cara y los pectorales.
La chica se dirigió a la cocina con la cabeza agachada ―No, para nada… es que no he podido dormir mucho esta noche y… bueno… quería levantarme antes de que te fueras para desearte un buen día… ―Cogió un vaso y se sirvió agua.
Ranma sintió un ligero calor en su pecho, una simple frase que realmente tampoco encerraba nada trascendental pero que a él le hizo sentir vivo de nuevo. Se dio cuenta de que Akane le miraba de reojo el brazo izquierdo, concretamente al tatuaje que abarcaba el bíceps hasta llegar al hombro —Me lo hice cuando entré en el ejército.
—No quería ser indiscreta —musitó sintiendo vergüenza al haber sido descubierta.
—No me molesta, si quieres puedes acercarte y mirarlo mejor.
Akane asintió e hizo lo que Ranma le sugirió —Es una pasada —Akane admiraba el dibujo en negro de un dragón, aunque algo en él le llamó súbitamente la atención—. El dragón tiene tus mismos ojos… —Justo estaba acariciando esa parte, Ranma se tensó al sentir los delicados dedos de Akane tocar su hombro, ella no pareció darse cuenta.
—Sí, bueno… eso fue una licencia que se tomó la tatuadora, yo lo vi al final.
—Pues supo reflejarlos muy bien, debe de conocerte bastante… es impresionante.
Cuando por fin Akane se percató de la situación se retiró de un salto, como si el dedo le ardiera, y regresó detrás de la barra de la cocina.
―Esto… Me doy una ducha y preparo el desayuno… y no quiero protestas ―comentó el hombre de la trenza rompiendo la tensión generada.
Akane se quedó una vez más con la boca abierta para replicar pero parecía que Ranma le leía el pensamiento.
―Pondré la mesa entonces ―acabó diciendo con una tímida sonrisa.
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La morena abrió los ojos sobremanera al ver todo lo que Ranma había preparado, él no pudo más que reír al ver su cara ―Es un desayuno tradicional japonés, mi madre siempre dice que es la comida más importante del día; se compone de arroz, sopa de miso, tsukemono, pescado y huevo ―dijo señalando cada platillo a medida que lo nombraba.
―Todo tiene una pinta excelente, huele fenomenal…
―Pues a comer.
El desayuno transcurrió más rápido de lo que Akane quiso, al comprobar la hora, Ranma comenzó a engullir todo apresuradamente, lo que hizo reír a la morena.
―Voy tarde, pero tú termina tranquila ―Se limpió la boca, fue al baño a lavarse los dientes y después corrió hasta su dormitorio. En poco menos de 30 segundos, salió pulcramente vestido con su uniforme, Akane volvió a sentir las traviesas mariposas de su estómago―. Llegaré a mediodía, salvo que surja alguna complicación. Si no llego antes de comer te aviso. En la encimera de la cocina he dejado dinero, al lado del teléfono hay una carta de un restaurante que sirven a domicilio, pide lo que te apetezca.
La chica asintió y se levantó para hacer una reverencia a modo de agradecimiento ―Cuidaré muy bien de la casa en tu ausencia, espero que pases un buen día y… ―Se incorporó para mirarle de frente―. Ten cuidado…
Otra vez esa calidez tan agradable ―Siempre lo tengo ―. No quería mirarla a la cara y que le notara que se había puesto colorado, ¿qué era?, ¿un adolescente? Ya pasó esa época, afortunadamente para él, porque aparte del duro entrenamiento con su padre, físico y psíquico, recordaba ser extremadamente tímido con las chicas y Akane le volvió a despertar esa misma sensación. Antes de irse dio una última orden: ―No abras la puerta a nadie… ―Se colocó la gorra y salió de casa.
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Ranma miraba la hora constantemente, ¿es que el reloj no tenía pilas o es que se había parado el tiempo de repente y sólo él se había dado cuenta? Lo único que le apetecía era regresar a casa para estar con Akane, para volver a sentir esa calma que lo acunaba cuando ella estaba cerca y qué demonios, simplemente para verla sonreír de nuevo. El volver a hablar en su idioma natal después de una dura jornada de trabajo también era ampliamente satisfactorio. Bien era cierto que a veces tenía que corregir a Akane en la pronunciación de ciertas palabras pero por lo general parecía no haber perdido el acento. Después de comer, volverían a salir de compras para completar lo que no les dio tiempo el día anterior, aunque quizá debería "olvidar" lo de comprarle un pijama… Un fuerte suspiro hizo que Ryoga levantara la cabeza, ambos estaban revisando unas fotos de las cámaras de seguridad del centro comercial.
