Los personajes de Ranma no me pertenecen, escribo esta historia sin ánimo de lucro y por el mero hecho de entretener
Lost in my memories
Capítulo 8
Ranma abrió la puerta y tuvo que frenar en seco para no atropellar a una joven morena de cabello corto que portaba una bolsa de papel en un brazo y que tenía el puño alzado para llamar.
—Has llegado antes de lo que esperaba, no cogí las llaves y estuve esperando dando vueltas hasta que te vi entrar —dijo Akane, sonriendo. Ranma la tomó de los hombros y la arrastró dentro del apartamento.
—¡¿Dónde te habías metido?!
La sonrisa de Akane desapareció —Y-yo quería intentar prepararte algo para comer y bajé a por los alimentos… lo siento…
El hombre de la trenza respiraba de forma agitada, su mente regresó a Corea por unos segundos pero respiró profundo e intentó calmarse, principalmente al ver el rostro asustado de Akane.
La soltó, se tocó el puente de la nariz con los dedos índice y pulgar y cerró los ojos unos instantes —No tienes que sentirlo, perdóname tú a mí… No te he visto y pensé que te había pasado algo malo… —Se regañó a sí mismo interiormente, primero por haberla asustado de aquella manera y segundo por hablar de más, si quería irse de allí estaba en su pleno derecho. No era su prisionera pero de algún modo, desde el momento en que la sacó de aquel edificio medio en ruinas, se sentía responsable de ella, era como si hubiera descubierto de pronto su función en la vida, protegerla de todo. Aunque, ¿podría protegerla también de él?
La chica se acercó y colocó su mano sobre el brazo de Ranma —Debería de haberte dejado una nota, se me fue la noción del tiempo y… también me perdí un poco… no recordaba el camino de regreso… me asusté.
El contacto de Akane lo calmó prácticamente de inmediato, ella también se había asustado al no saber regresar a casa, no quería irse. Ranma intentó suavizar el asunto que los mantenía a ambos en una tensión sin sentido.
—¿Y qué has comprado? Me muero de hambre —dijo revolviéndole los cabellos, Akane puso cara de disgusto al principio pero su sonrisa regresó cuando notó que el semblante de Ranma se había relajado.
—He comprado pechuga de pollo, pepinillos en conserva, mostaza, vinagre de arroz, nata, ositos de gominola y… — rebuscó en la bolsa y sacó un bote— salsa picante Chiu chow.
Ranma enarcó una ceja —¿Y qué es lo que ibas a preparar con esos ingredientes?
—Pollo teriyaki acompañado de arroz —respondió ampliando su sonrisa―, he ido a por los ingredientes que me faltaban.
El azabache sopesó un momento antes de volver a hablar —Pero… ¿de dónde has sacado esa receta?
—Vi una libreta en uno de los cajones de la cocina con un montón de recetas, pensé que esa te gustaría porque está marcada como favorita —un ligero rubor cubrió sus mejillas—, pero decidí innovar un poco. Ponte cómodo, hoy seré la cocinera.
Ranma sintió una gota de sudor caer por la espalda, Akane había encontrado una libreta que su madre escribió hace mucho para él y, no le importaba que ella la usara, pero tampoco podía dejarla mezclar todos esos ingredientes y acabar en el hospital con un precioso lavado de estómago.
—Esto… Akane… ¿y si hoy te enseño a preparar la receta de mi madre y otro día innovamos con la tuya?
La morena torció el gesto —¿Crees que no sé lo que me hago?, ¿que no voy a saber cocinar?
—N-no, c-claro que no… pero soy muy tradicional a la hora de comer. Seguro que si preparas tal cual la receta de mi madre te saldrá exquisito.
Akane lo miró entrecerrando los ojos, meditando las palabras de Ranma —Está bien, pero otro día haremos lo que tenía en mente.
Ranma suspiró aliviado —Por supuesto, haremos una cosa —Cogió la bolsa de Akane y fue colocando la compra, dejando exclusivamente fuera la pechuga de pollo. Acto seguido comenzó a sacar los ingredientes apropiados para hacer el pollo teriyaki sin que les provocara una úlcera de estómago—. Mira, corta el pollo en trozos uniformes, no demasiado pequeños, así —La joven observó atenta, Ranma le cedió el cuchillo y Akane comenzó a cortar tan fuerte que hasta saltaron astillas de la tabla de madera—. ¡Espera, espera!