―¿Le ocurre algo? Lleva resoplando toda la mañana ―preguntó el hombre del colmillo prominente mientras agarraba su taza de café y le daba un sorbo.
El azabache pensó que igual era el momento apropiado para intentar obtener algo de información sobre Akane ―Me ocurre que estoy harto de ser una rata de despacho, Hibiki. Yo soy un hombre de acción y me estoy oxidando, maldita sea. Cuando estuve en el bar de su amigo, peleando con ese Taro, volví a sentir la adrenalina recorriendo cada fibra de mi piel, fue una gozada.
La sonrisa de medio lado de Ryoga le dio a entender a Ranma que había enfocado bien el tema ―Ya se lo dije, coronel. Yo voy de vez en cuando, puede que seamos militares pero también somos artistas marciales y necesitamos luchar cuerpo a cuerpo, y lo bueno es que lo que se aprende en ese local no te lo enseña ningún sensei. Si tanto le gustó la experiencia, ¿por qué no se pasa de nuevo? Seguro que mi amigo estaría encantado, me contó que dio un magnífico espectáculo.
―¿Ese Taro sigue luchando allí? Me gustaría rematar lo que empecé, ¿sabe que tuvo que intervenir su noviecita para que no lo dejara inconsciente? Me hace eso a mí una mujer y allí mismo la pongo en su lugar.
―¿Qué novia?, ¿Akane Ling? Más quisiera él ―Ranma se anotó un punto mental, ahora sabía que ese era su verdadero nombre y de premio su apellido―, sólo está con él porque la encontró perdida de niña.
―"¿Perdida? Así que quizá Ling no fuera su apellido real…" Lo que sea ―interrumpió Ranma fingiendo que no le interesaba lo que le estaba contando―. No veas cómo se puso la harapienta esa… se metió en medio y me empujó para que parara de golpearle.
―Me lo puedo imaginar ―rio Hibiki―, venera a esa rata, incluso después de forzarla y dejarla preñada ―Ranma contuvo la respiración y apretó fuerte el puño por debajo de la mesa, ¿¡que ese desgraciado la había forzado!? ¿Y qué era eso de que estaba embarazada? La próxima vez que tuvieran que ir al hospital para continuar con las pruebas de Akane le preguntaría a la doctora sobre ese asunto. Ahora más que nunca deseaba regresar a ese antro y matar a Taro Ling. Ryoga siguió con su monólogo― . Es un cabrón con suerte y le puedo decir que no la vería usted muy bien, de harapienta no tiene nada, le aseguro que más de uno quiere meterse entre sus piernas… la chica es un bombón…
―¿Chica? Yo más bien diría niña, no me gustaría meterme en un lío por una cara bonita ―soltó con fingido desprecio y luchando consigo mismo por no saltar encima de Hibiki y sacarle toda la información a golpes.
―Es legalmente follable, si me permite hablarle así… parece más jóven pero va camino de los 19. Ya ha visto el carácter que gasta, debe de ser una auténtica fiera en la cama, no me extraña que Taro no pudiera resistirse por más tiempo, durmiendo todos los días con ella y sin poder tocarla… Aunque si le digo la verdad, ahora mismo Ling no es el mejor rival para descargarse.
―¿Y eso por qué? ―Si el Dr Tofu pudiera ver el autocontrol de Ranma en esos instantes le pondría una medalla.
―Akane se ha marchado, nadie sabe dónde. Me extraña que no viniera a pedirme ayuda, en el fondo sé que sentía algo por mí, debería haberla alejado de ese tipejo antes de que tomara esa decisión.
Ranma tenía que deshacerse de Ryoga en ese mismo momento porque no sabía cuánto tiempo podría aparentar que no quería partirle la nariz y destrozarle la mandíbula con sus puños.
―Confío en su criterio, si decido ir le avisaré para que me aconseje.
―Le propongo algo, si decide ir avíseme y le invito a las copas, me encantará ver a la leyenda en acción ―Ryoga se frotaba las manos interiormente, así que Ranma Saotome no era tan santo como todos creían, igual sí que podía llegar a manipularlo el tiempo que estuviera en Shanghai.
―Tomo nota. Tengo que hacer una llamada a Japón.
Ranma volvió a adoptar su semblante serio mirando a Ryoga muy fijamente, éste captó la indirecta, lo estaba echando de su despacho, ¿qué había pasado? Sin duda ese hombre estaba trastornado, era bipolar o se le había quedado una metralla en el cerebro que lo hacía actuar de esa manera tan extraña a veces. Continuaría con pies de plomo pero esa conversación le hacía sospechar que acababa de conocer al verdadero Ranma Saotome, el "héroe" de guerra de Corea.
En cuanto Hibiki salió por la puerta, el hombre de la trenza azabache abrió el segundo cajón de su despacho y rebuscó con manos temblorosas un bote de tranquilizantes que tenía de emergencia en el trabajo, cogió dos pastillas, se las echó a la boca y se bebió dos vasos de agua. Se pasó el resto de la mañana con la cabeza ida, pensando en todo lo que había pasado Akane, ataque terrorista incluido. Pero él la protegería a partir de ahora y no permitiría que nadie volviera a hacerle daño, antes tendría que pasar por encima de su cadáver.
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Por fin estaba de vuelta en casa, jamás había deseado tanto regresar a aquel pequeño y solitario apartamento, abrió la puerta y sus ojos volaron buscando a la morena.
―Estoy en casa ―dijo anunciando su llegada mientras se quitaba la gorra, la chaqueta y se descalzaba. Se extrañó al no obtener respuesta― ¿Akane?
Se acercó a su habitación y tocó un par de veces con los nudillos, esperó prudentemente unos instantes antes de abrir la puerta, no estaba en su dormitorio, ¿quizá en el baño? Pero no escuchaba el agua de la ducha caer.
―¿Akane, estás ahí?
Su voz sonaba cada vez más angustiada, sintió cómo se le aceleraba el pulso, abrió el baño para encontrar que también estaba vacío, miró a la encimera y no vio el dinero que había dejado. ¿Y si había huido?, ¿y si había recuperado la memoria e iba camino del gueto en busca de Taro Ling? Sin pensarlo dos veces cogió la chaqueta para salir a buscarla.
Continuará…
Holaaaa! ¿Qué tal todo? ¿Hace mucho frío por vuestros países y ciudades? Que tenemos las navidades a la vuelta de la esquina, madre mía… Otro año que se nos pasa.
Nosotros a lo importante, qué os ha parecido este capítulo? Por fin un poco de ellos juntos que no viene mal, no? Después de tanta desgracia, hay que darles un respiro. Aunque a Ranma le va a suponer más de una noche en vela, sobre todo como Akane no consiga pronto un pijama jejeje cómo me gustan estas escenitas…
Sé que en el capítulo pasado parece que han pasado muchas cosas en poco tiempo, pero es que no vi necesario alargar más el encuentro entre los protas y tampoco quería regodearme mucho en el embarazo de Akane ni en su posterior aborto. Era algo que tenía que ocurrir. Además, los que me conocéis sabéis que no alargo los fics sin motivo, cuento lo que tengo que contar y ya 😛
Muchísimas gracias de nuevo por los reviews recibidos, me hacen taaaanta ilusión! No os lo podéis ni imaginar. Espero seguir manteniendo vuestro interés en la historia, van a pasar muchas más cositas. Intentaré contestaros a los reviews que me mandásteis más los que me mandéis en este capí ha gustado el fanart? Yo creo que es de mis favoritos.
A mis betas, gracias por la paciencia y por sacar un ratito de su tiempo para corregirme ciertas cosillas que se me pueden pasar. Sailordancer7, LumLumLove, Lucitachan y Susy Chantilly. Al final Sailordancer7 y yo no pudimos vernos en UK, ella se puso muy malita y yo la verdad es que estuve poco tiempo, cuando podía acercarse a Bristol ya me iba para al día siguiente estar en los estudios Warner, pero sé que ahora tiene un motivo para venir a Madrid a menudo y en una de esas haré un viajecito para vernos, con menos frío que allí :)
A mis loquillas un súper abrazo enorme y enhorabuena a mi Juany por ganar el premio en el concurso de Divi, ella hace una gran labor rescatando animalitos y ese pienso le hacía mucha falta.
Nada más que añadir, si no hay problemas el próximo capítulo lo subiré el último día del año! Ni a caso hecho jeje. Que paséis una preciosa navidad rodeados de vuestros seres queridos, yo viajaré a mi tierra y pasaré la noche con mis papis, echando de menos a mi hermano que no va a poder venir. Muchos besos a todos y Feliz Navidad! Nos leemos!
Sakura Saotome :)