—¿Qué ocurre? —preguntó sin comprender.
—Es mejor si lo haces más despacio —Colocó las manos encima de las de Akane—. De este modo…
Su cercanía era pura agonía, ella se veía sumamente concentrada, ajena a todo lo que provocaba inconscientemente en el azabache.
—¿Así está bien?
Él tragó en seco antes de contestar y apartarse —Está perfecto… Voy a ducharme, ¿quieres cortar la cebolleta y la sofríes junto con el pollo? Cuando salga haré la salsa.
—¡Déjalo en mis manos! —dijo Akane sacando el bíceps.
Ranma entró en el baño no sin antes dirigir una furtiva mirada hacia Akane, la cual volvía a poner esa cara de concentración que le hacía tanta gracia. Se quitó la ropa y se metió en la ducha, suspiró de alivio al sentir el agua caliente caer encima de su cabeza y recorrerle el cuerpo. Había tenido días muchísimo más duros, sobre todo físicamente, pero su cabeza no paraba de darle vueltas a la situación de Akane y a lo que debía hacer al respecto. Se deshizo la trenza y volvió a meter la cabeza debajo del chorro de agua casi hirviendo, cuando iba a coger el champú oyó un fuerte grito de la morena. Rápidamente salió de la ducha, se colocó la toalla alrededor de la cintura y abrió la puerta.
―¡RANMAAAAA, FUEGOOOOO!
El azabache corrió al lado de Akane, la apartó de la sartén de la cual, incomprensiblemente, salía una llamarada, apagó el gas, buscó una tapa y sofocó las llamas. Acto seguido se giró buscando a la chica.
―¿¡Estás bien!? ―Le cogió las manos y comenzó a buscar como un loco señales de quemaduras, afortunadamente no encontró ninguna, sólo las heridas provocadas por la explosión.
―Sí… lo siento mucho… ―dijo apesadumbrada.
―No pasa nada, ahora cocino otra cosa, ¿qué ha pasado?
―He querido preparar la salsa y pensé en hacerla directamente con el pollo… la sartén ha empezado a arder cuando le he echado el sake.
Akane le mostró una botella a Ranma pero no era de sake, Ranma la cogió, era obvio que la cocina no era uno de los talentos de la morena ―Esto no es sake, es baijiu, tiene muchos más grados, si la sartén estaba a fuego muy alto es normal que saliera ardiendo.
Akane se tapó el rostro con las manos ―Debes de pensar que soy estúpida, qué vergüenza…
El azabache sonrió y le apartó las manos de la cara ―Puede que se te haya olvidado cocinar, pero eso es algo que se puede volver a aprender ―comentó intentando reconfortarla.
―Yo quería prepararte algo delicioso y que vieras que no soy un estorbo, trabajas muy duro y encima tienes que cargar conmigo que no sé ni quién soy…
Akane lanzó una fugaz mirada a Ranma y pudo ver cómo su expresión se volvía seria de pronto y sus ojos azules parecían aún más tristes que de costumbre. Antes de poder dar un paso él la atrajo hacia sí y la abrazó, privando a la chica de cualquier capacidad de reacción.
—No vuelvas a decir que eres un estorbo. No te lo voy a consentir, ¿entendiste?
—Sí…
Akane pudo oír con claridad los latidos acelerados del corazón de Ranma, sólo rezaba porque él no oyera los suyos. Él solo pensaba en que no quería soltarla nunca. Era lo mejor que le había pasado en su vida.
—Ranma… estás mojado, vas a pillar un resfriado.
El coronel fue consciente de la situación, que la estaba abrazando con fuerza y que solo le cubría una toalla de baño. La tomó de los brazos y la apartó despacio haciendo como si fuera lo más normal del mundo, sintió cómo los colores le iban y le venían al ver a la chica toda sonrojada y con la camiseta húmeda por el contacto de su cuerpo.
—¿P-por qué no vas poniendo la mesa? Yo no tardaré en terminar de ducharme —sugirió mientras caminaba con paso firme de nuevo hacia el baño. La chica reaccionó cuando vio cerrarse la puerta tras de él, dándose cuenta de que no había podido apartar la mirada de la espalda baja de Ranma.
Se sintió tan avergonzada de sí misma que huyó a su cuarto y cerró la puerta, necesitaba unos momentos a solas para reflexionar sobre las sensaciones que el azabache le hacía sentir. ¿Y si en su vida ya existía alguien? Un novio o marido que la estuviera buscando desesperado y ella estaba allí, viviendo con otro hombre y sintiendo cosas que deberían estar prohibidas. ¿Pero qué podía hacer al respecto? Todo era nuevo para ella, hasta esos sentimientos, no tenía la culpa. Quizá… cuando recuperara la memoria dejaría atrás todo lo que Ranma le provocaba. Pero no era momento de darle vueltas a ese asunto, le demostraría que podía ser una buena cocinera y sorprenderlo algún día con su plato favorito. Sonrió al imaginarse al azabache comiendo como loco lo que ella le preparara y alabándola por su excelente cocina.
Cuando salió Ranma ya estaba entre los fogones —¿Te encuentras bien? —preguntó preocupado.
—Sí, perfectamente —dijo con una amplia sonrisa y acercándose hacia él—. ¿Qué vas a preparar? —comentó curiosa.
—Unos fideos con verduras, algo rápido porque ya se está haciendo tarde y quiero que salgamos a comprar lo que te falte, ¿te parece bien?
Akane asintió con alegría, le era muy apetecible pasar la tarde con Ranma para seguir conociéndolo, ella era misteriosa a la fuerza, ya que no podía contarle nada de su vida pero para la morena, Ranma y su mirada también eran un misterio que estaba deseando descubrir.
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Pasaron la tarde complementando ropa y accesorios para Akane, ella insistía en que no le hacían falta tantas cosas pero Ranma no quiso escatimar en su comodidad y bienestar.
Iban caminando por el centro de Shanghai en dirección al coche cuando las tripas de Akane rugieron pidiendo un poco de atención. La chica se puso totalmente colorada y Ranma no pudo evitar sonreír.
―¿Quieres probar el mántou frito? Tengo un poco de hambre ―dijo el azabache como si no hubiera escuchado el estómago de Akane.
―Vale… ―Sabía perfectamente que lo hacía por ella.
Entraron a la tetería y enseguida se aproximó una joven de melena corta castaña a tomarles nota. Akane se sintió invisible porque la chica sólo miraba hacia Ranma y, puede que ella no supiera quién era, pero sí sabía que esa mirada no era inocente. Sintió un pinchazo en el estómago, eso no era por el hambre, ¿tenía celos?
―¿Qué quieres probar? ―Le preguntó el azabache sin siquiera mirar a la camarera, gesto que Akane agradeció y disfrutó, porque la camarera intentaba por todos los medios captar la atención de Ranma.
―Elige tú por mí ―respondió sonriendo.
―Pues té oolong para los dos y unos mántous fritos con leche condensada, gracias ―Le devolvió la carta a la camarera y ésta se alejó bufando cual gata despechada.
―¿Dónde aprendiste a hablar chino? Tu pronunciación es excelente ―. A Akane se le ocurrió que era un buen momento para conocer mejor a Ranma.
Éste giró la cabeza hacia la ventana, de nuevo esa mirada perdida, la morena se arrepintió en ese instante de haber formulado la pregunta.
―Viví muchos años en China, mi padre me alejó de mi madre cuando yo era muy pequeño con la excusa de convertirme en el mejor artista marcial de todos los tiempos. Cuando murió, yo regresé a casa y tras terminar los estudios me alisté en el ejército, que fue lo que siempre quise, adoro las artes marciales pero no quería que fueran toda mi vida.
―Oh… siento lo de tu padre… No lo sabía…
―No lo sientas, el mundo está mejor sin él, lo único bueno que me dejó fueron sus conocimientos en las artes, por lo demás era un borracho que intentaba venderme siempre que podía por un plato de comida caliente, que me obligaba a robar para él y que me daba palizas cuando me negaba a hacerlo o lo desobedecía en alguna de sus artimañas. El día que no despertó después de otra noche de borrachera lo que sentí fue un enorme alivio, regresé a Japón con mi madre, de la que ni recordaba su cara y 12 años después aquí me tienes―. Ranma giró de nuevo la cabeza buscando ver la expresión de Akane, esta vez era ella la que miraba hacia la ventana con tristeza―. No era la respuesta que esperabas, ¿no?
―No tuviste una infancia normal, no debes de guardar buenos recuerdos de China… estarás deseando regresar a Japón…
―Hasta hace unos días sí… ahora…
Akane contuvo el aliento.
―Aquí tienen lo que habían pedido, espero que lo disfruten.
Cuando la camarera se fue se hizo el silencio, Ranma carraspeó y ofreció a Akane uno de los mántous para que lo probase, cambiando el ambiente íntimo que acaban de pasar a uno más coloquial. Aún así, ambos disfrutaron de la merienda.
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―¿Quieres que vayamos a algún otro sitio? ―preguntó Ranma al salir de la tetería.
Akane colocó el dedo índice sobre su boca y dio pequeños golpecitos mientras pensaba si le apetecía visitar algo. Ranma no podía apartar la mirada de ese gesto tan inocente y se pedía autocontrol constantemente ―Pues no sé…
De repente se escuchó un ruido muy fuerte, como si fuera el disparo de un arma, Akane gritó del susto y Ranma, en un rápido movimiento, la empujó hacia la pared y la cubrió con su cuerpo. En realidad sólo había sido el petardeo de un coche.
―Uf, vaya susto más tonto… ―dijo la morena forzando una sonrisa nerviosa, el corazón aún le latía a mil por hora, no sólo por el sobresalto si no por la cercanía del azabache―. Ranma, sólo ha sido un coche, ¿Ranma?
Akane escuchó la respiración acelerada del hombre e intentó entender lo que murmuraba en voz baja pero no llegó a hacerlo. Al poco, Ranma se incorporó y recogió las bolsas que había tirado en su impulso de proteger a la chica ―¿Te importa si regresamos a casa? Otro día te prometo hacer turismo.
El tono nervioso de Ranma preocupó a Akane, ¿qué le había pasado? Parecía estar un poco ido, aún así a ella tampoco le apetecía continuar con la excursión ―Sí claro… estoy algo cansada.
Akane sintió la mano temblorosa de Ranma sobre su espalda instándola a caminar hacia el coche. Él respiraba profundamente e intentaba tranquilizarse, no podía consentir que le diera una crisis de las suyas delante de ella.
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―No sé qué hacemos aquí, Yan. El centro es un mal sitio para poder pillar comida ―dijo Shu a su amigo.
―Tú confía en mí, me han hablado de un supermercado que está algo más escondido y…
―¿Y? ¿Yan? ¡Hola! ―Shu le pasó la mano por delante de la cara pero éste no se inmutaba.
―¿Akane…? ―musitó el chico.
―¿De qué hablas? Ya sé que la echas de menos, en más de un sentido… pero acepta que ella se marchó y… ¡oye, que te estoy hablando!
El moreno comenzó a andar, poco a poco aligeró sus pasos, si no era ella era su doble y tenía que averiguarlo, quería pedirle explicaciones de por qué se fue sin despedirse, si se lo hubiera pedido se habría marchado con ella al fin del mundo. Lo único que escuchaba era a Shu gritar de lejos su nombre y pedir que parara pero no podía perderla de vista. Cuando la supuesta Akane giró la esquina comenzó a correr, pero al continuar el mismo recorrido ya no estaba allí, había desaparecido. Miró hacia todos lados, por si hubiera cruzado la calle pero nada, era como si se la hubiera tragado la tierra.
Shu se puso al lado jadeando, con las manos puestas en las rodillas ―¿E-e-es que no m-m-e oías g-g-gritarte? ―dijo entrecortando las palabras, sin casi poder hablar por la falta de aire.
―Sé que era ella…
―A ver… he de reconocer que le daba un aire pero esa chica iba muy bien vestida, seguro que te has confundido en tu deseo de verla y encontrarla ―respondió un poco más recompuesta.
Yan estuvo meditando la posibilidad de contarle a Taro lo que creía haber visto, quizá entre los dos tuvieran más suerte. Si la había encontrado por el centro regresaría todos los días por si se cruzaba de nuevo con ella.
―Regresemos al gueto ―Se dio la media vuelta y comenzó a caminar.
―¿Y el supermercado ese? ¡Me muero de hambre!
―Si nos vamos ahora regresaremos a tiempo para ir al de siempre, no te preocupes.
Shu suspiró con resignación ―Está bien…
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Durante el trayecto de regreso a casa Ranma permaneció en completo silencio, Akane intentó varias veces sacar algún tema de conversación pero las palabras se le quedaban atoradas en la garganta cuando lo intentaba, así que decidió darle su espacio.
Llegaron a casa, Ranma dejó las bolsas encima de la mesa, se quitó el abrigo y caminó hacia la barra de la cocina.
―¿Te apetece cenar algo? ―Era lo primero que le decía después del incidente.
―Pues… quizá un poco más tarde, aún estoy llena de la merienda ―sonrió tímida.
―Todavía queda un poco de ramen de la noche anterior, caliéntalo en el microondas si te da apetito más tarde, yo me voy a acostar ya.
La decepción en el rostro de Akane era evidente pero el azabache no la estaba mirando en ese instante ―Sí… no te preocupes… Es mejor que vayas a descansar, el día ha sido muy largo y mañana vuelves a madrugar.
―Esto… puedes ver la televisión, no me molesta el ruido. Si tienes algún problema no dudes en despertarme, ¿de acuerdo?
La morena asintió y Ranma salió de detrás de la barra, pasó unos instantes por el baño para cepillarse los dientes y se encerró en su cuarto. A Akane le llamó la atención escuchar cómo se cerraba por dentro, ¿lo haría siempre?
La chica estuvo viendo un rato la televisión, se levantó y fue a la cocina, abrió la nevera y se quedó observando al vacío, como sopesando si le apetecía cenar algo, finalmente optó por cerrarla de nuevo y regresar al sofá. Se paró en la estantería para elegir un libro, ya pasaban de las 12 de la noche pero el sueño no venía a ella, se encontraba inquieta pero sobre todo preocupada por Ranma. ¿Qué fue lo que le ocurrió? Parecía relajado cuando salieron de la tetería y después del incidente lo notó ansioso, muy serio y con el rostro desencajado. Decidió llevarse el libro a la cama, quizá si lo leía semiacostada le entraría sueño. Cuando iba a abrir la puerta de su dormitorio escuchó un golpe seco, se dio la vuelta asustada, enseguida escuchó otro golpe y otro. Se acercó sigilosa, el ruido venía de la habitación de Ranma, pegó la oreja a la puerta pero la apartó de inmediato al volver a escuchar otro golpe y un gruñido ronco.
―¿Ranma? ¿Estás bien? ―Pero lo único que escuchaba eran más golpes y más gruñidos. Asió el picaporte― Voy a entrar ―Pero no recordaba que había echado el pestillo. Rebuscó como una loca entre los cajones buscando cualquier cosa que pudiera ayudarle a abrir esa maldita puerta. Encontró una cajita con clips, la abrió, cogió uno y lo desdobló. Regresó de nuevo a la puerta y metió, el ahora alambre, por el agujerito del picaporte, empujó hacia dentro y consiguió abrirla. Se quedó congelada en el sitio viendo a Ranma golpear las paredes como un loco, ¿qué le pasaba?, ¿por qué hacía eso?― ¡Ranma, para! ¡Te vas a hacer daño! ―gritó nerviosa, pero el azabache parecía fuera de sí, no reaccionaba a su voz.
El cerebro pareció hacerle click y dio la orden para que sus pies se movieran, con determinación se puso delante del hombre de la trenza, colocando sus manos en el pecho en un intento de que cesara de golpear el duro yeso.
El joven coronel dejó en el acto lo que estaba haciendo pero parecía no despertar de su trance, simplemente estaba ahí parado, con la mirada perdida en la pared y la respiración muy agitada.
―Ranma… por favor… ―sollozó la morena, fue lo que hizo despertar de su letargo al azabache que lentamente fue respirando más sosegado.
―¿Akane? ―miró hacia abajo y vio a la menuda chica abrazada a su cintura, cuando ella escuchó su nombre se apartó y se frotó los ojos para evitar derramar las lágrimas que se le habían formado. Justo en ese instante, Ranma se observó los puños y comprobó que los tenía de nuevo cubiertos de sangre―. Maldita sea… Akane… siento mucho haberte asustado.
La joven no dijo nada, sólo se limitó a tomar las manos de Ranma y mirar las heridas auto infligidas. Inhaló aire y, sosteniendo aún sus manos, hizo que saliera de la habitación. El azabache simplemente se dejó llevar. Le empujó suavemente hasta sentarlo en el sofá y caminó hacia la cocina, Ranma no perdía detalle de sus movimientos. La vio coger un recipiente hondo y llenarlo de agua caliente y jabón, lo dejó en la mesita que había junto al sofá y se dirigió hacia el baño, al poco salió con el botiquín de emergencias que Ranma guardaba en un mueblecito. No era gran cosa pero contenía lo esencial para una cura leve. Akane se sentó a su lado y le volvió a coger las manos. Con mucha calma comenzó a lavarle las heridas.
―¿Qué te ha pasado? ―preguntó la joven, su voz no detonaba miedo, pero sí mucha preocupación.
Ranma suspiró mientras miraba cómo Akane lo curaba, parecía que lo hacía sin pensar, como si le saliera sólo, sintió una pequeña punzada en el pecho pensando que seguramente eso que estaba haciendo con él se lo habría hecho mil veces a Taro. Resultaba de lo más íntimo, esa cercanía, esa delicadeza… intentó borrar esa imagen de su cabeza, le debía una explicación pero no quería que cambiara la imagen que tenía sobre él.
―Lo haces muy bien, igual eras enfermera antes del accidente.
Akane paró y lo miró desafiante ―Me estás cambiando de tema.
―¿Tanto se nota? ―contestó evasivo.
Sostuvieron la mirada durante un breve instante, pero Akane la apartó de inmediato y continuó con la cura, su rostro se tornó ensombrecido ―Siento haberte hablado así… no soy quien para exigirte nada.
Ranma resopló, odiaba verla triste y odiaba aún más ser el causante de su tristeza pero tampoco quería que lo viera como se veía él mismo, como un despojo del ejército que habían degradado a Shanghai porque llevaba la guerra de Corea aún demasiado impregnada en su piel ―Me pasa desde hace un año aproximadamente, no siempre y no todos los días pero más a menudo de lo que yo quisiera ―Akane comenzó a vendarle los puños en silencio, no quería interrumpir ahora que por fin se había lanzado a hablar―. Estuve en el frente, en Corea, ya había realizado otras misiones y todas con éxito, por eso me mandaron allí, nuestras tropas estaban siendo rodeadas por los coreanos y necesitaban de mis habilidades como estratega para cambiar el destino de los japoneses. El enemigo contaba con ventaja, luchábamos en su país, ellos conocían su tierra. Cuando llegué, tomé el mando y el rumbo de la batalla comenzó a cambiar a nuestro favor pero… ―Se tomó unos segundos para tomar aire, Akane le prestó toda su atención―… Una noche, mientras estábamos refugiados en un edificio, nos atacaron por sorpresa, rompieron los cristales y lanzaron granadas de humo, no podíamos ver nada. Intenté evacuar a mis hombres, había estudiado y calculado todo a la perfección por si algo así ocurría. Grité dando la orden de retirada, no soy ningún cobarde, pero había trazado una ruta para ser nosotros quienes los rodearan, pero ellos optaron por presentar batalla en ese mismo instante, a sabiendas de que estaban desobedeciendo mis órdenes y que nos encontrábamos en clara desventaja... Fue una masacre… no estábamos solos, en el edificio también había niños y mujeres coreanos, refugiados de la guerra, jamás pondría en peligro a inocentes que nada tienen que ver con esta locura, pero tampoco pude hacer nada por ellos… ―Ranma comenzó a temblar y Akane le tomó sus manos, éste apretó sintiendo el confort que le brindaba la morena y con fuerza renovada para continuar―… perecieron a manos de su gente. Yo resulté herido, intenté sacar a las personas que se encontraban aún con vida, pero las fuerzas me iban abandonando debido a la sangre que estaba perdiendo… la visión comenzó a fallarme, lo veía todo borroso, aparte de que el humo seguía esparcido por todo el edificio y la oscuridad de la noche tampoco ayudaba. Escuchaba disparos por todos lados, gente gritando… todo fue por mi culpa… tenía que haber previsto…
―Suficiente… ―Akane lo cortó cuando Ranma se puso las manos en la cabeza y vio cómo tenía el rostro desencajado por el dolor de ese recuerdo. Había sido culpa suya, ella prácticamente lo había obligado a que se lo contara y a hacerle revivir de nuevo ese infierno. Cuando se quiso dar cuenta ella también estaba temblando, un recuerdo de una explosión y mucho humo a su alrededor le vino a la mente, ¿sería el atentado que padeció y que le había llevado a su situación actual?
Sintió los fuertes brazos de Ranma rodearla, ella se apoyó en su pecho y cerró los ojos, aspirando el varonil aroma. Por un lado estaba muy nerviosa, no se acostumbraba a su cercanía, a pesar de que le resultaba tremendamente reconfortante, sólo llevaban dos días juntos pero ella sentía como si lo conociera de toda la vida, era irónico porque no es que conociera a mucha gente, pero simplemente dejó de pensar y se limitó a dejarse proteger por él, porque sentía que entre sus brazos no corría ningún peligro.
Él por su parte encontraba esa paz y esa tranquilidad que halló cuando la conoció, multiplicado por un millón al estrecharla junto a él. Si antes estaba convencido de que siempre cuidaría de ella, ahora aún más. En un día le había contado más que a su psiquiatra en un año, ¿qué tenía que le hacía abrirse como un libro?
Ranma escuchó un cambio en la respiración de Akane, se había quedado dormida. Con mucho sigilo la alzó en brazos y caminó al dormitorio de la chica, cuando estaba a punto de depositarla en la cama ella se agarró con firmeza a su cuello, sintió su nariz en su mandíbula y se quedó tenso y quieto sin saber cómo actuar.
―Ranma… ―La escuchó balbucear pero no llegó a entenderla del todo, ¿era su nombre el que había pronunciado? Seguro que la falta de sueño y las emociones vividas hacía unos instantes le habían gastado una mala broma.
Muy a su pesar la soltó con delicadeza, ella se abrazó a la almohada y siguió durmiendo como si nada extraño hubiera pasado, la tapó con las mantas y se quedó un rato hipnotizado por su lindo rostro. Dios, era una preciosidad… Su corazón le estaba avisando de algo que él se temía desde que la volvió a encontrar en ese edificio, se estaba enamorando sin remedio y no quería hacerlo. Tenía que ponerle freno a esos sentimientos porque no sabía qué pasaría una vez que ella recuperara la memoria, no quería atravesar por ese dolor si podía evitarlo, necesitaba marcar unos límites, guardar las distancias. Sólo se permitió una última debilidad esa noche. Se acercó a ella, le apartó el flequillo y le dio un suave beso en la frente. Acto seguido salió de allí antes de cambiar de idea.
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Pasaron unos días, el frío volvió a arreciar con fuerza, parecía que el invierno no quería marcharse. Shu caminaba por la calle, había quedado con Yan de nuevo para salir a buscar comida. Éste actuaba raro,desde que vieron a la supuesta Akane estaba ausente, como metido en su mundo. Ella quería ayudarle pero no sabía cómo. Iba tan ensimismada en sus pensamientos que no escuchó cuando la llamaron.
―¡Ey! ¡Shu! ―La chica se giró y vio cómo Shampoo le llamaba la atención. No la conocía demasiado pero sí había compartido con ella alguna comida cuando se acercaba al gueto con la excusa de ver a Akane, cuando en realidad todos sabían que moría por los huesos de Taro. Pero ella no la consideraba una rival, sólo una víctima más de los encantos del castaño, al igual que ella.
―Ah, hola Shampoo, no te había visto ―. Ni siquiera se había percatado de que pasaba en frente del Black Ahiru.
―Ya me he dado cuenta, vas como un zombie por la calle, ¿te preocupa algo? Es raro verte sin Yan, ¿él está bien?
―¿Yan?... eh… sí… está bien… ahora iba a reunirme con él.
Shampoo entornó los ojos, sabía que a Shu le gustaba Taro pero quizá ahora le llamara la atención Yan y él, bueno todos en general, desde la desaparición de Akane, no eran los mismos, incluída la propia Shampoo.
―De acuerdo… no quiero incomodarte con mis preguntas.
―¡Es que me tiene harta! ―explotó la joven de ojos oscuros― A ver… no me malinterpretes, yo también echo de menos a Akane pero él está obsesionado, la ve por todos sitios. El otro día persiguió a una chica hasta que la perdió de vista pensando que era ella. La verdad es que sí que se parecía muchísimo pero iba muy bien vestida, con un abrigo que seguro no era de mercadillo y además iba con un hombre y…
―Repite eso que has dicho… ―Una voz ronca habló a la espalda de Shu, la joven se dio la vuelta con el corazón latiéndole a mil por hora.
—Taro yo…
El chico la cogió fuerte de los hombros y acercó su cara a la de la joven —¿Es cierto eso? —su voz era lúgubre, Shu intentó retirarse, Taro despedía alcohol por todos los poros de su piel— ¿¡Te has quedado muda de repente!?
—¡La estás asustando! —intervino Shampoo—. ¡Solo ha dicho que se le parecía, no que fuera ella!
—No estoy hablando contigo… —respondió apretando los dientes.
—Y-yo apenas la vi… estaba anocheciendo…
—Me vas a llevar al lugar exacto, aunque antes iremos a buscar al bueno de Yan, tengo curiosidad por saber por qué se ha guardado esta información. ¡Andando!
Shu miró a Shampoo pidiendo ayuda pero ella sabía de sobra que nada podía hacer al respecto, desde que Akane se marchó Taro se pasaba el día borracho, peleando y rodeado de mujeres.
—"Akane… con otro hombre… ¿por eso me abandonaste, puta desagradecida? Tú no puedes dejarme, te sacaré de donde quiera que estés arrastrándote si fuera necesario, y a ese amante tuyo más le vale huir fuera de Shanghai" —Con ese pensamiento pululando en su mente Taro caminó esperando encontrar a Akane y que su pesadilla recurrente de ella acostándose con otros cesara, volverían a estar juntos y serían felices.
Continuará…
Hola gente bonita! Qué tal van esas fiestas? Espero que divinamente. Pues qué mejor manera de acabar el año que con actualización! Contadme qué os ha parecido, a Ranma iba a darle un ataque de ansiedad y la pobre Akane lo único que ha hecho ha sido salir a comprar para sentirse útil, aunque mejor que deje la cocina a Ranma o acabarán ambos en el hospital jejeje.
Sé que dije que iba a responder reviews pero os juro que no me da la vida :( y vosotros sabéis también lo ajetreadas de estas fiestas, actualizo ya porque durante el día me va a ser imposible. De todas formas mil gracias por ese cariño que me brindais a modo de review y con los comentarios que me dejáis en mis redes sociales, sois los mejores! Os adoro! Os deseo de corazón que tengáis un 2023 maravilloso y que se cumplan todas vuestras expectativas. En resumen gracias por todo!
A mis locas y a mis madrileñas qué decirles? que la adoro a todas! Espero poder subir pronto a Madrid a ver LumLumLove y a Lucitachan. De veras que lo intentaré aunque de momento la cosa está complicada, si os acordáis me he comprado un pico y me esperan reformas y cosillas varias así que hay que ahorrar mucho.
Bueno que no me enrollo más, espero que os haya gustado el capítulo y siento de corazón que no haya habido lemon para acabar el año… cuando escribí eso estaba escribiendo otro capítulo… jejejeje Mi besos para todos y hasta el año que viene! Nos leemos!
Sakura Saotome :)
